Capítulo 9:
Despertó temprano y animada. Miro hacia su mesita de noche donde estaba la flor que su cabeza de balon le había traído. Se acercó a ella y sintió su aroma nuevamente. Suspiro con cursilería al recordar lo sucedido.
- Muy bien, Helga - se dijo a si misma - Es hora de despertar - prosiguió, mientras se daba algunos golpes leves en la cara.
Tomo una ducha breve. Tenía práctica de Béisbol. Aunque los muchachos quisieran, no podían negar las habilidades de la rubia para jugar, por lo que se había hecho imprescindible en el equipo. Se dirigió a su closet para vestirse. Se colocó unos leggins azules, una polera rosada y zapatillas. Llevaba el cabello tomado con una trenza, cubierto por una gorra cuya visera miraba hacia atrás. Tomo su bate de béisbol, y bajo.
- Buenos días Miriam - dijo una alegre Helga, mientras su madre levantaba la cabeza aun aturdida. Como era de costumbre, se había quedado dormida apoyando la cabeza contra el mesón de la cocina. Al escuchar la voz de la pequeña, trato de acomodar sus lentes y la saludo aun confundida.
- Buenos… buenos días querida - dijo con torpeza la madre - Vas a salir? - pregunto.
- Si - dijo mientras bebía un sorbo de leche - tengo práctica de béisbol - contesto, mientras dejaba el vaso en el lavaplatos. Nos vemos! - exclamo, saliendo apresuradamente, tomando el bate que había dejado junto a la pared. Abrió la puerta principal y respiro profundamente. Era un día bellísimo. Sentía la brisa rozar su rostro, los pájaros trinaban, el sol brillaba… todo era perfecto, como en un cuento de hadas.
- Nada puede salir mal hoy - se dijo optimista mientras se disponía a bajar las escaleras.
En la acera de en frente, un muchacho con extraña cabeza, vigilaba la casa de la rubia mientras apoyaba su espalda y un pie contra un poste. Tenía en su boca un mondadientes con el que jugaba, lo que le daba un aspecto de misterio y rudeza. Al verla salir, se apresuró a cruzar la calle y se interpuso en el camino de la niña.
- Como estas Helga - pregunto con un tono de voz coqueto.
- Demonios! - bufo la rubia, bajando el bate y utilizándolo como bastón, mientras cruzaba sus pies y lo miraba con una ceja arqueada - Ahora resulta que no solo te basta con intentar ingresar a mi casa sino que también me persigues. Criminal! - exclamo la rubia algo aburrida de la situación.
- Para que veas lo interesado que estoy en ti - contesto Arnie, mientras acercaba su rostro al de la niña.
- Pues es muy triste que yo no pueda decirte lo mismo, grandísimo idiota - dijo, alejándose - Y si no me dejas avanzar, me hare paso a batazos - amenazo la rubia con cierta tranquilidad, mientras comenzaba a tomar el bate.
- No serias capaz de hacerlo - contesto el muchachito, mientras le guiñaba un ojo. Mientras terminaba de decir esto, Helga alzo el bate y lo coloco en posición, a lo que el muchacho reacciono rápida y sorpresivamente, quitándoselo y arrojándolo unos metros más allá. La muchacha lo miro extrañada, a lo que él se volvió hacia ella y la tomo por la cintura, trayéndola hacia sí, poniendo su rostro frente al de ella, quien aún lo miraba con sorpresa.
- Ya te lo dije. Aunque te esfuerces en negarlo, tú serás mía - casi susurro el chico, sin soltarla, mientras entrecerraba los ojos y sonreía de lado.
- Helga? - interrumpió una pequeña asiática que observaba la escena algo impactada, a lo que el muchacho distrajo su mirada. En ese instante Helga reacciono y le dio un pisotón con todas sus fuerzas, con lo que el chico la dejo y comenzó a quejarse por el dolor que este le produjo. La rubia se alejó con rapidez, en dirección hacia su amiga.
- Gracias por ayudarme a zafarme de ese enfermo - dijo con rabia la niña mientras se alejaba del lugar.
Arnie, aun quejándose del dolor agachado, levanto la vista y volvió a sonreír de lado al verla caminar - No te dejare ir, no esta vez - se repitió.
- Amiga, pero que es lo que acaba de suceder? - inquirió Phoebe, aun sorprendida por lo que vio.
- Ese idiota de Arnie, Phoebs, que se niega a dejarme tranquila. Como quisiera aplastar a esa pequeña y repulsiva cucaracha - dijo con ira, mientras empuñaba su mano derecha y hacia como que aplastase algo contra la otra.
- Tranquila Helga, pero cuéntame, que sucedió? - volvió a preguntar, a lo que la rubia se dispuso a explicarle mientras iban camino a la práctica.
Al llegar al campo Gerald, los muchachos se aprestaban a tomar sus posiciones.
- Hasta que apareces! - exclamo burlonamente Harold, mientras se colocaba una protección en el pecho.
- Phoebe, te quedaras a ver la practica? - pregunto Helga.
- No puedo Helga, recuerda que hoy es la prueba de los vestidos, para ver si nos quedan bien después de los arreglos que se le hicieron - contesto - A todo esto, no iras?
- No Phoebe, tengo que entrenar. Tengo que estar preparada para cuando nos enfrentemos a los de quinto grado. Además tu sabes que esas cosas de señoritas no van conmigo - contesto la rubia, colocándose una mano en la cintura.
- Bueno Helga, le diré a la modista que no pudiste ir. Nos vemos más tarde - se despidió la muchachita.
- Phoebe no jugara? - pregunto extrañado Stinky.
- No niño pudin de limón - dijo sarcástica la rubia - tiene cosas que hacer. Bien, a sus posiciones! - exclamo frunciendo las cejas.
- Oh! Ya lo recuerdo! Las niñas deben ir a la prueba de vestidos - dijo Sid, mirando con una sonrisa a su amigo Stinky.
- Oh! Si! La prueba! Por qué tú no vas a la prueba, Helga? Oh, claro, lo olvidaba, no eres una niña! - dijo Harold acompañado de una gran carcajada.
- Cierra la boca, niño rosa! Además ese es no es tu problema, panzón - contesto seriamente la rubia.
- No soy panzón - replico Harold - soy robusto - dijo mientras se tocaba su prominente barriga - Pero sigo pensando que no eres una niña, cejuda, sino estarías en la prueba, pero estas aquí jugando con los hombres. Marimacha! - exclamo con burla Harold.
- Repite eso, zopenco - espeto la rubia tomando al chico del cuello de su polera, mientras el muchacho, asustado, se cubría el rostro.
- Ay mama! - exclamo.
- Vamos Helga, suéltalo! Mejor hay que jugar! - trato de calmarla Stinky.
- Tú no te metas, baboso, esto es entre la bola y yo - dijo con furia, sin soltar al chico.
- Hola muchachos! - interrumpió una voz extremadamente optimista. Eugene llegaba al campo con una gran sonrisa mientras ondeaba su mano derecha saludando a la pandilla. Al acercarse a los muchachos, se tropezó con una piedra y se precipito al suelo.
- Estoy bien! - exclamo como de costumbre a lo que los muchachos rodaron los ojos. Helga soltó del cuello a Harold y este cayó al suelo, donde quedo sentado y aturdido por unos segundos.
- Y que diantres haces aquí Eugene? - pregunto la rubia, mientras se cruzaba de brazos y observaba al muchacho mientras se limpiaba la ropa.
- Jejeje. Salí del hospital el día de ayer. Ya me recupere del todo del golpe - dijo el muchacho.
- Y qué fue lo que te sucedió esta vez? -pregunto curioso Stinky.
- Bueno, una oveja me golpeo cuando visite la granja de mis abuelos. Aparentemente no le agrado que me acercara a su esposa oveja - dijo mientras se rascaba nerviosamente la cabeza y se sonrojaba.
- Jajaja eres el muchacho con más mala suerte que conozco - rio Stinky acompañado de su inseparable amigo Sid.
- A quien lo golpea una oveja! Por favor! - Sid se sostenía la barriga mientras se reía a carcajadas.
- Bueno, bueno señoritas, a lo que vinimos! A jugar! - grito la rubia, algo hastiada con la situación que había hecho que perdieran valiosos minutos de entrenamiento.
- Hey niño de la mala suerte! Te quedas o te vas!? - pregunto Helga con su característica voz de enojo.
- Me quedo! Gracias por invitarme - sonrió el muchachito.
Los muchachos y la rubia tomaron sus respectivas posiciones. Helga sería la primera en batear.
- Vamos niño rosa, dame tu mejor tiro, si es que puedes hacerlo! - grito con el ceño fruncido, desafiante, a lo que Harold se dispuso a lanzar.
Helga dio un hondo respiro. Harold lanzo la bola y ella bateo. La bola salió disparada fuera del campo, y la chica comenzó a correr con todas sus fuerzas por las distintas bases. La bola comenzó a caer lejos de los que podían atraparla, por lo que la chica siguió corriendo confiada. En la calle, un muchacho rubio, con una especie de peinado engominado alzaba la mano y recibía la bola que caía precisamente hacia ella. La tomo y jugo con ella por unos momentos, lanzándola hacia arriba y volviendo a sostenerla.
- Hey viejo! Nos regresas nuestra bola? - pregunto uno de los muchachos, a lo que el rubio comenzó a acercarse al campo de juego. Helga aun celebraba su jugada, de espaldas al recién llegado, por lo que no se percató de inmediato de su presencia. Mientras aun hacia una especie de baile, se dio vuelta y fue sorprendida por el chico.
- Con que nos volvemos a encontrar - dijo coquetamente el muchacho mientras aun jugaba con la bola en sus manos.
La rubia volvió a bufar al ver al chico - Oh! Por favor! Maldito mequetrefe! Devuélvenos la bola y lárgate. Este no es lugar para psicópatas como tú! - exclamo con ira.
- Recupérala tu misma nena - dijo con risa el muchacho, mientras alzaba completamente el brazo cuya mano tenía la bola. La muchacha se esforzaba por alcanzarla sin embargo el muchachito era algo más alto que ella por lo que no alcanzaba. El resto de los chicos de la pandilla solo miraban extrañados la escena, sin pensar en intervenir.
- Te rindes? - pregunto coquetamente el rubio.
- Jamás! - exclamo iracunda la rubia.
En ese momento, Arnie lanzo lejos la bola, y tomo a la niña nuevamente por la cintura y la trajo hacia sí mismo.
- Pues yo tampoco me rindo - susurro el muchacho, tras lo cual le robo de sus labios un beso a la rubia. Los compañeros de Helga quedaron boquiabiertos. Como alguien se atrevía a besar a la ruda muchachita, y lo que era peor, acaso no sabía las consecuencias que eso le traería?
Tras unos breves segundos, la pequeña reacciono y se apartó del rubio con todas sus fuerzas.
- Pero qué demonios! - exclamo limpiándose la boca con el antebrazo, asqueada por lo que había sucedido. El muchacho siguió observándola coquetamente. Quiso marcharse, se sentía avergonzada por lo sucedido, más porque había sucedido frente a todos los chicos de su clase. Se volteo con la intención de irse, pero su orgullo podía más. Se volvió hacia Arnie, lo miro con furia y le propino un durísimo golpe con el puño cerrado, en la mejilla. Debido a semejante golpe el muchacho cayó al suelo, ante la perpleja mirada de todos los varones. El rubio trato de componerse, sentándose y tocándose con dolor la mejilla.
- Te me vuelves a acercar y te trituro - lo amenazo la chica mostrándole el puño, tras lo cual huyo del campo.
- Como se te ocurre besarla Arnie? Estas demente? - le decía Sid mientras, junto con el resto de los chicos, lo ayudaban a ponerse de pie.
- Es una fiera! Hay que estar loco para querer acercarse a ella! - exclamo Stinky.
Arnie seguía algo aturdido con el golpe. Se esforzó por colocarse de pie, se limpió la ropa y quedo mirando en dirección hacia donde la niña había huido.
- Lo valió, y si pudiera, lo volvería a hacer - dijo con decisión.
- Si, estás loco, definitivamente - espeto Sid, mientras el rubio comenzaba a alejarse. En ese momento, Arnold se acercaba con su amigo Gerald, y se encontraron con Arnie, quien llevaba el rostro hinchado.
- Arnie? Que te sucedió? - pregunto con preocupación el cabeza de balón. Arnie no contesto. Hizo que Arnold soltara de su brazo, y siguió su camino sin decir una palabra.
- Chicos, que sucedió? Tuvo una pelea Arnie? - corrió a preguntar Gerald a los muchachos.
- Fue Helga - contesto Sid.
- Si, la marimacha de Helga le propino sendo golpe al pobre muchacho - vocifero Harold.
- Pero por qué? Que hizo que Helga lo golpeara? - volvió a preguntar Arnold.
- Arnie la tomó por sorpresa y la beso - ante esta respuesta Arnold sintió que una gota de agua fría le corría por la espalda. Estaba sorprendido, iracundo, entristecido, todo al mismo tiempo.
- Puedes creer que se haya atrevido a besar a Helga? Jajaja pobre idiota - rio Sid acompañado de Harold y Stinky. Eugene reía tímidamente, sin embargo noto el rostro de preocupación de Arnold, por lo que se acercó a él.
- Arnold, no te preocupes. Tu primo estará bien. Probablemente ahora solo le duele su orgullo más que su mejilla - trato de consolarlo.
- Gracias Eugene. Gerald, debo regresar a casa. Veré como esta…
- Si, lo sé. Ahí me avisas como resulto todo viejo - contesto el moreno.
- Arnie, jajaja. No podrías haber hecho que las cosas sucedieran de mejor manera! - se dijo recordando los eventos ocurridos en el campo Gerald - Esto se está convirtiendo en toda una telenovela! Aunque al menos yo, ya se el final de esta - rio maliciosamente.
*** Espero no aburrirl s finalizando cada capitulo con algun pensamiento malicioso del ente que persigue a la feliz pareja, pero deseo que vayan entendiendo como el odio de este individuo va creciendo producto de como ha hecho un pasatiempo el espiarlos. Que tengan un lindo fin de semana! ***
