Gatt: -Adivinen qué-
NK: -No pueden contestarte-
Gatt: -NK, si me vuelves a matar la diversión así, no respondo por mis acciones-
NK: -¿Desde cuándo lo haces?-
Gatt: -Hazme el favor y vete un poquito, sólo un poquito, al cuerno. ¿En dónde estaba?-
NK: -En un intento inútil de romper la cuarta pared-
Gatt: -Ah sí, instalé Breath of the Wild en la compu-
NK: -Espera, ¿qué usaste? ¡No me digas que otra vez fuiste a esa página árabe de dudosa procedencia!-
Gatt: -¡Calma tus tetas, es un emulador de confianza! ¡Y lo de la página árabe fue una vez!-
NK: -Y una vez fue más que suficiente-
Gatt: -Como sea, sólo quería aclarar que es posible que si nos atrasamos un poco en el futuro, es porque estamos jugando. O porque estamos en evaluaciones finales en la universidad, cualquiera de las dos-
NK: -Ya qué… Espera, ¿desde cuándo apoyamos la piratería?-
Gatt: -No lo hacemos, pero llevo esquivando spoilers religiosamente desde hace año y medio, y me rehúso a esperar más: intenté comprar la versión de WiiU porque para la Switch no me da la cartera, pero como la consola está descontinuada es difícil-
NK: -Es decir que igual vas a comprar el juego en algún momento, ¿no?-
Gatt: -Obvio, cuando lo encuentre lo pago. Míralo como un modo de dificultad extra-
NK: -Modo de… Ay no. Gatt, no me digas que-
Gatt: -¡No me da la plata para un control así que jugaremos con teclado! ¡Aprieta esas nalgas porque nos las van a romper tantas veces que necesitaremos reconstrucción plástica!-
(Mientras nuestros escritores buscan una forma de sobrevivir a los spoilers mientras completan el juego con un teclado y buscan la forma de adquirir una copia legal, les recordamos que estas son medidas desesperadas por parte de dos fervientes fans de la saga que van a gastar en el juego igualmente; digan no a la piratería. Este capítulo llega un poco más tarde que los anteriores por culpa de los exámenes finales, pero está hecho con cariño extra para compensar. Todo bajo control. Gracias)
Capítulo 9
Outset era una isla encantadora: tenía bonitas playas, un clima agradable, bosquecillos pintorescos y un aire tranquilo y hogareño que te daban ganas de dormir la siesta después de almorzar. Cualquier turista podía decir que sus habitantes eran simpáticos, amables y humildes… Pero los turistas no tenían que lidiar con las reuniones administrativas como ahora lo hacía Ganondorf: una pequeña parte de él moría cada año al asistir, muy probablemente su paciencia o sus oídos.
De alguna forma, tratar de razonar con las cinco o seis personillas que vivían en esa desolada piedra a la que llamaban hogar era mil veces peor que arreglárselas en Windfall, la más poblada de las islas del Archipiélago. Quizás fuera porque Windfall siempre había sido una comunidad dedicada al comercio y, por lo tanto, se podía razonar inteligentemente y llegar a acuerdos beneficiosos rápidamente si se tenía la suficiente chispa mental. Pero Outset… Ay, Outset. Ganondorf le rezó a Nayru, porque si oraba a Din probablemente los mataba a todos.
Lamentablemente, Ganondorf se tomaba muy en serio sus funciones como Gobernador: para él era una gran responsabilidad y siempre había hecho su mejor esfuerzo para estar a la altura del cargo, aunque era en momentos como éste que se arrepentía de elegir la política como su carrera profesional. Por más ganas que tuviese de escaparse y esconderse de ese montón de gente perdida en discusiones que no iban a ninguna parte, su sentido del deber lo tenían anclado a la pequeña e incómoda silla plástica, con el zumbido de ventiladores y el constante barullo de personas hablando como única compañía. Bueno, la Maestre del Helmaroc, Jolene, también estaba allí con él en calidad de asistente, pero la joven mujer le prestaba poca atención y en su lugar tomaba notas distraídamente en una libreta. Qué se supone que anotaba, Ganondorf no tenía ni idea: por enésima vez escuchaba las mismas propuestas y disputas, así que tenía poca importancia para él recordar nada de estas reuniones.
Siempre se formaba el mismo ciclo: el hombre Gerudo proponía una serie de medidas nuevas para Outset, sólo para que la gran mayoría fuesen rechazadas en favor de mantener una serie de tradiciones insulsas; los miembros de la administración rebatían los cambios propuestos con ideas propias, la mayoría soluciones a largo plazo o simplemente imposibles, y Ganondorf rechazaba gran parte de éstas. Lave, enjuague y repita.
También estaba todo el asunto de las leyes arcanas. Por alguna razón, a algún miembro de la Familia Real se le ocurrió la brillante idea de decretar varias de las actividades culturales de Outset como irrevocables por nadie que no fuese de la nobleza de Hyrule. Ganondorf no tenía la potestad para quitarlas aunque quisiera, y vaya que quería, pero sus peticiones de revocatorio siempre caían en oídos sordos cuando enviaba las solicitudes a otras ramas más altas del gobierno; tampoco ayudaba que los mismos isleños de Outset insistían fervientemente en cumplir las reglas, en vez de ignorarlas como muchas veces se hacía con legislación tan antigua… después de todo, la monarquía de Hyrule había desaparecido hace siglos.
-Capitán, están llamando a receso- la voz de Jolene lo trajo de vuelta del mundo de pensamientos en el que se había sumido -¿Está de acuerdo con retomar la reunión en una hora?-
-No creí que haría falta… Pero adelante, estoy seguro de que todos aquí necesitan despejar sus cabezas-.
La afirmación de Ganondorf fue todo lo que se necesitó: todos los presentes abandonaron sus asientos y salieron ordenadamente de la calurosa estancia, sólo para ser recibidos por los intensos rayos del sol de mediodía. El Gobernador agradeció mentalmente su herencia como Gerudo: climas así no lo afectaban.
Esta era una de las pocas ocasiones en que el robusto hombre agradecía sus orígenes, que generalmente le traían más problemas que otra cosa; entre su propia gente poco encajaba, así que su lugar en el mundo fue uno que debió procurarse por sus propios medios. Y es que en un país donde las princesas, reyes y caballeros eran un distante recuerdo oculto bajo toneladas de leyenda y siglos de historia perdida y olvidada, su derecho divino como gobernante de un pueblo moribundo en un mundo moderno no servía de nada.
Un hombre entre las hijas del desierto seguía siendo una rareza, pero más como una atracción exótica que como el legítimo jefe de una tribu aguerrida. No, el cuento del hombre nacido cada siglo que se alzaba como líder de las Gerudo se lo conocía muy bien, y sabía que su papel en ese cuento de hadas era obsoleto y anticuado. Apegarse a ese decreto sólo había causado dolor en el pasado: era gracioso como la gente se aferraba a las tradiciones ciegamente, pero ignoraba igual de fervientemente los errores producidos por éstas.
-Absolutamente tragicómico- musitó para sí mismo. No es como si alguien le estuviese prestando atención de todas formas, pero tampoco tenía muchas ganas de ser visto o escuchado por nadie. ¡Qué irónico, el hombretón gigante y pelirrojo de importante cargo político, un hombre Gerudo, no quería que lo notaran! Ahora sólo faltaba un Sheikah superestrella.
Casi como si lo hubiese planeado el destino, entre la multitud pudo distinguir a Sheik; el joven adulto que había conocido el día anterior destacaba visiblemente entre los isleños de Outset como un águila entre cuervos, con su trenza dorada y sus irises rojos como la sangre. Los llamados hijos de las sombras no habían tenido mejor suerte que las hijas del desierto, al parecer; sin la Familia Real a quien servir, los abanderados del ojo escarlata carecían de propósito y cada vez se hacían menos. Donde antes caminaban ocultos en la oscuridad, ahora eran como una aguja en un pajar, pero cubierta de luces de neón.
Ganondorf también encontraba tragicómico el hecho de que el joven Sheikah terminó de alguna forma cumpliendo con ese propósito milenario por el cual su raza había derramado lágrimas y sangre: la nieta de Daphnes, Tetra, avanzaba con altivez entre los isleños con la autoridad que alguna vez perteneció a su familia; la patota de muchachos pisándole los talones sólo reforzaba esa imagen histórica que sin querer habían recreado. Un séquito de caballeros, un mentor, y una princesa.
El Gobernador no era ningún tonto. Incluso en la actualidad, Hyrule seguía siendo una tierra nacida de pura leyenda: guerreros, espadas mágicas, espíritus y dioses de antaño eran fáciles de encontrar si sabías dónde buscarlos; también sabía que su papel era muy similar. La realidad de todo esto le supo amarga como un veneno, pero por más que quisiese oponerse o negarlo o escapar, lo cierto es que no podía evitar el juego que las Diosas le estaban presentando cada vez con más insistencia.
Donde hay una princesa, hay un brujo malvado. Ganondorf estaba muy claro: el suyo era el papel del villano. Ahora sólo faltaba el héroe que le cortaría la cabeza, y el tablero estaría listo para jugar.
Link entró en la sala de reuniones con una sonrisa determinada en el rostro y un burrito de pescado en la mano. La primera mitad de la reunión se la había perdido, pero sabía que durante ésta poco o nada se discutía que fuese de su incumbencia. El segundo round, que era cuando generalmente se hablaba de empleos y leyes laborales, era su momento de brillar; y es que con tantos trabajos en su cinturón, Link se había convertido en el experto local de contratos y oficios: el perfecto empleado de medio tiempo.
Su conversación esa mañana lo había liberado del gran peso que llevaba en su pecho: el simple recuerdo de hace unas horas lo llenaba de orgullo y hacía su sonrisa aún más brillante. Aprovechó que casi nadie había regresado de almorzar para tomar asiento y disfrutar en silencio de su bocadillo. Su mente estaba agitada con pensamientos alegres y decididos: esta reunión era su oportunidad de hablar a la altura de cualquier otro adulto y hacer de su Isla un lugar mejor.
Su mente se desvió sin querer hacia alguien en particular, algo que cada vez ocurría con más frecuencia: un guiño cómplice lleno de picardía; una mano firme y cálida estrechando la suya con determinación; ojos de calma y tempestad, azules como el océano que tanto temía pero deseaba amar. Las aguas que rodeaban a Outset se habían llevado a sus padres, pero también habían traído a Tetra desde tierra firme; los marineros decían que el mar da tanto como quita, y su castigo es tan inmenso como su regalo. Las cosas habían mejorado lo suficiente para él como para sentir que esas palabras eran verdaderas, aunque no de la forma que esperaba… Bueno, qué se supone que podía esperar del mar era confuso, pero quizás si lo veía desde un punto menos literal y más metafórico, tenía sentido. Para un marinero, el mar era la vida. Sí, muy probablemente era eso.
Esta era su oportunidad de arreglarlo todo, de hacer justicia para la persona que tan rápido se había ganado un rincón en su corazón. Link sería como el mar, y regresaría lo que había recibido a Tetra.
-¿Qué pasa con esa cara de embobado?- la voz de Quill lo sonsacó de sus pensamientos tan bruscamente que ¡PAFF!, el burrito de pescado cayó con una pequeña pirueta al suelo. Link se apresuró a recogerlo y lo engulló en dos bocados, mientras el hombre pájaro lo observaba con una mezcla de incredulidad y algo que parecía oscilar entre asco y respeto.
-Regla de cinco segundos- dijo Link como única explicación y la boca todavía llena; tragó sonoramente antes de hablar otra vez -¿qué cara dices que tenía?-
-¿Sabes esa cara que Komali pone cuando Medli está cerca y cree que nadie lo está viendo? He visto esa cara tantas veces con el pobre tonto que la reconocería en cualquier parte, pero quería darte el beneficio de la duda-
-¿Cara como de constipado?-
-No, de perdido en las nubes. ¿Tienes a alguien en mente?-
-A Tetra-
-La chica de ayer, ¿no? ¿Cómo se encuentra?-
-Está bien. Hablamos esta mañana de lo que pasó, dijo que somos amigos-
Quill dejó escapar una media sonrisa mientras tomaba asiento junto al muchacho: -Ahí está otra vez esa cara… El que ríe solo, de su picardía se acuerda. ¿Pasó algo más?-
-Le jugué una pequeña broma al señor Daphnes. Fue algo pequeño, pero la hizo muy feliz-
-¿Y eso te hizo feliz a ti?-
-¡Claro! Cuando un amigo está feliz, tiene sentido que yo también lo esté, ¿no?-
-Es un bonito pensamiento. Link, eres un buen muchacho, incluso si tienes la cabeza en las nubes- Quill sacudió los cabellos dorados del niño amistosamente, visiblemente divertido con la conversación-Algún día bajará de allá arriba y se colocará bien postrada sobre tus hombros. Esperemos que para entonces no hayas perdido ese gran corazón tuyo-.
Daphnes había aprovechado el receso para repasar sus pasos y eliminar todo rastro de duda de su mente: la reunión había sido poco productiva hasta ahora, pero no se dejaría llevar por la desesperación; estaba más decidido que nunca a hacer su parte. Entre los presentes, unas cuantas nuevas caras se habían integrado en comparación a la primera mitad del día; Daphnes reconoció la presencia de Quill como representante oyente de la tribu Rito, y para su satisfacción, Link ahora esperaba pacientemente en una de las sillas reservadas para los adultos activos dentro de la administración.
El anciano se acercó a los dos recién llegados, que conversaban amenamente sobre cosas de la oficina de correos; Quill fue el primero en verlo llegar y cortésmente inclinó la cabeza a modo de saludo, un gesto que Link repitió.
-Buenas tardes a los dos. Me alegra ver que tenemos un representante de los Rito, aunque es una lástima que el joven Komali no pueda acompañarnos-
-Ciertamente, a nuestro príncipe todavía le falta mucho por aprender-
-Por lo menos contamos con alguien tan capaz como usted, Quill. Y hablando de capacidad, espero que nuestro joven amigo aquí presente haya demostrado que está a la altura de su trabajo, ¿no es así?-
-Siempre, señor Daphnes. Link ha sido una invaluable ayuda en SPA-
-¿Le importa si me lo llevo unos momentos para discutir ciertos asuntos? Espero no haber interrumpido una conversación muy importante-
-Para nada; es más, con su permiso, seré yo quien se retire-.
Quill se alzó y cortésmente inclinó la cabeza una vez más a modo de saludo, antes de apartarse de los dos hylianos. Tanto Daphnes como Link lo siguieron brevemente con la mirada. El anciano entonces se sentó donde antes había estado el cartero; el niño junto a él lo observaba, expectante, pero todavía sin pronunciar palabra.
-Me alegra ver que finalmente te sientes preparado para sentarte aquí con los adultos. Verás que las reuniones con el Gobernador no son necesariamente las más productivas, pero confío en que sabrás aprovecharlas. Pronto no hará falta que la administración se reúna tan seguido-.
Link asintió lentamente, pero no pronunció palabra; ni siquiera su sonrisa habitual estaba presente, aunque en su lugar había una expresión cuidadosamente fabricada. Daphnes reconoció esa mirada como una especie de imitación miniaturizada de su propia expresión neutral. ¿A qué estaba jugando este niño ahora?.
-¿Imagino que todo va marchando viento en popa con mi nieta, no? Considerando que estuvo dispuesta a acompañarte durante la ceremonia de escolta y decidió compartir la mañana de hoy contigo-
-Sí. Somos amigos ahora-.
Apenas cuatro palabras. Link hasta ahora no parecía querer hablar más de la cuenta, lo que definitivamente no era normal. Daphnes estaba acostumbrado al entusiasmo infinito de Link, no a esta figura seria y estoica. Si no lo conociera mejor, el anciano diría que el joven isleño había aprendido demasiado bien de él; pero Daphnes no era una persona rebuscada cuando quería comunicar sus intenciones, así que iría al grano.
-Estás especialmente callado el día de hoy, muchacho. ¿Pasa algo?-
-He estado pensando mucho en ciertas cosas… Señor Daphnes, ¿por qué Tetra?-
-… Creo que sabes muy bien cuál es la respuesta a esa pregunta-
-No, creo que ya no. Quiero decir, señor Daphnes, no está bien. Tiene que haber otra forma de arreglar las cosas-
-También sabes que es la manera más rápida-
-Pero no es la manera más justa, Tetra no tiene nada que ver en esto-
-No tenemos tiempo para la manera más justa. ¿Qué esperas que hagamos, Link?-
-Por favor, señor Daphnes. Entienda que me rehúso a hacerle daño a nadie. Tetra es mi amiga y no se merece que alguien a quien le tiene confianza la traicione de esa forma… menos aún si es su familia, como usted. Le ruego que lo piense-
-Ya lo he pensado muy bien Link. Eres tú el que parece no tener clara la cabeza-
-Al contrario, estoy claro como el agua. Por eso vine aquí- Link hizo un breve gesto con la mano para señalar a toda la habitación -Quiero arreglar las cosas como Din manda. Sin engaños, sin chivos expiatorios; tanto Outset como Tetra merecen algo mejor que nosotros dos actuando a espaldas de todos-
-¿Estás seguro de lo que estás haciendo? No hay marcha atrás, jovencito. Todos tenemos que hacer sacrificios-
-Lo siento, pero tendrá que continuar sin mí… Si es que continúa-.
Daphnes casi deja caer su máscara por un segundo para mostrar la incredulidad que sentía en esos momentos, pero en su lugar decidió dejarlo así: la forma tan directa en la que Link le había hablado sólo le indicaba que ya no había forma de hacerle cambiar de opinión. Se había confiado de la necesidad del muchacho de hacer lo correcto, y era esa misma necesidad la que lo había vuelto en su contra; quizás si le hubiese prestado más atención a la situación, Daphnes ahora no tendría que lidiar con una pieza rebelde en su tablero de juego… Pero no tenía tiempo de continuar con la conversación ahora que casi todos habían vuelto de almorzar y pronto se retomaría la reunión, aunque incluso si pudiera, sabía que no podía disuadir a Link por las buenas de todas formas.
Daphnes decidió dejar al niño en paz por el momento, y en su lugar se retiró a la silla que le correspondía, junto a los más ancianos. La reunión fue retomada apenas la última persona tomó asiento: había un aire tenso dentro de la sala, como si el calor del exterior se hubiese convertido en una bruma tóxica que dificultaba respirar allí adentro.
Los isleños de Outset hablaron y debatieron la situación laboral de la Isla y su papel en el Archipiélago; de vez en cuando, Link intervenía para aclarar su percepción del tema, contestar preguntas o hacer las suyas propias. No era tan inesperado para aquellos que habían trabajado con Link en el pasado, es decir, más de la mitad de los presentes, pero estaría mintiendo si no dijera que Daphnes se regodeaba en la expresión incrédula de Ganondorf en esos momentos. El Gobernador no esperaba tanta seriedad de un muchacho tan joven, especialmente después del incidente de la escolta del día anterior. Y hablando del día anterior…
-Creo que ha llegado el momento de tratar un tema de gran importancia: los sucesos de ayer no pueden ser ignorados. ¿Imagino que podemos contar con el gremio de pescadores para solucionar este dilema, no?- dijo Daphnes con voz severa mientras observaba a Link; el niño supo en ese momento de qué se trataba, pero no dio señales de inquietud.
Orca, el anciano representante del gremio de pescadores, se alzó con firmeza. Los demás presentes asintieron, y ese aire lúgubre impregnó la habitación con más fuerza. Daphnes conocía a Orca bien: era un hombre severo y curtido por los años de arduo trabajo en el mar, que pocas veces se dejaba conmover; pero su rostro endurecido se aflojó un poco con visible aprecio cuando se dispuso a hablarle a Link.
-¿Van a continuar con este tema?- intervino Ganondorf, visiblemente irritado -Les advierto, Outset, puede que ustedes no valoren el suyo, pero mi tiempo es valioso-
-Por eso le pedimos humildemente al Gobernador que no nos haga perder más- respondió Orca, tajante. Ganondorf estaba enojado, pero no dijo más.
Orca carraspeó la garganta con fuerza, para luego levantarse de su silla, arrastrarla hasta el centro e indicarle a Link que tomase asiento. El niño obedeció: ahora se encontraba frente a los presentes, solo y desprotegido, casi como un acusado frente a varios jueces que lo examinaban detenidamente. A pesar de estar allí, solitario como alguien a punto de recibir sentencia, Link permanecía erguido y sin ninguna seña de miedo o desánimo. Si Daphnes era capaz de sentir orgullo por alguien más, esto era lo más cercano a ese sentimiento. Pero si era posible que el viejo sintiese pena por alguien esto también era lo más parecido.
El interrogatorio fue breve: Link tuvo que narrar los acontecimientos que tuvieron lugar el día anterior, desde que el Mascarón Rojo tocó agua hasta que Ganondorf se acercó para otorgar su indulto. De vez en cuando, Quill complementaba la información del niño con la suya, o corroboraba hechos dentro de su relato. Era la primera vez en todo el día que Ganondorf prestaba atención; su secretaria Jolene tomaba notas apresuradamente mientras el corpulento hombre no apartaba sus ojos ni un momento del joven isleño.
En algún momento durante este largo interrogatorio, Orca cedió la palabra a su hermano Sturgeon, el historiador más importante de Outset; ahora que todos los presentes estaban al tanto de la situación, era necesario proseguir con el siguiente paso. El otro anciano, todavía más achacoso, abrió un libro gigantesco y revisó entre las páginas hasta encontrar la que necesitaba, ajustó sus gruesos anteojos y cerró el compendio de un tirón.
-De acuerdo con la ley, redactada en tiempos de Gustaf Hyrule, una colisión habría resultado en ejecución pública. Como nadie murió o salió herido y no hubo ningún impacto, ésta queda obviamente descartada. Sin embargo, todavía es necesario administrar un castigo-
-Si este es el caso, ¿no es posible para mi simplemente otorgarle al muchacho trabajo comunitario, o mejor aún, absolverlo? Creo que ya todos hemos tenido bastante de estas tonterías- volvió a interrumpir Ganondorf. El anciano ajustó sus lentes y le dirigió una mirada fulminante, que poco hizo para avergonzar al Gobernador.
-En cualquier otra ocasión sí, pero la ofensa de Link no fue contra el Helmaroc o usted: no está en sus manos perdonarlo. Técnicamente, al recibir ayuda, hizo trampa-.
Un silencio incómodo se formó por lo que pareció una eternidad: era posible ver, casi en cámara lenta, el disgusto que se estaba llevando el Gobernador con semejante declaración; Ganondorf apretó tanto la mandíbula que era incluso posible escuchar como rechinaba los dientes. Muy despacio, hizo un gesto con la mano para que Sturgeon continuara elaborando sobre el caso, como si el hombre Gerudo no fuese capaz de confiar en su propia voz: tan pronto como abriese la boca para hablar, sus palabras traicionarían a su compostura y estallaría hecho una furia.
-El ritual de escolta se debe llevar a cabo por un único navío: el número de tripulantes debe ser adecuado, claro, pero no hay problemas con múltiples navegantes, siempre y cuando estén en un solo barco. La intervención de los Ritos y el S.S. Linebeck violan esta regla… que se castiga con el exilio-
-¡¿Acaso están locos?!- bramó Ganondorf mientras se alzaba de su silla de un salto -Es un NIÑO! ¡Todo esto ocurrió porque nadie se molestó en ayudarlo a mantener ese cacharro flotante en primer lugar!-
-Es la responsabilidad de su linaje-
-Linaje- Ganondorf pronunció la palabra como si estuviera escupiendo algo podrido -¿Están de verdad tan cegados por su desesperación que serían capaces de echar a un chiquillo al fuego por algo como esto? ¿No pueden hacer la vista gorda por una vez?-
-Link puede permanecer en Outset, pero si lo hace, su ofensa es hacia los gremios de la Isla, por lo que será expulsado de cada uno. Será repudiado por la comunidad… Es lo más que podemos ofrecer-.
Ganondorf estaba visiblemente horrorizado, pero cerró la boca; sin embargo, no se sentó: en su lugar cruzó media estancia y se ubicó junto a Link como lo haría un guardaespaldas, aunque poco o nada hizo esto para calmar al pobre isleño. Si Link hubiese estado de pie, las piernas le habrían temblado, pero el niño permaneció firmemente sentado en su silla: el chico estaba recio a mostrar por completo el pavor que Daphnes sabía que sentía.
-Yo tengo una pregunta- dijo Quill, levantándose de su silla para que todos pudieran verlo -El clan Rito es casi independiente de las decisiones de Outset. ¿Sturgeon, es posible para nosotros albergar a Link en su exilio, o estamos también obligados a repudiarlo como los demás gremios?-
-El clan cuenta como comunidad independiente, pero también como un gremio. A menos que acepten a Link como un miembro oficial de los Ritos, deberán rechazarlo igual que todos; incluso si lo adoptan dentro del clan, esto podría causar problemas entre nuestra comunidad y la suya-.
Ante la respuesta de Sturgeon, la poca esperanza que albergaba Quill murió; el cartero no estaba en posición de discutir términos tan graves o prometer nada en nombre de su gente y todos lo sabían. El hombre alado no tuvo más remedio que sentarse, impotente ante lo que estaba ocurriendo, y dedicarle una mirada de disculpas a Link por su intento fracasado de arreglar las cosas.
El Gobernador pasó sus ojos por cada uno de los rostros de los presentes, antes de hablar nuevamente: -El hecho de que nadie diga nada para detener esta barbarie dice mucho, Outset. Saben perfectamente que, si hubiesen ignorado estas leyes desde un principio como todos los demás, no estaríamos en este desastre. Es su última oportunidad: ¿alguien se opone?-.
En esos momentos, muchas cosas pudieron haber ocurrido: entre tanta gente que no decía nada, en el calor sofocante del verano, en esa estancia que se sentía de alguna forma tan abandonada, Link se veía pequeño e insignificante. Daphnes jamás había esperado que las cosas se salieran de control de esta forma; jamás en sus planes pensó que tendría a su principal pieza de juego allí, al borde del precipicio. Pero era una oportunidad que no podía desaprovechar; todo lo que tenía que hacer era empujar, y dejar caer todo en su sitio.
Caer, caer, y caer. El rostro de Link lo decía todo: en sus ojos imploraba a la única persona que podía realmente convencerlos a todos de detener esta locura. Los habitantes de Outset jamás escucharían a Ganondorf, el aborrecido Gobernador que tanto deseaba enterrar la cultura de la Isla que podría salvarlos de un momento a otro si tan sólo tuviesen la atención del gobierno… No, Outset jamás cedería ante alguien así. Pero sí escucharían a Daphnes, alguien que había sido parte de la comunidad por décadas y que recibía el respeto casi incondicional de todos. Daphnes simplemente tenía que decir que estaba en contra, y todos harían la vista gorda. "Ayúdame", era lo que esos ojos avellana comunicaban a gritos que su boca no podía pronunciar.
Y con sus ojos de hielo Daphnes mandó su ultimátum de vuelta: "Todos tenemos que hacer sacrificios".
Tetra estaba especialmente de buen humor ese día: había tenido una mañana productiva de entrenamiento con su equipo de natación y estaban tomándose un merecido descanso junto con un delicioso almuerzo en uno de los locales cercanos al puerto. En algún momento se percataron de lo evidentemente vacía que se veía la Isla, pero cuando preguntaron a qué se debía el fenómeno, se dieron cuenta de que tenía sentido. Gran parte de los isleños estaba efectuando una importante reunión administrativa con el Gobernador.
La niña mentalmente mandó sus mejores deseos: sabía lo importante que era para los habitantes de Outset que las cosas mejoraran, y aunque normalmente no le habría importado mucho, lo cierto era que ahora tenía una buena razón para preocuparse. No me malinterpretes, querido lector; Tetra no era una desalmada y de ninguna forma le desearía jamás la miseria a nadie, por más que no le agradasen las circunstancias de su estadía… Pero tener a Link como amigo había convertido el problema de Outset en algo más personal.
Ella jamás lo admitiría en voz alta, pero Tetra se preocupaba mucho por sus amigos y sus intereses. Que Link tuviese mil y un empleos de baja paga solamente para traer comida a la mesa para él y su familia era más que suficiente para congestionarle el corazón a cualquiera, pero ahora más que nunca le importaba su bienestar. El riesgo era demasiado inmediato y la amenaza era tangible.
Pero por ahora, Tetra podía dejar a un lado su empatía por el muchacho isleño en favor de disfrutar tiempo de calidad con su equipo: después de todo, ellos también eran valiosos amigos y merecían su atención en momentos de relajación como estos. Al fin y al cabo, eran escasas las ocasiones en que todos podían divertirse así, con algo tan simple como comer juntos y conversar amenamente. Eran esas pequeñas cosas, las "pequeñas alegrías de la vida" como solía decir Sheik, que se debían atesorar como recuerdos valiosos.
Así pues, el equipo de natación caminaba por las calles de Outset con la panza llena y el corazón alegre, ensimismado en una ruidosa conversación que de vez en cuando se veía interrumpida por una o varias carcajadas. En algún momento se habían puesto de acuerdo y ahora sostenían cada uno un helado para contrarrestar el intenso calor del sol de mediodía y la sofocante humedad costera que rápidamente amenazaban con cocinarlos vivos al vapor.
Fue entonces que, entre risas y postres y un precioso día, que Tetra notó al grupo de personas que abandonaban uno de las edificaciones más grandes de la plaza donde estaban. Sus rostros sombríos sólo le hicieron sospechar lo que le confirmó la presencia de Ganondorf: la reunión administrativa había terminado. El Gobernador se hizo a un lado para dejar pasar a todos los demás, hasta que también salió de allí Link; su asistente Jolene revisaba velozmente su libreta mientras Ganondorf llamaba a Link para hablarle brevemente de algo.
Tetra pudo jurar que Link se veía casi o más apagado que como estaba esa mañana. Sintió un nudo en el estómago cuando Ganondorf apoyó su mano sobre un hombro de Link, como si le estuviese dando ánimos, antes de irse con una respetuosa inclinación de la cabeza. Daphnes fue el último en salir; el anciano siguió su camino, sin dirigirle siquiera la palabra al muchacho que lo seguía con la mirada. Ese nudo en su estómago casi se convierte en nauseas cuando Tetra notó el absoluto desprecio que Link llevaba en su rostro mientras observaba a su abuelo marcharse.
En ese momento, los ojos marrones de Link se cruzaron con los azules de Tetra, y durante el más breve de los instantes, hubo una chispa de esperanza; pero tan pronto como apareció, esa chispa se ahogó en la más profunda de las miserias. Link apartó la mirada en algo que Tetra sólo pudo identificar como sufrimiento y terror absoluto, y antes de que ella pudiera decir nada, el muchacho desapareció en una veloz carrera entre la multitud.
-¿Vieron eso? ¿Ahora qué le pasa a ese mocoso?-
-¿De qué hablas, Gonzo?-
-¿No lo notaste, Niko? ¡Link vio a la Capitana y no la saludó ni nada, se escapó!-.
Mientras el equipo de natación discutía, Sheik no pudo evitar notar que su sobrina estaba probablemente más impactada que cualquiera de ellos en esos momentos. El hombre de los ojos rojos decidió subirle los ánimos un poco: -Seguramente tenía mucho en qué pensar. Por la cara de todos, parece que fue una reunión pesada-
-Espero que esté bien-
-Lo estará, estoy seguro. Es un muchacho valiente ante la adversidad-.
Pero, de alguna forma, ambos sabían que esa afirmación era mentira.
Fin del Capítulo
Gatt: -¡Pero qué cochinada de capítulo!-
NK: -No está tan mal-
Gatt: -Sería el colmo que todavía estuviese mal, ¡lo reescribimos cinco veces porque no terminaba de encajar bien! ¡Todavía se siente raro!-
NK: -Admito que no es nuestro mejor trabajo, pero ya llega un punto en el que nuestra capacidad nos limita. De por sí la trama era un desastre y tardamos tres años en remendarla, es lógico que todavía encontremos partes difíciles de escribir-
Gatt: -…Rara vez digo esto, pero en esta ocasión te doy la razón. Igual, eso no le quita lo frustrante-
NK: -Mira el lado positivo, creo que esta es la peor parte-
Gatt: -En realidad todavía falta. Vamos hacia un punto de giro narrativo como con quince pinzas o algo así, se va a poner peor-
NK: -Siempre y cuando hayamos aprendido algo de esto, estaremos bien-
(Brevemente nos disculpamos con los lectores por el atraso de dos meses: ambos escritores tuvieron problemas lidiando con este capítulo en particular, pero deberían poder continuar con una publicación mensual. Si llegase a ocurrir que quieren comunicarse con los autores, recomendamos hacerlo desde una cuenta para poder recibir respuesta en el futuro).
Gatt y NK: -¡Heil FRIKI!-
