Bajo el mismo techo

Capítulo 9

Hechizo

A medida que iba conociéndolo mejor, le parecía cada vez mas fascinante. Además de algún otro sentimiento aún no admitido.

Para alivianar un poco la tensión del ambiente, y para intentar sacar a Inuyasha de una situación un tanto incómoda, Kagome sonrió amablemente y les pidió a los chicos que tocaran algo más. Quería escucharlo... oír la melodía acompañando a su voz... quería sentirla, tal como sentía cada una de sus palabras, sentir cada una de las notas emitidas por su garganta.

Inuyasha se opuso durante unos minutos, pero fue rápidamente convencido por Kouga, y su conflictiva, pero eficiente forma de persuadir a Inuyasha. Su punto débil era su orgullo. Bastó con que Kouga lo acusara de gallina para persuadirlo de cantar.

Los chicos volvieron a sus posiciones, cada uno con un instrumento, y las notas empezaron a fluir.

Una preciosa y rápida introducción de guitarra, y luego se escuchó la suave y fina voz del chico, adornando aquella melodía. Una canción rápida... pero al mismo tiempo dulce. Subiendo de intensidad tan rápidamente como luego bajaba. Y la voz... esa voz que la sumía en un sentimiento... en una ilusión. La apartaba del mundo. No tenía conciencia de estar sentada en aquel banco, no se sentía realmente... slo sentía aquella melodía, y aquella dulce, y a veces fuerte y hermosa voz que parecía seducirla intencionadamente a cada compás. Era casi un hechizo.

En un momento de la canción, la melodía se suavizaba, la batería apagaba un poco el compás... el bajo se callaba... un punteo especial de guitarra, y palabras... palabras de amor, no cantaba... ahora sólo las decía... evitaba mirarle, se concentraba en su guitarra. La sentía demasiado cerca para no hacer intima la situación.

Sus mejillas ardían... pero no podía ocultarlo, intentaba ignorarlo... mientras seguía suzurrando aquella poesía. Levantó lentamente la mirada, y sus ojos se encontraron con un par de avellanas, observándolo con interés, con dulzura y con... ¿cómo podía interpretarse ese tercer sentimiento que acababa de descubrir en su mirada?

La batería volvió a hacerse notar, el bajo la acompañaba... la melodía volvía a adquirir la intensidad anterior, y él volvía a cantar... volvía a seducirla. Oh cómo la manejaba a su antojo con sólo cantar, con sólo adornar con notas musicales su suave voz. Escucharlo podía ser su perdición, no podía evitar quedársele mirando sin poder apartar sus ojos de sus orbes doradas, se prometió mentalmente no dejarle notar lo vulnerable que la volvía escucharlo cantar... era posible que pudiera aprovecharse de eso. Aunque en el fondo sabía muy bien que él no era ese tipo de hombre, pero su orgullo no le permitiría mostrarle aquella recientemente descubierta debilidad de su firme personalidad. O de lo que ella intentaba mostrar como su personalidad. Si, lo admitía, solía hacerse ver más fuerte de lo que realmente era, pero era su única defensa. Ante Inuyasha, aquella muralla que constituía un obstáculo para la mayoría, se volvía una cortina de papel, una pared de aire, una reja de luz... quedaba indefensa a sus encantos. Pero qué le iba a hacer? tenía que aceptarlo, su corazón tenía un nuevo dueño, ya no podía ocultarlo más.

Cuando la musica se apagó lentamente hasta quedar todo el recinto en silencio, Kagome volvió a la realidad, y con una sonrisa, aplaudió entusiasmada y deleitada con el espectáculo. Aún se sentía un poco ida, así que no dijo mucho, sólo dejó a los chicos que siguieran discutiendo y arreglando los ultimos detalles, faltaban sólo treinta minutos para que empezara el show, y el café abría sus puertas en tan sólo 15 minutos. Kagome se dedicó a ordenar un poco las mesas. En eso llegaron las meseras, y el resto del personal. Era hora de abrir.

Se sentó en la mesa más próxima al escenario, y aún sumida en sus pensamientos, observó como empezaba a entrar la gente. Tuvo que despertar cuando, sin darse cuenta cómo, vio a Sango que le hablaba sentada a su lado. Recién en ese momento reaccionó, y sobresaltándose saludó efusivamente a su amiga, aun un poco sorprendida.

- ¿Estás aquí desde muy temprano? - preguntó la recién llegada, un tanto extrañada por la actitud distante de su amiga, ella solía prestar más atención a lo que pasaba a su alrededor, no era el tipo de chica que anda en las nubes todo el día.

- Eh.. no, desde hace más o menos media hora... dime ¿a ti te invitó Miroku?

- Bueno... sí, pero además puso varios anuncios en las paredes de la universidad.

- Ah... ya veo - dijo Kagome, mientras miraba atentamente a su alrededor en busca de cierto chico de cabellos plateados.

- Eh... Kagome?... podrías decirme qué te pasa?

- A mi? - Sango no respondió, se limitó a mirarla con obviedad - bueno... nada, sólo estoy un poco distraída.

- Si, lo noté, pero ¿cual es esa distracción? - preguntó con evidente malicia - esa distracción tiene un nombre, cabellos plateados, y ojos dorados o no?

- No!... no

- Mmm seguro que no - sonrió Sango - en fin, ya falta poco para que empiecen a tocar. Qué tal si pedimos un par de sodas.

- Aja - asintió Kagome, mirando hacia la silla vacía en la que hasta hace unos momentos estaba Inuyasha sentado.

El espectáculo transcurrió de lo mejor. Los chicos reciebieron la aprobación del público, quien los llenó de aplausos. Todo había salido realmente bien, y los nervios de Inuyasha finalmente se habían disipado. Kagome sufrió de esa especie de trance en el que se sumía cada vexz que escuchaba la voz de Inuyasha acompañar la melodía. A tal punto que Sango tuvo que resignarse a que no escuchara ninguno de sus comentarios, pues no reaccionaba ante sus palabras. Realmente parecía hechizada.

Ya acabado todo, cuando ya habían desmantelado el escenario y guardado todos los equipos, los tres chicos y las muchachas salieron a la puerta del café.

- Bien, yo me voy chicos, los felicito.. lo hicieron muy bien - se despidió Sango, se disponía a irse, pero cuando se volteraba, Miroku la detuvo, ofreciéndose a acompañarla a su casa. Ella, un tanto cohibida le aceptó, "bueno, es mejor pervertido conocido que violador por conocer" pensó Sango, justificandose mentalmente el aceptar aquel ofreciemiento.

- Bueno, yo también me voy - dijo Kouga - bien hecho cara de perro - agregó como despedida.

- Lobo sarnoso - contestó entre dientes Inuyasha. No estaba de ánimos para ponerse a pelear en ese momento. Ya era muy tarde y no quería que le arruinara el día una pequeñez. Además estaba con Kagome, y ya debía querer volver a la casa.

Kagome suspiró y siguió a Inuyasha hasta la motocicleta. Se pusieron los cascos, y sin necesidad de decirse nada, emprendieron el camino de vuelta.

Kagome debía admitir que Inuyasha era un excelente conductor. A pesar de ir a una alta velocidad, controlaba muy bien la motocicleta, y respetaba todas las señales del tránsito.

La chica iba observando la calle a su alrededor. Era bastante tarde, y a pesar de ser día de semana se veía mucha gente detro de los bares y lugares de ese tipo. Ya faltaban unas pocas cuadras para llegar. Inuyasha se detuvo en una luz roja y cuando cambió a verde, aceleró. En ese momento una fuerte luz los iluminó del costado derecho, y Kagome observño horrorizada cómo un automóvil se acercaba a gran velocidad hacia ellos, se había pasado la luz rojas, y ya no había tiempo para frenar. Estaba a unos pocos metros de arrollarlos. Todo pasaba ante sus ojos en cámara lenta, y ella no podía hacer nada, sólo prepararse para el golpe.

Inuyasha también lo había visto... a la velocidad qeu iba no alcanzaba a pasar sin que el automóvil los alcanzara... tampoco podía hacerse a un lado... al igual que Kagome, veía todo pasar en cámara lenta, y en una fracción de segundo tomó la desición. No podía arriesgar la vida de Kagome así. Presionó fuertemente el freno del lado derecho, y la cola de la motocileta dio un giro de 180º, quedando sólo esta porción de la motocicleta fuera del alcanze del automóvil. Un metro... medio metro... veinte centímetros... diez. En un ágil movimiento, Inuyasha se echó hacia atrás, empujando a la chica con su espalda, haciéndola caer de la motocicleta. Cinco... dos... Después de eso no se enteró de nada más... lo último que vio fueron las luces del automóvil encima.

Kagome estaba impactada y desorientada. Su trasero dolía mucho, había recibido un fuerte golpe contra el pavimento... pero ¿cómo? ¿Cómo es que no estaba abajo del las ruedas del coche? Una vez que logró reaccionar, se quitó el casco, se levantó como pudo, y corrió hacia la motocicleta, con lágrimas brotando de sus ojos avellana. El coche había frenado y detenido sobre la acera... sin mostrar movimiento de sus ocupantes, pero eso a Kagome no le preocupaba. Lo único que podía pensar era en Inuyasha. Corrió hacia la motocicleta, y a unos diez metros de ella se veía un bulto en el suelo. El corazón de la chica se contrajo con desesperación y continuó corriendo sin saber nada más. Inuyasha había sido arrollado... había logrado salvarla a ella y ahora yacía en el pavimento de esa calle vacía y oscura. "Inuyasha... Inuyasha... Inuyasha" pensaba Kagome desesperada. Por fin logró llegar a su lado. Lo observó sin saber qué hacer, estaba inconsciente... o quizás muerto.

Más lágrimas brotaron de sus ojos al plantearse ese pensamiento, y temblorosa, buscó entre sus bolsillos, su teléfono celular. Sin poder ver claramente debido a las lágrimas, y temblando logró marcar el número de emergencias, y con la voz alterada por la desesperación pidió a gritos una ambulancia.

- Inuyasha... Inuyasha por favor resiste... no te mueras. - lloraba sobre el chico, sin tocarlo por miedo a que tuviera algo roto. Con todo el cuidado que pudo, le sacó el casco, descubriendo aliviada que no tenía ninguna herida externa en la cabeza. Ahora yacía en aquella calle con los cabellos blancos esparcidos por el pavimento, como hilos de plata... inmóvil.

Para Kagome pasaron horas, mientras lloraba impotente frente al cuerpo inmóvil del chico, esperando por la ayuda. Por fin, escuchó las sirenas a lo lejos, con esfuerzo, y sin prestar atención al dolor de sus muñecas y su trasero se levantó para que los vieran. Todo a su alrededor lo sentía confuso... todo distorsionado. Apenas escuchaba las voces de los paramédicos que intentaba llevarla a la ambulancia, mientras los otros ponían a Inuyasha en una camilla. Kagome no lograba entender bien lo que le decían, y sólo cuando escuchó 'está vivo' de uno de los paramédicos, se dejó llevar por los otros, desvaneciéndose antes de alcanzar la ambulancia.

Continuará...

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Hola! heme aquí de nuevo!

Lamento todo lo que me he demorado, pero ya van a tener las correspondientes explicaciones, se las merecen. Soy una mala persona, pero las razones de la demora se las explico en la sorpresa que les tengo, así que estén atentos. Jejeje

Uf! nunca había escrito algo así, no sé si habré logrado plasmar la emoción que pretendía que se demostrara '.

Pensaba hacer el capítulo un poco más largo, pero pensé que era más emocionante si lo dejaba hasta aquí. No me odien! xD

Espero que les haya gustado, y que apacigue un poco el odio que deben de tenerme xD

Mil gracias por todos los reviews y trataré de exprimirme el seso para poder actualizar pronto. Además de encontrar un momento en que escribir. Pues, el fin del año escolar es siempre algo muy estresante. Tengo las dos semanas siguentes completamente colapsadas de cosas. Uf! pero espero que por lo menos disfruten este capítulo.

Au revoir!