Deidara no estaba tan cansado. Tras pasarse el día durmiendo, se sentía con demasiada energía como para hacerlo. Pensándolo mejor, era extraño que hubiera podido dormir algo. Después de una pelea demasiado emocionante, Deidara solía tener insomnio. Tobi por su parte, no había tenido problemas para ello, siendo que llevaba varias horas roncando a su lado.

Visto que no iba a sacar nada productivo de quedarse ahí dándole vueltas a todo lo que acababa de pasar, había ido a por el pergamino que Tobi le entregó. El sharingan era un buen tema por el que empezar.

La letra con la que todo estaba escrito era hermosa y él podía notar que se trataba de una caligrafía de otra época. Entonces recordaba que Madara Uchiha había escrito eso, y la culpabilidad lo invadía. Siempre le pasaba cuando apreciaba algo sobre un Uchiha que no fuera Tobi. Al vejestorio no le hubiera gustado saber lo que habían hecho sobre su propia estatua, en cierto modo, ya estaban en paz. Deidara aceptaría que la caligrafía de Madara era hermosa. Sin remordimientos.

El pergamino a veces era demasiado técnico para su gusto. Por supuesto, Deidara tenía conocimientos de anatomía. Todos los shinobi los tenían para así saber a dónde apuntar para matar empleando el mínimo esfuerzo. Pero no eran tan extensos. Se preguntó hasta donde llegaba la especialización en tiempos antiguos sin una aldea en la que unificar a los clanes. Quizá uno tenía que ser su propio experto en curación, en rastreo, en reconocimiento y en espionaje. En un entorno tan competitivo y hostil, uno podía caer de la noche a la mañana, sólo los más fuertes se imponían y Madara no era un ninja legendario por nada.

Por lo que podía entender, los ojos rojos no eran más que la manifestación del Sharingan. En realidad, el fenómeno era mucho más profundo, afectando sobre todo a las conexiones cerebrales más que al ojo en sí. Madara incluía una anécdota en la que contaba que las primeras veces que lo activó, la cantidad de información que obtenía a través del sentido de la vista era tanta que le era difícil procesarla toda y acababa desbordado y mareado. Contaba que era consciente de todas y cada una de las piedras del suelo y sus diferencias, que en lugar de un árbol como un solo objeto, veía un conjunto de hojas cada una con sus diferencias entre sí, así como las de las hormigas que subían por el tronco. Era una forma muy diferente de ver el mundo, y una muy diferente de luchar con él activado. El relato tenía cierta calidad lírica, como si lo que hubiese pretendido hacer no era sólo dejar esa información guardada ahí, sino hacerlo de forma bella. O tal vez era el lenguaje anticuado.

Deidara desenrolló un poco más de la parte inferior del pergamino a la vez que enrollaba la superior proporcionalmente. Madara relataba cómo detalles que pasaban desapercibidos a sus ojos en estado normal, eran captados por su atención realzada y casi simultaneamente elaboraba una estrategia. Con la práctica, uno aprendía a identificar las señales y contraatacar elaborando predicciones. Y no sólo eso. Al llegar a la parte donde explicaba en profundidad el proceso de copiar técnicas memorizando los sellos y la cantidad de chakra impreso en ellos, Deidara ya se estaba empezando a molestar. Desenrolló más y más papel, saltándose textos y dibujos. Una idea no lo dejaba en paz. Si el Sharingan podía ver el chakra... ¿Significaba eso que Itachi podría ver el flujo de bombas microscópicas de su C4 flotando en el aire?

Bueno, aunque pudiera verlo no era como si pudiese contrarrestarlo. Aunque por otro lado, Itachi no sólo tenía el poder del sharingan, gracias a aquellos ojos habría coleccionado a lo largo de los años un sin fin de técnicas. Cuanto más pensaba Deidara en el tema peor le caía el tipo y en lugar de apreciar más el Sharingan, lo detestaba. No era de extrañar que su propio maestro hubiera perdido contra Madara. Uno se pasaba la vida creando y perfeccionando técnicas para que viniera un iluminado con un ojo que no se ganó y se las copie. Y aún no había llegado ni a la mitad del pergamino.

Ser otra vez consciente de esos datos no lo desanimó. Podía hacerlo. Podía hacer que el Sharingan se postrase a sus pies. Madara no era invencible. Fue Hashirama Senju quien le venció en aquella batalla, y si Hashirama pudo hacerlo, él también podía.

Sintió un cosquilleo en el codo. Deidara apartó la vista del pergamino y vio que los dedos de Tobi acariciaban la piel de su brazo, recorriendo arriba y abajo la parte cosida.

—¿Ya te despertaste y quieres mimos, hm? —dijo.

Tobi fingió no escucharlo y prosiguió con la tarea que por momentos se le figuraba demasiado distrayente. Siguió con su lectura, dándole la espalda para concentrarse mejor, pero no pasó mucho tiempo hasta que Tobi le arrancó el pergamino de las manos, lo lanzó lejos y le dio la vuelta para acomodarlo sobre su pecho, donde lo dejó atrapado en un abrazo.

—¿No era que me diste el pergamino para que lo estudiase? —preguntó.

—Préstame atención —exigió, fingiendo estar dolido por su indiferencia.

Deidara tenía el mal presentimiento de que se estaban tomando la situación con demasiada despreocupación, o tal vez eran imaginaciones suyas. Pero tampoco podía decirle que no a momentos así, porque siempre tenía en la cabeza la misma idea, de la cual ya se estaba empezando a cansar de que tal vez irían a ser escasos en el futuro.

Tomó su mano derecha con la izquierda, acariciando la palma con su pulgar mientras la lengua hacía de las suyas. A veces le gustaría que se quedasen quietas un rato, pero Tobi no parecía que fuera a protestar.

—Después de la reunión, por fin podremos ir a buscar pistas sobre el paradero de Zetsu —dijo Tobi.

Ese era el día en que Pein-sama había decidido anunciar la traición del espía de la organización a los demás. Según él, se había asegurado que la misión de darle caza recayera en ellos. Nadie más lo conocía tanto como él después de todo. Así, a la vez que eliminaban al mayor interesado en que el plan siguiera adelante, podrían seguir sirviéndose de la organización un poco más. Lo que menos necesitaban era tener a Pein de enemigo, Tobi decía conocer su punto débil, pero poder llegar hasta él era un gran riesgo. Tanto Pein como Konan eran personas muy precavidas.

El día que Tobi le contó sobre las propiedades del Rinnegan, Deidara a penas podía creerlo. Seis cuerpos con poderes casi divinos. Debía necesitar una enorme cantidad de chakra el mantenerlos. Podía comprender entonces cómo el infeliz se creía invencible. Alguien que no supiera su secreto de antemano, alguien que no tuviera ni idea de que los cuerpos actuaban como una sola mente. Cuando se hubieran dado cuenta de eso, ya estarían muertos.

—Eso si el anuncio no causa un escándalo, hm.

La traición de Zetsu no iba a ser bien recibida, al fin y al cabo, era el miembro más leal de la organización. No había nadie en Akatsuki que opinase lo contrario. No era un luchador, pero su trabajo era incluso más importante, pues no se conseguían espías tan buenos y sigilosos con facilidad.

—No es asunto nuestro —comentó, acariciando con lentitud su espalda de arriba a abajo, Deidara podría quedarse así todo el día—. De hecho, cuanto más debilite a Akatsuki, mejor. La falta de unidad sólo lleva al fracaso.

Y para ser libres al fin necesitaban que fracase. Deidara a veces se preguntaba qué le esperaba después de Akatsuki. No tenía problema ninguno en volver a su vida anterior como mercenario, después de todo, siempre fue su plan vivir de su arte, vender sus creaciones para que otros se valiesen de su poder destructivo en sus conflictos. Él ya era mundialmente conocido, no le faltarían encargos y podría seleccionar los que más le interesasen. Lo que no sabía era lo que tenía Tobi en mente. Ambos habían comprendido a edades tempranas que el mundo era un lugar cruel y violento, pero mientras Deidara se había adaptado a ello y había encontrado su lugar en el mercado armamentístico, Tobi se pasó más de la mitad de su vida siguiendo un plan para cambiar el sistema que erradicase dicha crueldad y violencia. No podía evitar preguntarse a veces qué era lo que esperaba de él, si tal y como él decía había por fin aceptado la realidad tal y como es o una parte de él seguía esperando un final feliz demasiado idealista.

Algún día sacaría el tema. Prefería tener fe en Tobi, pensar que había madurado y aceptado que la realidad era así, y estuviera dispuesto a aceptar tanto las cosas buenas, como aquel momento que estaban compartiendo, como las malas. Lo que ya no tenía tan claro era si Tobi pensaba seguir con aquel estilo de vida, o si podría soportar que Deidara siguiese tan ligado a la destrucción y la violencia.

Era en el fondo, una buena persona, una que se fue por un mal camino pero buena al fin y al cabo. Mejor persona que él, desde luego. Deidara no quería tener que preocuparse por eso todavía, no mientras Zetsu estuviera vivo. Y tampoco quería que Tobi comenzase a preocuparse también si es que no lo estaba haciendo ya.

—Deberíamos hacer esto más a menudo —lo oyó decir, estando sobre él, sintió su pecho vibrar con cada palabra.

—¿Más a menudo que todas las mañanas? ¿Cómo de a menudo es eso?

Tobi lo apretó aún más en el abrazo. Le gustaba cuando lo hacía. Era lo que necesitaba para dejar a un lado todas las preguntas de su cabeza.

—Mmmhh... Como a todas horas.

—Bueno, de momento podemos quedarnos un rato más así. Voy a necesitar estar en mi mejor momento para aguantar a Hidan más de cinco minutos.

Hacía mucho que no estaban todos reunidos. El Zombi Combi llevaba fuera más de un mes, a penas llegaron de vuelta el día anterior y ninguno de los dos estaba de buen humor por la orden de retirada del País del Fuego.

—No te preocupes, senpai. Yo te salvaré de Hidan.

—¡Tu seguro me darás más dolores de cabeza aún, hm! —protestó Deidara, sabiendo que su compañero iba a tener que volver a su acto de siempre delante de los otros.

Tobi rió.

—Puede que tengas razón, pero delante de ellos debo ser Tobi —contestó haciéndole a Deidara cosquillas en el costado, él se retorció ante la molesta sensación, pero Tobi lo tenía bien agarrado para no dejarlo ir—. Vamos senpai, será como al principio.

—Tú eras el único de los dos que lo encontraba divertido.

—¿Es cierto eso? —preguntó Tobi, fingiendo estar dolido, entonces se dio la vuelta dejando a Deidara sobre el futón—. Pero Tobi quiere taaanto a su senpai, seguro que él lo perdona.

Deidara nunca llegó a protestar a esa afirmación, pues Tobi lo calló con un beso. El cálido roce de sus labios hizo que se le olvidara todo lo que pensaba decir. Se abrazó a sus hombros para prolongarlo unos segundos más.

—De acuerdo. Pero no tienes por qué llevar tu acto hasta lo insoportable, hm.

—Tal vez, tal vez no. Lo verás luego —respondió con otro pequeño beso en la comisura de los labios.

Tobi se recostó sobre su pecho. Eso es, si conseguían salir del futón. El eterno problema. Pero tenían tiempo, al menos para emplearlo quedándose ahí un rato más, abrazados, en silencio. Deidara ni siquiera tenía ganas de darle vueltas a la información del pergamino. Era verdad que podría ser que los momentos así se convirtieran en un lujo en el futuro. Sintió los dedos de Tobi en la costura que mantenía sellada su técnica C0. El roce era muy suave, como si no quisiera apretar demasiado.

—No lo uses nunca.

A Deidara no le sentaban muy bien las prohibiciones tan contundentes, pero no podía pasar por alto el significado tras la frase. Había sonado menos como una orden y más como una súplica. Él hace mucho decidió que ese sería su gran final, causando un gran destrozo, maravillando a los privilegiados testigos con el espectáculo más bello que irían a presenciar en sus vidas, desapareciendo tras haber mostrado todo lo que tenía para dar. Después Tobi entró en su vida. Algo en su interior se revolvía de forma desagradable cada vez que pensaba en cambiar o desechar sus objetivos, pero estaba pasando. Podía sentir que estaba cambiando, y los cambios tampoco le sentaban bien a Deidara. Quizá, con Tobi ahí como su punto de apoyo, la metamorfosis fuera más fácil.

—Me he enamorado de un Uchiha. Todo es posible a partir de ahí —dijo, peinando con los dedos mechones azabache.

—¿Se puede quitar?

—Los pactos con un seirei no se pueden deshacer. Moriría igualmente, hm. Ese elemental explosivo sigue ahí, me da poder y a cambio yo aceptaba que viviera en mí. Tendrás que confiar en que no lo voy a usar mientras lo llevo el resto de mi vida.

A una parte de él aún le parecía un desperdicio inconcebible. Se preguntó cuanto tiempo tardaría en acostumbrarse a esa idea. Ese nuevo enfoque de su vida entera. Podría vivir un tiempo en ese molesto estado de transición, mientras la parte de él que seguía apegada al camino fijo que previamente se había trazado se adaptaba a los cambios.

La hora de la reunión se acercaba y ambos salieron del futón de mala gana para vestirse y prepararse. Deidara necesitó un poco más de tiempo que Tobi, quien acabó con rapidez y se apoyó en el marco de la puerta del baño que ambos compartían a ver cómo se desenredaba el cabello, se lavaba la cara y se cepillaba los dientes. No le importaba ser adorado hasta ese punto, ni era de lejos lo más extraño que Tobi había hecho.

—¿En qué estás pensando? —preguntó Deidara, curioso por saber lo que se le pasaba por la cabeza mientras lo miraba tan fijamente.

Tobi negó.

—En nada. Sólo te miro, Deidara-senpai.

Rehizo su peinado con una sonrisa.

—¿Por qué, hm?

—Cuanto más lo hago, más seguro estoy de que voy a deshacer este lío.

—Más te vale —contestó, sin demasiada dureza en su voz.

Hora de irse a reunirse con los demás. Frente a la puerta, Obito apartó en flequillo de Deidara para besar su frente antes de ajustarse la máscara en la cara. En ese último segundo al descubierto, alcanzó a ver su ceño fruncido, tal vez por la angustia.

—Hey, no seas bobo, hm. Podemos con esto, que no se te olvide tan pronto lo que has dicho antes —le recordó apretando su antebrazo cubierto por la manga de la túnica.

—Jamás se me podría olvidar eso.

Habiendo dejado ese punto claro, abrió la puerta, volviéndola a cerrar cuando ambos habían salido. No pasaron ni cinco segundos cuando Tobi lo había agarrado de la mano, dedos al descubierto entrelazados con aquellos cubiertos por el guante negro. Ambos ya habían dejado claro que nadie podía sospechar lo unidos que estaban. Él había puesto la regla y era el primero en romperla.

—Tobi —lo advirtió, soltándose y comenzando a caminar por el pasillo.

Oyó una risita familiar detrás de él. Tobi lo alcanzó enseguida dando grandes pasos.

—¡Sólo un ratito, senpai, por favor! —exclamó, con aquella voz aguda que ahora oía cada vez menos.

Estaba de vuelta. Deidara le dio un codazo y caminó más rápido antes de que se le ocurriera alguna tontería más. Corrían el riesgo de ser vistos si Tobi seguía así. Todo el camino hacia la sala de las reuniones lo pasó soltándose de su mano cada vez más exasperado y cuando pasaron al lugar acordado, todos los demás estaban ya ahí. No iban tarde, simplemente eran los últimos. Sus pasos resonaban en el suelo ajedrezado mientras caminaba al hueco en el círculo central que los otros integrantes de Akatsuki le habían dejado.

—¡Vaaamos, senpai! ¡Qué cruel!

El corazón le dio un vuelco cuando Tobi le agarró por enésima vez la mano, ahí delante de todos. Nervioso, Deidara se soltó. ¿Era estúpido o qué? Ahí estaba intentándolo otra vez.

—¡No me toques, hm!

Oyó la grave risa de Kisame a su izquierda. A su derecha Hidan fingía aguantarse una carcajada, pero haciendo mucho más ruido en el proceso que si la hubiese dejado fluír con normalidad. Perfecto.

—No seas malo Deidara, dale la mano al pobre Tobi —se burló Kisame.

—¡Cállate!

Estaba de mal humor, aunque por suerte, los otros sólo veían las idioteces típicas de él.

—Tobi está tan triste... —lloriqueó.

Antes de que pudiera intentar agarrarlo otra vez, Deidara se cruzó de brazos.

No sabía si le gustaba o no aquel cuarto tan cargado de simbología. Era una sala de planta rectangular con una gran lámpara de araña arriba de ellos. En el lado de la pared más angosto, opuesto a la puerta, había pintada una gran nube roja con un ojo en el centro que irradiaba rayos amarillos. Una tabla de madera estaba junto a la nube, en ella, los nombres de todos los miembros de Akatsuki que habían pertenecido a la organización estaban grabados. La mayoría estaban ya tachados. Otro lado de la pared estaba lleno de fotos de miembros desertores tachadas con pintura roja, entre ellos estaba Orochimaru recientemente eliminado por el hermano de Itachi. Luego estaba ese extraño altar lleno de objetos. Una vela, una balanza, una rara estructura cónica sin utilidad aparente, una bola del mundo... No es que fuera mucho por allí pero siempre se quedaba observando aquel altar.

—¿Cuándo va a venir Pein-sama? —dijo Kakuzu—. Espero que habernos hecho volvernos de la Tierra de Fuego valga la pena. La caza por aquel lugar siempre es buena.

—Su holograma debe estar por manifestarse —respondió Itachi.

Deidara siempre evitaba mirar en su dirección. Odiaba hacer contacto visual con él.

El chirrido de una puerta en una esquina de la sala hizo que todos volvieran la cabeza.

—Soy yo quien viene en su nombre —dijo la recién llegada.

Hacía mucho tiempo que Deidara no veía a Konan. Pein-sama solía llamarla emisaria de su mensaje. Era de lejos la integrante de Akatsuki que menos se dejaba ver. Ni siquiera él sabía lo fuerte que era, debía preguntarle a Tobi.

—¿A qué se debe el cambio en el protocolo? —preguntó Kisame.

—Es un tema demasiado serio como para ser anunciado via holograma —dijo. No se acercó al círculo inmediatamente, sino que sacó un kunai de su manga y borró el nombre de Zetsu del tablón de madera—. Va a haber algunos cambios aquí a partir de ahora.

Todos la observaban sacar un papel enrollado del interior de su túnica y pegarlo en el muro. Tras dejarlo pegado, trazó una equis sobre el Zetsu blanco, que en la foto estaba separado de su otra mitad. Deidara tenía curiosidad por saber las opiniones de los demás.

Varios presentes miraron a su alrededor, como bucando al hombre planta. Nadie lo había extrañado en la reunión, siendo como era un espía y no un cazador de jinchuuriki como los demás. La mayoría de las veces, sus misiones iban a parte.

—Me temo que sí, Zetsu nos ha traicionado —anunció, el desconcierto no se hizo de esperar. Deidara podía entender que él era el último integrante del que esperaban una traición.

—¡Eso es imposible! —bramó Kakuzu—. Zetsu era más leal a Akatsuki que todos nosotros puestos en fila. Era el único que estaba aquí sin cobrar ni un solo ryo por el trabajo que hacía. Y en cada una de sus tareas, ponía un empeño que ya me hubiera gustado ver en Hidan. E incluso con la cuarta parte me habría conformado.

Hidan miró a su compañero con expresión ofendida.

—¡Cómeme las bolas, viejo de mierda! ¡Eres tú el que siempre se va por ahí a cazar recompensas antes de hacer la misión! ¡Ojalá te salgan unas almorranas tan gordas que no te puedas sentar en un año!

Vio a Konan mirarlo de reojo, poniendo mala cara.

—Zetsu tenía su propia agenda —prosiguió, ignorando al jashinista—. Según hemos averiguado planeaba arrebatarnos a todos los biju una vez los hubiéramos reunido para quedárselos. Como saben, Akatsuki tiene un sueño, y para que dicho sueño se realice las nueve bestias deben estar en nuestras manos. Las naciones grandes aprovechan su poder para comenzar guerras y expoliar los recursos, con el objetivo de hacer prosperar su propio territorio. Como consecuencia de esto, la calidad de vida y la riqueza de las naciones pequeñas, indefensas ante estos gigantes decrece, haciendo sufrir a miles de personas. Akatsuki era originalmente una organización diplomática, pero la experiencia nos ha enseñado que los responsables detrás de los grandes conflictos mundiales sólo entienden un lenguaje y ese lenguaje es el de las armas. Combatir fuego con fuego es nuestra única opción.

Se hizo otro silencio en el cual, los otros parecían estar asimilando la nueva información. Deidara se preguntó, tras oír a Konan, cuanto del plan real sabía ella y Pein-sama.

—¿Cómo salió eso a la luz? —preguntó Kakuzu con recelo.

—Eso mejor que lo explique Tobi —contestó Konan.

Deidara se tensó, preguntándose si esa parte estaba pactada o sólo era una forma más de estudiar la reacción de Tobi. Él se había convertido ahora en el blanco de todas las atenciones, la confusión parecía ir en aumento.

—¿Huh? ¡Oh...! Bueno... —dijo riendo a la vez que mostraba un lenguaje corporal inseguro y nervioso, qué bien se le daba hacer el idiota, Deidara no sabía si enorgullecerse o avergonzarse—. Tobi tiene pánico escénico. Hmmm... Tobi pasó muuucho tiempo con Zetsu, y él siempre mencionaba la leyenda de la bestia de diez colas y de lo poderoso que sería. Tobi es muy listo y averiguó que Zetsu estaba ideando un plan para hacerse con la estatua. ¡Deidara-senpai y yo lo desenmascaramos!

—¿Diez colas? Por lo que sé no es más que una leyenda —intervino Kisame.

—Exacto. Este asunto me huele raro —agregó Kakuzu.

—No es una leyenda, el diez colas es real —lo contradijo Hidan—. Quien consiga fusionar a todos los biju obtendrá el chakra original del Gran Jubokko y el mundo acabará, está profetizado. Yo siempre pensé que eso es lo que quería Akatsuki. A la mierda el mundo. A la mierda las guerras.

—¡Deja de creerte todas las sandeces que lees en libros escritos por ignorantes hace miles de años y piensa por ti mismo! ¡El Gran Jubokko también es una leyenda! —exclamó Kakuzu.

—¡No lo es!

—¡Sí lo es!

—¡No lo es!

—¡Sí lo es!

—¡No lo es!

—¡Basta! —gritó Konan, viendo que la situación iba camino de prolongarse por varios minutos. Así era como solían discutir Hidan y Kakuzu.

—¡Y tú cállate, estoy iluminando a este imbécil! —gritó Hidan.

Pequeñas hojas de papel comenzaron a desprenderse del cuerpo de Konan, uniéndose para formar una larga y puntiaguda lanza que después arrojó contra Hidan, atravesando su estómago y sobresaliendo por su espalda. El jashinista cayó de espaldas al suelo y ninguno de los presentes se atrevió a hacer comentarios. Matarlo siempre hacía que se callase un rato.

—No sólo Zetsu conspiró contra Akatsuki, también atacó a Deidara en un intento por pillarlo con la guardia baja tras darse cuenta que él y Tobi conocían su objetivo. Otra falta grave según en reglamento de la organización.

—Ah, así que de ahí viene todo —contestó Kakuzu—. ¿Y cómo sabemos que no es Deidara quien miente? Con esa actitud suya bien podría haber hecho que a Zetsu se le acabase la paciencia, lo atacase y haberse inventado eso para no meterse en líos. No voy a creerme nada así viniendo de él y sin pruebas.

Un intenso brote de intención homicida se pudo sentir en la sala.

—¿¡Crees que estoy mintiendo!? ¡Te voy a...! —pero antes de que pudiera ir demasiado lejos, Tobi lo sujetó, pasando los brazos bajo sus axilas para aprisionarlo—. ¡Me atacó por la espalda! ¡Casi acabo muerto, hm!

—¡Senpai, cálmate, enojarse tanto provoca vejez prematura!

Kakuzu sacudió la cabeza.

—¿Ven a lo que me refiero? No me creeré nada de lo que diga sin pruebas.

—No está mintiendo.

La atención de todos cambió a Itachi, que abría la boca por primera vez desde que Konan llegó. Deidara lo observó sin poder creerlo, no necesitaba que él lo defendiera y no pensaba darle las gracias. El Uchiha lo miró, o más bien, a través de él. Como si estuviera enfocando la mirada en algún punto muy lejos en la distancia, comprobando que era cierto lo que Tobi le había dicho. Si Itachi no estaba ciego ya, poco le faltaría.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó el tesorero de Akatsuki.

—Itachi es bueno encontrando matices sutiles en el tono de voz de la gente —explicó Kisame—. Si él dice que Deidara no miente, yo le creo.

—Eso no es necesario -dijo Konan-. Tenemos pruebas de que el ataque a Deidara fue premeditado y con la guardia baja. Zetsu no tiene excusa válida para una acción tan grave.

-Zetsu un traidor... -murmuró Kakuzu, como si por primera vez se lo estuviese planteando-. Eso cambia muchas cosas.

Tirado en el suelo, Hidan tosió, escupiendo sangre.

-Mmm... esto es divino. Creo que me he enamorado -caminando hacia él, Konan tomó la lanza y la removió aún clavada en la herida-. ¡Agh! ¡Así, así es como me gusta! Hazlo otra vez, Konan-chan.

Konan retiró la lanza y esta se deshizo, los papeles cayendo al suelo, algunos empapados de sangre.

-De todos modos, el objetivo de esta reunión es hacerles saber el cambio de planes. Utakata, un jinchuuriki ermitaño exiliado de Kirigakure es nuestro siguiente objetivo, Kisame e Itachi, búsquenlo y tráiganlo -dijo, sacando un pergamino de su túnica y entregándoselo a Kisame-. Ahí está todo lo que necesitan saber sobre él. Yo asumiré las tareas de espionaje de Zestu. No será fácil, porque él era indetectable, pero no nos queda otra. Deidara y Tobi, busquen al Zetsu negro y mátenlo. Hidan y Kakuzu, permanezcan a la espera de órdenes al respecto del jinchuuriki en posesión de Kumogakure, pero no se vayan demasiado lejos. Pronto tendremos que sellar dos bestias más. El esfuerzo y chakra empleado será considerable, ténganlo en cuenta. Si no hay preguntas, eso es todo por ahora.

Deshaciéndose en papeles, Konan se fue de la sala tras asegurarse de que ninguno de los presentes quería hablar. Tal y como Tobi le dijo, la misión de matar a Zetsu había recaído en ellos. Ahora solo faltaba encontrarlo.

-Vámonos, Tobi.

Lo agarró de la manga y lo arrastró rumbo a la puerta de salida, pero un grito de Hidan hizo que Deidara se detuviese y se girase a mirar.

-¿¡Qué estás haciendo!? -exclamó, al ver que Kakuzu se había quitado la túnica de Akatsuki.

-Si Zetsu está lleno de mierda, quién sabe cómo estarán los otros, y qué quieren hacer con nosotros. Ya no confío en esta organización.

-No nos des más trabajo. No nos hagas tener que buscarte y matarte a ti también -dijo Kisame.

Quitándose el anillo, lo tiró al suelo junto a la ropa. Deidara no iba a intentar detenerlo si lo que quería era largarse. No lo culpaba.

-Prefiero saber a quién me enfrento. Yo sólo sé que incluso Tobi podría estar jugándomela. Incluso muy probablemente sea el que más lleno de mierda esté de todos nosotros.

Tobi soltó un grito ahogado, zarandeando a Deidara como un poseso.

-¿Oíste eso, senpai? ¡Ve a explicarle a Kakuzu con tus bombas que Tobi es un buen chico!

-Je -respondió Kakuzu-. Eso explicaría por qué estás aquí a pesar de ser, en teoría, un bueno para nada. Pero no es asunto mío ya. Date prisa, Hidan.

-¿Q-qué? -dijo él señalándose a sí mismo-. ¿Yo también me voy?

-¿No dijiste que ese diez colas en el que crees iba a destruir el mundo? ¿Quieres quedarte en una organización que quiere invocarlo?

Hidan rodó los ojos.

-Ya te dije que está profetizado. ¡No se puede luchar contra el destino!

Kakuzu estaba ya en el umbral de la puerta.

-No pienso esperarte -agregó antes de desaparecer.

El aludido aún no reaccionó, parpadeó inmóvil unos segundos más, hasta que pareció darse cuenta que su compañero se había ido de verdad. El jashinista se encogió de hombros, rasgó lo que quedaba de túnica y lo tiró al suelo, quedando semi desnudo. Tras poner el anillo junto al de Kakuzu, se fue.

-¡Hasta nunca, perras!

Fue lo último que le oyeron decir cuando estaba ya afuera. Deidara no iba a ir tras ellos a intentar detenerlos, por muy molesto que le resultase que ellos puedan irse y él no. Incluso cuando fue el mismo Kakuzu una vez al que enviaron junto a Sasori para capturarlo la segunda vez que huyó. Deidara aún le llevaba eso en cuenta, aquel día no tenía casi arcilla, y contra un oponente con décadas de experiencia poco pudo hacer. Odiaba recordar aún como lo trajeron de vuelta, atado y metido en una doncella de hierro. No. Deidara no iba a extrañarlo, ni a Hidan tampoco. Kisame e Itachi tampoco se movieron del sitio.

-Como sea -dijo Deidara-. Vayamos a planear nuestra misión, hm.

-No puedo creer que no hayas sido el primero en abandonarnos -dijo Kisame a sus espaldas-. Hubiera esperado verte por ahí saltando de alegría mientras vas a tirarle una bomba al cuartel general antes de irte como siempre amenazaste con hacer.

A Deidara le pareció notar un tinte de suspicacia en aquellas palabras. Era cierto. Si quisiera su tan ansiada libertad, ese era el momento propicio, nadie lo perseguiría, ni lo encerraría. Para ellos, de acuerdo al concepto que tenían de él, eso era lo lógico. Pero las circunstancias para él habían cambiado. Ahora tenía a Tobi, y debía ayudarlo a salir de ese lío en el que se había metido. Juntos iban a acabar con Akatsuki, la libertad vendría después por sí sola.

-Por desgracia no puedo quedarme a conversar -respondió, reanudando su marcha-. Debo comenzar a planear mi próxima obra de inmediato ahora que estoy inspirado.

-¡Debemos, Deidara-senpai, debemos! Mi trabajo limpiando tus utensilios, abanicándote y trayéndote comida también cuenta.

Nada más salir de la sala, Tobi tomó su mano. El entorno comenzó a replegarse de esa forma que ya le resultaba tan familiar. A Deidara ya había dejado de marearle esa sensación centrífuga. Al segundo siguiente, estaban de vuelta en el apartamento de ambos. Rodeándolo con sus brazos, Tobi lo atrajo a su cuerpo.

-Eso salió mucho mejor de lo que esperaba -dijo-. Sabía que nos iban a dar esa misión, pero que Kakuzu y Hidan decidieran desertar, eso jamás lo esperé.

Cada vez eran menos, y aunque aquello era definitivamente algo bueno, Deidara no podía evitar inquietarse. Tenía un mal presentimiento.

-¿Tienes alguna idea de a dónde ha podido irse Zetsu, hm?

-Sé por donde empezar. El lugar donde Madara me llevó cuando me rescataron. Hoy lo revisaremos a fondo, averiguaremos si ha vuelto ahí. Dudo que se deje ver tan fácil, debe saber que lo estamos buscando y que ese será el primer lugar a donde vayamos a mirar. Pero con un poco de suerte habrá dejado pistas, algo que nos diga donde puede estar.

-Hoy me quedaré en el taller, hm. Necesito trabajar en algo -dijo, intentando evitar cuanto le fuera posible una nueva visita a aquel lugar espeluznante.

-No me hace gracia dejarte aquí solo -contestó Tobi-. Pero sé que puedes defenderte por ti mismo de tener que hacerlo.

-No va a pasar nada. Zetsu está solo y sabe que de atreverse a venir se arriesga a mucho.

Levantando la máscara hasta lo alto de su cabeza, Tobi apartó su flequillo para darle un beso en la frente.

-Está bien, conozco el sitio como la palma de mi mano, sólo yo sabré captar las señales de todos modos. Sé que no te gusta, así que no tienes por qué ir si no quieres.

Deidara asintió.

-Ese árbol que crece ahí... ¿Es el Gran Jubokko del que hablaba Hidan?

-Sólo sus raíces, que proporcionan sustento a la estatua Gedo donde está sellado. Se supone que es un árbol divino, aunque después comprendí que su origen es en realidad demoníaco. Se nutre de la sangre derramada en los campos de batalla, por eso su poder aumenta en tiempos de guerra y puede florecer.

A veces, Deidara no podía creer que Tobi hubiera estado dispuesto a usar un poder tan oscuro y macabro para sus planes. Se arrepintió de haber preguntado.

-¡Cuando hayas inspeccionado todo volveremos ahí para destruír el lugar, hm! -dijo, alzando la voz-. No quiero que exista.

-Lo haremos -contestó sin rastro de duda-. Si eso es lo que quieres, volveremos ahí muy pronto y lo destruiremos juntos. Yo... Tampoco quiero que exista.

Asintió en respuesta, satisfecho con la idea de que le quedaba poco de vida a ese sitio. Obito tomó su mentón para darle un breve beso en los labios antes de separarse de él, bajar la máscara y activar el Mangekyo Sharingan.

-Trae algo de cenar cuando vuelvas. No tengo ganas de salir hoy.

-¡A la orden, Deidara-senpai! -contestó, usando la aguda voz de Tobi antes de desaparecer.

Como siempre hacía cuando iba a crear su siguiente obra, Deidara se quitó la túnica y salió a la cocina a buscar su almuerzo. Uno se motivaba mejor con el estómago lleno.


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Sentado junto a la mesa en su propio apartamento, Itachi no paraba de darle vueltas a las cosas, su cerebro trabajando a mil por hora. Nunca confió en Zetsu, por su puesto, menos aún en Madara. Y ellos dos siempre fueron juntos. Itachi sabía que fuera lo que fuera que estuvieran tramando, estaban aliados en ello. Itachi también sabía que Madara estaba al corriente de su condición de agente doble y de la verdad, pues él estaba allí aquella noche. Siempre pensó que el día menos pensado se desharía de él, después de todo, los espías son seres indeseables y molestos, pero eso nunca ocurrió e incluso el día en que Orochimaru lo atacó para robar su cuerpo, él apareció después de meses sin dar señales de vida interesándose en las circunstancias y en su integridad física. Fue ahí cuando Itachi comprendió la razón: lo necesitaba vivo. Ninguna otra hipótesis tenía sentido.

O mejor dicho aún, necesitaba sus ojos pero no en ese momento. Madara estaba acechando como un depredador, esperando a que él se batiera contra Sasuke. Aprovechar que había cumplido el objetivo para el que llevaba preparándose toda la vida de enfrentarse a él, vencerlo y matarlo para vengar al clan. Sabía que Sasuke había estado obsesivamente centrado en dicha venganza. No daba un paso si eso no lo dejaba más cerca de su objetivo, se había dejado convencer por un ser indeseable sólo para ganar más poder, había cortado lazos, abandonado a sus amigos y su aldea porque de esa manera su progreso sería más rápido. No tenía miedo de hacer cualquiera que fuera el sacrificio para ser él quien le diera el golpe de gracia.

Cuando por fin lo matase, Sasuke se sentiría vacío al haber completado su propósito y sentirse con todo el resto de su vida por delante. En su momento más vulnerable para caer en las garras de Madara para manipularlo, utilizarlo y darle sus ojos. Lo único que le hacía arrepentirse a Itachi de la decisión que tomó el mismo día en que le perdonó la vida, era no poder hacer demasiado por protegerlo una vez él no estuviera en el mundo. Podía tomar medidas, de hecho, pensaba tomarlas, pero si Madara conseguía sortear sus precauciones, entonces Sasuke quedaría vulnerable ante un shinobi más astuto, experimentado y poderoso que él.

Eso fue lo que siempre pensó. Pero ahora Itachi estaba desconcertado. Los acontecimientos no estaban siguiendo sus predicciones. Siempre pensó que tenía todos los datos, los más importantes al menos, suficiente para hacer simulaciones en su mente de los resultados más factibles y como abordarlos. Se supone que Zetsu y Madara estaban juntos en un oscuro plan.

Y ahora Zetsu estaba muerto, Zetsu blanco al menos. El negro sentenciado a morir, y era al tal Tobi al que le habían asignado la misión. ¿Qué estaba pasando?

¿Qué sentido tenía eso?

-¿Cuales son tus conclusiones? -la voz de Kisame provenía de algún lugar a su derecha.

Podía oír también el tintineo de un palillo chocando contra las paredes de un vaso de cristal. Lo cual indicaba que era hora de la medicina.

-No las hay. Algo ha pasado y no sé qué es -dijo, escogiendo muy bien sus palabras. Kisame no sabía que él sabía ciertas cosas, e Itachi estaba dispuesto a que eso continuase así.

Oyó el golpe del vaso al ser dejado en la mesa. Itachi deslizó la mano por la superficie de madera hasta dar con él y se lo llevó a los labios. Posiblemente esa infusión de hierbas y sustancias químicas era lo más amargo que jamás había probado nunca, aunque depués de años ya ni siquiera le daban arcadas.

-Hay incertidumbre. En el fondo, entiendo a Kakuzu, aunque me siga pareciendo un acto cobarde huír así -comentó Kisame.

-Kakuzu es alguien que prefiere pisar sobre seguro. En cuanto se ha dado cuenta que en Akatsuki camina sobre suelo agrietado, se ha ido sin tener en cuenta las consecuencias.

El vaso vacío aún en su mano ganó peso de nuevo, a la vez que oía cómo un líquido era vertido en él.

-Es agua. Bebe -él obedeció, agradecido por deshacerse de ese horrible sabor en su boca-. ¿Crees que Deidara tardará mucho en irse también?

La actitud de Deidara tampoco tenía sentido. Ya lo habían comentado a la vuelta de la reunión e Itachi se preguntaba si él no estaría también involucrado en la enigmática agenda de Madara, al fin y al cabo eran compañeros. Inmediatamente descartó la idea. Eso no iba con el perfil que tenía de Deidara en su mente, él era alguien mucho menos enrevesado. Era sencillo y transparente, e interesado tan solo en unas ideas sobre arte que nadie mas que él parecía apreciar. No lo veía envuelto en tales conspiraciones.

-Deidara no se irá de Akatsuki hasta hacerme volar en pedazos o bien tiene miedo a que Zetsu lo ataque otra vez.

Porque ese ataque, era lo más raro de todo.

Si había más razones que esa, Itachi no sabría decirlo con exactitud, aunque tampoco lo descartaba. No mientras le faltasen datos, pero los averiguaría, al menos lo suficiente para determinar si dichos cambios afectaban negativamente a Sasuke o no.

-Pero Deidara no es alguien a quien el miedo eche para atrás. Estoy seguro que él se hubiera ido de haber querido. Con miedo o sin él -comentó Kisame-. La razón debe ser otra.

Y rió gravemente mientras le llenaba de nuevo el vaso murmurando algo sobre si no habría nadie en el mundo que no lo quisiera muerto. Por desgracia, no podría concederle esa oportunidad de revancha. Su cuerpo no aguantaría una pelea intensa más y era su hermano quien debía matarlo, él y nadie más. Sólo así podría acercarse a él lo suficiente como para deshacerse de las huellas que la serpiente había dejado en él y otorgarle las protecciones antes de que su cuerpo sucumbiera a la fatiga extrema. A su favor, Itachi diría que nunca fue su intención dañar la dignidad de Deidara, pero era natural que un chico recién huído de su aldea y sin la protección del Tsuchikage tarde o temprano iba a darse de bruces con la realidad de forma impactante. No era el primero al que rompía, ni el que más le había dolido. De hecho, a esas alturas a Itachi había muy pocas cosas que le dolieran.

Ni siquiera haber dejado un legado tan sombrío en el mundo lo hacía ya.


Gracias por esperar esta nueva entrega. Tenía ya todo el capítulo planeado, lo único que tenía que hacer era abrir el documento y escribir. xD Sí, me gusta escribirlos abrazaditos en el futón. Perdón si los saco mucho así, es difícil de resistir. Este se siente tranquilo comparado con los otros. No peleas, no limón. xD

Veamos, los efectos del sharingan recién activado sentidos por Madara fueron inspirados en parte en las sensaciones de un viaje psicodélico. Creo que activar el sharingan podría ser así. Más agilidad entre conexiones cerebrales, más información, y una cantidad desbordante y que al principio cuesta procesar. Me gustaba que fuera un cambio principalmente cerebral, también visual, obvio, pero más secundario (retinas mejoradas). Los cambios más significativos van por dentro, y cuando se activa el Mangekyo, esos cambios afectan sobre todo al sistema de chakra, para poder combinarlo con ninjustu y otras cosas.

La enfermedad de Itachi nunca se dice cual es, pero varios fans que estudian o ejercen medicina lo han diagnosticado como poliangeitis microscópica, hay por ahí un artículo muy bueno con explicaciones y pruebas de los síntomas. Lo único que puede hacer Itachi para aguantar es inflarse a sustancias antiinflamatorias y analgésicos. Nunca escribí a Itachi, fue raro, pero me lo pasé bien. Lo necesito para un evento importante, así que decidí darle un pequeño fragmento. Con él ya van dos (Kakashi siendo el otro) que comparan a Dei con Sasuke. Es cierto que sus circunstancias son parecidas, y siempre me molestó que de la serie se desprendiera que uno merece redención y el otro morir porque hizo cosas feas. Solo que como en mi fic Deidara es el prota, aquí no habrá Sasuke vaca sagrada Uchiha.

Lybra, está comprobado que el obidei produce las mejores limonadas. :D Si uno está triste y de repente hay algo que le hace feliz, para mí es estúpido quedarse con lo triste. Creo que ni el mismo cuerpo aceptaría eso ya que estar triste o feliz no es cuestión de gustos. Si estar con Deidara consigue llenar ese vacío, creo que Obito se haría adicto a eso y no querría ya renunciar a él, no importa el precio. Para Zetsu fumigaremos un poco, para las malas hierbas xD ¿Habrá personajes que se den cuenta del fujosheo? Tal vez sí, algunos son muy listos xD Viva el cartel de Sakura Escobar.

Mochi, agradezco el comentario no importa que sea tardío ^^ ahhh esa escena me encantó, me partí de risa. xd Me hubiera gustado ver la escena completa y lo que decía. Es cierto lo que dices de Kakashi y su culpa, de momento él necesita eso porque lleva años atormentándose. Aunque Obito... es cierto que no lo imagino recibiéndolo bien, pero creo que mejor confirmar que quedarse con la duda, especialmente alguien que lleva años lidiando con depresión y estrés post traumático. Konoha iba a aparecer en este episodio, pero al final escribí demasiado y no cupo, pero ya en el siguiente saldrán novedades. También sobre Zetsu negro.

¡Gracias por leer y hasta el siguiente!