CAPITULO 9 LDDMC

Candy no esperaba encontrarse con Serena, iba molesta no podía negarlo saber del pasado de su novio no era algo agradable de escuchar, para ella Albert era su primer novio. Ella le creía a Albert.

«Ella miente su forma de comportarse es el de una mujer despechada, una mujer desesperada por perder a su hombre, tengo que confiar en Albert, él no me hubiera dicho que fue a buscarlo al Banco si todavía hubiera algo entre ellos, y… mi padre no se lo perdonaría él lo conoce muy bien. »

— ¡Hola, hija! ¿Encontraste lo que buscabas?

— No padre. George la tomo por los hombros y miro a Harry.

— ¿Paso algo?

— No nada, había mucha gente y preferí regresar otro día.

George no quedo muy convencido de su respuesta y dejo que subiera a su habitación y se dirigió a Harry.

— ¿Qué paso Harry?

— Señor la señorita Candy se encontró con Serena.

— ¡Qué! ¿Y le hizo algo?

— No permití que la lastimara.

— ¿A quién no permitiste que lastimaran, Harry? — Se escucho la voz de Albert que iba llegando —

— Déjanos solos Harry.

Un George molesto solo de imaginar lo que le hubiera dicho Serena a su hija, él conocía a esa clase de mujeres y no se andaban con rodeos, el escándalo era lo de menos, una presa como William o cualquier otro millonario no la dejaban ir tan fácilmente, las comodidades y lujos era lo que buscaban, esa clase de mujeres no andan con cualquiera buscan el dinero por encima del amor pareciera ser su lema, cuanto más poderoso y rico mejor, de lo único que se sentía tranquilo fue no haber autorizado que Albert le diera una tarjeta bancaria a Serena y que él le hiciera caso le sorprendió, tal vez en el fondo sabía que esa relación seria pasajera.

— Serena le echó en cara tu relación con ella a mi hija.

— ¿Cómo?

— Lo que oyes William, pensé que ya habías terminado esa relación.

— Ya no tenía nada con ella desde antes de conocer a Candy, George. Te lo dije en una platica ya estábamos distanciados, quiero verla.

— Ahora no estoy tan seguro si dices la verdad, puesto que la actitud de Serena dice lo contrario que todavía hay algo entre ustedes. Quiero a esa mujer lejos de mi hija, al parecer cada que se la encuentre le hará una escena como la de hoy, al grado de querer pegarle, y no lo voy a permitir o le pones un alto o te alejas de mi hija, quedas advertido William no quiero a Serena cerca de mi hija.

Albert nunca había visto así de molesto a George y lo entendía perfectamente, se culpaba por haber dejado que la relación siguiera y no romper a tiempo con Serena, quiso pegarle a Candy y eso no se lo permitiría.

— No se repetirá tienes mi palabra. «En que estaba pensando cuando acepte a Serena… No estaba pensando ese es el problema, solo me deje llevar» quiero hablar con ella y aclarar las cosas.

— A ver si quiere recibirte.

— Si no me recibe subiré a su recámara y no me iré hasta hablar con ella.

George subió las escaleras suspiro antes de tocar la puerta, estaba molesto con William.

— Hija, William ha venido a verte ¿qué le digo?

— Si no bajo subirá ¿verdad?

— Ya lo conoces.

— En un momento bajo.

Candy se ponía una ropa más cómoda se hizo una trenza de medio lado se dejó caer unos rizos, se puso algo de maquillaje.

— ¡Hola, mi amor!

Albert le dio un beso y la tomo de la mano llevándola afuera sin preguntar la subió al automóvil y arranco. Ante la cara de sorpresa de Candy.

— Albert ni siquiera me diste oportunidad de tomar mi bolso.

— No la necesitas. Le dijo haciendo un guiño.

— Vamos al mirador de nuevo.

— No, cierra los ojos hasta que yo te diga. Albert condujo hacia su casa entrando por el bosque una entrada que no conocía Candy. A ella le pareció que era algo retirado.

— Ya puedes abrirlos.

— ¡Es una cabaña!

— Si estaba en remodelación por eso no te la había enseñado.

— ¡Es hermosa! Albert le abrió la puerta a Candy se recargo en el cofre atraiéndola a su pecho.

— Sé que te encontraste con Serena, ¿quieres contarme?

— Bueno me dijo que seguías con ella que después de dejarme te ibas a su departamento.

Albert le puso sus manos en sus manos en las mejillas.

— Mírame mi amor que vez en mis ojos. Candy se perdió en el azul de sus ojos parpadeo recordó una imagen de un joven rubio que conoció tiempo atrás. ¿Por qué te has quedado callada?

Albert la beso ella se dejó llevar, puso sus brazos en su cuello acaricio su cabello, Albert la apretó más a su cuerpo, acariciaba su espalda poco a poco fue subiendo su mano hasta tocar su busto a través de la ropa, escucho el jadeo de ella y se detuvo. Le beso la frente espero que su respiración se normalizara.

— Perdóname mi amor no debí faltarte el respeto de esta manera. Candy se sonrojo porque le había gustado que la acariciara, se recostó en su pecho.

— Entre Serena y yo no hay nada, eso se terminó desde antes de conocerte, hablare con ella.

— ¡Noo! No quiero que vayas al departamento, te creo.

— Necesito dejarle las cosas en claro, al parecer no las ha entendido lo que paso hoy no debió suceder, ¿confías en mí?

Candy asistió pero solo de pensar que Albert se viera con Serena no iba a estar tranquila.

— Entremos será nuestro refugio. Hay vino y botana.

— Me gustan los muebles de madera.

— Yo los hice.

— ¿De verdad?

— Tengo mis secretos mi amor, es como un hobby darle forma a la madera.

— Me encanta la alfombra sentemos en el suelo. Candy se había descalzado y con pie rozaba la alfombra. Albert la imito acerco el vino y las copas.

— Lamento que hayas pasado un mal rato, pero desde que te vi en el hospital algo me hiciste que no te pude dejar de pensar en ti.

— A mí me paso lo mismo. Dijo Candy llevando la copa a sus labios.

— Ese rato te quedaste pensativa ¿por qué?

— No me lo tomes a mal pero me acorde del chico que conocí en la colina. Albert dejo la copa en suelo y la acerco, besándola, la sentó a horcajadas sobre sus piernas.

— Te amo. "Eres mucho más linda cuando sonríes que cuando lloras" "que si venia del espacio"

— Y me dijiste "yo del espacio" «Tendría que declararlo mi príncipe. Es mi príncipe, es mío»

— ¿Tú eres mi príncipe, Albert? Eres tú. Candy se arrojó a sus brazos. Causando la risa de Albert.

— Soy yo mi amor, nunca olvide esos ojos verdes.

— Deseaba tanto volver a verte. Candy acariciaba su rostro. ¡Crac! De repente se escuchó un ruido.

— ¿Qué fue ese ruido?

— Parece que se cayó una rama, no temas los muchachos están afuera.

Se escuchó el crujir de hojas secas, como si alguien estuviera caminado afuera. Candy se abrazó más a Albert el ruido la había sobresaltado.

— ¡Albert los muchachos no se acercan tanto!

— Voy a checar. Albert se pone de pie y camina hacia la puerta, Candy lo jalo de su camisa.

— No me dejes sola, no salgas puede ser un animal, y soy algo miedosa lo reconozco.

Albert se le queda mirando tiernamente y la abraza dándole un pequeño beso en los labios, pero su instinto le decía que ese no era un animal el ruido fue estruendoso.

Candy temblaba en los brazos de Albert, era verdad que en ocasiones sentía miedo sobre todo cuando llovía los truenos y relámpagos le daban miedo, cuando cayó un rayo cerca del hogar de Pony provocando que unos árboles se incendiaran, le había dicho la hermana María que era una tormenta eléctrica. Ella recordaba que el cielo se había oscurecido y los sonidos guturales que provocaba la tormenta y la luz que descendía del cielo, recuerda las palabras de la señorita Pony es todo un espectáculo, pero ella a su corta edad no le veía lo espectacular ella tenía miedo a esas luces que bajaban del cielo y al ruido escandaloso que hacían.

— Le hablare a Harry por teléfono, ¡Harry!

— Sí, señor.

— ¿Ustedes estaban cerca de la cabaña?

— No señor, debió ser un animal pero vamos a revisar.

— Debió ser un animal, ¿ya estas más tranquila? Candy asistió. Bueno en que estábamos. Apoderándose de sus labios.

— Albert cuando pensabas decírmelo, te hable de mi príncipe. Candy le dio un pequeño golpe en el brazo a Albert.

— ¡Ayy! Ja ja ja bueno en nuestra noche de bodas te lo iba a decir. Candy se puso roja Albert la acostó sobre la alfombra y volvió a besarla.

Te deseo tanto que no se si pueda esperar seis meses para casarnos.

— Yo también mi amor te deseo. Se quedaron abrazos un rato en la alfombra mientras sus respiraciones y su corazón se calmaban.

— Sera mejor que no vayamos o no respondo. Y con la regañada que me dio mi suegro hoy no quiero pasar por otra. Le dijo Albert haciendo un guiño.

Albert dejaba a Candy después fue informado por Harry que había pisadas por la parte de atrás de la cabaña.

— ¿No alcanzaron a ver quién era? No señor, los chicos siguieron las huellas pero desaparecieron en el lago.

— Bien mañana que revisen por si se le cayó algo lleven a los perros.

— sí, señor.

Eran cerca de las once de la noche cuando llegaba al departamento de Serena, ella no lo esperaba pero como era su costumbre estaba en bata transparente.

— ¡William!

Sintió miedo la mirada de él le decía que estaba molesto y ella sabía el motivo. Tenía que tranquilizarse y hacer su mejor actuación.

— Sabía que en cualquier momento me buscarías esa mocosa no me llega ni a los talones. ¿Quieres algo de beber?

— Voy a ser directo contigo Serena al parecer no te ha quedado claro que nuestra relación se terminó, sabias perfectamente que en cualquier momento podría terminar, te deje claro que no sentía nada por ti y así me aceptaste, si mal no recuerdo dijiste no involucremos el corazón no soy de las que se casan y mucho menos tener hijos eso no va conmigo.

Tu actitud me dice que me mentiste tal vez tenías otros planes, ¿a que viene el reclamo y las mentiras que le dijiste a Candy? ¡Contéstame!

Serena no sabía que decir encarar a Candy había pasado la línea, pero estaba desesperada lo que en un principio le pareció como un juego de llevar a William A. Andrew a la cama, ella por amigas cercanas estaba enterada que él no mantenía una relación estable con nadie, que no le conocían pareja alguna y eso hizo que se propusiera atraparlo y porque necesitaba dinero.

— No sé qué te habrá dicho esa mocosa, pero porque estamos discutiendo podemos aprovechar el tiempo.

— Por la mala no me conoces Serena, no te quiero cerca de Candy. Te mande a investigar y lo que encontró el detective de que eres una cazafortunas, eres viuda te casaste con un francés que falleció en un accidente ¿quieres que te cuente más? Pensaste que no me enteraría. No estaría aquí sino te hubieras acercado a Candy, y decirle mentiras por ella soy capaz de todo te lo advierto no te acerques a mi novia o me vas a conocer.

Albert salió del departamento después de lo que encontrara el detective hace unos días ya no sentía culpa de haber aceptado una relación sin compromiso.

Dejando a una Serena en shock que no se esperaba que Albert fuera muy astuto para investigar su pasado, la fortuna que le había prometido su difunto esposo fue una miseria a la hora de leer el testamento sus hijos no iban a permitir que ella se quedara con absolutamente nada y lo poco que le había dejado se le estaba acabando por lo que William era el candidato perfecto, pero con lo que no contaba era que terminaría por enamorarse de él y que William se enamorara de otra.

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Edrick Collins llegaba a una casa a las afueras de la ciudad, mojado había atravesado el lago los guardias lo iban persiguiendo. Llevaba unos hematomas por la caída.

— ¡Mierda! Si no fuera por la seguridad y la rama del árbol… saliste igual a tu madre. Eres más hermosa que ella mañana serás mía… Y tu padre llorara lágrimas de sangre, por burlase de mí.

Llegó el sábado por la noche Candy y sus amigas se arreglaban en casa de ella partirían las tres juntas, a un bar que les había recomendado el hermano de Nataly "Amnesia" tenía buen ambiente. Albert iba a estar en otra mesa se habían puesto de acuerdo para que él fuera un admirador, la invitaría a bailar y luego la dejaba en la mesa con Flammy y Nataly. Albert por ningún motivo dejaría sola a Candy ella no acostumbraba a beber.

— Está lleno el lugar.

— Si mi hermano dijo que hiciéramos reservación.

— Nataly, Flammy vamos a divertirnos, Albert ya debe estar adentro, pueden tomar yo las cuidare.

— Yo nunca he tomado. — dijo Flammy apenada —

— Siempre hay una primera vez, se quedaran en mi casa.

— No puedo caminar. — Una Flammy preocupada — nunca he usado un vestido tan corto y ajustado.

— ¡Corto! Flammy pero si apenas está arriba de la rodilla.

— Para mí es corto. Candy y Nataly rieron.

Albert no perdía de vista la entrada cuando la vio entrar suspiro, el vestido de Candy lo dejo sin aliento espalda descubierta, sin mangas, escote americano, su caminar sensual, la mirada de los caballeros se dirigían a la entrada. Había parejas ya en la pista, ellas ocuparon su mesa. Albert no pudo esperar y la invito a bailar.

— ¡Albert! Y esa barba solo porque reconocí tu voz.

— Bueno así parezco más un admirador ¿no crees? Y tus amigas no se sentirán incomodas.

— Espero que salgan con novio esta noche.

— Mi amor ahora la harás de cupido. Dijo Albert apretándola a su cuerpo.

— Para ser un admirador ya te tomaste mucha confianza.

— Ja ja ja es que no quiero que nadie te vea con ese vestido. Quiero envolverte en mis brazos, no voltees pero Nataly y Flammy ya están en la pista.

— ¿Quieres algo de tomar?

— Quiero seguir bailando, después que ellas se sienten nos mandas unas bebidas suaves.

— Lo que usted ordene señorita, ¿puedo besarte?

— No sé te caerá el bigote.

— Ja ja ja es un pegamento especial, como en las películas.

— Bueno sabré que se siente que te den un beso con barba y bigote, pero el escándalo que habrá mañana "Señorita de la alta sociedad se deja ver con otro…" Ambos rieron.

Unos ojos en la oscuridad del recinto no perdían detalle de todos los movimientos de Candy. «El disfraz de tu prometido, por un momento lograron engañarme. »

— ¿Y bien que te pareció el beso con barba y bigote?

— No está nada mal, un poco de cosquilla. Dijo Candy sonriente.

Flammy y Nataly fueron a la mesa cansadas, las siguió Candy, y Albert les mandó sus bebidas.

— Candy me estoy divirtiendo, pero las zapatillas me están matando no creo poder pararme de nuevo.

— Es la falta de costumbre, Flammy.

— Pero yo te veo muy fresca a ti Candy.

— Con los eventos que he tenido ya me estoy acostumbrando.

— Es el señor Andrew el de barba, ¿verdad?

— Si chicas, pueden estar tranquilas.

— Porque de lo contrario no te hubieras dado tremendo besote.

— ¡Nataly! Candy se puso roja causando la risa de sus amigas.

— Vamos al tocador. Al entrar al tocador escucharon los truenos y se asustaron.

— No parecía que fuera a llover, y me dan miedo los truenos. Volvió a tronar y Candy brinco causando la risa la Flammy y Nataly.

Una cuarta persona entro al tocador sin que ellas se dieran cuenta poniendo el cerrojo en ese momento se fue la luz. Candy sintió una punta en su cintura, la luz que emitiera un rayo. Les dio la imagen a Nataly y Flammy, una persona la tenía tomada de la cintura y el rostro de su amiga lo decía todo Candy estaba en peligro.

— Si quieren a su amiga saldrán tranquilamente rumbo a la salida, hagan una tontería y ella se muere saldremos las cuatro. Vamos a salir abrazadas las cuatro.

En el recinto todo mundo buscaba la salida, Albert había visto que Candy iba al tocador. Con el alboroto de la gente no podía acercarse al baño, la luz no había vuelto.

Edrick llevo a Candy a un callejón donde tenía su automóvil la lluvia arreciaba.

— Pónganse las esposas rápido y entren al auto.

Flammy y Nataly obedecieron. Candy forcejeo con Collins él la recargo en la pared mojada con brusquedad, ella sintió como recorrido por su espalda desnuda el frío de la pared, la lluvia intensa caía sobre ellos, Collins la tomo por el cuello y poniendo el cuchillo sobre la cintura de Candy.

— ¿Quieres defenderte como tu madre? Diciendo esto le paso su lengua por su mejilla. Nos vamos a divertir un rato. Candy temblaba, no quería llorar.

— Déjalas ir me quieres a mí, pues ya me tienes. Eres un cerdo se lo que le hiciste a mi madre. Ese comentario descoloco a Collins.

— Así que lo sabes y no te dijeron que más le hice. Vas a subir al auto y manejaras.

— ¡Huye Candy, no subas! Gritaba Flammy, Nataly no dejaba de llorar.

Albert empezó a aventar a la gente junto con Harry y Edward llegando al baño no encontró a Candy, piso lo que sería su bolsa de mano.

— ¡Candy! Harry a la salida.

— Sí, señor.

Candy subió al auto el agua escurría sobre su rostro estaba empapada sentía que sus dientes titiritaban, la lluvia arreciaba no sabía por dónde la iba guiando Collins, pensaba en Albert y su padre.

Flammy y Nataly llevaban la cabeza tapada.

— ¿Quieres callarte? Dile a tu amiga que se calle o le disparare.

— Nataly por favor tranquilízate. Candy con voz quebrada sus lágrimas se confundían con las que escurrían de su cabello mojado.

Llegaron a una casa que parecía abandonada a las afueras de la ciudad, Candy no lograba ubicarse.

— Déjalas ir Collins, ellas no tienen nada que ver con lo que paso hace años.

— Primero me divertiré con ustedes y luego matare a tu padre.

Collins llevaba del brazo a Candy ella forcejeaba, Nataly y Flammy iban adelante esposadas.

— Señor al parecer alguien provoco que se fuera luz dañaron el tablero de distribución. Dijo un Edward preocupado por lo que pudiera pasarle a Candy.

Por la mente de Albert pasaban dos nombres Serena y Edrick Collins, sabía que Annie ya no estaba en el país.

George recibía una llamada a pesar de los años no había olvidado ese timbre de voz aguardentosa.

—Tanto tiempo George, escucha a quien tengo conmigo.

— Papá no te preocupes por mí, te quiero mucho.

Para George el tiempo se detuvo, sabía que su hija estaba con Albert y él no le había llamado.

— Espero que la encuentres a tiempo George y no sea demasiado tarde como tu querida Eileen.

— ¡Te matare Collins! Juro que te matare. Clic.

George marco a Albert que tardo en contestar preguntaron al guardia de la entrada y dijo que su novia había salido con sus tres amigas iban abrazadas.

— ¡William! Collins tiene a mi hija.

— ¿¡Qué dices!?

— Me acaba de llamar, voy rumbo a la casa de Kael.

—Te veo allá.

Kael Ballard hacia unas llamadas su nieta estaba en peligro, el mataría a ese miserable.

Pasaron los minutos y llegaros varios autos a la residencia entre ellos un Albert furioso con él mismo, como pudo descuidar a Candy.

— William que fue lo que paso con mi nieta ¿y por qué llevas esa barba?

— Es un disfraz. Albert se la quitó en ese momento. Fui con Candy a un antro ella iba con sus amigas, alguien provoco que se fuera la luz, Candy acaba de entrar al tocador todo era un caos el lugar estaba lleno, Candy tardo en salir y me abrí paso para ir al tocador pero ella ya no estaba. El vigilante la vio salir con sus amigas pero eran tres y no dos, una de ellas estoy seguro que era Collins disfrazado de mujer.

— Vamos a esperar que vuelva a llamarte George y rastrearan la llamada.

— Kael recuerdas si Edrick tenía una propiedad aquí cuando se fue de Chicago. — Albert con rostro de preocupación los minutos pasaban.

— Hasta donde se vendió todas o eso creo, la familia radica en New York, solo él se encontraba en Chicago por los negocios. Por favor que alguien busque si tiene una propiedad.

— Sí señor.

— Le avisare a mi tía.

— Ya viene en camino hable con ella, estábamos esperando tenderle una trampa, sabíamos que estaba en Londres. Tuvo que salir disfrazado de mujer y llegar a Chicago lo teníamos vigilado.

Albert pensaba cuando estuvo en la cabaña con Candy el rastro que encontraron los chicos. Collins estaba cerca. Se maldecía por no prevenir que Candy estuviera en peligro, se llevó sus manos a sus cabellos.

En la casa abandona Collins había atado a Nataly a la cama, había desgarrado su ropa, Flammy que se había mantenido fuerte, empezaba a llorar lo que sus ojos veían era aterrador, en un descuido de Collins se quitó el pasador que sujetaba su cabello era un regalo de Candy lo había comprado en un local chino un día que salieron de paseo.

«Flammy este accesorio para el cabello no lo había visto te ayudara con tu cabellera, a ti que no te gusta traerlo suelto y te verás linda»

— Déjala Collins y ponme en su lugar ellas son inocentes.

— Primero quiero que veas lo que te haré, espero que tu padre y tu noviecito lleguen a tiempo.

— Si me vas a matar quiero hablar con mi novio.

— Quieres una llamadita a tu novio, bien te concederé ese deseo.

— ¡Albert! Mi amor no olvides que te amo, este donde este quiero que seas feliz.

— ¡Candy, mi amor! ¿Estás bien? ¿Dime que te ha hecho ese malnacido? Albert escucho el grito desgarrador de una mujer y se estremeció. Candyy, Candyy

Collins le arrebato el teléfono y le jalo los cabellos acariciando su busto, Candy se movió.

— ¡Te encontraran maldito! ¿qué crees que le harán a tu familia? Mi abuelo es un hombre poderoso igual que los Andrew.

— ¡Basta! ¡Cállate! Y disfruta lo que le haré a tus amigas.

— Me quieres a mí ¿no? Pues desquítate conmigo y no con ellas.

— Vaya para la rubiecita, tienes más carácter que tu madre… Shhttt cállate. ¡Plaf! Cuando digo que te calles deberías hacerlo.

A Candy le salió un hilillo de sangre por la boca. Collins se acercó y se la limpio con su lengua, provocando el asco de Candy, que lo escupió en la cara. Él se limpió y se llevó los dedos a la boca.

En la residencia del señor Ballard trabajaban para localizar la llamada habían encontrado el registro de una propiedad de la abuela de Collins en las afuera de Chicago.

— Qué pena tu amiguita no aguanto nada. Candy y Flammy lloraban el cuerpo de Nataly estaba bañado en color rojo.

— ¡Suéltame las manos para que pueda atenderla! Desátala ella no puede hacerte nada.

— Estas ablandando mi corazón, pero solo los pies de tu amiga si intentas algo las matare.

Dijo Collins acercándose a Flammy. Candy checo el pulso de Nataly se había desmayado pero se desangraba, le puso una sábana sobre su cuerpo.

— ¡Tienes que desatarla de las manos!

— Shhttt

Flammy tenía solo las muñecas atada al frente y en sus manos tenía la pinza de cabello mientras Collins veía a Candy, ella se movió y con todas sus fuerzas las enterró en la pierna de Collins y girándolas.

El grito de Collins fue desgarrador su pantalón se empezaba a teñir de color rojo, Flammy le había provocado una herida severa.

— ¡Corre Candy!

— ¡Pero Flammy!

— Corre y no te detengas, veteee, correee aún puede hacerte daño.

— No podrás llegar lejos y cuando te alcance acabare contigo.

Collins le dio un puñetazo a Flammy que se desvaneció, Candy corría por el pasillo, Collins la seguía la herida que le había provocado Flammy le dolía, se detenía por el dolor pero empuñando su arma disparo hacia la dirección donde vio que se fue Candy.

« ¡Dios! Esta casa es un laberinto y no puedo ver nada »

Candy corría tocaba con sus manos las paredes eran de madera el pasillo era reducido, sentía que le faltaba el aire, de repente grito.

— ¡Demonios! Me he lastimado el pie. Se sentó en el suelo y arranco un pedazo de tela de su vestido y se lo amarro iba cojeando, escucho la voz de Collins se levantó a tiendas.

«Albert mi amor si no salgo con vida, quiero que sepas que te amo con todo mi corazón y tu pasado no me importa »

— ¡Candy!

— ¿Qué sucede, William?

— Acelera Harry Candy me necesita.

— No vas a salir con vida de aquí, Candy. Collins hizo otros disparos que escucho Candy.

— Tiene que haber una puerta por aquí.

Candy tocaba con desesperación por ambos lados su pie le dolía no podía apoyarse sin sentir que algo se le encajaba. Encontró una perilla pero estaba cerrada por fuera ella golpeo con todas sus fuerzas y grito, volvió a golpear y a gritar.

— Guarden silencio, escucharon.

— Si por aquí. Albert y George bajaron a un sótano los golpes se escuchaban más claros.

— ¡La puerta!

Albert abrió la puerta encontrándose con Candy histérica la abrazo, sus ojos no podían distinguir empezó a golpearlo.

¡Suéltameee! ¡Maldito!

Albert la abrazo con todas sus fuerzas a su pecho, para que se tranquilizara le acaricio el cabello.

— ¡Candy! Mi amor soy Albert.

Al escuchar la voz de Albert abrió los ojos no quería abrirlos estaba temblando, él volvió a abrazarla con fuerza.

— ¡Alberttt! Viene detrás de mi tiene un arma me disparo. George iba a entrar.

No papá es un laberinto y esta oscuro, Nataly ¡oh, Dios mío! Le hizo cosas horribles.

— Llévate a mi hija de aquí William.

— No quiero irme golpeo a Flammy y ella me salvo. Nataly se está desangrando.

Candy lloraba de repente grito tan fuerte que William y George pensaron lo peor, Albert la abrazaba contra su pecho. El grito desgarrador de Candy los había preocupado.

— Tranquila mi amor ya estas a salvo. Vamos afuera la propiedad está rodeada y viene la ambulancia. Se quitó su saco y se lo puso.

— Puede matar a mi padre Albert.

— Los chicos están con él, no van a dejar que le pase nada. Déjame ver tu pie ¡tienes un vidrio!

— Dejare que llegue la ambulancia aguantare el dolor, no sé qué tan profundo este.

George había entrado por el pasillo Harry alumbraba con el celular, Collins retrocedió cojeando tenía que regresar y matar a sus amigas, Flammy se había recuperado y cerró la puerta, atendía a Nataly de sus heridas rompió la sábana, para hacerle unos vendajes rogaba para que Candy pudiera escapar y pidiera ayuda, escucho que querían abrir la puerta.

— ¡Abre la puerta o disparo!

George escucho y apresuraron el paso encontrándose casi chocando con los otros chicos de seguridad que iban armados.

Le hicieron señas que guardara silencio, escucharon los disparos y corrieron.

— Te matare y a tu amiga también.

Flammy abrazo a Nataly para protegerla con su cuerpo solo escucho el clic de la pistola y un estruendo fuerte. George le había disparado a Collins en la pierna, se abalanzó sobre el golpeándolo en la cara.

— ¡Al fin llegaste! ¿Quieres saber cómo gritaba Johnson? Collins se carcajeaba.

George arremetió contra él, los golpes iban del rostro a su estómago, lo levantaba y volvía arremeter, el cuerpo de Collins parecía una gelatina no podía sostenerse de pie cayendo al suelo una y otra vez ante el ataque de George que quería matarlo a golpes, Edrick Collins no dejaba de reírse.

— Eres un miserable, pagaras todo lo que has hecho. Volvió a golpearlo hasta casi dejarlo inconsciente, el rostro de Collins era irreconocible. La mano de Harry sobre su hombro lo detuvo.

— Es suficiente señor no se manche las manos de sangre, la policía se hará cargo. George se puso de pie se vio sus manos y miro a Harry.

— La disfrute Johnson aunque no fui el primero. Collins se ahogaba con su propia sangre.

Y no te dijo que también lo disfruto, que le gustaba como se lo hacía, lo mismo le iba hacer a tu hija, después de verla en la cabaña con su noviecito salió igual de ramera que su madre. George quiso golpearlo pero Harry lo detuvo.

-Lo está provocando señor.

George se dio la vuelta y se escucharon dos disparos en seco. Harry y George se quedaron mirando.

Continuará…

Muchísimas, por sus mensajes es gratificante leerlas.

NOS LEEMOS XOXO