Mi no-apreciada (o) plagiador (a) que te presentas como genial escritor (a): Queda prohibida su reproducción, cambio de nombres y publicación en cualquier blog, o página.
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Serena vuelve a la realidad con un fuerte dolor de cabeza y calambre en su abdomen. Abre los ojos sin reconocer el lugar donde se encuentra.
-Ha vuelto en sí –La voz desconocida se escucha a su izquierda.
Los recuerdos de lo vivido los últimos días le llegan de golpe.
-¡Darien! –Tocando su vientre descubre que su bebé sigue allí.
-Tranquila, mi princesa –Con una venda rodeando su cuello, su marido se inclina besando sus labios.
Nota que su marido tiene raspones en el rostro y varios cortes en los musculosos brazos.
-¿Dónde estamos? –Está acostada en una colchoneta en el suelo de un espacio medianamente grande con paredes color crema. Observa una pizarra y afiches del cuerpo humano y el mapa de Japón.
-En un salón de clases –Responde el dueño de la voz que escuchó cuando despertó. Serena voltea hacia el hombre vestido con un uniforme azul de médico y una bata blanca – Soy el doctor Rubeus Black. –Se presenta. –Iré a ver a la otra paciente.
-¿Otra paciente? –No coordina bien sus pensamientos. ¿Están en una escuela que es hospital?
-Haruka sufrió cortaduras en los brazos y fue expulsada hacia el frente golpeando su cabeza.
-¿Otra vez?
-Todo para proteger al bebé.
-¿Cómo está la niña?
-No sufrió ningún daño, tampoco su madre –Asegura él acostándose a su lado.
-Haruka tiene razón, -Pasa su mano por la larga cortadura que va desde el dorso de la mano masculina hasta el codo -somos de mala suerte para ella.
-Temo que es cierto. –Toca el abdomen sonriendo por los movimientos del bebé -Pero también la salvamos de una horrible muerte.
-O retrasamos lo inevitable –Musita tristemente. -¿Y los otros?
-Malachite y Sanjoin sufrieron traumatismos leves, también las dos chicas. Ya te dije que madre e hija están bien… Pero el padre afronta una fractura de clavícula.
-¡Pobre hombre!
-Los últimos que se nos anexaron: La chica ni un rasguño, el idiota con cortaduras y un chichón.
-¿Y nuestra casera?
-Esa niña apenas y le salió un pequeño chichón en la frente. Parece un unicornio con color incluido.
Serena ríe, para luego quejarse.
-Tu bebé magulla mi hígado mientras golpea mi vejiga con su cabeza.
Darien se incorpora.
-Te llevaré al tocador. –La ayuda a sentarse.
-¿Puedo darme un baño? –Se levanta lentamente sintiendo un leve mareo.
-Mientras quede agua en la tubería, los que quieras.
Saliendo del baño de los deportistas con un paño en la cintura, Seiya seca su cabello con otro acercándose a la pila de ropa que dejaron para que se cambie el uniforme por algo limpio sin darse cuenta que tiene público ávido de que se le caiga el trapo y muestre lo que tiene debajo.
Sentada en las gradas, Michiru suspira al ver el cuerpo duro y musculoso del militar. Las cortadas y hematomas de los antebrazos y rostro no le restan hermosura a la estampa masculina. Desea darle una probadita para conocer si sabe tan bien como se ve.
-Delicioso manjar –Dos milicianas cuchichean cerca de ella.
-Podría pedirlo como mi última voluntad –sisea la de cabello castaño.
-También yo. Que me haga lo que quiera porque ya tengo pensado lo que le haría.
-Todos los que vinieron son unas exquisiteces. Si me dieran a elegir alguno para retozar, serían éste y el que no se separa de la preñadita.
-Quiero al platinado y después al pelirrojo. No, mejor todos.
Michiru las escucha preguntándose qué diferencia hay entre su profesión y lo que platican esas mujeres.
La risita de una de ellas atrae la atención del hombre que al saber es el centro de atención, corre rápidamente hacia los vestidores.
-Como si la situación estuviera para tonterías –Farfulla mientras sube un jeans por sus fuertes muslos–Deberían estar vigilando la calle –Pasa por su cabeza una franela del mismo color de los ojos de la mujer que dejó de cuidar hace un momento.
Si algo le pasara a Haruka sería su culpa. Debió dejar que uno de sus subalternos condujera y cuidar de esa rubia belicosa que no ha despertado desde la mañana, cuando fueron rescatados y trasladados hasta la escuela convertida en un fuerte militar. Han pasado siete horas desde que el puente explotó evitando que los zombis lo cruzaran.
La información que proporcionó a sus salvadores mientras vigilaba la salud de Haruka, les fue de gran ayuda. En una tarea tipo comando, los soldados, bomberos y policías sobrevivientes, recolectaron todo el mentol y alcanfor que pudieron encontrar y crearon inciensos para ahuyentar de las cercanías a los zombis.
Las vías férreas que unieron Honshū y Kyūshū fueron destruidas después de que Seiya pudiera comunicarse con su contacto. Los cascos azules[1] y lo que queda del ejército imperial han estado esparciendo polvos mentolados sobre los campos de Kyūshū haciendo que los zombis se reúnan en colmenas donde los bombardearán tan pronto las imágenes de satélite muestren gran cantidad de ellos. No ha sido la victoria pero tiene ganada una batalla de muchas que vendrán.
Sale nuevamente ignorando los murmullos femeninos, se dirige al salón donde Amy ha estado cuidando a Haruka.
Gracias a la protección de Zoycite, la chica tímida solo ganó un chichón. Lita y Mina, sentadas cerca de la ventana presentan hematomas en sus rostros. La castaña tiene un collarín y Mina una férula en su mano izquierda.
-Gracias por cuidar de ella. –Se sienta en la colchoneta que ha estado ocupando desde que Haruka fuera trasladada allí. Observa el rostro de la mujer acostada de medio lado. Salvo el cardenal que él le produjo, no tiene otra marca en la tersa piel. Todo el impacto lo recibió en las extremidades y espalda.
-Iremos a ver cómo se encuentran los otros –Mina pasa por su lado apretando su hombro. –Si le sirve de consuelo, ella se movió un poco.
-¿Cómo está su nivel de glucosa?
-Ciento veintiséis –Amy revisa la vía que hidrata a la rubia. –Ya le inyecté insulina –Se adelanta a su pregunta –Necesitamos que despierte para que se alimente.
-¿Sus heridas tienen algo inusual?
-Le hice la cura y no hay señal de muerte celular, pero es pronto para decirlo. Iré a hacerle la cura a los sargentos. Vendré en una hora para quitarle la vía.
Asintiendo, Seiya se recuesta contemplando y grabando cada rasgo de esa exasperante mujer.
Darien notificó al doctor que la atendió, que ella tiene treinta y un años. A él le parece menor. Teniendo su misma edad presenta líneas de expresión en la comisura de los labios, frente y alrededor de los ojos, algo que Haruka no tiene a pesar de sufrir esa maldita enfermedad.
Las cosas no empezaron bien entre ellos.
Solo han compartido dos días en una odisea que pareciera de más tiempo, pero ya han intercambiado insultos, incertidumbre, la desesperanza y la pena. Desea que despierte para compartir también la esperanza.
Extiende el brazo, tomando la grácil mano femenina acercándola a su boca.
Michiru se acerca a la puerta, viendo el gesto íntimo del hombre. Creyó que era agente libre, pero verlo besar la mano de la mujer de manera tan amorosa le hace ver que no es así.
Aburrida deambula por el pasillo. Un bombero le corta el paso.
-¿Estás trabajando, Caramelo? –Acaricia con la vista el cuerpo cubierto con un pantalón holgado y una franela tres tallas más grande.
-Renuncié a mi trabajo.
-¿Quiere decir que lo harás gratis?
-Significa que ya no lo haré más. –Hastiada continúa su camino.
-Sobreviviste –Una mujer señala acusadora –Las pecadoras seguidoras de Jezabel son protegidas por el demonio.
-También me alegro de verte, mamá.
-No soy tu madre desde el día que mancillaste a la familia. Debí dejar que murieras cuando naciste.
-Me pregunto qué pensará tu Dios por esas palabras. –Coloca las manos en jarra –Afirmas que amas a todo el mundo pero odias el fruto de tus entrañas. –Logra el cometido de dejarla muda, encontrándose con Zoycite acompañado de una pelirroja de ojos rojos y con un cuerpo envidiable.
-No te estoy acosando. Solo quiero que me regreses el anillo de mi madre.
-Así que esta es la zorra. –Michiru estudia el largo cabello atado en una media cola. La mujer es más alta que ella y su cuerpo con más curvas –Tiene kilos de más –Critica.
-Me gané el anillo y todo lo que me has comprado por el tiempo que te he soportado.
-¿Qué tiempo? ¡Apenas esperaste dos meses para abrirle las piernas a otro hombre!
-¡Eres un insignificante hombrecito!
Sin poder evitarlo, la fisgona suelta la risa.
-¿Qué es lo que te causa gracia? –Pregunta la mujer.
-Nada, se engancha del brazo del pelirrojo –Vamos, pastelito. Ahora conozco a la causante de que disfrutemos las mejores noches.
Sorprendido, observa la misma confusión en los ojos de su esposa mientras se deja llevar por Michiru…
Seiya duerme junto a Haruka cuando siente que lo tocan en el hombro. Se despierta listo para atacar, teniendo Kunzite que saltar hacia atrás.
-Tranquilo, señor –Le dice en dos oportunidades hasta que Seiya regresa a la realidad –Lamento interrumpir su descanso, pero el Mayor Alan Seijuurou nos convoca.
La tenue luz de lámparas de aceite colocadas en el pasillo iluminan levemente el salón donde se hallan.
Con destreza, Seiya se incorpora escuchando a Haruka suspirar y estirarse para luego emitir un quejido de dolor.
-¿Haruka? –Se agacha tocándole el flequillo que le cubre el ojo derecho.
-¿Volvieron a meter la pata? –Susurra abriendo los ojos intentando enfocar la vista -¿Qué…?
-¿Recuerdas que nos libramos de morir en una explosión? –La voz de Seiya provoca que ella vuelva su atención a él. -¿Y un hombre nos salvó?
-¿Otro idiota de tú?
La frase provoca que Kunzite suelte una carcajada, enseriándose cuando Seiya lo ve.
-¿Puede esperar afuera?
-Si, señor.-Kunzite abandona el salón.
El moreno voltea nuevamente hacia Haruka.
Sin poder evitarlo, ella toca las raspaduras en el rostro.
-¿Alguien te dio tu merecido?
Kunzite se asoma en la puerta.
-Nos están esperando.
-Necesitas comer algo –Ignorando a su subalterno, Seiya toma una bolsa detrás de Haruka evitando tocarla –Aquí está tu insulina, el glucómetro y las jeringas. –Le muestra cada artículo nombrado –También hay barras proteicas, una lata de atún y otra de salchichas.
-Esas salchichas son asquerosas. –Intenta levantarse, pero el dolor de espalda se lo dificulta. Observa la mano extendida de Seiya sujetándose a ella -¿Dónde hay un plato de arroz con curry cuando se necesita?
-Puedo conseguir o intentarlo, una taza de té caliente.
Haruka se abraza de él al sentir un fuerte mareo.
-Te ganarías el cielo. –Observa las paredes -¿Esto es un colegio?
-Así es.
-Me tocará compartir el lavabo. ¿Dónde están los productos higiénicos?
–Solo falta usted, señor. -Kunzite regresa al ataque.
Siseando con molestia, Seiya busca una segunda bolsa, más grande –Tienes un producto de cada… eso –Señala las toallas diarias y los tampones –Logré que te dejaran dos jabones y…
-Señor…
-Ve con él –Haruka expresa calmada.
-Buscaré a alguien para que te asiste. –Sin esperar una respuesta, Seiya abandona el salón queriendo poner en disciplina a Kunzite. -¿Qué es tan importante que no puede esperar?
-El General Tsukino está aquí y no tiene buenas noticias…
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[1] ONU
