Capítulo 9: Los orígenes de Paulo

Ya había pasado un buen rato desde que Mea lanzó la siguiente pista sobre el paradero de las chicas secuestradas por Némesis. El cuarteto protagonista estaba desconcertado: ¿qué era la Casa Carvalho? ¿Quién de las seis féminas retenidas estaría ahí? ¿Sería Run? ¿Tal vez Mikan? ¿O quizá Lala? ¿Habría solo una chica o más de una? Todas esas preguntas pululaban por la cabeza de Rito y Momo, mientras Oscu miraba por los alrededores como si nada le importara y Paulo temblaba de forma muy exagerada. Algo extraño le pasaba, desde que Kurosaki les había informado de su próximo destino, había entrado en una especie de estado de shock del que todavía no estaba recuperado del todo. Momo, que hasta ese momento no se había dado cuenta de la situación, se preocupó por su amigo.

- Paulo… ¿Te encuentras bien?

El "Neymar de Ozertende" no se enteró de la pregunta y siguió temblando e incluso murmurando en voz muy baja. Oscu, que transformó las puntas de su cabello en unos lazos, agarró a Paulo por los tobillos y lo puso del revés. Entonces sí que reaccionó.

- ¿Pero qué narices haces? ¿Te has vuelto loca? Que me mareo…

La asesina rubia lo dejó suavemente sobre el suelo y devolvió su pelo a su forma habitual. El alien brasileño quedó sentado mirando sorprendido y algo enfadado a sus amigos.

- ¿Por qué habéis hecho eso? ¿Se os ha ido la olla?

- Llevas un buen rato despistado y sin enterarte de nada que te decimos. ¿Qué es lo que te pasa? –preguntó Momo, algo preocupada.

Paulo suspiró y se levantó del suelo, antes de comenzar a explicarse.

- Disculpad mi reacción, pero… resulta que si aún estoy vivo, sigo viviendo en mi casa en Rocinha y tengo mi furgoneta… es gracias a Maylon Carvalho, el amo de la Casa Carvalho.

- Co… ¿Cómo? –preguntó Rito, incrédulo- ¿Me estás diciendo la verdad?

- Espera un momento, Rito Yuuki… -le interrumpió Oscu- Paulo Rondo, detecto cierta falta de información, al menos en mi caso. ¿Podrías hablarme de este tal Carvalho?

- Por supuesto. –dijo Paulo- Maylon Carvalho es uno de los narcotraficantes más peligrosos de Brasil, y el más influyente de Rio de Janeiro. Este hombre, líder del clan del Colmillo Sangriento, prácticamente controla toda la ciudad, desde la prostitución en las calles como la seguridad, porque ya se sabe que en esta ciudad hay bastantes policías corruptos. Vive en una mansión de mármol blanco situada en la cima de la favela Rocinha.

- Nosotros habíamos oído hablar de él en las noticias. La Interpol tiene una orden de búsqueda y captura contra él, pero siempre consigue escapar de la justicia. –comentó Rito- Pero… ¿cómo llegaste a trabajar para él?

- Eso tiene una explicación. Es un poco larga, pero valdrá la pena. –volvió a intervenir el moreno- Cuando tenía seis años, vine con mis padres a Rio de Janeiro. Los primeros meses fueron una maravilla pero rápidamente se volvieron una pesadilla cuando mis padres fueron asesinados por un clan rival al de Maylon. De golpe y porrazo, me había quedado huérfano. Los siguientes días me dediqué a pulular por las calles sin destino alguno. Por suerte para mí, un hombre muy amable me acogió en su casa: me dio un hogar, alimento y el amor de un padre. Ese hombre era Maylon.

Momo estaba boquiabierta, de lo más sorprendida. La princesa de pelo rosa conocía a Paulo desde hacía bastantes años y nunca le había explicado algo así. El chico residente en Brasil siguió explicando su historia.

- Desde el día que conocí a Maylon, siempre he cometido algunos pequeños hurtos para él. Yo no creía que estaba cometiendo un delito, porque siempre me explicaba que hacía como Robin Hood: robaba a los ricos para dárselo a los pobres. Parte de esto es verdad, pero esta gente que recibe el dinero se convertía en su subordinado.

- Entonces… ¿le conoces en persona? –preguntó Rito.

- Por supuesto. Aunque parezca os parezca sorprendente, él ha sido mi padre adoptivo desde que me quedé huérfano… -dijo el alien brasileño, entristecido.

Rito le vio la infelicidad en los ojos. Sabía que enfrentarse al hombre que le había cuidado desde que era pequeño le sería muy difícil, pero tenía que hacerle saber que todos le apoyaban.

- Creo que entiendo cómo te sientes, Paulo. Es muy difícil afrontar la situación en la que te encuentras, pero creo que todos juntos podremos hacerlo.

- ¡Por supuesto! –exclamó Momo- ¿Quién sabe si Némesis no lo ha hipnotizado? Todos juntos podríamos hacerle entrar en razón y saber si de verdad hay alguna chica secuestrada ahí.

Aquello arrancó una sonrisa en el rostro de Paulo, quién sentía como un pequeño atisbo de esperanza aparecía para poder salvar aquellas jóvenes.


Media hora más tarde…

Paulo detuvo el motor de su pick up y se bajó del vehículo. Él y sus tres amigos estaban delante de la puerta de la gran mansión de Maylon Carvalho, narcotraficante y tutor del residente en Rio. Momo soltó un silbido, impresionada por el tamaño de la casa de ese hombre.

- Madre mía… ¿A quién hay que matar para conseguir una casa de este tamaño?

- A 137 personas, y creo que algunas más. No sé si me he descontado. –respondió el chico con la camiseta de Neymar.

- Estaba de broma… -replicó Momo, casi temblando.

- Lo siento, pero hay que saber perfectamente contra quién nos enfrentamos. –dijo Paulo, mirando a los alrededores.

De repente, un disparo hizo un agujero en el suelo, muy cerca del pie de Rito. El pelirrojo se quedó petrificado del susto, mientras el resto levantó la vista. Había un hombre calvo de piel bastante oscura apuntando con una pistola desde una ventana del piso de arriba.

- ¿Quién demonios sois vosotros? –preguntó el hombre misterioso, muy enrabietado- ¡Estáis en una propiedad privada! ¡Marchaos inmediatamente si no queréis que os vuele la cabeza!

Ese hombre era la persona que andaban buscando: Maylon. Paulo miró atentamente a su tutor y le gritó.

- ¡Maylon! ¡No te preocupes! ¡Son de confianza!

El narcotraficante miró e identificó al joven, el mismo chico al que había rescatado de la pobreza y el abandono diez años antes.

- ¡Pero bueno! ¡Si es mi buen amigo del alma, Paulo! ¡No tenía ni idea que de venías acompañado! ¡Pasa, hombre, pasa!

Unos minutos después, el cuarteto ya estaba dentro de la mansión de Maylon. Los jóvenes caminaron por un largo pasillo decorada con un papel pintado muy elegante, aunque bastante rasgado. Posiblemente esto se deba a algunos conflictos entre bandas enemigas, como explicaba el líder del Colmillo Sangriento.

- Pues sí, el otro día seis capullos de los Lobos del Infierno creyeron que podían asaltar mi mansión, pero mis hombres estaban preparados con las armas a punto.

- Entonces… ¿están muertos? –preguntó Momo, un poco asustada y aguantándose su estómago.

- ¿Y qué esperabas? –respondió Maylon con retórica— Me destrozan el pasillo y encima tienen los cojones de dispararle al carrillón de mi abuelo...

- ¡No me jodas! –exclamó Paulo, muy sorprendido— ¿Me dices en serio que le dieron al reloj de tu difunto abuelo?

- Como te lo dijo. Así que apliqué mi teoría de cómo funciona el mundo: ojo por ojo, carrillón por carrillón, bala por bala. –explicó el narcotraficante— Aun así, conservo el reloj en el salón, un recuerdo sigue siendo un recuerdo.

Maylon les acompañó hasta el salón principal, inmenso y lleno de objetos muy caros, incluyendo el ya mencionado reloj de carrillón con detalles oro de su abuelo, que tenía un agujero de bala en la caja de madera de nogal. El único adulto del grupo suspiró y acarició ese reloj con suavidad.

- Desde luego, que mala leche tiene la gente últimamente… -murmuró el hombre.

- Supongo que es lo que tiene ser narcotraficante. Ahora, ¿podría decirnos si ha recibido noticias de una tal Némesis, Azenda o Mea Kurosaki? –preguntó Oscu, yendo directamente al grano.

Rito, Momo y Paulo se asustaron al ver como la asesina intergaláctica era tan directa. Aunque no lo hubieran hablado directamente, habían acordado casi telepáticamente no sacar el tema tan pronto. Aun así, el narco pudo evitar ponerse a reír.

- Bueno, bueno… ¡Creí que no lo mencionaríais nunca! Pero si, ha venido para dejar a una chica joven y para decirme que parara a cuatro personas que intentaban llevársela… A vosotros cuatro en concreto. Así que, lo siento mucho, pero…

E inmediatamente, chasqueó los dedos y unos hombres armados con metralletas, posiblemente sus guardaespaldas, y apuntaron a la cabeza de Rito y compañía. En una décima de segundo, la situación se había vuelto realmente tensa.


Continuará…

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