Casey POV

Desperté con las manos atadas alrededor del tronco de un roble y un grupo de guerreros-esqueleto y dioses mirándome fijamente.

"Ya era hora de que despertases" dijo un dios que me parecía familiar.

"¿Q-Qué estoy haciendo aquí?" pregunté.

"Tenemos unos asuntos pendientes que resolver" contestó secamente colocando su dedo índice y su pulgar en un ángulo de noventa grados formando una pistola. Fingió dispararme y sopló su dedo para que el humo imaginario desapareciera. "Eso de las novatadas ya ha empezado. Te han hablado de ellas, ¿verdad?"

Entonces lo reconocí. Éste era el dios que me había apuntado con una pistola de verdad hace un año, cuando mis amigos y yo fuimos de misión para encontrar a la diosa Iris. La habían raptado porque ella es la diosa de los video-mensajes instantáneos y querían que no contactáramos con el Olimpo de ninguna posibilidad. Así que una vez la rescatamos, los MI (mensajes Iris) nos permitieron contactar con el Olimpo otra vez.

"Sé quién eres" le confirmé.

"Ah, ¿de verdad?" pude escuchar el tono de sarcasmo en su fría voz. "Creía que hoy en día solo reconocíais a los olímpicos. Pero dime, niña, ¿sabes cómo me llamo?"

Negué con la cabeza. El inmortal rió a carcajadas y luego me fulminó con la mirada.

"Soy Deimos, la personificación del terror. Y éstos son Fobos y Enios" dijo señalando a dos de sus compañeros. "Son-"

"Ya sé quiénes son" espeté.

Los tres me miraron sorprendidos y me hicieron una señal con la cabeza para que hablara.

"Fobos es la personificación del miedo y Enios es la diosa o personificación del horror."

"¿Y cómo lo sabes?" preguntó la diosa.

"Porque lo he estudiado. Nos lo han enseñado en clase millones de veces y en el campamento también. Pero habrá una guerra porque creéis que nadie os conoce o no sois tan importantes como los olímpicos y no es así. Sin vosotros no hubiera existido ni la mitad de los mitos que existen ahora. Sois tan importantes como los demás."

Enios parecía empezar a comprenderme pero Fobos la detuvo.

"No te lo creas, hermana. Está mintiendo. Quiere engañarte para que no luches."

No podía creerme lo que mis oídos escuchaban. Acababa de demostrarles que la gente sí los conoce. Sabía que los dioses podían llegar a ser bobos, pero a ese nivel era casi alcanzarlos. Incluso las moscas parecen más inteligentes a su lado.
La conversa terminó cuando llegó un cíclope sosteniendo una barra de metal con unos guantes protectores por un extremo. Al otro extremo de la barra había una inscripción ardiendo al rojo vivo; IMPURA. Noté como empezaba a sudar más de la cuenta y que el corazón me palpitaba frenéticamente. Iban a marcarme como al ganado de una granja.
Una multitud enorme de monstruos y dioses se acercaron para presenciar el acontecimiento. Busqué a Alex por todos lados. Aunque él no era bueno, tampoco permitiría que me hicieran eso. ¿Por qué no estaba en ningún lado? ¿Se puede saber qué hacía?

MIENTRAS TANTO, EN CAMPAMENTO MESTIZO...

Jake POV

Los del campamento romano acababan de llegar y se instalaron en las cabañas; cada uno en la de su correspondiente progenitor griego. Poseidón-Neptuno, Afrodita-Venus, Ares-Marte...
Como no había camas de sobra en la mayoría de las cabañas tuvimos que ofrecerles sacos de dormir. En mi caso, no necesitamos ninguno porque es bastante raro que nazca un hijo de los tres grandes; Zeus, Poseidón y Hades. Percy, Tyson y yo convivíamos juntos en la cabaña número tres del campamento y dentro había seis camas. Las cazadoras de Artemisa también se presentaron y se instalaron en la cabaña ocho, la de la diosa la cacería, la castidad y la luna, Artemisa.
En la cabaña 3 acogimos encantados a un hermanastro nuestro del lado romano de la familia. Se llamaba Andrew, tenía trece años y era bastante bajito. Intentamos no molestarle, pero parece que él no lo hizo con nosotros. Cinco minutos nada más haberse instalado en la cabaña, ya tenía su música rap puesta. No te diré que no me gusta, es solo que el volumen estaba a tope y yo intentaba terminar un trabajo que mi tutor me mandó hacer si quería aprobar el curso. Encima, Annabeth y Grover se estaban discutiendo con Percy por que se había olvidado de ir a dar la bienvenida a los romanos y Tyson intentaba seguir la letra de una de las canciones de Andrew. Entre la música y sus gritos, la cabeza me daba vueltas y vueltas, y más vueltas.

"¡Podéis parar de una vez!" gruñí. Luego me di cuenta de mi reacción y me ruboricé. "Lo siento, no quería decirlo de ese modo."

Todos me miraban asustados excepto Annabeth, que comprendía lo que me pasaba. Ella es hija de Atenea, y todos los hijos de la diosa de la sabiduría necesitan concentrarse para estudiar o trabajar en nuevos proyectos. Casey era bastante parecida a Annabeth, solo que mi mejor amiga era más joven, alocada y bonita, desde mi punto de vista.

"Perdón" se disculpó la chica. "No teníamos la intención de molestarte."

"Qué mala leche, tío" murmuró Andrew, quién estaba jugando con su IPod.

"Si Percy no se hubiera olvidado, ahora no estaríamos discutiéndonos y podrías concentrarte..." intervino Grover.

"Vamos niño cabra, que seas un sátiro no quiere decir que nunca se te olvide nada" replicó mi hermanastro.

Los dos se pusieron a discutir y Tyson intentó calmarlos. Andrew estaba saltando en la cama de Percy y les animaba a que se pelearan a puñetazos. Romanos, solo quieren luchar. Pero Percy y Grover no llegarían nunca a los puños, ellos no eran así.
Y otra vez, el silencio se rompía.

"¡Eh, chicos!" aulló Annabeth. "¡Mirad eso!"

Con su dedo índice señaló detrás de mí y todos nos dimos la vuelta para ver qué había. Una nube se estaba desvaneciendo y la imagen de un hombre ocupó su lugar. Nos acababan de enviar un MI.
Aquella mirada penetrante... me sonaba de algo. Me recordaba a alguien. Y por la sensación, era alguien por quien no sentía mucho aprecio. El hombre se encontraba en medio de un bosque y sonreía maliciosamente. Tenía un presentimiento de que esa persona no tenía una parte humana o monstruosa...

"¡Jake Morrison!" exclamó. "Deseaba, por fin, poder hablar contigo."

"¿Cómo me conoces?"

"Soy Adonis, niño" fanfarroneó. "Los dioses lo sabemos todo."

"Espera, ¡tú eres el cabeza del otro bando!" lo acusé enfurecido. "¡Querías que me uniese a ti y ahora te has llevado a Casey y a Alex contigo!"

Rió en aires de superioridad y levantó un colgante con el dedo meñique. Aquel colgante...

"¿Te suena de algo?" preguntó.

Aquel colgante era mi alma. Era lo que me mantenía anclado en la vida y en la invencibilidad. Annabeth se me acercó y me miró buscando alguna explicación.

"Jake, ¿estás sometido a la Maldición del Fénix?"

"Eh... yo... no quería. Fue sin querer" balbuceé.

Abrió los ojos como platos y me miró. Luego a Percy y luego a mi otra vez. Sabía lo que pensaba, cómo Percy también era invencible- hace unos años se sometió a la Maldición de Aquiles - pensaba que yo creía que también podría serlo.

"Jake, esas maldiciones pueden hacerte invencible, pero te vuelven más vulnerables..." dijo intranquila.

"¿De dónde lo has sacado?" pregunté a Adonis ignorando a Annabeth.

"Tú querida amiga me lo dio. ¿A caso no es obvio? Primero te hace confiar en ella para que le des el colgante, luego te traiciona y me lo da a mí."

"Casey no es así, ella no sería capaz de hacer esto" repuso Tyson.

"¡Ha! Cíclope, Casey ha estado en nuestro bando desde mucho antes que os conociera a vosotros. Ha sido todo una farsa."

Negué varias veces con la cabeza. "No, no, no, ¡no! ¡Casey nunca haría algo así!"

"Ah, pequeño hombre. El amor te ha cegado. Casey solo quería que te enamorases de ella para ganar tu confianza. ¿Te acuerdas de sus palabras cuando te besó? Yo te las voy a rememorar: 'Sólo lo haré por nuestra amistad.'"

"Espera un momento. ¿Tú has besado a la piba de la que todo el mundo habla?" Andrew preguntó escéptico.

"¿Pero por qué quieres mi alma?" pregunté fingiendo que no había oído a Andrew.

"¡Porqué ella solo puede enamorarse de mí y no de ti! Y esa es la forma más fácil que tengo para deshacerme de un estúpido como tú."

"Eso no es verdad" contesté. "Ella está enamorada de Alex."

Pude oír un grito agonizante. Venía del MI de Adonis, que se giró preocupado hacia donde venía el sonido. Aquel grito me inquietó, me partió el corazón en dos.

"Debo irme, mestizo. Pero te juro que si intentas acercarte a Casey voy a destruirte." Vi como el dios desvanecía el mensaje con su mano y nos dejaba de pie sin poder creer lo que acababa de ocurrir.

"¿Has besado a Casey?" preguntó Grover.

No iba a contestar a esa pregunta. No era de su incumbencia. Solo era un tema del que intentaba librarme, olvidarme y no pensar nunca más en ello. Fue un error creer que podría haber algo más. Pero aún así, sabía que Casey nunca me habría traicionado de ese modo.
Durante la cena contamos a Quirón lo sucedido. No podía creérselo. Pero yo no me encontraba bien. Aunque todo apuntaba a que Casey nos había traicionado, yo quería creer que no era así. Pero Adonis tenía mi alma en su poder y dijo que ella se lo dio.

Al parecer Andrew contó a todo el mundo el tema del 'beso' con Casey, que en realidad solo fue la mitad que terminó por convertirse en uno entero. Los campistas me miraban compadeciéndome por lo ocurrido. Mark y Denisse estuvieron junto a mí todo el rato pero no se atrevieron a decir nada. Para mí ya estaba bien, no necesitaba dañarme aún más. Debía dejar que las heridas que había en mi sanasen para dejar lugar a unas nuevas.
Cuando todo el mundo estaba cantando, contando chistes o comiendo malvaviscos, aproveché para ir a dar un paseo en la playa a la luz de la luna.
Me senté en la arena y algunos pensamientos inundaron mi cabeza. ¿Qué pasaría si Adonis rompiese el bote de cristal que contiene mi alma? ¿Casey permitiría que me matasen?
Alguien se sentó delante de mí interrumpiendo mis pensamientos. Era Thalia, una de las cazadoras de Artemisa.
El árbol donde el dragón Peleo vigila las fronteras del campamento se llama el Pino de Thalia, que tiene el nombre en su honor. Años atrás, Thalia, hija del todopoderoso Zeus, sacrificó su vida para salvar las de Luke y Annabeth. Un tiempo después, Cronos tramó un plan para devolverle la vida. Una profecía hablaba que cuando un hijo de los tres grandes cumpliera dieciséis, se desencadenaría una temible guerra. Y así fue. Thalia decidió convertirse en cazadora de Artemisa y no cumplir nunca los dieciséis, así Percy tendría la oportunidad de ser el niño de la profecía.
La chica cruzó las piernas y me miró compasivamente con unos ojos pintados de negro oscuro que destacaban con el color de su iris azul eléctrico. Aún siendo una cazadora de Artemisa, mantiene los rasgos de su padre, el dios de los dioses y del cielo.

"¿Estás bien?" preguntó con un hilo de voz.

"Sí" mentí. "¿Por qué lo preguntas?"

"Porque Percy vivió una situación un poco parecida en el tema del amor y no se lo pasó nada bien."

"Pero Annabeth nunca lo traicionó" puntué.

"He dicho que era un poco parecida, merluzo."

"Ah, ya."

"No sufras. Debes superarlo y seguir adelante. Encontrarás a alguien adecuado para ti" intentó convencerme. "Alguien que no sería capaz de ofrecer tu alma a los malos."

"Yo... yo sigo sin estar seguro de que nos esté traicionando" susurré. "No puede hacerme esto, es mi mejor amiga."

Thalia me abrazó y pasó su pulgar por mi mejilla. Al principio no supe por qué, pero más tarde me di cuenta de que estaba llorando delante de una chica. Eso iba a darme una mala imagen, pero ahora mismo no me importaba demasiado.

Casey POV

Alex no estaba entre la multitud. Un cíclope me levantó un poco la camiseta hasta dejarme la parte inferior de mi espalda desnuda. Vi como Lamos intentaba abrirse paso entre los monstruos para impedir que me tocasen, pero dostelekhines enormes- demonios del mar, hijos de Talasa y Ponto, con cabeza de perro, cuerpo de león marino y manos y pies palmípedos con una pequeña cola de pez- y le apuntaron al cuello con sus lanzas.

"¡No!" gritó para impedir que me sellaran.

Pero ya era demasiado tarde. Tenía el metal ardiente a unos seis centímetros de mi espalda y ya pude notar el dolor. Los que presenciaban el momento gritaban eufóricos y coceaban el suelo emocionados por qué me marcaran. Apreté los ojos con fuerza y me aferré al tronco del árbol. Aquello iba a doler, pero tendría que pasar por ello si quería salvar a Jake.
Dolor, angustia, son lo que mejor describen el efecto que sentí al entrar en contacto con el metal al rojo vivo. La espalda me quemaba y creía que el marcador sería capaz de atravesar mi piel, incluso los huesos, de tan caliente que estaba. Prefería morir envenenada a sentir aquel dolor, pero tenía que aguantarme. Solté un grito aterrador. Grité con todas mis fuerzas para no desmayarme del dolor que sentía. Noté como la sangre me hervía en las venas y cómo se derramaba por mi espalda marcada.
De repente, todo el mundo desapareció en cinco segundos. El marcador, aún caliente, cayó al suelo del bosque. No sabía lo que acababa de ocurrir, pero estaba agradecida de que hubiera terminado. Caí al suelo de rodillas y me abracé con fuerza al roble al que me encontraba atada con grilletes. La camiseta cayó por mi espalda ocultando la terrible señal que acababan de ofrecerme. Noté que tenía el pecho húmedo de las lágrimas que derramé. No podía respirar. No podía gritar. No podía sentir. Lo único que pude hacer fue llorar desconsoladamente. Jake, perdóname...pensé.

"¡Casey!" gritó Adonis arrodillándose a mi lado. Ahora lo entendí, él era la razón por la que me dejaron en paz. "¡¿Qué te han hecho? ¡Respóndeme!"

"Yo... yo..." no podía hablar; el cuello me dolía del grito que di segundos atrás.

"Sagrado Olimpo" murmuró mirando por debajo de mi top. "Estás sangrando y..."

La voz se le entrecortó y no pudo terminar la frase. Chasqueó los dedos y los grilletes que me mantenían inmóvil alrededor del tronco desaparecieron. Caí al suelo sin fuerza alguna y el dios me tomó en brazos. Murmuró algo que no pude entender y me llevó a mi habitación. Cuando por fin estuve tumbada en la cama, perdí el conocimiento.