Holi! Muchísimas gracias por leer mi fanfic! Me hace muy feliz que lo que escribo sea visto por otras personas :D , así que porfavor, si estás leyendo no te olvides de dejar un review

Este capítulo contiene lemon así que si no te gusta es mejor que no lo leas. Tampoco es que sea muy buena escribiendolo, pero igual si no te gusta el sexo explícito es mejor que te saltes esta parte xD

Capítulo 9

El único pensamiento que pasaba por la mente de Gakupo en ese momento, era el de brindarle el mayor placer posible a Kaito, al ser su primera vez, deseaba que para él fuera una experiencia digna de recordar. Que mucho tiempo después de que hubiese ocurrido, el sentimiento al recordarla fuese una profunda felicidad y cariño, que fuese un momento único e irrepetible en su vida, y que nunca fuese capaz de olvidad. Quería con sus labios escribir su historia en la piel pálida y tersa de su pareja, que cada centímetro de su cuerpo que los propios dedos recorrieran pudieran percibir el intenso amor que sentía en ese momento, y que de ese modo, quedara grabada en ese cuerpo la huella de la pasión.

Mientras sus labios avanzaban rozando levemente desde el cuello hasta el pecho del peliazul, este dejaba salir tenues suspiros que brotaban de su boca, se estremecía, el solo toque de esos finos labios hacía que un escalofrío recorriera su espalda, jamás en su vida había sentido algo así. Deseó en ese momento no estar ebrio y poder disfrutar plenamente del momento, pero sabía muy bien que estando sobrio el miedo le ganaría. Ya habría alguna nueva ocasión para repetirlo, cuando el temor se hubiese esfumado por completo. Ahora solo le importaba estar lo más alerta posible, y tratar de equlibrar sus sentidos. No quería llegar a arruinar el momento.

-Si sientes que no quieres hacerlo, si te da temor, sólo dímelo y pararé de inmediato…- le susurró el pelivioleta antes de continuar. Kaito solamente asintió con la cabeza y se le quedó viendo fijamente al rostro. Ese hombre era hermoso, por donde quiera que se le mirara, no encontraba imperfección alguna en ese rostro. Sus ojos eran profundos y expresivos, como si ocultaran mil secretos. Su aroma era embriagador, sentía que podría desmayarse en cualquier momento, y aún así, lo único que pasaba por la mente del peliazul era el de estar despierto el de sentir cada caricia, cada roce, cada beso, vívidamente.

Gakupo continuó besando el pecho de Kaito, dejando finos hilos de saliva al pasar de un lado al otro y bajar al vientre, mientras sus manos recorrían los costados del pelivioleta, acariciando cada centímetro que pudiesen alcanzar de manera muy sutil. Mas luego sus labios atraparon uno de los pezones del joven, succionado suavemente y jugueteando con su lengua alrededor de este, a lo que Kaito respondía con gemidos más sonoros, y aferrándose ahora a los hombros de su pareja.

-Veo que te está gustando…- el pelivioleta había llevado su rostro nuevamente a la altura del oído de Kaito, para murmurarle con voz profunda, la cual hacía conmover cada fibra del cuerpo del peliazul, esa voz dulce y melódica se adentraba en su ser y retumbaba por todo su cuerpo haciéndole estremecer, y experimentar sensaciones hasta ahora desconocidas para él.

-Quiero más… quiero sentir más por favor…- pidió sumiso mientras le mostraba al pelivioleta un rostro completamente ruborizado a causa del alcohol y el encanto. Gakupo observó esa expresión, grabándola en su memoria para siempre, pensaba que nunca sería capaz de olvidar el suplicante rostro de su amado, aunque muy bien sabía que pronto sería espectador de muchas más expresiones diferentes por parte de este.

Obediente a los ruegos, deslizó su mano afablemente hasta la parte baja del cuerpo de Kaito, la cual aún no había sido despojada de sus prendas. Movió su mano por sobre la tela masajeando y estimulando tan solo un poco, y aún así ya podía sentir como comenzaba a endurecerse. Kaito dejaba salir más gemidos, era bastante vergonzoso para él, pero no podía controlarlos, de modo que pasó sus brazos por el cuello de Gakupo acercándolo hacia sí para besarle y poder de ese modo acallar un podo los sonidos que involuntariamente emitía.

Gakupo introdujo su lengua en la cálida boca del contrario comenzando un juego con la del peliazul, mientras su mano no cesaba el estímulo en la entrepierna de este. Podía sentir como el cuerpo del joven se conmocionaba con cada caricia, y como de cuando en cuando Kaito le mordía levemente el labio cuando era víctima de mucho placer. Eso le agradaba a Gakupo.

Al fin se separaron del beso, Gakupo le dedicó una tierna sonrisa antes de empujarlo para que quedara totalmente recostado sobre la cama, y de inmediato bajó su rostro a la parte inferior del peliazul. Con un rápido movimiento de su dedo, quitó el botón del pantalón, y luego de mostrarle una pícara sonrisa a Kaito quien observaba inmóvil, tomó la cremallera entre sus dientes para bajarla lentamente.

-Ga…Gakupo…- Kaito de inmediato cubrió sus ojos con las manos, ahora era víctima de una profunda vergüenza. Gakupo sonrió nuevamente, encantado por las inocentes acciones del joven.

-Apenas comenzamos…- anunció con voz tenue para deshacerse totalmente de las prendas que cubrían al peliazul. A lo cual, este solamente apretó sus manos contra su rostro. Gakupo subió nuevamente para apartar las manos de Kaito.

-Quiero que veas esto…- besó tiernamente la frente del joven y bajó una vez más. Tomó el miembro de este con una mano, y cerciorándose de que el otro estuviese viendo, llevó sus labios hasta la punta en donde depositó un beso leve. Kaito sentía que moriría de vergüenza, pero aún así no volvió a cubrir su rostro, a como el otro le había pedido.

Gakupo comenzó a lamer la erección lentamente desde su nacimiento hasta la punta unas cuantas veces, a lo que el peliazul ahora dejaba escapar roncos gemidos , entrecerrando sus ojos a causa del placer.

-Ahh Gakupo… se siente… muy bien…- confesó entre suspiros mientras el otro continuaba lamiendo de esa tortuosa manera. Mas luego se decidió por introducir la erección de lleno en su boca, succionándole, y moviendo su cabeza hacia adelante y hacia atrás, ahora de una forma mucho más violenta que anteriormente. Kaito no hallaba que hacer con sus manos, se aferró a la sábana bajo sí, su espalda se arqueaba y sentía un calor que le quemaba en su parte baja, pero pensaba en lo gentiles y cuidadosos de los movimientos del otro, alcanzó a sonreír un poco ante ese pensamiento, el de saber que su pareja intentaba ser lo más amable posible con él.

Pequeñas lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos; el placer, la felicidad, la vergüenza. Todo era un conjunto de sentimientos y emociones que se revolvían en su interior, largó un gemido profundo y sonoro antes de ver todas esas sensaciones culminadas, derramando su cálida esencia directamente en la boca de su amante.

Gakupo sonrió satisfecho luego de tragar la semilla que el pelivioleta había depositado en su boca. Una vez más subió a besar a Kaito, el cual respiraba aceleradamente. Kaito sintió los suaves labios de su pareja sobre los propios y el extraño sabor de su propia esencia, un sabor fuerte que jamás había probado y que le pareció nada agradable. Llevó sus manos a la ancha espalda del pelivioleta, acariciando y aferrándose a él con fuerza. Deseaba tenerlo cada vez más cerca de sí, todo lo que pudiese. Pero no pudo tenerlo por mucho tiempo, pronto se vió abandonado nuevamente por este.

-Gakupo…- el pelivioleta ahora se ocupaba de deshacerse prenda por prenda de su propia ropa. Kaito solo podía observar deslumbrado, cómo la tela caía agraciadamente, dejando al descubierto aquel hermoso y bien formado cuerpo, con piel de porcelana. Sus ojos se abrieron un poco más, como si quisiese abarcar lo más posible de aquella sublime visión. Asombrándose aún más cuando el hombre desató su largo cabello, dejando que callera naturalmente por sobre sus hombros, dándole un aspecto aún más bello, lo cual no creía el menor que fuese posible.

El pelivioleta una vez más se acercó a Kaito, tomándolo esta vez entre sus brazos y aferrándolo a su cuerpo fuertemente, para susurrar a su oído suavemente:

-Voy a prepararte un poco…- anunció, aunque el peliazul, ignorante en todo sentido en cuanto a ese tipo de asuntos se trataban, no entendió a qué se refería. Kaito se vió nuevamente acostado sobre la cama y esta vez Gakupo tomaba cada una de las piernas de él con sus manos para separar un poco.

-¿Qué harás?- preguntó con curiosidad.

Gakupo se limitó a sonreír amable y dulcemente, y llevó uno de sus dedos a la propia boca para lamerlo y enseguida llevarlo hasta la entrada de Kaito, tocándo superficialmente y luego comenzando a introducirlo muy lentamente.

-A..ahh…ahhg..Ga... Gakupo…-

-Resiste tan solo un poco…- Kaito sintió como el dedo invasor comenzaba a moverse en su interior. No era una sensación agradable y de hecho era demasiado incómoda y ahora sentía un poco de dolor. Cerró sus ojos los cuales estaban inundados de lágrimas y llevó su mano a la propia boca para morder uno de sus dedos y así intentar silenciar los vergonzosos sonidos que surgían solos de su interior.

-Sólo un poco más…- el pelivioleta movía su dedo en el cálido interior, con la única finalidad de dilatar su entrada para lo próximo que estaba por recibir. Cuando sintió que ya estaba preparado, retiró su dedo con sumo cuidado. Llevó su otra mano al rostro de Kaito para acariciarle y limpiar sus lágrimas.

-Quiero que me mires…- pidió firme pero suavemente. El peliazul obedeció de inmediato, restregó un poco sus ojos con el dorso de las manos y observó al hombre frente a sí, que ya acercaba su miembro peligrosamente a la propia entrada.

-Ha… hazlo con cuidado… por favor…- pidió resignado a lo inevitable, el miedo le había atacado de nuevo, talvez ya no estaba tan ebrio después de todo, pero sabía que no había marcha atrás.

-No te preocupes, no te lastimaré… Gakupo posó la punta de su erección en la entrada del peliazul y en seguida comenzó a penetrar lento y con sumo cuidado.

-Duele… ahhh... Gakupo… duele mucho…- las lágrimas ahora incontrolables salían nuevamente de los ojos de Kaito, quien sentía un gran dolor. Buscó abrazarse al cuerpo de Gakupo, y este al ver lo que el otro deseaba, lo rodeó con sus brazos acercándolo a su cuerpo. Comenzó a mover su parte baja lentamente hacia atrás y hacia adelante, teniendo todo el cuidado posible para causar el menor dolor posible.

Kaito lloraba sin consuelo, sus uñas ya se clavaban en la espalda del contrario y toda clase de gemidos brotaban de su boca, Gakupo buscó besarle para distraerle un poco del dolor. El pelivioleta sentía su miembro perfectamente acogido en el estrecho interior del joven, y su cuerpo le dictaba ir más rápido, a lo cual obedeció. Podía sentir las uñas de Kaito clavarse en su espalda, pero fuera de hacerle detenerse, esto le excitaba mucho más.

Ahora Gakupo también gemía y jadeaba, tuvo que dejar de besar a Kaito y ocuparse del movimiento de su cuerpo, procurando no ser muy brusco pero el placer era incontrolable y solo deseaba más y más. Kaito por su parte sentía que su interior se destrozaba, y por ese motivo aún no podía dejar de sollozar. Mas poco a poco la sensación se volvía mucho más placentera. Las embestidas del contrario llegaban profundas en su interior, logrando de cuando en cuando tocar un punto que le hacía estremecer y desear que no cesara de moverse dentro de sí.

Aún el dolor era grande, pero esta nueva sensación de placer y excitación le ganaba. El peliazul comenzó a mover también su parte baja, procurando que cada estocada que el otro le brindaba llegara lo más profundo posible. Ya no clavaba sus uñas, más continuaba abrazado con fuerza al cuerpo del otro. Ahora que el dolor se había esfumado casi por completo, podía percibir su aroma, sentir su piel que ahora se encontraba bañada en sudor, y disfrutar plenamente del choque de sus pegajosos cuerpos una y otra vez. Sentía que los dos jamás podrían estar más unidos.

-Gaku…po, te amo… te amo…te amo…- deseaba gritarlo, mas su voz solo alcanzaba a susurrar, pero era suficiente para que el otro escuchara. Gakupo aceleró el ritmo de las embestidas una vez más, profundizando lo más posible, y víctima de un placer insoportable, esta vez fue él quien vertió el cálido líquido directamente en el interior del peliazul, causando que los dos gimieran fuertemente al unísono.

-Ta…también… te amo… - con un poco de esfuerzo salió del interior de su amante, dejando la estela de su esencia sobre la sábana, se recostó de inmediato al lado de Kaito quien respiraba aceleradamente, y alcanzó su rostro para besarle nuevamente.

Kaito recibió ese beso con gusto, ahora sonreía mucho, se acurrucó en el pecho de Gakupo, logrando escuchar el rápido palpitar del corazón de este.

-Duele…. Duele mucho, pero, lo disfruté…. Y ahora me siento como un tonto por haber tenido tanto miedo antes…- confesó bastante avergonzado, porque aunque aún sentía su interior ardiente y un dolor bastante agudo, también había sido presa de un placer inexplicable, inigualable y jamás sentido por él, así que estaba muy contento por eso, porque no fue tan terrible como se lo esperaba.

-Intenté ser lo menos brusco posible, disculpa si te dolió demasiado, no quería hacerte daño… Pero estoy muy feliz de poder haberlo hecho al fin, no sabes cuantas veces anhelé este día, y fue mucho mejor de lo que soñé que sería…- sonreía tiernamente mientras acariciaba al joven y le rodeaba con sus brazos.

-Estoy muy cansado…- ahora los párpados le pesaban al peliazul y fue cerrando sus ojos lentamente, a pesar de que luchaba por estar despierto y no arruinar ese momento. Pero se sentía demasiado bien allí acunado entre los brazos del hombre al que amaba, la calidez de su cuerpo y el sonido de su corazón eran como un somnífero, y poco a poco fue arrastrado hasta el reino de Morfeo. Gakupo no dijo nada hasta que el otro estuvo dormido del todo, sabía que debía estar agotado y aún bajo el efecto del licor. Besó la frente de Kaito y se acomodó para dormir junto a él el resto de la noche.

•••••••

-¡Gakupo-san! ¿Do… dormiste con Kaito-san?...- Miku iba pasando a la mañana siguiente, frente a la habitación de Kaito justo en el instante en que Gakupo salía de allí.

-¡Mi… Miku-dono! Eh… yo, este… ¡sí! Lo que pasa es que estaba tan ebrio que se puso a llorar porque no quería que le dejara solo….- mintió el hombre.

-Ahh ya veo… eres demasiado bueno con él, deberías de dejar de mimarlo tanto… aunque toda la culpa la tiene Meiko nee-san… En fin, el baño está libre ahora, es mejor que te apresures antes de que te quiten el lugar- la chica sonrió radiante y se dirigió alegremente hacia su propia habitación.

Gakupo suspiró aliviado por haber sido capaz de engañarla y también se dirigió a su habitación para tomar un cambio de ropa limpio. Entró al baño y comenzó a dejar correr el agua sobre su cuerpo, lavando todo rastro de lo ocurrido la noche anterior, salvo lo que se había quedado grabado en su mente que sería imborrable para el resto de su vida. Repasaba una y otra vez lo acontecido la noche anterior y una sonrisa iluminaba su rostro.

-Gakupo nii-san! Gakupooooo niii-saaaaaan!- Len tocaba a la puerta del baño, hacía rato que el mayor no salía y habían muchos que aún estaban esperando su turno para utilizar el baño y estaban ya molestos de que el pelivioleta no saliera.

El hombre salió del baño a medio vestir y aún mojado, sumamente sonrojado.

-Discúlpenme, discúlpenme, prometo no volver a ser una molestia para ustedes- mientras decía eso hacía varias reverencias exageradas y corrió a su habitación al terminar la frase, se había quedado como en trance por estar pensando en lo que había ocurrido y no se dio cuenta del paso del tiempo.

-Tengo que ser más cuidadoso, me comporto como Kaito-chan….- se sentó frente al espejo a desenredar su cabello con el cepillo, y pronto se quedó nuevamente en trance recordando con cara de tonto.

-¡Dios! ¿Qué me ocurre?... fue bueno, fue muy bueno, pero he tenido mejores… y aún así… nunca alguna vez ha sido como esta… es diferente el hacerlo con amor verdadero que solo por placer… -

•••••••

-Oye Gaku-kun… ¿Kai –chan está muerto o qué demonios tiene?- a la hora del almuerzo Meiko preguntaba por el peliazul quien no había dado señales de vida en todo el día. En realidad estaba preocupada porque sabía muy bien que era la culpable del deplorable estado en que había quedado Kaito, y por eso quería saber si se encontraba muy mal, pensaba en compensarlo después regalándole cinco litros de helado.

-Bueno, sabes que le cae muy mal el licor, pero estoy seguro de que pronto despertará, es cuestion de esperar. No te preocupes que no tiene nada malo- contestó con una sonrisa amable, disimulaba perfectamente la realidad de lo que sabía había ocurrido.

-Ahhh ¡Por Dios! Creo que nunca podré sentarme de nuevo… no sabía que hacer eso iba a ser tan malo…duele… mi pobre trasero!- Kaito se lamentaba en su habitación, moría de hambre y quería bañarse, pero cuando intentaba caminar lo hacía de manera graciosa.

-Quiero salir… ¿Qué haré? Todo es culpa de Gakupo… pero ya verá! Me vengaré de alguna forma… Es que nunca me dijo que esto iba a pasar!- revolvía su cabello con desespero al no saber que hacer. Sería un largo día hasta que pudiera salir de su habitación.

-Quiero comer heladoooo….-

Continuará…