El humo debido a la explosión se disipo, y los dos cuerpos tirados en el suelo se levantaron.
Veo que ese tipo va en serio- dijo Nezumi viendo los daños causados por la bomba.- ¡creo que tenemos una nueva aventura!- grito excitado debido a la emoción.- ¿Shion?- cuestiono al no verlo a su lado.
El albino había salido corriendo en dirección a la casa subterránea, temiendo que le hubiese ocurrido algo; se había destrozado toda la fauna, pero eso era lo de menos para él, aquella pequeña casa significaba mucho para su corazón, los recuerdos que le traía eran inmensos. Sus pies tropezaban en la nieve, pero no se detenía, logro divisar su auto hecho trizas, al lado estaba la entrada, las escaleras habían sido bloqueadas por restos de los edificios de pruebas que estaban casi al lado. Los quitaba desesperadamente, creando un hueco entre ellos por donde cayó, se resbalo con la nieve al intentar pararse y se dio de lleno en la cara, miro desafiante la entrada, se paró limpiándose la sangre que se escurría de su boca, y abrió temeroso pero dispuesto la puerta.
Suspiro cayendo al suelo otra vez, una lágrima de felicidad se le escapó de uno de sus hermosos ojos, no había grandes daños, los libros estaban tirados por todas partes y nada más. Se volvió a levantar sonriente y empezó a levantar los libros, sin pensar siquiera en que había dejado al pelinegro sin decirle nada.
"estaba conmigo hace un momento" pensó. Vio de nuevo por todas partes, "no se lo habrán llevado…" una gota de sudor caía por su frente, a pesar del frio temiéndose lo peor, sus tres pequeños amigos salieron de los bolsillos del chico. Tomo entre sus manos al ratón blanco, Hamlet, y le mano a revisar el perímetro para ver si era seguro. El pequeño Hamlet se aventuró por el espacio que alguna vez había sido su hogar, llego al escondite y se escurrió por el gran hueco que logro hacer Shion, vio la puerta abierta y entro, gran sorpresa que se encontró al ver al lindo albino ordenando despreocupadamente los libros. Subió por la manga de su chaqueta café y chillo en el oído de este, haciendo que callera al suelo del susto.
Oh, pero si eres tú, Hamlet.- sonrió acariciando las orejitas del blanco animal- veo que me encontraste, ¿y Nezumi? – el ratón volvió a chillarle, se dio cuenta de que lo había dejado sin siquiera avisar.- ¡Ah! Lo siento- se levantó de un salto y corrió por las escaleras, teniendo cuidado en donde pisaba, salió por el hoyo y corrió cuán rápido podían sus piernas hacia donde pensaba que aún se encontraba el otro.
Diviso una delgada figura a lo lejos, era el chico que buscaba. Puso las manos en los bolsillos de su pantalón, tenía una mirada inexpresiva como de costumbre, los copos caían a grandes bocanadas, el frio viento golpeaba haciendo ondear su tela de superfibra. Espero la llegada del albino sin mover un musculo, ni cambiar su expresión. Sintió la respiración agitada del otro y solo desvió la mirada.
¿Por qué eres tan tonto? Ya había olvidado lo ingenuo que eres. ¿quieres que te maten? ¿Cómo pudiste ser tan imprudente, a quien se le ocurre irse sin decir nada?- giro los ojos con recelo a las orbes rojas que lo miraban con atención.
Yo… quería asegurarme… de que nada…- hablaba entrecortadamente intentando no mirar los grises ojos, tornándose rojo hasta las orejas- no quería que nada le pasara… a la casa…- junto sus manos observando la nieve caer en ellas, intentaba distraer su mirada.
¡Insensato! Supongo que nunca dejaras de ser cándido- bufo sarcástico. Busco con su mirada la del otro lográndolo- Si quieres sobrevivir, no te apartes mucho de mí.
¡Sí!- sonrió de oreja a oreja- no me alejare de ti- continuaba con su gran sonrisa.
¡Espera!- se puso un poco nervioso y aparto la mirada- ¡No te pongas en tan alta estima!- esbozo una fingida sonrisa- Necesito mentecita- dijo esto dándole ligeros golpes a la cabeza del Shion.
¡Si me necesitas no me apartare!- sonrió tomando la mano de Nezumi que le había pegado.
¿¡Eh!?- sus mejillas se tornaron de un color melocotón casi invisible.- ¡Ya dije que no te pusieras en tan alta estima!- se soltó torpemente del agarre del albino- Solo necesito tu intelecto, solo eso. – volteo la mirada, ocultando el rubor que no noto el más bajo.
Aun así, necesitas algo de mí, y eso me hace feliz. – cerro los ojos mientras hablaba- eso significa que estoy un poco más cerca de alcanzarte- susurro aun con los ojos cerrados, y una sonrisa.
Vamos, tengo hambre.- dijo mientras se dirigía a su casa, aquella pequeña casa en la que había vivido largo tiempo. Se escurrió sin hablar por el agujero que hizo el albino, y lentamente abrió la puerta, ya era la segunda vez ese día que entraba ahí, pero sentía cálido su corazón. Había aclarado las cosas con el albino, tenía una nueva aventura, y estaba de vuelta en su pequeña casa, no podía pedir más.
Shion le seguía de cerca, observando las reacciones de aquel chico, se veía tan feliz… pero tan distante. Paso por el agujero pateo algo de nieve en las escaleras y entro a la habitación. Todo por un momento parecía perfecto, pero se estremeció al recordar lo que había pasado momentos antes, ¿de verdad tendrían otra aventura? Pensaba es mientras ponía la olla de siempre a calentar, colocando los ingredientes frescos que venían de la ciudad. Eso era lo único que sufrió un gran cambio en ese lugar. Pasaron largos momentos de silencio, incomodos para el albino, y sin importancia para el más alto, que tomaba libros ojeándolos con una mirada llena de júbilo.
¿Qué ha sido de su vida, Majestad? He oído por ahí que su gran intelecto logro sacarlo rápidamente de la universidad.- rompió el silencio por fin, pero sin despegar la mirada del libro.
No es para tanto… después de que me abandonaras…- se calló al instante, no quería decir eso, bajo la mirada a la sopa, intentando no hacer notorio su rubor. Antes eso el de ojos grises saco la vista del libro y arqueo la ceja derecha.
Yo no te abandone. – respondió cortante- tu querías regresar con tu madre, yo ni loco me acercaría a esa ciudad, nuestros caminos se separaron, que es diferente.- dicho eso se devolvió a la lectura, sentándose en el sillón rojo.
Lo siento…- seguía sin apartar la vista de la sopa.
¿Por qué te disculpas?- torció la boca y miro al albino, que mantenía la mirada agobiada.
Siempre digo tonterías, discúlpame. Vuelve a tu libro, ya casi esta la sopa.- el más alto no muy convencido retorno a la lectura. –"Perdona por ser tan tonto, indefenso, imprudente, inocente, directo… inservible… perdóname por ser una molestia, Nezumi"- pensó el albino, dejando escapar un par de lágrimas que cayeron en el interior del caso, mezclándose con la sopa, borrando cualquier prueba de que existieron. Se limpió la cara con la manga de su chaqueta y tomo dos platos de un estante.- Ya está listo.- dibujo en su rostro una sonrisa fingida que le dedico al actor.
¡vaya! ¡Sabe igual a antes!- alabo el mayor actuando sorpresa.
Si…- respondió un distante ojirojo que se dedicaba a observar el vapor que salía de la olla.
"Te ves tan distante… nunca eres así"- pensó y acto seguido sacudió su cabeza llamando la atención de la flor- ¿Algo le incomoda, Majestad?- dijo con un toque de ironía y desinterés en la voz, estaba fingiendo, obviamente, pero nadie el ingenuo de su compañero jamás se daría cuenta.
Nada, solo pensaba en Safu- se arrepintió de decir eso, fue lo primero que salió de su boca.- yo… hace tanto que no pensaba en ella…- rayos, tampoco quería decir eso. Alguna vez Inukashi le dijo que no debía relucir sus debilidades. Una lágrima se escapó al recuerdo de su queridísima amiga. El otro solo lo miraba expectante.
Creo que debiste darle tu esperma antes de que "eso" pasara.- intentaba animar al albino con sus chistes de mal gusto.
Debí… ¿cierto? No sé por qué no acepte… pero… yo quiero darle mi primera vez a alguien que ame…- dijo sinceramente. La rata estallo en carcajadas, el hijo de Karan le miraba preguntándose qué había dicho, su rubor se incrementó hasta llegarle a las orejas- ¡No te rías de mí!- esa frase solo causo que el otro riera más. Shion se dio por vencido y espero a que se le pasara la crisis a Nezumi para ver qué es lo que había pasado.
¿¡Aun no has tenido primera vez!? ¿Cuántos años tienes? ¿Nueve?- rio despiadadamente otra vez. El pequeño jugaba nervioso con sus manos.
Yo… creo que… debes darle tu primera vez a la persona con la que estarás hasta que la muerte los separe… entregarte por completo a esa persona, lo más lindo seria guardar hasta tu primer beso con ese alguien y…- no lo dejaron continuar, el ratón le lanzo una almohada en la cara.
¡Basta, Shion!- se sorprendió al verle, era la primera vez que mostraba esa cara. No era de enojo ni burla. Poseía una expresión extraña. "Como… ¿inconformidad?, ¿incomodidad?, ¿nerviosismo?" pensó el albino.
Lo siento… debo suponer…- majestad sabía que se metería en un problema, y que preguntar demostraría lo inconsciente que era, pero aun así… lo sabía, pero quería escucharlo de la boca del ojigris.- que tu… ya has tenido primera vez…- jugaba con Tsukiyo mientras hablaba, mirando al roedor y no al pelinegro.
¡Infinidad de veces!- eso termino por romper el palpitante corazón de Shion- creo que mi primera vez fue a los doce años…- "Detente…" pensó el ojirojo- con una hermosa mujer, si, ¡ya recuerdo! Fue cuando recién llegue al bloque Oeste. –hablaba sin pensar que le estaba causando un daño enorme al pequeño que aún mantenía la mirada gacha, ahora jugaba con los tres ratoncitos.
Ocultaba sus lágrimas, sabía que eso pasaría, pero pregunto de todas formas. El ratón, contaba toda la historia, con detalles incluidos. Estaba absorto en sus pensamientos, ya no escuchaba al otro, el brillo de sus ojos desapareció, escucho claramente su corazón partirse. "Cuando sea grande, me casare con una persona que también me esté esperando, yo sé que existe. Aunque no sepamos quienes somos, nos estamos esperando, manteniendo castidad… porque no hay nada más lindo que el amor de tu vida regalándote su primera vez…" recordó perfectamente las palabras que se decía. Siempre pensó que viviría de un hermoso amor, lleno de ternura y compresión. Jamás imagino que se enamoraría de alguien tan rufián como Nezumi. Lo peor de todo, es que era que no podría olvidarlo, él lo sabía. Nunca podría enamorarse tan perdidamente de alguien como lo estaba del chico que en este momento le estaba contando otra experiencia que vivió con otras chicas. Sonrió imperceptiblemente gracias a su blanco cabello que cubría en totalidad su rostro. Se levantó, haciendo que Nezumi parase de relatar, tenía el cojín que le habían aventado entre sus manos, sus lágrimas caían al suelo como los copos de nieve allá afuera. Su mirada cruzo fugazmente con una grisácea y se dejó caer en la cama, dando la impresión de haber caído dormido, cuando en realidad se había desmallado.
Lo siento… - aparto los blancos cabellos del rostro de Shion- no pensé que en verdad te sentirías así de mal…- beso delicadamente la frente del pequeño que yacía en el lecho.
Se enfundo en su tela gris y salió sigilosamente de aquel lugar tenía que darse prisa si quería regresar antes de que amaneciera, debía hablar con Rikiga para que lo ayudase con esa situación de sumo peligro que ahora amenazaba sus vidas. Necesitaba la ayuda también de la cuida perros, y de aquel hombre de veinticinco años.
