Capítulo 9

Final


Espero en silencio una señal

o una mirada tuya


Terry se encontraba en el bar frente al hotel, vio a Elisa subir al taxi y marcharse, tenía ganas de salir corriendo y suplicarle que no se fuera, que no se casara, pero sobre todo tenía unas ganas inmensas de llorar, las cuales ahogo con un trago de brandi, rescatando la entereza de su orgullo, le dio otro sobro a la bebida sintiendo como le quemaba la garganta y en su estómago se revolvía con el desayuno.

Estaba por pedir otro trago, cuando desistió, no quería y no iba a emborracharse, Elisa Leagan no lo merecía, no merecía que se desboronara por ella, que no era más que una perra mentirosa. Por lo que regreso al hotel, entro a la habitación, encontrándose con el libro que ella le había prometido, fijo su mirada en la portada.

- Tantra de la Gran Liberación, de Sir John Woodroffe.- Leyó el chico en voz alta, para después dejarlo caer sin ningún cuidado sobre la cama.

Agarro la caja de cigarrillos de la mesa de noche, junto al encendedor y se dirigió a la pequeña terraza, dejándose caer sentado en una de las sillas de mimbre y se fumó dos, tal vez tres cigarros, mientras sentía el tiempo pasar lentamente y más de una vez el subconsciente lo traiciono al mostrarle en ocasiones la sombra de la pelirroja, por lo que volvía la cabeza a la habitación y en pensamientos se decía que el lugar no era lo mismo sin ella y sin su desorden.

La hora del almuerzo había pasado y él no tenía apetito por lo que no bajo al restaurant, entrada las cuatro de la tarde llamaron a su puerta, sin mucho ánimos se puso de pie y se encamino, al abrir se encontró con uno de los botones.

- Señor Grandchester, el auto de alquiler está en el estacionamiento. – Le dijo entregándole las llaves.

- Gracias. – Apenas esbozó el actor y después de la reverencia del chico cerró la puerta.

Lanzo las llave en una de las mesas, sabía que no tenía ningún caso salir del lugar, pero después de meditarlo por varios minutos, decidió hacerlo y distraerse un poco, expulsar a Elisa de sus pensamientos y superar el error que había cometido, al permitir dejarle que se apoderara de sus sentimientos.

Como tenía planeado, se fue hasta la playa para observar el atardecer y por más que intentaba pasar el nudo en su garganta no podía, no pudo luchar y unas lágrimas le ganaron la partida, sintiendo rabia en contra de él mismo, pero había decidido no dejarse vencer.

Al día siguiente partieron a Nevada, ninguno de sus compañeros, pregunto por la pelirroja y cuando alguno quería acercarse a Terry este sencillamente se alejaba, en cada función Terry daba lo mejor de sí, se decía que lo único que no le fallaba, ni lo decepcionaba era su pasión por el teatro, por lo cual dejaba todo de si sobre las tablas.

Estaba en la habitación del hotel en Nevada, mientras todos celebraban en el salón de fiesta como era costumbre, después de un rotundo éxito en la ciudad, dentro de dos días viajarían a Washington, un llamado a la puerta, a la una de la madrugada lo desconcertó, dejo de lado el libreto que estaba estudiando y se encamino a abrir, encontrándose a Karen.

- ¿Puedo pasar? – Pregunto la chica con media sonrisa y él le hizo un ademan para que entrase. - ¿Qué paso Terruce? – Inquirió tomando asiento en la cama.

- Esta vez no me equivoque en las líneas, lo hice perfecto… y no tengo ganas de asistir a la reunión – Le dijo con sarcasmo retomando el asiento que ocupaba.

- No me refiero a eso… bueno las veces que… exactamente no te equivocaste, por el contrario agregaste unas líneas y no fueron para mí, porque ni me miraste… sabes que no me cae bien esta chica Legan, pero a ti si y es lo que importa. – No sabía cómo hablar con el chico, intuía que algo había pasado entre ellos, sobre todo por la actitud taciturna de su compañero durante los ocho días que habían pasado.

- Se acabó… era un aventura y termino ¿Sabes que se va a casar? – Inquirió queriendo parecer tranquilo y demostrarle a Karen que no le afectaba hablar de Elisa con ella.

- Si, pero tu parecías no saberlo, digo por cómo te comportabas con ella.

- De hecho no lo sabía. – Dijo soltando media carcajada disfrazando la decepción. - Ella me lo dijo cuándo le propuse que me acompañase a Nevada.

- Entonces te engaño todo ese tiempo.

- No lo llamaría un engaño exactamente, solo que nos prometimos no hacer preguntas… aunque nunca le vi ningún anillo de compromiso… pero eso es otro asunto ¿A qué se debe tu visita? – Espeto queriendo desviar el tema.

- No se… la verdad, no sé de qué hablar, ni que decirte… solo quiero darte un consejo… Terruce ¿Por qué no dejas de lado el orgullo? y te arriesgar a por fin ser feliz, a luchar por tu felicidad sin importar la de los demás ¿Qué importancia tiene Susana? Si no eres feliz con ella, solo te hace amargado, sé que eres caballeroso y que quieres cumplir promesas y responsabilidades, pero Susana no es tu responsabilidad, ni es tu deber cumplir promesas que otros te impongan, eres tu quien decide con quien ser feliz, eres tú, no lo demás, nadie puede elegir por ti y si tu felicidad está al lado de la Legan deberías luchar, porque estoy segura que esa mujer te miraba con amor. – Termino por decir y se puso de pie. – Por una vez, lucha, pelea con uñas y dientes por lo que quieres y no solo lo hagas por conseguir un papel dentro del teatro, hazlo también por tus sentimientos. – Se encamino y salió de la habitación.

Al día siguiente Robert los reunió a todos para anunciarles, que la gira seria suspendida, que prepararan todo, regresaban a Nueva York, esto a la compañía le costaría una fortuna, pero Terruce prometió pagarle todos los gastos, ya que a él se le había presentado una emergencia y tuvo que viajar por la madrugada a Nueva York, tenía un compromiso que romper.


Elisa sentía la mano de Terry envolver la de ella, mientras intentaba llevarle el paso, mientras el velo se le enganchaba a uno de los adornos florales, utilizando su mano libre para jalarlo con energía y este caía sobre la alfombra, por fin salieron al pasillo que los sacaría de ese lugar, dejando atrás a todos desconcertados.

- Espera… espera… no tengo casi aliento. – Le pidió ella con voz ahogada, por llevar puesto un vestido tan pesado.

Terry se detuvo y llevo sus manos a las mejillas de la chica atrayéndola hacia él con vehemencia y le deposito un beso intenso, uno que saciaba las ganas de los últimos días, robándole el poco aliento que le quedaba, acariciando con su lengua la de ella, succionándola y adueñándose de cada partícula de su ser, hasta que él mismo necesito oxígeno y fue reduciendo el beso.

- Creí que no querías verme nunca más. – Acoto la pelirroja abriendo los ojos lentamente y ahogándose en el zafiro, mientras sonreía dulcemente, emergiendo del mar de emociones que en cual se había sumergido.

- Yo también lo creía. – Susurro él y le dejo caer una lluvia de besos húmedos y lentos, sobre los labios hinchados y palpitantes de la pelirroja.

- ¡Elisa! –Malcom interrumpía en el lugar – ¡¿Me puedes explicar?! – El tono de su voz evidenciaba la molestia y confusión que reinaba.

Terry le tomo la mano de Elisa y la jalo para seguir con su camino, emprender la huida, pero ella no se movió, por lo que el chico la miro a los ojos.

- Necesito darle una explicación. – Murmuro mirando al castaño a los ojos y este solo asintió en silencio.

La chica con su mano libre le palmeo suavemente el pecho, al tiempo que Terry le soltaba el agarre y se encamino hasta donde se encontraba su esposo, quedando a una distancia prudente, el castaño podía ver la molestia en los ojos del rubio, por lo que dio dos zancadas para estar más cerca.

- Malcom… yo no puedo quedarme aquí, no contigo… yo quiero a Terruce, toda mi vida lo he querido… siento mucho que las cosas se dieran de esta manera.

La chica hablaba y veía como las personas llegaban y se paraban a cierta distancia para disfrutar del espectáculo, haciendo todo más difícil.

- Me has decepcionado Elisa, siempre lo supe… no merecías el sacrificio que hacía por ti, solo eres una buena cama, porque no eres más que una estúpida cabeza hueca. - Hablaba con toda la rabia que sentía de momento, ante su orgullo herido y la vergüenza de ver como su esposa se marchaba con otro.

Terry no permitiría que siguiera insultando a Elisa, se comprendía que estuviese dolido, pero no tenía que usar calificativos tan bajos para con ella, por lo que agarro a Elisa por el brazo y la coloco detrás de él sirviéndole de escudo a la pelirroja.

- ¡Quédate con tu actor de mierda! – Exclamo molesto, mirando a Terry a los ojos, quien no decía nada, sabía que si decía una sola palabra solo complicaría las cosas y de momento no quería dar un espectáculo, solo llevarse a Elisa, nada más.

- Solo espero que no vengas a suplicarme que regresemos, porque no lo voy a hacer… no tienes idea del favor que me has hecho, me has dejado el camino libre… - Mirando a Elisa. – Es justo que te enteres que no me haces ningún daño… no creas que me voy a echar a morir por lo que estás haciendo… solo me estas liberando de tus estupideces… - Sus palabras fueron cortadas por un golpe en su quijada, ese que Terry le atino sin previo aviso, arrancando murmullos de asombros y otros de burla en medio de los presentes.

- No te permito que sigas insultándola… vámonos Elisa. – Le dijo tomándola de la mano.

Malcom movió la mandíbula para pasar el dolor, admirando a la pelirroja que tenía la desfachatez de mirarlo con pesar y si quería que se entrara a golpes con el actor de quinta por ella, estaba muy equivocada, no la daría el gusto a ella, ni a ninguno de los presentes, era un hombre con distinción, no le gustaba liarse a golpes con nadie.

- Me envías la dirección del hueco donde te vas a meter, solo para hacerte llegar los papeles del divorcio, lo necesito cuanto antes… porque me voy a casar con la mujer a la que verdaderamente quiero… por si no lo sabias… no verdad, no lo sabias. – Dijo con descaro, con toda la intensión de humillar y maltratar a la pelirroja. – Llevo dos años cogiendo con tu prima… si a la que tanto odias. – Le aclaro.

Elisa miro a Malcom sin poder comprender, sin querer creerlo, tanto su vista como la de Terry se posaron en Candy que salía del salón y la mirada de la rubia sobre ellos les dejaba claro que él no estaba mintiendo.

Candy aun temblaba, eran muchas emociones en un solo día, primero el sufrimiento de ver como Elisa una vez más le ganaba, al casarse con el hombre que ella quería y la impresión de ver nuevamente a Terry después de tanto tiempo… después de seis años.

Por la mirada de Elisa y de Terry sobre ella, era evidente que Malcom había dejado al descubierto su secreto, ese que empezó cuando él fue hospitalizado por una bronquitis aguda y ella fue su enfermera de cabecera, él era un hombre extraordinario, cariñoso, sencillo, después de quince días le dieron de alta y dos días después la estaba esperando a la salida del hospital convenciéndola para que fueran a comer.

Ella acepto, después de todo eran amigos y después de un tiempo, se rindió al cortejo de él, decidió que podría ser feliz, que Malcom Fitzgerald podría ser esa felicidad que estaba buscando, ella no tenía a nadie, vivía sola en su departamento y él se convirtió en su compañero permanente, muy tarde, después de varios meses y de entregarse a él no solo en cuerpo, sino en alma, se enteró que era el prometido de Elisa.

Quiso morirse, lo echo de su vida, pero él no quería salir, iba una y otra vez a decirle que no quería a Elisa que solo cumplía con un deber, que su madre, era la única empeñada en esa relación, él se había convertido en su debilidad, en un vicio en el que caía una y otra vez, el tiempo pasaba y ella seguía hundiéndose en el fango, disfrutaba de los momentos de intimidad con él, de sus caricias, de sus besos, de esa manera tan lenta y apasionada de él al amar, pero cuando se iba, quedaba ella sola y su conciencia, esa que la atormentaba, porque aun cuando Elisa se había empeñado en ser su enemiga, sabía que no merecía lo que ella y su prometido hacían a sus espaldas.

Hasta que un día lo decidió, fue definitivo, encontró el valor para no recibirlo más, fue cuando él le envió varias cartas y después se fue a la india con Elisa, de mas esta decir que quiso morirse y que si no es porque Albert le pidió, prácticamente le suplico acompañarlo al enlace matrimonial no estuviese ahora sintiendo que el mundo se le va por los pies, que hay un abismo que está a punto de tragársela, pero no lo hace solo la tiene en ese estado de zozobra de caer y no caer.

- Mierda… eres un mierda… - Susurraba Elisa con los dientes apretados y las lágrimas nadando en sus ojos, por saber que estuvo a punto de unirse a un hombre que la engañaba con la mujer a la que más despreciaba, el solo hecho de saber que lo beso después que Candy le causaba asco. – Los dos son una porquería… no valen nada. – Le decía con ira.

- ¿Y tú sí? – Inquirió Malcom con un dejo de burla, porque había logrado el objetivo.

- Elisa mejor nos vamos… no importa. – Le dijo Terry tomándola por la mano y encaminándola no sin antes dedicarle una última mirada a Candy, una mirada de lastima, por saber que tan bajo había caído, que circunstancias de la vida la habían orillado a hacer lo que hizo.

Elisa si la miro como si quisiera asesinarla, con odio y resentimiento, haciendo evidente ante los presente que algo de lo que estaba pasando relacionaba a Candy, a quien Albert y su esposa refugiaron colocándola en medio y ellos la escudaban, por algo era la favorita del patriarca aun cuando esta se mantenía alejada de los Andley, llevando una vida en "Solitaria"

Salieron del lugar y abajo los esperaba el auto de Terry, subieron a este y arrancaron, se mantuvieron en silencio, mientras cada uno ponía en orden sus ideas, tratando de comprender la locura en la que estaban envueltos y las verdades que les estrellaron en la cara.

Elisa se llevó las manos al rostro y lo cubrió dejando caer pesadamente la cabeza sobre sus rodillas, quedando hundida en el montón de encajes del vestido de novia, le costaba creer que Malcom le hubiese hecho tal vileza, él sabía muy bien que ella odiaba a Candy, lo sabía y entonces algunas cosas empezaron a encajarle, como cuando él la defendía, sutilmente pero lo hacía y la vio la cara de estúpida por tanto tiempo, dos años, fueron dos años y ella que muchas veces se reprochaba su comportamiento con Terry, que hasta supo que tenía conciencia por que se sentía mal por su prometido y no era más que una rata asquerosa.

Al menos ahora tenía una carta bajo la manga, si alguno quería reprocharle su actitud de escaparse, sabría perfectamente por donde atacar y no puede evitar sentir que las cosas a pesar de ser algo inesperadas para ella se dieron de la mejor manera.

- Si quieres puedes llorar. – Susurro él con la mirada en el camino.

Elisa al escuchar la voz aterciopelada de Terry, elevo la cabeza lentamente y descubrió su rostro se quedó observándolo por unos segundos y después le dijo.

- ¿Llorar? – Pregunto ella y soltó media carcajada. – Crees que quiero llorar, cuando nunca en mi vida he estado más feliz… - Dijo incorporándose un poco rodeando con sus brazos el cuello de Terry, le deposito varios besos en la mejilla y le encantaba sentir sobre estos la piel de él que le dejaban saber que estaba riendo. – Me trago mis palabras. – Susurro en el oído del castaño. – Tienes más bolas que cualquier hombre que he conocido en mi vida. – Succionando el lóbulo de la oreja.

- Pensé que te había afectado lo que dijo tu marido…. Intente llegar antes que te casaras, pero no pude. – Le explico el ronroneando e intentando mantener el control del volante ante las piruetas que Elisa hacía en su oído con la lengua.

- Apenas me lo dijo no me lo pude creer, pero como él no me importa, ahora me da igual… ¿A ti te importa? – inquirió metiendo su mano través de la camisa de Terruce y acariciándole el pecho, sintiendo como las tetillas de él demostraban que lo estaba excitando.

- Si lo dices por Candy… no, no me importa, solo espero que sea feliz con él. – Dijo con toda la sinceridad. – No sé qué me hiciste, que solo me importas tú.

Elisa se alejó y dejo libre un grito de satisfacción, ante lo que él le regalo media carcajada.

- ¿Te vas a poner romántico? – Pregunto acercándose nuevamente y besándole el cuello. – Me vas a decir lo que sientes por mí… di que estás loco por mí. – Le pedía bajando su mano y apoderándose de la entrepierna acariciándola con frenesí.

- Estoy manejando Elisa… ¿Por qué no empiezas tú? – Inquirió divertido.

- Solo si me dices que paso con Susana… no quiero competir ahora contra una coja manipuladora. – Expuso dejándose caer sentada y cruzando los brazos sobre su pecho como una niña malcriada.

- Se acabó. – Fue la respuesta de él. - ¿Acaso no has visto los diarios? – Inquirió con burla.

- No… no los he visto, pero te toca ahora decirme como te enfrentaste a ese terremoto obsesivo.

- No me enfrenté, solo me dejo una carta, donde me decía que estaba cansada de mis infidelidades que alguien le había dicho que a la gira me lleve a la mujer con la cual me quede encerrado en el camerino, que fue la misma que me cito en un edificio abandonando y donde nos vio tener relaciones como si fuésemos animales famélicos, fueron esas sus palabras expuesta en la carta y que esa mujer se hizo pasar por su amiga… - Desvió la mirada a Elisa quien boqueo como pescado fuera del agua.

- Yo… yo… no le dije… - Dejo libre un suspiro ante la mirada de Terry. – Bueno si está bien, yo se lo dije, la cite para que viera que tú no la querías, para que abriera los ojos, pero exagero con eso de que parecíamos animales famélicos ¿Crees que lo parecíamos? – Inquirió mordiéndose el labio inferior y Terry solo elevo una ceja a modo de sarcasmo. – ¿Y que más paso?… no me lo creo, ¿Solo eso, se fue y ya? ¿Ni siquiera te dio pelea?

- No… nada más, cuesta creerlo, pero quien rompió el compromiso fue ella y yo ni enterado, lo hizo un día antes de que yo llegara, se escapó, se fue sin más, su madre tampoco sabía nada, la encontré desconsolada, bueno de por si su madre exagera, pero estaba algo afligida, porque en la carta que le dejo a ella le informo que se había ido con Axel para ser feliz. – Hablaba, muy tranquilo como si se hubiera quitado ese gran peso que llevaba encima.

- Axel ¿Quién es Axel? – Pregunto la pelirroja sin poder creer que Susana se hubiese escapado con otro hombre.

- Axel es el chofer que yo mismo le contrate. – Dijo y no pudo evitar sonreír sin ganas.

Pero Elisa soltó una reverenda carcajada, de la cual él se contagió.

- ¡Y yo que pensaba que era la maldita! La zorrona… mira las dos estrellas que nos salieron hoy, nosotros estamos de biberón Terruce. – Decía en medio de las risas y en ese momento se quitó el velo arrojándolo al aire para que el viento se lo llevase, mientras el auto se mantenía en marcha. - ¿Qué vamos a hacer ahora? –Preguntó.

- ¿Dónde está tu pasaporte? – Respondió con pregunta el chico

- Están en un hotel, ya que de ahí partiríamos de viaje por la mañana, están también las cosas de Malcom, pero eso no importa. ¿Por qué necesito mi pasaporte?

- Pienso sacarte del país y estaremos dos meses fuera de todo lo que acarreara esto, no quiero que te hagan sentir mal. – Expuso desviando la mirada del camino y posándola en ella, con un gesto amable y dulce.

- No me cabe duda que eres un caballero. – Correspondiendo al gesto.

Se dirigieron al hotel donde se encontraban las cosas de Elisa, ella bajo y le hizo un gesto a él para que hiciese lo mismo, cuando Terruce bajo ella lo tomo de la mano y entraron.

- Buenas tardes, por favor las llaves para habitación de los Fitzgerald. –Pidió Elisa en el lobby, los empleados la conocían, por lo que le entregaron las llaves, sin evitar posar la mirada en Terruce a sabiendas que no era Malcom Fitzgerald, sino el actor de Broadway, Elisa se percató de la poco prudencia de los trabajadores, pero no le importo agarro las llaves y se encamino, al subir al ascensor le indico el número de la habitación al operador y apenas cerro la rejilla y el elevador se puso en funcionamiento la pelirroja se abrazó a Terruce y se puso de puntillas, besándolo sin ningún pudor, solo dejándose llevar por las ganas que la estaba torturando y Terry no dudo en corresponderle con intensidad.

Cuando llegaron al sexto piso el operador carraspeo para indicarles que ya podían descender.

- Disculpe es que estamos recién casados. – Le dijo Elisa tirando de la mano de Terruce, quien con la mano libre le palmeo el hombro al señor y le regalo media sonrisa.

Al llegar a la habitación una vez más acoso a Terry con besos y caricias mientras le desabotonaba la camisa con dedos rápidos.

- Elisa… Elisa, aquí no, puede llegar alguien. – Le hizo saber él alejándola un poco.

- Esta bien… como tú digas, voy a cambiarme rápido, como comprenderás no puedo viajar con este vestido, me pesa horrores. – Con sus dos manos levanto la parte delantera y se encamino al baño.

Terry tomo asiento y decidió fumarse un cigarrillo, mientras esperaba por Elisa y admiraba la habitación, la cual tenía una cama amplia y se notaba su comodidad, estaba ansioso por emprender el viaje, pero faltaban tres horas para que el tren saliera, por el momento no podía pensar en nada más que en sus ganas de tener a la pelirroja bajo su cuerpo.

Su entrepierna palpito y su corazón se descontroló, al ver salir a Elisa con una dormilona que parecía haber sido creada por los dioses, dejándolo sin aliento y perturbándolo, soltó lentamente el humo del cigarrillo para poder respirar.

- No… no vas a viajar así. – Le dijo él encontrando la voz y ella se encaminaba a las cortinas, para cerrarlas y su cuerpo a contra luz se dejaba apreciar completamente a través de la ligera tela de la dormilona, haciendo con esto que el pantalón empezara a incomodar la erección naciente en él.

- No, claro que no, pretendo que me la quites antes de que me lleves a las estrellas… no pensaras que no voy a estrenar toda la lencería que compre. – Dijo encaminándose y los ojos de Terry se posaron en el edén que se apreciaba a través del encaje blanco.

Elisa se detuvo frente a él y le quito el cigarrillo, le dio una lenta y larga succión, para después soltar el humo y lo apagó en la mesa de al lado, tomo las mano de Terry y se las coloco en la cintura, demostrándole como quería que la acariciara y poco a poco se fue dando vuelta mientras él mantenía las manos moldeándole la silueta sin moverlas de lugar era como una florero de arcilla al cual le daba figura, ella con toda la intensión empezó a frotar su trasero contra la entrepierna masculina, sintiendo las pulsaciones de un miembro que se elevaba poco a poco, colmado de orgullo.

Terry en medio del arrebato cerró con una de sus manos la cintura y la adhirió completamente a él, mientras que con la otra mano le tomo la mandíbula, besándole el cuello, devorándoselo como un animal famélico y Susana tenía razón, con Elisa no podía tener control.

- Te deseo… eres un maldito vicio Elisa. – Susurraba ahogado, con sus manos viajando por el torso femenino, apoderándose de uno de los senos.

Elisa llevaba las manos hacia atrás y a ciegas buscaba el botón del jean que él llevaba puesto, para liberarlo de la tortura a la cual ella lo estaba sometiendo, mientras jadeaba a causa de los besos y caricias de Terry.

- No… no podemos hacerlo aquí. – Hablaba él con voz ahogada sin detenerse, era esa lucha entre su razón y sus ganas.

- ¿Quien dice que no? – Preguntó la pelirroja, mientras que su mano traviesa entraba gloriosa y se apoderaba del pilar caliente y palpitante. – No te preocupes, no creo que llegue alguien, lo último que harán será venir al hotel. – Ahora ponte de pie y ayúdame a quitarte los pantalones, necesito… te necesito. – Pedía con urgencia.

Terry sin dejar de acariciarla, ni de besarla se puso de pie, apenas abandono lo que sus manos hacían para deshacerse de la camisa, de los pantalones y los zapatos, rápidamente y Elisa se volvió, mirándolo a los ojos.

- Te ves increíble con esa prenda, te juro que casi me da un ataque… pero ahora quiero ver como se ve en el suelo. – Le dijo alzando la dormilona y dejando a la chica desnuda, la tomo por la cintura y la elevo.

Elisa no perdió tiempo y se aferró con sus piernas a las caderas de Terruce, quien la condujo a la cama, donde se entregaron una vez más al placer que los calcinaba, a esa locura que los envolvía, sintiendo las venas arder y lo corazones querer reventar sus amarras ante los latidos desenfrenados, los besos iban y venían en una danza que los dominaba, las bocas dolían ante el desespero por querer comerse el uno al otro.

- No se… Elisa… - Susurraba contra los labios hinchados de la pelirroja mientras se hundía con lentitud e ímpetu, arrancándole jadeos y ella se aferraba con las uñas a la espalda de él arqueando su cuerpo para sentirlo aún más cerca, para sentir que la piel de Terry se fundía con la de ella, logrando que las miradas se encontrasen. – No sé si lo que siento por ti es amor… no lo sé, pero de lo que si estoy seguro es de que estoy obsesionado contigo… estoy obsesionado. – Repitió, la chica le regalo una sonrisa y él se desboco, cabalgándola febrilmente.

- Necesito un poco más… un poco más Terry. - Pedía ella casi llegando al cielo, por lo que él se puso de rodillas y se hizo más espacio, enloqueciéndola con sus arremetidas que el arrancaban gritos de placer y el gruñía ante el placer de verla a ella volverse liquida en sus brazos, de sentir tanto goce como nunca lo experimento con ninguna otra.

Elisa disfruto su viaje a las estrellas, al igual que Terry, no sabía si lo que sentía por él era amor, pero de lo que si estaba segura, era de que disfrutaría cada momento a su lado, mientras le dure lo que siente por él y tiene la certeza de que no es algo efímero, no puede serlo cuando lo desea con tanta intensidad, aun cuando ella estaba colmada seguía succionándolo para que él explotase en el infinito, con ese orgasmo que ya se anunciaba, verlo boquear y cerrar los ojos ante el desespero que lo atacaba antes de derramarse en ella con una propulsión perfecta, era una experiencia única.

Cuando sus cuerpos y sus almas saciaron las ganas, alcanzando el éxtasis perfecto, descansaron unos minutos, esperando que las fuerzas se renovaran y los latidos se normalizaran, para después darse un baño y vestirse, antes de salir de la habitación sin dejar el equipaje a Elisa una sonrisa satírica protagonizo sus labios al ver la cama en completo desorden y las huellas húmedas de la apasionante batalla que se había llevado a cabo en el lugar, además del olor a sexo danzando en el ambiente.

Una estocada final para el orgullo de Malcom, no lo hacía por celos, poco le importaba, lo que había hecho, si ahora estaba de la mano de Terruce, lo hacía por maldad, pensó en dejarle el anillo de compromiso y la argolla de matrimonio, pero prefirió llevarlas consigo y venderlas para gastárselas en algunos regalos sorpresas para Terruce y así disfrutar más de ese lugar a donde él la llevaría. Antes de salir pidió en el lobby que no quería que le hicieran servicio a la habitación, no querían que estropearan la sorpresa que le había dejado a su marido.

Dos semanas después se encontraban en su destino, Terry se la había llevado a Puerto Rico y rentado una cabaña en el mismo paraíso, alejado de todo, a la orilla del mar y al fondo una selva exótica, que contenía ríos y salto de aguas con pozones de agua cristalina, toda esta maravillosa naturaleza había sido testigos de sus encuentros pasionales.

El color de la piel de ambos había cambiado considerablemente, parecían unos camarones ante el bronceado que llevaban y ella se había jugado más de una vez diciéndole que Robert, pegaría el grito al cielo al ver lo que había hecho con la palidez que requería Drácula.

Elisa terminaba de arreglarse, se colocó una falda y una blusa de tela ligera y sencilla que se movía fácilmente con el viento, en colores pasteles, decidió dejar el cabello suelto y dirigirse descalza a la orilla de la playa donde Terry la esperaba con una cena especial, en realidad para ella cada segundo al lado del castaño era inigualable.

Una sonrisa se dibujó en sus labios al ver la mesa y las dos sillas, una de las cuales él ocupaba, cuando la vio acercarse se puso de pie y como el caballero que era la guio y le saco la silla para que tomara asiento seguidamente el tomo asiento y saco de la hielera la botella de champagne, lleno dos copas y le pidió que brindase, decía estas palabras cuando vio a tres hombres con instrumentos musicales acercarse.

La sonrisa en ella se amplió sintiendo el corazón latir cada vez más fuerte y como la mirada de él la hechizaba, era una Luna de miel jamás imaginada, primeramente porque la estaba disfrutando con quien no era su esposo y eso solo hacia todo más excitante.

- Por esta obsesión. – Brindo él elevando la copa y las notas musicales de los tres hombres se dejaron escuchar, dando paso a la canción, le dieron un sorbo al líquido y Terry le tendió la mano y se puso de pie guiándola donde se abrazaron y empezaron a bailar, dejándose llevar por la suave melodía. – Feliz cumpleaños, amor mío. –Susurro él en el odio de ella y le deposito un beso justo debajo del lóbulo de la oreja.

Elisa sintió millones de mariposas extenderse por su cuerpo y hacer fiesta, sentía que se desvanecía pero Terry la mantenía firme entre sus brazos.

- ¿Cómo lo supiste? – Preguntó con la voz temblorosa.

- Lo vi en tu pasaporte…. – Respondió sonriendo y encarándola, depositándole un suave beso en los labios. – No sé si está bien, pero estoy preparando el ambiente para que nos entreguemos al placer por doce horas.

- Esta perfecto… pero creo que no lo soportare… vas a matarme de placer mucho antes, no creo que pueda resistir tanto… amor mío. – Le dijo y al igual que él, exponiendo sus sentimientos, fundiéndose en un beso que duro, lo mismo que la canción que interpretaban los hombres.

Sintiendo como la brisa de la playa los refrescaba pero en su interior una hoguera cobraba vida y los dominaba por completo.

Fin.


Esta es la canción que canta el grupo contratado por Terry y es la perteneciente al reto, fue compuesta en 1897 por su autor original el puertorriqueño Flores.

Por alto que esté el cielo en el mundo,

por hondo que sea el mar profundo,

no habrá una barrera en el mundo

que mi amor profundo no rompa por ti.

Amor es el pan de la vida,

amor es la Copa Divina,

amor es un algo sin nombre

que obsesiona al hombre por una mujer.

Yo estoy obsesionado contigo

y el mundo es testigo de mi frenesí.

Por más que se oponga el destino

serás para mí... ¡Serás para mí!

Amor es el pan de la vida,

amor es la Copa Divina,

amor es un algo sin nombre

que obsesiona al hombre por una mujer.

Por alto que esté el cielo en el mundo,

por hondo que sea el mar profundo,

no habrá una barrera en el mundo

que mi amor profundo no rompa por ti.

Amor es el pan de la vida,

amor es la Copa Divina,

amor es un algo sin nombre

que obsesiona al hombre por una mujer.

Yo estoy obsesionado contigo

y el mundo es testigo de mi frenesí.

Por más que se oponga el destino

serás para mí... ¡Serás para mí!

Amor es el pan de la vida,

amor es la Copa Divina,

amor es un algo sin nombre

que obsesiona al hombre por una mujer.

¡Amor es un algo sin nombre

que obsesiona al hombre por una mujer!


Gracias a todas por leer, por seguir está loca historia, por todos sus comentarios.

Abrazos!