¡Hola relinchoso de nuevo, nakama-lectores! Por fin he podido terminar lo que me quedaba de esta penúltima prueba del Concurso de Parejas, y lo más importante, ¡que por fin puedo compartirlo con vosotros! Estos días en los que no di apenas señales por Fanfiction se debió, por un lado, a que tuve bastantes tareas en la universidad, y por otro, mi pareja se fue a otra ciudad a estudiar y quise pasar el máximo tiempo posible con él (podré verle de vez en cuando hasta que vuelva en Navidades, pero sigue siendo otra ciudad, jajaja).
Hay una pequeña teoría que apliqué en esta saga, y seguro que algunos que tal vez querréis asesinarme por ello, jajaja (me sale una gran gotita de sudor), pero tomé la decisión de escribirla porque me parecía interesante hacer un post-ending influenciado por dicha teoría en caso de cumplirse (¡aunque espero que no, por Oda que no jajaja!). Aviso de esta teoría no se aplicará en la saga de la Era de Monkey D (Luffy+Nami+Mae), así que quedaros tranquilos, porque habrá dos futuros alternativos en cuanto al destino personajes originales.
Ya centrándonos de nuevo en el fic, esta prueba la dividiré en tres partes, contando con el capítulo anterior. Subiré hoy los dos que quedan. Me lo pasé genial escribiendo estos capítulos, incluso había escenas en las que me reía sóla mientras redactaba XD
¡Sin más distracciones, que se abra el telón!
El almuerzo en el Thousand Sunny se llevó a cabo con normalidad; o mejor dicho, con la normalidad propia entre la tripulación del Sombrero de Paja, con Luffy devorando otra media tonelada de carne (parecía imposible que le cupiera tanta comida después del atracón que se había dado entre la pasada noche y aquella mañana); Chopper, Usopp, Franky y Brook bromeando entre ellos y jugando con los cubiertos; Sanji intentando poner orden mientras servía las raciones; y las chicas conversando animadamente (siendo el único foco de formalidad alrededor de la mesa). Por su parte, los caballos Sunny y Merry descansaban de pie sobre en el césped de la cubierta, con la cabeza apoyada en el lomo del otro.
Una vez que terminaron de comer, Nami se llevó a Luffy al cuarto de cartografía para comentarle cierto detalle de la tercera prueba del Concurso de Parejas.
-Patrick me avisó el día de los entrenamientos de que durante la carrera, tendremos que llevar cada uno un objeto de valor personal para el otro; pero Rommer dijo que debe ser algo que no pese más de dos kilos.
-Eso no es problema, shishishi. Tú llevarás mi sombrero.
-¿Vas a confiarme tu tesoro más importante en la carrera?
-Pues claro, ya te lo he prestado más veces y lo has cuidado muy bien, shishishi. Confío en ti para que lo lleves.
La joven no pudo evitar esbozar una sonrisa de ternura ante aquellas palabras; la llenaba de alegría escuchar decir a su capitán la increíble confianza que depositaba en ella.
-¿Y yo qué llevaré, Nami?
-No estoy muy segura, no tengo ningún objeto en particular que tenga un valor personal para mí.
-¿Qué tal tus mandarinas? Shishishi.
La joven abrió los ojos de sorpresa ante aquella propuesta; no había pensado en ello, y eso que aquellos frutos eran lo más importante para ella, mucho más que todo el oro y el dinero del mundo.
-Podría meter un par de kilos en un saco, ¿pero estás seguro de que podrás cargarlas durante la carrera, Luffy?
-¡Oi, por supuesto!- contestó el chico, cruzando indignado los brazos- ¿Acaso no confías en mí o qué?
-¡Pues claro que sí, idiota!
Luffy relajó su expresión y en un intento de calmar a la pelinaranja, le colocó un mechón de pelo detrás de la oreja, mientras esbozaba su característica sonrisa.
-Puedes estar tranquila, Nami. Yo vigilaré de que no se caigan ni se arruinen, tú sólo preocúpate de conducir, shishishi.
El gesto y las palabras de su capitán surtieron efecto en la joven, pues le devolvió la caricia cubriendo la mano de él con la suya.
-Yo también cuidaré de que tu sombrero no se me caiga.
Nami sintió el impulso de acariciar la mejilla de su compañero, dándole a entender que confiaba plenamente en él para proteger las mandarinas de Bellemere. Sin embargo, no estaba de más darle un pequeño aviso...
-Pero como se estropee una sola fruta, amorcito, despídete del sexo por una buena temporada- murmuró con una mirada acechadora la pelinaranja mientras le pellizaba (demasiado) suavemente el carrillo.
-Eh... sí, entendido.
Luffy tuvo en cuenta estas palabras muy en serio. En los meses en los que había desarrollado una relación amorosa con la navegante, había llegado a disfrutar mucho del sexo, no sólo por lo bien que se sentía, sino porque cada vez sucedía algo diferente y más placentero que lo anterior. Podría decirse que le afectaba de igual manera que si le amenazaran con prohibirle la carne en toda una semana. La sola idea de no poder disfrutar de la intimidad con Nami activó sus sentidos de alerta al máximo para proteger aquellas mandarinas.
A las 17:00, los Mugiwaras estimaron que ya era hora de ir hacia el Circuito Irisiano, de modo que la pareja decidió que iría a caballo, mientras que los demás alquilaron un carruaje particular (el cual Nami se aseguró de contratar con un descuento forzado del 85%). Emocionado por el hecho de volver a cabalgar, Luffy se situó sobre la baranda superior que rodeaba el huerto, de manera que el césped de la cubierta estaba debajo de él.
-¡Sunnyyyyy, nos vamos!- llamó el moreno a su caballo, el cual, igual de entusiasmado por volver a galopar, se dirigió con un trote brioso hacia el lugar que quedaba debajo de Luffy.
-Shishishishi, siempre quise hacer ésto- murmuró risueño el chico mientras se frotaba las manos.
Acto seguido, Luffy saltaba de la baranda y caía hábilmente sobre la espalda del enorme animal.
-¡Wow, yo también quiero hacer eso!- exclamó Usopp estupefacto, deseando imitar a su capitán en aquel acto tan genial- Permíteme un segundo a tu yegua, Nami.
Antes de que la aludida pudiera responder, el artillero se lanzaba desde la parte superior del huerto para caer sobre la silla de Merry, la cual ahora estaba al lado de Sunny y Luffy, haciendo mientras tanto una exagerada pose heroica. Pero la yegua retrocedió al adivinar sus intenciones, de manera que Usopp aterrizó de nalgas contra el suelo y chillando de dolor. Entonces, ante la mirada asombrada de los demás presentes, comenzó a ser agredido por Merry, que lo golpeaba con su pezuña delantera una y otra vez al tiempo que relinchaba furiosa y mostrando unos dientes afilados.
-¡Au au au au au au!- se lamentaba el francotirador con cada impacto- ¡¿Pero yo qué te he hecho, Merry?!
-Dice que eres un desconsiderado por intentar saltar sobre ella, y que cómo te atreves a tratar así a una chica- dijo Chopper mientras interpretaba los reclamos de la yegua anaranjada.
Una vez que ésta decidió que ya era suficiente, le dio la espalda a un maltrecho Usopp, alzando el mentón mientras resoplaba con aire altanero.
-Tranquila, chica- la intentó animar Nami dándole unas palmaditas en el cuello- Te comprendo, yo tengo que vivir cada día con situaciones como ésta.
La equina frotó su cabeza con suavidad contra el hombro de la cartógrafa, emitiendo dóciles relinchos.
-Eres una humana muy valiente por soportar a estos impresentables machos, Nami-chan- comentó Merry en su idioma caballar.
Por su parte, mientras el pobre y magullado Usopp era atendido por Chopper, Luffy y Sunny se partían a carcajadas ante la cómica escena.
Poco después, la pareja Mugiwara descendía del barco a lomos de sus respectivos caballos, mientras que los demás abordaban un carruaje tirado por soberbios caballos castaños de raza Shire; mientras tanto, Brook se quedaría para vigilar el Sunny Go.
-¡Ey, Nami, te echo una carrera hasta el circuito! ¡Corre, Sunny!- declaró el Rey Pirata, enrollando sus elásticas piernas alrededor del dorso del semental negro.
-¡Hiihiihii!- respondió el animal con desafío al tiempo que echaba a galopar hacia la carretera que llevaba al Circuito Irisiano a través de la ciudad.
-Luffy, no hagas tonterías. ¿Es que acaso no eres consciente de que tenemos una prueba importante que ganar?- le avisó Nami mientras cabalgaba con paso lento y sosegado; en la parte posterior de la silla, portaba colgando un morral con un par de kilos de sus mandarinas.
El aludido hizo detenerse a su montura y miró a su compañera con fastidio, ¿por qué tenía que comportarse de una manera tan aburrida, cuando se suponía que en un concurso lo más importante era divertirse? Sin embargo, el moreno enseguida supo cómo introducirla en su juego.
-Pues que sepas que el último que llegue deberá pagar diez berries, shishishi- le comunicó a la navegante antes de indicarle a Sunny que reanudase la carrera.
-¿QUÉEEEE?- espetó la pelinaranja mostrando una dentadura afilada- NI HABLAR, LUFFY. NO PIENSO PAGARTE MÁS DE LO QUE GASTARÉ EN TU CENA ESPECIAL DE CARNE, VUELVE AQUÍIIIIIII.
Nami apretó las piernas contra los costados de Merry, pidiéndole que echase a correr detrás de sus respectivos compañeros, a lo que ésta obedeció gustosa, pues Sunny también la estaba provocando para que se uniera a esa pequeña competición personal.
Demonios, cómo me conoce este idiota; dijo Nami para sus adentros, mientras perseguía al moreno a toda velocidad.
Ambos atravesaron la ciudad a todo galope, sin preocuparse más que por adelantar al otro, de modo que a su paso salieron volando algunos puestos callejeros y unas pobres cabras irisianas que se cruzaron en su camino. Los viandantes gritaban asustados antes de arrojarse a un lado para apartarse de los dos bólidos equinos, y lo mismo hicieron los conductores de motocicletas y los carruajes que recorrían las carreteras.
-¡Vamos a ganar Sunny, shishishi!- se escuchaba decir al Rey Pirata, aferrando con una mano las crines del caballo frisón, y con la otra se sujetaba el sombrero.
-¡No pienso perder diez berries, vamos Merry!- gritaba Nami, impulsada por su espíritu tacaño para no ceder una simple décima (pero valiosa para ella) al atolondrado de su capitán.
Ambos caballos corrían hombro con hombro, sólo adelantándose cada cierto tiempo por unos centímetros de hocico. En algún momento, intentando ayudar a sus jinetes, Merry lamía de manera seductora la oreja de Sunny para ralentizarlo, o éste le hacía cosquillas a la hembra rascándole las costillas con su hocico.
Finalmente, sin darse cuenta, Luffy y Nami ya habían cruzado la ciudad y llegaban a la zona que rodeaba el Circuito Irisiano.
-¡La victoria es mía, Nami!- declaró el joven, que giró la vista hacia a su compañera con una sonrisa desafiante.
-¡Ni hablar, no voy a cederte ni un berrie más!- le contestó ella enseñándole su lengua juguetona.
Al mirarse mutuamente, ninguno de los dos se fijaba en que ya habían alcanzado el circuito, que estaba rodeado por una masa de concursantes e invitados, y para cuando se percataron, ya era demasiado tarde para aminorar la marcha.
-KYAAAH- chilló Nami.
-YAHOOOO- exclamó Luffy.
Entraron como una exhalación mientras que personas, animales y carros se apartaban de ellos como podían. Sin embargo, un par de hombres a caballo no se percataron de lo que se les venía encima hasta que la pareja Mugiwara estuvo a tan sólo medio metro de distancia. Los reconocieron al instante.
-LUFFY, NAMI, PARAAD- les gritó Akira con los ojos desorbitados, al igual que los de su caballo.
-AY NO, CUIDADOOOO- lo acompañó Patrick con la misma expresión, al tiempo que su animal relinchaba horrorizado.
CATAPUUM
En apenas una fracción de segundo, los cuatro jóvenes y sus respectivas monturas chocaron provocando un gran estruendo, para después terminar derribados por los suelos en medio de una nube de polvo.
-¡Jajajajajaja, que divertido!- dijo Luffy entre carcajadas, con Nami acostada de pleno sobre él tras caerse del lomo de Merry por el impacto- ¿Hmm, Nami, qué te pasa?
-Ooh, mi cabeza...- lograba apenas murmurar la mareada navegante con los ojos convertidos en espirales.
-Aaah, mi espalda...- se quejó Patrick, el cual había sido aplastado por su caballo, que se había desmayado.
-Pues mejor no os digo lo que me duele a mí, aay...- comentó Akira sentado mientras se palpaba su dolorido trasero; su montura consiguió ponerse en pie, pero se tambaleaba a causa del shock.
Cuando Nami recuperó la consciencia, observó que Sunny estaba siendo regañado por una furiosa Merry; ambos equinos tenían un chichón en la cabeza a causa del choque, pero la yegua acababa de añadirle uno nuevo a su compañero con el casco delantero.
"¡Serás inconsciente, casi nos matamos!", le espetaba ella.
"¡Aaayy, pero si tú tampoco mirabas por dónde ibas!", se defendía el semental mostrando unos colmillos puntiagudos.
Por su lado, Patrick intentaba salir de debajo de su montura, mientras que Akira intentaba ayudar a su esposo.
-¿Estás bien, Nami?- le preguntó Luffy a la joven, acercando su rostro al de ella con expresión preocupada.
La aludida se fijó en la postura en la que se encontraban, con ella acostada con todo su cuerpo sobre él y sus caras tan cercanas la una de la otra. Sin embargo, se enfureció al recordar por qué habían acabado de esa manera, dándole a Luffy un soberano tortazo.
-¿Y DE QUIÉN ES LA CULPA DE TODO ÉSTO, LUFFY?- rugió la pelinaranja, sentada aún encima del capitán.
-¡Aaauuch! ¡Pero si tú también quisiste correr!- respondió el chico mostrando también unos colmillos de tiburón.
-¡Porque tú me dijiste lo de los diez berries! ¡Y como se hayan arruinado mis mandarinas por ese topetazo te juro que...!- la muchacha se calló de golpe al ver el saquito con sus apreciadas frutas en la mano de Luffy; el moreno las había recuperado de la silla de Merry antes de que la yegua pudiera aplastarlas al caer al suelo.
-Te prometí que cuidaría de ellas, ¿no? Shishishi- comentó Luffy con su característica sonrisa.
La joven, ya calmada, le dio un tierno beso en la frente a su capitán.
-¿Eso significa que ya no estás molesta?
-Así es, pero no pienso pagar diez berries, porque ninguno ha llegado el primero.
El moreno sonrió de oreja a oreja al entender que esta vez no tendría que pagarle nada después de haberla metido en un lío... O eso había entendido, al menos.
-Pero me debes el pago de una tarde entera en el balneario de la ciudad por haberme ensuciado la ropa.
El chico suspiró derrotado, aquéllo había sido demasiado increíble para ser cierto. Sin embargo, se sorprendió al ver que su compañera le guiñaba un ojo con una sonrisa traviesa.
-Era broma, tonto- dijo la pelinaranja enseñándole su lengua juguetona- ¿Crees que te obligaría a gastar el dinero del tesoro cuando podré usar los 90 000 berries del primer premio?
-Vaya, realmente me asustaste con éso, Nami. Shishishishi.
Ambos se rieron unos segundos, con Nami todavía sentada sobre el capitán Mugiwara, hasta que éste le tendía su sombrero.
-Cuídamelo mientras participamos en la carrera, shishishi.
-Por supuesto, jamás permitiría que se perdiera mientras lo llevo.
La pareja se miró con una sonrisa cargada de ternura, olvidándose por completo que se encontraban junto a un estadio lleno de gente, a quienes habían llamado la atención con su "arrasadora" llegada y después con su conversación enternecedora.
-Parece que a ciertos enamorados no les bastó con sólo una noche en el Young Paradise- se escuchó decir a Gabriel Rommer, el cual se encontraba en lo alto de una tarima de cristal junto a la cabra Carrie.
Nami se sonrojó por completo al oír los murmullos y silbidos pícaros del público, que los observaba con una mezcla de curiosidad y rubor.
-¿QUÉ DIANTRES MIRÁIS? ¿NO TENÉIS NADA MEJOR QUE HACER?- les espetó Nami con una expresión furibunda, a lo que los aludidos desviaron la mirada aterrados y volvieron a sus respectivas ocupaciones, mientras que Rommer terminaba de prepararse para dar los detalles de la carrera.
Nami se levantó y se sacudió el polvo de la ropa, quedando el sombrero de paja colgando detrás de ella por la cuerda en el cuello. Por su parte, Luffy se cargó al hombro el saco de las mandarinas.
-¡Resiste, Patrick, te sacaré de ahí!- escucharon decir a Akira, el cual seguía intentando sacar a su marido de debajo del caballo inconsciente, tirándole de los brazos con todas sus fuerzas.
El maltrecho joven se lamentaba de dolor mientras un par de cascaditas de lágrimas le descendían por los carrillos.
-¡Oh, no, aguanta Pato!- exclamó Luffy.
El moreno levantó al equino como si fuera una ligera almohada y lo apartó a un lado, ante cual el animal se quejó con un débil relincho.
-Gra... gracias...- farfulló Patrick resollando al tiempo que se levantaba.
-¿Te encuentras bien?- le preguntó Nami preocupada, lo cual alegró a Akira al ver con sus propios ojos que ya no había ninguna enemistad entre la pirata y el barbudo.
-Sí, estoy bien. ¿Pero cómo se os ocurre irrumpir al galope en medio de la gente?
-Nami y yo competíamos a ver quién llegaba antes y pagaba diez berries, shishishi. Pero como quedamos en empate, nadie tiene que pagar- respondió Luffy llevándose las manos detrás de la cabeza en actitud despreocupada.
-¡Yo no quería competir, me influenciaste con el dinero!- le reprochó ella dándole una colleja, pero a él no le dolió esta vez, por lo que siguió sonriendo.
-Porque sé que te gusta el dinero, shishishi, no sabía cómo convencerte de otra forma para que cabalgases conmigo.
La pelinaranja se ruborizó un poco al escuchar ésto último, pues le abrumaba el hecho de que Luffy expresase que deseaba hacer cosas sólo con ella (aparte de las fogosas actividades que compartían en la intimidad).
-Veo que ya os habéis intercambiado vuestros objetos más valiosos- comentó Patrick- Nosotros también lo hemos hecho.
El pelicobrizo mostró una bufanda verde de aspecto algo envejecido pero que igualmente lucía elegante, y Akira por su parte, portaba en la mano un pequeño trofeo dorado con las iniciale grabadas en él.
-Ésta bufanda era de mi abuelo, le tengo mucha estima- comentó Akira con un deje nostálgico en su voz, pues aquella prenda era la favorita de su querido jichan, que había fallecido hacía unos años, y a quien el pelicaoba recordaba con mucho cariño.
-Y éste es el trofeo del primer puesto que conseguimos Akira y yo la primera vez que competimos en el Concurso de Parejas, es uno de los escasos que en verdad siento que valiera la pena haber ganado- añadió Patrick con una sonrisa.
El pelicaoba le sonrió a su esposo con una mirada enternecida.
-Luffy se encargará de cargar las mandarinas que cultivo en nuestro barco- les comunicó Nami señalando el morral que colgaba del hombro de su compañero- Son lo más apreciado para mí porque provienen de los mandarinos de mi madre.
-Y Nami llevará mi tesoro, que es el sombrero que me legó mi buen amigo... Shanks- al mencionar aquel nombre, el moreno sintió que la tristeza lo invadía por un momento al recordar la pérdida del pirata pelirrojo, hacía varios meses, a manos del ex marine Akainu durante la Guerra Final contra el Gobierno Mundial.
Patrick y Akira permanecieron en un respetuoso silencio, pues sospechaban que a Luffy le resultaba doloroso recordar al amigo que le había regalado aquel sombrero. Y Nami por su lado, comprendió su estado y bajó la mirada con pesar. Ella también recordaba con amargura al Emperador pirata: Unos días después de arrivar los Mugiwaras por fin en Raftel, Akagami no Shanks había aparecido y se llevó a cabo una gran fiesta para celebrar que Luffy era el nuevo dueño del trono pirata, durante la cual el moreno y Shanks habían pasado largo rato conversando sobre las aventuras que el primero había vivido durante su travesía. Al día siguiente, les había ayudado a derrotar a Kurohige, el cual también se había enterado de la llegada de Luffy a Raftel y se enfrentaron por la posesión del One Piece; Shanks les había ayudado a derrotar al cuarto Emperador del Mar, pero cuando los Mugiwaras se alzaron con la victoria, Kurohige (que esperaba darle la cruel noticia fuera cual fuera el resultado de la batalla) avisó a Luffy que, gracias a las información que el barbudo había otorgado a la Marina, éstos habían apresado Sabo y de Dragon, y que tenían intención de ejecutarlos muy pronto. De esta manera, se desató la Batalla Final... Shanks, junto a un gran ejército de piratas aliados, ayudó a Luffy a liberar a su hermano y a su padre; pero una vez lo consiguieron, el pelirrojo fue asesinado a traición por Akainu, tras lo cual Luffy se enfrentó aél con tanta furia que casi acabó con la vida del almirante.
La muerte de Shanks supuso un insoportable dolor para Luffy, pues no sólo le habían arrebatado a su hermano mayor, sino también al hombre que le impulsó a convertirse en pirata y a quien consideraba lo más cercano a un padre.
Nami acarició el hombro de su compañero con dulzura en un intento de animarlo, a lo que éste reaccionó volviendo a levantar la mirada con una amplia sonrisa.
-Bueno, sé que Nami cuidará bien de mi tesoro, shishishi.
La aludida asintió, devolviéndole una tierna sonrisa mientras le apretaba la mano para darle a entender que siempre contaría con su apoyo cuando la tristeza y los recuerdos del pasado lo atormentaran.
-ATENCIÓN, CONCURSANTES. ACERCAOS A MÍ PARA INFORMAROS SOBRE LA CARRERA- la voz de Gabriel Rommer se hizo oír en todo el exterior del circuito gracias a su micrófono, interrumpiendo el momento enternecedor entre la pareja.
Éstos se aproximaron al presentador pelitrigueño en compañía del matrimonio Ommar. Pronto estuvieron rodeados por varios pares de participantes, que escuchaban atentamente a Rommer mientras éste comenzaba a dar instrucciones acerca de la penúltima prueba.
-Puedo observar que todos habéis traído vuestros objetos personales más apreciados, así que ésto es lo que haréis: durante el recorrido, confiaréis a vuestra media naranja dicho objeto para que lo lleve consigo, el cual no debe caerse ni menos perderse mientras dure la carrera. Ésta se trata de una prueba de plena confianza mutua, en la que se demostrará que os preocupáis de verdad por vuestra pareja a través de su tesoro más personal.
-Eso ya lo sabíamos, ¿no, Nami?- preguntó Luffy, por suerte no lo suficientemente alto como para que oyesen los que estaban a su alrededor.
-¡Shhhhh! Calla, idiota, los demás no son conscientes de que lo sabemos- le advirtió la aludida tapándole la boca.
-Cada pareja utilizará una única motocicleta, de manera que uno conducirá el vehículo y otro viajará detrás; de esta manera lo estabilizaréis en las curvas más cerradas del circuito. Es un recorrido de tierra de cuatro kilómetros de distancia, y para superarlo debe darse una vuelta completa al mismo; la primera mitad se encuentra en esta zona, y la última atraviesa el Valle de las Cabras, cuyo terreno es más irregular y difícil de conducir por él, así que id con precaución. La pareja que llegue en primer lugar sumará 1500 puntos; los segundos, 1300 puntos; y los terceros, 1100 puntos. Los que lleguen después se llevarán 800 puntos. ¡Bien, y ahora que ya conocéis los detalles, id a poneros los trajes moteros y situaros en la línea de salida dentro de diez minutos!
En el transcurso de dichos minutos, los concursantes se vistieron con las chaquetas de cuero sintético negro, las gafas protectoras moteras y el casco, que les fueron entregados por el personal del concurso. Como era reglamentario, las ropas de Luffy y Nami habían sido personalizadas con sus respectivos colores distintivos (naranja para Luffy, y rojo para Nami), además de portar a la espalda de las chaquetas su nombre estampado con letras grandes. Para mayor protección, les fueron proporcionadas también unas botas de cuero endurecido, aunque Luffy insistió en seguir llevando sus inseparables sandalias, a pesar de que Nami le sugirió (en vano) que se las quitase.
Cuando la pareja ya hubo terminado de vestirse, el carruaje que transportaba a los demás Mugiwaras llegó al lugar. Huelga mencionar que el Rey Pirata recibió una furiosa patada por parte de Sanji en cuanto éste escuchó que él y la navegante se habían chocado mientras galopaban; por supuesto, le echaba toda la culpa al moreno por influenciar a "su delicado ángel" a hacer algo tan temerario como una carrera de caballos. Para cuando Rommer llamó a los participantes para que acudieran a la línea de salida, Luffy tenía bajo su casco una montañita de chichones por cortesía de los zapatos del cocinero, y aunque también pretendió darle un Premier Hache en el trasero por la pasada noche que había pasado con la pelinaranja, se vio obligado a resignarse al ver a la cabra Carrie, ocultándose de ella detrás de la espalda de Franky. Zoro no dudó en aprovechar la ocasión para burlarse de su nakama, a lo que éste le respondió jurándole que en cuanto tuviera la oportunidad, le daría una buena paliza en su "cara de alga".
Luffy y Nami montaron en su motocicleta, rodeados por más de una docena de parejas. Ella, al control del manillar del vehículo, portaba el sombrero de Luffy colgando de su cuello por la cuerda; mientras que él cargaba al hombro el morral con las mandarinas, y con su brazo libre se sujetaba a la cintura de su compañera.
-Asegúrate bien de que no se pierda ni una sola de mis mandarinas, Luffy, sino quieres pasarte los próximos meses en abstinencia de sexo- le dijo la pelinaranja al tiempo que arrancaba la motocicleta; aunque no lo hizo con un tono de amenaza, sino como un mero recordatorio, pues confiaba en la palabra del chico.
-Sí, Nami, lo haré, shishishi- contestó el moreno, que no le devolvió el aviso de que cuidara de su sombrero, pues él sabía perfectamente que Nami no extraviaría su tesoro más preciado.
Mientras tanto, Gabriel Rommer se encontraba subido a una elevada plataforma de cristal producida por su Kesshō Kesshō no mi, desde la cual podría presenciar en vivo la salida de la carrera. En cuanto a los espectadores, éstos observarían la competición a través de un par de pantallas de gran tamaño.
-¡Muy bien tortolitos! En breves minutos se dará el disparo de salida- comunicó el artista pelitrigueño desde lo alto de su plataforma- Os aviso que aquellos que seáis usuarios de Akuma no mi, podréis utilizar vuestras habilidades únicamente para volver al recorrido en caso de que os desviéis del mismo, pero si os valéis de ellas para derribar o molestar a otros competidores, quedaréis descalificados de inmediato y expulsados del concurso.
Nami y Luffy se alegraron al entender que éste por fin podría volver a valerse un poco de la Gomu Gomu no mi. Aunque lo hicieran bajo ciertas condiciones, era una carta valiosa que usar a su favor. Mientras tanto, sus nakamas los animaban a voz en grito desde el exterior del circuito, con Chopper, Franky y Usopp ondeando sus banderitas en sus manos; Sunny y Merry hacían lo mismo, pero llevándolas en la boca.
-PREPARADOS...- anunció Gabriel con un revólver en la mano para dar la señal.
Las motocicletas rugieron al ser arrancadas al unísono.
-LISTOS...
Nami apretó con fuerza el manillar, preparándose para acelerar en cualquier momento; y Luffy expulsó aire por la nariz ante la inminente determinación que sentía por ganar junto a su navegante.
-YA.
BUUM
Una vez que Grabriel disparó al aire, los vehículos arrancaron a la vez levantando una extensa nube de polvo y humo de tubo de escape. Los vítores y chillidos de ánimo por parte del público inundaron el ambiente, mientras observaban a los concursantes dirigirse a toda velocidad hacia el primer tramo del circuito. Éste era el más fácil, pero se encontraba abarcado por diversos obstáculos que los corredores debían esquivar. Los que no habían entrenado lo suficiente o que no fuesen muy hábiles, terminaban cayendo en dicha zona.
Nami, que tenía muy buena mano para manejar la motocicleta (como ya había demostrado en el día de los entrenamientos), no tuvo problemas para sortear las vallas, los hoyos poco profundos y los charcos artificiales. Luffy se aferraba firmemente a su cadera mientras ella zigzaneaba, desaceleraba y volvía a acelerar, sin soltar la cuerda que ataba el saco de mandarinas a su hombro, asegurándose así de que no se le resbalara. Por su parte, la navegante no tenía que preocuparse por el sombrero al estar bien sujeto por el cordel a su cuello. Tras atravesar los primeros metros, consiguieron quedar de cuartos a la cabeza, mientras que los Ommar iban de segundos. Al frente de ellos corría otro matrimonio, los Ellien, que eran unos turistas llegados del Grand Line y que habían quedado en quinta posición en el recuento de puntuación; si ganaban esta carrera, estarían en el podio y a muy pocos puntos de ganar el primer premio. Cegados por la avaricia, decidieron aprovechar su ventaja para quitarse a sus rivales de en medio (eso sí, debían hacerlo de manera discreta si no querían que los descalificaran).
El marido, David, era un hombre rubio y de ojos azules, muy alto y de constitución fornida, lo cual le otorgaba una silueta de un oso con rasgos humanos. Al ser él quien conducía, aprovechó que pasaban por encima de un charco de barro para intentar embarrar de lleno a los Ommar.
-¡Akira, cuidado!- avisó Patrick a su esposo.
Pero el pelicaoba, que era un experto al manillar, esquivó ágilmente el fangoso proyectil, el cual terminó por impactar a una pareja de chicas que les iban detrás. Ahora, cuando ya estaban dejando atrás el primer tramo y se adentraban en el Valle de las Cabras, Luffy y Nami quedaban de terceros.
-Ten cuidado con esos tipos, Nami. No juegan limpio- advirtió el moreno a la cartógrafa, la cual no les quitaba la vista de encima a aquel par de tramposos; si bien había llegado a tener una relación de rivalidad muy severa con Patrick hasta hacía poco, ya nada quedaba de aquel sentimiento tóxico que los carcomía a ambos, e incluso ella había llegado a apreciar al pelicobrizo tras conocer su triste pasado. Aquella pareja que iba a la cabeza había intentado echarlo a él y a Akira del camino... no dudaría en que se lo haría pagar.
Nami aceleró al máximo, de manera que se sujetó el sombrero de paja con una mano para asegurarlo bien sobre su casco, hasta que ella y Luffy alcanzaron a los Ellien, conduciendo ambas parejas en paralelo. Se encontraban recorriendo un tramo cubierto por árboles, de manera que las cámaras no podían mostrar lo que sucedía durante aquellos metros, en los cuales siempre se daba el mayor número de trampas y jugadas sucias entre los competidores más ambiciosos.
-¡Oi, vosotros!- dijo Nami a los Ellien, los cuales voltearon hacia ella al mismo tiempo- ¿Quién os habéis creído que sois para tratar a nuestros amigos así?
-¡Somos los que vamos a ganar esos 90 000 berries, par de perdedores!- contestó Grace, la mujer, que tenía unos rasgos delicados, cuerpo voluptuoso, cabello morado y largas piernas que terminaban adornadas por unos finos zapatos de tacón de aguja (ella tampoco estuvo dispuesta a ponerse las botas de cuero, pues no las consideraba estéticas para su figura).
-¡Cállate, pelo de arándano! ¡Habéis intentado hacer trampas contra Pato y Amira!- intervino Luffy con una mirada iracunda, a él también le había enfurecido ver aquella mala jugada contra sus antiguos rivales, y que ahora él y la pelinaranja consideraban sus amigos (aunque Luffy, al contrario que la navegante, nunca los había visto como rivales y menos como enemigos).
-¿QUÉ ME HAS LLAMADO?- reclamó Grace mostrando unos colmillos de cocodrilo.
David no pudo evitar carcajearse ante aquel insulto hacia su esposa, a lo que ésta le respondió con un puñetazo en la nuca, hacíendole daño al rubio a pesar de tener la cabeza protegida por el casco motero.
-¡Tú concéntrate en conducir, imbécil!- le espetó la peli-morada.
Grace se giró de nuevo hacia los dos Mugiwaras, mirando a Nami de arriba abajo en busca de un punto en particular. Cuando lo encontró, esbozando una sonrisa malintencionada, la mujer le dio una patada al muslo de Nami con su afilado tacón, atravesando el pantalón y clavándole un poco el extremo en la piel. La pelinaranja ahogó un grito de dolor entre dientes, pero no pudo evitar desestabilizarse sobre la motocicleta, la cual zigzaneó con violencia.
-NAMI- exclamó Luffy al tiempo que aferraba a su compañera contra su pecho para que no se cayera.
-¡Sois unos cabrones!- gritó furioso Patrick a los Ellien, mientras que Akira los observaba igual de iracundo.
El vehículo amenazaba con derribarse de costado con ellos abordo, por lo que el Rey Pirata se echó el morral a los dientes, dejando así la otra mano libre para enderezar la máquina.
-¡Mantén el manillar centrado y no te muevas hacia los lados, Luffy, así la motocicleta se estabilizará!- le dijo Akira en un intento de ayudar a la pareja; por nada del mundo iba a permitir que no acabasen la carrera, ni mucho menos por ser víctimas de las trampas unos sucios competidores como los Ellien.
El joven Mugiwara intentó hacer lo que el pelicaoba le aconsejaba, pero no tenía ni la mitad de habilidad con los vehículos como Nami, además de que estaba más preocupado por sujetarla que por asegurar el equilibrio. Sin embargo, enseguida la pelinaranja se sobrepuso al dolor y se liberó del brazo de Luffy para volver a controlar la motocicleta, que consiguió enderezar con maestría.
-¿Te encuentras bien?- le preguntó el moreno, observando con tensión cómo una manchita roja sobresalía del pantalón de la chica.
-Sí, ésto no es nada comparado con las heridas que tengo recibido durante nuestras batallas.
Ahora el recorrido estaba de nuevo descubierto y las cámaras volvían a mostrar el desarrollo de la carrera. Pero Luffy no pensaba quedarse de brazos cruzados, aquellos tipos tenían que pagar por lo que le habían hecho a su navegante... y sabía a la perfección cómo hacerlo sin que los descalificasen.
-Sitúanos junto a ellos, voy a dejarlos inconscientes con mi Haoshoku Haki.
-De acuerdo.
Nami aceleró de nuevo y pronto volvieron a encontrarse al lado del matrimonio Ellien, dejando muy atrás a los Ommar. Luffy enfocó directamente su mirada en ellos, preparándose para golpearlos con una buena oleada de haki... Pero no pudo siquiera emanar una pizca, pues Grace, que ya se temía que los Mugiwara intentarían tomar la revancha, fingió que se agachaba para asegurarse un zapato mientras derramaba con la mayor discreción un chorro de aceite especial. Se trataba de un líquido sumamente deslizante, del cual bastaba tan sólo un chorro del tamaño de una mano para hacer resbalar a un elefante, por lo que las cámaras no podrían detectarlo.
-¡Hasta la vista, pringados!- se burló la pelimorada enseñándoles la lengua.
En cuanto la rueda delantera de la motocicleta Mugiwara hizo contacto con aquel aceite, ésta se desvió rápidamente hacia un lado del camino, provocando que el vehículo descendiera sin control por un desnivel.
¿He matado a Shanks en esta saga...? ¡Soy un monstruo, buaaaaaah! Tranquilos, en la saga paralela aparecerá vivito y coleando, shishishi.
Vamos con los reviews del capítulo pasado:
-Kaoru likes One Piece: Entre tu fic y el mío, los caballos se están robando el show jajajaaja. Aunque no creo que sea una gran experta en equinos, sí que sé bastante porque los adoro desde que tengo uso de razón, y también porque tengo una yegua en casa con la que aprendo mucha práctica en el trato y comunicación de caballos (apunto que en la realidad no se ríen como las personas, pero esto es ficción y todo vale, jajaja). Acerca del comentario sobre parejas, sí lo vivido y aún lo vivo, shishishi. No soy casada y aún no lo planteo, pero comprendo que la forma de ver la relación no cambia igualmente. Gracias por el doujinshi, ES INCREÍBLE, y por un momento pensé que el dibujante yo nos conectamos por los astros o algo así cuando escribí el capítulo 7 XD ¡Muchas gracias por tus palabras y estaré pendiente de nuestras conversaciones! ¡Ánimo con Creciendo con los Mugiwaras, estaré pendiente y éste y de la actualización de Joyas de la Corona! ¡Te mando muchos besos relinchosos!
-Falkner Zero: Querido amigo, espero que todo esté yendo bien con tu salud y tu vida privada, estaré pendiente de tu estado para lo que necesites; y esperaré pacientemente por tu regreso a FF, que se te echa de menos, jejeje. Tienes toda la razón con Sunny, shishishi; el Rey Pirata es el hombre más libre del mundo, no merecía menos que tener una montura que también ama la libertad por encima de todo. Siendo ambos escritores de escenas lemmon, entendemos qué escenarios pueden sacar buen jugo a la intimidad de nuestra pareja favorita (uy, eso suena muy mal...). ¡Gracias por tu review, te mando un fuerte abrazo relinchoso y muchos sincerísimos ánimos, nakama!
-anonina: ¡Muchas gracias relinchosas, nakama! Sunny y Merry los tenía ideados desde hacía un tiempo y ya me tardaba presentarlos; no será la última vez que aparezcan en esta saga de precuelas, así que tendremos para rato para seguir riéndonos con ellos ;)
-Alice1240: ¡Amor equino entre tú y yo, amiga, shishishi! Siempre quise hacer un fic en el que se juntasen los Mugiwaras y los caballos (mi anime-manga favorito y mi animal predilecto), y Luffy y Nami merecían unos que se ajustasen a su personalidad (y un poquito en su aspecto, como podrás apreciar en sus coincidencias en el color del cabello y del pelaje, respectivamente). Tranquila, que aunque a este fic le queden escasos capítulos, tengo planteadas otras dos historias que tienen lugar antes de Aventura en el Antiguo Mundo (fic que retomaré tan pronto como acabe éste). ¡Espero con ansias Mi aventura contigo y estaré pendiente nuestras conversaciones aunque la universidad me fastidie de vez en cuando! ¡Muchas gracias, nakama, y un gran beso relinchoso!
-anon: Siendo Luffy y Nami la pareja más alocada y divertida de los mares, ¿qué menos que tener unas monturas a su altura? Shishishi. Ya he vuelto después de que las tareas de la universidad me hayan retenido por unos días, así que tengo arsenal para que leas, shishishi. ¡Muchas gracias relinchosas por tu review, nakama! :)
