Cuando aquella persona a la que creíste cercana, amiga, confidente, la que se ganó tu cariño bajo sonrisas cómplices y confesiones discretas, te empuja a un abismo cuan fondo es oscuridad y desconsuelo, traicionándote de una manera impensable y absurda que te lleva a preguntarte el motivo, el por qué, y comienzas a meditar sobre las acciones y palabras, ¿La había ofendido? ¿Le había hecho algo malo? Aquellas preguntas que quedan inevitablemente suspendidas en el aire desprovistas de respuesta.

El joven se incorpora sobre el tejado, oyendo a lo lejos la calurosa bienvenida que le advertía que la chica había vuelto finalmente, tal y como el día anterior le fue prometido.

Recreó en su mente el doloroso desenlace, Ukyo marchándose del cuarto cargando consigo el peso de su consciencia y la vergüenza de su alma que la obligababa a bajar la cabeza, mezclándose con la tristeza de no saberse querida y en su lugar rechazada por el hombre que siempre dijo amar. Un 'Ranma' cargado de dolor se escapó de los labios femeninos llegando con claridad a sus oídos, pero en ese momento no se sentía capaz de razonar, de entender acciones y mucho menos de iniciar una conversación que seguramente finalizaría en una pelea por diferencias de opiniones. Él simplemente se marchó…

-Ya me suponía que estabas aquí.

Él no la miró, no había necesidad, reconocía esa dulce voz a la perfección. Sintió la calidez de un segundo cuerpo sentarse a su lado.

-¿Estás enfadado?

No obtuvo respuesta.

-Ukyo estaba muy arrepentida ayer. Yo ya la perdoné ¿Por qué no lo haces tú?

Impulsado por los deseos de contemplarla deslizó con lentitud sus pupilas para hacerlo de reojo.

-Intentó matarte.

Akane sintió un escalofrío al sentir el grave tono de voz con el que le había hablado. Parecía molesto, sus facciones se lo decían, pero su mirada no mentía… Estaba triste por mucho que intentara esconderlo.

-Todos cometemos errores y actuamos alguna vez en la vida por impulsividad. Tú siempre lo haces- decoró su rostro con una cálida sonrisa.

Él alarmado llevó su vista nuevamente al frente, huyendo de las peligrosas sensaciones que ejercía en él una simple sonrisa por parte de ella… Sola y únicamente de ella.

-Nunca a tal extremo.

Bufó exasperada, él seguía guardando la compostura, aparentando seriedad y enfado, pero lo conocía, y bien sabía que por dentro se hallaban un sinfín de sentimientos desordenados.

-Sé que te dolió que Ukyo haya actuado de esa manera, sé que estás molesto contigo mismo por la necedad que tienes de cuidarme, supuestamente por mi padre, sé que en cierta parte estás molesto conmigo por no saber ver lo que se escondía debajo de aquella fachada amable y también sé que te sientes nervioso cuando me ves sonreír y a veces inclusive te sonrojas, sólo que yo finjo no notarlo- dijo de golpe, cansada de los tantos rodeos que envolvían su vida.

El corazón del muchacho comenzó a latir con fuerza debido a las últimas palabras, el saberse descubierto no era una sensación agradable y mucho menos tranquilizante, más era bastante incómoda.

-N…. No es verdad- dijo con los nervios a flor de piel, ladeando su rostro al lado opuesto de su prometida, ganándose una sonrisa poco apreciada por parte de ella.

-¿A no?

-No- respondió inmediatamente sin dejar lugar a dudas, acompañándolo innecesariamente con un movimiento negativo de cabeza.

-Estoy cansada. Últimamente he pensado mucho en 'nosotros'- comentó deliberadamente, ajena a los nervios del muchacho- Y he llegado a la conclusión que lo mejor sería irme de Nerima y casarme con un hombre que realmente sienta algo por mí.

Ranma la miró perplejo. ¿Eso quería decir que no lo quería? Su orgullo salió a relucir. Como siempre saliéndose con las suyas.

-Está bien, por mí puedes irte e iniciar tu vida de casada con quién mejor te plazca.

Akane percibió molestia en su voz y sonrió para sus adentros, sabiéndose victoriosa al conseguir lo que quería.

-Eso haré, es una lástima que el hombre al que amo no sienta nada por mí, él está aquí en Nerima y me dolerá mucho dejarlo.

Arrugó el ceño, ¿A Akane le gustaba alguien de Nerima? Todos los hombres que rodeaban a la joven no eran desconocidos para el artista marcial, conocía a la perfección las personalidades de cada uno de ellos y ninguno calzaba con el prototipo de hombre ideal para su prometida... La sola idea de que emprendiera un viaje a un lugar lejano le atemorizaba, no soportaría tenerla lejos… Comprendió hace mucho tiempo que aquella jovencita se había transformado en una necesidad, la necesidad de verla, de protegerla, de tenerla cerca para acunarla como cierta noche y siendo él el que espante sus miedos… Ese papel estaba reservado para él y la idea de que alguien más pudiese arrebatárselo, le causaba repulsión y descontento.

-¿Y… Quién es él?- preguntó entre curioso y decepcionado.

-Un chico de la clase…- sonrió satisfecha.

-Hay muchos. Dame otra pista..

-Es alto y de ojos azules.

Alzó inocentemente la vista al cielo, paseando sus recuerdos por los rostros de todos los varones del salón y llegando finalmente a la conclusión de que ninguno tenía las dichas características.

-¡Oye, no hay ninguno!- exclamó, indagando inquisitivamente en los dulces ojos de ella, que lo observaban atentamente.

-Tiene coleta y cabello oscuro, viste ropas chinas y posee la extraña maldición de convertirse en mujer al contacto con el agua fría.

Listo, eso era todo. La confesión estaba hecha y jamás pensó oírla de esa manera tan peculiar, pero eso no evitó que sintiera una enorme emoción invadirlo… Ella lo amaba… A pesar de su maldición, a pesar de todos los defectos, ella lo amaba y tuvo el suficiente valor para confesarlo. Ahora era su turno…

-Yo… -suspiró, siguiéndole el juego- También estoy enamorado de una persona de aquí.

Su mirada denotando felicidad y un toque de picardía, la hizo sonreír... Bastaba verlo para adivinar sin la necesidad de pistas que lo llevarían a la misma confesión.

-¿Quién es?- le siguió el juego que ella misma había comenzado.

-Es… Una artista marcial, no sabe cocinar, es bruta, violenta, una auténtica marimacho- sonrió con burla, sintiéndose afortunado de ser testigo del precioso color rojo que subía a las mejillas de su compañera y no precisamente por timidez o vergüenza, pero agregó calmando las torrentes- A la que amo y no me gustaría que cambiase por nada del mundo, pues me gusta tal y como es.

Cierto, su rostro estaba bastante sonrojado, pero ahora sí lo estaba a causa de la timidez y la vergüenza al no saber cómo contestar a aquella frase dicha con tanta ternura como le fue posible.

-Te amo…- se limitó a decir a la vez que el rostro del muchacho se tornaba borroso debido a las lágrimas que amenazaban con salir.

-Y yo a ti- sonrió levemente. Tomó el bello rostro entre sus manos y besó los labios de ella suavemente, disfrutando de la placentera sensación que el hecho le otorgaba.

-¡¡¡Vaya que emoción, al fin tendremos boda, Tendo!!!- gritó Genma con toda la euforia y adrenalina que corría por sus venas, abrazando a su fiel amigo testigo desde el jardín del dulce momento compartido entre la pareja.

-¡¡¡Así es, Saotome, hay que celebrar!!!- contestó el segundo hombre experimentando la misma emoción.

-Esto es tan romántico- suspiró Kasumi con una dulce sonrisa en su rostro.

-Así es, lo único que espero es que ésta vez no haya gente indeseada en la boda como la primera vez- comentó Nabiki con sinceridad.

Ranma y Akane se miraron sonrojados por la situación y preocupados por el último comentario. Ciertamente el primer intento de boda fue un desastre.

-Ranma no preocupar por eso- sonrió Shampoo apareciendo de la nada en el jardín con una sonrisa en compañía, sorprendentemente, del apuesto joven de azules ojos y gruesas gafas que mostraba una tonta sonrisa.

-¡¡¡Yo pedí la mano de Shampoo en matrimonio y aceptó!!!- gritó Mousse sin esconder su felicidad y proclamando la noticia a los cuatro vientos.

-Lo único que lamentar es que ya no poder volver a la aldea amazona, pero suponer que todo eso valer la pena- sonrió sincera al hombre con quién jamás creyó siquiera pensar en iniciar un futuro- Con el tiempo Shampoo logrará amarte como a ex-airen, ¡Shampoo hacer todo lo posible porque eso ocurra!- exclamó sonriente a un Mousse que parecía desvanecerse de un instante a otro.

-¡Vaya, una doble boda! Qué emocionante- sonrió Nabiki, cotizando la suma de todo lo que ganaría si prestaba su ayuda para el gran evento.

-Nabiki Tendo- dijo la voz masculina de Kuno, portando una sonrisa galante acabando de aterrizar en el jardín de la vivienda- He decidido rehacer mi vida, es obvio que la dulce Akane prefiere al idiota de Saotome y la hermosa chica cabellos de fuego no ha aparecido en mucho tiempo por estos lares…

-Imbécil- murmuró Ranma por el despectivo concepto que había adoptado Kuno para caracterizarlo.

-… En este tiempo he experimentado una fuerte atracción hacia ti que me ha sido imposible controlar y creo que esa atracción tiene nombre, sólo me gustaría saber si mi sentimiento es o no correspondido- dijo con la seriedad que llevaban sus palabras, sumado al alto nivel de responsabilidad.

Nabiki lo miró al principio de manera fría, sus ojos denotando indiferencia y su rostro seriedad. Segundos de silencio e impaciencia por parte de los presentes. Poco a poco una sonrisa fue decorando el juvenil rostro de la mujer con talento de empresaria.

-No te imaginas lo que he estado esperando para oírte decir eso, querido.

Acto seguido lo abrazó con fuerzas y el hombre correspondió más que encantado el gesto, oyendo los aplausos del resto sumado a las palabras de un matrimonio triple por parte del padre de ella, anticipándose a los hechos.

-¿Te quieres casar conmigo?- consultó Nabiki al haberse ya separado del adinerado hombre, por primera vez podía vislumbrarse lágrimas en los ojos normalmente fríos de la muchacha.

-¿Eso no debería preguntarlo yo?- sonrió.

-Está bien, pregúntame- sonrió, reprimiendo su emoción.

-Nabiki Tendo… ¿Te quieres casar conmigo?- poniéndo en práctica su característico dramatismo a la hora de expresarse.

-¡Sí, sí quiero!- contestó antes de besarlo en los labios, sellando la promesa.

-¡Ayyy qué emoción! Crecen tan rápido…- lloró Soun, siendo consolado por Genma quién se hallaba en sus mismas condiciones.

-Quién lo diría- murmuró Shampoo, sin salir de su asombro.

-Hacen una bonita pareja ¿No crees, Ranma?- sonrió Akane dulcemente, mirando a su futuro esposo de forma inquisitiva e indagadora.

-Se complementan a la perfección- le sonrió de vuelta, antes de darle un leve beso en los labios que fue encantadoramente recibido.

-K… Kasumi…- dijo dificultosamente Tofú cuya presencia se debía a atender a su paciente que con más frecuencia lo visitaba: Akane. Pero curiosamente había estado presenciando la conmovedora escena en el jardín y decidió que era su momento también.

-¿Sí, doctor?- sonrió la joven con inocencia.

-Y… Yo…- murmuró controlando la alteración que provocaba en él la presencia de la dulce jovencita- Q… quería saber si….

Kasumi lo escuchaba atentamente, incitándolo mentalmente a finalizar la frase.

-… Si… quieres ser mi esposa- suspiró intentando liberar el nerviosismo y la tensión.

Se sorprendió, todos lo notaron sorprendiéndose aún más por la inocencia con la que contaba la mujer.

-Y… Yo… No sé qué… Decir- dijo entrecortado, ciertamente había empezado a sentir desde hace un buen tiempo una enorme atracción hacía el profesional, pero… Miró a su padre, éste al ver su gesto asintió con la cabeza, dándole a entender que estaba bien- Yo….- miró otra vez el rostro del médico que se preparaba sicológicamente para el rechazo que veía venir- Acepto- sonrió.

Una exclamación general.

-Perdona mi imprudencia, Kasumi. Te entiendo perfec… -se dio cuenta de lo que había escuchado y la alegría volvió a vivir en él, renaciendo la esperanza- ¿Q… Qué?

Su rostro lo decía todo, estaba sorprendido… sorprendentemente feliz.

-Que acepto- repitió.

El médico comenzó a reír de felicidad pura, tomó a la joven de la cintura y comenzó a girar en el mismo lugar. Jamás creyó vivir tal felicidad.

Todo parecía de ensueño… Demasiado irreal…

Akane y Ranma se miraron y se sonrieron, preparándose mentalmente para la boda entre cuatro parejas que se aproximaba.

Juntaron sus frentes y mirándose fijamente a los ojos.

-Te amo…-musitó ella.

-Y yo a ti, mi pequeña marimacho- respondió él con la misma dulzura.

Y se abrazaron finalmente. Ya nada podría separarlos… Jamás.


-¿Ukyo…?

-¿Ryoga?

Se toparon frente a frente.

-¿Qué haces es Okinawa?

-Creí que estaba en Hokkaido…- murmuró la joven, depositando su dedo índice sobre su mentón y alzando la vista al cielo.

-Bueno, es lo mismo ¿Qué haces en Hokkaido?

-Me fui de Nerima ¿No es obvio?- contestó volviendo su vista a los ojos de él, con serenidad.

-¿Y… por qué?- cuestionó el chico mirándola confundido.

-Porque no tenía nada qué hacer ahí- sonrió con sarcasmo- Ranma y Akane se aman y no hay nada que yo pueda hacer contra eso- comentó aparentando naturalidad en sus palabras y gestos.

-Ya veo… Tú también te diste cuenta finalmente- suspiró el chico bajando la cabeza, derrotado. Pensar en ello no hacía más que deprimirlo.

Después de cinco segundos él volvió a levantar la cabeza encarando a la joven y descubriendo en ella la mirada más dulce que pudo haber apreciado jamás. La chica al saberse descubierta se sonrojó y sonrió de manera nerviosa.

-Esto… Yo… Siento haberte quedado mirando es sólo que, pues…- bajó la vista, clavándola en la tierra- Nunca me había dado el tiempo de mirarte tal y como eras, siempre me fuiste indiferente, creo que mi obsesión por Ranma…

-¿Sabes, Ukyo? Nunca lo había notado, pero…- la interrumpió formando una dulce sonrisa en su rostro, y expresándolo con la mirada- Eres bastante bonita y tierna, a mí me pasó igual entonces con Akane.

Ukyo rió levemente y estiró su brazo, ofreciendo su mano con una sonrisa.

-¿Empezamos desde cero como buenos amigos?

La sonrisa en el joven se amplió y estrechó la mano que le era ofrecida, gratamente.


-¡¡¿En dónde estoy?!!- gritó Kodachi con una expresión de angustia en su rostro.

Intentó moverse, pero una camisa de fuerza se lo impedía. Empezó a recordar los últimos acontecimientos… Ella gritándole a Kuno que mataría a Akane si se atrevía poner un solo dedo encima de su Ranma-sama… Él gritándole que había perdido del todo el juicio… Unos hombres vestidos de blanco tocándola, amarrándola… y un pinchazo en el brazo y un sueño profundo que la inundó por completo…

-¡¡Maldita, Akane!!- gritó llorando desgarradoramente- ¡¡¡Te odio!!!

Sus frases no llegaban a receptor alguno.

Sola en aquel cuarto blanco, cuyas paredes eran blandas al igual que el suelo…

Una sola imagen divagaba en su mente, la única escena que la hacía sentir realmente feliz y satisfecha… El cuerpo desvanecido de la joven Tendo en sus brazos, cubierta de su propia sangre, su rostro pálido, despidiéndose del mundo terrestre en dónde jamás debió nacer…

Y comenzó a reír, sabiéndose victoriosa en su propio y fantástico mundo, ignorando el real… Su risa aumentó su volumen y la histeria y la angustia fueron reemplazadas por una falsa felicidad de la que era víctima. Encarcelada, víctima de sentimientos oscuros y retorcidos de los que era presa, sin saberlo. Sintiéndose una millonaria reina, una caprichosa mujer que lo obtenía todo cuánto deseara… ¿Sus sirvientes? Ryoga, Ukyo y Nabiki. Sentada en un trono, bañado en oro, vistiendo un largo vestido de plata… Sí, de oro y plata… A su lado otro trono descansaba dotado con la misma belleza que el suyo propio, sentado ahí… Un sonriente Ranma, vistiendo una elegante capa negra con brillantes lentejuelas de oro… sonriéndole, seduciéndola con la mirada haciéndole recrear en su mente las escenas más lujuriosas… y confesándole lo feliz que era sin la joven Tendo molestándolo siempre, confesándole su amor y agradeciéndole sus atenciones, prometiéndole amor eterno, un palacio encantado y un blanco corcel que siempre lo acompañaría… Y al llegar la noche… Al llegar la noche todos sus sueños prohibidos se harían realidad.

Dos meses después…

-Estoy tan, tan nerviosa- confesó Akane mirándose a sí misma en el espejo de su cuarto, con su vestido de novia y su rostro delicadamente maquillado.

Finalmente el plazo se había cumplido y todo estaba listo. Por fin el ansiado día había llegado. Las últimas semanas habían sido bastante movidas, los hombres nerviosos preguntándose si el traje elegido será o no del gusto de sus respectivas damas, y ellas, populares por su nerviosismo e histeria, se preparaban mentalmente para dejar atrás su vida de soltería y libertad, y dar el 'si' frente al altar; preguntándose si el vestido cuidadosamente escogido sería o no del agrado de sus amados, que si les hacía ver gordas, que si las rosas no le daban un aspecto infantil, que si el molesto velo era o no necesario, que un vestido no era tan blanco como el de la otra, que si el peinado debía ser de tal y tal forma, que cómo caminarían por el pasillo que las llevarían al altar con un vestido tan largo ¿No se tropezarían? ¡Eso sería hacer ridículo! Soun y Genma ayudaban a Cologne con los preparativos para la gran fiesta que se realizaría en el dojo luego de la ceremonia, lo costoso que resultaba todo, que el sake, que los pastelillos, que la torta, que los invitados, que los obsequios, aunque a Soun, especialmente, le fue más costoso que a nadie, qué tres hijas se casen el mismo día no debe costar nada barato y menos si una de ellas es bastante materialista… ¡Un caos! Pero algo que agradecían, era la ausencia de cierto anciano de baja estatura cuyo pasatiempo consistía en robar ropa íntima femenina.

Inevitablemente, Kuno, Ranma, Mousse y Tofú, se hicieron grandes amigos en los dos últimos meses. Intercambiando opiniones favorables, sonrisas, sensaciones, emociones, nerviosismo… anhelando el gran día.

Akane, Nabiki y Kasumi, se convirtieron, sorprendentemente, en las mejores amigas de la china que tantos problemas les causó en un pasado. Intercambiando maquillaje, opiniones, sonrisas nerviosas, y ciertas dietas que se dispusieron a seguir para ser contempladas más hermosas el gran día, de lo que por naturaleza ya eran.

-Descuida, hermanita. Las tres estamos igual de nerviosas que tú- le sonrió Kasumi, posando su mano sobre el hombro de ella.

-Ser verdad. Akane, ¿De verdad que éste vestido me queda bien?- consultó la china plantándose su lado, compartiendo el espejo, insegura se repasó a sí misma con la vista.

-Por última vez, niña. Te queda bien el dichoso vestido que te demoraste cinco malditas horas en elegir- le contestó Nabiki, terminando de maquillarse sentada frente al escritorio y mirando su reflejo a través del pequeño espejo que utilizaba para dicha acción.

Akane sonrió nerviosa, recreando en su mente el día en el que las cuatro mujeres salieron juntas al centro comercial a comprar los vestidos de novias, y lo complicado y cansador que fue dicho día.

En ese momento, la puerta se abrió captando la atención de las cuatro hermosas mujeres.

-¡Shampoo, te ves preciosa!- exclamó la anciana de innumerables arrugas en su rostro.

-¡Gracias, abuelita!- respondió la mujer, agradeciéndola con una sonrisa.

-Bueno, los hombres se están arreglando en la mansión de los Kuno, ¿verdad?

Las féminas asintieron y sus nervios aumentaban.

-Chicas, ya llegó el momento- pronunció la frase sepulcral.

Las cuatro suspiraron al unísono, con una sonrisa en sus rostros.


-Vaya, nunca creí verme tan bien en un traje- comentó a sí mismo el ególatra hombre, sonriendo a su reflejo en el espejo de la amplia habitación.

-Kuno, tú nunca cambiarás- acotó Mousse negando con la cabeza a la vez que se arreglaba su corbata color turquesa.

-No lo sé, me siento tan viejo para esto- rió Tofú levemente, pasando las manos sobre la chaqueta de su terno alisándolo.

-Nada que ver, doctor- defirió Ranma, sonriéndole- Piense en Kasumi y el futuro que le espera con ella y quién sabe…- guiñó un ojo, intentando parecer relajado- ... Si pronto le da un hijo.

-Siempre he querido ser padre- confesó sonrojándose, formando una tonta sonrisa en su rostro.

-Cierto y qué mejor que hacerlo con la mujer que se ama- comentó Mousse, interfiriendo en la conversación.

-Apoyo eso- sonrió Kuno, aún admirándose en el amplio espejo de su habitación.

Ranma tras meditar un rato lo dicho, sonrió ligeramente.- Me pregunto cómo será un hijo entre Akane y yo.

-Seguro muy fuerte- se animó a contestar Tofú, dándose la confianza de soltar una carcajada.

-Sólo espero que no herede tu estómago, Saotome- sonrió Mousse burlonamente.

-Apoyo eso- sonrió Kuno, sin separarse del dichoso espejo.

-¿Quieres dejar de apoyas cosas?- preguntó Ranma con brusquedad, frunciendo el ceño. Se acercó y se planto al lado de Kuno, dándose la oportunidad de contemplar su reflejo nuevamente.

-Vaya, el negro del traje resalta tus ojos, Saotome, ¡Qué daría yo por tener unos ojos como los tuyos, maldito engendro!- replicó con seriedad.

-Envidioso…- musitó mirándolo de reojo.

En ese instante la puerta se abrió y Soun junto a Genma entraron con sus ojos irritados debido a las lágrimas derramadas. No por el matrimonio sino más bien por el dinero invertido en ello.

-Ustedes nos pidieron que avisásemos la hora y aquí estamos- dijo Genma.

-Es hora- sonrió Soun, impaciente.

El nerviosismo manifestó su presencia.

Cuarenta minutos más tarde…

Los cuatro hombres frente al altar voltearon al oír una exclamación general. Las cuatro mujeres entraban a la iglesia, deslumbrantes. Sosteniendo el ramo con fuerza, apoyándose silenciosamente unas a otras, caminando lentamente al compás de la música característica de la situación.

Después de dos meses preparándose para el momento, ahí estaban. Nerviosos. Ansiosos porque sus respectivas damas llegaran a su lado y sonrieron sintiéndose orgullosos de ellas…

Se detuvieron al lado de sus respectivos varones, sonriéndoles, intentando transmitir la tranquilidad de la que carecían.

Las palabras del sacerdote pasaron a un segundo plano para ellos. Sólo existían sus respectivas parejas y las ilusiones de la vida de que estaban por gozar juntos.

-Me emocionan tanto las bodas- musitó Tsubasa, con lágrimas deslizándose por sus mejillas a una rapidez sorprendente.

-A mí también- murmuró Asuza que curiosamente se había sentado a su lado, antes de sonarse con un pañuelo- Estoy tan feliz.

-Ya basta Asuza- le susurró Mikado, sentado a su otro lado- ¿No ves que la mujer está arruinando su vida al casarse con un tipo como Saotome?- cuestionó con molestia.

La joven hizo caso omiso a sus palabras y siguió llorando silenciosamente en compañía de Tsubasa.

-… Señor Mousse, ¿Acepta a la señorita Shampoo como esposa, para amarla, respetarla…?

-Acepto- lo interrumpió, mirando a la mujer fijamente a los ojos.

El sacerdote frunció ligeramente el ceño ante la falta de cortesía, pero continuó aquella peculiar boda de cuatro parejas.

-Señorita Shampoo, ¿Acepta a….?

-Acepto- lo interrumpió, sonriéndole al joven ligeramente ejerciendo en el chico un furioso sonrojo.

Reprimió un gruñido y siguió a la pareja siguiente.

-Señor Kuno, ¿Acepta a la señorita Tendo como esposa, para amarla, respetarla, estar con ella en la salud y en la enfer…?

-Acepto, acepto- interrumpió impaciente.

El sacerdote se consoló con la idea de que al menos había durado más que la pareja anterior.

-Señorita…

-Acepto- lo interrumpió sonriendo.

Frunció el ceño.

-Señor Tofú, ¿Acepta a la señorita Kasumi, como esposa para amarla, respetarla, estar con ella en la salud y en la enfermedad hasta que la muerte los separe?- sonrió al haber completado la frase.

-Acepto, señor cura- respondió el hombre, respetuosamente.

-Señorita Tendo, ¿Acepta al señor Tofú como esposa para amarla, respetarla, estar con ella en la salud y en la enfermedad hasta que la muerte los separe?- sonrió nuevamente. Era su pareja favorita.

-Acepto, señor sacerdote- sonrió con dulzura, tomando a su amado de las manos.

Akane sonrió nerviosa y respiró dificultosamente, sintiendo la mano de Ranma presionar la de ella, otorgándole esa fortaleza que tanto le necesitaba.

-Señor Saotome, ¿Acepta a la señorita…?

-Acepto- sonrió galante a la joven.

-Señorita Tendo, ¿Acepta al señor Saoto…?

-Acepto- susurró, perdiéndose en aquella dulce mirada azulina que le dedicaba.

-Está bien- dijo ligeramente exasperado el sacerdote, pero guardando la compostura- Los declaro marido y mujeres, pueden besar a la novia.

Ranma abrazó a la joven de la cintura, depositando un suave beso sobre sus labios sellando con dicha acción su nueva vida, juntos. Al igual que el resto de las parejas.

Los invitados, personajes que formaron parte de sus vidas y que alguna vez les causaron problemas, se levantaron de sus asientos aplaudiendo a las cuatro parejas de recién casados en una ovación de pie.

-Sabía que terminarían casándose- musitó Sayuri.

-Son tal para cual- sonrió Yuka.

-Eso parece un sueño ¿No es así?- comentó Daisuke a su compañero.

-Sí que lo es- contestó Hiroshi con una sonrisa conmovida.

-¿Estás llorando?- consultó observando minuciosamente su rostro y sus ojos húmedos.

-No qué va, es que me entró una cosa al ojo- mintió restregándoselos.

-Ajá, sí claro- sonrió con ironía.

Las cuatro parejas dejaron la iglesia del gancho de su respectivo ahora marido. Se dirigieron en compañía de los invitados al dojo para iniciar la fiesta que finalizaría en el alba. Felices entre bailes, frases amorosas, obsequios, llanto…

Y llegó finalmente el momento de lanzar el ramo.

-¡Yo primero!- exclamó Shampoo, emocionada y lanzó el ramo de flores sintéticas hacia atrás.

-¡¡¡Ah!!!- un agudo gritito se dejó oír- ¡¡Lo atrapé!! ¡¡Atrapé el ramo!!- Tsubasa comenzó a saltar por todo el lugar clamando su suerte.

-¡Ahora yo!- exclamó Nabiki, próximamente. Y lanzó el ramo como habría hecho Shampoo anteriormente.

-¡Sí, lo agarré yo, lo agarré yo!- clamaba una niña de largo cabello castaño.

-Tenía que ser la extraña maestra que se transforma en una niña- musitó Nabiki con pesar, siendo testigo de la euforia de la niña que se movía de un lado a otro.

-¡Yo quiero ahora!- sonrió Kasumi antes de lanzar el ramo.

-¡¡¡Eh, me casaré muy, muy pronto!!!!- gritó Asuza con una inmensa sonrisa decorando su rostro.

-Creo que yo sigo- sonrió Akane mirando a Ranma quién se limitó a devolverle el gesto- ¡Bien, aquí va!- exclamó.

Las manos en las que cayó el ramo de flores sintéticas, lo presionaron con la fuerza de la emoción sabiéndose afortunada.

-¡Akane!

La joven se giró y sonrió al ver que quién lo había agarrado no había sido ni más ni menos que Ukyo. Sintió un brazo rodear su cintura y fue atraída hacia el cuerpo de su marido, protegiéndola.. Como siempre.

-Vine a felicitarlos- sonrió con amabilidad y al lado de ella se plantó el joven de la pañoleta amarilla, con una sonrisa.

-¡Ryoga!- exclamaron Ranma y Akane al unísono.

-Somos novios- comunicó abrazando a su ahora novia.

Los días pasaron, los meses… Los años. Y si bien discutían en ocasiones, todo se arreglaba con una simple sonrisa por parte de ella y una dulce mirada por parte de él.

Un año después del vínculo, Ranma y Akane tuvieron un hijo…Dos años después, una hija.

Su vida se había vuelto más tranquila… Los enemigos habían cesado. Sí, ya era tiempo de vivir como correspondía.

FIN