BAILANDO BAJO LAS ESTRELLAS
(To Dance Beneath the Diamond Sky)
Por Kristen Elizabeth
Traducido por Inuhanya
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9.- Los rastros de mis lágrimas
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"Bailé desde el momento que pude ponerme de pie." -Anna Pavlova
"Miles de emociones se acumulan dentro de mi a través del día. Son liberadas cuando bailo." -Anónimo
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Duo justo había terminado de enjuagar su largo cabello cuando escuchó su nombre ser gritado sobre el ruido de la ducha. Cerró el agua y salió. Después de asegurar una toalla alrededor de su cintura y otra alrededor de su cabello, asomó su cabeza fuera del baño.
Su madre estaba de pie en el corredor, sosteniendo el teléfono. "Es una chica llamada Relena."
Sonriendo débilmente, Duo tomó el teléfono y se retiró a su habitación. Asegurándose de que sus cortinas estuviesen puestas, dejó caer la toalla alrededor de su cintura. "Hola?" dijo en el teléfono.
"Duo, hola." La voz de Relena era alta y sin aliento. "Siento molestarte."
"No es una molestia, princesa." Balanceando el teléfono entre su hombro y oído, Duo alcanzó en un cajón un par de bóxers. "De qué me perdí en clase?"
"Tú y Hilde." Hubo una pausa. "Cómo está ella?"
Duo se sentó en el borde de su cama con un suspiro. "Le dijeron… que no bailará otra vez, princesa."
"Oh dios!" gritó Relena. "Oh dios… esperaba… que iba a estar bien."
"Lo estará. Sólo que no lo bien suficiente para bailar." Duo desenrolló la toalla en su cabeza; una húmeda masa castaña se derramó sobre su desnuda espalda. "No me preguntes cómo lo está tomando; no ha hablado desde que le dijeron."
Relena se sonó, un audible intento por contener sus lágrimas. "Deseo que hubiese algo que pudiera hacer por ella. Sé que no le agrado, pero…"
"A Hilde no le desagradas, princesa. Sólo…" Él comenzó a pasar un cepillo por sus húmedos mechones. "Tienes que entender. Hilde creció en Brooklyn. Su papá murió cuando tenía ocho años y no le dejó nada. Su mamá ha estado trabajando en dos trabajos, algunas veces tres. Hilde comenzó a trabajar para ayudar con las cuentas cuando tenía catorce. Lo único bueno en su vida ha sido su baile; ha estado haciéndolo desde que tenía cinco en un centro comunitario. La conocí cuando entramos al Conservatorio." Duo tomó un respiro. "El resto de nosotros… tú, Yuy, yo… tenemos en qué caernos. Hilde no. Bailar es… era su salida."
"No hay manera de que pueda hacerlo otra vez?"
"Eso es lo que están diciendo," respondió él. "Regreso al hospital por unas horas. Aún si no está lista para hablar de eso, tengo la sensación de que necesitará algo contra qué llorar." Duo intentó una sonrisa. "Planeo ofrecerle mi hombro."
Relena hizo un suave sonido de diversión. "Sabes, Hilde podría no darse cuenta, pero bailar no es lo único bueno que tiene en su vida. Te tiene a ti."
Duo sacudió su cabeza. "Cáscaras, pequeña cisne…" Después de un momento, frunció. "Dime, qué está pasando con el taller? No van a cancelarlo, verdad?"
Hubo titubeo al otro lado. "No. Quieren re-elegir a Odette."
"Ah, bueno." Duo hizo a un lado su cepillo. "A quién eligieron?"
Relena aclaró su garganta delicadamente. "Probablemente quieras sentarte para esto."
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El sol entrando por la ventana del hospital y cayendo por la cama y la chica curvada en ella era una burla. Debería estar lloviendo, nevando, granizando… cualquier cosa menos el molesto calor y ánimo del sol de la tarde.
Hilde cerró sus ojos para bloquear los rayos. No había nadie ahí en el momento para cerrar las cortinas; tendría que soportarlo por ahora. Su pierna izquierda punzaba, sólo una pequeña parte de su sufrimiento. Alcanzó por el botón para llamar una enfermera, pero dejó caer su mano antes de poder hacerlo. El dolor le recordaba que aún estaba viva.
Hubo un golpe en su puerta. Hilde giró su cabeza; tal vez quienquiera que fuera se iría. No tendría tal suerte. Un momento después, la puerta se abrió y Duo irrumpió cargando un enorme arreglo de margaritas y lirios.
"Hola, nena!" Su voz era enérgica, como si estuviera tratando de compensar la melancolía que saturaba la habitación. Acercándose a su cama, se inclinó y besó su frente. "Las recogí en el camino. Te gustan?"
Hilde no dijo nada.
"Bien." Duo bajó las flores en la pequeña bandeja al lado de su cama y salió de su chaqueta de cuero. "La próxima vez… rosas." Hubo un momento de pausa. "Cómo te sientes, nena?" Ella levantó sus hombros. "Mejor, eh?" Duo guiñó. "Bien! A este paso, pronto estarás fuera de este lugar."
Cuando aún no lo reconoció, caminó hacia la ventana, aparentemente disfrutando de la luz del sol que Hilde despreciaba. "Está tan hermoso afuera. Me pregunto cuánto tendré que darle a las enfermeras antes de que me dejen llevarte allá…" Se giró. "Interesada?" Hilde sacudió su cabeza.
Duo titubeó, pero sólo por medio segundo. "Necesitas algo? Podría encender la TV… Podría darte más gelatina… más besos…" Suspiró. "Realizar un salto irlandés? Sólo háblame, Hilde. Por favor."
Ella de nuevo cerró sus ojos. "No hay nada que puedas hacer por mi," dijo finalmente. "No hay nada que nadie pueda hacer por mi."
"Nena…" Duo regresó hacia la cama y se sentó en la orilla, tomando su mano en la suya a pesar de sus esfuerzos por alejarla. "Si pudiera, negociaría con dios y lo haría romper *mi* tobillo para que pudieras bailar para siempre. Pero no puedo. Las únicas cosas que puedo traer son margaritas y besos y ese salto irlandés. Si no quieres nada de eso, sólo dime y me iré."
Los acianos ojos de Hilde se inundaron con cálidas lágrimas. Su mano se apretó en la suya. "Por qué fui yo, Duo? Lo he intentado tan duro… He hecho todo bien cuando toda mi vida ha estado tan mal… Entonces, qué hice para merecer esto? Eso es lo que puedes hacer por mí. Dime por qué me está pasando esto!"
"Tal vez…" Él miró sus unidas manos. "Tal vez hay algo más en tu vida que debes hacer… que nunca hubieses hecho si todo hubiese ido de acuerdo al plan."
Ella todavía no estaba lista para aceptar eso. Después de mirar lejos por largo rato, regresó su mirada hacia él. "Qué están haciendo con respecto al taller?"
Duo aclaró su garganta. "Te gustan las flores aquí, al lado de tu cama? O tal vez estarían mejor en el sol. Podría llevar la bandeja hacia allá y…"
Hilde frunció. "Duo, te hice una pregunta."
"Me pregunto si otra vez tienen gelatina verde; podría traerte un poco. Te he mostrado mi truco Gelatina Jurasic Park? Es básicamente esa cosa que la chica hizo para hacer menear su cuchara cuando vio ese raptor viniendo hacia la…"
"Duo!" Hilde levantó un poco más el espaldar de su cama. "El taller?"
Él suspiró antes de frotar sus ojos. "Hilde-nena… estoy dividido. Me temo que si te digo, empeorará todo para que tú…"
"Por favor, Duo." Sus ojos estaban húmedos. "Necesito saber."
Después de una segunda contemplación, Duo llevó su mano hacia sus labios, como si el gesto amortiguara el shock de la noticia. "Quieren re-seleccionar a Odette." Los dedos de Hilde se apretaron alrededor de su mano. "Y quieren a Relena."
Los minutos de silencio que siguieron fueron insoportables. Más que esperar por su reacción, cualquiera que pudiese haber sido, Duo añadió. "Es tu parte, nena. Nadie lo está negando, especialmente Relena." Pausó. "Podría ser peor. Podrían querer a Cata-solitar-ia. Digo, al menos es alguien que nos agrada." Duo trató una vez más con un simple, "Lo siento mucho, nena."
Estuvo a punto de intentar de nuevo cuando Hilde habló en una suave y herida voz. "Soy tan fácilmente reemplazable?"
"Nadie nunca podría reemplazarte," respondió inmediatamente.
Hilde mordió su labio, presionando en su carne hasta casi romper la piel. "Cómo se supone que reaccione a esto? Cuál sería la mejor manera para aceptarlo? Hay una? Porque todo lo que quiero hacer ahora es agarrar algo y…" Sus dedos apretaron los suyos; él hizo una leve mueca. "No sólo he perdido todo por lo que he luchado toda mi vida, lo he perdido con alguien que no podría bailar afuera de una bolsa de papel!"
"Eso es un poco…"
"Un poco qué, Duo?" Sus llorosos ojos de fruncieron. "Un poco duro? Un poco injusto? Qué quieres de mí? No sólo voy a encoger mis hombros y a decir 'esa es la vida'." Ella liberó su mano con más fuerza de la necesaria. "La odio!" gritó. "Me lo quitó… cuando ya tiene mucho…"
Duo alcanzó para abrazarla, tomando sus muñecas cuando luchó contra sus brazos. "Puedes odiar la situación. Puedes odiar a Treize. Puedes odiar a Milliardo. Demonios… puedes odiarme si eso te hace sentir mejor. Pero Relena está tan sorprendida y tan molesta como tú por todo esto. Crees que ella lo quería?"
"Por supuesto que sí!" Hilde le dio la mirada que generalmente reservaba para gente ebria en los subterráneos y cristianos fundamentalistas. "Eres idiota? Cada chica en esa clase *amaría* verme caer, pensando que serían las escogidas para tomar mi lugar. Relena no es diferente! De hecho, es peor, porque nunca lo habría obtenido si no fuera la santa hermanita del director…"
"Basta!" Los ojos violeta de Duo destellaron. "No tienes idea de lo que hablas! Estás dolida y tienes cada derecho a estar enojada. Pero desquitarte con Relena… no hay caso en hacerlo. Ella no merece tu odio."
La pierna de Hilde punzaba, distrayéndola momentáneamente. La enormidad del día la alcanzó en el espacio de un segundo. Su rabia se derritió en la corriente de su pena y autocompasión. Lágrimas llegaron más rápido; sus hombros temblaban bajo el peso de muchos sentimientos. "No es justo!" gritó, sollozando. "Todo se fue… todo! Toda mi vida se acabó!"
Duo trepó en su cama para halarla más en sus brazos. Ella protestó pero sólo por un segundo; después de un momento, colapsó contra él, sus sollozos amortiguados por su pecho. Él acarició sus cortos rizos, meciéndola gentilmente mientras continuaba llorando. "Todo va a estar bien," susurró, depositando un beso en la cima de su cabeza. "Estoy aquí."
Ella sacudió su cabeza contra el calor de su cuerpo. En el momento, no fue suficiente.
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Relena tenía su pie apoyado en la baja banca que se extendía entre las filas de casilleros en el vestidor de las chicas y estaba ajustando sus mallas rosa cuando escuchó las voces. Tres chicas cambiándose en sus leotardos en la siguiente fila; las había visto cuando llegó.
Aparentemente, ellas no la habían visto.
"No lo entiendo. Por qué ella?" Una chica que no reconoció preguntó en voz alta.
La segunda era reconocible más allá de una sombra de duda. "No es obvio? Tuvo que haberse revolcado con Treize," respondió Dorothy Catalonia.
"Oh, eso es tan vulgar!" la tercera chica golpeó una puerta. "Qué perra."
"Es muy triste. Quiero decir, su propio hermano no la escogió en algo mejor que el cuerpo… supongo que imaginó que tenía que cruzar esa milla extra." Dorothy rió. "Probablemente saltó sobre Treize tan pronto como terminó la clase después que Hilde cayó."
La tercera chica rió. "Si no lo hizo antes. Cómo creen que entró a la clase en primer lugar? Ciertamente no pudo haber sido por su técnica."
"Lo que realmente me molesta es que ahora va a bailar con Heero." La primera chica suspiró dramáticamente. "He hecho todo para hacer que me note y todo lo que he obtenido ha sido un vago movimiento de cabeza."
"Estamos seguras de que es heterosexual, verdad?" rió la tercera chica.
"Oh… es heterosexual," dijo Dorothy con confianza en su voz. "Créanme…" Desde su lugar contra los casilleros, Relena se paralizó.
La primera chica jadeó. "Tú y Heero han…?"
Dorothy golpeó sus zapatillas contra la banca de madera. "Sólo fue algo de verano en los Hamptons el año pasado."
"Oh, dios mío, tienes que contarme *todo*!" chilló la primera chica. "Es tan buen besador como pensarías?"
"Dulzura…" La voz de Dorothy era baja y experimentada. "Es bueno en todo." Hubo una pausa. "Me topé con él en esta enorme fogata en la playa un fin de semana. Sabían que su papá tiene esta maravillosa casa… bueno, eso no es realmente importante. Comenzamos a hablar del baile, pero muy pronto estaba sobre mí. Bueno, no iba a decir no; han visto el bulto en sus mallas."
La tercera chica resopló. "Por qué crees que vengo a clase todos los días?"
Relena miró sus manos; estaban temblando. Por primera vez, su cerebro y corazón tuvieron la misma idea… necesitaba salir de ahí. Pero encontró que no pudo moverse cuando Dorothy continuó su historia.
"Él es uno de esos chicos que saben qué hacer," continuó. "No puedo recordar cuántas veces me vine; fue muy bueno." Dio un contento suspiro.
"Qué pasó una vez que regresaron a la ciudad?" preguntó la primera chica.
Dorothy cerró su bolsa. "Eso, querida, es privado."
La tercera gruñó. "Que injusto…" Hubo una segunda pausa antes, "Mierda! Vamos a llegar tarde! Treize enloquecerá!"
Relena contuvo su aliento mientras las chicas salían de los casilleros. Cuando pensó que la costa estaba despejada, cayó al suelo de concreto. La nueva información sobre Heero se había clavado completamente en su mente. El sonido de una voz despertó su atención.
"Te gustó mi historia?" preguntó Dorothy, sus brazos cruzados sobre su leotardo negro.
"Fue sólo eso? Una historia?" Relena lamió sus labios secos.
Dorothy le movió un manicurado dedo. "Si quisiera mentir sobre haber fornicado con alguien, escogería a un compañero más importante e influyente. Tu hermano, por ejemplo. Totalmente podría montar ese…"
Relena puso sus manos sobre sus oídos. "Por favor, vete."
La otra chica sonrió retorcida. "Sabes que no mereces todo esto, verdad? Eres una bailarina de segunda clase tratando de ponerse los zapatos que son muy grandes para ti. Cómo te vas a ver tratando de bailar con él? Te lo diré." Ella se agachó levemente. "Ridícula." Relena cerró sus ojos y giró su cabeza. Dorothy se enderezó. "Piensa en eso antes de entrar hoy al estudio."
Relena escuchó el golpeteo de sus zapatillas y el sonido de la puerta cerrándose. Una simple lágrima se deslizó por su mejilla. No estaba muy segura de por qué. Dorothy no estaba mintiendo… sobre nada de eso. Era una bailarina inferior y se vería ridícula tratando de bailar con Heero.
Y por Heero… no era como si le debiera algo. Sólo habían compartido una luna llena.
Ella secó la evidencia de la lágrima de su suave mejilla y se levantó. Después de deslizar su bolsa por su espalda, siguió el camino que Dorothy había tomado para salir del área. Cuando emergió al corredor principal que conducía a los estudios, Heero estaba esperando por ella. Recostado contra la pared al lado de la puerta del vestidor de chicas, parecía como un rebelde sin causa.
Relena se rehusó a encontrar sus ojos. "Por qué no estás en clase calentando, Heero?"
Él descruzó sus brazos y se retiró de la pared. "Quería hablar contigo antes de entrar."
"Sobre qué?" Ella mordió su lengua. **También piensas que soy una mala elección para el papel?**
Heero miró sus zapatos de ensayo. "Bueno… por todo esto… vamos a tener que pasar más tiempo juntos. Tienes mucho que poner al día… estaba pensando que deberíamos pedirle al Sr.…"
Ella lo interrumpió. "Escucha, Heero. No tienes que molestar a Treize."
Él frunció. "Treize? Qué tiene que ver él con nuestro proyecto…"
Pero Relena había dejado de escucharlo. "Y no tienes que preocuparte por ser avergonzado por mi durante el taller," continuó. "No sé por qué mi hermano y el Sr. Treize decidieron elegirme, pero obviamente fue el error más grande que hayan cometido."
"Relena…"
Ella sacudió su cabeza. "No tienes que disculparte conmigo, Heero. Conozco mis limitaciones. Así que, como dije, no tienes que preocuparte por nada."
"No?" Heero levantó una ceja. "De qué estás hablando…"
"No tienes que preocuparte…" repitió Relena. "… porque no tengo intención de hundirte conmigo." Tomó un respiro. "No voy a interpretar a Odette. Pueden encontrar a alguien más."
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Continuará…
