¿Y ahora qué se suponía que tenía que hacer? Había quedado con los dos sin darme cuenta, pero no podía dejar plantado a uno para quedar con otro. Aunque la suerte hubiera decidido que la noche la pasaría con el otro hermano yo quería estar con el que se acababa de ir dejándome con la mano puesta en mis labios. Esa sensación… Me encontré a mi misma sonriendo tontamente, bajé la mano y miré hacia atrás. La calle vacía y oscura que se suponía que tenía que recorrer sola me daba escalofríos. Siempre había sido muy miedosa pero ahora lo era más, en una ciudad que no conocía. Tuve una idea, no muy brillante pero estaba bien. Mandé un sms a 'chocolate eyes' con este mensaje:
Te espero en el pub 'Seven Roses', allí te lo explico todo'. Cuando éste se hubo enviado corrí en la dirección por la que el otro castaño se había ido tan solo unos minutos antes. Al doblar la esquina me lo encontré andando despacio con las manos en los bolsillos y con la cabeza agachada. Me acerqué por detrás poniendo mi mano en su espalda. Eso le hizo volverse y entonces me vio. Se detuvo y sus labios se curvaron en una hermosa sonrisa, igual a la de antes. Abrió la boca para decir algo pero justo en ese momento un estruendo le hizo volver a cerrarla. Provenía de detrás de nosotros. Un grupo de jóvenes entre veinte y veinticinco años borrachos habían volcado un contenedor de basura. Todo su contenido estaba desparramado por el suelo y un olor identificable empezó a sentirse por toda la calle. Pero al parecer ellos no lo notaron, y siguieron dándole golpes a la enorme caja de plástico duro. Cantaban una canción en inglés, pero eso lo supuse porque no entendía nada. Miré a mi lado, el pecoso se estaba tapando la nariz con la mano.

— ¿Sueles frecuentar estas zonas a menudo? —le pregunté observando el destrozo que aquellos salvajes estaban haciendo.
— No, sólo a veces cuando me aburro y quiero experimentar nuevas sensaciones olfativas— contestó riéndose—. Bueno, vayámonos antes de que nos vean y acabemos entre la basura— se dio la vuelta y me rodeó con su brazo por encima de mis hombros, me sentí incómoda—. ¿No te ibas con mi hermano?
— Le he enviado un mensaje, viene con nosotros— miré su rostro al hablar, no parecía que le hiciera mucha ilusión—, ¿pero qué quieres que haga? —repliqué al ver que su mala expresión no cambiaba.
— Nada, pero es que él solo es un estorbo. Además, ni siquiera se lleva bien con mis amigos. En cuanto nos vea se va a ir.
— Sois muy diferentes —pregunté aunque sonó como una afirmación.
— Demasiado diferentes. En lo único en lo que nos parecemos es en el físico, por desgracia.
— ¿Desgracia? Ni que fueras difícil de mirar…
— Me refiero a desgracia para él, no se merece ser tan guapo —curvó sus labios a un lado a modo de sonrisa.
— Que malo eres —le dije entre risas sin poder apartar mis ojos de su boca, de sus labios.

Sin darme cuenta, ni siquiera cuando lo hizo o se giró, me rodeó con sus brazos por la cintura y me apretó contra él. Me miraba con esos ojos marrones brillantes y su boca dibujando una sonrisa traviesa que le hacía mucho más atractivo de lo que ya era.

— Eres igual —dijo en voz baja, casi inaudible.
— ¿Igual? ¿Igual a quién? —pregunté curiosa.
— Igual a ella —contestó, aunque aquello no me sacó de dudas ni calmó mi curiosidad.
— ¿Te recuerdo a una chica que conoces?

Asintió con la cabeza.

— Estás hablando de tu —dudé si decir lo siguiente—, exnovia.
— Ojalá. Ojalá hubiera sido algo en mi vida. Ni siquiera sabe que existo. Me siento como un estúpido pensando en alguien que ni siquiera es consciente de que yo la amo —me soltó y se separó dejando algo de distancia entre los dos.
— Pero… ¿al menos habrás hablado con ella?
— Sí.
— Y no le has dicho como te sientes. Normal que no esté enterada de que estás enamorado de ella, si ni siquiera se lo muestras.
— No es tan fácil. No puedo ir allí y decirle lo que siento. Mi fachada de tipo duro se va a la mierda.

Me reí de aquella tontería que acababa de decir.

— ¿Así que es por eso? Prefieres ir de tipo duro por la vida que estar con la persona a la que amas. Qué despreciable eres —dije lo último alejándome de él en dirección contraria a los gamberros de la basura.
— No es todo tan fácil como lo dices. No puedo cambiar de un día para el otro, como si todo fuera tan normal, como si no tuviera problemas en mi vida. Todo es perfecto para ti, ¿no? — me gritó desde el lugar en el que lo había dejado.
— No —me giré—, pero intento que lo sea, o al menos que lo sea de vez en cuando.
Se encogió de hombros.
— Soy así porque estoy harto de todo, de todo lo que he vivido y sufrido. No quiero que me hagan más daño.
— ¿Crees que el amor es algo horrible? ¿Crees que esa chica te va a hacer la persona más desgraciada del mundo? Solo inténtalo.
— ¿Y si sale mal?
— Siempre habrá alguien a tu lado que te haga más feliz.
— ¿Te ha pasado alguna vez?
— No.
— Entonces no me des lecciones si no tienes ni idea de nada —dijo andando hacia mí—, no juegues con mi hermano. Ya ha tenido bastante.

Y tan solo decir aquello su doble apareció por la esquina del final de la calle vestido con una camisa azul y unos jeans negros. Había algo que le diferenciaba de su hermano. Su pelo desordenado y su estilo descuidado.