Disclaimer's incluidos.

Si people, aún sigo aquí subiendo el fic. Parece que a muchos les está pareciendo algo aburrido xDDD sorry.

Agradecimientos a Ray, por haberse tomado el tiempo de ayudarme a corregir los capítulos.

El título hace referencia a: Conocido también como: Úlises. Rey de ítaca, protagonista en La Odisea.

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-Ambrosía-

Capítulo 9. Odiseo

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Caminó tambaleante hacia atrás, deslizándose por la pared hasta caer al suelo estirando sus piernas sin apartar la vista de la cama. Escuchando los latidos acelerados de su corazón, sintiendo las gotas de sudor cubriendo todo el rostro. Dio un largo suspiro, permitiéndose de nuevo oír el agua correr fuera, relajando completamente su cuerpo después de una larga noche. No podría decir con exactitud que hora era, lo único que aseguraba era realmente tarde y sería imposible volver a casa.

Ignorando el sonido de un peso muerto caer junto a ella, fijó su vista en las manos que tenía sobre su regazo. Llenas de sangre, al igual que su kimono blanco, ahora tenia un tono rosa igual a las flores que le adornaban. No obstante, no gritó. Sus sentidos nuevamente parecían haberse apagado, centrándose sólo en aquel color carmesí adornando gran mayoría de su cuerpo, aquella sustancia tan importante para la vida y una de las tantas que diferenciaban a cada grupo de persona. Poseía una aroma extraño, y no sabría cómo describirlo. Lo único que sabía, era el hecho de qué al parecer los dioses y los humanos, compartían un vínculo mucho más íntimo de lo que parecía... tan igual pero tan diferente. Ya que la sangre también era roja, recordando un suceso cuando tenía 8 años, y había caído al el suelo raspándose, con el mismo resultado; no en tanta cantidad pero si en la misma textura, color y olor.

Y sin poder evitarlo, se preguntó: ¿Podría cualquier persona convertirse en un dios? ¿O había un decreto divino que organizaba eso?

—Sakura —escuchó a Naruto llamarle con voz entrecortada, se giró mirándole unos segundos encontrándose con sus orbes azules llenos de cansancio, el rostro un poco sucio y el sudar cayendo desde su frente.

—¿Qué sucede?

—Es tarde, debería bañarte —le sugirió, como si fuera lo más normal del mundo. Olvidando por un momento en la época que estaban y el lugar, tal vez en un futuro fuera diferente, pero en ese momento estar con dos hombres en una cabaña en medio del bosque y sin doncella, sería realmente un escándalo, son olvidar que ya habían transcurrido dos días sin volver. Seguramente sus padres, estarían preocupados.

—Creo que es un poco complicado, Naruto. Además tampoco tengo algo limpio que ponerme —señaló sonriendo.

—Traje un poco más de agua, puedes utilizarla y creo que Sasuke, tiene algunas ropas guardadas. Seguramente ya les viste, toma una hasta mañana mientras que tu kimono seque. Hace un buen tiempo, estoy seguro que mañana lo podrás volver a usar—. Úsalo, Sakura. No creo que a él le moleste, después de lo que has hecho hoy y seguramente si vuelves de esa manera a casa, el señor feudal se preocupara —le sonrió, animándole—. Cuando termines, puedes usar la otra habitación y descansar, yo me quedaré aquí.

—Pero…

—Está bien, yo estoy acostumbrado. Ve, de lo contrario terminarás cuando ya esté saliendo el sol. Yo te acompañaré hasta una parte conocida del bosque para que vuelvas. Y no te preocupes por él, se recupera rápido. Mañana estoy seguro que ya podrá caminar —murmuró despidiéndole con la mano. Esbozando una pequeña sonrisa y murmurando un agradecimiento, se retiró.

Buscando en primer lugar el otro cuarto que Naruto, había mencionado. Al otro lado, casi cerca de la escalera lo encontró, una cama, una mesa adornada con otra florero y un poco más allá, un armario junto a un espejo. Camino hasta el ropero, encontrándose con diferentes yukatas de hombre, eligió la que parecía más pequeña de color azul con un extraño abanico a sus espaldas. Dejándolo sobre la cama, miró hacia otra puerta cerrada que escondía un precioso baño, la tina de madera de un tamaño razonable una silla y un biombo, sin poder evitarlo se le escapó una sonrisa. Ahora sólo tenía que calentar un poco el agua y verterle sobre la bañera para bañarse y utilizar la misma agua, para limpiar sus ropas.

Utilizo varios cuencos de agua, subiendo y bajando incontables veces hasta que sintió sus piernas temblar. Lleno la bañera hasta la mitad, desprendiéndose de su Kimono y el pequeño arreglo en sus cabellos, se los peino un poco con la mano adentrándose en el agua, sintiendo como ésta relajaba cada músculo de su cuerpo. Tarareando una canción que le gustaba tocar en la flauta, se aseó con unas pequeñas pastillas de jabón que había encontrado en uno cajón, lavándose el pelo y su anatomía, hasta sentir todo su cuerpo limpio. Hacía calor, así que se quedó desnuda por un momento, Lavar las ropas llenas de lodo y sangre, restregando con fuerza hasta sentirse satisfecha del resultado, retorció y dejó sobre el asiento para volver al cuarto y ponerse la yukata, le quedaba un poco grande pero era mejor que nada, volvió al baño, buscando su kimono y abrió la ventana para colocarle en el marco para que secara. Sonrío antes de soplar la vela y caminar hasta la cama, cayendo en ella para dormir profundamente.

No obstante, el llamado de su nombre la hizo abrir los ojos. Pero no estaba en el cuarto, era otro lugar. Como el paraíso donde había visto a Sasuke, aunque no sentía esa tranquilidad. Era más bien una inquietud en su corazón, sus sentidos se encontraban en una alerta máxima. Escucho nuevamente su nombre y visualizó a Sasuke a unos metros delante de ella, con la mirada triste extendiendo sus manos en su dirección, haciendo una invitación silencio. Pero sus piernas no respondían, quería ir, la seguridad la estaba llamando desde ese punto.

"No, Sakura" susurraron en su oído, sintiendo como alguien la tomaba por el cuello, asfixiándola. Trató de buscar nuevamente a Sasuke con sus ojos, pero ya no estaba en su lugar. Viendo como le faltaba el aire, se llevó las pequeñas manos hasta el cuello tranco de apartarlo, pero era imposible la risa de Victoria provocaba un temblor en todo su cuerpo. Cerró los ojos, oyendo un leve "Lo siento" con la voz de él, abrió los ojos mirando unos orbes rojos, los mismos que la primera vez y ahogó un grito de dolor, al percatarse de un frío metal atravesando su abdomen. Mientras los ojos se le llenaban de lagrimas, dio una última mirada a Sasuke, sosteniendo la espada ensangrentada.

Abrió sus ojos, llevándose la manos al cuello. Sentía sus respiración entrecortada, con los ojos aún nublados por algunas lágrimas. Observó que estaba de nuevo en el cuarto, con algunos rayos del sol adentrando a su cuarto. Escucho los pájaros cantar en el bosque y el río correr. Relajando su cuerpo de nuevo, esperando que los efectos de la pesadilla pasarán se acostó por un momento mirando hacia el techo. ¿Por qué soñaba con Sasuke? ¿Quién era el hombre, detrás de ella? Se preguntó, oyendo algunos golpes en la puerta.

—¿Sí? —preguntó, lo más calmada que pudo.

—¿Puedo pasar? Traigo un poco de agua para que te laves el rostro y hojas de té, para cepillarte —informó Naruto.

—Claro, gracias—contestó minutos después, mirando si estaba presentable.

Lo vio correr la puerta, saludando con un asentimiento de cabeza y dejar sobre la mesa el cuenco de agua y una pequeña taza con hojas de té. Despidiéndose, la dejo nuevamente sola. Con los suelos aún demasiado frescos se quedo unos minutos sentada al borde de la cama y salió. Revisando si su kimono había terminado de secarse en la ventana, lo volvió a acomodar en la cama y llevo utilizo el agua y las hojas antes de cambiarse y buscar a su amigo. Palpando una vez más, sonrió satisfecha al ver que definitivamente ya se podría usar. Mientras sus partes íntimas seguían con la ropa interior de seda sucia, se puso el kimono con cuidado y se calzó los zapatos, para ir al cuarto del azabache quien al parecer, aún no se despertaba.

Salió de la manera más silenciosa y bajo las escaleras, encontrándose al rubio a finales de esta tendiéndole una manzana roja.

—Lo lamento, es lo único que encontré.

—Gracias, no hay que preocuparse. No deberías atenderme comenzado por eso, no eres mi lacayo, Naruto. —Le sonrió, dando una mordida. Mirando cuidadosamente el lugar, se dio cuenta que las sillas de madera y piedra se parecían mucho a las de su casa, algunos jarrones y un pequeño juego de té en una mesa.

—Es lo menos que puedo hacer, me ayudaste con Sasuke. Yo solo hubiera lavado un poco he intentado parar la hemorragia, tú lo hiciste mejor que yo, y gracias a eso creo que en la tarde se despertará. Se cura bastante rápido, ese teme —rio un poco, negando con la cabeza.

—No hay de qué. Por cierto, ¿Qué hora es? —preguntó.

—Estamos a mediodía por la posición del sol, cuando termines te llevaré hasta una parte conocida del bosque y podrás volver.

—Podemos ir ya, no te preocupes. Así cuando él despierte, estarás aquí—comentó, caminando hasta la puerta seguido por él.

Salieron de la cabaña, encontrando al lado derecho el enorme río y la hermosa casaca un poco más allá. Escuchando los sonidos del bosque, fueron unos metros hacia delante y después atravesaron el río con ayuda de unas rocas que parecían hacer un puente, con ayuda de la mano de Naruto hasta el otro lado y siguieron caminando.

—Pensé que estabas muerto, Naruto —le comentó rompiendo el silencio.

—Yo también —contestó serio.

—¿Qué sucedió?

—Demasiadas cosas, Sakura. Tantas que hoy no me alcanzaría el tiempo para contarte —dio un largo suspiro, con la mirada pérdida—. Lo único que puedo decirte ahora, es que debes tener cuidado del emperador y cualquier oferta realizada no debe ser tomada a la ligera. No parece una persona, no tiene corazón. Las cosas que han sucedido y se rumorean son terribles que se me hace un nudo en la garganta de sólo intentar pronunciarlas.

—Necesito que me digas, Naruto. No puedo dejarlo... no cuando

—Debes dejarlo, te lo pido como un amigo, Sakura —se detuvo, mirándola severamente—. Porque cuando comience a cazarte no se detendrá, hasta que te haya atrapado.

—Lo sé —susurró quedamente, tragando grueso—. Hay un hombre, parece un general de la guerra o tal vez un feudal. No estoy segura, dice que por decreto imperial me debo casar con él —le contó, escuchando una maldición por parte de su amigo. Viendo de reojo cómo se llevaba la mano a sus cabellos rubios y tiraba un poco de ellos, oyó un profundo suspiro.

—No aceptes, maldición, Sakura —dijo después de unos minutos de silencio—. Debes salir del reino. Dicen que han comenzado a ir algunos barcos hacía una tierra llamada China, escóndete.

—Pero…

—No, van en serio —dio un largo suspiro—, el poder del señor feudal, no será suficiente para protegerte. Él encontrará la manera.

—Huiré.

—No es tan fácil —sentenció—. Tal vez tome algún tiempo preparar todo, pero en ese periodo trata de esquivarles. Y vete sin que nadie se enteré. Puedes venir a verme, cada dos días estaré donde dejamos siempre las cartas hasta el momento en que partas. Fue mi culpa y no puedo arrastrarte más a esto.

Terminó retomando su marcha, siguieron hasta el lugar que se había asignado para las futuras reuniones. Y sin más ceremonias, cada uno tomó su lado. Mientras Sakura, pensaba una y otra vez en aquella advertencia, el hecho de tener que salir del imperio era algo relativamente serio. Sabía que no estaba bromeando, aquellos ojos azules que siempre parecían teñidos de alegría y algo de picardía, se habían vuelto serios y fríos al anunciarle sus propuesta.

Llegó hasta la entrada, encontrándose con algunos aldeanos le ignoraban. Frunció el ceño, no se detuvo durante el trayecto y antes de llegar hasta su hogar, divisó desde lejos el emblema imperial en las banderas, tenía deseos de entrar por la gran puerta y presentarse, diciéndoles que se podrían largar de su hogar y dejarle en paz ya que nunca le aceptaría; no obstante la advertencia de Naruto, aún resonaba en su mente y tenía una sensación de que en esa ocasión no sería lo más adecuado.

Se escabulló con precaución hasta la parte trasera, escondiéndose de vez en cuando al ver un hombre con el uniforme pasar delante de ella. Observando cómo casi todos sus criados estaban fuera de sus obligación, arrodillados en todo el patio. Definitivamente no era algo bueno, debía encontrar a sus padres y informase de que estaba sucediendo. Entrando por una de las puertas secretas, se metió en la habitación de sus padres y se escondió detrás del biombo, conteniendo la respiración al ver que un hombre que les custodiaba se acercaba a examinar su posición antes de fruncir el ceño y marcharse, cerrando las puertas detrás de él. No sin antes, darle una advertencia a sus progenitores.

—Ya verán, cuando venga el señor Sasori —les informó.

Salió del escondiste en silencio, buscando con la mirada cualquier amenaza. Y corrió sin hacer tanto ruido hasta ellos, quienes la vieron con sorpresa.

—Sakura, ¡Dios ¿Dónde estabas?! —preguntó sus madre, tomándole de la manos. Sintiendo cómo temblaban, al igual que su voz.

—Mamá, ha sido una verdadera travesía y…

—Sakura, debe irte —interrumpió su padre, sin moverse desde su sitio. Observó por un momento su semblante tan calmado, sin embargo, sus manos le delataban.

—Pero…

—Hoy no, Sakura. Debes irte, volverá en cualquier momento y cuando lo haga, será como si el infierno se abra ante nosotros —le comentó, sacando una pequeña bolsa de tela debajo de la cama—, toma y sal como has entrado.

—¿Cómo?

—Fui en su momento un guerrero, Sakura. He preparado algunas cosas para ti, junto a esta daga. Pero márchate, por favor—.Se le quebró la voz, mirándola por primera vez. Vio en sus ojos inundados de lagrimas al igual que los de sus madre.

—Padre —susurró, escuchando la puerta abrirse nuevamente. Sintiendo como todo se volvía frío, escucho el grito del sujeto y señaló hacia ella, el grito de su madre empujándola hacia la puerta secreta y el gruñido de su padre, lanzándose contra el hombre para darle tiempo.

—Corre, Sakura, y no mires atrás —fueron las últimas palabras de su madre, antes de que cerrara la puerta. Sintió todo su cuerpo temblar ante el miedo y el grito de guerra que parecía haber ahogado un grito femenino la hicieron reaccionar. Tomó la bolsa y comenzó a correr en dirección al bosque, muy pocas veces ingresaba por ahí. Las raíces y las plantas le dificultaban el paso pero no había manera, debía concentrase y escuchar el río... volver con ellos, era la única manera.

Pero los gritos de sus padres, aún estaban presentes en sus pensamientos. Sintiendo las lágrimas inundar sus orbes verdes, pero no lloró. Mientras una mano tomaba su hombro y la volteaba encontrándose con un hombre casi de su estatura, la mirada fría dispuesta a cualquier cosa. Y sin pensarlo dos veces, sacó daga y le apuñaló la mano y después una cortadura cerca del ojo derecho, al ver que se intentaba acerca nuevamente, antes de subirse un poco el kimono y arreglarse con la mano y las cosas para correr nuevamente. Debía alejarse, era lo más importante.

Escuchó algunos insultos contra ella, y después los gritos de más hombre junto a las pisadas. Sobre la tierra que parecían hacer temblar a todo el bosque. Corrió como si la vida se le fuera en ello, con el corazón en la boca y los hombres bajo órdenes de un déspota. Encontrando una parte del río, analizó que le era imposible cruzar. Así que siguió hacia delante, mirando con detenimiento para ver si encontraba una parte conocida, sintiendo el oxígeno faltar en sus pulmones, observó que al otro lado estaba el lugar donde escondía las cartas con Naruto, pero no había tiempo. Tal vez el río le llevaría hasta ellos, sí. Mientras el sol se volvía a ocultar entre los árboles, pidió en una silenciosa plegaria que no le sucediera nada a sus padres y si ella moría, que pudieran superar su pérdida.

Siguió avanzando, pero las piernas comenzaban a fallarle y las rocas en el suelo le hicieron tropezar.

—¡Ahí está!—escucho el grito a sus espaldas. Intentó levantarse sintiendo el dolor punzante sobre el tobillo de nuevo. Intentó correr, pero era casi imposible pensó.

Y sin ser realmente consiente, invadida por el miedo. Por el sacrificio que habían hecho sus padres comenzó a gritar: —¡Naruto!, ¡Naruto!

Exclamó sin detenerse, antes de sentir una mano en sus cabellos rosa, que no había tenido el tiempo de recoger. Mientras la jalaban por detrás, escuchando la risa del hombre que unos metros atrás había herido. Su mano temblaba un poco, oyendo de manera atenta las amenazas del hombre y los insultos, pero no tenía tiempo, se llevó la daga hasta sus cabellos y corto, olvidando por un minuto todo lo que significaba para una mujer, dejando a un lado los estereotipos, ignorando que la señalarían dejó que cayeran al suelo. Sabía que se había demorado años en dejarlo crecer hasta la altura de sus glúteos, un poco más pero sabía que el sacrificio de sus padres, valía más que eso.

Lo escucho maldecirle nuevamente, Y salió corriendo, aferrando más el paquete. Sus pasos lentos por la lesión.

—Nadie te ayudará, puta —le gritó, corriendo nuevamente hacia ella. Sintiendo una mano tomar su hombro derecho y luego un frío metal, rozar su piel—. Nadie te salvará.

Lo escucho reír sobre su oído.

—Grita —le ordenó.

Pero no dijo ni una palabra.

—¡Grita!

—Vete al infierno —le contestó, sintiendo el filo hundiéndose más en su piel.

—Respuesta equivocada —le informó. Mientras ella cerraba los ojos, dejando escapar un leve "Sasuke" espero al golpe final, contendiendo la respiración.

—¿Por qué siempre te metes en problemas? —escuchó la pregunta delante de ella, abriendo los ojos con miedo. Lo vio ahí parado sobre la rama de un árbol, con una pequeña mueca molestia en su rostro. Aunque sus orbes carbón parecían teñidos de un poco de diversión, pero no estaba realmente segura.

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Continuará.


*Inserte risa malvada, ya dentro de poco conocerán un poco más de qué es lo que está sucediendo. ¿Qué creen que acontecerá en el siguienta capítulo. ¿Estaís listos? Espero que si. Dejen sus comentarios para saber que les ha parecido la historia :)

¡Saludos!

Cuídense, gracias por leer y comentar.

Zhang.