¡Feliz día de la Hispanidad! Siento no haber actualizado "Entrégate" antes de hoy, pero he estado un poco perdida últimamente. El lunes actualicé "As Long" y os doy las gracias por vuestros reviews y por no haberme matado por el capítulo. Me encanta y adoro el "angst" lo reconozco, pero no os preocupéis, Sam y Mercedes conseguirán ser felices, no sé aún cómo, pero creedme cuando os digo que al menos en mis fics, siempre serán "endgame" :)
Y mil gracias por leer Entrégate y dejarme esos reviews tan bonitos :) Son preciosos, de verdad. Gracias a Ale (¿Este Sam es tu favorito? Wow, tendré que abrir una encuesta para ver cuál es vuestro preferido. Yo creo que no podría decidirme por uno solo u.u No me mates al final de este capi ^^); Alondra (Gracias! *_*); María Elena (Yo no la estoy viendo, de hecho si es verdad lo que he leído por ahí, no creo ni que vea los capítulo de Glee. Tengo otras series que ver que no me hacen sufrir, ni juegan con mis emociones, y que al menos respetan a los personajes. Ni siquiera terminé de ver la tercera temporada, me quedé anclada en el episodio 3x16, el beso Samcedes en el aula fue lo último que vi y ese es mi canon xD Gracias por leer mis historias, me hace mucha ilusión que te gusten :) Muchos besos!); Maru (Mátameeee xD Sam es demasiado tierno, y está asustado, pero no podría suspender la salida, porque la necesita ;) jeje Besitos!); Aplz1999 (Los pensamientos de Mercy son muy irreales, sí. Yo ya le habría saltado a la primera jajaja Besos y gracias por leerla!); Savri (He empezado a hacer eso de cambiarles los nombres, intentaré a ver qué sale de todo esto xD Gracias por tu ayuda, Savri! ^^); Rosa Elena (Aquí tenéis la cita, sí, en este capi sí que es xD Aunque no prometo que sea lo que habéis estado esperando.. ya me diréis. :) Mil gracias por tus reviews! Te envío otro abrazo y un beso enorme! ^_^ ); Andrea (Yo también espero que adivines el número de la ONCE lol. Jajaja Lo de sonrojados perdidos me hizo reír, y el Pobre Merche también xDD En este capi sí que va la cita, os lo prometo :P Ya me diás ^^); Beth (Que yo conozco más a Sam que Murphy eso está muy claro, sobretodo cuando el calvo dijo el otro día que nunca había escrito sobre un chico deportista que fuese disléxico... *facepalm* Muchas veces me pregunto si mis Sams están OOC y me respondo a mí misma diciendo, todos mis Sams están IC entre sí, al menos hasta el momento IWALY, lo que haya pasado de ese capi en adelante, o más bien, desde la finale de la tercera, no tiene nada que ver con mis fics, dado que no veo Glee y no puedo adaptar su historia a mis Sams. Si ha dejado de ser disléxico en el verano para ser medio pardillo, eso no lo veréis en mis fics. xDD Mis Sams son mis Sams y el de RIB es caso aparte, no me preocupa que no se parezcan ni lo más mínimo. Besitos!); Catita (No sé yo si con un beso lo despertará del todo, pero se intentará lol Muchas gracias por leerlo! Besitos y cariños ^^)
Y ahora sí, ¡a leer!
Disclaimer: Glee no me pertenece y tampoco quiero que así sea. El secuestro de personajes se me da divinamente. xD
Capítulo 9: Enredados
El ha tomado una decisión
Y ella ha llegado a una conclusión
Que cuando crees que todo lo sabes
Alguien llega a ti te muestra algo que no ves
Y ella dijo
Algo así quiero yo
Alguien para ser mejor
Algo así como tú
Al verte entonces supe
que algo así quiero yo
Alguien para ser mejor, sí
Algo así como tú
Al verte supe que eras tú
¿Qué se suponía que se llevaba a un partido de baseball? ¿Pantalón y camiseta? Vestido no, desde luego, y falda... Ni de broma. No quería parecer desesperada y aunque lo quisiese, no tenía ninguna falda que le sirviese.
—¡Necesito ropa nueva!
Al día siguiente llamaría a su madre para que la acompañase a comprarla. Eso o tendría que pasearse desnuda por todo el vecindario. Y sin dudarlo, esa sería la única forma de hacer que Sam Evans moviese ficha. Al menos, Mercedes estaba completamente segura de que si la viese desnuda, correría como un loco para taparla con su chaqueta. Su caballero sureño...
El móvil sonó justo cuando Mercedes se sumergía en el armario, tratando de decidir qué ropa llevar. Había traído muy poca en aquella maleta, pero aún así, se le estaba haciendo súper difícil decidirse por una.
Sam.
Descolgó después de tres tonos y con voz suave, respondió con un "Buenos días".
—¡Buenos días!
La felicidad del chico la tomó por sorpresa e hizo que una sonrisa enorme apareciese en ella. Por un momento había creído que el chico la llamaba para cancelar su cita, pero afortunadamente no había sido así.
—¿Tienes gorra de los Stars?
—¿Cómo?
Gorra... Oh, ¡Gorra! Gorra, sí.
—No, no tengo —respondió rápido—. ¿Debería?
—Bueno, no. No es necesario, pero ummm... Te he comprado una.
Él y su manía de comprarle cosas...
—Y me preguntas si tengo después de comprármela —Mercedes intentó no reírse.
—La verdad es que supuse que no la tendrías ya que...
—Ya que no me gusta el deporte —terminó la frase por él.
—¿No te gusta el deporte?
Si eso no era lo que él iba a decir, ¿qué era?
—La verdad, no. No me gusta practicarlo y tampoco me gusta mucho pagar para verlo —esperó que su sinceridad no le echara atrás en sus ganas de verla.
¿Ganas de verme? Oh, Mercy. Deja de soñar.
—Oh. No te preocupes, pagaré yo. Y la próxima vez podríamos ir al cine o a bailar. O bueno, a bailar no sé... quizás no... en tu estado... no sé.
Oh, Señor. Tartamudeaba de nuevo y era súper adorable cada vez que lo hacía.
La próxima vez. Quiere que haya próxima vez.
—Sam... A bailar también está bien.
—Vale —dijo. Y Mercedes habría apostado que sus mejillas al otro lado de la línea, estaban rojas como tomates—. ¿Estás lista?
—De hecho, no. No sé qué ponerme —dijo, tapándose la boca al instante. ¿Tenía la confianza de pedirle opinión sobre qué ponerse?
—Estarás preciosa con cualquier cosa.
Mercedes dejó de respirar durante un instante, al tiempo que él continuaba respondiéndole.
—Pero una camiseta y unos vaqueros estarán bien. Con la gorra estarás estupenda.
—Podría ser. Gracias. Supongo que en media hora, sí... En treinta minutos estaré lista.
—Te recogeré entonces a esa hora.
—No hace falta, podemos encontrarnos en el exterior de-
—Te recogeré en tu casa en media hora y luego te dejaré de nuevo a la vuelta.
—Está bien —rió.
Señor protector.
Sí... Su protector. Su caballero sureño y su estúpido idiota del supermercado. Solo suyo, de ella. Esa tarde pensaba hacérselo entender a todo el mundo. A él más que a nadie. Quería ser ella la que le hiciese sonreír de nuevo, ilusionarse tanto como lo hacía ella cada vez que él le dedicaba parte de su tiempo.
Volviendo al armario se demoró un par de minutos, escogiendo por fin el vestuario ideal para esa tarde. Con aquella ropa sin duda no seduciría a nadie, pero al menos estaría cómoda, y la comodidad después de todos esos meses de embarazo era lo que más le importaba. Mientras se miraba al espejo después de ponerse un poco de lápiz labial, se preguntó si ese día conseguiría por fin que el chico la besase de nuevo. La noche anterior habían estado a punto de hacerlo, pero su hermano menor había aparecido en ese momento, fastidiando su única oportunidad. ¡Quería besarlo! Volver a sentir sus labios en los de ella, pero no quería obligarle a ello, quería que Sam lo desease tanto como ella. Había permitido que ella le conociese y Mercedes estaría dispuesta a esperar lo que fuese necesario, aunque la espera se le hiciese interminable.
El timbre sonó, sonriendo ante el espejo, y agarró su bolso para salir de su cuarto y bajar las escaleras.
—Pasadlo muy bien, mi niña —dijo su abuela desde el sofá.
Resultaba raro que no se hubiese levantado para abrirle a Sam. Quizás la hubiese oído ya bajar las escaleras y por eso no lo había hecho.
—Gracias, abuela —Mercedes le dio un último beso, antes de dirigirse hacia la puerta. Abriéndola segundos después con una sonrisa tímida—. Hola.
Sam Evans, vestido con un pantalón vaquero y una camiseta blanca con cuello de pico la esperaba en su puerta. Llevaba puesta una gorra azul de los Ohio Stars y en la mano traía otra, la cuál Mercedes suponía que sería para ella.
—Hola —sonrió él, mordiéndose ligeramente el labio inferior.
Mercedes pensó que se inclinaría y la saludaría con un típico beso en la mejilla pero no tuvo esa suerte. El chico colocó mechones de pelo negro detrás de sus pequeñas orejas y luego le puso la gorra mirándola pensativo.
—Así mejor —dijo, nervioso.
¡Unf! ¡Hombres!
Mercedes dio un paso atrás, mirándose en el espejo del mueble recibidor para comprobar cómo le quedaba.
Podría ser peor.
Pensó, aún sin gustarle cómo le quedaba.
—¿Vamos? —preguntó él, sonriente.
—Sí.
—Hasta la vuelta, chicos —oyeron decir a la anciana.
—Oh... Hasta después, Rosalynn —respondió Sam.
—Cuídamela mucho, cielo —le pidió la señora.
—Lo haré. No le pasará nada mientras esté conmigo, te lo prometo.
Mercedes guardaba silencio mientras ellos intercambiaban aquellas palabras, o quizás fuese la emoción de ver el cariño que se tenían los dos, lo que hacía que se quedase sin palabras.
—Bien. Gracias, cariño.
La anciana sonrió, cansada. Todavía en aquel sofá en el que se había pasado toda la mañana. Por un momento, Mercedes dudó si ir con él al partido y dejarla sola sería buena idea, pero el gesto de su abuela le hizo cambiar de opinión. Sam ya le había abierto la puerta y esperaba que ella saliese para cerrarla.
Se planteó comentarle a Sam sus temores acerca de su abuela, pero finalmente descartó la idea. No quería preocuparlo a él también y seguramente ni siquiera habría un verdadero motivo para hacerlo. Probablemente no fuese más que cansancio o aburrimiento y...
Sus pensamientos murieron al llegar al coche de Sam. El chico le abrió la puerta y ella se subió en su camioneta.
¡Una camioneta!
Él tenía una camioneta con asientos delanteros solamente. ¡Genial! Así sería totalmente imposible tener sexo en su coche.
Oh, Dios, Mercy. ¿En qué estás pensando?
No se había dado cuenta de que había pensado en hacerlo con él aquella tarde en su coche, hasta que vio la camioneta que él tenía.
Ni siquiera me besó.
Y ella ya estaba pensando en sexo. No. ¡Sus hormonas pensaban en sexo! Ella era más ilusa y pensaba en Sam haciéndole el amor al tiempo que le susurraba un Bella Durmiente al oído.
¡Estúpida tonta!
—¿Estás bien? —preguntó Sam, sentándose bien y colocándose el cinturón, a la vez que introducía la llave en el contacto.
—Sí, sí. No te preocupes —Mercedes se puso también el suyo y se acomodó en el asiento, obligándose a disfrutar de aquella tarde sin pensar en lo que pasaría o no pasaría.
Durante el camino, Sam le contó que su madre hacía barbacoas cada cierto tiempo, a las que invitaba a sus vecinos más cercanos. Rosalynn también le ayudaba a preparar la comida para todos los asistentes. Ellas se habían vuelto muy amigas al poco tiempo de comprar la casa y mudarse a ella. Su madre tenía amigas de su edad, gente del trabajo, pero adoraba a Rosalynn y el té que tomaba con ella cada semana. Sam le había conocido en una de sus barbacoas. Recordaba cómo la anciana le había preguntado qué opinaba de la comida y él le había respondido que daría lo que fuera porque en lugar de hacer barbacoas, su madre le hiciese una buena lasaña de carne. Rosalynn Oaks no había dejado de reír aquella tarde, asegurándole y prometiéndole que si al día siguiente la visitaba en su casa, ella le prepararía la mejor lasaña que había probado en su vida. Sam así lo había hecho, y tal y como le había contado su abuela, el no se había distanciado jamás de ella. La adoraba, era imposible no hacerlo y Mercedes también lo sabía. Tenía la mejor abuela del mundo. Ella les había hablado tanto de Mercedes hasta el punto de ser él quién le pidiese una cita a ciegas con ella.
Mercedes vio cómo el chico se callaba al recordar el plantón que ella le había hecho meses atrás.
Oh, Sam.
—Lo siento —dijo, de corazón.
—Oh, no tienes porqué. Es decir, hiciste lo que en ese momento era lo mejor, bueno... En ese momento, es decir... —volvía a tartamudear, provocando que ella se arrepintiese aún más de haber cancelado aquella cita.
—Sí, es así. En ese momento creí que hacía lo mejor. Estaba confundida, ilusionada como una tonta. Ni siquiera lo pensé. Te di plantón y me marché con Calvin. Llevábamos una semana viéndonos cada día.
Sam tragó saliva y ella supo que aquello había ido demasiado lejos, pero no guardó silencio, necesitaba tanto sacárselo de dentro.
—Era el primer chico que parecía de verdad interesarse en mí.
La frase debió de calar hondo en él porque se giró arqueando una ceja, sin creerse lo que ella le había dicho. Y pronto regresó su mirada a la carretera oyendo cómo ella seguía hablando.
—Suelo pasar desapercibida o a veces no hacerlo en absoluto, oyendo cosas que... no le gustaría oír a los demás.
Sam apretó sus manos contra el volante, sin decir palabra.
—Él no parecía ser como los demás. Aparentemente no se fijaba en el físico y... bueno, yo... deseaba saber cómo era todo aquello y creí que él podría... ser alguien importante y... simplemente-
—¿Estás queriendo decirme que él fue el primero?
Dios mío, sí. Eso es lo que estoy tratando de decirte.
—Sí —susurró, sonrojándose sin poder evitarlo.
Sam pareció querer hablar pero cerró de nuevo la boca, pensativo. Quizás estuviese maldiciendo todo cuánto conocía. Ella también lo había hecho cuando Calvin le había dado con la puerta en las narices. Había confiado en él para regalarle aquella parte de su vida, y había tenido la mala o buena suerte de quedarse embarazada. El muy idiota no había necesitado mucho tiempo para largarse de su vida, dejándola sola.
—¿Cómo era él? —quiso saber.
—¿Además de un cabrón?
—Sí.
¿Por qué quería saberlo? ¿Para saber cómo sería su bebé? Con cierto miedo, Mercedes respondió a su pregunta.
—Pues... no era blanco. Más o menos de mi misma altura o un poco más alto. Fuerte. Con grandes ojos marrón oscuro y las manos del mismo tamaño que las mías, lo que lo hacía muy raro.
—¿Por qué raro? —preguntó, curioso.
—No lo sé. Creo que me gustan los hombres que tienen las manos grandes —dijo, sin darse cuenta de lo que aquello quería decir.
Sam sonrió, moviendo ambas manos encima del volante y dejándolas de nuevo sobre él.
—¿Has vuelto a verle?
—¿Desde que me dejó tirada? No, no he vuelto a verle. Y tampoco quiero volver a hacerlo.
—¿Has pensado lo que harías si volviese y quisiese formar parte de su vida? —Las preguntas que el chico le estaba haciendo se las había hecho su madre mil veces, y Mercedes siempre tenía la misma respuesta.
—Eso no sucederá. Se fue porque yo no quise "deshacerme" de la criatura.
—¿Te pidió que interrumpieses el embarazo? —preguntó, asombrado.
Mercedes cerró los ojos, a la vez que se preguntaba porqué no se habría quedado callada en un principio. Las lágrimas no tardarían en hacer acto de presencia, pero ella intentaba por todos los medios que aquello no sucediese. Con los dedos de su mano izquierda jugó con la pulserita que él le había regalado la noche anterior, tratando de calmarse. Pero aquel gesto todavía la hizo más vulnerable, dejando de contenerse y permitiendo que una lágrima resbalase ya por su mejilla.
—Me exigió que lo hiciese —susurró, mirando hacia la ventana, viendo cómo los edificios altos se quedaban atrás.
—Hijo de puta —masculló Sam, dejando una de sus manos sobre las de ella.
Parando el coche segundos después en un borde de la carretera, para poder abrazarla. Su caballero sureño, su príncipe...
Más lágrimas resbalaron por sus mejillas al ver lo que él había hecho. Lágrimas que él se dio prisa en borrar, acercándola más a él, después de quitarle la gorra que llevaba puesta.
—No te hace falta —dijo, dejándola a un lado, a la vez que la apretaba con fuerza y le pedía que dejase de llorar—. Yo... yo nunca te habría dejado sola y jamás, jamás te lo hubiese pedido, ya no exigido. Ojalá pudiese dar marcha atrás en el tiempo.
—Yo no te hubiese dado plantón —sollozó la chica, pegada a su pecho.
—Sabiendo todo esto, seguro que no.
—No, no... El día de tu boda. De haber sido ella, jamás podría haberte dado plantón.
El chico sonrió, besando su frente con cariño.
—Nuestra relación ya no era lo que había sido en el pasado. Ella nunca entendió el amor que sentía por mi familia. Creía que yo estaba obsesionado con ellos, que quería vivir a través de ellos, que no tenía planes de futuro. Y tenía razón. La perdí. Se fijó en mi mejor amigo. Él logró conquistarla mientras yo la iba perdiendo poco a poco. Fui un estúpido al pedirle que se casase conmigo, pero era mi última oportunidad para recuperarla. Y en aquel momento, ella supo que su vida no era a mi lado, como tampoco lo era la mía. Si pudiese dar marcha atrás en el tiempo, no se lo habría pedido. La habría dejado libre para que fuese feliz con él muchísimo antes.
—Si pudiese dar marcha atrás en el tiempo, no te habría dado plantón aquella noche. Habría ido a aquella cita y quizás todo habría cambiado.
—Quizás el bebé fuese mío —susurró él, acariciando su vientre con suavidad.
Ella lo miró a los ojos, deseando besarlo más que nunca.
—No podemos dar marcha atrás en el tiempo, Mercedes. Pero podemos escribir nuestro futuro.
La chica asintió con la cabeza, a la vez que Sam acariciaba de nuevo su vientre.
—Y yo quiero ser parte del vuestro.
¿Del nuestro? Oh... ¿Hablaba también de él? ¡Dios mío!
¿Estaban yendo demasiado rápido? ¿Lo estaban? ¡Oh, Señor! ¡Lo estaban! Pero no podía negar la creciente atracción que sentía por el chico que la abrazaba con cariño y borraba sus lágrimas con sus dedos. Ella también quería que él formase parte de su futuro, del suyo y del de su hijo. Lo deseaba tanto... El destino le había presentado a Calvin en lugar de mostrarle a Sam. Y ella había caído en sus redes, siendo abandonada después. Reencontrándose con Sam ahora que no era una chica soltera, sino una mujer que esperaba ya su primer bebé. Y él quería formar parte de sus vidas. Por un momento recordó lo que Sam le había dicho sobre la chica que lo había plantado en el altar. Ella creía que él estaba obsesionado con su familia y no era así. No lo estaba. Les había regalado una casa en la que seguía viviendo con ellos y había renunciado a sus estudios para ayudarles y salir adelante como habían podido. Su ex novia estaba muy equivocada. Sam no era ningún perdedor, no lo era. Porque eso era lo que ella había creído de él aunque Sam no se lo dijese claramente. Ella lo había creído un perdedor, y Mercedes solo veía un hombre del que estar orgullosa.
Si hizo todo eso por ellos, ¿qué no haría por nosotros?
Se preguntó, acariciándose el vientre, notando la mano de él sobre las suyas.
—Vayamos despacio —susurró, sin romper el abrazo.
— Sí, despacio —aceptó ella, levantando ligeramente su frente y mirándolo a los ojos. Eran tan hermosos.
—¿Quieres que lo intentemos? —preguntó, nervioso, aguantando la respiración.
Mercedes sonrió, asintiendo con la cabeza.
—Sí, quiero —rió, acurrucándose entre sus brazos.
—Pero despacio.
—Sí, despacio —le aseguró ella.
Ahora, bésame.
—Es tarde, no llegaremos a tiempo —dijo, rápidamente, haciéndola a un lado con cuidado y colocándole de nuevo el cinturón de seguridad. Abrochándoselo y acercándose más de lo debido.
Bésame ahora.
Pero él no lo hizo, accionando de nuevo el motor y regresando a la carretera.
¡Despacio, sí! ¡Pero quiero que me beses!
Se miró en el espejo retrovisor, cabreándose por no poder dejar de llorar aquellos días. Se le había estropeado el maquillaje que llevaba... ¡Genial!
—Cuando lleguemos allí te compraré agua.
—¿Agua? ¿Para qué?
—Para que no te deshidrates de tanto llorar.
—No tiene gracia.
—Ya lo sé. Lo siento. El estúpido idiota ha vuelto.
—Mi estúpido idiota —susurró ella con cariño, avergonzándose en el momento.
—Sí —dijo él, con una sonrisa dulce en sus labios—.Tuyo.
Sam.
Una sonrisa apareció en su rostro y la acompañó durante todo el camino al estadio. Una que no desapareció cuando ellos se bajaron del coche y Sam la tomó de la mano.
Sin entrelazar sus dedos, solo una simple unión de sus manos, pero que ella necesitaba tanto. Nunca había unido su mano a la de ningún chico y que fuese con él la primera vez que aquello ocurría, la llenó de felicidad.
—¿Te molesta que haya...?
¿Molestarle? ¿Cómo iba a molestarle? Estaría loca si rechazase aquella mano que la acariciaba con sus dedos.
—No, no —sonrió, apurando el paso a su lado.
—Bien —respondió él, dirigiéndoles hacia la entrada—. Porque no quiero perderte, hay demasiada gente.
Oh... Había sido por eso. Tonta, tonta, ¡tonta! Había pensado que él necesitaba aquello tanto como ella. Qué estúpida había sido.
No importa.
Quiso pensar.
Entregadas sus entradas, buscaron sus asientos, los cuáles no estaban ni demasiado abajo ni demasiado arriba según la chica. Casi en el medio de la columna de asientos, en la zona norte del terreno de juego.
Bien, ya estamos aquí. Que empiecen los juegos.
Pensó, riéndose después al hacer la referencia a la saga literaria. Sam había vuelto a ponerle la gorra al salir del coche, avisándola de que le haría falta para soportar el sol. Aunque también le había dicho que definitivamente estaba más guapa sin ella, mientras le peinaba el pelo con sus dedos.
Y el muy condenado tenía razón, hacía demasiado sol y Mercedes dio gracias a Dios y al chico por tener una gorra con la que cubrirse, de lo contrario su cabeza no saldría de ese campo en perfecto estado.
A pesar de que había creído que se aburriría, no lo había hecho. Se había entretenido viendo cómo Sam gritaba y casi pataleaba con cada strike y cada carrera completa. Los Stars ganaban ya en la tercera ronda por bastante diferencia, tiempo en el que Sam le preguntaba por enésima vez si estaba bien.
—Síii – le respondió ella de nuevo, estirando la palabra y apagando una risa que se empeñaba en formarse. El chico le sonreía, probablemente debido al juego y se veía más adorable aún que cuando tartamudeaba.
—¿Necesitas ir al baño? Podríamos ir ahora. O después, cuando tú quieras.
—Estoy bien, Sam.
—¿Seguro?
—Seguro —rió, sin poder evitarlo por más tiempo.
—¿Tienes hambre? Yo tengo hambre. Compraré unos perritos, ¿qué te parece? Oh... Bueno, no sé si tú puedes comerlos, ¿puedes? —El tartamudeo había vuelto, provocando que la sonrisa de la chica se hiciese todavía más grande.
—No sé. Probarlo no creo que me haga daño. Compra uno para ti y me das un trocito.
—Ah, no. Tú tendrás el tuyo. Si no quieres comértelo luego, me lo pasas.
¿Dónde demonios mete este hombre todo lo que come?
Mercedes asintió con la cabeza, al tiempo que Sam llamaba al chico de los perritos para hacer su pedido. Se estaba gastando mucho dinero en ella. Muchísimo teniendo en cuenta el vestido, la pulserita de plata, las rosas, la gorra y todo lo que había comprado para la cena. ¿Ya no les faltaba el dinero en casa? ¿A qué se dedicaba verdaderamente Sam? ¡Oh, Dios mío! ¿Y si era traficante de drogas?
Estás loca, Mercedes.
—Tienes ketchup aquí —dijo él, una vez habían acabado sus perritos, limpiándola con cuidado con sus dedos.
—Tú también —rió ella, estirando su mano también, acariciando luego con sus pequeños dedos la comisura de sus labios, recorriéndolos despacio.
No dejaban de acariciarse los labios del otro, hechizados. Hipnotizados. ¿El beso vendría ahora? Oh, sí. No deseaba nada más en ese momento. Nada que no fuese un beso de Sam con sabor a ketchup y a perrito caliente.
—Tenéis que besaros —oyeron decir a su lado, rompiendo la magia que había entre ellos.
¿Perdón?
Ambos miraron hacia el lugar donde provenía la voz. Un niño de unos diez años les hablaba, diciéndoles que se besaran. ¿Se había vuelto loco?
Entonces, el niño señaló hacia una de las enormes pantallas que retransmitía el partido y sus rostros aparecieron delante de ellos, con imágenes de ellos dos acariciando sus labios como lo habían hecho segundos antes para acabar mostrando sus reacciones en ese momento. Un corazón rodeaba sus caras en el video y unas letras de color rojo parpadeaban un mensaje en el que podía leerse: KISS KISS KISS.
—Es la Kiss Cam. Tenéis que besaros.
¡Por Dios! ¿Tenían que besarse delante de toda aquella gente? Ella había deseado besarle en aquel momento, pero, ¿delante de todas aquellas personas? Se moriría de vergüenza.
Sam sonreía a su lado, mientras ella se ponía más roja por momentos. ¿Cómo podía causarle gracia aquello? Tendrían que besarse delante de cientos de personas. La pantalla filmaría su beso. Él no había querido besarla antes y ahora tendría que hacerlo en la televisión. De pronto, pensó la cantidad de personas que verían aquel beso. ¿Sus amigas? No eran muy amantes del deporte. ¿Su abuela? No tenía muy claro que fuese a verlo. ¿Su...?
Sus pensamientos desaparecieron en el momento en el que las manos de Sam rozaron su cara, atrayéndola hacia su boca. Despacio, casi demasiado, Sam se inclinó y rozó sus labios con los de ella.
Fue un beso suave, pero más largo que cualquiera de los tres primeros que él le había robado. Sus labios habían conectado durante unos segundos, uniéndose y luego se habían separado a la vez que ambos abrían sus ojos y se miraban fijamente a escasos centímetros el uno del otro.
Como tontos sonrieron ajenos al tumulto de gente que aplaudía y silbaba a su alrededor, y luego se giraron para verse en la pantalla. El beso había vuelto a retransmitirse mientras las letras rojas cambiaban, parpadeando ahora la frase NATURALEZA HUMANA.
Sam escogió ese momento para entrelazar sus dedos, provocando un Ohhhh de todos aquellos que permanecían pendientes de su beso, y llenándola a ella de felicidad.
El chico había vuelto de nuevo a centrarse en el campo de juego, creyendo Mercedes que él la soltaría y volvería a saltar con un nuevo Home Run. Pero eso no sucedió, Sam soltó su mano un par de veces pero no tardó más de un segundo en agarrarla de nuevo. Tampoco se levantó de su sitio, pues había encontrado una nueva manera de celebrar cada carrera completa, y esa era besarla a ella. Desde aquel beso de la Kiss Cam, Mercedes no había hecho más que rezar porque los Stars consiguiesen hacer Home Runs, pues cada uno de ellos le regalaba un beso de Sam Evans. Así que al final de aquella tarde, Mercedes había cambiado de opinión acerca del baseball.
Él le había pedido ir despacio y ella no quería ser la que le metiese prisa. Solo quería pasar tiempo con él, formar parte de su vida. Así que podía conformarse con todo aquello.
Aquella tarde no solo los Stars habían ganado, sino también en ella. Había ganado la compañía de un chico estupendo y los besos de un hombre adorable.
Cuando llegaron a casa, él cumplió su promesa de regresarla sana y salva, acompañándola a la puerta. Asegurándose también de que su abuela la viese llegar.
—Quizás esté durmiendo —dijo ella, mientras abría la puerta con la llave.
—Puede ser —respondió él, sonriente, al tiempo que entraba con ella en la casa—. Rosalynn, te la traigo de vuelt-
Las palabras del chico murieron, siendo reemplazadas por un grito agónico.
—¡Rosalynn!
No me matéis... O sí. xD Sorry por dejarlo ahí, nos vemos pronto en el siguiente capítulo. Pasad un buen Día de la Hispanidad y una feliz semana. ¡Gracias por leerla! Besitos.
Syl
