Jack estaba parado junto a la puerta, todavía no se había atrevido a entrar en la habitación, por mucho que deseaba hacerlo. Desde su escondite, en el que ninguno de los dos hombres podían verlo, el coronel llevaba un rato escuchando su conversación.

"Ya te he dicho que no me voy a ir mientras me necesites." Dijo Mohinder acercándose la cama de Daniel. "Te lo dije cuando te encontramos en aquel cuarto y lo sigo manteniendo. Estoy aquí para lo que necesites."

"Todo esto es muy raro. Todo el mundo aquí se comporta con total normalidad conmigo, me conocen, saben quien soy. Yo en cambio, los miro y no veo más que extraños, excepto por el coronel, es el único al que recuerdo como un amigo, al menos eso es lo que creo, pues no tengo las imágenes en mi cabeza, tan sólo sensaciones."

Mohinder comenzó a reír por lo que Daniel se quedó callado mirando con incredulidad al profesor. "Lo siento, pero ¿siempre eres así? Quiero decir, apenas te conozco de hace dos días y no sabía como eras realmente."

"¿Eso es bueno?" Con mucho cuidado, Daniel alargó la mano hacia la del profesor y un momento más tarde sintió el calor de su piel bajo la suya. "Ya sabes, tienes razón, apenas nos conocemos y tal vez no te guste la persona que soy en realidad cuando recupere la memoria."

Mohinder se sentó en la cama, mostrando una enorme sonrisa que cautivo a Daniel. "Claro que es bueno, además estoy seguro que es totalmente impsible que no me guste lo que encuentre cuando te recuperes. Eres inteligente, muy inteligente y eso me encanta. Además adoro a los hombres a los que les gusta tener una buena conversación… quiero decir, las personas." Mohinder se ruborizó y por mucho que intentó que Daniel no se diera cuenta, no consiguió ocultarlo.

"Muchas gracias, sabes como hacer sentir bien a la gente, seguro que así te has ganado a la gente con la que has salido."

Mohinder sonrió con tristeza. "Muy amable por tu parte, pero lamentablemente tampoco he estado con tantos... con tanta gente. No soy alguien con una vida social muy intensa ni nada de eso."

- o -

"Señor, ¿se encuentra bien?" Jack se dio la vuelta, allí estaban Sam y Teal'c observándole.

"Claro mayor, ¿Por qué lo dice? Daniel está en casa, estará recuperado muy pronto y todo volverá a la normalidad." Teal'c tan solo hizo un gesto que Jack comprendió perfectamente. "No estoy celoso ni mucho menos. No siento nada por Daniel más allá de que sea un buen amigo."

"Le echas de menos." Dijo Teal' con firmeza, ante lo que Jack contestó con una silencio y una pequeña sonrisa. "Es tu amigo, es normal."

"No le echo de menos como tu estás insinuando T."

"Señor, no creo que las cosas vuelvan la normalidad de la que usted habla…" Un soldado pasó al lado de los tres amigos, por lo que Sam no continuó hablando.

Jack bajó la mirada, respiró hondo y mientras escuchaba la conversación que estaba ocurriendo en la habitación, decidió ser sincero con sus amigos. Comenzó a caminar por el pasillo hasta la sala de reuniones, seguido por sus amigos, cerró la puerta tras ellos y cuando los tres estuvieron sentados, el coronel decidió hablar.

"Vale, puede que tengáis un poco de razón. No estoy celoso porque lDaniel quiera al profesor o porque esté enamorado de él. Pero si, le echo de menos, porque al fin y al cabo yo debería estar en esa habitación con él. Cada vez que le ha ocurrido algo yo estaba a su lado y ahora es Suresh el que está con él."

"Señor… Jack si me permite ser sincera, Daniel necesita a alguien a su lado, igual que usted o que yo. El trabajo nos aísla del mundo y no nos permite tener vida privada. ¿Y si Daniel siente algo realmente importante por el profesor? ¿Y si ha encontrado en él lo que todos seamos conseguir y algunos no parecen darse cuenta de lo que tienen delante?" Sam se arrepintió de lo que había dicho nada más decirlo, pero Jack parecía no haberlo comprendido.

"Daniel Jackson no intenta sustituir tu amistad O'Neill. Daniel te volverá a necesitar, aunque ame al profesor Suresh, tu seguirás siendo su mejor amigo."

Jack se quedó en silencio pensativo. Había estado confundido durante varios días ya. Desde que había perdido a Daniel no hacía más que pensar en él y en lo mucho que lo echaba de menos.

Hasta ese momento, no se había dado cuenta lo que sentía por él; pero ahora que lo había perdido, su amistad se había vuelto algo imprescindible en la vida del coronel y pensar que Daniel hubiera encontrado a alguien que le estuviera ayudando ahora, se sentía fatal.

"Supongo que tenéis razón." Sam también suspiró. si tan sólo el coronel mirara a su alrededor, tal vez encontraría algo en lo que fijarse y dejar de pensar en Daniel.

- o -

"Daniel, no se si es el mejor momento de hacer esto, pero tengo que preguntar una cosa." Daniel lo miró extrañado, mientras se acomodaba en la cama lo mejor que pudo, para evitar el dolor en el brazo.

"¿Qué ocurre? No se si me gusta que me mires así." Mohinder volvió a sonreírle. "Vamos ¿qué pasa?"

"El otro día… cuando estabas en el apartamento, cuando conseguiste recordar a Jack, tu me… besaste y no se, me preguntaba, si lo hiciste sólo porque te sentías bien o porque…" Se mordió el labio, pensando que tal vez hubiera metido la pata, sobretodo al ver el silencio en Daniel cuando se lo quedó mirando.

Se echó hacia atrás dispuesto a salir corriendo y desaparecer cuanto antes. Sin embargo, Daniel rodeó su espalda, Mohinder se quedó sentado, tenso y en silencio. "Si, te besé, pensaba que te había gustado." Dijo Daniel con una pequeña sonrisilla en sus labios.

"Si, claro que me gustó, pero no se si fue algo que hiciste en el momento o si ahora yo decidiera…" La mano de Daniel rozó su mejilla con el dorso de su mano y Mohinder volvió a callarse al quedarse sin respiración de repente. "Daniel."

Aunque sentía un fuerte dolor en el brazo lastimado, Daniel se incorporó, ayudado por el profesor que rodeó su cintura con las dos manos. Se quedaron mirando en silencio, los ojos azules de uno frente a los oscuros del otro, tan sólo eso, en aquella habitación nada más importaba en ese momento.

"Quiero besarte otra vez. Quisiera hacerlo todos los días al levantarme por la mañana. A mi no me preocupa que casi no nos conozcamos, me gustas y ya está. ¿Por qué no dejas de pensar tanto y me besas antes de que la cabeza vuelva a estallarme?"

Mohinder se acercó a Daniel, tomó su rostro con las dos manos, rozó con el pulgar la herida de su frente y tras pararse a pensar un momento juntó sus labios con los del doctor Jackson. Aquel fue un momento intenso, unos segundos que parecieron hacerse eternos, devorando los labios del otro cada vez con mayor intensidad.

"Daniel, lo siento." Dijo nada más separar su boca de Daniel.

"¿De que estás hablando? Creía que no se me daba tan mal besar, nadie me había dicho que tuvieran que pedirme perdón por besarles; tal vez esté en baja forma." Mohinder apoyó la frente en el pecho de Daniel y rió. El doctor Jackson le acarició y besó su cabeza. "Dime, ¿que te ocurre? Espero que no me digas que tienes novio."

"No, no es eso, bueno no exactamente, buen no era mi novio, no fue nada, al menos no para mi." Daniel volvió a besarle de improviso para hacer que dejara de hablar y se calmara un poco, pues le veía excesivamente nervioso y apenas podía comprender ni una palabra de lo que estaba diciendo.

"Vale, ahora que los dos estamos más tranquilos, vas a empezar por el principio y me vas a decir de que estabas hablando."

"Sylar." Tan sólo recordar aquel nombre hizo que Daniel palideciera de repente. Por culpa de su falta de memoria no recordaba las múltiples veces que un goauld había estado a punto de matarle; en sus recuerdos actuales, tan sólo Sylar le hacía sentir tanto miedo. Mientras escuchaba el relato de Mohinder, Daniel agrarró con fuerza su mano, sin decir nada. "Te atacó a ti porque está… no se como decirlo… obsesionado conmigo. Si no hubieras estado en el apartamento, si yo no te hubiera encontrado, ahora no estarías aquí, en la cama, herido y con el recuerdo de haber estado a punto de morir."

Por fin lo había dicho, no sabía como iba a reaccionar Daniel, pero al menos él se había liberado de aquel peso que no le dejaba descansar.

"Tienes razón, si no hubiera estado en el apartamento, ahora no estaría aquí, pero tu tampoco lo estarías y no me habrías besado y no estaría deseando volver a hacerlo y decirte que me gustas mucho."

"¿No estás enfadado conmigo?"

"¿Por ser tan encantador que los peores psicópatas se vuelven locos por ti? Creo que podré sobrevivir a eso mientras estés aquí cuando despierte." Todavía no estaba preparado para decirlo. No sabía si alguna vez en su vida había sentido algo semejante o si tan sólo había estado enamorado de alguien. Decidió esperar, el profesor parecía estar pasándolo mal por su culpabilidad. Ya tendría tiempo de decirle que se estaba enamorando de él.

- o -

"Doctor Lee ¿Cómo van sus investigaciones con la máquina?" Dijo Carter al entrar en el laboratorio.

"No es fácil decirlo, es una tecnología de los antiguos muy avanzada, no habíamos visto nada con esto anteriormente, creo que necesitaremos más tiempo para saber como funciona."

"¿Y que hay de Daniel, cree que podrán devolverle sus recuerdos?"

"Siempre y cuando consigamos la máquina y su manual de instrucciones claro que si."

"Ese planeta está ocupado por los jaffas, no hay forma de entrar y salir de allí de una sola pieza." El doctor Lee abrió la boca par decir algo, pero una voz a su espalda le impidió hacerlo.

"Tal vez dos personas que puedan morir serían de ayuda para traer la máquina." Sam se dio la vuelta y allí se encontró con Peter y Clarie, cogidos de la mano como siempre, dispuestos a volver a cruzar la puerta para ayudar a Daniel.