9. Una situación
-Harry.- Taylor iba entrando a la oficina de Harry, esperando encontrarla vacía pero para su sorpresa su jefe durmió ahí.- Despierta.
Lo primero que Harry sintió al escuchar la voz de Taylor fue un intenso dolor en la espalda, definitivamente dormirse en el escritorio no había sido muy buena idea. Después de esto se reincorporó y se despabiló, soltando un bostezo.
-¿Qué hora es?- Preguntó Harry aún adormilado.
-Seis de la mañana.- Taylor contestó revisando el reloj que llevaba en la muñeca.
-Y ¿qué haces aquí tan temprano?- Se interesó Harry, ya qué se suponía que entraba dos horas más tarde.
-Me figuré que en la noche habrías dejado desordenados los papeles de la conferencia y me disponía a ordenarlos y mover cualquier cita que se te presente hoy.- Explicó Taylor.
-Entiendo.- Harry se levantó de su silla.- Creo que iré a mi departamento a cambiarme para la conferencia. Regresaré en media hora.- Harry tomo su abrigo del perchero.
-Sería mejor que durmieras un poco, Harry.- Taylor sugirió.- La conferencia es en diez horas. Tienes tiempo.- Dijo con sarcasmo.
-Estaré aquí en una hora.-Contestó Harry, mientras Taylor negaba con la cabeza. Harry era un fanático del trabajo.- Debo ir a San Mungo a las nueve ¿cierto?
-Así es.- Respondió Tay.- No sería mejor que ya no regreses y te vayas directo allá.
-No. Debo revisar unas cuantas cosas antes de ir.- Dijo Harry antes de salir por la puerta y dejar a Taylor ordenando unas cuantas cosas.
* * *
Ginny se despertó en su departamento por las luces del sol bañándole la cara. Vio el reloj que estaba en su mesa de dormir, marcaba las siete de la mañana.
-¡Por Merlín!- Ginny se levantó de la cama de un salto. A penas si tendría tiempo de arreglarse como quería.
Se metió a bañar y salió diez minutos después envuelta en una toalla y con el cabello mojándole la espalada gota tras gota. Casi siempre elegía su atuendo en menos de medio minuto, pero esa mañana al ponerse enfrente del clóset surgió un problema. No tenía ni idea de que ponerse y por primera vez en varios años pensaría seriamente que se llevaría al trabajo. La razón de ese cambio era simple…Harry.
Si, Harry. A pesar de ser una tortura el tener que verlo, quería hacerlo de buena manera. Y dentro de la parte buena manera contaba su atuendo.
Aunque no fuera a admitirlo nunca, le gustaba volver a tener que revolver su armario buscando que ponerse. Era divertido y es un deseo que se encuentra en cada mujer del mundo por más que trate de reprimirlo.
Tras casi quince minutos de buscar encontró el atuendo perfecto. Su cuarto estaba irreconocible había ganchos, ropa y zapatos tirados por todo el lugar. Ahora simplemente le faltaba peinarse y maquillarse.
Se dejo el cabello suelto y con la varita se marco algunos rulos. Su maquillaje a pesar de no estar cargado le daba una gran diferencia, ya qué casi nunca se iba maquillada a San Mungo.
Ginny bajo apresurada las escaleras poniéndose con los zapatos, una vez que estuvo abajo se puso enfrente de la chimenea y se dirigió a San Mungo.
Apareció en el hospital en un parpadeo, al salir de la chimenea se sacudió el hollín y se dirigió a su oficina. Abrió la puerta con la varita y dejo el abrigo en el perchero, acto seguido fue a su escritorio por unos papeles, los leyó rápidamente y fue a revisar a la paciente.
En la habitación se encontraba Jessica, revisando a la bruja. Ginny se dio cuenta al momento de qué algo iba mal, ya qué estaba semi transparente y atada por las manos.
-¿Qué sucedió?- Jessica volteó precipitadamente a ver a Ginny con cara de preocupación extrema.
* * *
Harry llegó al ministerio con una taza de café en la mano. Antes de entrar a su oficina se dio cuenta de que Taylor estaba hecha loca con los pergaminos y un vociferador; agregándole millares de cartas en el escritorio. Comenzaba a entender porque llego tan temprano.
- ¿Necesitas ayuda?- Harry estaba aguantándose la risa.
-¿Podrías encerrar en Azkaban a mi madre y mi acosador personal?- Pidió Taylor con ironía.
-Veré que puedo hacer.- Contestó Harry riendo. Después de esto entró a su oficina.
Se sorprendió un poco al comprobar la eficiencia de Taylor. La oficina que hace unas horas había estado de cabeza, con libros de un lado para otro, pergaminos regados, anotaciones y demás en ese momento estaba perfectamente ordenada.
Comenzó a trabajar en algunos casos pequeños que no había tenido tiempo de resolver, escribió algunas cartas de trabajo, canceló entrevistas, revisó los temas de la conferencia, y finalmente se dispuso a estudiar diversos hechizos de ataque poco usados, pero que podrían estar involucrados en este ataque.
Las horas pasaron sin qué Harry siquiera las sintiera, los papeles y en sí, su trabajo lo apasionaban y podía perderse días enteros sin notarlo.
-Harry, tienes llegó una carta urgente de San Mungo.- Harry se extraño, a menos de qué fuera una cancelación era de suponerse que esperarían a verlo en persona.
Harry comenzó a leerla. Había surgido una situación nueva en el caso, no se suponía que cosas así pasarán a menudo…Decidió ir al instante, podía ser grave, crucial o ambos.
-¿Saldrás?- Preguntó Taylor confundida.
-La carta es importante. Debo ir ahora a San Mungo.- Se explicó Harry.
-La conferencia es en quince minutos.- Taylor conocía la respuesta: cancelación. Pero prefería cerciorarse.
-Cancélala.- Harry Potter podía llegar a ser predecible en ciertas ocasiones. Lo último que Taylor vio, fue a su jefe abordando el elevador mágico seguido por varios memorándums voladores.
* * *
- Es inadmisible que no lo hayan notado.- Ginny se encontraba a lado de la cama de la bruja aplicando hechizos a diestra y siniestra. Bloqueando y desbloqueando, administrando y suspendiendo.
-No tengo una idea de cómo no nos dimos cuenta.- Robert fue el qué habló esta vez. La preocupación estaba a flote en toda la habitación.
-Debemos cambiarla de habitación.- Sugirió Jessica.- Algo con cuidado extremo.
-Realmente espero que no haya muertes aquí o nuestras cabezas van a rodar.-Ginny tenía la cara surcada de preocupación.- Necesito que llenen un formulario de traslado urgente.
-Ginny, debes tratar con el ministerio.- Will entró a la habitación.
-La cita era en dos horas.- Habló Ginny al borde de la histeria. Lo último que necesitaba en ese momento era a Harry Potter.
-Alguien debió avisarle.- Ginny volteó a ver a Jessica cargada de enojo.
-No me veas así que yo no hice nada.- Habló Jess en defensa.
Ginny se quitó la capa y con pesar y enojo salió del lugar.
Subió al elevador con seguridad y firmeza, principalmente provocados por el enojo, el pasillo fue otro tema conocido como: miedo.
Una cosa era estar con Harry en una cena con multitud de personas y, otra muy diferente era tenerlo a un lado en una oficina cerrada. Desaceleró el paso, hasta llevar una velocidad sorprendentemente lenta, comenzaba a resquebrajarse su valentía. Estaba a punto de regresar a la habitación y suplicarle a William hablar con Harry en vez de ella cuando se dio cuenta de que estaba a unos metros de su oficina.
Lo haría. Ni siquiera ese pensamiento levantó su fingido coraje. Un tambaleo le sacudió la espina dorsal.
Ginny aspiró y exhalo, después tras unos pensamientos de valentía y coraje dio los pocos pasos que le faltaban y giró la perilla de la puerta. Claro que nunca imaginó que el estúpido movimiento de muñeca le fuese a costar tanto trabajo, algo le cortaba la respiración…
A pesar de todo el esfuerzo y meditación mental, al verlo de espaldas frente a su escritorio considero pertinente recargarse del marco de la puerta para no caerse. Vaya que parecía la adolescente de doce años que corrió a su cuarto histérica después de verlo desayunando con la familia.
-Harry.- Más que hablar, susurró. Un susurro tal leve que pudo perderse en el aire, pero Harry lo notó y se giro para verla.
-Buenos días, Ginny.- Se veía muy bien, un poco alterada pero más que nada, guapa. Llevaba unos mechones en la cara y la expresión difícil de descifrar, era una mezcla de varios sentimientos, a los cuales se sobreponía la adrenalina.
Harry estaba feliz de no ser el único nervioso en ese lugar. Era un contacto de trabajo, pero un contacto físico después de todo.
-¿Qué ocurrió?- Pregunto Harry interesado.
A pesar de que le costaría, debía mantenerse al borde. Él y Ginny eran historia vieja, todo esto sería simplemente laboral.
-Te pondré al corriente.- Ginny dejo el marco de la puerta y camino hacia el escritorio.- El caso se complico por dos razones: la primera es qué la paciente esta embarazada y la segunda es que el bebé debe estar grave por el ataque a la madre y los medicamentos.
Harry estaba en blanco. ¿Embarazada? Podía lidiar con un ataque de histeria, un paro cardiaco, sangre o heridas; pero un bebé era algo que no vio venir.
-¿Por qué aplicaron medicamentos si sabían que estaba en ese estado?- Eso sonó a reproche. Ginny se molestó, más que nada porque sabía que Harry tenía razón y era algo idiota el qué no se hubiese percatado de un bebé.
-Porque no lo sabíamos.- Ginny le sostuvo la mirada al tiempo que Harry enarcó una ceja.
-¿Cómo qué no lo sabían?- Interrogó con sarcasmo.
-No tengo idea de cómo sucedió.- Eso no era una excusa. Bueno tal vez si lo era, pero tenía fundamentos: no había signos de un bebé adentro.
-Esto complica todo ¿cierto?- Inquirió Harry.
-Por supuesto.- Corroboró Ginny.- Pero aún así debemos de encontrar que demonios pasa con ella.
-¿Qué complicaciones o restricciones va a haber porque haya un bebé dentro de ella?- El tono más que laboral fue frío.
-No se podrán aplicar determinados hechizos, ni medicinas. Además de que debemos mantenerla en reposo y no forzar sus recuerdos.- Explicó Ginny.
-Debemos de forzar sus recuerdos.- Harry estaba molesto por que no se dieron cuenta de la existencia del bebé y Ginny no estaba para exigencias. En conclusión esa frase podría desatar diferencias y discusiones.
-No. Debe de estar en reposo para salvar a su hijo y, como no esta en condiciones de decidir nuestro deber es salvar a ambos a como de lugar.- Protestó Ginny. Harry se llevo las manos a la sien, esto se convertiría en un dolor de cabeza.
-No voy a discutir ahora.- Aclaró firmemente Harry.- ¿Qué piensan que tiene? ¿Hechizos de ataque?- Harry observó a Ginny, se dio cuenta que estaba enfadada ya que sus ojos hablaban por ella y el que golpeará la mesa repentinamente también era un signo de molestia.
-Pienso que fue un ataque múltiple.- Sugirió Ginny.- Francamente no creo que este loca.
-¿Ninguna enfermedad?- Demandó Harry con un tono cargado de seriedad. Quería hacerla rabiar, siempre se había divertido con eso.
-Esto es una encuesta o algo parecido.- Reclamó Ginny.
-Lo es.- Afirmó Harry, para fastidiarla lo doble. Y siendo honestos, consiguió su propósito.
* * *
-¿Ginny esta con Harry o con Morrinson?- Inquirió Jessica en voz alta.
-Creo que Potter tenía la cita primero.- Contestó Robert.
-Demonios.- Jessica chasqueó la lengua.
-Jessica,- Robert dejo unos papeles a lado.- ¿Qué paso con ellos dos?- Sabía que había mucha historia de fondo, historia que Ginny nunca va a estar lo suficientemente lista para contar.
-No creo ser yo quien deba decirte eso.- Jessica zanjo el asunto con esta frase, a pesar de ser ella una de las personas que sabía mejor que Harry que había de trasfondo.
-¿Realmente fue por el trabajo?- Robert era obstinado.
-Por supuesto que no.- Jessica contestó.- Pero ya te dije que no te diré nada. No insistas, antes de que me irrite.
-Está bien.- Robert volvió la vista a los pergaminos.- No más preguntas.
-Iré a la oficina de Ginny.- Jessica se levantó resuelta con unos pergaminos en los brazos.
-¿La razón es trabajo o curiosidad?- Inquirió Robert.
-Dijiste que no harías más preguntas.- Jessica salió del lugar dejando a Robert negando lentamente con la cabeza.
* * *
-¿Qué clase hechizo podría estar involucrado?- Preguntó Ginny al ver a Harry muy interesado en el informe médico y las más recientes observaciones. Había algo en Harry cuando trabajaba que ejercía cierta fascinación en ella, su forma de observar detalles que pasaban inadvertidos, su concentración, su forma de cambiar miradas o hacer muecas ante alguna pista…
-Definitivamente es magia oscura muy avanzada.- Harry se llevó una mano a la cabeza y se alborotó el cabello.- Querían provocar un daño. ¿En dónde vive?
-Mi trabajo es su salud no su vida privada.- Respondió Ginny.
-Julie me ayudará con eso.- Tan bien que iba la cosa y comenzaban los problemas. Harry no debió decir eso.
-Es ilegal.- Reprochó Ginny.
-Conseguiremos un permiso.- Contestó Harry con simplicidad. Otra cosa que irritaba a Ginny eran las malas mañas que Julie le pegaba a Harry.
* * *
¡Hola lectores!
¿Les gusto? Ah espero que sí (:
Muchisimas gracias por todo el apoyo y la buena onda para este fic. No dejen dee escribirme reviews, les prometo que los respondo apenas tengo tiempito, aaargh ¿quien invento la escuela? Bueno quienquiera que sea screw up mi vida xd
Avances próximo capítulo...
-Buenas tardes.- Harry aún se encontraba en la puerta, bloqueando la entrada.
-¿Y Ginny?- William fórmula la pregunta con una sonrisa de comercial de pasta dental. Harry simplemente hizo una mueca de incertidumbre con la boca.
-No esta aquí, y creo que va a tardar.- Se supone qué te dijo que no tardaría. Harry quería matar a la estúpida vocecita, dentro de su cabeza.- Te recomendaría no esperarla.
Los quiero, besos.
Mariana~
