Cuando Hermione sintió tierra bajo sus pies se tambaleó un poco pero logró sostenerse; el traslador perdió su brillo poco a poco y cuando volvió a ser un objeto común lo depositó en la basura. El clima era extremadamente caliente por ello y a regañadientes descubrió su torso pero en cuanto una de las personas que pasó a su lado fijó su vista en su antebrazo derecho sacó una blusa muy ligera y se cubrió. Al llegar a la posada en que pasaría los próximos días desempacó, tomó algo de dinero mágico y en la recepción lo cambio por dinero local. A Hermione no le gustaba usar lechuzas para viajes internacionales ya que consideraba que era agotador y abusivo con aquellos animales por lo que, aprovechando que Harry también era mitad-muggle y poseía un computador y un celular en su casa, ingresó a una biblioteca y escribió un correo electrónico avisando que había llegado bien. Al salir, se decidió por probar el tan famoso café árabe y tras pedir instrucciones a la bruja que atendía el local decidió darse un baño en las termas y pasear por algunos mercados mágicos.

Al día siguiente, por la mañana visitó varios lugares turísticos muggle y en la tarde se dirigió hacia la atracción principal. Se le había hecho más tarde de lo planeado por lo que sabía que el atardecer la pillaría a la orilla del mar pero, armada con su varita y varias cajas de bombones, se armó de valor.

El paisaje era, aunque hermoso, devastador. Con su mitad muggle Hermione comprendía que aquella basta extensión de agua que parecía tener olas congeladas en el tiempo, formadas por la sal que salía de ellas era imponente; pero como bruja notó que toda aquella arena blanca eran lágrimas lloradas a través de cientos de años por miles y miles de magos y brujas, lo que hizo que su corazón se achicara adolorido.

A su alrededor habían pocas personas y todas ellas solitarias, la bruja había esperado encontrarse con una gran cantidad de gente pero comprendió que ese no era un viaje turístico sino un viaje que la mayoría de quienes se atrevían a realizar debían hacer solos.

Caminando por la orilla encontró un lugar que le agradó, se sentó haciendo aparecer una manta y miró al infinito, ella tenía muchas penas pero las lágrimas casi nunca salían de sus ojos por lo que no esperaba encontrar la tranquilidad de la que tanto había escuchado y rechazando el intentarlo se puso de pie y empezó a caminar. Sin darse cuenta, el viento que soplaba la había puesto menos receptiva y cuando pasó junto a un cúmulo de rocas de sal notó que sus pies trastabillan por la oscuridad. ¿La oscuridad? ¡Demonios! ¿Cuánto llevo aquí? Al mirar a su alrededor notó que la noche la había alcanzado suavemente y que los últimos rayos de sol se perdían en el horizonte. Ella dio la vuelta y echó a correr hacia el punto de desaparición pero una figura sentada a la orilla del lago llamó su atención, un hombre alto y vestido de negro espantaba tres dementores como si se tratasen de moscas que volaban a su alrededor. La bruja miró la escena con tal perplejidad que le tomó varios segundos reconocer el porte altivo, la distintiva manera en que la figura estaba parada y sobre todo el brillante pelo rubio platinado.

-¿Draco? Alcanzó a preguntar y cuando la figura giró hacia ella y la miró los tres dementores lo atacaron de inmediato aunque parecieron abandonarlo casi al instante. Por instinto Hermione sacó su varita y conjuró a su patronus, que brilló más cuando, pro un momento, pensó que la mínima alegría que habían extraído aquellos seres del cuerpo de Malfoy se debía a ella, enseguida descartó aquel pensamiento y permitió que el escudo de luz con forma de nutria girara a su alrededor. Draco se acercó con los dementores detrás y la miró

-¿Qué haces aquí por la noche idiota? Le preguntó en un tono que, aunque grosero, no era sarcástico.

-¿Qué haces tú? ¿No ves a los dementores? ¡Te pueden atacar!

Draco miró a su alrededor y volviendo a espantarlos con la mano dijo

-No tienen nada que quitarme, no pueden hacerme daño.

Hermione lo miró directo a los ojos por primera vez, aquella mirada gris y helada era opaca y efectivamente parecía absolutamente desolada. El mago, que había sostenido el contacto visual quiso girarse pero de inmediato sintió que un aire cálido lo rodeaba y unos brazos delicados se apretaban a su cintura. Hermione se había abalanzado a él envolviéndolo en su propio patronus y entregándole el primer abrazo sincero, limpio, desinteresado y amoroso que había recibido en su vida.

Draco no supo entonces si lo que sentía era el patronus pero un calor invadió su pecho y con suavidad posó sus labios en la cabeza de la bruja cuya frente llegaba apenas a su cuello. Ese beso, fue para él algo completamente distinto y más personal que cualquier otro beso o caricia que hubiera entregado en su vida, fue casto, sincero y protector.

-Bruja loca, le susurró y de inmediato echaron a correr hacia el punto de desaparición.

Hermione sabía que la aparición conjunta no era de su agrado por lo que cuando Draco la tomó del brazo prefirió que él la guiara, cuando volvió a abrir los ojos se encontró en los jardines de un hermoso hotel pero la presencia de tanta gente hizo que ambos notaran la cercanía de sus cuerpos y volviendo a la cordura se separaran al instante.

-Buenas noches Malfoy, dijo Hermione seria pero sonriente y cuando empezó a caminar una sonrisa invadió su rostro.

-Hermione ¿te gustaría tomar algo? Las palabras habían salido dela boca del platinado tan rápido y con tanta facilidad que él mismo se asombró.

Hermione que aún no había girado dudó, su atuendo era sin duda inapropiado para aquel lugar pero considerando que a Malfoy no le había importado cambió su rumbo y empezó a dirigirse al restaurante del hotel y como si fuera poco extendió su mano hacia atrás. Draco notó el temblor en el brazo dela chica y decidido a no desaprovechar la oportunidad tomó su mano y la guió.

En la mesa, uno frente al otro, ambos dudaban de que aquella fuera la mejor idea. Tenían tanto que preguntarse pero ninguno se atrevía a empezar. Cuando llegó el camarero Hermione notó que no había revisado la carta y sabiendo que sería de muy mala educación pedirle más tiempo giró hacia Draco y le preguntó

-¿Qué me recomiendas?

Él sonrió y rápidamente ordenó varios platos, tres tipos de café y vino, el camarero le sonrió y con su varita cambió la decoración de la mesa por varias velas y algunas flores.

-¿Es un hotel mágico? Preguntó la bruja sonreída

-Lo es y de los mejores del mundo, ¿dónde te hospedas tú?

-Bueno… yo… hay una posada adorable en el centro de Aman.

Draco sabía que aquello había sido un error, aunque Hermione no era pobre nunca podría pagar aquel hotel y creyó, con bastante razón, que la muchacha había interpretado su comentario como una burla, por lo que tratando de compensar su error contestó

-La conozco, no tenían habitaciones disponibles.

Hermione lo miró, inclinó levemente la cabeza, se mordió el labio inferior y empezó a reir.

El rubio lo notó, ¿sabría alguien más descifrar esas expresiones? De pronto se sintió orgulloso, probablemente nadie lo sabía, ni siquiera ella misma.

Cuando llegó la comida la conversación se había vuelto más fluida y las preguntas empezaron a ser más fáciles a medida que se acercaban al postre

-Mal…Draco, aquel salón en Flourish & Blotts ¿por qué no lo conocía?

-Bueno…la verdad es que hay varios salones secretos en el callejón Diagon y la mayoría otorgan el acceso por herencia. Contestó él apenado.

-Oh.

-¿Por qué llorabas ese día? ¿En verdad era mi culpa?

- Sí y no.

-Explícate, Granger

-Pues, Malfoy, respondió ella descubriendo muy a su pesar que había caído en el coqueteo del chico, esa visita a tu casa revivió en mí ciertas cosas y encima al día siguiente fue el cumpleaños de mi madre.

El tono de la bruja delataba que no quería continuar con el tema por lo que Draco, que había ordenado un whisky para él y una copa de vino para ella, la miró tomó un sorbo y extendiéndole la mano la guió hacia un área que tenía varias otomanas, sofás y cojines en el piso. En el centro de aquella sala había un espectáculo de bailarinas árabes y Hermione las miró impresionada y recelosa cuando dos de ellas saludaron a Draco como si lo conocieran de toda la vida.

-Hola Maravilla. Hola preciosa. Dijo él besando sus mejillas y tomó asiento junto a Hermione, entonces descubrió que la boca de la muchacha tenía una expresión que le era desconocida, sus dientes apretados se asomaban entre sus labios separados.

Ahí iba de nuevo el idiota y automático galán Malfoy

-¿Celosa? En cuanto lo dijo se arrepintió, sabía que esos trucos no funcionaban con ella.

-¿Celosa? Ni siquiera sabes sus nombres.

-¿Cómo lo sabes? Preguntó Draco verdaderamente asombrado.

-Theo, hace exactamente lo mismo cuando no recuerda los nombres de sus conquistas y créeme que le conozco muchas.

El espectáculo continuó y Draco, que seguía fascinado por la perspicacia de la muchacha, decidió volver a insistir, lentamente y como si fuera a tomar la copa que reposaba en la mesa que tenían en frente se levantó un poco y se colocó detrás de ella, tan cerca que si ella se reclinaba quedaría apoyada en su pecho, Hermione lo notó y aunque su mano aferró la varita su instinto le indicó que debía ladear la cabeza.

-Sabes Hermione, dijo haciendo énfasis en su nombre y procurando que las palabras transportaran su aliento hasta el cuello de la chica, lo que te dije en la orilla, eso no se lo había dicho a nadie.

En cuanto la muchacha sintió aquel susurro junto a su oído su cuerpo se tensó y, bebiendo un sorbo de su copa, decidió ceder un poco,

-Aquella mañana después del desayuno, llegué a mi departamento y decidí dormir un poco pero desperté por culpa de una pesadilla. Dijo y como si el recuerdo le pesara recostó su espalda en lo que ella creyó que sería el respaldar de la silla, de inmediato recordó que en realidad estaban sentados en cojines y tratando de enderezarse levantó la cabeza pero Malfoy había sido más rápido y en cuanto sintió el perfume de rosas que emanaba del cabello castaño rodeó el torso dela chica con sus brazos, lo que le impidió separarse de él.

-¿Qué fue lo que soñaste? Preguntó, considerando que con ella una evasiva hubiera sido ridícula.

Hermione miraba la danza que se desarrollaba frente a ella, tratando de decidir porqué el hecho de que Malfoy la abrazara no la estaba incomodando, tomó un sorbo de vino y luego dos más, sabía que debía parar pero si quería compartir uno de sus sueños más aterradores con Draco Malfoy necesitaría más que uno o dos sorbos. Cuando terminó la copa y quiso extender la mano para colocarla en la mesa un camarero volvió a rellenarla y entonces comprendió que no solo estaban en un área exclusiva de la sala lounge sino que además tenían una mesa con su propio personal. Tomó nota mental de aquello, ya le diría algo a Malfoy y sin más empezó a decir

-Al inicio de mi sueño todo fue… gracioso… Hogwarts estaba en época de exámenes finales y yo llegaba al aula de adivinación pero me daba cuenta que no podía dar ese examen porque nunca había asistido a las clases,

-¿En serio?, dijo Draco que jugaba con uno de sus rizos, nunca había salido con alguien que, en lugar de mostrarlo como un premio y consentirlo en cualquier capricho, le hiciera sentir que el solo hecho de dirigirle la palabra era un trofeo extraordinario.

Ella lo ignoró y continuó, -entonces, decidía entregar la hoja en blanco y dirigirme a la siguiente evaluación, al llegar descubría que el salón se parecía mucho a tu ca…bueno a un lugar que me aterra…

Aquella corrección no pasó desapercibida para el rubio que de inmediato empezó a sentir que aquello que lo había iluminado toda la noche se apagaba un poco.

-En ese lugar estaba…una mortífaga que me pedía que les mostrara cómo podía desaparecer en medio de una nube negra y como no lo lograba empezaba a …. Usaba el hechizo cruciatos en mí.

Aunque ambos sabían que aquella versión significa en realidad "soñé que tu estúpida tía, me torturaba hasta la muerte en tu estúpida casa" ninguno se molestó en aclararlo. Aunque Draco abrazó con más fuerza a la chica y dejando su rizo deslizó su mano hasta la mano de ella, con un pequeño apretón le invitó a continuar

-Cuando lograba por fin hacer el hechizo aparecía en Australia, en donde, debido al dolor, caía a la calle y un auto que trataba de esquivarme chocaba con un autobús. En ese auto, iban mis padres.

Draco no comprendió el final de la historia pero no estaba seguro si era apropiado pedir una aclaración, sin embargo la bruja a la que abraza ahora como si el mudo se fuera a acabar en cuanto la soltara no era tonta y cerrando los ojos continuó.

-Ese accidente, aunque nunca lo vi, me ha atormentado durante los últimos años, porque fue así como murieron mis padres. Cuando decidí acompañar a Harry al inicio de la guerra, sabía que ellos correrían peligro por lo que los hechicé haciéndoles creer que nunca tuvieron hijos y que su sueño más grande había sido vivir en Australia, dos meses después de que llegaron un bus chocó contra su auto y ambos fallecieron. Yo me enteré casi dos años después cuando, desesperada por no haberlos encontrado empecé a buscar registros médicos en Sidney y los encontré en el cementerio central.

Aquella historia que Hermione prácticamente había recitado como si de una lección de colegio se tratase, golpeó a Malfoy tan hondo que cuando sintió una de las lágrimas de ella en su mano no pudo hacer más que girar su rostro delicadamente y decidido a recibir un adava kedraba ahí mismo secar cada lágrima con un pequeño toque de sus labios.

Hermione que, en cuanto empezó a hablar supo que no podría parar corrigió las partes relativas a Malfoy Manor de la historia aunque notó que Draco sabía muy bien de qué estaba hablando. En realidad aquella catarsis se sentía bien, sus amigos, aunque la comprendían nunca habían llegado a consolarla como él, que en aquel momento besaba cada una de sus lágrimas como si se tratara de costuras que juntaban y pegaban los añicos que aún quedaban en su interior.

Draco, ese estúpido hurón plateado que era hijo de Lucios Malfoy… su mente tomó de nuevo el control y con un silencioso hechizo repelo envió a su ¿enemigo? Al otro lado de la alfombra. Hermione se levantó apresurada y empezó a caminar hacia el jardín en dónde sabía que estaba la zona de desaparición.

-Espera, Granger. Draco no entendía nada. -Granger. Corrió tras ella tomó su mano ella se soltó, la abrazó o mejor dicho lo intentó porque la chica había puesto una barrera invisible a su alrededor; desesperado y como último recurso dijo –Hermione, detente un momento, por favor.

Extrañamente Hermione sabía que en idioma Malfoy eso era prácticamente una súplica por lo que giró y, avergonzada, quiso empezar a hablar, aunque boqueo varias veces sin saber bien qué decir, ¿Qué excusas podía dar? ¿Eres mi enemigo? No, no lo era, lo fue. ¿Eres un Malfoy? Eso sería como si él le dijera que ella era mestiza. ¿Eres un mortífago? No, ya no lo era y además todos se merecían una segunda oportunidad. "Segunda oportunidad" su pensamiento se dirigió a Snape y a Dumbledore y entonces se rindió, retiró la burbuja y le permitió acercarse.

-Si me permites, hay algo que quisiera mostrarte pero para ello necesito que me acompañes a mi habitación.

Hermione se sonrojó, nunca se había imaginado escuchar aquella frase y creyendo que había escuchado mal preguntó

-¿A dónde?

- A mi habitación, Granger

Bueno, pensó Hermione, si muero iré donde Dumbledore y le diré lo que opinó de sus dichosas "segundas oportunidades".