Turns Of My Life

Capítulo VIII

El miedo no es algo que tuviera que experimentar seguido. La última vez que tuve realmente mucho miedo es cuando murieron mi madre y mi padre. Tenía miedo de no ser lo suficientemente fuerte como para soportar algo así de grande, tenía miedo de fallarle algún día a Emmett, tenía miedo de que Emmett alguna vez se fuera igual, pero tuve que aprender a tragármelos y seguir adelante.

La vida de enseña a ser fuerte, pero no te enseña a prepararte para las decepciones, ni para el dolor. Solo te enseña a superarlo. El estar enamorado en la cosa más bonita que te pueda pasar en la vida, pero al final, es igual que la vida. El amor te enseña a depender de una persona, en que no todo el mundo es malo realmente y que es la única cosa que puede durar para siempre, como el amor a los hijos, a los hermanos, a la pizza… Pero, tampoco te prepara para las decepciones. No todos los romances adolescentes terminan en matrimonio, aunque a muchos les gustaría que así fuera, hasta a mí. Pero desgraciadamente, el mundo no es una máquina para conceder deseos.

Edward mantenía su pie en mi espalda, aplastando mis costillas, después de unas breves palabras que sonaron como amenaza, se fue hasta el otro extremo de la habitación.

Un tipo rubio larguirucho le lanzo una mirada de reproche y me tendió la mano para ayudarme.

-Lo siento por esa bienvenida Isabella, Edward dejo sus modales en el siglo pasado al parecer- sonrió este- Soy Jasper, yo y Edward seremos tus entrenadores, te enseñaremos lo suficiente como para que si Ed te vuelve a hacer eso, se la puedas devolver justa mente- sonrió más ampliamente.

Asentí, la presencia de Jasper me intimido un momento, pero drásticamente empecé a sentir mucha calma, como unas olas directamente a mi ser. Fruncí el ceño y mire a Jasper, este se encogió de hombros, ligeramente apenado.

-Lo siento, es mi don, creo que sería mejor que estuvieras camada- se excuso este y yo asentí, algo ligeramente incomoda. Me preguntaba cual sería mi don, y si al menos tenía uno. Sería bastante increíble poder lanzar rayos láser de los ojos, o volar.

El rubio tomo mis manos y recorrió mi cuerpo.

-Estas muy debilucha, y necesitaras perder algo de peso para iniciar- murmuro este distraído y yo me ruborice fuertemente. Edward soltó una carcajada desde su posición y tuve que contener el impulso de soltarle una palabrota. ¿Qué tenia de mal mi peso? No dejaría de comer por que estos tipos me lo pidieran, además, era demasiado rápida, nunca mi peso me había dificultado algo, pero al parecer, a ellos si les molestaba.

Dakota entro a la habitación seguida de Alisson, me dirigieron ambas una pequeña sonrisa y colocaron detrás de Jasper.

-¿Por qué no iniciamos con el entrenamiento con su don?- propuso Alisson animadamente- Creo que tiene el mismo don de Edward

El rostro de Edward se volvió serio de repente y me fulmino con la mirada

-Eso es imposible- replico el- los dones son únicos, ese no puede ser su don.

Jasper lo ignoro y se dirigió hacia mí

- Isabella…- inicio este

-Solo Bella- corregí

-Bueno, Solo Bella, ¿Alguna vez… has escuchado palabras que no se han expresado en voz alta?- enarco una ceja esperando mi respuesta.

Recorrí brevemente mi memoria buscando en algún momento de mi locura algo fuera de su lugar, como lo que me decía Jasper, rápidamente recordé y asentí- Si, un par de veces, no siempre.

-¿Puedes adivinar el numero en el que estoy pensando ahora?- pregunto fascinado mirándome a los ojos, los cuales, yo cerré, espere que la respuesta saltara a mi mente y en poco segundos ella vino a mí

1874

-¡1874!- exclame con una amplia sonrisa triunfal. Jasper abrió mucho los ojos y Edward apretó los puños hasta que estos fueron tan blancos como la pared.

-Es una lectora de mentes… Esto es realmente curioso… a no ser que… Bella, ¿has presentado otra cosa fuera de lo normal relacionado con esto?- pregunto el rubio algo ido. Yo ya sabía la respuesta.

-Si… bueno, Mmm, veo pedazos de una vida que creo que no es mía, algunas cosas se me han hecho conocidas, pero yo no aparezco en ninguna de ellas- fui bajando el volumen de mi voz hasta terminar la oración.

-Toma mi mano- dijo él y acto seguido tomo mi mano. Lo primero que sentí fue el frio, después una pequeña corriente eléctrica. Soltó mi mano y empezó a andar hasta colocarse detrás de mí- Quiero que cierres los ojos- obedecí- Y visualices a Dakota, imagínate que está muy furiosa, hazle llegar tu furia

¿Qué era esto? ¿Cuál era el propósito de todo esto? Me mordí fuertemente el labio y trate de imaginarme a Dakota molesta, nunca la había visto en ese estado, pero no fue tan difícil hacerlo, me la imagine como era Edward todo el tiempo.

Oí a Dakota soltar un gruñido y abrí los ojos rápidamente. Estaba intranquila, algo contenida. La realidad me golpeo a la cara. Yo copiaba los dones, podía tener los dones de las demás personas. Alisson abrió la boca ampliamente y yo solo sonreí triunfal, mi garganta se había quedado sin voz, no podía decir ninguna palabra.

Jasper golpeo mi hombro felicitándome

-Con razón eres la elegida, Carlisle no se equivoco en nombrarte, el era un hombre muy sabio- su voz estaba bañada de asombro. No era lectora de mentes, era única.

Mi felicidad se nublo en cuanto Edward soltó un gruñido, por un momento pensé que venía hacia mí, parecía como si fuera a arrancarme el pescuezo ¿Qué tenía el contra mí? Yo nunca le había hecho nada malo, sin embargo, parecía como si me odiara.

Salte aterrorizada hacia atrás, soltando un pequeño grito, pero él lo ignoro y se fue a la salida, chocando con Aro que venía entrando al salón. Jasper se giro hacia Aro y les oí discutir en voz baja todo lo avanzado hoy, era realmente mucho para mi primer día de entrenamiento. Aun no me sentía cómoda con mi nuevo estatus, pero por fin sentía que no estaba tan perdida como antes, al fin pertenecía a algo, por fin podía brillar por mí misma.

Alec y Alice entraron a la habitación, esta se mantuvo en segundo plano hablando con Alisson y Dakota mientras que Alec caminaba hacia mí y me plantaba un beso en la boca que yo recibí gustosa, adoraba a este hombre, el enojo de su engaño se me había pasado ya, nada me iba a arruinar esto, ni el pasado ni Edward.

-Escuche todo desde la sala, realmente estoy impresionado Isabella- murmuro este sin separar demasiado su cara de la mía. Enrede mis manos en su cintura y lo atraje más hacia mí.

-Me gustaría que tú fueras mi maestro en vez de Edward- murmure muy bajito para que Edward no lo escuchara donde sea que estuviese- El realmente me da miedo

La respuesta de Alec me desconcertó un poco, este empezó a reír y a negar con la cabeza, como si hubiera dicho que Jasper era parecido a Lady Gaga

-Edward es muy buen luchador, de los mejores de la guardia y también es muy buen maestro, no da tanto miedo- contesto este y deposito un beso en mi frente

-Parece que me odia- murmure algo insegura. Alec otra vez, negó con la aveza

-Estoy seguro de que Edward no te odia, solo necesita conocerte más para amarte igual como los demás lo hacen- dijo y se separo de mí.

Fruncí los labios y trate de hacerle caso a mi novio, era ridículo que Edward me odiara, realmente solo habíamos cruzado dos oraciones, tal vez este enojado por otra cosa.

Ni siquiera yo me creí eso.

Los días de entrenamiento fueron poniéndose cada vez más pesado, hay días que quedaba realmente demolida, Edward pensaba que por mi condición de semi humana soportaría mas.

Que se meta sus ideas por el culo.

Iniciábamos el entrenamiento con una carrera de 10 kilómetros por el bosque, incluso habíamos hecho más, yo nunca había viajado a Canadá en avión, pero sus fronteras ya las conocía de memoria. Terminaba prácticamente muerta después de eso. Pero el muy hijo de perra –Aprendí palabrotas después de dos semanas conviviendo con la Guardia- Todavía me ponía a entrenar lucha con Jasper, con solo un descanso de 20 minutos.

Si él no me odiaba, yo si a él, me tenia hecha mierda física como mentalmente.

Unas de las cosas más frustrantes de estos es que no había adelgazado nada. Edward sugirió que dejara la comida humana y consumiera sangre de animal, pero después de que le tirara una pesa no me lo volvió a sugerir. Eso era demasiado asqueroso para mí.

A pesar del poco tiempo disponible que teníamos para vernos, las cosas entre Alec y yo habías prosperado, hasta el punto de iniciar a hablar del futuro. Yo era demasiado joven todavía.

El tiempo había pasado volando, m dieron inicio a mis 12 años se fueron y dieron inicio a mis 13. Con todos estos vampiros a mí alrededor, me sentía demasiado joven todavía, realmente si era una niña, aunque ya hace tiempo que me dejaba de sentir como una.

Quería poder cambiar mi ata de nacimiento y decirles a todos que tenía 20 años, realmente quería crecer y que los demás dejaran de tratarme como una niña. Alec no tomaba en cuenta en eso, me trataba como me gustaría ser tratada. Ya había recibido varios comentarios llamándolo ¨Pedófilo¨ pero el solo se reía y negaba. Realmente me gustaría saber que era lo que pasaba por su mente.

Todo fue paz y tranquilidad por tres meses y si mi yo futuro mirara hacia atrás y checara toda su vida, creo que diría que ese fueron los mejores tres meses de su vida. Y si ella me dijera eso, que los disfrutara un poco más porque después de eso nada volvería a hacer igual, sin dudar, le hubiera hecho caso. Pero eso nunca paso.

Una mañana como cualquier otra, teníamos una junta de consejo, cosa que aun no había logrado dominar, no me gustaba ser el centro de las miradas y tampoco me gustaba que todos se movieran a partir de mis decisiones. Vivía con el miedo de equivocarme fatalmente con una, por suerte tenia la asesoría de Alice que podía ver el futuro y me aconsejaba con todo lo que pasaba. No había tenido que tomar una decisión realmente importante hasta esta mañana.

En medio de la junta, Alice tuvo una visión que compartió con todos. Unos vampiros de el norte de México, precisamente en Monterey, una gran familia, 14 miembros, 10 maduros, cuatro neófitos, iniciaba a llamar la atención de varios humanos de la zona. Nosotros éramos muchos más, pero ir a por ellos causaría bajas, no necesitaba que alguien me lo dijera para saberlo. Con dolor y asesoría de Alice, dije que mandaran a hombres para acabar con ellos.

Creo que me arrepentiré de esa decisión el resto de mi maldita vida.