Buenas a todos mis lectores~ Ésto es más que nada para ponerles una nota en respuesta a los últimos comentarios que tuve como reviews.

Antes que nada quisiera agradecerles mucho por leerme: es para mí un verdadero placer que disfruten de mis historias aunque me tarde tanto $: la verdad es que no lo he terminado y me da pendiente subir el siete sin tener terminado el ocho o cosas así, ¿me explico? Así que agradeceré su paciencia~ Luego les agradezco mucho sus reviews, siempre me enriquecen y me motivan a seguir escribiendo, es por eso que decidí hacer esta nota para explicarles brevemente algo~

Tras publicar el capítulo ocho tuve tres comentarios de dos personas diferentes, ambas con dudas y aparentemente cierta molestia hacia la actitud que Sakura tomó en dicho capítulo, pero quiero decirles esto: tranquilas, no soy tan desalmada, aunque quisiera ;C Cuando yo escribo todo siempre tiene una razón de ser y en éste caso la explicación a ella aparecerá, muy sutilmente, en éste capítulo. Podrán comprender mucho mejor conforme avance la historia que, por cierto, es muy probable que a lo mucho tenga entre doce o quince capítulos... ¡Y miren que yo planeaba que solo fueran cinco!

En fin. Voy a dejarles con esas palabras antes de que empiecen a leer el capítulo que espero que disfruten, invitándolas a opinar siempre que deseen y a que no sufran, la historia igual está por concluír~

Les mando un saludote y disfruten el capítulo I:


—No lo volví a ver después de eso —reveló, mientras notaba a Ino sentándose con cuidado y a Hinata dejando las cosas en la mesa de té—. Dos años después me enteré por la televisión que se había convertido en un famoso cantante. "El soltero eterno" fue llamado los siguientes tres años, pero creo que se casó hace dos años en Norte América —se encogió de hombros—. Nunca he estado muy al pendiente de él.

—¿Él es un cantante famoso? —preguntó ligeramente sorprendida Shika, a lo que Sakura asintió brevemente.

—Pero su fama ha destacado más en otros países, creo… no sé, tengo entendido que sus discos son en inglés —las chicas miraron a su amiga de soslayo—. Ni me vean ustedes dos… no estoy diciendo nada que no sepan.

—Tomando en cuenta que nosotras te lo contamos —murmuró Ino.

—¡Ahí la cuestión! —exclamó Sakura, algo divertida—. En fin… ustedes dos, suban a dormir con Aki —dijo ella, ladeando el rostro—. Les recuerdo que prometieron ser obedientes con sus mamis y conmigo si les contaba, así que andando —les hizo un gesto con la mano—. A dormir, ustedes dos.

—Pero tía —empezó Shika, a lo que la pelirrosa tan solo tuvo que enarcar una ceja para que la rubiecita fuese lo suficientemente obediente llevándose a Neji de la mano.

—Sabes bien cómo convencerlos —comentó Hinata—. Tienes un don con esos niños que ni siquiera nosotras como sus madres… si acaso Neji porque es muy serio, es muy bueno como Naruto, pero no es tan activo a menos que su padre se lo provoque.

—Naruto era un desastre cuando niño —se burló la pelirrosa, tomando una de las copas que a estas alturas Hinata ya había servido—. Neji salió a tu familia… en cambio, tanto Shika como Aki son, indudablemente, hijas de Ino —se burló, a lo que la rubia rodó los ojos—. Eso sí… tienen toda la indiscreción que tiene Sai.

—Venga ya, que ese no es el punto —bufó la rubia, tomando su baso con jugo de naranja y dándole un sorbo—. Mañana haremos fiesta para Naruto… tú sabes, con eso de que es su cumpleaños y todo el cuento.

—Eh, ¿y me lo dicen hasta ahora? —se quejó ella—. Siento que he dejado de valer como la mejor amiga de Naruto por mucho… es terrible.

—Es solo que has estado muy ocupada, Sakura —contestó Hinata—. No te preocupes, él sigue pensando que eres la mejor amiga en todo el mundo —la sonrisa tierna de la pelinegra siempre representó un alivio para sus amigas, un apoyo—. De hecho… queríamos hablarte de algo, pero creo que Naruto puede ser demasiado insistente.

—Oh, aquí vamos de nuevo…

—No queremos que vivas sola —ella suspiró—. Sakura… desde que Naruto y yo nos casamos has estado muy sola, estamos preocupados —expresó con sinceridad.

—Sin olvidar que tus novios son a duras penas cuestión de sexo de tres meses… digo, no hay nada de malo en que una mujer se divierta pero, ¿es eso lo que de verdad quieres? —Ino le preguntó con total sinceridad—. No queremos fastidiarte, en serio…

—Lo sé —aseguró la pelirrosa—, pero eso pasa porque soy sincera… y es que no es justo engañarlos haciéndoles creer que nuestra relación será perfecta.

—Sakura…

—No puedo tener hijos —cortó ella con rudeza—. Lo he aceptado… mi cuerpo expulsa la única posibilidad de tener un hijo y hay pocas probabilidades de que el tratamiento sea efectivo, lo entendí a la perfección —un silencio profundo inundó la habitación—. No puedo aceptar que un hombre viva engañado a mi lado.

—Incluso sabiendo eso —empezó la rubia—, Sasuke hubiese permanecido a tu lado…

—Y es por eso que yo lo alejé —ambas la observaron con una enorme seriedad—. Cuando él se fue de Japón yo se los dije… que jamás lo culpé por lo que pasó —miró hacia abajo—. Basta ya, debemos cambiar el tema. ¿Qué debería llevar mañana a la fiesta?

Capítulo Nueve:

Lo bueno de los años es que curan heridas

Sakura trabajaba muy duro. Era conocida como una de las cirujanas más prometedoras en años. Sus proyectos eran innovadores y era normal que varios hospitales estuviesen interesados en ella en cuanto su nivel se dio a conocer, pero ella decidió quedarse en Tokio junto a sus amigos, pues ellos se habían convertido en su familia y ése en el lugar del que no quería despedirse por nada del mundo. Ella seguía en esa ciudad después de todo y caminaba por los pasillos del hospital de la universidad de Tokio, considerada una de las mejores instructoras y doctoras.

Sakura tenía muy poco tiempo de haberse recibido y ya era considerada de las mejores. Ella caminaba pacíficamente y con algo de cansancio hacia los vestidores y abría su gabinete estirándose bastante aflojerada antes de sacar la ropa del mismo. Preparaba la ropa con mucha paciencia y empezaba a desvestirse con bastante tranquilidad, dejando su carnet dentro y poniéndose primero la blusa y luego los jeans. Estaba anocheciendo y ella debía irse pronto para lograr ducharse y llegar a tiempo a la fiesta de Naruto… ella había acordado llevar un pastel, tan solo sería una pequeña reunión con los compañeros de Naruto que querría presentarle a cada uno de ellos mientras que ella sobrevivía escondiéndose con Neji y las niñas.

Terminó de vestirse y se puso un gorro pues su cabello era, de por sí, un mismo desastre que no se perdonaba a sí mismo. Luchó por escapar de los ojos del nuevo cirujano cardiotoráxico y entró exitosamente a su auto sin ser abordada por el mismo. Afortunadamente aún no hacía mucho frío así que poner a andar el auto no le tomó demasiado tiempo y el camino a casa también fue bastante breve. No dudó en abalanzarse hacia el baño para no tardar demasiado incluso cuando se depiló las piernas y lanzó su ropa a la cama antes de sentarse en la misma.

Estaba totalmente segura de que la amenaza de Ino iba en serio cuando le dijo que quería verla realmente linda en la fiesta y ella había aprendido a no desafiar a la rubia cuando estaba embarazada… ella había aprendido que podía ser muy explosiva con su propio embarazo, pero el embarazo de Ino era un peligro nacional que era protegido por el mejor agente del mundo: Sai se había vuelto experto en esquivar platos, mostrar arrepentimiento y hacerse un ovillo cuando era necesario, también a escoger las palabras. De éste modo el plan de ir con jeans y una blusa se había deslizado lentamente de su cabeza mientras recordaba las palabras de advertencia de su amiga y mejor había tomado un vestido negro de tirantes.

Milagrosamente descubrió esmalte entre sus cosas y se pintó las uñas tanto de manos como de píes. Se encontró depilándose las cejas y secándose cuidadosamente el cabello frente al espejo… no lo hacía desde haber terminado con su último novio hace meses. Se puso la crema especial con olor a avellana que Ino no repudiaba y el perfume de frutas que relajaba a la embarazada antes de calzarse unos zapatos de tacón de unos cinco centímetros a lo mucho en color carmín, justo como el suéter que se puso. Se equipó con un bolso negro en el cual preparó cartera, llaves, estuche de lentes, maquillaje y tanto otro objeto. Tomó el móvil privado y el del trabajo para cualquier emergencia y se dirigió fuera de la habitación, así tan bella que cuando cerró la puerta del apartamento su vecino casi la confundió.

Llegó a una pastelería a recoger el enorme pedido que había hecho esa mañana. Se detuvo luego en una licorería y compró tres botellas de vino: dos iguales y una muy elegante que serviría de regalo con un enorme moño en ella. Manejó hasta la casa de sus amigos y apenas pudo golpear la puerta con la punta del píe para que Hinata abriera la misma e inmediatamente le quitara el pastel de chocolate de la única mano con la que Sakura lo sostenía, dejándola solo cargar la bolsa con las botellas de vino.

—¡Adivinen quién llegó! —exclamó la pelinegra pasando por la sala con el pastel, a lo que su esposo no dudó en ayudarla.

—¡Tía Sakura! —retumbó junto a los pasos apresurados de tres pequeños niños que apenas vieron el cabello ligeramente ondulado de la pelirrosa se le echaron encima y sobre las piernas a lo que ella apenas y pudo reír manteniendo el equilibrio.

—Ustedes tres… ¿no es ya muy pasado de su hora de dormir? —riñó ella.

—¡Pero si es una fiesta! —exclamó Shika, a lo que la pelirrosa negó con la cabeza de forma desaprobatoria.

—Con más razón… anden arriba a la habitación de Neji a jugar, más tarde iré a leerles un cuento, ¿vale? —los tres se miraron entre sí y casi a rastras se llevaron a Aki junto a ellos hacia el segundo piso, a lo que Ino se acercó a saludar.

—Solo a ti te hacen caso —se quejó—. Muéstrame qué traes…

—Nada para ti, súper mamá —contestó ella, mirando a Naruto para acercarse a abrazarlo con muchas fuerzas—. Oh, no puedo creer que el año entrante cumplirás treinta —exclamó con evidente burla, haciendo reír a varios de los presentes.

—Pero si tú los cumples antes —respondió él, a lo que sintió apenas un golpe en la espalda.

—No hables de la edad de una mujer en público —le riñó, haciendo reír a los amigos del muchacho antes de sacar las botellas—. Estas son para Hinata y para mí —comentó, poniéndolas en la mesa—. Pero ésta es para ti —le mostró la última, a lo que él la tomó.

—¡Vaya! No tenías que molestarte, Sakura… después de todo tú compraste el pastel —le aseguró él, algo apenado.

—No digas tonterías —restó importancia.

—Bueno, aprovechando que todos estamos aquí —empezó él—, quiero presentarte a unos compañeros… no huyas esta vez, me sentiría muy ofendido, te lo juro —ella suspiró con cansancio, a lo que él enarcó una ceja mientras la miraba—. Hablo en serio.

—Vale, vale —ella le prestó su meñique—. Te lo juro… solo déjame ir a dormir a los niños o estarán aquí haciendo desastres dentro de muy poco.

—Venga, tú solo buscas retrasar lo inevitable —se burló él—. Te dejaré ir solo porque sé que es verdad… Eres lo mejor que tenemos en la fuerza para detener a esos demonios —él le hizo un saludo muy a lo militar—. Vaya con Dios.

—Gracias, necesitaré esas bendiciones —burló ella, mientras se dirigía a paso firme escaleras arriba. No tardó nada en llegar a la habitación de Neji y asustar a los tres niños cuando abrió la puerta repentinamente. Ella rió divertida antes de abrirse el paso—. Anden… acomódense para dormir, mis amores.

—¡Vale! —al menos ella tenía la certeza de que cumplían con el trato que habían hecho.

—Me alegra mucho ver lo bien que se portan —comentó ella, ayudándoles al arroparlos con cuidado—. Siento que tengas que dormir en el suelo, Neji —dijo ella, ayudándolo—. Me sentaré a tu lado hasta que se queden dormidos…

—Tía Sakura, ¿nos cuentas una historia? —pidió Shika.

—Vale —contestó ella, con mucha tranquilidad—. Pero no puede ser la misma que ayer, eh —les advirtió—. Por ahora cierren los ojos… les contaré un cuento muy tierno.

Pasaron treinta minutos más antes de que ella tuviese la seguridad de que se habían quedado dormidos. Apagó la luz dejando la tenue de noche antes de cerrar con mucho cuidado la puerta de la habitación de los pequeños y dirigirse escaleras abajo. Lo primero que hizo fue encontrarse con Ino y Hinata en la cocina para ayudarles con los últimos detalles de la cena pero era muy evidente que las principales intenciones de la pelirrosa no eran otras sino que esconderse de aquél rubio que tarde o temprano la encontraría.

Sakura estuvo a salvo tan solo por una hora pues Naruto ya conocía todas sus artimañas y solo quería dejar que ella se confiara. La sacó de la cocina dándole una copa de vino y la trajo consigo a conocer a sus colegas solteros que tenían la misma edad que ellos e inclusive un par de años mayores y, a lo mucho, dos menos. Cuando ella menos lo esperaba ya habían pasado más de cuarenta minutos en una conversación en lo que podía lucir como un debate más que nada mientras ella conseguía continuar con ese equilibrio pese a los zapatos que tanto tenía sin usar y a los cuales había perdido costumbre.

La discusión se había tornado sobre asuntos políticos y la firme ideología de la pelirrosa había dejado a más de uno con la boca abierta no porque esta fuese controversial, sino que ella se había hecho escuchar firmemente no tanto por su lindo trasero, sus senos o su cutis tan fino, sino que por las palabras y la cultura que existía en cada sílaba que ella emitía sin titubear. Ella era muy seria y era muy firme mientras que también podría sentarse a bromear con ellos luego de otros veinte minutos. Ino y Hinata no hacían mucho más que observar la mesa en la que estaban todos esos hombres y Naruto hablando sin cesar y ella no parecía mucho menos que uno de esos vendedores de medicinas milagrosas lavándole el cerebro a un séquito de idiotas que la seguirían hasta el fin del mundo de forma efusiva.

El timbre sonó cuando daban las diez y veinte o tantos minutos. Naruto se levantó disculpándose para ir a abrir sin darse cuenta de que una pequeña personita había pasado por un costado suyo y había terminado llegando donde la pelirrosa para jalar torpemente de su vestido, a lo que Sakura reaccionó con sorpresa y pidió a los caballeros que la disculparan un segundo mientras que ella atendía a la más pequeña de las niñas de Ino.

—Aki —soltó Sakura, inclinándose cuidando de su vestido—. ¿Qué pasó, cariño? ¿Dónde están tu hermana y Neji?

—Dormidos —contestó ella, con ese oso de peluche en sus brazos, a lo que suspiró—. Es que yo quería solo un vaso de agua, tía… pero no vi agua y vine a buscar a mamá —le dijo ella, tallándose los ojitos, a lo que uno de los amigos de Naruto se percató.

—Oh, pero si tenemos a una personita aquí —comentó.

—Sí —se rió la pelirrosa con nerviosismo, mirando al rubio hacia arriba antes de tomar en brazos a la niña—. Vamos, nena… te daré un vaso con agua pero entonces volverás a la cama.

—Vale, tía…

—¡Miren quién está aquí! —exclamó entonces la voz eufórica de Naruto cuando ella entraba a la cocina. Escuchó el barullo de la sala común los siguientes minutos y entonces salió de ahí tomando la mano de la rubiecita, topándose cara a cara con el chico de antes.

—Vaya… lo siento.

—No te preocupes —contestó ella, un poco apenada, tomando a Aki de la mano—. ¿Estás buscando algo?

—Solo el baño.

—Ah, está por acá —dijo ella, terminando de salir de la cocina con él por un lado y con Aki de la mano—. Es justo en el pasillo del costado izquierdo, no hay como perderse.

—Sakura —la mencionó Naruto, poniéndole una mano en el hombro, a lo que ella tanto como el muchacho que iba a su costado reaccionaron—. Hay alguien que creo que deberías de saludar, Sakura.

—Justo ahora llevo a Aki arriba, espera un poco —pero el rubio no escuchaba.

—¡Mira nada más! —exclamó él, casi obligándola a girarse, por lo que ella tomó en brazos a Aki y se volteó a mirar.

Tuvo que mirarlo de pies a cabeza para lograr reconocerlo. El cabello ligeramente más largo de lo que ella acostumbraba a verle no le quedaba mal mientras que aquél traje de color azul oscuro era razón para hacer perder el aliento a más de una. Usaba una camisa blanca debajo del saco que estaba abierta a los primeros botones y a su cuello un collar muy especial. Lo que más resaltaba en él era ese par de gafas en su rostro que ella jamás le había visto usar a modo que se sintió un poco sorprendida mientas lo miraba.

Dudó en mencionar su nombre mientras sentía todo suceder en cámara lenta. Naruto palmeó la espalda del pelinegro y lo abrazó por encima de los hombros con una sonrisa que autentificaba su alegría de volver a verlo mientras que ella tomaba un respiro muy profundo y muy rápido que en realidad le pareció ligeramente eterno a la vez de que procuraba volver al presente mientras terminaba de reconocer aquél rostro tan frío.

—¿No es una sorpresa? —exclamó su amigo, a lo que ella solo pudo estrechar mejor a la rubiecita en sus brazos y volver a mirarlo a él.

—Vaya que lo es —contestó ella, curveando un poco la comisura de sus labios hacia arriba antes de volver a mirar al moreno que no la estaba mirando a ella en lo absoluto, sino que no le quitaba la mirada de encima a Naruto.

—¡Vino a verme por mi cumpleaños! —aseguró con una enorme alegría—. Juraría que desde que te volviste famoso no te volvería a ver jamás.

—Siempre exagerando, Naruto —contestó entonces él, haciendo que el tono de su voz entrara por cada poro del cuerpo de la pelirrosa, estremeciéndola en secreto—. Te dejé avisado que volvería, después de todo.

—¡Sakura! —exclamó Ino entonces, sacándola de un breve trance—. Oh… ya se vieron, que bien —fingió entonces la rubia—. Espera… ¿qué haces aquí, Aki? —enarcó una ceja ella, en tono desaprobatorio—. Anda, vuelve arriba, niña.

—Es que tenía sed, mami…

—Sai —llamó la rubia, para que el aludido se apareciera inmediatamente a su lado tomando a Aki de los brazos de Sakura—. Llévala arriba, cariño. Descansa, mi niña.

—Adiós, tía Sakura.

—Adiós, Aki —contestó ella, antes de notar que el chico seguía con ella—. Oh, disculpa… el baño está a final del pasillo, del lado izquierdo. ¿Prefieres que te lo indique?

—Así debe ser suficiente… muchas gracias.

—No hay de qué —respondió con una sonrisa, antes de volver a la escena y notar esta vez que, diferente de antes, aquellos ojos ónix estaban observándola con fijación, a lo que ella reaccionó con ligera sorpresa y le miró hacia arriba.

—¡Estoy tan feliz! —aseguró Naruto—. ¿Tú no lo estás, Sakura? Los tres reunidos, juntos de nuevo.

—Es verdad —complementó ella, relajando el semblante y mostrándoles una sonrisa un poco más amena, volviéndose hacia el otro una vez más—. Qué alegría que volvieras a Japón, Sasuke… se ve que te ha ido muy bien en América.

—Todo fue solo trabajo —se encogió de hombros—. En realidad ya extrañaba el aire de Japón y las calles concurridas de Tokio.

—Oh, siempre creí que allá era algo parecido… escuché que estabas viviendo en Nueva York, ¿no es ahí un poco parecido a esto, también? —quería mostrar un poco de interés, pero no notaba el más mínimo cambio en el rostro serio de él.

—Sí se parece un poco, pero no es lo mismo.

—Ya puedo verlo —comentó ella. Se acomodó con inquietud el bolso pero pretendió no demostrar su ansiedad—. En fin… me alegra que hayas vuelto, han pasado muchísimos años desde la última vez que nos vimos.

—No me lo ha parecido —contestó el moreno—. Aunque la verdad es que todos se ven muy diferentes a lo que recordaba.

—Puedo creerlo —continuó ella—. Ino embarazada de su tercer hijo, Naruto y Hinata con un hermoso niño, tú te ves fantástico aún, aunque estoy segura de que yo sigo viéndome exactamente igual a ese entonces, ¿verdad?

—En realidad no me esperaba menos de ellos. Sin embargo —empezó él—, creo que eres tú la que más se encuentra fuera de lo que yo hubiese esperado.