Disclaimer: Casi ninguno de los personajes nos pertenecen. Son de SM a excepción de Edwina, a la cual le hacemos la operación jarocha cada noche para nuestra satisfacción personal. Si la hurtas te saldrán granos en el culo. La historia si es nuestra.
Edwina Cullen
By
Chiliwilas
(Dulce & White)
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Summary: Iba a restarle importancia y decir que era sólo una compañera, sin embargo, la telaraña había llegado a un punto interesante. Una sonrisa maliciosa se plasmó en mi rostro y, dando la espalda a Charlie, respondí: — ¡Oh sí, papá! Edwina es mi mejor amiga.
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La tomé en brazos y, así, vestido de mujer, le di vueltas por toda la calle, disfrutando de su risa y dándole besos por toda la cara.
Sí, muy cursi y gay...pero todas las mujeres tenemos nuestro corazoncito. También Edwina tenía derecho a amar.
Con mucho miedo a volverme gay de verdad, la tomé de la mano y juntos nos dirigimos a su casa.
Juntas, Edwina y Bella...
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Las cosas comenzaron a ponerse extrañas, definitivamente algo pasaba con el cosmos y su perfecto equilibrio; por una parte estaba la visita de mi madre que ya había durado más de lo acostumbrado, la amaba, Dios en su infinito poder y conocimiento lo sabía, pero me era francamente imposible seguir viviendo bajo su mismo techo, mis padres tenían el libido de un par de adolescentes después de ver una porno.
Y una imaginación…
Si bien oficialmente estaban separados, aquello no suponía ningún problema a la hora de aparearse como conejos felices. Siendo sincera, aquello no era tan malo, no cuando hay otro tipo de preocupaciones, como la psicópata alternativa que suelo llamar mi amiga Alice, la ahora: depravada Brandon, acosándome con toda esa mierda de sexo libre y amor corporal.
Ni siquiera quería recordar aquello, me resultaba bastante traumático, y con mi madre tenía suficiente, sin embargo, las imágenes me abordaban casi en el acto.
Estábamos en el baño de chicas, sólo Alice y yo, cuando sus desquiciados ojos de gurú se enfocaron en mí a través del espejo.
—¿Pasa algo? —pregunté al notar que no dejaba de mirarme.
—¿Te depilas, Bella? —soltó de una vez, sin ninguna delicadeza, abrí y cerré la boca varias veces como un tonto pez sin saber muy bien cómo responder.
—Mhmm… ¿si? —respondí algo cohibida, lavando meticulosamente mis manos.
—¿Cómo? —insistió inclinándose hacía mí en el lavabo, hice una mueca de desagrado, definitivamente no era un tema común, pero Alice me lo preguntaba como si habláramos de manzanas.
—¿Por qué tantas preguntas? —intenté zafarme, pero su cara de perfecta paz no se borró, ni el interés en su mirada.
—Quiero tener sexo carnal y desenfrenado con Jasper, y me temo que su hombría puede quedar atrapada entre la jungla que cuida mi templo —explicó clara y eficazmente.
—¡Oh por Dios, Alice! ¡Tú no dijiste eso!
—Claro que sí —me contradijo sin inmutarse—, sé que Edward y tú aún no consuman, pero también sé que conoce a la perfección la hendidura que lleva a tu alma.
—¿Cómo puedes hacer que algo tan sucio suene al espíritu santo? —volví a intentar distraerla.
—Es un don —dijo junto a una inclinación de cabeza—. Ahora responde. ¿Cómo te depilas?
—Con cera ¿de acuerdo? —susurré, mientras mis mejillas se calentaban.
—Ajá —musito sacando una libretita de entre sus extrañas ropas—. ¿Te depilas todo el año o en invierno te dejas… ya sabes, el abrigo de invierno?
Gemí avergonzada al ver salir a una chica del cubículo detrás de mí, se lavó las manos rápidamente junto a mí y salió aguantando la risa.
—Alice… —murmuré sintiendo hasta mis orejas calientes.
—Es perfectamente normal, no te reprimas, responde —exigió.
—Todo el año, a Edward le gusta… ya sabes —sacudí mis manos al no poder alargar el trámite de lavar mis manos y con una risita nerviosa caminé para sacar algunas toallas de papel.
—Bien, bien —volvió a anotar algo y yo suspiré pensando que había acabado, después de todo era mi amiga, estaba bien, me repetía una y otra vez.
—Ahora, tengo un problema, leí que a algunos chicos les gustan las figuras, ya sabes, una línea o algo, ¿qué dices me lo sacó todo, o dejo algún diseño? —preguntó, dejándome congelada en mi lugar—. Una flor quizá, que represente mi capullo —pensó en voz alta.
Entonces se dio la vuelta y caminó sonriendo hasta salir del baño, donde yo tuve que quedarme algunos minutos tratando de olvidar las extrañas y horrorizantes imágenes mentales.
Era un hecho, yo estaba traumada, entre Alice y mi madre, regresé al presente al oír como Renée tarareaba alguna extraña canción, hasta que volvió a enfocarse en mí.
—Bella, Bella, Bella —canturreaba mi madre a mi alrededor soltando risitas tontas—. Qué linda tarde ¿no te parece?
Levanté mi mirada del destartalado libro entre mis manos, analicé mi alrededor, una tarde fría, gris y con grandes posibilidades de terminar en tormenta, estaba sola y posiblemente mi día terminaría de la misma forma, ya que Edward estaba enojado con Rosalie por haberlo obligado a vestir de Edwina en publico, Emmett estaba enojado con Edward por enojarse con Rosalie y yo estaba enojada con Emmett por no entender a Edward y ponerse del lado de Rosalie aunque es obvio que es una perra malvada.
En fin, la pandilla estaba momentáneamente dividida y por alguna razón que desconozco, yo había terminado sola en mi casa, tengo la levísima sospecha de que Edward estaba un poco enojado conmigo por todo este asunto de Edwina.
Volviendo a la mujer danzando a mi alrededor, más conocida como mi madre, quien odiaba la lluvia, la humedad y el frío y a pesar de ello, parecía perfectamente feliz.
Ugh… una loca feliz.
—¿Sí, mamá? —pregunté, cuando pasaron varios minutos, y mi santa madre no hacía más que pestañear como si tuviese una mugre en el ojo.
—Bella, Bella, Bella —volvió a canturrear, esta vez sentándose junto a mí en el sofá de la sala, tomando mi rostro con sus manos—, dime quién es la nena de mamá.
—Mamá… —me queje, tratando de soltarme de su agarre.
—Dímelo, Isabella —exigió esta vez pareciendo una loca madre molesta ugh… esa mirada de fiera hambrienta.
—¿Yo, mami? —susurré pronunciando como una pregunta sin querer, esa mujer daba miedo, de tantas formas distintas que a veces me preguntaba si habría heredado algo de ese gen malvado, sería de mucha utilidad.
Y otra vez desvariando…
—¡Claro que sí! —exclamó ella, otra vez feliz—. Así que, vas a hacerle un favor a tu queridísima madre ¿cierto?
Un escalofrío me recorrió la columna vertebral, y sin poder evitarlo recordé aquella vez cuando era niña y me tropecé con un enorme espejo, provocando que una reacción nefasta en cadena tirara unos veinte más, nunca fui buena en matemática y cálculo, pero esos eran definitivamente muchos años de mala fortuna.
—¿U…Un fa…favor? —tartamudeé débilmente—. Claro, todos los que quieras —farfullé enseguida al ver el brillo malvado en sus ojos.
Le temía a mi madre ¿y qué? La mujer daba miedo, de una forma extraña e incluso ridícula.
—¡Excelente! ¡Excelente! ¡Excelente! —volvió a canturrear, levantándose y haciendo alguna extraña danza de la victoria y la felicidad.
Me descubrí a mi misma mordiendo mi labio inferior nerviosa e impaciente, las cosas olían cada vez peor, y estaba segura que no era la cena, aunque podría ser, Renee estaba cocinando y la había visto hacer una mezcla con naranjas, huevos, pescado, aceitunas, harina, agua y mucha, mucha mostaza...
Arrugué la nariz al sentir una brisa que traía un peculiar aroma desde la cocina.
Sip, era la cena.
—Necesito que te quedes con tu amiguita Edwina este fin de semana.
Como si me hubiesen dado una patada en medio de la cara levanté la mirada y la clavé atónita en mi mamá.
—¿Con Edwina? —pregunté, pensando que había oído mal, con una jovial risilla y una vuelta sobre si misma mi madre respondió con un angelical: sí—. ¿Estás drogada? —inquirí con una mueca de pura y clara incredulidad—. Edwina vive con Edward y Emmett, papá no me va a dejar quedarme ahí.
Ella elevó su mirada al techo y negó con la cabeza, como si yo hubiese dicho una tontería.
—¿Por qué no? Edgar es gay y Emmett… bueno, sé que tiene novia, pero tiene ciertos gestos que, bueno ya sabes —comentó con intención volteando su mano de manera femenina— Mhmm, mm… —continuó
—No sé, mamá, eso no me parece suficiente para… —traté de explicar pero ella me interrumpió.
—Bueno, es eso, o quedarte a ver mi versión de Lady marmalade en mi nueva y costosa lencería francesa.
—¡Por Dios, mamá! ¡Contrólate! —pedí cerrando los ojos y cubriendo mis oídos, negándome a oír más de eso.
—No me hables así, Isabella —exigió deteniendo su extraña danza, para mirarme seriamente—. Recuerda quién tuvo que pujar durante catorce horas para que tu enorme cabeza saliera de entre mis piernas. Fue mi vagina la sufrió…
—Iugh, má —la interrumpí—. ¡Qué asco! —me quejé, dejándome caer en el sofá y cubriendo mi cabeza con un cojín como si aquello ayudase a borrar la terrible imagen mental.
—¿Qué? —preguntó muy calmada, descubrí uno de mis ojos y la miré aún oculta, vi cómo caminaba hasta una silla junto al sofá donde yo estaba, y en un fluido movimiento se cruzaba de piernas con mucha gracia— tenías una cabeza enorme, es verdad, el doctor pensó que había dado a luz a un balón de futbol —explicó gesticulando con sus manos y mirando el vacío en ellas como si hubiese algo impresionante ahí—. Fuiste la atracción del hospital por semanas, todos querían conocer a la niña con cabeza de pelota —terminó riendo de buen humor.
—¡No es cierto! —chillé irguiéndome en el sofá— ¡yo no tengo cabeza de pelota!
—Ya no, gracias a Dios —aclaró con una real mueca de preocupación— con el tiempo has ido componiendo el rostro cielo, pero de niña, eras bastante feita.
—¡Mamá! —me quejé, otra vez, lanzándole el cojín que tenía entre mis manos, lo esquivó con agilidad y siguió riendo—.¿ No es suficiente el exponerme a tus encuentros sexuales con mi progenitor, sino también vas a decir un montón de cosas humillantes de mi no agraciada infancia?
Ella hizo un gesto con la mano restándole importancia y se levantó de su lugar.
—Podrías causarme un serio trauma —expliqué mirando mal su espalda, ya que se estaba alejando hacía la cocina.
—¡Qué va! —Respondió ella sin inmutarse—. En primera instancia, el trauma lo recibí yo cuando un bebé cabezón salió de mí, y en segundo lugar, eres una adolescente, seguro mañana te sale un barro y se te olvida que viste a tu madre galopar hasta el cielo con tu padre en ese mismo sofá.
Mis ojos se abrieron de par en par de puro horror, mi garganta se secó y sentí que me moría de la vergüenza.
—¡Yo no vi eso, mamá! —grité debatiéndome entre el asco y la vergüenza.
—Ups… —oí muy bajo amortiguado por las paredes—. olvida entonces lo del traje de latex.
Con un casi agónico gemido de desesperación salté del sofá cayendo al suelo, sintiéndome más traumada que nunca, y sin poder quitar ciertas imágenes mentales que podrían hacerme entrar en coma vergüenzastico.
—¡Ya sabes! —gritó desde la cocina—. ¡La casa de Edwina, o el Moulin rouge!
…
Al día siguiente, tenía unas enormes ojeras, y estaba de pésimo humor, había tenido que caminar desde mi casa bajo la llovizna matinal, porque Edward no me había ido a recoger, además de que había tenido que soportar los chirridos de la cama de mi papá y los golpes en su cuarto toda la noche, como ya se había hecho costumbre, y definitivamente la conversación con mi madre la tarde anterior no había ayudado demasiado.
Vi a Edward junto a Jasper, al lado de sus casilleros, parecían estar discutiendo, torcí los labios, pensando que probablemente seguían peleados por la tonta broma de Rosalie. Mordí mi labio inferior dudando entre ir a saludar a mi novio o dejarlos discutir en paz, que era lo mejor.
¡Pero lo había extrañado mucho!
Hace días no pasábamos tiempo juntos; desde la tarde en el bus. Mis mejillas se calentaron en tiempo record al recordarlo, pero ¡¿qué rayos? Valió la pena, ese si que había sido un gran sueño.
Comencé a acercarme y una vez que estuve detrás de Edward lo abracé por la espalda uniendo mis manos en su estomago.
—Hola, Eddie lindo —susurré, repentinamente de mejor humor al sentir el calor de su cuerpo y su increíble aroma.
Se giró en mis brazos y en cuanto sus ojos se encontraron con los míos, sonreí, eran tan, tan lindos.
—Bella —suspiró como si estuviese cansado—. sabes que odio que me llamen Eddie.
Me reí, un poco, bastante por nervios, al sentirlo tan lejos, a pesar de tenerlo abrazado, sacudí mi cabeza alejando esos pensamientos, eran tonterías.
—Ok, lo siento —me disculpé, sinceramente arrepentida—. ¿Me das un beso de desayuno? —pedí sugestivamente, mirándolo a través de mis pestañas.
Bajó su cabeza para encontrar mis labios y presionó los suyos sobre los míos sólo un momento y se separó enseguida.
—Debo ir a clases, nos vemos en el almuerzo —dijo en cuanto se separó de mí y se alejó con Jasper siguiéndolo.
Volví a fruncir los labios mientras trataba de entender qué acababa de pasar, el timbre me hizo reaccionar y comencé a caminar hacía mi primera clase.
Alice parecía la misma drogadicta bien follada de siempre en su lugar, pero había algo distinto en ella.
—¿Todo bien my little ponny? —pregunté, tratando de sonar graciosa a pesar de mi propio ánimo.
Se encogió de hombros y suspiró, rompiéndose su actitud de perfecta armonía.
—Creo que…
El profesor entró entonces interrumpiéndonos, comenzó la clase y fue tan aburrida como todas las que recordaba. Arranqué un pedazo de papel de mi cuaderno y escribí un mensaje rápidamente.
¿Crees que qué?
Alice frunció el ceño.
—No desperdicies papel ¿sabes cuántos árboles tuvieron que morir para que tú pudieses tener tu feo cuaderno de cien hojas?
Siempre pensé que rodar los ojos era muy tonto, pero no pude evitarlo cuando la oí susurrar aquello.
Responde o después de la escuela me voy a quemar el bosque de La Push.
La vi fruncir más el ceño y luego me miró mal, pero finalmente escribió de vuelta.
Eres la hija de Satanás, ¿lo sabias?
Sonreí al leer aquello
Lo sé, pero no le digas así a Renée.
Alice alzó una ceja al leer y respondió.
Ja, ja.
Cubrí mi boca con mi mano para acallar la risotada, al leer su expresiva respuesta, y escribí rápidamente.
No cambies el tema, crees que qué…
Mi amiga suspiró y comenzó a escribir, mientras yo jugaba con mi lápiz, un par de minutos después dejó el papel sobre mi cuaderno, había varios borrones y palabras tachadas y en medio de todo el desastre decía:
Creo que Jasper es el alma masculina que la madre tierra eligió para mí.
Sonreí con ternura, Alice se veía sumamente graciosa siendo normal, estando nerviosa y preocupada, reprimí el impulso de agitar mi puño en el aire a modo de victoria, porque al fin confirmaba que mi amiga si era un ser humano.
Estás enamorada, y es obvio que también está loco por ti, ¿cuál es el problema?
Alice suspiró pareciendo frustrada al leer mi respuesta y volvió a pelear con sus propias palabras para expresarse.
Él no siente lo mismo, Bella, él, bueno, él… su personalidad ardiente le impide ser el macho de una sola hembra.
Más confundida que sorprendida le pedí que me explicara qué mierda significaba aquello.
¿Cómo no lo ves? Le gusto sólo porque no puede tenerme, porque sabe de mis votos de castidad al dios sol, pero en cuanto yo acepte lo que siento, va a buscar a alguien más.
La mueca en mis labios volvió al pensar en ello, pero estaba segura de que no era así, Emmett y Edward habían hablado con Jasper y hasta la misma Rosalie le había advertido que no se atreviera a jugar con Alice.
El chico no era idiota, no saldría vivo de Forks.
Jasper es un buen chico, lo conoces mejor que yo y lo sabes, sólo estás asustada, también lo estaba antes de que Edward me dijese que sentía lo mismo por mí, es normal, todos tememos al rechazo, pero tienes que darle una oportunidad.
Alice mordió su labio mientras leía mi respuesta y una pequeña sonrisa se fue extendiendo en su rostro.
Gracias.
Fue lo último que escribió, le sonreí en respuesta y volvimos a poner atención en la clase.
La mañana pasó sin que viese a Edward, Rosalie y yo no hablamos demasiado, seguía molesta con ella, sabía que Edward había empezado con el asunto del material lésbico, así que no podía ponerme demasiado pesada. La hora de almuerzo llegó y estaba ansiosa por ver a Edward y sacarme de la cabeza todas las tonterías que habían estado dándome vueltas.
Me había encontrado con Alice y Rosalie en los casilleros, y caminamos juntas a la cafetería, entramos riendo de alguna tontería que había dicho Alice sobre tomar baños de agua de cebolla para purificar el alma.
Llegamos a nuestra mesa y algo no estaba bien, en el lugar de Alice junto a Jasper había otra… cosa.
—¿Qué hace eso aquí? —pregunté enseguida.
Edward, Jasper y la cosa, levantaron la mirada para vernos.
Probablemente por mis orejas salía humo porque estaba furiosa.
—Uh… mejor me voy —dijo la cosa. ¡Ash! Necesito más sinónimos ofensivos—, yo le doy tu mensaje a Victoria Eddie.
Él aludido asintió y siguió jugando con una manzana que tenía entre sus manos.
—Bye Jazzy—se despidió besando su mejilla, demasiado, demasiado cerca de sus labios.
Miré a Alice enseguida, que trataba de mantener su mueca impasible, pero el temblor de su garganta mostraba claramente que estaba tratando de controlarse.
—Nos vemos, Jane —se despidió Jasper.
—¿Qué fue eso, Edward? —pregunté tratando de controlar mis ganas asesinas de ir a matar a la perra pelirroja de Victoria.
—¿Qué? —preguntó distraído levantado la cabeza otra vez, vio mi actitud agresiva y a diferencia de otras veces donde se hubiese puesto alerta simplemente volvió a su manzana y se encogió de hombros—. Nada.
Apreté los puños con fuerza al ver que ni Jasper, ni Edward parecían demasiado interesados en explicarnos nada, así que hice lo único que podía hacer en esos casos, dar una patada al piso y darme la vuelta furiosa para caminar fuera de la cafetería. Rosalie y Alice me siguieron, y mientras caminábamos sin ningún destino en particular, íbamos despotricando por lo desconsiderados e idiotas que eran los hombres.
Sí, todos, porque cuando uno mete la pata, todos tienen la culpa, es alguna clase de regla no escrita que obviamente todas las chicas conocemos y aplicamos sagradamente.
El resto del día sentí como si tuviese una estaca en el trasero, y gruñía a cualquier espécimen masculino que se me atravesara.
Cuando las clases acabaron salí dispuesta a resolver aquel ridículo asunto, seguro había una razón perfectamente lógica para que la enana con cara de piojo de Jane estuviese dando mensajitos a Victoria de parte de Edward.
¡Ugh! ¡Sonaba cada vez peor!
Llovía como si fuera el jodido fin del mundo, por lo que agradecí a todos los dioses de Alice cuando vi a Edward esperándome en la salida.
No hablamos demasiado; el camino a mi casa fue increíblemente silencioso, e incómodo, jamás nos había pasado algo así, ni siquiera cuando empezamos a salir y se suponía que las cosas debían ser incómodas.
—¿No hay nada que quieras decirme? —pregunté, pateándome mentalmente por sonar como sacada de una mala telenovela.
Sólo me faltaba decir: ¡Dios mío, Edward Anthony, que me he quedado ciega!
Edward apretó el volante hasta que sus nudillos perdieron el color y con los dientes apretados musito un agresivo "no".
—Entonces no vas a decirme qué secretitos tienes con Victoria —afirmé, clavando mi mirada en la ventanilla, me sentía un poquitín tonta por estar armándole una escena de celos, una que no estaría protagonizando si él no estuviese actuando extraño.
Sí, yo tenía razón y él no, punto. ¡Poder femenino!
—Bella… —dijo él en tono de advertencia, como si hubiese leído mis pensamientos.
—¿Qué? —lo interrumpí desafiante—. Tengo derecho a saber, soy tu novia ¿recuerdas?
Bufó deteniendo el auto con más brusquedad de la necesaria en la esquina de mi casa donde me dejaba siempre para que Charlie no lo viese cuando estaba en casa temprano.
—Sólo estaba disculpándose ¿de acuerdo? —soltó rápidamente—. ¡Esto es increíble! ¡Absolutamente ridículo! —continuó levantando la voz—. ¡Por Dios, Bella! ¡Me visto de mujer para poder estar contigo! ¡¿No te parece suficiente para confiar en mí?
Me quedé muda y con la boca medio abierta, hasta vi pasar a una mosca muy cerca, Edward jamás me había hablado así, y estaba muy sorprendida.
—¿De qué estás hablando? —pregunté verdaderamente confundida—. ¿Qué tiene que ver Edwina con…
—¡Edwina no existe, carajo! —Gritó dándole un golpe al volante—. ¡Se acabo, no volveré a vestirme de mujer, nunca!
—Pero… pero, Charlie…
—¿Puedes dejar de pensar en ti un momento? —me preguntó controlando su tono, pero traspasándome con su mirada de lo enojado que estaba—. Soy el hazme reír de la escuela, tus amigas me usan para sus bromitas de mierda y ni en mi propia casa estoy en paz porque mi hermano no me deja tranquilo desde que uso tacones.
—Yo… Edward lo siento, no lo vi así, yo sólo… —no estaba segura de que debía decir pero la mirada que me lanzó eligió por mí—. Lo siento —susurré mirando mis manos.
—No, no lo sé, Bella… —levanté la cabeza al oír como masticaba mi nombre.
Y la ira se apodero de mí, yo tenía razón y él no, debía recordarlo.
—Tú sabias perfectamente que las cosas iban a ser difíciles, conocías a Charlie y…
—¡Disculpa, pero nunca nadie me advirtió que para estar contigo debía humillarme a mí mismo y transformarme en el payaso transformista del pueblo! —volvió a su tono histérico, mientras veía palpitar furiosa la vena de su sien, y me sentí inmediatamente contagiada por su furia, probablemente nuestras cabezas explotarían en cualquier momento y su costoso auto quedaría asqueroso con nuestra sangre y cerebro esparcido por el lugar.
Mi gran cabeza de balón.
Uh… mal momento para tener pensamientos psicópatas.
—¡Era la única manera de pasar tiempo juntos, siento si mis ganas de verte arruinan tu vida! —dije sarcástica, en el mismo tono furioso que él.
Y con ese reproche esperaba que suspirara, se calmara y se disculpara por ser un exagerado, pero en lugar de ello pareció más cabreado.
—¡Pues, yo lamento informarte que tal vez pienso que no vale la pena!
Mi boca volvió a abrirse y las palabras quedaron atoradas en mi garganta en un nudo, parpadeé dos veces y antes de que él levantara la cabeza del volante y viera las humillantes lágrimas abrí la puerta de su auto y la azoté con fuerza, me puse a correr hasta llegar a mi casa y llamé a mis amigas enseguida.
Llegaron al mismo tiempo y ninguna se veía mejor que yo, en cuanto entramos a mi cuarto nos miramos y con los ojos hinchados y llorosos nos abrazamos y empezamos a llorar juntas.
—Bebubls, grsiotsh..tsh… asper —balbuceó Alice y comenzó a llorar más fuerte.
—¡Ayujer…govsh…Emmeshk… deteshto! —se lamentó Rose y nos abrazó más fuerte.
—Ewars dij…jo…y… lugro… ¡aah! —me quejé al no poder hablar por el ataque de llanto.
Después de algunas horas así, nos calamos un poco, Rosalie fue a la cocina por chocolate y antidepresivos, ósea comida chatarra, yo busqué toda mi reserva de kleenex y comenzamos la charla.
Alice había visto como Jasper se iba con Jane en su moto al salir de clases, y eso sumado a que la ignoró todo el día la había hecho llegar a la conclusión de que Jasper se había aburrido de ella.
Rosalie y Emmett se pelearon porque ella se negaba a disculparse con Edward, porque él no se había disculpado con ella.
En fin terminamos con nuestros pijamas más horrendos pero cómodos, una ración de golosinas para alimentar a un ejército de ballenas y kleenex suficientes para no ahogarnos en nuestros mocos.
La noche fue horrible, al menos para mí, porque Rosalie y Alice parecían muy divertidas por los aullidos y gritos de mis padres, cada dos segundos se quedaban en silencio e incluso aguantaban la respiración y, cuando mamá decía algo como "dme que soy mala Swan, vamos dime que soy mala", se echaban a reír como si la vida se les fuera en ello.
Y ¿por qué no decirlo?, a pesar de seguir debatiéndome entre el asco y la vergüenza, también reí mucho.
Eran las tres de la mañana y estábamos echadas en el piso sin poder dormir por las golosinas, cuando Rosalie comenzó a llorar otra vez de la nada.
—Rosie… —susurré acercándome a ella para abrazarla.
—Lo extraño, Bella —susurró ella abrazándome también.
Inevitablemente las lágrimas empezaron a brotar de mis ojos y, como si hubiésemos encendido algún interruptor, Alice nos siguió, seguimos lamentándonos y lloriqueando en un tono moderado hasta que Alice abrió los ojos de par en par y se levantó de un salto del suelo.
—Alice, ¿qué pasa? —pregunté asustada, pensando que tal vez había llorado demasiado y se había terminado de volver loca.
—¡Y yo que podé la entrada a mi templo para él! —gritó Alice, aullando como desquiciada y mostrándonos que efectivamente, su ying yang íntimo estaba muy depilado. Alice no tenía un solo vello.
Y, por supuesto, tras superar la sorpresa inicial, un ensordecedor grito retumbó por todo el lugar, o mejor dicho dos…
Rose y yo no podíamos dejar gritar.
—¡Alice!
Bueno, al menos no era una flor.
…
White: Hola! Cómo están todas y todos? Tengo miedo de Alexander de la ruix pero espero qe este cap sea suficiente para calmar sus ganas de destazarnos cual pollitos. Y ustedes se depilan? Yo he de admitir que no, nunca lo he hecho y fue en mi cuerpo para el cual me basé en escribir Edward: La oveja. Tu te depilas, milibertaaa?
O es a causa de tanto vello que te salen hemorroides?
(jajaja)
Dulce: No, soy lampiña asi que la cera caliente la uso para mis encuentros sadistas, que tal señoras, señores ¡Alex no me mates, tengo muchos chiliwiles que probar aun! Y Nooo! yo no tengo hemorroides, eso ha sido una ruin y baja calumnia de tu parte berenjena mal sembrada, juro por las pepas de mi padre limón que me vengare, quizá de la Ruix me ayude
White: Wakala probar y comer chiliwil, luego te queda aliento de pito. Bueno, no te vengues de mí, que si ambas no coexistimos, Edwina Cullen no existe tampoco. En fin... Qué les pareció? Sé que tardamos milenios PERO ES UN CAP DE 14 HOJAS, y escribir humor es la cosa más difícil del universo, sí o no chiliwila?
Dulce: Cierto chiliwila amiga, lo cierto es que ultimamente somos jodidamente fomes (como decimos en mi pais, chilito, y como descubri que nadie mas en el mundo usa) en serio diciendo bromas del tipo eres el padre de mis chistes ¿que mierda es eso gente? si alguien les dice "eres el padre de mis chistes" que piensan? diganselo a la tarada cara de granada de Jena... en serio, el padre, que jodida cosa, en fin, espero les haya gustado, y Jena tiene razon no le haria daño solo porque sin ella Edwina no existiria y si Edwina no existe yo sseria solo una tonta con demasiadas idioteces que decir
White: Como ahora, que nadie entendió a exepcion de mí. Bajamos a cenar abajo? JAJAJAJA muchas gracias por sus comments, alerts y favorites, las amamos con todo el corazón y si algú día recineb un chiliwil por correo, ya saben quienes se los mandamos, excepto a Alexander y a perro fiel, a ellos les mandaremos una bolsita de té n.n
Algo que quieras agregar, amora?
Dulce: Si QUE SOY AMARILLA NO MORADA ¿por qué mierda no lo entiende? esta claro mi msn , soy mili limón que más hago para hacerte entender AMARILLA, gosh, por cierto abajo es un platillo que inventamos, no es que jena se haya equivocado, asi que ahora ustedes pueden decir baje a comer abajo que es en el fondo tu platillo favorito =D
White: Ajam...MORADA! nos leemos!
White: Para quienes quieren saber qué es la operación jarocha, primero deben saber que la empleamos mal en el disclaimer, pero bueeh. En mi país, se dice: Se hizo la operación jarocha, le quitaron el pito y le pusieron panocha, o sea le cortaron el miembro masculino y le pusieron uno femenino es la cosa más vulgar y no quería explicarlo jamás, de solo escribirlo juro que me sonroje, lamentamos no haber explicado esto antes. Y los chiliwiles, pues son...penes, salamis, pirulis, moñoñongos... etc etc, espero haber resuelto la duda =)
Dulce: así que las cortezanas se sonrojas como aprende uno eh... jjajajaja, nos leemos niñas, Jena, ve a ponerte el ungüento, o la herpes empeorara.
aio0s
Las alas que nos llevan a volar no se encuentran en nuestras espaldas, sino en el redondo culo de eddie que nos inspira dia tras dia.
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Cambio y fuera.
