Re-Editado (25-03-2016)

El último capitulo, lo prometo.


The Last Light

(La última luz)


Epilogo.

Alexandria.


Judith entrecierra los ojos, se muerde los labios con concentración y dispara.

La flecha rasga el aire ante sus ojos, asestando el maltrecho peluche que usa como blanco. Su corazón se acelera, sonríe abiertamente y por un instante se encuentra tentada a gritar y saltar de puro orgullo, pero se recuerda que se encuentra a las afueras de su refugió, sin la verja o las paredes de concreto protegiéndola, una simple bocanada de aire un poco ruidosa podría conjurar una horda de caminantes hacía ellos y ponerlos en peligro. Por lo que simplemente se relame los labios y lanza una mirada triunfal sobre su hombro, Daryl le regala una de esas sonrisas fugaces a cambio.

— Ahora Mike.

El niño rubio sonríe. Levanta su arco, carga una de sus flechas y tensa la cuerda. Clava su mirada de ojos azules en el conejo, se relame los labios y justo como había hecho Judith, dispara. La flecha falla el peluche, pero se clava en la espalda de una ardilla que estaba tratando de escalar un árbol cercano.

— ¡Sí! – Exclamo el rubio, ganándose una mirada reprobatoria por parte de la niña de cabellos castaños — ¿Qué? Es la cena — se explicó el chico.

— Sí, pero no tienes por qué chillar — respondió la chica frunciendo el ceño –. Sabes muy bien que no podemos hacer ruidos fuera de los muros.

— ¡Hey! – Les freno Daryl – No discutan.

La pequeña volvió a fruncir los labios, cruzándose de brazos.

— Si, papá — dijo el pequeño, dándose la vuelta y yendo hasta la ardilla —. Espero que a mamá le guste — comentó el pequeño mientras le arrancaba la flecha.

— ¿Daryl, cuando podremos ir a cazar? – Preguntó la niña, observando como su compañero se unía a ellos.

— Cuando estén mejor preparados — contestó el hombre, frunciendo levemente el ceño.

— Pero ya lo estamos ¿no? – agregó Mike, uniéndose a la conversación.

— En tus sueños, mocoso — soltó Daryl, tomando la ardilla que el pequeño le ofrecía—. Regresemos, ante que tú madre empiece a preocuparse.

Ambos niños quedaron inconformes con la respuesta de Daryl, pero en sus años de compartir con él (en especial el pequeño Dixon) habían aprendido a no desafiarle y mucho menos ir en contra de sus decisiones, era una batalla perdida.

El pequeño grupo se alejó del límite del bosque regresando a la zona segura, siempre en silencio y con sus arcos preparados para disparar, Daryl llevaba su ballesta cargada y alzada a la altura de sus ojos. Aunque el camino se encontraba despejado, la primera regla para sobrevivir que se les había inculcado a los pequeños era: Nunca se está lo suficientemente seguro, no se confíen. Por lo que se mantuvieron en esa postura defensiva hasta que se encontraron cerca de los pozos, donde empezaron a ver caras conocidas vigilando desde las torres que se alzaban sobre el primer perímetro, una cerca construida de alambres y estacas.

— ¿Qué tal todo? – les preguntó un joven moreno, de unos 22 años, quién se encontraba rondando por los pozos, seguramente limpiándolos.

— ¡Hola Luke! – Le saludo Judith, con una sonrisa — ¡Estupendo!

Destenso su arco y guardo su flecha, ganándose una mirada gélida por parte de Daryl quién aún mantenía la ballesta arriba.

— Todo bien – respondió el mayor, acercándose al joven —. ¿Por aquí?

— Tranquilo, Aarón salió hace una hora más o menos, iban a limpiar las trampas — explicó el chico —. No deberían tardar en volver.

Daryl asintió.

— ¿Caminantes? – El joven negó.

— Una pareja, me encargue de ella — respondió—. De todas maneras pensé en chequear los pozos por si acaso.

El mayor de los hombres afirmo con la cabeza, les hizo una señal a los pequeños y continuaron su camino hacia la zona segura. Tras el primer perímetro, se toparon con una barrera de autos oxidados y destartalados, que amontonados actuaban como un muro. Un par de hombres en una torre de vigía les vieron, activaron un sistema de polea y el portón de madera se abrió lo suficiente para que ellos pasaran. Finalmente, el tercer perímetro, apenas a unos metros de distancia, se mostró ante ellos. Un muro de láminas de acero, ladrillo y madera se alzaba sobre ellos, como en la barrera anterior un grupo de hombres se apuró en permitirles entrar jalando una reja.

Las puertas no habían terminado de cerrarse cuando Mike ya había bajado su arco. Daryl también descansó los brazos, bajando la ballesta y acomodándosela en su hombro. Estaban a salvo, en casa, en Alexandria, una de las pocas comunidades seguras que aún se mantenían efectivamente en pie.

Caminaron a través de las calles, parándose a saludar a algunas personas o en caso de Judith a tomar una cesta de tomates recién colectados que le ofrecía Mary, quién trabajaba en el pequeño huerto e invernadero que mantenía la comunidad.

— Una carrera hasta la casa – propuso Mike, cuando la chica regreso junto a ellos —. El perdedor es un estúpido caminante.

La chica sonrió triunfal, le entrego los tomates a Daryl y se puso a un lado del chico.

— ¿Listo? – El niño asintió — ¡Fuera! – grito la chica, arrancando a correr con todas sus fuerzas seguidas muy de cerca por el pequeño rubio.

Daryl les observó con gesto curioso, acostumbrado como estaba a las travesuras de su hijo y sobrina.

— ¿Todo bien? – Preguntó una voz familiar a su espalda, Daryl ladeo la cabeza y le dirigió una mirada a un Carl de 26 años. El cazador dejo entrever una sonrisa floja, antes de afirmar con un movimiento de cabeza.

— Ningún problema — contestó.

— ¿Cómo les fue? – Preguntó, observando como la pequeña Grimes arribaba corriendo a su vivienda, quedando victoriosa.

— Cada vez son mejores – admitió Daryl, encaminándose nuevamente a la casa seguido por Carl —. Judith realmente es una patea traseros — dijo, ganado una carcajada por parte de Carl —. Mike le falta más de práctica, pero tiene la dosis suficiente de suerte para haber fallado y conseguirnos la cena — señaló, indicando la ardilla que guindaba de su cinto.

— Deberías darle más méritos, después de todo de "tal palo tal astilla" y todos sabemos lo buen tirador que eres.

El hombre se encogió de hombros.

— ¿Qué ha ocurrido mientras no estuve?

— Nada que merezca la pena contarte — respondió Carl –Supongo que todo está bien.

Los hombres entraron a la casa, donde los niños ya se habían dispersado rápidamente. Una mujer rubia, apenas rozando los treinta, les recibió con una sonrisa en los labios, una expresión que por muy hermosa no dejaba de tener cientos tintes tristes.

— Hey – saludó la rubia, con sus ojos clavados en el cazador.

— Hey – le respondió a cambio el hombre, adelantándose al Grimes y deteniéndose a unos pasos de la mujer.

El hombre llevo su mano a la mejilla de la rubia, ella a su vez hizo lo mismo y entrelazo sus dedos con los de él. El cazador se inclinó sobre su mujer y rozo levemente sus labios con los de ellas. Un carraspeo les recordó que no estaban solo, por lo cual el hombre se alejó suavemente de los labios femeninos, sin dejar de observar el leve rubor que se había formado en sus mejillas así como la sonrisa que le dedicaba solo a él.

— Un poco más y muero empalagado – se quejó Carl con un tono de broma, adelantándose a la pareja y dejándose caer en un desvencijado sillón que hace años había perdido el color de sus telas.

— Búscate una mujer – gruño Daryl, frunciendo levemente el entrecejo y provocando una carcajada leve en Beth.

— Ya la tengo – admitió Carl, sin darle mucha importancia —. Pero si sigues diciéndome que hacer, te robó a Beth —. Amenazó, ganándose una mirada helada por parte del cazador, que instintivamente rodeo la cintura de la rubia.

— Te mato – añadió simplemente el hombre.

Carl se encogió de hombros, justo en el momento en que Judith ingresaba a la habitación. Se había soltado la coleta que mantenía su cabello castaño recogido, dejando que la maraña de cabello cayera a todo su largo por su espalda. Los tres mayores la observaron, sin evitar una punzada de pesar al recordar a una de las tantas personas que habían perdido.

— ¿Te ayudo con la comida, Beth? – Preguntó la pequeña, ajena a las emociones de su familia.

— No, ya lo tengo todo controlado — admitió la rubia con una suave sonrisa —. Ve a echarte un baño.

La pequeña asintió, corriendo escalera arriba con dirección al cuarto de baño.

— Mañana se cumplen siete años – recordó Beth, sonriendo tristemente.

Daryl entrelazo sus dedos con los de ella, apretándole suavemente los dedos.

Ella me recuerda tanto a él — admitió la rubia, ambos hombres no pudieron estar más de acuerdo.

— Rick estaría orgulloso — afirmó Daryl, dirigiendo su mirada hacia Carl —. De ti también muchacho.

Carl asintió.

— Lo sé, de verdad lo sé.

Los tres se mantuvieron en silencio antes de que Carl se colocará en pie, acomodándose el cinto donde guardaba el arma que una vez le había pertenecido a su padre.

— Volveré para la comida, iré a ayudar a Michonne con las trampas — Daryl asintió como respuesta.

Al haberse ido, el cazador se acercó a su mujer y la envolvió entre sus brazos. No importaba el tiempo que pasará, el tener a Beth a su lado era capaz de calmar cualquier tormenta en su interior. La beso suavemente en los labios, dedicándole una mirada profunda.

— Sabes que eres lo mejor con lo que me he topado en mí vida.

Ella le sonrió.

— Lo sé.

Él volvió a besarla.

— A veces, pienso que somos las personas más afortunadas de este mundo — explicó la rubia —. Logramos escapar de la prisión, encontrar a nuestra familia, llegar a este lugar y sobrevivir a los bandidos — enumero, una sonrisa triste curvó suavemente sus labios —. Perdimos a mí padre, a Glenn, Tyreese, hasta el mismo Rick. Pero seguimos sobreviviendo, estamos juntos. Tenemos a Carl, Judith y Mike, aún nos queda Maggie, Michonne y el resto… Seguimos vivos, los muertos ya no son un peligro.

Daryl besó sus manos sin interrumpirla.

— Somos muy afortunados, vuelvo a tener esperanza — concluyó —. Vuelvo a creer que todo estará bien.

El cazador sonrió suavemente, sin querer apartarse de ella.

Todo irá bien. Lo sé.

Beth solo pudo sonreír. Su última luz en ese mundo de sombras o el primer rayo del amanecer de un nuevo mundo, lo único que importaba es que ella lo es todo para él. Y mientras esté a su lado, no importaba lo que pasará.

Beth era su todo.


Fin.


Y por fin, el verdadero fin.

Espero que les halla gustado esté ultimo capitulo, el cual en un principio pensé en publicarlo como un one short independiente, pero preferí anexarlo a está historia ya que se basa en el mismo universo.

Muchas gracias a todos.

¡Abrazos!

Fecha en que concluyó: 11-06-2014.