¿Saben qué es lo feo de trabajar en un Supermercado hasta tarde? Que en ocasiones, tienes que salir realmente tarde del local. Eso ocurría a menudo con Sabine. Ella salía en ocasiones a las once de la noche, y en otras ovaciones, era tanto el trabajo que terminaba saliendo recién a las doce. Entonces, como imaginarán, llegaba realmente tarde a su casa.
Marinette realmente intentó esperar despierta a su madre. Quería verla, compartir con ella, acompañarla. Pero no pudo hacerlo. El sueño la venció, además, al siguiente día tenía clases.
El problema sería que en la mañana tampoco podrían verse, porque Sabine salía a las seis de la mañana y Marinette se despertaba a las seis y media para poder arreglarse y bañarse. No se topaban, porque solo había un baño disponible en la casa.
Esa mañana despertó e hizo toda la rutina de siempre. Se dio un baño, se vistió, hizo sus coletas. Desayunó algo ligero y luego fue al colegio.
En la entrada se topó inmediatamente con Adrien, que llevaba lentes de sol.
—Agente M. Tuve un plan genial para la misión de espionaje —hablaba en susurros. Algunos chicos volteaban a verlos, estaban llamando la atención.
—Adrien, éste tipo de cosas se deben hablar en un lugar más privado. Además, ¿por qué tú tienes lentes de sol y yo no? —ella se cruzó de brazos. Era una actitud infantil, pero se había molestado un poco.
—¿Me conoces tan poco? —Adrien le entregó unos lentes de sol a su amiga, los cuales ella se colocó de inmediato —, ahora nos encontramos en la misma onda. ¿Lo ves? Siempre pienso en ti.
—Me agrada esto, pero no podemos hablar del tema tan abiertamente. Esperemos hasta el recreo.
Cuando finalmente el recreo llegó, ambos se quedaron en el salón de clases sentados juntos. Adrien sacó un cuaderno y le mostró a Marinette lo que escribió.
—Creo que podríamos espiar desde lejos, pero no tan lejos. Digo, uno se acercará a uno de ellos y el otro al otro, pero tendremos una grabadora oculta.
—¿Eso no es demasiado trabajo? Además, podría ser bastante sospechoso que entremos al Supermercado, sigamos a dos trabajadores y no compremos nada.
Adrien bufo, Marinette siempre tenía un pero cuando se trataba de sus planes.
—Otra idea es que estemos todo un día dentro del Supermercado y veamos en qué momento se juntan. ¡Es un plan aprueba de tontos!
—Alguien podría vernos y creer que somos presuntos ladrones, entonces un Guardia nos perseguiría sigilosamente.
—¡No puedo ir a prisión! Si eso llega a suceder, ¡mi padre me mataría! No, primero me castiga y después me mata.
—Bueno... somos menores de edad, de todas formas no podríamos ir a prisión.
—Menor o no menor, Gabriel si es capaz de asesinarme —Adrien asintió para él mismo, se sintió un poco asustado —. Si mis planes no te parecen lo suficientemente buenos, entonces, ¿qué sugieres?
—Mi mamá trabaja todo el día en el Líder. Desde que tengo uso de razón ha estado ahí. Tengo algunos conocimientos. Y sé bien que él es un reponedor, mientras que ella es cajera —explicó Marinette. Adrien solo escuchaba de modo atento, no entendía el punto hasta ahora —. Cuando están a punto de cerrar, como a eso de las nueve todo se desordena.
—¿Tienen una fiesta en el local? Oye, qué poco profesionales son.
—No, no quise decir eso. Me refiero a que todo se desordena. Las cajeras tienen permitido realizar sus compras, abandonar sus puestos. Y ellos, los que reponen tienen que moverse por distintas secciones.
Adrien rascó su nuca, analizando lo que Marinette le estaba explicando.
—¿Significa que en la noche es más probable que se topen? —la azabache asintió, ese era el punto exacto al que quería llegar —. Entonces Hugo y Rosita tendrán que volver hoy.
—¿Hugo y Rosita? —Marinette negó con la cabeza sintiéndose bastante enfadada, comenzaba a creer que lo hacía a propósito.
—La verdad no recuerdo nuestros nombres falsos, así que pensé en los nombres de los personajes de Pato Aventuras. Hugo es uno de los sobrinos, y Rosita es...
—He visto la serie, sé quienes son.
—¡Es cierto! —Adrien comenzó a aplaudir al ritmo de la melodía de la canción de la serie —. Muy audaces, muy capaces... —cantó.
—¡Otra vez no! —ella intentó retirarse, pero fue detenida por el agarre de Adrien.
—¡Pato Aventuras las llamamos! —seguía cantando él.
—¡Te juró que si vuelves a empollar un huevo no respondo de mí!
—¡Gran idea! —Adrien se levantó de su asiento, comenzó a graznar y dejó su cuaderno en la silla. Después se sentó sobre él con las piernas cruzadas, como si realmente fuese un pato —, mi hijo se llamará Marion, porque suena como Marinette.
—Eh... —vieron en dirección a la puerta y se toparon con la mirada estupefacta de Nino —, amigos, ustedes sí que son raros. Y yo que venía por audífonos. Jamás olvidaré esto —se fue.
Marinette estaba roja de la vergüenza.
—¡Adrien! ¡eso te pasa por creerte un pato! —y no pudo evitar darle un fuerte empujón, lo que provocó que se cayera de la silla.
Ella aprovechó el momento para salir corriendo del salón, con las mejilas rojas debido a la vergüenza que sentía. ¡Todo gracias a Adrien!
Él se levantó y corrió persiguiéndola.
—¡Lo siento, yo no sabía que él iba a entrar justo en ese momento! —gritó, pero ella no se detuvo —. ¡No dejes solo! ¡si quieres te regaló a Marion! Aunque es mi cuaderno de matemáticas y lo necesito —Marinette se encerró en los baños de chicas.
—Jamás tocaré a Marion —advirtió.
—Sabes que soy un asco en matemáticas, pero de todas formas necesito el cuaderno.
Silencio.
La campana sonó, debían regresar a clases. Cuando Marinette salió, Adrien la detuvo tocando su brazo.
—¡Vamos! Prometo que no volveré a actuar como un pato —ella no pudo contener la carcajada que escapó de sus labios.
—¿Te das cuenta de lo normal que sonó esa promesa?
—¿Cuándo hemos sido normales? Somos Adrien y Marinette, dos locos de remate —ella sonrió alegre y asintió —. Al menos te hice sonreír.
—Como siempre.
Durante el resto del día se dedicaron a hablar sobre el nuevo plan que tenían, el que llevarían a cabo esa misma tarde. Marinette escribió con letras mayúsculas Dante en la Palma de su amigo, no podía permitir que se olvidará de su propio nombre falso.
Al final de las clases, fueron a la mansión Agreste. Solo que está vez, antes de poder ir a la habitación del rubio, fueron recibidos por Nathalie.
—Adrien Agreste —dijo ella cruzada de brazos.
—Nathalie... no sé tú apellido —él también se cruzó de brazos, serio.
Marinette sabía que estaban en problemas, otra vez. ¿Por qué cuándo se trataba de ellos solo tenían problemas? Si que eran un equipo terrible.
—¡Adrien! No estoy para bromas. Ayer ustedes me dijeron que tenían un trabajo sobre patos, luego dijeron que era sobre ornitorrincos...
—¡Nathalie! No confundas las cosas. Escucha bien esto: los patos son unos envidiosos. Porque ellos hablan raro y son gruñones, pero los orni...
—¡Silencio! —ambos fueron un salto ante el grito que Nathalie dio. No era normal en ella gritar de ese modo —. Como sabía que no podía confiar en ti, le envíe un correo a tu maestra con el reporte ya hecho. ¿Y sabes qué pasó?
Marinette tragó en seco. Habían descubierto la mentira.
—¿Debería sentirme ofendido porque no confías en mí? Porque déjame decirte que sí me duele —Adrien fingió sentirse afligido.
—¿Y yo debería ofenderme porque no conoces mi apellido? —devolvió ella, aún seria.
Touché. Pensó Marinette.
La situación era tensa, pero aún así tenía cierto grado de diversión.
—Dijo que jamás les había dado una investigación sobre animales, que debí haberme confundido —Nathalie lo observaba de modo acusador, realmente estaba molesta —. Adrien, no puedes ir por la vida tomando todo a la ligera. ¿Has pensado en tú futuro? Algún día tendrás que ir a la Universidad, la vida cambia. No siempre podrás mentir para salirte con la tuya.
Adrien bajó su mirada. "Futuro", esa palabra era poderosa y al mismo tiempo era dolorosa. Él no veía un futuro claro, lo único que esperaba era... un milagro.
—Solo quiero que por favor no escondas nada, porque cuando tú padre no está, yo soy la que está a cargo —ella se agachó para quedar a la altura de su protegido —. Adrien, yo te quiero muchísimo.
Cuando Nathalie intentó darle un abrazo, Adrien sintió como el aire le faltaba. Entonces hizo lo que se le vino a la mente: salió corriendo para subir las escaleras. Nathalie suspiró afligida ante la escena.
—Marinette, tú que eres su mejor amiga te pido por favor que lo protejas. No mientas por él. No quiero que tenga problemas.
Nathalie apreciaba mucho a Adrien, eso era tan lindo. Marinette pensaba que Adrien era afortunado al tenerla, después de todo, era como tener una madre. Él no estaba solo.
Aunque también sintió un poco de culpa. Adrien había mentido con tal de protegerla a ella y ahora por su culpa, Nathalie desconfiaba de él.
—Adrien no esconde nada, Nathalie. Sucede que yo tengo un problema personal y le pedí ayuda, por eso nos fuimos de ese modo tan misterioso. Me disculpó, es solo que...
—Son adolescentes y quieren tener sus secretos. Lo entiendo, también fui adolescente alguna vez —Marinette le sonrió con sinceridad, Nathalie palmeó en hombro de la azabache —. Es normal que sean así. Agradezco que me digas la verdad, es solo que Adrien me preocupa. A veces es muy infantil, no toma las cosas en serio.
—Puede que sea infantil, pero ese es el modo en él que ve la vida: como un juego. ¿Quién quiere ver la vida de otro modo?, ¿acaso es tan malo ser infantil? Prefiero que sea así de infantil a que sea un amargado —defendió a su amigo —. Aún somos adolescentes, debemos disfrutar que podemos seguir viendo la vida de modo infantil, antes de crecer y volvernos amargados. ¡No digo que tú seas amargada! —aclaró enseguida.
Nathalie rió brevemente y la observó con algo de ternura, o eso percibió Marinette.
—Estoy tan feliz de que Adrien tenga a alguien como tú en su vida —fue lo que dijo antes de retirarse.
Marinette subió la gran escalera y entró a la habitación de Adrien. Su amigo estaba tirado en la cama con el ceño fruncido.
—¡Nathalie me cansa tanto! Cree que puede darme órdenes, que puede abrazarme y que es su deber cuidarme —estaba cruzado de brazos, intentaba demostrar enojo, pero sus facciones parecían tristes —. Ella cree que puede ser...
—Una madre —completó Marinette.
—¡No digas esa palabra! —espeto con algo de rabia, Marinette le regaló una sonrisa ladina —. Lo siento, no debí gritar, es solo que... —dejó salir un suspiró cansino.
Marinette se sentó a su lado y acarició sus cabellos con una ternura infinita. En ocasiones así, Adrien parecía un niño desamparado.
—Es solo que Nathalie no es tú madre y sientes que intenta reemplazarla —Adrien se sentó en la cama y observó a su amiga con sorpresa —. Tienes miedo de quererla, porque crees que si la quieres... le estarías fallando a tu madre.
—¿Cómo lo sabes?
Marinette no dijo nada.
Adrien analizó un poco la situación y se dio cuenta de que tal vez... ambos se sentían del mismo modo. ¿Sería eso posible?
—¿Eso es lo que sientes ahora? ¿que Sabine intenta reemplazar a tu padre?
—No —la voz de Marinette se quebró al hablar —. Ese hombre es solo la persona que ayudó a que yo naciera, no es mi padre. Es distinto. Él nos abandonó a mamá y a mí, yo no lo quiero —ella comenzó a llorar sin poder evitarlo —. Es solo que no quiero que las cosas cambien.
—Y yo no quiero tener otra madre, no quiero reemplazar a la que una vez tuve. Pero... ¡era tan pequeño! ¡no la recuerdo! Me duele tanto no poder recordarla.
Adrien también empezó a llorar, lloraba amargamente.
Ambos lloraban en silencio. Descargaban sus penas silenciosamente, uno al lado del otro.
Hasta que entre lágrimas se observaron y decidieron que era una buena idea darse un abrazo. Un abrazo en medio del silencio. Donde solo se podían sentir las lágrimas que caían y los sollozos que no se detenían.
Era una escena desgarradora, pero al mismo tiempo era conmovedora. Dos amigos que se demostraban su apoyo silenciosamente.
