Capítulo 08
Llevaba más de 24 horas sin salir de su apartamento desde que había llegado el paquete de Sebastián y se había puesto a reflexionar sobre ellos juntos. Quería llamarlo y tomarle el pelo por su "disculpa" del estudio de grabación, pero en cambio se había cerrado en banda al detenerse a examinar las cosas. ¿Estaría bien volver a salir con él? ¿Realmente había cambiado y la quería con él o solo extrañaba el sexo que tenían?
Salió de su nube de pensamientos cuando alguien toco – mejor dicho, aporreo- su puerta.
Y como lo había supuesto brevemente ahí estaba él: su cabello despeinado, obviamente por haber pasado varias veces sus manos por él, su corbata floja colgaba de su cuello, las mangas de su camisa arremangadas y su saco colgado de su brazo "Sebas…" dijo antes de que el la tomara y la besara contra la puerta, el sabor a cerveza se deslizó por su boca, mientras él hacía más fuerte su agarre. Ella sintió el pánico subir por su garganta, los recuerdos trataban de dominarla. Es solo Sebastián, se recordó y soltó un pequeño sollozo antes de que pudiera detenerlo. Sebastián obviamente se dio cuenta. "¿Qué pasa nena?" dijo arrastrando un poco las palabras, no tan borracho como ella había imaginado, pero sin duda el olor a alcohol en él era fuerte, no resistió más y corrió al interior rumbo al inodoro y vacío todo su estómago.
Sebastián perdió casi todos los efectos del alcohol y fue tras ella, -aunque su equilibrio no era tan bueno como él esperaba- la encontró sentada a un lado del inodoro, cansada y con los mismos signos que él mostraba después de una particular pesadilla que lo acosaba, quiso acercarse hacia ella, pero en cuanto quiso reconfortarla, ella se alejó de su tacto. "No me toques, por favor" susurró ella tan bajo, que apenas escuchó. Jamás la había visto así, tan frágil, tan débil, con las mas minúsculas lágrimas desbordándose en contra de su voluntad de mantenerse firme, abrazándose a sí misma, mientras recostaba su frente a sus rodillas. Casi le mató verla así y sentirse tan impotente. Se preguntó si él le había causado un dolor similar para que ella huyera hace un año. Los sollozos fueron disminuyendo hasta que su respiración fue normal de nuevo, solo entonces se acercó a ella, y paso su dedo suave y ligeramente por su mejilla "¿Estas bien?" ella solo asintió, y él se deslizó a su lado para apretarla a su pecho, un sollozo escapó de ella, pero no se permitió llorar de nuevo "¿Quieres hablar de ello?" ella negó con su cabeza y preguntó suavemente "¿Podrías tomar una ducha, por favor?, tengo una de tus pijamas aquí" él le dio un beso en su cabeza y suspiró un poco "¿Solía llegar borracho a casa?" preguntó él, ella solo asintió "Por lo general, él llegaba tarde, pero cuando más me asustaba era cuando llegaba temprano y besaba a mi madre fuertemente contra la puerta sin importar que yo estuviera ahí, siempre parecía tan feliz de llegar, de vernos a las dos, pero en cuanto mi mamá empezaba a servir la cena, su humor iba cambiando y de un momento a otro, él estaba sobre ella, empujándola sobre la pared, el piso o si llegaba a tener suerte en el sofá. La mayoría de las veces, no se conformaba solo con golpearla a ella, también venia por mí, pero en cuanto cumplí diez años, empecé a quedarme en casa de Quinn, mas días a la semana, aunque traté de que no se viera como si yo intentara huir de ahí, además, el padre de Quinn, no la humillaba cuando yo estaba en su casa, así que era perfecto para las dos. Yo la ayudaba en la escuela a parecer la chica más segura de sí misma, aunque por dentro las dudas la mataran y ella me ayudaba a que mis golpes siempre fueran relacionados a una pelea y no a que mi padre me golpeaba." Explicó "Supongo que fue ese recuerdo, lo que hizo que me pusiera así, no es como si nunca hubiera pasado el rato contigo, después de que tu hubieras bebido" dijo ella tratando de justificarse, mientras él solo asentía
Sebastián sabía que no era toda la historia, él reconocería ese vómito, ese temblor y ese miedo al tacto en cualquier lugar, porque él mismo sufría de esos síntomas cada vez que tenía ese sueño. No se atrevió a pedir que se la contara completa, ya sabía que no confiaba en él lo suficiente aun, y si sus temores habían sido provocados por la misma razón que se provocaban los suyos, él más que nadie entendía ese sentimiento de suciedad, de vacío que nunca se iba. El vínculo que había entre ellos siempre había sido demasiado grande, y ahora, a pesar de haber pasar un año separados, seguía ahí. La llevó hasta la cocina, le preparó una taza de té rojo –el favorito de Santana- y fue rápido a tomar su ducha. Durante ese rato a solas, lo único que podía era sino, admirarla un poco más: él recordaba ser feliz hasta los cinco años, recordaba brevemente la cara de su madre biológica sonriendo al verlo entrar a la cocina de la casa en que vivía, -uno de los pocos recuerdos felices de su infancia- pero en cambio Santana, había sido insultada, humillada y golpeada por su padre, había visto la cruel manera en que su padre trataba a su madre y estaba seguro de que había sufrido más que eso, a lo largo de los dieciocho años que permaneció en Ohio. Ella le había contado sobre los golpes hacía casi dos años, justo después de que él encontrara algunas marcas en su espalda, además de una cicatriz que se ocultaba en el nacimiento de sus espesos y negros cabellos. Realmente tenía tantas ganas de aniquilar a Gabriel López, el responsable de esa mirada perdida. No le importaba en este momento si el hombre estaba en la ruina financiera, él quería ahogarlo como el maldito había ahogado a Santana en sus recuerdos.
Salió de la ducha, usando los pantalones de franela largos y la camiseta de manga corta blanca, con la única intención de sostener a Santana como ella lo había hecho, cuando él despertaba de sus pesadillas. Fue hacia ella y se sentó a su lado en el sofá, mientras la veía pasar página tras página de 'Orgullo y Prejuicio' como lo había hecho varias veces, cuando trataba de calmarse después de las raras y escasas pesadillas que tenía. "Nunca he entendido tu fijación por ese libro de Jane Austen" le dijo, con la esperanza de sacarla de los pensamientos que estaba seguro que pasaban por su cabeza. "Mi madre me regalo este libro cuando tenía catorce, me dijo que algun día si encontraba a mi Sr. Darcy, buscara mas alla de la máscara fría y distante que podría mostrarme. Que tratara de entender y no de juzgar premeditadamente" ella suspiro antes de mirarlo a los ojos "siento que me hayas tenido que ver así, después de la terapia de estos años, la mayoría de las cosas –las pesadillas, vómitos, temblores y el llanto- se habían reducido. Usualmente no soy tan deb…"
"Ni por una jodida mierda, te atrevas a insinuar que eres débil" dijo él interrumpiéndola y con su tono de vox inflexible que no incitaba discusión, mientras se acercaba y tomaba su rostro entre sus manos "Eres la maldita persona más valiente que conozco. Aguantaste 18 años de mierda, que la mayoría de la gente no soportaría, y no solo te cuidaste a ti, también protegiste a tu mejor amiga y estoy seguro de que ayudaste a tu madre a curar muchas de sus heridas" tomo aire y siguió "Hoy me di cuenta de lo equivocado que estaba respecto a nosotros" dijo cambiando el tema, mientras Santana sintió que se desplomaba. Seguramente se dio cuenta que en realidad no valgo, de que no fue sino el gusto por la percusión. "Desde que regresaste a NY, no he intentado otra cosa más que volver a donde estábamos, pero verte así, me hizo darme cuenta de que quiero estar contigo y sostenerte como hace rato… Dicho de otra manera, quiero empezar de cero. Solo tú y yo. Sin pasados escambrosos, ni con imponentes ambiciones en medio. ¿Te parece bien?"
Santana sonrió por primera vez en el día y contesto 'si' a sui propuesta. "Bueno, supongo que entonces voy a tener que empezar de nuevo" dijo él mientras se separaba un poco " Te gustaría ir a ver el juego de los Mets conmigo este domingo?"
"La fecha del boleto, es del miércoles de la próxima semana, Sebastián"
"Lo sé. Solo quiero asegurarme que vas a salir conmigo esta y la próxima semana"
"Eres una especie de idiota, sabias?" sonrió burlándose de él " Quien dice que voy a pasar de una primera cita contigo?"
"Nena, estamos hablando de los Mets, estoy seguro que tendrías una segunda cita conmigo, incluso si me viera como Einstein"
"tienes razón, no me perdería de ver a los Mets en los mejores asientos"
"Vaya manera de aplastar el ego de un hombre"
"No es como si todo el ego que tienes te sirviera de algo"
Ambos sonrieron y se sumergieron en un silencio cómodo, mientras Sebastián arrastraba sus dedos tiernamente entre los cabellos de Santana.
"Puedo quedarme a dormir?" preguntó Sebastián, y prosiguió cuando ella no contestó " Solo quiero abrazarte y estar ahí, por si tienes una pesadilla" admitió
"Estaré bien, pero puedes quedarte si quieres" dijo ella mientras se encogía de hombros y se levantaba del sofá "Por supuesto que quiero" dijo él, mientras la tomó de sus caderas y la trajo de vuelta al sofá para poder besarla.
A/N: Quise poner un poco sobre los fantasmas de Santana, he visto que me enfocado mucho en el hecho de que Sebastian tiene problemas –y hay que mencionar que él no tuvo a nadie a su lado– y quise que conocieran un poco más y se dieran una idea de como era la relacion entre ambos. En el proximo capitulo Quinn está de vuelta! *-* / (la amo) y posiblemente dentro de poco conoceran a los tan infames Sres. Smythe :O
Gracias por sus reviews, favorites y a los que pasan a leerlo ;)
