Holaa! Aqui otro capitulo!

Escrita por: Bryan R. Miller, tengo su permiso para publicar esta historia. Algunos personajes son de la autoria de Suzanne, y otras de Bryan.


Me le adelante a la alarma que suena en alguna parte de la habitación debido a una extraña pesadilla donde recordaba estar estrechando la mano de todos los vencedores y después me iba corriendo a un campo de minas solo para que ellos sobrevivieran, ficción que no iba muy lejos de la realidad en la que ahora me encontraba.

El hambre me llega casi al mismo tiempo que el asco, pero ahora no recibiría más que agua. Mi ropa esta tirada en una esquina de la habitación, en todos los lugares, probablemente fue anoche cuando me la quite creyendo que mi cuerpo se estaba quemando debido a las minas así que me encuentro en ropa interior.

— ¿Has dormido bien? — dice mi mentor entrando a la habitación con una caja blanca en manos.

Yo asiento, sin mirarlo a la cara. Escucho los movimientos que le hace a su brazalector para quitarle el seguro a una puerta de caoba blanca a mi izquierda la cual nunca supe que tenía seguro, es decir, cuando sabes que eres un prisionero, no te molestas en ver que puertas están abiertas y cuáles no.

— Toma un baño — me señala y al mismo tiempo me da la caja blanca.

Lo hago, este baño fue más normal que el ultimo que tome, solo me ducho con agua caliente y me seco, abro la caja y noto el uniforme que tengo que usar: botas negras, pantalón café oscuro, una chamarra negra de manga larga con dos bolsillos inferiores pero sobre todo lo que llama mas mi atención es la playera verde bandera, es mi estrategia hecha una prenda, ahí bajo el color podía ver aun las rayas negras de la pluma que ayudan al camuflaje. Y yo que creía que la chica felina solo hacia trabajos con pieles de animal, termino de vestirme y salgo de nuevo al cuarto donde en vez de la figura corpulenta de mi mentor, están sus ojos llorosos mirándome, solo él, mirándome, yo me quedo en la puerta del baño hasta que suena indicando que no podre entrar de nuevo.

— Todo este tiempo fue una trampa — le digo.

— Ellos mismo me estaban ayudando a salir de Capitolio — comienza el mirando el suelo, a juegos.

Pero ambos subestimamos su plan y ahora estamos aquí, el parece llorar de la impotencia ahora cuando se acerca a mi no pongo resistencia.

— Te odio — le digo enojado pero se me quiebra la voz — debiste haberme entregado desde un principio.

Me permito sentir eso que no sentía desde hace mucho tiempo, el calor de un abrazo, de él, sentir que lo necesito. Recuerdo la amargura de las despedidas que me invadían esas noches en las que no sabía

si volvería a ver a mis hermanos alguna vez. Me quiebro en sus brazos sin importarme nada, para mis adentros daba por hecho que nunca más volvería a ver a mi padre.

Los rebeldes entran y dicen que el tiempo se acabo, se lo llevan para dejarme ahí.

— Wil siempre fuiste un chico listo, confió en que lo lograras — me dice antes de que la puerta se cierre de nuevo.

Me quedo solo, tratando de captar sus palabras de aliento, porque estaba claro que por encima de su dolor esta el deseo de que quería volver a verme.

Tomo el agua que me han dejado los rebeldes y espero sentado en una esquina del cuarto meditando el plan que ahora traía puesto como prenda.

— ¿Estás listo? — dice mi mentor entrando otra vez.

— Si — le digo mientras me paro.

Salimos y entramos a otro aerodeslizador donde entran otro par de tributos, todos ellos acompañados de una escolta rebelde, no hay nadie que conozca entre ellos o más bien no me dedico mucho tiempo al mirarlos, yo mismo llegue a la conclusión de que no me serviría de nada, no cuando todos ellos estaban palidecidos del miedo. Al final del traslado llegamos a una especie de túnel que lleva bajo tierra que será nuestra última estancia antes de entrar a la arena, donde se extiende en un pasillo enorme color crema, mi mentor va caminando a mi lado sosteniéndome por el brazo, escucho gritos de frustración a lo lejos, un rebelde nos abre un compartimiento que es un pequeño cuarto donde apenas caben 4 personas y ya adentro no logro escuchar nada, solo hay un sofá y el tubo que supongo me transportara a la arena.

— Hay un acuerdo — dice Valer en tono decidido.

— ¿Qué acuerdo?

— Plutarch convence a la presidenta de que haya más de un solo vencedor —dice.

Algo en mi interior da revuelcos y creo que los ojos me tiritan.

— ¿Cuántos? — pregunto.

— Aun no lo sé, pero podrían ser más de dos.

No quería ser igual que las personas que me habían llevado hasta aquí o peor, pero para mí eso era más que perfecto, podría salir de esta junto con Frevor y en un rincón de mi mente comienzo a considerar a Katniss pero de manera distante.

— No lo creo — le digo, como si este fuese otro movimiento de su plan, como si pudiese oler la traición bajo sus palabras.

— Wil, son mas cien vidas en juego, piénsalo.

La presidenta Coin tendría que aceptarlo, es decir, no es que en el segundo Vasallaje de los Veinticinco lo hayan considerado solo por ser el doble de tributos, pero esta vez tenían que hacerlo ¿no?, ¿Podría creer en Valer? O más bien ¿podría creer en que la fundadora de los juegos lo aprobaría? No le convendría ya que si hace eso habría más probabilidades de que Katniss saliera de la arena aunque por otro lado si la dejaba morir en la arena la convertiría en lo que Snow temió: un mártir de la causa, al

— Wil — comienza el, como si viese mi estupefacción ante lo que me acababa de decir

— sal vivo de la arena.

No me da tiempo de responder, un rebelde entra de forma apresurada junto con otro chico como de mi edad; por su aspecto demacrado y casi sin vida junto con su atuendo rebelde, noto de inmediato que es un avox, a los que yo creía que no usarían mas cuando murió Snow, pero la verdad es que no cambiaron mucho las cosas con su muerte. El chico lleva un maletín plateado en sus manos y lo abre para que el agente de la paz saque la jeringa y me inserte el rastreador.

— Dos minutos — dice esto y se marcha.

Se marchan junto con el avox, no hay necesidad de quedarse a revisar si subes o no a la plataforma; cuando comenzaban los juegos hacen chequeos en todas las habitaciones y si te quedaste, un tiro a la cabeza solucionaba el problema. O subes a la plataforma y luchas por tu vida o simplemente te resignas a recibir la muerte rápida.

— Sube a la plataforma — me dice él, lo hago y me volteo para verlo por última vez — recuerda, agua, comida, mantente en constante movimiento y no hay necesidad de actuar, solo guarda silencio…ya lo demás dependerá de ti.

— En efecto — digo, pero ya no me escucha

el cristal entre él y yo se ha materializado.

Comienzo a elevarme hacia la oscuridad que parece eterna, los recuerdos vienen a mí sin necesidad de recurrir a ellos y sé que nada sería igual de ahora en adelante. La luz de mediodía me da en la cara y después enfrente de mí hay tierra árida, reseca; solo una parte después comien genero, es como una larga fila hacia mi derecha y a la izquierda de tributos, que rodeaban la forma semicircular de la arena, todo ellos en la orilla de un gran acantilado que teníamos a nuestra espalda. Después miro hacia el frente donde estaba la tierra árida, donde comienzan a levantarse piedras que obstruyen el camino, pero hay algo más sobre ellas, comida, armas y mochilas. En mi perímetro éramos cerca de treinta y las cosas ahí no superaban la docena.

La voz de Plutarch suena dando un pequeño discurso, mientras lanzo una última mirada mis adversarios, ni Frevor, ni ningún vencedor, los sesenta segundos transcurren y lo escucho decir:

— ¡Señoras y señores! ¡QUE COMIENCEN LOS ULTIMOS JUEGOS DEL HAMBRE!

El gong suena y doy un gran brinco para correr hacia los grandes árboles, pero el tramo se siente interminable y los ruidos del cañón, que ya comenzó a sonar, parecen dejarme ajeno a que el corazón me late al mil por hora. Me concentro en dejar las rocas de lado, donde los tributos ahora se estaban matando para hacerse con las cosas, mi único objetivo era llegar donde estaban los arboles para esconderme, pero un chico se acerca a mí con dos cuchillos, uno en cada mano, tomando el mango con firmeza para hacerme trizas apenas me alcance.

Me encorvo y ruedo por el suelo contra el haciéndolo tropezar con mi cuerpo y doy un traspié al tratar de incorporarme de nuevo para seguir corriendo. Me agacho nuevamente para tomar uno de los cuchillos que salió volando cuanto tropezó y sigo, miro a mis espaldas y ya todos se hicieron de los suministros pero hay una morral pequeño café, que por suerte nadie ha visto, corro en su dirección solo que otro tributo mas también lo ha hecho así que acelero, extiendo mi mano en su dirección para tomar uno de los tirantes pero él ha agarrado el otro extremo, lo jalo y el también, me da patadas para que la suelte pero le hago un corte en su pierna con el cuchillo y finalmente me hago del morral colgándomelo en un hombro ¿Cuántas veces ha sonado el cañón ya? ¿Veinte? ¿Treinta? Me mantengo concentrado en llegar a la vegetación la que ya está a pocos metros de mí aunque mis jadeos me avisan que me estoy quedando sin respiración.

Ya estoy ahí, salto entre las raíces y la maleza ¿y ahora? no sé a dónde ir, hay árboles en abundancia y no puedo ver si alguien me espera tras ellos, aunque no importaba lo lejos que llegara o a donde quisiera llegar los gritos se escuchaban en todas partes, me detengo en el tronco de un árbol para ocultarme mientras en el cielo sigue escuchándose el incesable sonido del cañón, no como hace unos minutos pero lo hace. Me agacho para que no me vean los tributos que pasan corriendo hacia las entrañas del lugar, empuñando el ya manchado cuchillo. Otros dos tributos me pasan de largo, entre ellos el chico musculoso de ojos negros que quería asesinarme con el cuchillo que ahora tenia, trepo al árbol de donde estaba y lo ancho que estaba me facilitaba un poco el subir y me quedo allí a esperar el momento adecuado para bajar nuevamente.

Tres pequeñas latas de atún, agua embotellada y vendaje, eso contenía el pequeño morral. La luz vespertina me quema los parpados, he estado aquí por mucho tiempo así que echo un vistazo abajo para ver si los tributos han dejado de rondar por la zona, ya que en un lapso de al menos 5 minutos un grito más se oye y el cañón suena. Hago un recuento en mi mente de los cañonazos del primer día, un poco arriba de cincuenta…y aun faltaba la noche, que era cuando mas tributos morían ¿Frevor seguiría vivo? En el nueve era muy escurridizo para robar comida, confiaba que aun lo estaba.

Ya abajo, solo se escucha el sonido de algún sinsajo sobre los arboles, no hay señal de algún otro tributo cerca, camino más hacia el fondo del lugar para ver si conseguía algunas frutas de algún árbol no quería abrir las latas de atún aun. De las copas de los arboles los pájaros salen volando dejándome sumergido en total silencio, todos se fueron, volaron a otra dirección lejos de ahí. Doy ligeros pasos para examinar a mí alrededor, no escuchaba nada y eso era lo que más me incomodaba y a mi derecha noto como hay una pequeña gotera que salpica en una roca. Al acercarme me doy cuenta que no es agua, lo noto por el color escarlata, y eso venia desde arriba, alzo la mirada y las densas ramas no me dejan ver de dónde viene hasta que noto como un brazo está siendo tratado con vendaje, vendas manchadas de rojo. Dejo de mirar cuando las ramas al fondo avisan que alguien trepa en ellas sin importar el ruido, en efecto, hacían mucho ruido.

El sonido de las ramas se vuelve más prominente y sé que debe haber alguien colgando sobre los arboles, o más bien, varios de ellos y se dirigían hacia donde yo estaba, me escondo debajo de la roca donde caía la sangre donde había un hueco ancho, entro quedando boca abajo.

El ruido entre los arboles dejo de producirse y en vez de eso escucho el grito de terror de una chica proveniente del cielo y después reino el silencio nuevamente, me quedo ahí unos segundos más y cuando estoy a punto de salir escucho un rugido muy fuerte proveniente de los árboles y me quedo inerte con apenas una mano afuera cuando el cuerpo de una chica rubia cae del cielo justo al lado del lugar donde yo estaba, mirándome con ojos moribundos. Estaría de mas pasar por alto el agujero en su cuello y las dos extremidades que le faltaban.

Su garganta esta bañada de rojo por la sangre que sale de su yugular. Sus ojos azules me miran desde el lugar en el que yace y sus epilépticos labios me piden una sola cosa: ayuda. Pero el cañón suena avisando su muerte. No podía evitar sentir terror, ningún tributo sería capaz de hacer esas cosas o mejor, sus bocas no median del tamaño del agujero que tenia la chica en el cuello. Se escucha un chillido más cercano y dos patas con garras mugrientas se posan a pocos centímetros de mi, la piel blanca mortecino con manchas moradas le daba el toque de putrefacción, había más de ellos puedo verlos ahí parados, contengo la respiración y en un último gemido las criaturas se marchan a grandes zancadas y sin pensarlo salgo de ahí rápido, con adrenalina corriendo por mi sangre inundando mis pulmones con aire caliente.

Antes de que llegara la noche abro una de las latas de atún para comerla, ya que poco después de haber corrido por 5 minutos la adrenalina me hizo vomitar de lo nervioso que estaba. Me reubique en un árbol un poco más grande que el primero y en la parte de en medio para estar alerta a algún tributo y de las criaturas que rondaban también por las copas de los arboles, aunque en mi recorrido no me encontré con ningún otro tributo sin contar a la chica muerta.

El frio de la noche comenzaba a sentirse pero este era más intenso de lo normal, después de todo este era un lugar artificial. Froto mis brazos para mandarle calor a mi cuerpo, pero también una señal a algún patrocinador de que necesitaba un saco de dormir para no morir congelado esa noche. Pero aun no había hecho nada para ganarme uno o lo que paso hoy en la tarde no fue suficientemente bueno: que evite con destreza a esas criaturas, pero también pudieron verme como el cobarde escondido bajo una roca, apostaba mas por lo segundo, así que esa noche no tendría nada que esperar.

Recordaba las noches en la azotea de mi casa lo primero en enfriarse eran mis manos así que corte las vendas para vendarme ambas manos, ya que si los dedos se me enfriaban no tendría oportunidad de trepar más alto o bajar. Mientras cubría mis dedos el aerodeslizador se materializo por los cielos mientras sonaba el himno mostrando los rostros de los tributos muertos. Han pasado ya treinta rostros y no elijo entre sentirme aliviado o sofocado, cuarenta, cincuenta y la cuenta termina en sesenta y cuatro tributos muertos para el primer día; ningún rostro conocido (excepto el de la chica), ningún vencedor, ni Frevor.

En el alba me despierta el sonido del cañón en el cielo ¿no cuantas veces tuve pesadillas con este lugar? Y ahora estaba aquí, reviviendo las pesadillas. Me quito los vendajes y espero a que mis manos se desentuman para poder bajar del árbol nuevamente, lo hago y camino para continuar con la búsqueda que deje inconclusa el día de ayer pero el suelo cruje y sé que hay alguien a escasos metros de mí, me volteo y aparece caminando muy tranquilamente el chico al que le quite el cuchillo con una sonrisa de oreja a oreja.

— De acuerdo, me descubriste — dice, riendo

— he venido aquí para pedirte alianza.

Su proposición no parece convencerme, aunque esté totalmente desarmado, mientras yo acaricio el arma en mi cinturón.

— No te creo — le digo.

— Siempre me esfuerzo por ser amable —

niega con una sonrisa decepcionada.

Cuando escucho otro ruido a mis espaldas no me da tiempo de reaccionar y darme cuenta que ya venía acompañado, una chica de cabello castaño se ha lanzado encima de mí para inmovilizarme, la hago a un lado para escapar, pero me toma por la espalda y quedo boca abajo, el chico camina muy tranquilamente como para verme de frente disfrutando el verme tirado en el piso.

— ¡Maldita sea apresúrate ya Shenn! — brama ella.

— Calla Lani — contesta el.

Al llegar se agacha para ver mi rostro y recuperar su arma de mi cinturón, el ríe pero el rugido a lo lejos llama la atención de ambos y yo jalo mi cabeza hacia atrás haciéndola encontrarse con la nariz de la chica, al soltarme mi codo se estrella con la cara de Shenn y con uno de mis pies la quito de mi espalda dejándola tirada, me incorporo con ambas manos para comenzar a correr.

— Estúpida ¡ve por el! — grita él mientras escucho como vienen tras de mí.

Siento ardor en mi pie izquierdo, rompieron mi bota y alcanzaron a cortarme el tobillo cuando me libere de la chica en mi espalda. No me detengo, los tengo a poca distancia, lo sé por el sonido que provocan al moverse. Llego a donde hay una montaña de rocas que lleva a otro nivel que es bosque también, no muy alto, escalo lo más rápido posible.

Su compañero lanza un gruñido y lanza un cuchillo que no me da pero me hace perder el equilibrio para seguir escalando por un segundo, termino de subir y me escondo detrás de una roca, toco mi cinturón dándome cuenta que ahora estoy desarmado.

Los escucho a ambos subir para acabar conmigo, me quedo ahí lo mas callado posible cuando pasan cerca.

— ¿Qué fue eso? — dice la chica.

Parece alejarse hacia otro lugar y el chico demanda saber qué es lo que pasa o hacia donde se dirige, me asomo y miro por el rabillo del ojo hacia donde se dirigían, en el suelo del bosque se encontraba un paracaídas. Noto la desesperación de Lani por querer abrirlo pero antes de que lo logre como tres pequeños dardos se entierran en su nuca los que ella se quita de inmediato y por su cuello corre un líquido verde chillón.

— ¡Corre! — grita ella.

Mas dardos llueven en su dirección y corren hacia dentro del bosque, yo tampoco estoy a salvo, un dardo ha dado justo a unos centímetros de mi hombro así que yo también salgo corriendo de ahí. Los dardos definitivamente no eran obra del Capitolio, lo note de inmediato por las delgadas varillas de bambú con el que estaban fabricados. Hay jadeos provenientes de ahí cerca, al detenerme reconozco a Lani tumbada en el suelo con un montón de dardos incrustados en todo su cuerpo, pero eso no era lo mortal, porque ninguno había sacado sangre, lo mortífero era lo que tenían dentro esos dardos: ese liquido verdoso.

Su cuerpo estaba pareciendo perder movilidad, como si sus articulaciones no reaccionaran cada vez que ella intentaba moverlas, entonces supe que ese liquido en realidad era veneno y no de cualquiera, sino de Petrarmiga, otra abominación creada por el Capitolio, solo vi eso una vez en un terreno baldío de mi distrito cuando Frevor encontró un hormiguero con esas cosas y esa sustancia verde glaseando el nido como si fuese un pastel, mas tarde al investigar me entere de que su veneno te causaba un dolor que te dejaba paralizado todo el cuerpo.

La chica cada vez se movía menos, solo faltaba alguien que se acercara a darle el golpe de gracia, porque solo se quedaría inmóvil mientras el veneno durara. A lo lejos los rugidos vuelven a hacer eco en el bosque, quiero salir corriendo de ahí cuando Shenn llega nuevamente y me oculto en el árbol, se agacha donde esta ella y escucho gemidos. También escucho el sonido de las criaturas que se acercan cada vez mas. Shenn sale corriendo, dejando a su compañera allí paralizada. La imagen que tengo en frente me congela, no le ha quitado ninguno de los dardos, en cambio, empeoro su situación haciendo varios cortes en sus brazos. Veo que su desesperación le ha hecho dejar el cuchillo el cual limpiaba con unas hojas de yerba buena ahí al lado de su compañera — toma el arma y vete — eso hago, y me acerco para tomar el cuchillo pero la chica con la fuerza que le quedaba me toma por el brazo encajándome las uñas, deteniéndome.

Me libero cuando escucho el rugido al otro lado de los arbustos, cuando una cabeza de un humano-jaguar comienza a brotar de las hojas lentamente enseñando sus puntiagudos dientes. Sus ojos sin pupila parecen mirarme y sus fosas nasales se contraen unas cuantas veces. Da un brinco y se agazapa sobre la chica, me tropiezo con mis pies al voltearme y comienzo a correr para alejarme mientras a mis espaldas se escuchan mas rugidos y desmembramiento, pero uno de ellos se les ha separado y ahora me sigue a mí, escucho su incesante jadeo a mis espaldas.

Corro hacia lo más profundo y ruedo por una pendiente inclinada, me levanto para seguir corriendo hasta que me percato de que ya no soy seguido. Poco después me doy cuenta que los arboles parecen menos abundantes dejando en su lugar algo raro en el suelo que ya no es blando y estéril, se ha vuelto algo rígido, duro. Camino y la sensación no se va, los arboles comienzan a desaparecer ahora estoy pisando asfalto negro. Algunas partes se conservan bien y otras están cuarteadas, de ahí sale pasto y otra rama del bosque. No era la cornucopia por que se extiende a miles de metros de enfrente y hacia los lados, el cemento se alza formando casas grandes que parecen a punto de caer, ruinas. Edificios derrumbados dejando un cuarto de ellos, como si este lugar se lo estuviese tragando la selva poco a poco. Me quedo perplejo y cuando veo un aerodeslizador ardiendo y el olor a sangre inunda mis pulmones, lo entiendo.

La arena es el Capitolio.


Nos leemos pronto, NO olviden los Reviews!

Si no veo reviews, pensare que no os gusta la historia, y dejare de publicarla, me gustaria saber vuestra opinion acerca de la historia.

:D


SEGUNDA PARTE: EL PLAN...

ADELANTO

Cerca de aquí los gritos de desesperación comienzan a propagarse por la calle que está justo en frente de esta casa, me asomo un poco y por el rabillo del ojo veo como cinco tributos, hombres y mujeres corren a grandes zancadas, huyendo, sin armas en sus manos, indispuestos a dar lucha. Un chillido animal- humano se escucha detrás de ellos y dos criaturas de piel pálida corren en cuatro patas tras los otros tributos.

Y segundos después se escuchan gritos de agonía suplicando piedad.

Los pies se me congelan y no puedo evitar sentir miedo, había visto sinsajos, charlajos, petrarmigas, rastrevispulas, todas esas armas del Capitolio hechas para sus planes viles, pero esto que veo, supera todo lo visto antes, ahora estoy más seguro, que por toda la arena habrán mas mutos, peores que los que ya había visto. Para el Capitolio en cuanto al terror que pueden causar. ¡Muévete!, lo hago, salgo hacia la calle al otro lado para ocultarme en un pequeño callejón de entre las casas, en frente de mi se oye el sonido de esas criaturas insertando sus dientes en la carne.

Son ciegos.

Aprovecho la debilidad del chico para tomar el cuchillo de mi cinturón y enterrárselo en su pierna haciéndolo revolcar para dejarme pararme y veo el pico que sostenía en manos, y no lo pienso mas, lo entierro en su espalda, asegurándome de que llegue hasta sus pulmones, él se queda inmóvil y ya no hay más que silencio en el lugar, mientras que en una esquina veo como una cámara ha captado todo.

Incluso mi segundo asesinato


;) NO olviden los reviews!

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