Por alguna razón que el mismo no alcanzaba a comprender, Harry no se sentía capaz de leer el diario.

Permanecía allí en su mesa de investigaciones, sin ninguna protección que le impidiera revisarlo.

Cuando se lo habían entregado, probo múltiples métodos bordando en lo ilegal para revisar sus paginas, ahora que el libro se encontraba esperando a ser leído, Harry no se decidía, por alguna extraña razón.

Y eso lo frustraba.

Se puso en alerta porque alguien llamaba a la chimenea. Solo podía ser una persona.

Y como para confirmárselo, podía ver el rostro de Ron en las llamas. Su amigo estaba furioso.

_ Harry, todos nos reunimos en la Madriguera. Alguien ha atacado a Ginny.

Aquello fue como un baldazo de agua fría.

_ Voy para allá. Supongo que al final fue buena idea hacerle caso a Hermione sobre lo del flu.

Ron volvió a perderse entre las llamas con un chisporroteo.

Harry respiro hondo, encaminándose al pasillo. Antes de alcanzar la habitación de James, este ya estaba en la puerta.

_ Vamos a la Madriguera.

Eso pareció caerle de maravilla al chico, porque no protesto, cerro la puerta de la habitación y lo siguió a la chimenea.

La cocina en casa de los Weasley estaba atestada. Tanto era así que el calor empezaba a sentirse y quedo claro que ni siquiera en sus mejores tiempos la habitación estuvo así de concurrida.

Ron y Hermione se encontraban sentados en un extremo. Fred y George tenían expresión de estar planeando algo no muy bueno, Bill se encontraba sentado cerca a la cabecera de la mesa, discutiendo con su padre, un gesto grave en su rostro, a su lado Fleur discutía con Victoire, Ginny estaba sentada casi al final de la mesa, lo único que rebelaba su turbación era que se encontraba mas pálida de lo que normalmente era, y delante de ella tenia una taza de te a medio acabar que seguramente contenía algo de brandy.

_ ¿Pudiste verle la cara, Ginny?- interrogaba Ron, estaba claro en todo su lenguaje corporal que estaba preparado para comenzar a destrozar cosas.

_ No, Ron.- contesto ella en tono cansino, lo que seguramente indicaba que respondió a esa pregunta muchas veces.

_ ¿Hay algún detalle que recuerdes?- trato de conciliar Hermione, dándose cuenta de que los dos hermanos estaban a punto de saltarse el uno al otro.

Todos tan ocupados que nadie se dio cuenta de la llegada de Harry sino hasta que Molly levanto la mirada de la estufa en la cocina.

_ ¡Harry querido! ¿Cuánto rato llevas allí?

_ El suficiente para saber que mejor no hago preguntas- repuso Harry con una leve sonrisa, el alivio haciéndose presente en el.

Cuando Ron le aviso que atacaron a Ginny, ciertamente se imaginaba algo mucho peor.

_ No me dejaran tomar parte en la investigación.- mascullaba Ron, mas para si mismo que para los demás.

_ Como si eso importara- acoto Fred.

_ Vamos a encontrar al bastardo- continuo George.

_ Y lo mataremos- añadió Bill, para sorpresa de todos.

_ ¡¿A quien vais a matar?! ¡Seréis ridículos!- la voz escandalizada de Percy Weasley se hizo sentir en la cocina, recordándole a todos porque en ocasiones se parecía muchísimo a Molly.

Percy y su esposa Penélope al final habían llegado, siendo los únicos que faltaban en esa reunión improvisada de los Weasley.

Si la situación no fuese tan seria y el mismo no tuviese ganas de matar al bastardo que había atacado a Ginny… Harry se lo hubiese pasado en grande observando aquello.

_ Por fin llega alguien que dice algo sensato. ¡Oh, Gracias al cielo, Percy!- y al hombre no le quedo mas remedio que aguantar el abrazo de su madre, siendo perfectamente consciente de las risas socarronas de los gemelos. Algunas cosas no cambian sin importar cuanto pasara el tiempo.

_ Tenemos que ir a la estación a recoger a los chicos- repuso Ginny, poniéndose en pie y cortando con todo aquello.

_ Querida, pueden ir Ron y Hermione… ¿Por qué mejor…?- comenzó a decir Molly.

_ Estoy bien mama.- corto Ginny antes de que la mujer pudiera terminar.- Ningún maldito me va a hacer encerrarme en casa. La próxima vez, pienso enviarlo a San Mungo.

Hecha la declaración nadie se puso a discutir con la pelirroja, Ron y Hermione la siguieron y eso puso fin a la conversación.

Harry los acompaño, seguido de James, por un momento pensó en pedirle al chico que se quedara, pero se lo pensó mejor. El que su hijo mayor quisiera acompañarlos a la estación era un síntoma de que se comenzaba a gestar un cambio en el, y solo esperaba que fuese para bien.

Las cosas eran tensas, si no es decir un poco incomodas entre los tres, no porque estuviesen molestos o algo así. Era una conversación en la que Scorpius no participaba. Faltaba poco para que tuviesen que ir a la estación y el rubio no parecía estar allí con ellos, su mente perdida en cosas que sus dos amigos morían por saber.

_ ¡Scorp!- se harto Emma sacando al rubio de sus elucubraciones. Su exabrupto atrajo miradas hacia ellos por parte de los demás, pero eso a la rubia podía importarle menos.

_ Lo siento Em… es que…- comenzó a excusarse el chico.

_ Tienes la cabeza en otra parte- completo Albus con gesto conciliador, tratando de aplacar el malhumor de su amiga- Lo entendemos, solo que ya sabes como es nuestra dama residente, no es conocida precisamente por tener el carácter mas dócil del mundo.

_ Te puedo escuchar perfectamente Albus Potter y creo que ha pasado mucho tiempo desde que te lance una buena maldición- siseo la rubia, sus ojos destellantes con su intensión de cosas no muy buenas.

Muy a su pesar, Scorpius no pudo reprimir una sonrisa. Desde temprano ese día tenía un mal presentimiento que no le quitaba nadie.

Y una de las primeras cosas en las que se le enseño a confiar era en su instinto.

_ Lo que estaba diciéndote cuando tenias la cabeza Merlín sabrá en donde, es si habías preparado tu baúl.- repuso Emma, una vez dejada de lado su discusión con Albus.

_ ¡Oh!- aquello pareció sacar al chico de sus elucubraciones mas que lo anterior, les dedico a ambos su patentada sonrisa de disculpa- Lamento no haberlo mencionado chicos pero no voy a regresar en el expreso con ustedes. Voy por flu a casa, usare la chimenea de Snape.

Emma arqueo su pálida ceja, claramente exigiendo una explicación, Albus se limito a verlo con expresión de sorpresa.

Scorpius antes de responder desvió la mirada.

_ Snape recibió algunas cartas… McGonagall también. Al parecer algunos padres están preocupados de que represente una amenaza para sus hijos cuando estamos solos en el tren camino a Londres, sin ningún profesor para controlarnos y todo eso.- estaba claro que aquello le dolía. Los puños de Albus se apretaron en respuesta, gesto que el moreno se esforzó en esconder de su amigo. Emma no tuvo mucho éxito, su furia estaba escrita en su cara, al igual que su sorpresa.

_ ¡Hijos de mala bludger!- mascullo furibunda, acido desprendiéndose de cada silaba- A veces me pregunto si es que para ser adulto aquí en Gran Bretaña se necesita tener un certificado de "¡Soy imbécil!" como sello de calidad. ¡Por las barbas de Merlín! ¿Qué amenaza vas a representar de entre todos nosotros? ¡Si no matas ni una mosca, joder!

Los ojos grises de Scorp se ampliaron en respuesta a la retahíla de su amiga, y Albus muy a su pesar, reía silenciosamente ante aquello. Si no estuvieran en la sala común de Slytherin donde eran escuchados por todos, seguro que se estaría riendo a carcajadas. Algunos rasgos Potter no se podían cambiar, pero si reprimir.

_ Ese lenguaje Em- amonesto Scorpius, un poco del brillo habitual volvió a sus ojos y esa sonrisa tan suya volvía a adornar sus labios.

_ ¡Sabes perfectamente que doy un pepino por los modales! ¿Para que tengo que disimular ante ustedes?- se encogió ella de hombros, restándole importancia al asunto.

Ambos chicos se miraron y se encogieron de hombros a su vez, reconociendo que ella tenía razón. Pese a su aspecto angelical de chica que no rompía un plato, Emma Parkinson era una chica aterradora, llamada en secreto por todos los demás "Reina del Mocomurcielago" como en el pasado lo fue la mama de Albus, Ginny Weasley. Y también tenia otra cosa que compartir con Ginny, Emma era considerada una de las chicas mas hermosas de esta generación, y pese a todo el asunto de "Anti-Slytherin" que tenían las otras casas, de vez en cuando algún miembro de otra casa se acercaba a la volátil rubia, solo para tener sus esperanzas entregadas de vuelta en una bandeja y perfectamente destrozadas.

Emma Parkinson no estaba en ningún lado sin sus dos mejores amigos, y los tres eran tan cerrados que no incluían a nadie más en sus asuntos.

Las vacaciones de Navidad serian un tiempo separados que ninguno quería, teniendo en cuenta como se ponía la mama de Albus ante la sola idea de que su hijo fuese a la mansión Parkinson o a la Malfoy, estaba claro que la separación del trio maravilla en vacaciones era cosa permanente.

_ Ya es hora de que vayamos a la estación- anuncio desde la entrada de la sala común, la prefecta.- Los de primer año formen una fila y síganme. Cuidado con los baúles.

Esa era la señal para despedirse. Con cierta reticencia, los tres chicos intercambiaron sus despedidas, Albus y Emma uniéndose a la gente que abandonaba la sala común, Scorpius subía las escaleras en dirección a su habitación. Esperaría que la gente se marchara para dirigirse al despacho de Snape.

Con desgano, se sentó en su cama y perdió la mirada en la hermosa ventana de vitral espeso que daba vista al fondo del lago. Sintiendo en pesado nudo en medio de su pecho.

Su resolución estaba más que puesta a prueba.

La mansión Malfoy resultaba mas fría que nunca esa navidad, principalmente debido a que no había adornos por ningún lugar. ¿Cómo podrían celebrar en esas circunstancias?

Narcisa no abandonaba la habitación principal del ala oeste. Y con el tiempo, Lucius se dedico exclusivamente a ella. Isabela pasaba sus días a solas, resolviendo todo lo que en circunstancias más felices, era tarea de su esposo, Lord Malfoy.

La ausencia de Draco le hacía sentir como que aquellas antiguas y espesas paredes podían cerrarse sobre ella, la pesadez en el ambiente, lo mismo que el desánimo eran factores comunes en la casa.

Hubiese estado muy agradecida de abandonar la casa e ir a la estación en busca de Scorpius, una excusa perfecta para abandonar la asfixiante mansión.

Solo que le llego una carta del colegio, informándola del cambio de planes. Una excepción a la regla general. Scorpius llegaría a casa por la red flu.

Isabela no tenia energías ni siquiera para indignarse ante aquello, todas sus fuerzas agotadas, parecía que envejeció repentinamente.

Estaba a nada de quebrarse, solo le quedaban las instrucciones que Draco le dejara en caso de que algo como esto pudiera ocurrir.

Sacar a Scorpius de allí.

Salvo que su hijo no soportaría un cambio así de repentino. Lo único que tenía Scorpius a parte de su familia, era a sus amigos.

Dos partes de ella estaban en conflicto. Una era la que quería abandonar Inglaterra con sus prejuicios, su adicción por el chisme y la discriminación, establecerse en una de las casas familiares de Paris y organizar todo para que Scorpius terminara sus estudios allá. Y la otra, la que le instaba a quedarse en la sombría mansión, para cuidar de Lucius y Narcisa en su avanzada edad y resolver los asuntos de la familia.

Hasta ese momento estaba en la línea de en medio, incapaz de saltar a uno u otro lado del vacío. No podía quedarse así para siempre, de eso estaba más que segura. Pero… tampoco era capaz de apresurar la decisión, no cuando era tan crucial.

Realmente, necesitaba a Draco.

Su mirada aterrizo en una fotografía dispuesta sobre un bureau cercano. En un brillante marco de plata.

Ese era un viaje que nunca olvidaría.

Cuando su consciencia se restableció, Draco registro el techo de madera oscura, la cama donde se encontraba tenia uno de los colchones más suaves que alguna vez tuviese el gusto de sentir. Por alguna razón, tenia la baja espalda y las caderas doloridas.

Aquello le recordó a cuando montaba a caballo demasiado tiempo.

Solo que, aquella no podía ser la razón de su malestar. Después de todo no era lógico. En su estado no se arriesgaba a estar cerca de un caballo. La caída podría ser mortal para la criatura.

Pese a su mente algo emborronada todavía, sabia que no se encontraba en su hotel. Quiso incorporarse pero en ese momento un dolor atroz volvió a invadirle y le costo todo su autocontrol no gritar.

Sus manos y piernas no estaban atadas, y en la modesta mesita de madera junto a la cama, estaba su varita. Quienquiera que fuese no estaba asustado de él. Y ciertamente no quería hacerle daño.

Voces agitadas provenían del otro lado de la puerta.

En una de ellas reconoció la voz de Isabela.

"Estoy dispuesta"

Necesitaba una explicación de que era lo que estaba pasando, ahora mismo.

"… el tiempo se agota"

Y de nuevo otra punzada tan intensa como la anterior lo invadió, y esta vez no pudo contener el grito que escapo de sus labios.

La puerta se abrió bruscamente, un anciano entró seguido de Isabela con una expresión angustiada.

_No tenemos mucho tiempo para presentaciones me temo, joven- repuso el anciano mientras se ponía una bata blanca parecida a la de los medimagos en San Mungo.- Si queremos salvar a la criatura debemos proceder rápidamente.

Pese al dolor, Draco le prestaba toda su atención al anciano. ¿Salvar a la criatura? ¿Que estaba pasando?

_Debi decir que es un caso muy raro el suyo. Su propia magia rechaza al feto con vehemencia. Pese que hasta este momento se estaba formando con normalidad. La única forma de llevarlo a termino es trasladar la placenta a un vientre dispuesto.- en ese punto la mirada del hombre se desvió a Isabela.

Antes de poder responder, la oscuridad lo envolvió... ¡NO! Quería gritar, ¡No me lo quiten! Pese a todo lo malo, a no quererlo en un principio. Ese bebe era lo único realmente suyo. Todo lo que tenía.

¿Por qué debía ser de esa manera?

A esas alturas su cuerpo entumecido no se podía mover, no estaba seguro si una lágrima furtiva se deslizaba por su mejilla. Él no pidió tener sangre de los Altos Elfos. Nunca quiso que su peor enemigo se convirtiera en su pareja destinada. Lucho contra ello solo para terminar esperando un hijo de con la sangre del mismísimo Voldemort. Y ahora que todo comenzaba a salir mejor, su propia magia lo traicionaba intentando matar a su hijo.

Ya es suficiente-pensó

Y luego la oscuridad lo envolvió