Capítulo 9:
Tristeza con sabor a terrestre

—Ten, esto te ayudará mucho.

Chozeh observó la piedra dorada que le entregaba el Máximo Mago.

—¿Para qué es?

—Si hubieras entrado a mis clases, bruto, sabrías que se trata de una piedra mágica de los deseos "Mafetaj".

El de cabellos púrpuras soltó una risotada. —Lo siento tanto Clef.

—Baaa, no te disculpes, qué bueno que no entraste a ninguna —Chozeh se ruborizó de pena—, qué bueno que decidiste estudiar en Autozam, estoy orgulloso de ti y de Lantis, y de la valentía que tú en especial estás mostrando —dijo el Mago soltando un suspiro.

—Oh, Clef, te voy a… te voy a extrañar mucho —era la primera vez que Chozeh y el Mago se mostraban tanto cariño.

—Y yo a ti Chozeh, y yo a ti.

—¡Basta! ¿Por qué está sonando esto como una despedida? —señaló Ferio quien iba entrando al salón.

—No lo tome de esa manera Joven Ferio, además, regresaremos en tres meses —contestó el de cabellos púrpuras con una sonrisa fingida.

En ese momento, Presea, Ráfaga y Caldina entraron también al salón.

—¡Hola hola, ha llegado la más bella de Céfirooo! —gritoneó alegremente Caldina, con pose exótica como siempre acostumbraba a dar los buenos días.

—La más bella ¡Ah que bien! Eso significa que ya regresó Alcyoné —dijo Ferio burlándose de la bailarina mientras los demás reían.

—¡NO TON… ahm… este… Joven Ferio! YO soy la más bella de Céfiro.

Todos disfrutaban de la escena con jolgorios.

Chozeh los observó por largos segundos. Nadie medía el peligro. Nadie estaba preocupado. Estaban tan confiados en el mentado plan de Emeraude, tan confiados como cuando tenían un Pilar que hacía todo por ellos.

—Por cierto, ahora que se fueron los extranjeros, ya podemos hablar abiertamente del plan de mi hermana, ¡que yo sé, será un gran éxito! —señaló el 'peliverde'.

El rostro de ingenuidad de Ferio, al igual que el de Presea, Ráfaga y Caldina, le provocaron angustia al arqueólogo.


En la Tierra.

Lo primero que observó Kuu al despertar fue el abdomen desnudo y peludo de Satoru. Al principio se sorprendió a tal grado, que de un brinco se sentó en la cama y al contemplarlo de pies a cabeza, bastante apuesto, recordó detalle a detalle lo que había sucedido en esa cama la tarde y noche del día anterior.

Él dormía despreocupado roncando como cerdo. Kuu no pudo evitarlo, una sonrisa pícara se formó en su rostro. Pero después, un nerviosismo la invadió al preguntarse qué rumbo tomaría de ahora en adelante su amistad con él, bueno, su ahora aventura. ¿O quizás su próxima relación formal?

—"¿Qué voy hacer…qué voy hacer? ¿Y ahora con qué cara me voy a dirigir a él? ¿Por qué siempre me meto en líos?" —pensó Kuu mientras ruborizada se subía el cierre de su jeans. Antes de salir de la habitación, lo miró nuevamente desde la puerta.

Gemidos, abrazos, besos apasionados... No pudo negar que había sido una de las mejores noches de su vida.

Ya en la cocina, mientras se preparaba una taza de café aún sonrojada y temblorosa, observó que en su celular tenía un mensaje en espera. Era Fuu quien le avisaba que ese día no se presentaría a la preparatoria, un fuerte dolor de cabeza la tenía en cama. Apresurada y sorprendida marcó a su casa, y aunque deseó que no fuera la señora Hououji quien contestara, no tuvo suerte:

Hola…

—Ehm… hola mamá, ¿que pasa con Fuu?

¿Por?

—¡MAMÁ POR FAVOR!, no me preguntes eso, sé que amaneció mal, ¡pásame a Fuu, quiero hablar con ella!

Se encuentra bien y yo, SU MADRE, la estoy cuidando.

Y la señora colgó la llamada. En un arranque de coraje, Kuu arrojó el celular hacia la pared con bastante ira. Aunque no lo deseara, no quería odiar a su madre, esa que jamás le perdonó su desliz adolescente. Entre más creciera Fuu, más comenzaban a aborrecerse las dos; ambas sabían que la hora de decir la verdad estaba cerca, y era una competencia interna: ¿Por cuál de las "dos madres" se decidiría la jovencita? El fuerte golpe del móvil despertó a Satoru.

Aún soñoliento y lagañoso, giró la cabeza hacia los lados. Las paredes color verde menta y las blancas sábanas de la cama, le manifestaron que obviamente esa no era su habitación en la casa Shidou. Entonces lo recordó todo. Al principio sintió vergüenza, sabía que él había incitado todo esto, pero su mayor preocupación no era el pecadillo que acababan de cometer la noche anterior, ni siquiera las consecuencias "embarazosas" que pudieran surgir de este encuentro… sino el temor espantoso de llegar a perderla.

Ya vestido, caminó tímidamente hacia la cocina, pero su preocupación se transformó en asombro cuando observó a la científica llorando en el piso, sosteniendo el móvil hecho pedazos.

Cálidamente la levantó del suelo, y la encaminó hasta la sala. Luego de servirle otra taza de café, le rogó varias veces para que le dijera la razón de ese llanto, pero ella no respondió. Cuando por fin la científica pudo limpiar la última lágrima, ambos volvieron a sentirse nerviosos.

—¿Segura que ya estás bien?

—Sí Satoru gracias, nada grave, solo una discusión con mi madre.

—Bueno, si tú lo dices —después cambió el tema—. Kuu… este… yo…

—E-espera Satoru, yo qui-quiero pedirte disculpas, no sé que pienses ahora de mí, no acostumbr…

—¿Sabes qué pienso de tí? —la interrumpió—, que eres la mujer más maravillosa que he conocido.

Kuu se sonrojó notoriamente. —Mira Satoru, tú eres… un gran amigo para mi y…

—Pero puedo llegar a ser más que un amigo, ¿me darías esa oportunidad?

La mirada de ternura del hombre derritió por completo a la mujer. Entonces el pelirrojo lentamente se fue acercando más a ella hasta tenerla a pocos centímetros de su boca.

"Otra vez esta sensación, es más fuerte que yo, ¡es más fuerte que yo!" —pensó Kuu cuando entrecerraba los ojos para esperar el beso erótico de Satoru.


En Céfiro.

Sentados alrededor de la mesa, Ferio, Ascot, Ráfaga y Clef afinaban los últimos "detalles" con Chozeh y Lantis.

—…y esto es lo último que aconsejó la Princesa Emeraude —indicó el máximo Gurú para terminar de repasar las instrucciones.

—Estoy listo, si pudiéramos irnos ahora mismo, no estaría nada mal —indicó el arqueólogo. El hermano de Zagato asintió.

—Oigan, ¿no han pensado que necesitarán un disfraz? Digo, con eso de que las chicas no deben saber que estaremos espiando su mundo —la pregunta de Ascot los dejó pensando.

—Creo que la Princesa Emeraude lo mencionó.

—Wow, ¿no estas contento Lantis? Posiblemente pasearás por la Tierra con una cabellera rubia y ojos azulitos —dijo Ferio.

—Ja,ja,ja —los demás rieron.

—Tonto… yo si me atrevo a decírtelo…

De repente, el máximo mago comenzó a sobresaltarse, como si le faltara el aire.

—¡¿Sucede algo Gurú Clef?! ¡¿Qué te ocurre?!

—Me-me duele el pecho, creo que… es Emeraude…¡NO, ES ALGO MÁS FUERTE QUE ELLA!

—¡Miren esto! —gritó Ascot quien estaba más próximo a la ventana.

—¡PUUU PUUU!

Una enorme bola de pelos con alas se asentaba a mitad del jardín del Palacio.


En La Tierra.

Después de desayunar, Kuu y Satoru se dirigieron a la Sala Audiovisual del señor Ryuuzaki donde los esperaban otras docenas más de científicos.

—Hoy los he llamado a todos para darles un aviso muy importante —la portentosa voz del señor Ryuuzaki se escuchó por todo el recinto—, nos hemos enterado que Rusia desea apoyar nuestro proyecto, y de alguna manera estaremos trabajando también con árabes y China.

Un bullicio en coro se dejó escuchar.

—Muchos de ustedes ya lo saben —continuó el padre de Umi—, tras largas pláticas he llegado a la conclusión de que será un gran avance si nos unimos con otros países considerados como "aliados" para Japón. Los proyectos ya están repartidos, Rania y Yolda se los puede asegurar; las exploraciones espaciales se dividirán así: Marte para los japoneses, la Luna para los árabes, y Venus para los chinos —prosiguió el señor Ryuuzaki.

Más murmullos entre los presentes.

—Rania tengo una pregunta, China llamará Fahren a su proyecto, ¿pero ustedes cómo llamarán a su exploración? —cuestionó Kuu.

Cizeta... se llamará Cizeta, en honor a una dinastía de califas muy antigua.

Aunque estaba contenta por lo que se planteaba en el aula, Kuu no podía evitar sentirse ansiosa. Quería salir corriendo para ir a ver a Fuu.

—¿Cómo cuanto más irá a tardar la junta? —le preguntó en voz baja a Satoru.

—Hmmm, tal vez una media hora más, ¿por qué?

—Quiero ver a Fuu, me muero por saber cómo está.

A Satoru le pareció demasiada extraña esa impaciencia. No parecía una preocupación de hermana a hermana, o prima a prima, ni siquiera de amiga a amiga.

—"¿Porqué será tan maternal con ella? ¿Porqué?" —se preguntó Satoru mientras le observaba el perfil a la mujer y sus prematuras arrugas en la frente—, "dos hermanas, con 15 años de diferencia, supongo que es... normal".

Al salir de la junta, después de jurar que todo quedaría en total y absoluto secreto, y ni siquiera a sus familiares podían decir una sola palabra, se encontraron en las afueras del Instituto con Umi y Hikaru.

Por supuesto, la 'pelirroja' en vez de saludar a su hermano le dio una santa regañada enfrente de todos.

—¡¿No llegar a dormir te parece bonito?!

—Pues es que sí avisé que andaría con unos amigos, cómo de que no, pregúntale a mi mamá.

—¡Ya, ya, CÁLLATE!, sabrá Dios dónde andabas.

—Ya Hikaru, no me regañes —contestó Satoru nervioso y todos juntos se dirigieron a la casa de Fuu, en el automóvil de Kuu. Por supuesto que la científica iba manejando calladita.

En realidad, Hikaru era más celosa que los tres hermanos Shidou juntos, y eso era a lo que más le temía.

Al entrar a la casa Hououji, y ser medianamente bien recibidos por la mamá de Fuu, subieron hasta la habitación de la rubia. El cuadro fue desgarrador para Kuu. Ojeras, una nariz roja e hinchada, y una piel pálida que cubría un débil cuerpo.

—¡Fuu, pero por Dios!... ¡Que te pasa mi cielo!

—Ya tonta no exageres, solo me dio gripe.

—¡Y como no te va dar gripe, si ayer te agarraste como idiota caminando por sabe cuantas calles en medio del frío y sin comer…qué te piensas!

Los regaños de Kuu al principio hicieron reír a los demás, pero poco a poco comenzaron a parecerles extraños a todos. La señora Hououji solo arqueó una ceja.

—¿Alguien apetece agua? —ofreció molesta.

Como observaban a Fuu tan enferma, y a ratos se quedaba dormida por minutos, decidieron que el tema de Céfiro lo hablarían hasta después.

Luego de dejar a Umi en su mansión, Kuu llevó a los hermanos Shidou a su hogar.

La primera en bajar del automóvil fue Hikaru, y hasta no ver que la pelirroja ya estaba dentro de la casa, Satoru se acomodó más cerca de Kuu dentro del auto.

—¿Estás molesta conmigo?

—No, no Satoru, solo algo sorprendida —dijo temblorosa.

—Kuu, para mí fue muy importante lo que sucedió entre nosotros.

—Para mi también Satoru, jamás creí que pasaría, pero dame tiempo por favor —se sentía tímida, avergonzada, pero a la vez ilusionada, esperanzada, emocionada... una cadena de sentimientos que no se explicaba—. No pienses que te estoy rechazando, después de todo eres mi amigo y yo pues… pues te quiero mucho, pero no sé que me pasa, perdóname —confesó ella sonrojada.

Él se sentía igual, aún con toda su larga experiencia en relaciones, esta era la primera vez que no sabía identificar claramente lo que le estaba ocurriendo con esta mujer.

—Te daré tiempo —le dijo él besándole la mano.

—¿Pero vamos a seguir siendo amigos, verdad? —preguntó Kuu preocupada.

—Siempre y aún después de la muerte.

Satoru se fue acercando lentamente hasta besarla apasionadamente en la boca, no sin antes vigilar que nadie dentro de la casa los viera.

Después de despedirse efusivamente, ella prendió el automóvil y salió a toda marcha con la cabeza llena de frustraciones.

—"Qué va pensar de mi… qué va pensar de mi cuando sepa lo de Fuu… ¡qué van pensar todos de mi!" —se repitió una y otra vez angustiada cuando esperaba un semáforo en rojo.

Mientras seguía cavilando, una luz proveniente de la Torre de Tokio la inquietó.

—Caray, ¿pero qué fue es eso?

A los segundos la luz desapareció, pero no le restó importancia al creer que se podía tratar de una explosión.

Como estaba a pocas cuadras de la Torre, se dirigió a toda velocidad guiada más que nada por la curiosidad. Eran cerca de las 10:00 de la noche, ya estaba oscuro y las calles vacías.

Al llegar a las afueras de la Torre, estacionó el auto y se mantuvo dentro de él para ver si no se presentaba algo raro. La luz era morada, color que no asoció a ningún otro fenómeno en la ciudad.

Cuando se enfadó de ver todo tranquilo, encendió nuevamente el auto; sin embargo algo la detuvo, algo que la impresionó… que la impactó:

Dos hombres parados a mitad de la calle, volteando hacia todos lados muy confundidos, visiblemente asustados, exaltados o desconcertados… ambos rubios y demasiado altos.

—¡Estos son extranjeros, maravillados con tanta modernidad japonesa, já,já!

Entonces se bajó del auto para ver de qué manera podía orientar o ayudar a los "turistas".

Uno de ellos pudo presentir que la mujer venía hacia ellos y le hizo señas al otro de que se metieran lo más pronto posible al "bosque" que estaba cerca (es decir, un parque público, já).

—¿Se-señores se encuentran bien? —les preguntó Kuu a unos cuantos metros de distancia, antes de que ellos siguieran haciéndose los "sordos". Claro que Kuu sentía miedo, después de todo eran dos extraños; pero había visto tantas veces a turistas y extranjeros totalmente perdidos en Tokio, que no podía evitar sentirse conmovida.

—No-no se preocupe buena mujer, estamos bien —contestó uno de ellos.

—Bueno, veo que no son japoneses, pero aquí a dos cuadras hay hoteles donde se pueden hospedar, son muy baratos, y además tienen servicio telefónico para que puedan llamar a sus familiares si tienen algún problema en Japón —expresó ella apuntando con el dedo el hotel más cercano.

Los dos voltearon a verse.

—Es usted verdaderamente amable mujer, ¡gracias! —indicó uno de ellos notoriamente agradecido.

—"Oh, que caballeros"... Bien, que pasen buenas noches, si tienen problemas de falta de dinero también hay una comandancia aquí cerca, no se preocupen por nada, saludos y buenas noches.

—Mujer, ¿cuál es su nombre? —en Céfiro, preguntar por el nombre, aún entre extraños, era un asunto de lo más normal.

—Ah... este… pues yo... ehm... mi apellido es Hououji... "¿Tonta para que se lo dices a desconocidos?"

Los dos hombres abrieron los ojos de par en par.

—¡Ahora si me disculpan, buenas noches! —se alejó Kuu casi corriendo.

—¿Dijo… Hououji?

—Estamos más cerca de lo que imaginamos.

—¿Será pariente de Fuu?

—Posiblemente… saca la piedra Mafetaj para que nos guíe.


Los siguientes dos días transcurrieron en total calma para todos. Fuu se recuperaba lentamente; Umi se preparaba para un nuevo torneo de esgrima y además seguía luchando contra su padre para evitar ir a Londres.

Y Hikaru… ella continuaba con aquellas espantosas pesadillas. Ahora había algo más, un nuevo sentimiento que comenzaba a inquietarla.

—Siento... no sé, como si alguien nos estuviera observando últimamente —le confesó Hikaru a la Guerrera del agua cuando ambas terminaban juntas la última tarea de la escuela, sentadas en el comedor de la casa Shidou.

—Si, ya se que es eso.

—¿De verdad?

—Sí, se llama "paranoia".

—Ya Umi, hablo en serio.

—No has descansado bien, eso pasa… ¿o es que acaso hay algo que me estés ocultando? —Umi le dirigió una mirada penetrante.

—¡No, claro que no!, creo que tienes razón, no estoy durmiendo bien je,je.

En eso llegó Satoru bastante perfumadito y silbando feliz de la vida.

—Y ahora tú, galancillo ¡eh! —expresó Kakeru con burla, mientras Masaru soltaba una risotada.

—Ah mira, ¡entonces es cierto lo que dicen! ¿CON QUIEN ANDAS? ¡DIME, DIME! —gritó Hikaru sin respirar mientras aventaba al piso el lápiz y el libro de matemáticas que sostenía.

—Na, na, no sé de qué hablan y yo ya me voy de aquí, pura gente mala leche en este comedor —expresó Satoru mientras se escabullía sonriente por el pasillo perseguido por su hermana y Masaru.

Cuando Umi se quedó a solas con Kakeru en la cocina, éste se le acercó de forma galante.

—Y tu preciosa, tan bella que estás, ¿porqué no tienes novio? —le preguntó Kakeru con voz ronca y sensual a poquísimos centímetros del rostro de ella, lo que puso tensa y nerviosa a la chica. Si se hubiese tratado de un compañero de preparatoria, vecino o desconocido, ya le hubiera plantado tremenda bofetada en el "hocico", pero se trataba del hermano de su mejor amiga.

—Este… ehm… no… bueno sí, este… me-me interesa alguien —dijo Umi sumamente nerviosa.

—'Hmta', que lástima, todas ocupadas por aquí, pero entérate que estaré al pendiente de ti, chau preciosa, tengo clase de kendo —le señaló él al mismo tiempo que se alejaba y le guiñaba el ojo.

—"Así que esta es la familia de… mi guerrera líder, puuuf" —se dijo Umi aún nerviosa, a la vez que se limpiaba el sudor de la frente y escuchaba a lo lejos los gritos histéricos de Hikaru, y las risotadas de Satoru y Masaru.

—Ya cálmate Hikaru, te digo que no ando con nadie.

—¿A no? ¿A no? ¿Y porqué últimamente andas tan perfumadito? Echándote a cada rato esa colonia con olor a prostituto.

Masaru no paraba de reír.

—¡Estás loca tú, yo siempre he sido así! —contestó descaradamente Satoru mientras se miraba al espejo y se acomodaba el peinado con el cepillito que ahora ya traía siempre en el bolsillo.

—¡Oh si claro! ¿Siempre has sido así? ¿Seguro? Antes te bañabas cada semana ¡AHORA LO HACES SEGUIDO!

—Ja,ja,ja ¿Ya ves lo que provocas galancillo? —señaló Masaru.

—¿Y TÚ? ¿Acaso sabes algo, animal? —se dirigió ahora a Masaru, tomándolo por sorpresa.

—Yo ahmm, no "enana", te-te lo juro…

—Masaru, Hikaru —interrumpió Satoru— me despido de ustedes, tengo una cita muy importante, con permiso hermanos queridos —y se fue haciéndose el aludido, y también silbando.

—Entonces es… entonces es... es cierto…¡Andas con alguien, andas con alguien!… ¡DIME CON QUIEN … DIME CON QUIEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEN!

El 'rugido' de Hikaru se escuchó por toda la cocina, comedor, sala, patio y hasta el salón de kendo donde Kakeru iniciaba la clase, misma que fue interrumpida por el susto y sobresalto que se llevaron los alumnos.

En el Instituto.

—Hola querida —entró la señora Ryuuzaki a la habitación de Kuu.

—Que tal señora ¿Como está?

—Bien, ya me dijo Umi que Fuu sigue recuperándose, que bueno. Tengo una noticia que darte, llegaron dos rusos al Instituto y mañana comenzarán ya a colaborar con nosotros.

—¡Ah que bien, perfecto!, pero...

—¡Calma, calma Kuu! Sí son de confiar, hasta diría yo que tienen una agradable vibra, es mas, ni sé cómo es que rápidamente les dimos trabajo —expresó la señora mientras trataba de hacer memoria sin éxito de algo que… mágicamente sucedió.

Después de la plática, ambas mujeres salieron de la habitación y se dirigieron a la oficina principal del Instituto donde los esperaba el señor Ryuuzaki con los dos recién llegados.

El entrar a la oficina, Kuu se llevó una gran sorpresa.

—¡Pero si son ustedes dos!... ¡Que gran coincidencia, sean bienvenidos!

Los dos hombres se voltearon a ver y luego sonrieron alegremente.

—Señorita Hououji, que alegría volver a verla —ambos hicieron el característico saludo japonés.

—¡Oh, vamos! Seremos colegas a partir de hoy, pueden decirme Kuu.

Chozeh y Lantis comenzaron a sentirse impacientes, estaban ante los amorosos padres de Umi, y ante aquella hermana querida de la que tanto le hablaba Fuu a Ferio. ¿Por qué tantas coincidencias?

Los señores Ryuuzaki estaban sorprendidos. —Creo que ni ocuparemos presentarlos ¿cierto?

Todos sonrieron, y Lantis y Chozeh por fin se sintieron más tranquilos.

—De todas maneras por educación me presento, mi nombre es Sergey Ivanov —exclamó el hermano de Zagato.

—Y el mío es… ah…es…este… "méndiga piedra de Gurú Clef, me dio el nombre más raro, feo y difícil"… es… ah…es… ¡Vladimir Vorobiov-Lébedev! —por fin se acordó Chozeh.

—Ah, pues así hasta yo me olvidaría de mi nombre je, je...

—¡Kuu! —la regañó la señora Ryuuzaki, mientras Lantis se reía por lo bajo y Chozeh seguía maldiciendo a la tal piedra.

En las siguientes dos horas, los tres japoneses explicaron las instrucciones y misiones del instituto a los dos nuevos "científicos" extranjeros. La piedra Mafetaj había sido de gran ayuda, era una excelente hechizante; por supuesto que era imposible que el señor Ryuuzaki le brindara trabajo a alguien en un solo día, sin un examen ni referencias.

Sin embargo, había algo más que le estaba ayudando a Lantis y a Chozeh a irse familiarizando con la gente de La Tierra: Su enorme experiencia en viajes por otros mundos.

Ascot, Ferio, Ráfaga y hasta el mismísimo Clef, no hubieran soportado estar ni siquiera dos días en el Mundo Místico. Cosa contraria a Chozeh y Lantis, que en su más de 100 años de vida, cada uno había viajado por cerca de 20 planetas distintos al suyo, algunos helados, otros calurosos, unos atrasados como Cizeta, otros avanzados como Autozam. Pero La Tierra… algo tenía la tierra, que no lograban identificar por qué podía ser tan peligrosa.

Dos días atrás, luego de su encuentro con Kuu, llegaron a ese hotel que ella les había señalado para hospedarse. Con un conjuro de la piedra Mafetaj, Lantis pudo sacar el dinero suficiente para pagar el hospedaje de un mes entero. El hotel no era de lujo pero sí con ese buen gusto y clase japonés.

Segunda preocupación al llegar a un planeta nuevo: La comida. Para no correr peligrosos riesgos de salud, también acudieron a la Piedra. Caminaron durante un día entero para observar perfectamente como era el clima, el carácter de la gente, y cuales eran los oficios más comunes entre los terrestres.

Solo dos cosas observaron que jamás habían visto en otro planeta visitado: Dos señores casi ancianos con mirada triste pidiendo limosna para comer; y un niño que limpiaba afanosamente vidrios para, también como los ancianos, sacar algo de dinero para sobrevivir.

Sentados desde una cafetería al aire libre, Lantis le decía a Chozeh…

—No entiendo, ¿parece que está pidiendo dinero para… comer?

—Eso parece.

—Pero si tiene tanta hambre, ¿porqué la gente que pasa no le da comida?

Chozeh no contestó porque siguió observando al pobre niño que además de tener hambre, tenía frío; bajo una temperatura de cerca de 15° grados, él andaba descalzo mojándose las diminutas manos con un trapo húmedo y sucio, mientras esperaba con ilusión el siguiente semáforo en rojo para poder limpiar los vidrios de los automovilistas. Algunos de estos le señalaban con molestia y mala cara que dejara su "vidrio en paz" y el pequeño, sin más remedio, agachaba su cabeza deprimido y se acercaba a otro auto con la esperanza de que éste sí le diera aunque sea dos centavos para comer. Era un niño de la calle.

—Oye, pero… está descalzo.

—Así es, y parece hambriento… no entiendo, ¿porqué nadie hace algo?

—Yo creo que así le gusta vivir, ya ves a Ferio, lo tiene todo y a veces se va de callejero a luchar con monstruos por mero gusto.

—Ah… tienes razón, este chiquillo debe ser igual de travieso como el Príncipe Ferio.

Durante el primer día, los dos cefirianos estuvieron caminando por las calles de Tokio conociendo el lugar. Tokio era una bellísima ciudad. Se maravillaron de los paisajes, de los deliciosos aromas de la comida, de las mujeres bellas, de los preciosos centros comerciales que vendían cosas exóticas para ellos, de la jovialidad de los muchachos y parejas enamoradas…

Luego de cansarse de tanto caminar, regresaron al hotel para repasar de nuevo el plan, e ir contestando más de sus dudas gracias a la piedra/péndulo de Clef. Chozeh estaba emocionado, no podía ocultarlo; pero Lantis estaba nervioso, sumamente nervioso, por fin estaba en el planeta, en la civilización, en el mundo del amor de su vida, por fin…

El apellido Ryuuzaki claro que también les era conocido. Inmediatamente los grandes parecidos entre la señora Ryuuzaki y Umi, además de la larga plática, les reveló que ambas eran madre e hija. En los tres años que las jóvenes llevaban visitando Céfiro, las chicas no había hablado mucho de su vida terrestre, pero sí lo suficiente como para saber que Umi era rica y sus padres tenían empresas y escuelas dedicados a la ciencia y el saber. Fuu tenía una hermana a la que quería mucho y ambas estaban adentradas en las matemáticas y astronomía; y Hikaru pertenecía a una poderosa dinastía de guerreros japoneses.

Sergey y Vladimir miraban realmente asombrados todos los laboratorios y mesas de estudio que los Ryuuzaki y Kuu les mostraban durante el recorrido.

—"Fue una civilización tan preciosa, es una lástima que… ahora deseo de corazón ayudarlos" —pensó Chozeh entristecido cuando hacía comparaciones entre los avances japoneses con los museos y exploraciones que Águila le presumía sobre Autozam.

—¿Y su demás familia también trabaja aquí? —preguntó Vladimir.

—No, solo tenemos una hija, se llama Umi y es tan berrinchuda como cuando tenía 4 años.

Todos rieron por el comentario de la señora.

—"Y vaya que si señora, aferrada como una mula" —le dijo Chozeh a Lantis telepáticamente por lo que tuvo que aguantarse las ganas de reír.

—¡Oh, Miren quien llegó tarde a la cita! —señaló Kuu con burla cuando observó que Satoru llegaba casi corriendo al encuentro con los demás.

El pelirrojo se avergonzó.

—Mil disculpas señores, mucho tráfico y varias cosas que comprar —se disculpó sofocado.

Lantis no pudo quitarle la vista de encima: pelirrojo, ojos marrones, la sonrisa igual a la de su amada… —"¿Será posible?"...

Luego de saludar a las mujeres, el señor Ryuuzaki le expresó:

—Mira Satoru, estos son los dos nuevos colaboradores que estarán con nosotros.

—¡Que bien, bienvenidos sean ustedes a Japón!

—Gracias, gracias buen hombre —respondieron los "rusos".

—Mi nombre es Satoru Shidou, y en unos momentos les presento a la celosa de mi hermana que no pude evitar que viniera conmigo —dijo Satoru mirando a Kuu.

—"Oh no, no es cierto... Hikaru… mi amor… Hikaru..." —Lantis se estremeció a tal grado de perder el equilibrio, y cayó desmayado al suelo mientras las mujeres y hasta el mismísimo Chozeh gritaban sorprendidos.


Hasta aquí el capítulo 9… De verdad que hoy los hermanos Shidou me hicieron reir, más que las "nenas"…

El siguiente capítulo, romance e intriga, ya se la saben…

Les deseo lo mejor… besos y gracias a mis amigas lectores. En breve subo el siguiente capítulo.

Sayonara…