A/N: Hola a todos. En el anterior capítulo hubo un salto temporal de unos meses. En el pueblo de Lebucquière todos se marchan ante la invasión nazi de Francia y no se sabía nada sobre el paradro de Jean, quien había sido detenido y encarcelado por espionaje.
En este capítulo aparece un nuevo personaje que tendrá mucha importancia. No se dice su nombre todavía, pero creo que sabréis en seguida de quién se trata.
Disfrutad de la lectura :)

Shingeki no Kyojin y sus personajes no me pertenecen, sino a Hajime Isayama


[IX]

Jean intentó darse la media vuelta, pero sus músculos estaban atrofiados y se sentía tan cansado que se veía incapaz de moverse. Cerró los ojos, dormitando durante no sabe si minutos u horas, simplemente para recordar o, al menos, no intentar olvidar aquellos cabellos rubios y brillantes como el oro y ojos oscuros como el mar.

Había perdido la cuenta de cuánto tiempo llevaba encerrado en aquella prisión de Arras. Durante las primeras semanas había llevado la cuenta, pero, al final, la oscuridad y la frialdad de la sala habían terminado por consumir cualquier esperanza de salir de aquella triste habitación con vida. No era una mala persona. No era ni siquiera un espía alemán. Pero suponía que, cuando se estaba en guerra, aquello no importaba. Marco crecería, se haría un hombre, y Armin le olvidaría. Así era cómo funcionaba.

Abrió los ojos de nuevo, dando un pequeño sobresalto. Sintió un escalofrío y se acurrucó en el duro colchón que le habían proporcionado y que ocupaba la mayor parte del cubículo. Gruñó, pues sintió ganas de orinar, pero se sentía tan exhausto a pesar de las horas de sueño que no quería ni ponerse en pie. ¿Para qué, si tenía en cuenta que el aseo era una de las esquinas de su oscura celda? Al principio, el olor le había provocado arcadas, tantas que la poca comida que le daban había terminado por no permanecer dentro de su estómago. Sin embargo, el tiempo hace cosas horribles con los humanos y ya ni siquiera podía notar el pestilente aroma impregnado en su propia ropa.

Terminó por incorporarse en la cama, quedándose sentado en el borde de la misma. Juntó sus manos y agachó la cabeza, pasándose después una mano por su cabello castaño alborotado y algo más largo que de costumbre. Decidió permanecer en silencio, inmóvil, pues era como si todo a su alrededor se hubiera desvanecido. Otro escalofrío, esta vez más fuerte que el anterior, le recorrió la espina dorsal y entonces supo que no había nada de normal en aquel silencio que se había instalado en la prisión. Pudo notar, agudizando el oído, cierto murmullo que se aproximaba a lo lejos y, de repente, una estridente sirena le perforó los tímpanos. En vez de moverse o reaccionar por el pánico, Jean permaneció impasible ante lo que ese sonido significaba, pues, por primera vez en su vida, estaba dispuesto a morir. Ya no esperaba nada.

Sin embargo, la escueta puerta de madera gruesa de la celda en la que le tenían se abrió de par en par. La luz le cegó momentáneamente, por lo que se cubrió con una de sus manos. Los gritos invadieron rápidamente el cubículo y, a duras penas, se puso en pie.

–¡Guardias!

–¡Evacuamos!

–¿¡Qué está pasando!? –preguntó un preso asomándose por el hueco de la escalera.

–¡Evacuamos!

Jean no daba crédito a lo que estaba sucediendo. Una a una, los guardias de la prisión iban liberando a los presos. Habría reído a carcajadas al sentir la libertad tras meses encerrado, pero, cuando salió al patio de la prisión después de conseguir que sus adormiladas piernas respondieran, le hizo ver que lo que había fuera no era mucho mejor que lo que había experimentado dentro.

Junto a otros presos, Jean corrió en distintas direcciones. En unos pocos minutos, llegó hasta la ciudad de Arras, los aviones alemanes sobrevolando amenazadoramente sobre sus cabezas. El caos se había instaurado por completo entre los ciudadanos, que corrían buscando refugio donde fuera.

La primera bomba cayó en el campanario de la iglesia. Jean no miró hacia atrás, consciente de que, si lo hacía, solo vería la destrucción que iba dejando atrás. Se metió bajo los soportales de la plaza y, al igual que en otras ciudades de Alemania, encontró unas puertas metálicas en el suelo, túneles que se crearon durante la Primera Guerra Mundial y que, en esos momentos, podían ser su vía de escape. Se deslizó por ellas, escuchando cómo un caza alemán caía en picado para, después, disparar sin discreción a las pocas personas que corrían buscando refugio en aquellos soportales.

Jean cayó de golpe y rodó por el frío suelo de aquellos túneles.

–Fuck! I thought all civilians were already gone! (¡Joder! Pensé que todos los civiles se habían marchado!)

Jean levantó la vista. Un grupo de soldados británicos le apuntaban con armas. Uno de ellos se acercó para agarrarle, pero Jean se echó hacia tras, arrastrándose por la pared hasta pegar su espalda en ella.

–¡No! ¡No! –gritó desesperado mientras elevaba sus manos en el aire, mostrando que estaba desarmado y que no deseaba oponer resistencia– I'm Belgian! I'm Belgian! (¡Soy belga! ¡Soy belga!) –gritó, esperando que aquellos soldados tuvieran piedad con él.

–Shut up, scum (Cállate, basura) –le gritó el que parecía el líder. Se trataba de un hombre absurdamente bajito, pero con una presencia más que intimidante para hacerle callar en el acto, que sostenía un rifle que presionó contra su frente.

–They are in the tunnels (Están en los túneles) –un soldado apareció corriendo por uno de los túneles. Al llegar a su altura, susurró aquellas palabras y, entonces, el hombre que parecía dispuesto a dispararle en cualquier momento separó ligeramente su arma de él.

–Where? (¿Dónde?) –preguntó frunciendo el ceño.

–Apparently, they came down using the town hall tunnels. (Al parecer, bajaron usando los túneles del ayuntamiento)

–The 4C, with me! (¡La 4C, conmigo!)–ordenó aquel tipo, olvidándose completamente de él– With me!

El tipo bajito comenzó a correr hacia la izquierda, pero, antes de que el grupo se perdiera de vista, Jean se puso en pie para seguirlos

–Wait! Wait! (¡Esperad! ¡Esperad!) –gritó, pero ya era demasiado tarde. Su forma física no era óptima, sus movimientos aún eran erráticos tras pasar tanto tiempo en aquella celda, así que aquellos soldados británicos eran mucho más rápidos que él y se habían desvanecido en un cruce de túneles.

Jean se detuvo, mirando a su derecha y a su izquierda. ¿Qué camino debería tomar? Su pregunta fue respondida cuando unos cuatro soldados aparecieron corriendo por el túnel de la derecha. Jean se unió a ellos, tropezando en el proceso un par de veces.

–Quiet! (¡En silencio!)–murmuró el líder de ese escuadrón, haciendo gestos con la mano para que sus soldados avanzaran rápido– Move! Move! (¡Moveos! ¡Moveos!)

Jean fue de los últimos en pasar. Se llevó la mano a la boca, conteniendo las ganas de vomitar por el esfuerzo realizado.

El silencio era sobrecogedor, interrumpido por los no tan lejanos bombardeos que tenían lugar sobre la superficie. El líder del escuadrón levantó su mano para indicarles que siguieran mudos, tal y cómo lo estaban haciendo. Agudizó el oído y, de repente, escucharon voces a lo lejos que comenzaron a aumentar el volumen, lo que significaba que se estaban acercando. Aquel tipo elevó rápidamente su arma. Varias sombras pudieron vislumbrarse a través de uno de los recovecos de las rocas, pero los soldados a los que pertenecían no notaron su presencia y pasaron de largo.

–With me (Conmigo) –indicó el líder una vez dejaron de oírse sus pasos. Él fue el primero en salir de su escondite, portando el arma cargada. El resto de sus hombres hicieron lo mismo y Jean corrió tras ellos.

Era una emboscada. Tan pronto como giraron por uno de los túneles, unas luces les cegaron, obligándoles a detenerse.

–Feuer! (¡Fuego!)

Les masacraron. Jean logró detenerse antes de exponerse a las balas. No obstante, vio cómo, uno a uno, los soldados británicos eran atravesados por las balas y, aun así, intentaron resistirse, poner resistencia respondiendo a los disparos, pero fue en vano. No tenían tiempo ni de apuntar con sus armas, pues numerosas balas impactaban en sus cuerpos, haciéndoles retroceder varios pasos hasta que estos caían inertes sobre el suelo de los túneles subterráneos de la ciudad de Arras.

Jean se sobresaltó al sentir una mano apretándole con fuerza el hombro. Se giró rápidamente para toparse con el líder de aquel escuadrón. El tipo, más bajito que él, sobre todo ahora que estaba a su lado, le hizo un gesto con la cabeza para que le siguiera. Ambos corrieron hacia el lado contrario, Jean dejándose guiar en todo momento por aquel hombre que parecía tener más idea de lo que hacía. Sin embargo, por el rabillo de su ojo, Jean se percató de que en un túnel de la izquierda había lo que parecía una pequeña escalera metálica.

–This way! (¡Por aquí!)–pronunció en un susurro un poco más fuerte de lo normal para que aquel británico le escuchara.

Efectivamente, se trataba de una escalinata de hierro que ascendía hasta una especie de tapadera parecida a la de las alcantarillas. El británico dio una palmadita a la escalera, agradecido porque fuera su vía de escape, pero su tenue emoción se disipó al escuchar de nuevo a los alemanes a lo lejos.

–They are retreating for now (Se retiran por el momento) –susurró Jean al comprender lo que decían. Aquel tipo le miró de arriba abajo, provocándole escalofríos debido a sus filosos ojos grises– They are saying that they are going to blow up the tunnels. (Dicen que van a volar los túneles)

–What? How do you know? (¿Qué? ¿Cómo lo sabes?) –su improvisado acompañante escupió prácticamente aquellas palabras, analizando a Jean de arriba abajo.

Jean no respondió porque, tan pronto como le hizo aquella pregunta, una luz iluminó uno de los túneles cercanos. Rápidamente, Jean dio media vuelta y comenzó a subir por la escalera, siendo seguido muy de cerca por aquel soldado. Tan pronto como abrió la tapadera, se escucharon las primeras explosiones. El soldado le seguía de cerca y ambos se arrastraron por el suelo del lugar al que habían ido a parar, sin poder creerse que hubieran sobrevivido a aquella laberíntica trampa.

Jean se puso en pie para salir de aquel lugar cuanto antes. Se trataba de una pequeña iglesia cuyas pinturas estaban desgastadas y la madera de los bancos y el altar roída por el paso del tiempo. Una vez fuera, se detuvo en seco. A lo lejos, un humo negro se extendía por el horizonte. La ciudad de Arras estaba siendo reducida a ruinas.

–So you understand German, huh? (Así que entiendes alemán, ¿eh?) –Jean se giró para toparse con el soldado británico, apuntándole con un arma. Era evidente que ya no se creía que fuera belga– Who are you? What are you doing here? (¿Quién eres? ¿Qué estás haciendo aquí?)

–I escaped Germany several months ago. I was an opposition activist! (Huí de Alemania hace varios meses. ¡Era un activista de la oposición!) –Jean dio un par de zancadas hacia él. El británico elevó su arma, apuntándole con indiferencia y, aunque Jean estaba aterrorizado por su expresión, se atrevió a hablarle con franqueza– I took refuge in France, but I was thrown up in jail. Now you know! (Me refugié en Francia, pero fue encarcelado. ¡Ahora ya lo sabes!)–añadió, escupiendo prácticamente aquellas palabras.

Jean se dio media vuelta y comenzó a caminar, alejándose del soldado británico. ¿Qué le estaba apuntando con un arma? Eso ya daba igual.

–So you know your way around here? (¿Conoces el área?)

–Yeah. A little (Sí. Un poco) –Jean se detuvo de nuevo, pero no se atrevió a darse la vuelta de nuevo. Si lo hacía, posiblemente aquel tipo le asesinaría con la mirada por haberle hablado antes de esa forma.

–Are we on the North of Arras? (¿Estamos al norte de Arras?)

–On the South (Al sur)

–Shit (Mierda) –el soldado tiró su arma al suelo con frustración.

–So what? What difference does it make? (¿Y qué? ¿Qué diferencia hay?) –Jean enarcó una ceja.

–It does (La tiene) –el soldado chasqueó la lengua y se cruzó de brazos, situándose a su lado–. The entire British army is heading North to Dunquerque and the German army is in the middle. (El ejército británico al completo va hacia el norte, a Dunkerque, y el alemán está en el medio)

–Dunquerque? So they are already pulling back to England? (¿Dunkerque? ¿Así que ya están retirándose a Inglaterra?) –Jean no lo podía creer. ¿Iban a dejar tirados a los franceses? El soldado le miró con desprecio– Good luck, then. (Buena suerte entonces)

Jean pasó por su lado sin apartar la mirada en todo momento. No iba a quedarse más tiempo hablando con aquel tipo. Tenía gente a la encontrar.

–Where are you going? (¿Adónde vas?) –le exigió saber el soldado.

–To a little village 25 kilometers away from here (A un pequeño pueblo a unos 25 kilómetros de aquí)

–Then we stick to the woods (Iremos por los bosques) –le ordenó el soldado, poniéndose rápidamente a su altura–. Because of the airplanes. (Por los aviones)

–We? (¿Iremos?) –preguntó Jean sin detenerse.

–I've spent three days without sleeping. I'm tired and dirty. And I can't think of anything else to do. (Llevo tres días sin dormer. Estoy cansado y sucio. Y no se me ocurre nada mejor que hacer) –el soldado tomó a Jean con fuerza del brazo, quizás más de la necesaria, y le arrastró hasta el interior de los árboles que bordeaban el camino–. This way. (Por aquí)

–What!? (¿¡Qué!?) –protestó Jean sin mucho éxito.

El soldado le fue dando empujones para que caminara delante. Jean se mordió el labio, deseoso de poder rechistar, pero aquel tipo tenía mucha autoridad, así que guardó silencio. Durante un par de metros caminó sintiendo la intensa mirada de aquel británico sobre su nuca hasta que este se acercó de nuevo hacia él para empujarle de nuevo hacia los bosques. Jean también lo había escuchado. Era el murmullo de los aviones.

Durante varios minutos esperaron acuclillados entre varios arbustos. Sobre sus cabezas, a unos metros de altura, sobrevolaban cazas alemanes.

–What did you do to be imprisoned? (¿Qué hiciste para ser encarcelado?) –soltó su acompañante de la nada. Jean le miró, pero el soldado británico solo le dirigió una mirada de soslayo, como si verdaderamente no estuviera interesado en la razón a pesar de que él había formulado la pregunta.

Jean se puso en pie cuando el ruido de los motores de los cazas se desvaneció. No obstante, el soldado le pateó en la espalda unos segundos después y se vio obligado a confesar.

–They found out that I had lied about my nationality. They thought I was a spy (Descubrieron que había mentido sobre mi nacionalidad. Pensaron que era un espía)

–And are you surprised about that? (¿Y eso te sorprende?)

–Look, English man (Mira, inglés) –Jean se detuvo inmediatamente y señaló a aquel tipo con su dedo índice, cortándole.

–Scotch man (Escocés) –puntualizó.

–Well, Scotch man, I'm not forcing you to listen to me or believe me and even less to follow me. Do we agree? (Bueno, escocés, no te estoy forzando ni a seguirme ni a creerme y mucho menos a seguirme. ¿Estamos de acuerdo?)

Jean no estaba para tonterías. Y menos para las de un retaco británico que pretendía darle lecciones sobre cómo debían hacerse las cosas.


~ ¡Nos leemos!