Disclaimer: Los personajes que se mencionan a lo largo de la historia, son de la auditoria de Stephenie Meyer. El fic proviene de mi loca cabeza.

Historia adulta, contiene escenas no aptas para personas sensibles, si eres menor de edad ruego sea bajo tu responsabilidad.

Capítulo beteado por Sarai GN (LBM), Beta de Élite Fanfiction: www facebook com/ groups/ elite. fanfiction

Beta malvada otro capi de mi chico inestable, muchisimas gracias por las correcciones!

Si son mayores de edad, no se les olvide ponerlo en su muro de Facebook para que cuando lo revise las pueda aceptar, las espero en el grupo:

www. facebook groups/ eraseunavez. dannysk (recuerden, sin espacios o en mi perfil pueden ir directamente al link)


—¿Venía contigo el día del accidente? —Me puse rígido, ella no se inmutó, por el contrario, acarició de nuevo sus labios con los míos—. Y de ser así, solo quiero saber si me dejaste sola, a mi suerte, porque… para serte sincera eso sería fatal.

Y entonces mi cuerpo entero se sacudió, flashes de la escena del accidente comenzaron a bombardearme. Los gritos, el sonido de los fierros, el dolor… Presioné una mano contra mi pecho mientras tomaba bocanadas de aire, como si de alguna manera pudiera contener mi corazón dentro.

—Edward… ¿lo hiciste?


"La locura, a veces, no es otra cosa que la razón presentada bajo diferente forma."

-Goethe

Némesis flotaba a mi alrededor, su falda ondeando con cada movimiento, su sonrisa enorme y a la expectativa. Sacudí la cabeza, dejando escapar un entrecortado suspiro. Rápidamente encendí otro cigarro, tenía que poder contarle. La escena del accidente se había recreado tantas veces en mi memoria, que no necesitaba intentar recordar qué había pasado, lo revivía cada noche, una y otra maldita vez.

—Veníamos en mi auto, solos, y estábamos discutiendo… —Le di una calada al cigarro—. Perdí el control, fui un imbécil. Hum, después del accidente fui a buscar ayuda. —Pasé una mano por mi cabello tratando de bloquear en lo posible la escena—. Mi celular se perdió y el tuyo no tenía batería. —Mi pecho se oprimió con el recuerdo y mi cabeza comenzó a palpitar en agonía, pero me obligué a continuar—. Tuve que buscar un teléfono por kilómetros hasta que logré pedir ayuda. La caminata de regreso al auto parecía interminable, y luego estaba este dolor por dejarte sola y que no hubieras sobrevivido… —Toqué de nuevo mi pecho sintiendo una especie de agujero—. Era como… no sé, robaba todo mi aliento. Cuando volví a buscarte, tu papá ya había acudido a mi llamada de auxilio, nunca te hubiera dejado malditamente sola, tienes que creerme que hice todo lo humanamente posible para conseguir ayuda y volver a ti, Bella, por favor tienes que creerme. —La miré atormentado—. Cuando abriste los ojos, y-yo... entonces, no, no puedo… —Bella puso un dedo en mis labios, justo cuando comencé a temblar.

—Cálmate, Edward. Te creo, por favor, respira. —Enredó sus pequeños brazos alrededor de mi cintura y me apretó fuerte, como siempre hacía cuando mi cuerpo parecía querer despegar de la tierra. Ella comenzó a mecernos suavemente.

¿Acaso iba a llorar como un afeminado? Apreté la mandíbula, Dios, al parecer eso iba a pasar si no lograba calmarme. Ella me abrazó más fuerte y yo hice lo mismo, no podía respirar, no podía manejar todos los recuerdos y ciertamente estaba a nada de hiperventilar. Enterré el rostro en su cuello y respiré hondo tratando de calmarme, encontrando refugio en su pequeño cuerpo, en la calidez que desprendía hasta que finalmente contuve los temblores que sacudían mi cuerpo.

—L-Lo siento —balbuceé de nuevo.

—Shh, está bien. Cálmate, ya no hablemos de eso. —Enterré la nariz en su olor a frutas tratando de asegurarme de que esto no era una alucinación.

—Te prometo que un día te contaré todo lo que necesites saber. —Ella volvió a susurrarme que estaba bien y continuamos meciéndonos torpemente de un lado a otro.

Durante las siguientes horas, trató de tranquilizarme con otros temas. Me hizo contarle de los muchos estúpidos campeonatos que había ganado con el equipo. Narré, más o menos, cómo nos conocimos. Obvio, saltándome la parte de Mike, no quería tocar ese tema hoy, ya bastantes cosas jodidas me había visto obligado a recordar, así que le conté de Emmett y mi hermana, también de Jasper y cómo me había seguido la noche anterior. Le hablé de mi conversación con Rosalie, notando lo feliz que se había puesto de que mi hermana la aprobara, como si acaso necesitase alguna aprobación para ser su cuñada.

Bella, por supuesto, trató de hacer preguntas acerca de nuestros últimos días como novios. Y fui tan sincero como pude, incluso le comenté que para mí era demasiado pronto para hablar de todo eso, mi pierna había comenzado a dar esos saltos locos que delataban mi ansiedad por lo que desistió, no sin antes hacerme prometerle de nuevo que en algún momento se lo contaría. En su mayoría tratamos de no profundizar demasiado en los temas que fueran insoportables para cualquiera de nosotros. Y durante todo ese tiempo, supe que más bien estaba tratando de recordar lo que sentía por mí pese a que había perdido la memoria, en sus ojos podía ver brillar el conflicto cada vez que lo intentaba y regresaba con lo mismo: Nada.

A medida que la noche transcurrió, fuimos capaces de hablar de nuestro presente en lugar de nuestro pasado. Me gustó mucho más esa idea. Me gustaba escuchar sobre Bella inscribiéndose en clases de literatura, nada que ver con los deportes. La escuché hablar de las infinitas posibilidades de su futuro, de la universidad a la que quería asistir y de que, aunque lo odiaba, haber sido porrista le abría puertas por desempeño escolar. Eso me hizo sentir un poco mejor acerca de… bueno, de todo. Aunque mentiría si dijera que toda esta charla y el hecho de que me sintiera mejor hubiera terminado con mi Némesis personal. Justo ahora la veía de pie apoyada contra la pared, observándonos. Su largo cabello ondeaba con el viento así como su uniforme, y su quietud me estaba poniendo de nervios.

—Tengo que irme. —Demasiado rápido, el tiempo para estar con ella se había cumplido y en pocas horas el alba estaría apareciendo… así como el oficial Swan.

—Gracias —musitó Bella de pronto. Estaba sentada a mi lado, con su cabeza recostada en mi brazo. La abracé por los hombros con suavidad cuando sufrió un escalofrío por el viento que comenzaba a soplar.

—¿Por qué?

—Por dejar de huir.

Tuve un fugaz momento de lucha interna mientras contemplaba sus oscuros ojos, todavía no le daba las respuestas adecuadas, seguía portándome como un evasivo de mierda, pero ahora, por primera vez, solo estaba intentando ser yo mismo, estaba intentando ser mejor y no me restaba más que rogarle a todos los dioses que cuando recobrara la memoria, también recordara que al menos había intentado compensarla.

.

.

.

Esa noche tuve otra pesadilla.

No importaba que hubiera medio hecho las paces con Bella, porque mi subconsciente no estaba nada apaciguado con ello. Es decir, Némesis se encargó de traer el momento exacto en la fiesta, donde le rompí a Bella el corazón así como ella el mío. Pasé una mano por mi cabello, empujándolo lejos de mis ojos. Todavía estaba jadeando y el pánico seguía instalado en mi pecho, pero al menos ese sentimiento de culpa no era tan intenso como otras veces.

Eran las cuatro de la madrugada cuando entré al baño y encendí la luz, comencé a mojarme el rostro con agua helada, tratando de aliviar el dolor de cabeza que conllevaba levantarse en la madrugada, aún cansado pero incapaz de dormir.

Pareces un zombie —murmuró ella viéndome a través del espejo, estaba justo detrás de mí.

—Un zombie, claro. —Rodé los ojos—. Un muerto en vida, ¿cómo no lo pensé antes?

¿Te vas a poner sarcástico otra vez? Ella sonrió, palmeándose con un dedo la barbilla—. Claro, aunque quizás no sea sarcasmo. Porque lograr convertirse en un esclavo de las pastillas, una decepción para la familia, una carga para mí misma, no es mentira, solo es la realidad. —Sacó sus pompones—. Eso merece una porra.

—No… por favor, Bella —pedí, pellizcando el puente de mi nariz.

¿No te gustan?, ¿preferirías darme entonces una plática sobre cómo convertirse en un imbécil?

—Preferiría que desaparecieras.

La puedo hacer por ti —sonrió—. El primer paso sería: conseguirse a la única chica que podía tratarte bien… y luego arruinarlo.

Salí del baño pasando mis dedos por el cabello húmedo una y otra vez, tratando de mantenerme enfocado en la realidad. Había hablado con Isabella, ella me había perdonado, me había besado y ahora quería intentarlo otra vez. Y yo quería cambiar para ser mejor para Bella, específicamente. El puro pensamiento logró tranquilizarme un poco. Cuando encendí la pequeña lámpara en mi habitación, vi que al menos Némesis se había ido. Suspiré dejándome caer sobre las almohadas, no estaba más descansado, pero al menos había logrado dormir algo, el problema ahora era el envase situado a mi lado. Iba a necesitar ayuda con las pastillas, pero realmente no sabía a quién acudir con eso sin que me viera como si estuviese loco.

.

.

.

—¿Tienes algo que confesarme? —Jasper jodida sombra, todavía tenía las agallas para preguntarme algo como eso.

El cabello le caía ligeramente frente a los ojos mientras yo conducía a la escuela, Rose venía bastante callada en el asiento de atrás jugando con su largo cabello, algo bastante inusual ya que mis hermanos solían pelearse hasta el colegio.

—No tengo nada que confesar a menos que… oh, espera. La otra noche un imbécil me estuvo espiando —espeté con sarcasmo. Mi hermano bufó.

—Te veías bastante raro, tenía miedo de que fueras hacer alguna locura y no me equivoqué.

—Deja de decirle a Edward lo que tiene que hacer, Jass —murmuró Rosalie sonando furiosa.

—No, deja tú de solapar esta mierda, Rose. Cuando Bella recuerde lo que pasó, lo mandará otra vez a la mierda ¿y quién crees que será el que tenga razón en decir te-lo-dije?

—Esto seguro tiene que ver con la zorra de Alice —chilló, empujando el asiento de mi hermano, aquello lo enfureció como nunca antes había visto.

—¡No vuelvas a llamar así a Alice! —Rosalie no se amedrentó por su tono, por el contrario, elevó el mentón.

—Edward es primero que ella.

—Alice no está diciendo nada que no sea cierto, ¡Edward jodió a Bella hasta el punto de que deseara olvidarlo! —Pisé el freno haciendo que el auto derrapara hacia un lado antes de salirnos del camino, Rose gritó y Jasper se sujetó con fuerza del tablero.

—Entiendo tu punto, Jasper, te juro que lo entiendo —siseé mirando fijamente al frente a la carretera mojada, porque estaba seguro de que si lo veía, nuestra pelea acabaría en golpes, era la única cosa que ambos siempre sabíamos cómo resolver—. Pero ya me cansé de intentarlo, amo a Isabella y quiero estar con ella todo el tiempo que me lo permita.

—¿Y nosotros qué?, ¿tenemos que aguantar esa mierda hasta que te recuerde y otra vez enloquezcas? —Pellizqué el puente de mi nariz—. Lo mejor es que le digamos a papá…

—Dijiste que querías ayudarme —lo corté—, bien, por favor no hables de eso con papá.

—Jass. —El tono de mi hermana era bajo, su mano delicadamente se apoyó en el hombro de mi hermano, sin embargo él se sacudió furioso—. Dejemos que Edward resuelva esto a su manera, hay que apoyarlo y corregirlo si es necesario, pero no volcarnos en su contra.

Lo que faltaba, ahora tus hermanos se pelean entre ellos, ¿no te bastó con destruir ya a una persona?, ¿ahora sigue tu familia? —Miré por el retrovisor a Némesis que se había materializado al lado de mi hermana, tenía una sonrisa instalada en sus labios—. Paso número dos: conseguirse a la mejor amiga de la novia de tu hermano…

Quería decirle que ya me estaba cansando de su mierda, que sabía perfectamente que me lo merecía, pero en realidad iba a apoyar el punto de mi hermano respecto a la locura, así que solo reanudé el camino hacia el colegio, ignorando a todos.

En la escuela traté de poner atención en clases, traté de ignorar a Newton acosando a mi chica porque se lo había malditamente prometido. No que ahora tuviéramos una relación ni nada parecido, de hecho continuaba sin dirigirle la palabra en la escuela, en realidad lo nuestro podría definirse como "intento número dos", porque lo estábamos intentando otra vez. A pesar de mis buenas intenciones, Némesis tenía otras y se aparecía aquí y allá soltando comentarios ácidos, como justo ahora.

Di vuelta a la derecha para ir a mi clase de física, pero me quedé clavado en el suelo al instante siguiente. Riley tenía a Bella medio acorralada contra su casillero, y dada la forma en la que se inclinaba hacia ella y sonreía, no parecía precisamente molesto para ella. Y aunque la furia fue cegadora, fuerte como un maldito golpe que casi me dobla las rodillas, obligué a todo mi cuerpo a permanecer en su lugar. En otro tiempo definitivamente habría ido a romperle algo más que la cara, habría acusado a Bella de querer estar con otro, habría hecho un montón de mierda… todo eso que finalmente consiguió que termináramos.

Apreté la mandíbula, no haría lo mismo, ella todavía podía conseguirse alguien mejor, que no tuviera un estado mental dudoso, ni mucho menos un pasado turbulento. Un maldito imbécil que pudiera comer pizza con ella y no vomitar como jodido anoréxico. Jasper que venía a mi lado, como siempre, también vio la escena y solo suspiró. En eso, Isabella elevó la mirada y se encontró con la mía, como si de alguna manera se hubiera sentido observada, salió de la cárcel de los brazos de Bier y pasó exactamente a mi lado sin siquiera mirarme, Riley por supuesto corrió tras ella como un maldito perro faldero.

Realmente no podía entender por qué la indiferencia de Bella lograba hacerme sentir tan idiota. ¿Acaso no era feliz siendo ignorado? Sí. Lo era. Perfectamente feliz cada vez que ella me ignoraba. Pidiéndole al cielo que no me recordara. Evitándola. Hasta hoy.

—Quizás es lo mejor, hermano. Un nuevo comienzo… con alguien diferente —murmuró, viéndolos desaparecer por el pasillo.

—Vete a la mierda —siseé dándome la vuelta, tenía que fumarme… o tomarme algo.

Dentro del auto, abrí mi envase de Prozac para emergencias y me zambutí tres pastillas. Némesis se rio en el asiento del copiloto mientras negaba con la cabeza.

La abstinencia no es lo tuyo.

—¿Por qué no desapareces? —Ella sonrió.

No, mejor continuamos con los pasos, ¿en cuál me quedé? —Elevó un pompón—. Ya recuerdo, paso número tres: correr a buscar las pastillas a la más mínima pelea; paso cuatro: decir que va a dejar a la chica pero luego enfurecerse al verla con otro; paso cinco: ser un zombie; paso seis: torturarse con el recuerdo del pasado una y otra vez…

Para cuando terminaron las clases y mis hermanos salieron a buscarme, estaba bastante grogui en el asiento del piloto. Bella y sus jodidos "pasos sobre cómo ser un imbécil", me tenían al borde de la locura, tomar más pastillas definitivamente no solucionó las cosas. Jasper parecía sorprendido entre más me miraba, incluso culpable.

—Edward, ¿qué rayos hiciste? —Empujé las llaves a su rostro.

—Solo conduce.

No recuerdo bien el camino a casa, tampoco recuerdo cómo mierda llegué a mi habitación, pero a pesar del cansancio que envolvía mi cuerpo, me iba a dormir una mierda. Eso era lo último que haría, así que me bañé con agua helada, dejé que Némesis me bombardeara con pensamientos negativos sobre Bella y otros hombres, su lista además continuó y mientras me gritoneaba, mi mente vagó a diferentes escenarios, unos con Bella y otros sin ella. De cualquier manera, ya estaba acostumbrado a este estado.

Paso diez: ahuyentar a la chica que "ama" cada vez que las cosas se ponen feas; paso once: gritarle a su hermano cuando sabe que tiene la razón; paso doce… hum, existir…

Por eso, cuando la puerta de mi habitación se abrió dejando entrar demasiada luz, gruñí tapándome el rostro con el brazo. Jasper entró arrastrando los pies, como siempre, sin preguntarme si podía pasar o no.

—Lamento lo que dije hace rato. —Rodé los ojos.

—Lo entiendo, Jasper —murmuré con una jodida voz ronca—. Ya aprendí la lección, ¿te puedes ir para que me duerma?

—Ambos sabemos que no duermes. —La voz de Bella fue clara, no podía ser Némesiscon sus listas... Abrí los ojos y entonces la vi.

Al lado de mi hermano estaba ella. Parpadeé una, dos veces, frotándome los ojos incluso, y justo cuando pensé que oficialmente estaba loco, Jasper habló de nuevo:

—En cuanto papá se fue al hospital, le pedí a Isabella que viniera… los dejaré solos un rato —murmuro poniéndose de pie. Me aclaré la garganta antes de pasarme ambas manos por el cabello en un ridículo intento por peinarme.

—Siento no haber ido a tu casa hoy, estaba cansado. —Ella me dedicó una sonrisa, a pesar de que podía ver la inquietud en sus ojos.

—Jasper me dijo que habían discutido.

—No puedo creer que fuera a tu casa solo para decirte esa mierda, podemos solucionar las cosas entre nosotros. —Me puse de pie y caminé distraídamente hasta la ventana—. Gracias por venir, pero no me gusta que tengas que regresar a tu casa tan tarde.

—Bueno, tu hermano me trajo, supongo que tú podrás llevarme. —Respiré hondo, me sentía aún mareado y francamente nauseabundo.

—No me siento muy bien hoy.

—¿Cuántos antidepresivos te tomaste? —Sonreí y me burlé con sarcasmo.

—¿Me vas a lanzar mierda tú también por eso? —pregunté pensando en su réplica imaginaria, pero cuando me giré para mirarla, ella no me estaba viendo a mí, entre sus manos tenía uno de mis envases de Prozac.

—No lo haré, cada quien tiene sus malas costumbres. —Agitó el envase frente a mí, sonriendo de esa manera retadora que me calentaba la sangre.

—No todas mis costumbres son malas —ronroneé acercándome, ella mantuvo la sonrisa, pese a que su inquietud era palpable, dejó el envase a un lado.

—Me imagino. —Bella cerró la distancia entre nosotros, apartando el cabello de mi frente. Dios, me quejaba tanto de Jasper y su maldito cabello largo, sin fijarme que el mío había crecido bastante—. Me gusta tocarte —murmuró deslizando los dedos por mi afilada mandíbula.

—¿Y por qué es eso? —Elevé una ceja, tratando de parecer casual cuando en realidad estaba un tanto hipnotizado por sus ojos castaños.

—Me gusta recordarme que eres real, que no solo estás en mis sueños.

—O pesadillas —murmuré entre dientes tensándome al instante, pero Bella no dejó de acariciar mi rostro, ahora sus dedos tocando suavemente mis labios.

—¿Por qué discutieron tú y Jasper? —Mi miedo volvió tensando mis músculos.

—Es algo sin importancia.

—Fue por… ¿fue por nosotros? —Miré por encima de su hombro, Némesis estaba justo ahí, riéndose de mí, así que me separé de Bella y me acerqué a la ventana, la abrí y rápidamente encendí un cigarro—. Mira, lo de Riley…

—No sé a qué te refieres con nosotros. —La interrumpí. Sus ojos ardieron, de nuevo estaba furiosa y dolida.

—Tampoco sé muy bien qué es lo que tenemos, Edward —suspiró sentándose en la cama—. Podemos ser lo que tú quieras, amigos, confidentes o nada. —Di otra calada a mi cigarro.

—¿De verdad no quieres nada? —Ella sacudió la cabeza en forma negativa.

—Creo que soy bastante capaz de irme. —Se encogió de hombros—. Tú me pediste que te ignorara en la escuela, solo trato de cumplir mi parte, así que estoy cansada de tus señales contradictorias. A estas alturas pienso que mis recuerdos de ti quizás solo son sueños y lo nuestro realmente se terminó hace mucho.

La adrenalina corrió por mis venas, sacándome del estúpido estupor en el que me habían tenido las pastillas, lancé el cigarro por la ventana, ignoré las carcajadas de Némesis y caminé hacia mi chica. En un burdo movimiento, me arrodillé quedando entre sus piernas. Estaba temblando cuando acomodé la cabeza en su regazo, era una mierda, sabía que lo mejor era dejar que se fuera pero el terror había atenazado mis entrañas y ahora no quería escuchar que dijera esas cosas. No quería que se fuera, no quería volver a escucharla decir "se terminó".

Me abracé con fuerza a su cintura y continué ahí, arrodillado sin ser capaz de moverme. Bella suspiró sin asustarse por mis estúpidas reacciones, metió una mano dentro de mi cabello, acariciándome con una suavidad increíble.

—Edward —susurró inclinándose a mi oído, su cabello haciendo cosquillas en mi cara—. No quiero que hables siempre como si lo mejor fuera no estar juntos, me lastimas.

—¿En serio? —Mi voz ronca, fue sincera.

—Así es. Quizás antes tuve otros novios, Dios mío, quizás hasta me acosté con ellos según lo indican las malditas pastillas en mi tocador. —Cerré los ojos tratando de alejar esa maldita imagen de mi mente—. Pero debes entender que en este punto en el que me encuentro, no conozco nada. —Sujetó mi rostro obligándome a mirarla, sus ojos brillaban como si estuviera a punto de llorar—. Tú eres todo lo que conozco ahora y no quiero escucharte decir que está mal.

Tuve que aclararme la garganta, me sentía bastante confundido.

—Bella… —Ella puso un dedo en mis labios.

—¿Quieres estar conmigo? —La miré fijamente, ¿qué clase de pregunta estúpida era esa?

—Por supuesto, pero…

—Bien, con eso me basta, lo demás no quiero escucharlo. Deja de pensar.

La atraje hacia mí regazo, de manera que ahora estábamos los dos en el suelo de mi habitación. Presioné la nariz contra su cabello e inhalé profundamente su aroma, continué pasando los dedos por la parte baja de su espalda. Sus palabras resonaban en mi mente y quería creerlas. Ella estaba viva. Yo estaba vivo después de aquel accidente. Por una obra del destino de nuevo estábamos juntos. Traté de concentrarme en eso sin dejar que la estruendosa risa de Némesis estropeara esto.

.

.

—¿Por qué compraron pastel? —preguntó Bella mientras se llevaba un trozo a los labios.

—No lo compramos —murmuré riéndome entre dientes—. Cada vez que Rosalie está nerviosa, cocina.

—¿De verdad? —inquirió con los ojos muy abiertos.

—Síp, o cuando pelea con Emmett, es su manera de gastar energía ansiosa. —Bella se soltó riendo.

Nos encontrábamos, por increíble que pareciera, comiendo pastel en la cocina. Bella no había salido corriendo después de que me portara mal con ella, tampoco conociendo mi desorden mental, al parecer su falta de instinto de preservación la mantenía a mi lado.

—¿Tu hermana estaba nerviosa hoy?

—Un poco.

—Es una manera muy sana. —Se llevó otro trozo a los labios—. Y deliciosa de gastar energía.

—No tanto, si no encuentra los ingredientes necesarios se pone como loca, Jasper y yo hemos tenido que ir en la madrugada a traerle harina para pastel.

Me reí recordando aquella vez, no hacía ni siquiera un par de semanas, cuando literalmente se había tirado en el suelo de la cocina diciendo cuánto nos odiaba por no tener maldita harina. Sus ojos estaban acuosos y Jasper y yo supimos que era para ella de vida o muerte que fuéramos a comprársela. Habíamos jurado vengarnos de Emmett al día siguiente.

—¿Cuándo cumples años? —preguntó Bella de pronto.

—En menos de un mes.

—¿Qué día?

—El veinte de junio. —Ella me miró pensativa.

—¿Rosalie cocinará un pastel para ti? —Suspiré, escarbando dentro del pastel que sabía no me iba a comer.

—No, no la dejaré. Odio las fiestas de cumpleaños.

—Cuando sea mi cumpleaños, yo sí quiero un pastel, ¿escuchaste? —Me reí entre dientes.

—¿Ah, sí?

—Sí, puedes pedirle ayuda a tu hermana, definitivamente este pastel es delicioso. —Me miró con una sonrisa—. ¿Por qué no estás comiendo?

—Yo… hum, en realidad no me gusta mucho el pastel.

Sabía por la mirada de Bella lo que estaba pensando, sabía que eso le molestaba pero no había nada que pudiera hacer de momento, aún me sentía un tanto grogui por el medicamento, estaba cansado y jodidamente hastiado de todo. Mi coraza interna se elevó lista para defenderme, pero en cambio Bella me sorprendió al preguntar:

—¿Estás cuidando tu figura? —Me miró inquisitivamente—. Porque realmente no lo necesitas.

—¿Estás diciendo que luzco bien? —inquirí tratando de sonar juguetón, mi comentario logró su objetivo haciéndola ruborizar.

—El que me dijeras que eras el capitán de los espartanos explica muchas cosas. —Me reí entre dientes.

—Hum, gracias, supongo —aseguré aun riéndome. Era demasiado extraño recibir cumplidos por su parte.

—¿Me llevas a casa? —pidió al mirar el reloj de la pared en la cocina.

—Claro, solo iré por las llaves del auto y…

—No. —Bella se puso de pie y caminó hasta mi lado—. Me gustaría que fuéramos caminando, no es justo que luzcas así mientras que yo me acabo de comer dos rebanadas de pastel.

—Te ves perfecta —susurré acercándome a ella.

—Cuando quieras puedes llamarme Bellena, no me importaría, ¿sabes? —Una de sus manos acarició de forma inconsciente mi pecho.

—No te creo. —Me reí. Incapaz de contenerme sujeté su pequeña cintura atrayéndola hacia mí, encontrando su cuello, dejé un beso somnoliento sobre su sensible piel.

Finalmente salimos de mi casa, y mientras caminábamos noté algo diferente esta vez. La energía entre nosotros que pensé que había desaparecido estaba de vuelta. Claro que me sentía cansado, terriblemente cansado y un tanto nauseabundo por las pastillas y toda la tarde, pero eso no impedía que detectara la ansiedad física de Bella.

Entonces, en esa tensión y nerviosismo tropezó con una piedra, me apresuré a sujetarla, quedando a escasos centímetros de sus carnosos labios que estaban ligeramente separados. Pude escuchar las suaves respiraciones que dejaban su boca, y cuando levanté la mirada a sus ojos, los vi pesados con deseo y alerta en la misma dosis. Observé con cuidado como sus pequeñas manos posadas ahora en mi pecho, subían hasta mis hombros, se inclinó hacia mí, moviéndose despacio, con demasiada cautela, dándome la oportunidad a mí de decirle que no.

Y quizás eso era lo más sensato para hacer, pero no la detuve. Bella se puso de puntitas, rozando su nariz con la mía, urgiéndome silenciosamente a tomar una decisión, sentía su aliento contra mi boca, cálido, rápido y más pesado que antes. Cerré los ojos y me incliné hacia adelante. Dejé que la punta de mi lengua apenas rozara su labio inferior, tentando a su boca para abrirse. No quería ser como antes, todo un maldito adolescente hormonal saltando sobre ella a cada oportunidad, si quería estar con ella esta vez, las cosas tenían que ser diferentes. Aunque no voy a negar que me moría por empujarla contra uno de los árboles, rasgarle las bragas y sumergirme dentro de ella como tantas veces habíamos hecho, sin embargo estaba seguro de que eso no ayudaría a mi causa cuando recobrara la memoria. Definitivamente no ayudaría.

Respiré hondo tratando de calmarme, esto era suficiente, sentir sus labios de nuevo abriéndose para mí, sus pequeños dedos entretejiendo su camino por mi cabello, tirando duramente para acercarme y se lo concedí, presionando mi cuerpo ligeramente contra ella, escuchando como se escapaba un suave gemido en su boca. Dios, me deseaba tanto como yo la deseaba a ella. Nos besamos durante un buen rato de pie cerca de la orilla de la carretera, hasta que la empujé suavemente detrás de un frondoso árbol, simplemente no podía tener suficiente de sus gemidos. Por lo general Bella era silenciosa. Esta clase de besos acalorados y manoseos no eran lo nuestro, siempre pasábamos directamente a la cama. Había sido tan vacío ese actuar, de hecho solo había sido lo mío, no lo suyo, ni mucho menos podía llamarlo "lo nuestro", hoy podía verlo y me sentí como la mierda por ello.

Suspiré pensando en el ahora, podía cambiar eso, disfrutar de otras cosas, como intentar alejarme unos milímetros y sentirla persiguiendo mi boca, inclinándose lo necesario para presionar sus firmes pechos contra el mío. Estaba bastante seguro de que si quería podría persuadirla de tener sexo en pleno bosque. Podría ver cada centímetro desnudo de su admirable cuerpo y probar su sexo en mi boca antes de envolverme alrededor con sus piernas y cogerla hasta que perdiéramos el sentido.

Sin embargo en algún lugar de mi nublada cabeza por la lujuria, sabía que esta situación no era la ideal para eso. Tan erótico como puede ser una cogida al aire libre, no era propicio para nuestra relación, o lo que sea que tuviéramos. ¿Y si a eso le sumamos que su papá era el jefe de policía del pueblo? Tomó cada ápice de autocontrol que no poseía para apartarme de su deliciosa boca. Fue más difícil no volver a ella cuando tuve una buena vista de Isabella después de apartarme. Su cuerpo estaba inclinado contra la rugosa corteza del árbol, sus ojos cerrados, los labios entreabiertos y los pezones se le marcaban deliciosamente a través de la suave camiseta. Aclaré mi garganta.

—Eso fue… jodidamente intenso. —Me reí aunque fue un sonido ronco. Bella suspiró al tiempo que se enderezaba la camiseta.

—Eso es quedarse corto —sonrió, sus ojos aún oscurecidos—. Diablos, te extraño más con cada minuto que pasamos separados, quizás deberíamos... —Se relamió los labios, mirando hacia todos lados como si quisiera adentrarse en el bosque. ¿Quizás ella quería…? Me tensé al instante, no estaba listo para eso aún—. Estaba pensando que quizás deberíamos apurarnos antes de que comience a llover, no me veas como si te hubiera lanzado una cabeza de perro.

No me quedó más remedio que reírme mientras sujetaba su mano.

.

.

.

El oficial Charlie Swan no era ningún idiota.

Había cambiado su turno a la mañana, de manera que podía llevar a Bella a la escuela y pasar el resto de la tarde con ella. Isabella decía que su papá lo hacía "porque sentía que pasaban muy poco tiempo juntos". Pero a mí no me lo parecía. Sospechaba más que su cambio de turno tenía que ver con vigilar a Bella.

Había visto al oficial charlando despreocupadamente con los papás de Newton, en la tienda donde Bella trabajaba en las tardes. Jasper lo había escuchado haciendo preguntas sutiles sobre mí una vez en el pequeño restaurante del centro de Forks. Se la llevaba sin falta a pescar los fines de semana. Así que Bella y yo optamos por no tener ninguna clase de contacto durante esa semana, y con eso descubrí que mis pesadillas habían adquirido un nuevo nivel.

Esa noche en particular soné con Bella, pero no era el accidente, al parecer llevábamos una relación normal y Charlie lo descubría. Decidía llevársela a vivir a otro lado, y no podía encontrarla. No volví a dormir el resto de la semana.

—¿En qué más ocupas tus noches, Edward? —Automáticamente me tensé.

La maestra Platt podía ser otro de mis dolores en el culo, era inquisitiva y molesta, pero desgraciadamente nuestro trato y sus estúpidas y jodidamente ricas galletas me seguían trayendo a su casa. Suspiré dando un sorbo a mi refresco antes de mirarla.

—A veces leyendo ciencia ficción, jugando al Xbox, ya sabe. —Me encogí de hombros tratando de sonar casual, sabía a dónde quería ir, por lo que rápidamente la ataqué con una pregunta—. ¿Y usted?

—Bueno, a veces trabajo diseñando software para pequeños mercados locales —sonrió con tristeza—. La mayoría de las noches también evito el sueño, como tú. Eso me impide soñar con mi esposo, ¿sabes? Él falleció.

La nueva información llamó completamente mi atención, sabía lo que estaba haciendo. Primero las galletas, luego las charlas informales. Estaba tejiendo una red y atrayéndome, desgraciadamente siempre lo conseguía. El hecho de que al parecer estuviera involucrada con algún Quileute de la Push, era bastante extraño.

—¿El papá de Jake? —Ella asintió.

—Sí, Billy murió en un accidente en la carretera rumbo a Washington —suspiró largamente—. Ese día discutimos, él se fue dando un portazo. Esa fue la última vez que lo vi.

—Lo lamento.

Por un momento hubo una pausa entre nosotros, así que de verdad me hizo creer habíamos dejado el tema por la paz, pero entonces ella suspiró y supe en ese momento que continuaría presionándome.

—Sin saberlo, me convertí en una de esas personas que necesitan ocupar su tiempo en algo, o de lo contrario, estoy dándole una y otra, y otra y otra vez vueltas a lo mismo, ¿no te pasa? —suspiré.

—¿Usted cree que haya un método para dormir sin soñar? —pregunté mientras observábamos a Jake distraídamente tocar una melodía que le había encargado.

—Eso es difícil, por ejemplo hay personas que sueñan cosas pero por la mañana no las recuerdan, incluso otras que no sueñan en lo absoluto. Luego estamos nosotros, los que tenemos pesadillas. —Asentí levemente con la cabeza, sintiéndome manipulado cuando la vi asentir también. Se estaba metiendo en mi puta cabeza y ni siquiera había dicho nada, así que dado que era un débil mental, decidí confesarle:

—Tengo unas pesadillas muy vívidas. —Di otro sorbo a mi refresco.

—Tienes los ojos muy hundidos y te ves cansado, ciertamente me preocupa. Los antidepresivos no te están ayudando.

—No estoy en depresión —escupí antes de que comenzara con su mierda. La maestra me miró fijamente poniéndome incómodo, finalmente suspiré pasándome una mano por el cabello.

—Tan solo iba a sugerir otro medicamento. —Rodé los ojos mentalmente ante mi estupidez, normalmente no era así de malo con las mentiras, me revolví el cabello con ambas manos.

—Estas pastillas… pudieran… pudieran estarme provocando algo más que insomnio, Esme.

—¿Como algún efecto secundario? —preguntó sonando tranquila, pero cuando Jacob se equivocó de tecla, mis dientes rechinaron en frustración.

Disparé una mirada hacia él, quien solo se encogió de hombros, sabía que estaba fastidiado y que ya no quería seguir, pero Esme era definitivamente la que mandaba aquí, así que lo miré regalándole mi mejor sonrisa, del tipo "lo siento chico, ya te jodiste".

—Jake, solo diez minutos más cariño y te llevaré a casa de Paul, lo prometo.

Los ojos del engendro brillaron, y entendí que aunque odiara el piano al parecer amaba al tal Paul así que, para mi absoluta sorpresa, continuó tocando incluso mejor. Entonces los ojos de la maestra estuvieron de nuevo sobre mí.

—¿Decías, Edward? —No sabía qué me pasaba. Arrugué la frente en confusión antes de negar con la cabeza, ¿por qué mierda quiero contarle?

—No lo recuerdo. —El suspiro de la maestra me dijo que estaba harta de mi mierda también.

—Quiero ayudarte, Edward. No te cierres, habla conmigo, por favor —pidió en voz baja. Y sabía que ella no quería asustarme, pero ya comenzaba a sentir la tensión arrastrándose de nuevo sobre mis hombros—. Me gustaría poder recetarte otro medicamento, pero si no me dices qué es lo que te están provocando las pastillas, voy a ser incapaz de ayudarte.

Levanté la mirada hacia ella, y me encontré con la suya expectante. Era bonita, en una forma muy discreta. Pero ese traje marrón no le favorecía en lo absoluto. Sin embargo, había algo en ella, algo cálido y agradable, su cabello brillaba por la luz que se filtraba de la ventana y lo hacía parecerse al color de los caramelos, sus ojos increíblemente verdes y la ridícula canción de fondo me tenían alucinado. Y por supuesto, al invocar la palabra alucinado, ella apareció, sentándose al lado de Jake antes de guiñarme un ojo.

Aunque la presencia de Bella me traía consuelo después de una pesadilla, porque sabía que de alguna manera siempre podía tenerla conmigo, odiaba lo débil que me hacía tener que evocarla para sentirme mejor. Odiaba esto.

—Las pastillas me provocan… me provocan alucinaciones.

.

.

¿Por dónde empiezo?

Durante un poco más de dos semanas, bastante jodidas, en las que el oficial Swan siguió en su turno de mañana, casi me volví loco.

Honestamente estaba fuera de control, y había tenido que refugiarme en la maestra Esme, ella había cambiado mi medicamento. Después de todo, resultó que tenía razón, lo mío era una depresión psicótica, había tenido que llamar a Carlisle para hacerme estudios. Pudiera haber odiado a Esme por ello, pero si quería cambiar para Isabella tenía que recolectar mis jodidas piezas.

—Es posible que sea necesario tomar medicamentos durante mucho tiempo para evitar que la depresión regrese, Edward. —Papá suspiró pasándose una mano por el cabello—. Los síntomas depresivos tienen una probabilidad más alta de reaparecer que los psicóticos.

—Vas a procurar ocupar tus tiempos muertos, ¿está bien eso, Edward? —murmuró Esme, quien no me había pasado desapercibido el gesto de su mano sobre el hombro de papá—. Si no puedes dormir, entonces ponte a hacer ejercicio, sin importar la hora.

Por lo tanto, en las noches, cuando comenzaba a picarme la ansiedad por tomarme una pastilla, en su lugar bajaba hasta el suelo y me ponía a hacer tantas flexiones como me era posible. Normalmente estaba cansado y mis tendones protestaban. Las dos de la mañana no era la hora adecuada para eso. Mis músculos se quejaban en agonía, pero era mejor que la alternativa... esa que traía consigo una lenta y dulce tortura. Si me tomaba dos Prozac de mis envases ocultos podía durar despierto hasta el día siguiente, Némesis cantaría y bailaría a mi alrededor hasta el amanecer, pero a cambio no habría pesadillas. Eso era jodido.

Así que me esforzaba hasta que el sudor corría por mi espalda y mi estómago se estremecía, hasta que mis brazos temblaban amenazando con rendirse... hasta que no había una jodida oportunidad de que mi mente vagara a ese maldito lugar. Luego me daba una ducha, me tomaba el medicamento correcto y me metía en la cama.

A veces dormía tranquilamente, sin sueños. Pero regularmente no lo conseguía. Era extraño cómo un sueño podía hacerse realidad. Cómo puede tomar el control de la mente e invocar los sentimientos, tanto así, que afectaba mi cuerpo hasta el punto en el que no sabía discernir si acababa de pasar o seguía durmiendo. Esa noche de nuevo había soñado con Seth. Él y su estúpida apuesta de mierda, esa que había llevado lo que quedaba de mi relación con Bella a la ruina.

Némesis se apareció en la habitación vacía segundos después de despertarme, me limité a observar cómo se movía por el piso mientras recuperaba el aliento. Aunque no estuviera realmente ahí, estaba bien tener compañía. A veces la frontera entre los sueños y la realidad se volvía borrosa. Me costaba saber qué era qué. Supongo que por eso tenía que tomar tantos medicamentos, como si la realidad pudiera favorecerse químicamente. Ingería los miligramos suficientes de mis nuevas pastillas y el mundo volvía a estar enfocado. Comprobé que eso era tristemente cierto al sentirme más lúcido, al dormir mejor, incluso el regreso de mi apetito. En su mayoría, todos esos fármacos cumplían con su cometido. Suspiré. En general, era más positivo, solo tenía que evitar que mi mente no estuviera tan enfocada en ciertas cosas.

Pero, actualmente sin tener contacto con Bella, yo quería ver a Némesis, no podía sobrevivir sin Isabella por más tiempo y esa alucinación era la única alternativa. Ningún medicamento impedía del todo que pudiera evocarla. Me gustaba jugar con la voz de ella en mi cabeza por las noches, cuando la casa estaba más tranquila y podía concentrarme en que fuera tan real como pudiera. Si me esforzaba mucho, podía escucharla, sentirla, incluso producir su olor a frutas. Y cada vez que Bella aparecía con su ropa desgarrada, me sentía reconfortado.

.

.

.

Cuando Isabella de carne y hueso me llamó esa tarde, todo mi cuerpo se sacudió despertando de su letargo. El oficial Swan había vuelto al turno de la noche.

Y a partir de ahí, habíamos intentado funcionar de nuevo como una pareja… más o menos normal. Y mientras yo intentaba con todas mis fuerzas ser mejor, aprender realmente sobre la pequeña mujer que había sido mi novia, descubrí que había demasiadas diferencias entre nuestras formas de ser.

Ahora por ejemplo, descubrí que la confianza era una cosa que no funcionaba en ambos sentidos, ella era franca, particularmente transparente, en cambio yo me reservaba un montón de mierda y eso me provocaba hasta dolor de cabeza. Otra sutil diferencia había ocurrido durante nuestro tiempo aparte, donde yo había intentado recuperarme y ser mejor, ella se había dedicado a hacer amigos. Eso estaba bien, ella era una chica sana, normal, siempre sería mejor que yo. Otra cosa, por bizarra que parezca, era que yo quería tomarme las cosas con calma, y ella parecía querer tomarme sobre la mesa.

—Bueno, Leah ha preguntado qué me pasa esta tarde —comenzó mientras se llevaba un pedazo de pizza a la boca—. ¿Sí la recuerdas, verdad?

—La chica que trabaja contigo en la tienda del puto, por supuesto. —Bella se rio entre dientes, mirándome incrédula.

—Me gustaría que me dijeras el origen de tu odio hacia Mike.

—No, de verdad no quieres saberlo —murmuré dando un sorbo a mi vaso de agua. Síp, entre otras cosas, estaba tratando con todas mis fuerzas de dejar la cafeína.

—Está bien, no insistiré con eso, no te quiero todo malhumorado. —Se acomodó mejor en su asiento para mirarme—. Te decía, Leah es muy astuta, ya se dio cuenta de que me rehúso a salir con ella y los demás a fiestas, y que por lo general quiero llegar a casa corriendo en cuanto termina mi turno.

—Pues que les valga una mierda, ¿no? Cada quien hace lo que quiere con su vida, yo tampoco tengo amigos —farfullé—. No necesito a todo el equipo de americano queriendo arrastrarme de vuelta al equipo o a fiestas, prefiero pasar mi tiempo contigo, en realidad es poco lo que nos vemos.

Bella suspiró empujando su plato a un lado antes de apoyar el rostro sobre sus dos manos y mirarme. También descubrí que odiaba cuando me miraba de esa manera, como un niño revoltoso y malcriado al que buscaba cómo tratar.

—¿Te acuerdas cuando dijimos que haríamos las cosas sin presiones?, ¿para ver a dónde nos conducía esto?

—Ajá —murmuré, mordiendo con algo de odio mi rebanada de pizza.

—Pues bien, ella es mi amiga y sospecha que me pasa algo.

—¿Y te pasa algo?

—Me pasas tú. —Suspiré mirándola.

—¿Eso es malo? —Odié el tono preocupado que escapó de mis labios pero no podía evitarlo, estaba constantemente esperando a que me echara de su lado.

—No, no es malo. Solo que a veces me da la impresión de que te molesta cuando hablo de mis nuevos amigos. —Evité rodar los ojos, porque eso incluía a un par de pendejos llamados Quil y Embry, que trabajaban también con ella.

—No me molestan tus nuevos amigos, es solo que no entiendo qué quieres decirme con todo esto. —Ella suspiró, de nuevo mirándome como a un niño.

—Quiero contarles sobre nosotros, porque ellos han estado este tiempo para mí y no me presionan con cosas sobre mi pasado, ni tampoco me juzgan. Agradezco que acepten mi culo desmemoriado como no tienes una idea, y por eso creo que puedo compartir con ellos esto que tengo contigo.

—¿Culo desmemoriado? Eres tan sutil —me reí mientras negaba con la cabeza.

—Ya en serio, Edward. Lo que te quiero decir es… que me gustaría salir con ellos, y que tú vinieras conmigo. —Me quedé a media mordida de otra rebanada.

—¿Salir con Newton?

—No, no les cae bien. No lo invitaron. —Sonreí, aunque inmediatamente medité lo que estaba pidiendo mi chica.

—De cualquier manera, sabes que no puedo ir, si alguien le dice a tu papá…

—Sé lo que puede pasar, pero confío en ellos. Este fin de semana quieren ir de fiesta a Port Angeles, podemos ir. —Se puso de pie y caminó hasta llegar a mi lado, dejándose caer despreocupadamente sobre mi regazo—. ¿Qué dices, bebé?

Mordí mi pizza sin responder. ¿Por qué mierda estaba sintiéndome enojado? No tenía ningún derecho a sentirme celoso de que ella hiciera amigos, tampoco tenía derecho a sentirme tan posesivo, había casi jurado que cambiaría ese comportamiento. Ella tenía una vida y la estaba rehaciendo, con o sin mí. Aunque bueno, mientras sentía sus uñas raspar suavemente mi cabeza, pensé que de hecho me estaba incluyendo en su nueva vida.

—¿Quieres llevarme entonces? —pregunté aclarándome la garganta.

—Ajá —ronroneó suavemente en mi oído al tiempo que dejaba suaves y húmedos besos por mi cuello, haciéndome estremecer—. Quiero llevar a mi muy caliente novio conmigo a todos lados, ¿sabes lo que me cuesta en la escuela verte y no saltarte encima? —Me estremecí sujetando su cintura, tan solo negué torpemente—. Me cuesta toda la vida, Cullen. Odio verte caminando con estas camisetas que te hacen ver tan caliente y créeme, no hay nada que se sienta más como una patada en los ovarios que ver a la zorra Stanley correteándote por los pasillos.

Me reí, aunque el sonido fue ronco, francamente sin aliento. Mis camisetas estaban años luz de ser malditamente calientes, pero mi chica no se caracterizaba por ser una persona del todo cuerda. Y bueno, el acoso de Jessica tampoco era nada nuevo. Bella se relamió los labios antes de sentarse a horcajadas sobre mí.

—¿Bromeas?

—Para nada. —Acarició con languidez mi abdomen—. ¿Estás haciendo ejercicio?

—Un poco —jadeé, conteniendo un escalofrío ante sus nada sutiles caricias.

—Estoy realmente esperando el día en que podamos formalizar nuestra relación frente a todas esas zorras de la escuela.

—No tienes que tener celos de esa mujer, ni de ninguna otra —aseguré contra sus carnosos labios.

—¿Nunca te metiste con Jessica? —No tuve que responder nada, mi estúpido cuerpo se puso rígido, delatándome. Supe que estaba perdido cuando los ojos de Bella se encendieron con odio—. ¿Se acostaron?

—Bella…

—Edward. —Rodé los ojos. Ya estamos con eso…

—Sí.

—¿Y Mallory? —suspiré.

Sus celos antes de perder la memoria siempre habían sido así, aunque ciertamente nunca como los míos y tampoco los discutíamos con ella balanceándose descaradamente contra mi, ya despierta, erección. Normalmente yo encontraba sus palabras incendiarias y hacíamos un drama en un puto vaso de agua. Ahora en cambio sus celos me tenían excitado. Mi pene estaba duro, un familiar y vago zumbido se había instalado en mis oídos. Con el medicamento controlado, era muy raro que no tuviese una erección, más raro aún, con mi chica sobre mí. Miré a Bella, quien se mordía el labio, estaba tratando con todas sus fuerzas de parecer paciente aguardando mi respuesta. Sus preciosos ojos marrones estaban analizándome con un escrutinio desconcertante, comencé a temer en realidad por mi integridad física.

—Te la cogiste también. —Mi aliento salió en un silbido áspero y entrecortado. Apreté con fuerza sus caderas sintiendo como mi pene se retorcía debajo de ella.

—No utilices esas palabras —murmuré odiando a Leah, desde su amistad mi chica venía con cada cosa…

—¿No vas a responderme? —Su pecho subía y bajaba con sus respiraciones rápidas. Sus pezones ahora estaban erguidos detrás de su camiseta sin mangas.

—Me hizo una mamada —susurré en su oído. Ella se tensó, sus dedos tiraron con fuerza de mi cabello.

—¿Solo eso? —Asentí respirando hondo, su estúpido sometimiento era lo más caliente que me hubiera pasado nunca—. Entonces yo también puedo hacerte una, ahora.

—No lo creo —siseé mirándola incrédulo, no podía venir a decirme esa clase de cosas como si fuera hablar del clima, ella me devolvió una mirada enfurecida.

—¿Por qué no?, ¿acaso no te hice ninguna cuando fuimos anteriormente novios? —La imagen de Bella sumergida entre mis piernas no ayudó absolutamente nada, mi pene dio una fuerte sacudida bajo su regazo, robándole otra de esas malditas sonrisas come mierda—. Eso es un sí.

—No estoy para cumplir tus estúpidos caprichos, Bella. Estás enojada por cosas que no deberías haber preguntado. —La estreché de nuevo contra mis brazos antes de acercarme a su oído—. No necesitas demostrarme nada.

—¿No quieres de verdad una mamada? —Me reí de nuevo ante su maldita boca sucia antes de sacudir la cabeza.

—Deja de decir esas jodidas palabras, por el amor de Dios. —Ella se rio, el sonido recorriendo mi cuerpo así como sus pequeñas manos envolviéndose alrededor de mi espalda.

—Estoy segura de que vas a odiarlo, ya sabes, tenerme a mí de rodillas, mientras mi boca…—rápidamente puse una mano en sus labios.

Estaba definitivamente mareado. El escucharla decir esas cosas sucias me llevó a un punto de dolor físico. Me aclaré la garganta. Había pasado demasiado puñetero tiempo desde la última vez que pensé que podría correrme. No iba a pasar ahora por culpa de mi chica caliente y su sucia boca.

—Iré contigo a Port Angeles si te callas en este instante. —Bella retiró mi mano de su boca antes de lanzar sus brazos alrededor de mi cuello.

—No puedo creer que estés haciendo todo esto con tal de que…

—No lo digas. —Me apresuré a suplicar contra sus labios, haciéndola reír entre besos.

—Ya en serio, Edward. —Me acarició con suavidad la mejilla—. ¿Tuvimos alguna vez sexo? —suspiré, porque realmente a mi chica no se le podía caer de la boca esas malditas palabras calientes.

—Sí. —Ella se mordisqueó el labio, retorciéndose ligeramente.

—¿Fuiste mi primero? —respiré hondo, eso fue un innecesario balde de agua helada.

—No. —Bella parecía sorprendida mientras buscaba en mis ojos algo, por supuesto no encontró nada, finalmente rodó los ojos.

—¿Te vas a poner monosilábico? —suspiré.

—Exactamente qué quieres saber.

—¿Sabes quién fue mi primero? —gruñí bajito.

—Por favor, Bella…

—Solo dímelo.

—Mike Newton. —Síp, aquella mierda era impresionantemente asquerosa para recordarlo, pero ella había preguntado.

—No puedo creerlo —susurró desconcertada—. Por eso tus celos, eso lo explica todo.

—No, no es solo por eso, ¿podemos dejar de hablar de esto, por favor? —Ella me miró fijamente, sabía que le estaba ocultando algo, pero lo dejó correr, al menos de momento.

La ayudé a recoger la mesa, e incluso ayudé a lavar los platos. El resto de la noche estuvo silenciosa y distante. Lamentaba haber arruinado nuestro buen humor trayendo a colación a todas esas mujeres, peor aún, al puto de Newton. Así que para las once sentía que ya no podía respirar más, me sentía asfixiado. Me fui dándole un escueto beso en los labios, nada de esos besos que nos dejaban jadeantes y absolutamente calientes, fue un beso más bien protocolario.

Como llegué temprano a casa, podría decirse, y mi mente estaba en no muy buenas condiciones, me puse a hacer un montón de ejercicio. Tenía que calmarme, estaba en la tercera serie de pesas cuando mi celular comenzó a sonar. Fruncí el ceño mirando el número, pensé seriamente en ignorarlo pues no lo conocía y dada la hora…

—¿Diga?

Mañana es mi día de descanso —podía escuchar la nota alegre en su voz y traté de no hacerme muchas esperanzas.

—¿Cómo obtuviste mi número?

Mi papá es un oficial, ¿qué esperabas?

—¿Se lo pediste? —pregunté alarmado.

En realidad fue Jasper quien me lo dio —se rio—, ¿entonces, qué dices?

—¿Sobre mañana?, ¿quieres descansar todo el día?, ¿preferirías que yo no fue…?

Quiero que me lleves al cine —interrumpió Bella, respiré hondo sintiéndome aliviado, por un momento había esperado que dijera que no quería verme.

—¿A Port Angeles?

A menos de que tu hermoso rostro sea cubierto con una máscara, no veo cómo puedes llevarme en este pueblo sin esconderte. —Me reí suavemente antes de rodar los ojos.

—¿Qué película quieres ver?

Te dejo carta abierta para ello, ¿vienes a las cinco?

—¿Iremos al matiné? —Escuché su suave risa.

Como dos niños.

—Que tristeza, con las ganas que tenía de llevarte al cine para adultos.

Asco, ¿de verdad has asistido a esos cines?

—Solo tengo diecisiete. —Me encogí de hombros, comprendiendo hasta ese momento que ella no podía verme.

Es una excusa barata para irse a masturbar en público. —Me atraganté antes de soltar una sonora carcajada.

—Iremos a ver una película de acción, Bella. Buenas noches.

Buenas noches, bebé.

Me quedé mirando el celular. No sabía qué pensar respecto a Bella, ella sin ser consiente me estaba llamando bebé otra vez, como cuando éramos novios, y eso me hacía sentir incómodo y completamente feliz en la misma medida, lo que era terriblemente jodido.

Me di una ducha después de eso, me tomé el medicamento y me fui directo a dormir, pero mientras estaba acostado esperando los efectos de la medicina, pensé en mi relación con Bella. En días como hoy me sentía una mierda por permitirme fingir que no pasaba nada, que podíamos ser una pareja normal, y actuar como tal.

¿Cuánto tiempo más tendría antes de que todo se viniera abajo? Cerré los ojos aguardando los sueños, o las pesadillas… Con suerte, no tendría ninguno de los dos.


Hola nenas, mil disculpas por la tardanza, como verán Edward y Bella retroceden dos pasos y avanzan uno, sin embargo creo que a pesar de todo ella es fuerte ahora y podrá sacar a Edward de esa culpa en la que se ha visto sumergido por tantos meses, ¿ustedes que dicen?

Gracias a las chicas que me comentan: dany lopez, Edward como verás padece depresión esquizofrenica, las otras voces son como némesis, alucinaciones provocadas por la culpa, lo bueno es que como verás ya está en tratamiento. jupy, Edward le ha respondido con la verdad, el problema es que todo lo hace a medias, al menos van avanzando. jimena, Mil gracias por tus palabras nena, como veras ahora Edward ha confesado otro de sus secretos, sin embargo no lo ha hecho completamente, crees que puedan ser de alguna manera una pareja normal?, cavendano13, De momento Edward solo le contó realmente lo que Bella preguntó, es un tira y afloja con él, esperemos que su omisión por contar las cosas no lo lleve a más problemas, Dayis, Mil gracias por tus palabras, ¿te gustó este capi? Tecupi, Ali-Lu Kuran Hale, Son pareja otra vez, aunque tienen más bajas que altas, aunque Edward se la vive empujando a Bella lejos de él, ella es más testaruda pero tampoco se ciega, le ha puesto las cosas en claro y le ha dicho que puede marcharse, después de eso veremos si Edward ahora si agarra la onda, como ves?Rosbell ;), Gloria, Bella ha estado luchando por Edward pero tampoco se ciega, no lo va a tener a fuerzas y creo que eso lo ha hecho despertar, al menos ahora aunque batallando quiere estar siempre con ella, ¿cómo ves? Un gusto leerte nena, Guest, Como verás no la dejó sola, pero no le ha contado porque venían peleando, Bella puede imaginarse que era una tonta pelea de novios, pero la realidad es otra, no olvides dejarme tu nombre :), Liz Cullen Boschetto Belikov, Le ha dicho parte de la verdad, con él todo son verdades a medias, al menos es sincero y ya esta en tratamiento, como vez?, Anayka16, Disculpa la tardanza nena y gracias por dejar de ser un fantasma, como bien dices, la relación de ellos dependerá de todo lo que Edward logre hacer en esta nueva oportunidad que se le presenta, por si Bella recuerda la memoria, como verás Edward tiene muchos conflictos con sus demonios internos pero al menos esta ya tratando de combatirlos, ¿te gustó? StekPatts, Gracias nena, hace mucho tenía ganas de escribir algo diferente, sé que no es así como otras historias mas convencionales y me encanta hacerlo, que bueno que lo aprecies :)

Como siempre, a la espera de leer sus dudas, suposiciones... ¿Me dicen que les pareció?