Avatar, el Último Maestro del Aire no me pertenece. Sólo me divierto escribiendo historias con sus personajes. Tampoco me pertenecen las canciones, libros, marcas, películas o aplicaciones mencionados en esta historia.


Capítulo 9:

El Amor Duele.


La noche del accidente.

–No puedo creer que después de todo lo que ha pasado entre nosotros, todavía vayas a casarte con Kei Lo –dijo Zuko acelerando la velocidad del auto de Mai.

–¿Cómo puedes decir eso? ¿Cómo puedes pedirme que no me case con él? ¡Le di mi palabra, Zuko! No puedo simplemente ignorar mi compromiso sólo porque te diste cuenta de que yo no era un juego para ti –soltó Mai con ira.

Al parecer el enojo que ambos se habían estado guardando, estaba hablando por ellos.

–¿Juego? ¿De dónde sacas eso? ¡Tú nunca has sido un juego para mí! Tú eras la que siempre me evitaba. Ni siquiera te atrevas a decir que todo esto es sólo mi culpa… – Zuko le gritó a Mai palabras que ya le había dicho antes, mientras apretaba las manos en el volante del auto.

–¿Que yo te evitaba? ¿Cómo pretendías que no lo hiciera si tú siempre tenías una nueva conquista? ¿Quién fue primero? ¡Ah sí! Song. Después Jun, luego todas esas chicas en la universidad. ¡Saliste hasta con Katara, Zuko! ¡Katara! No me sorprendería que te le hubieses insinuado a Ty Lee. Y ni siquiera mencionemos a tu última adquisición, porque ella fue la gota que derramó el vaso. ¡¿Jin?! ¿De verdad, Zuko? ¡¿Jin?! Sabiendo que ella y yo no podíamos siquiera estar en el mismo lugar… –soltó Mai en el mismo tono que había usado Zuko.

–¡Ya te expliqué que todo eso lo hice para llamar tu atención! –se defendió el joven.

–Pues que pésima estrategia… –dijo Mai, dándose cuenta de la velocidad aumentada del auto. La chica se aferró al reposabrazos a su lado.

Zuko pisó el acelerador, pasándose una luz amarilla. Lo que el chico no notó, era que otro auto no esperó la luz verde. Lo siguiente que Zuko vio fue una intensa luz dirigiéndose a toda velocidad hacia Mai y él. Escuchó el estruendo de algunos vidrios rompiéndose. Se aferró a la mano de ella y de repente nada…

-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-

Días después del accidente…

Mai escuchaba como sus tíos y su madre hablaban a lado de su cama de hospital, mientras ella trataba de enfocarse más en su hermano de 10 años.

–…Y entonces el cátsup explotó por todo el lugar –Mai escuchó que dijo Tom-Tom, pero no había logrado ponerle la suficiente atención para hilar la historia que le había contado.

–Qué divertido –le contestó Mai a su hermano con una sonrisa forzada.

–Pero no te estás riendo… –contestó Tom-Tom decepcionado.

–Mai está cansada, cariño. Le es difícil incluso reírse –le dijo Mura al niño, acercándose para ver a su sobrina.

–Oh… ¿y si te traigo algo? No sé, ¿una tarta de frutas? Tal vez eso te haga sentir mejor –dijo el niño con simpatía, mientras le dirigía una sonrisa a su hermana.

–Eso me gustaría mucho –contestó Mai y pasó la mano por el cabello de su hermano. –Gracias, eres tierno.

–¡No soy tierno! –soltó Tom-Tom y le sacó la lengua a Mai.

–No dejes que papá te vea hacer eso o te va a desheredar… –dijo la pelinegra con sarcasmo. Tom-Tom rodó los ojos y se encogió de hombros.

–Voy contigo –le dijo Michi a su hijo y ambos salieron del cuarto de hospital de Mai.

Mai observó a sus tíos con cuidado y notó que ambos tenían preguntas para ella. Hasta ahora, nadie le había preguntado qué había ocurrido la noche de su accidente, respetando su duelo y teniendo cuidado por su estado de salud, pero Mai sabía que las preguntas llegarían tarde o temprano y que las más difíciles de contestar serían las de Kei Lo.

–¿Cómo te sientes? –le preguntó su tío acercándose a ella.

–Mejor. No puedo esperar a salir de aquí –admitió Mai, mordiéndose el labio inferior.

–Y… ¿cómo están tú y Kei Lo? Me refiero a… –comenzó a decir Mura, viendo a su sobrina con tristeza.

–No hemos hablado mucho al respecto. Tal vez es mejor que dejemos así el asunto y sigamos adelante con nuestras vidas –interrumpió la pelinegra con aparente frialdad, pero en el fondo Mai se sentía culpable y la hacía sentirse todavía peor el saber que Kei Lo estaba sufriendo lo que Zuko debería.

–Tienes razón, Mai –dijo su tío. –Dale vuelta a la hoja y sigue adelante.

–¿No sería mejor que hablaran al respecto? Tal vez pueden ver a un profesional, o simplemente discutirlo –contestó la tía de la joven, ignorando el comentario de su hermano.

–Si Mai ya decidió que es mejor dejarlo así, deberíamos respetarlo –contestó el hombre con desaprobación. Mura soltó un suspiro.

–Sólo creo que sería mejor que lo sacara, en lugar de…

–Escuchen, aprecio lo que tratan de hacer, de verdad, pero no quiero hablar al respecto –contestó Mai, apretando los puños levemente.

–¿Has sabido algo de Zuko? –se atrevió a preguntar Mura, tratando de desviar el tema, pero haciendo sentir peor a su sobrina sin saberlo.

–No –dijo la joven tajantemente.

–Y es mejor que ella no sepa nada. Ese idiota causó todo esto –soltó el tío de Mai con enojo.

A aquel hombre jamás le había caído bien Zuko. El tío de Mai creía que el chico era una mala influencia para ella, ya que Mai tendía a meterse en problemas por causa de Zuko.

–No quiero hablar de nada, ¿de acuerdo? –soltó la pelinegra con frialdad. – Sólo quiero salir de este lugar y tratar de olvidar que todo esto pasó para poder seguir con mi vida.

Los tíos de Mai se quedaron en silencio, mirándola con consternación.

-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-

Kei Lo estaba en la cafetería del hospital mirando directamente hacia un café que se había enfriado una hora atrás. Desde que el joven le había dicho a Mai que había perdido a su bebé, ella había estado evitando el tema y peor aún, estaba esquivándolo a él. Kei Lo no tenía ni idea de qué hacer para tratar de hacerla sentir mejor y tampoco sabía qué hacer para combatir sus sentimientos encontrados.

–¿Puedo sentarme? –le dijo una voz femenina suavemente.

–Ah, hola Jin. Adelante… –contestó Kei Lo, haciéndole un ademán con la cabeza a la chica.

–¿Cómo estás? –preguntó la ex-novia de Zuko una vez que estuvo sentada frente a Kei Lo.

–Creo que estoy bien dentro de lo que cabe –admitió él sin muchos ánimos.

–¿Y Mai? –se atrevió a preguntar Jin, frunciendo los labios.

–Ella… bueno, físicamente se está recuperando, pero… –Kei Lo soltó un suspiro mientras hablaba. –No sé si lo sepas, pero estaba embarazada y perdió al bebé.

–Lo siento mucho, no sabía –admitió la chica, abriendo los ojos con sorpresa.

–¿Qué hay de Zuko? Supongo que viniste a verlo a él –preguntó el joven, queriendo evitar el tema.

Desde el accidente, Kei Lo no se había atrevido a preguntarle a nadie sobre el estado de Zuko. No sabía cómo sentirse respecto a él. No sabía si odiarle por el accidente y sus consecuencias, tenerle lástima por haber perdido a Mai o ignorarlo para no sentir nada.

–No muy bien –comenzó a explicar Jin, capturando la atención de Kei Lo. –Está sedado. Ursa me explicó que creen que puede tener algún derrame interno o algo así.

–No sabía nada –admitió Kei Lo, de repente sintiéndose mal por Zuko. –¿Crees que se mejore pronto?

–No lo sé. No se veía muy bien… –admitió Jin bajando la mirada.

–Va a estar bien –la trató de animar el joven. Jin suspiró.

–Nunca pensé que volvería a sentarme a la mesa contigo, Kei Lo.

–Ni yo, pero tengo que admitir que últimamente te he recordado.

–¿Por qué? –preguntó Jin enarcando una ceja.

–Te he recordado porque… –comenzó a decir el joven, no estando seguro si decirle sobre sus inseguridades a la chica frente a él. –…porque en las últimas semanas he estado esperando a que Mai me encare y me diga que ya no quiere seguir conmigo para al fin estar con Zuko.

–¿En verdad? –le preguntó Jin incrédula por las palabras que acaba de escuchar.

–Sí.

–¿Y por qué sigues con ella si sabes que no te ama como tú la amas? –se atrevió a preguntar la joven, creyendo que tal vez estaba siendo demasiado sincera y directa.

–Al principio, fue porque creía que Mai me había escogido sobre Zuko porque ella creía que yo era mejor que él y yo mismo creí que podíamos ser felices. Después, por costumbre y miedo a quedarme solo. Y al final, porque me di cuenta de que la amo, y el amor…

–…el amor duele –terminó de decir Jin, soltando un pequeño suspiro. Ella misma le había dicho esas palabras tiempo atrás.

–No sé qué va a pasar después de esto –admitió Kei Lo, echándose para atrás en su silla.

–Si yo fuera tú, me quedaría con ella al menos hasta que se recupere. Después, no lo sé. Supongo que queda en ti –explicó Jin encogiéndose de hombros.

–Lo tengo que pensar…

–No te tardes mucho, va a ser más difícil después –contestó Jin y se levantó de su asiento.

–Gracias –contestó Kei Lo sin muchos ánimos.

El joven vio como Jin se alejó de él y comenzó a considerar con más atención sus palabras. Esta vez sí lo hizo.

-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-

Kei Lo estaba a punto de doblar hacia el pasillo donde se encontraba la habitación de Mai cuando vio que Ty Lee jalaba a Azula del brazo para sacarla del cuarto de hospital de su futura esposa. El joven se paró en seco.

–¡Tienes que dejar de atormentarla de esa forma! –soltó Ty Lee con desaprobación y enojo.

–Vamos, Ty. Sólo fue un comentario sobre Zuzu… –se defendió Azula encogiéndose de hombros.

–¡Perdió a su bebé! ¡A tu sobrino! No puedo creer que seas tan insensible al respecto –dijo Ty Lee entre dientes, casi susurrando.

Kei Lo abrió los ojos con sorpresa. ¿Había escuchado bien? ¿El bebé que esperaba Mai era sobrino de Azula? Eso sólo significaba que Zuko era el padre y no él…

–Bueno, pero tiene que saber que Zuko está decayendo, ¿no? Digo, son amantes ahora, ¿creo? –dijo Azula sarcásticamente.

–Si Mai se pone peor, será tu culpa. Deberías dejarla tranquila. Además, es tu hermano, Azula. ¿Tanta urgencia tienes por tener Agni Industries en tu poder? ¿Tanto resentimiento le tienes a Zuko? –le dijo Ty Lee con el ceño gravemente fruncido, mirándola con lastima.

–Olvídalo, Ty Lee… –contestó Azula como si las palabras de su amiga le hubieran llegado a su interior. Azula comenzó a caminar hacia el baño y Ty Lee volvió a meterse al cuarto de Mai.

Kei Lo se recargó en la pared, sintiendo una punzada en el pecho. No podía creer lo que había escuchado. Más bien, no quería creerlo. No quería creer que Mai había sido capaz de serle infiel, sin embargo, ahora comprendía porque ella se había alejado con el tiempo. Ahora entendía porque su prometida parecía tan confundida y frustrada con los planes de su boda.

Kei Lo tomó una decisión en ese momento, así le doliera en el alma.

-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-

Ty Lee cepillaba en cabello de Mai y ella miraba al infinito. El hecho de que Azula le hubiera dicho que el estado de Zuko había empeorado, la habían hecho sentirse peor. Ahora, parecía que no sólo había perdido a su bebé, sino que iba a perder al hombre de su vida también. Seguramente la vida la estaba castigando.

Kei Lo entró en el cuarto de hospital de su futura ex-prometida, no pudiendo verla a los ojos. Mai notó que Kei Lo estaba extraño en el momento en el que pisó el lugar, pero dejó que él hiciera el primer movimiento.

–Ty Lee, ¿nos podrías dejar a solas un momento? –le dijo Kei Lo a la mejor amiga de Mai, provocando incomodidad.

–Mmm… sí, seguro –contestó Ty Lee, le dio un apretón en el hombro a Mai y salió del cuarto.

–Algo te está molestando –dijo Mai con voz ronca, mientras Kei Lo se sentaba a lado de ella.

–Tienes razón. Hay algo que me está molestando mucho –admitió el joven, mirando hacia el piso.

–¿Y es…?

–Mai, creo que deberíamos terminar –declaró Kei Lo sin rodeos.

–¿Qué? –soltó Mai, buscando los ojos de Kei Lo y sintiéndose de repente muy confundida.

–Escucha… –comenzó a decir él con suavidad, atreviéndose a tomar su mano por lo que parecía la última vez. –Sé que desde que nos comprometimos tú no estás cómoda con la idea de pasar conmigo el resto de tus días. Creo que ambos nos estamos aferrando a la idea inexistente y errónea de ser felices, cuando sabemos que tarde o temprano esto va a fracasar porque lo estamos forzando. Yo sé que tienes sentimientos por otra persona y pienso que yo me merezco a alguien que me corresponda completamente.

–Kei Lo, yo… –Mai quería decirle a Kei Lo cuanto lo sentía. Ella no quería lastimarlo porque sabía cuánto dolía, sin embargo, ella se convirtió para Kei Lo, lo que Zuko estaba siendo para ella.

–Lo sé, Mai. Sé que lo sientes –la interrumpió Kei Lo, como si le hubiera leído el pensamiento. –De hecho, yo también lo siento por haber seguido con todo esto cuando en el fondo sabía que no iba a funcionar. Te amo, Mai. Y justo por eso te voy a dejar ir. A veces, el acto más grande de amor es dejar ir a la persona que amas.

Los ojos de Kei Lo al fin se encontraron con los de Mai, y sólo hasta ese momento él notó que la joven estaba al borde del llanto. Kei Lo mordió su labio inferior queriendo decir algo más, pero no pudo. No le iba a reprochar a Mai su infidelidad. ¿Para qué hacer las cosas más grandes? ¿Para qué seguir torturándola si sabía que ella ya estaba sufriendo?

–Sé que vas a estar bien –siguió diciendo Kei Lo. –Encontrarás tu camino, Mai, y ahora creo que yo tengo que encontrar el mío.

–Lo siento mucho, Kei Lo. En verdad lamento no haber luchado por lo nuestro –consiguió decir Mai al fin. Y en verdad lo sentía, pero no podía evitar que sus sentimientos por Zuko fueran más fuertes.

–Te repito que lo sé… no me arrepiento de haber estado contigo porque aprendí mucho, sin embargo, no puedo seguir con esto. No es justo para nadie. Creo que esto es el adiós, Mai.

Mai quería decir algo más, pero antes de que pudiera hablar, Kei Lo se levantó de su asiento, le dio un beso en la mejilla y salió de la habitación.


Nota del autor: ¡Hola! ¿Les gustó el capítulo? Ojalá que sí. Estoy muy satisfecha con la convivencia de los personajes, espero les haya gustado eso... Muchas gracias por leer y me harían muy muy muy feliz si me dejan un review con sus opiniones, quejas y/o sugerencias. Todo es bien recibido. Es posible que ponga una pausa a este fic, así como a mis otros trabajos porque últimamente mi vida se ha complicado un poco, espero no me odien. Nos leemos pronto...

- TheGirlInGlasses.