Los personajes de esta historia no me pertenecen, son propiedad de Disney.


Cuando llegamos, aquel frío que inundaba siempre el pueblo no estaba, de hecho era bastante cálido y me recordaba un poco a casa, aunque seguía ese particular viento helado que bajaba desde las montañas alrededor. Mientras el barco terminaba su labor en el fiordo abrazaba mi propio cuerpo esperando poder estar lista para lo que venía.

Volver a ver a Elsa de nuevo.

Como la primera vez, un carruaje nos llevo hasta el palacio, aunque para mi recorrer el camino a pie ya no me molestaba, me había familiarizado tanto con el lugar que hubiese sido bueno hacerlo, pero por mi padre y su novia no parecía lo más prudente.

Miraba por la pequeña ventana y notaba como todo estaba igual, en el trayecto algunas personas me reconocían y me saludaban alegres al verme y les correspondía de igual manera, era increíble sentir como esto no había cambiado.

Esta vez al salir de la carroza el Rey y su hija ya no estaban en aquellas alturas mostrando una especie de nivel invisible sobre ellos y nosotros como la primera vez, esta vez nos recibieron de brazos abiertos desde ahí, y qué podía decir de Elsa.

En ese momento desee nunca haber tenido que verla de nuevo.

Igual de preciosa como la recordaba, aunque con un poco de más finura en sus rasgos y ese cabello que antes mantenía bien recogido ahora lo lucía únicamente recogido con una trenza francesa que descansaba en su hombro donde algunos mechones largos caían por su rostro y algunos más los acomodaba solamente pasando su mano hacía atrás.

Era preciosa y por más que deseara verla de otra forma no iba a ser posible.

- Anna –la escuché decir con esa melodiosa voz suya – estás hermosa –dijo mientras se sonrojaba y me miraba con unos ojos llenos de cariño.

Aquello fue demasiado, todas sus reacciones eran diferentes, esa mirada tan tranquila, esos ojos derretidos de amor eran increíblemente diferentes a como los que recordaba. Era el amor multiplicado cien veces más al que había visto antes en ella.

Esto estaba muy mal

- T-tú también, Elsa, te ves muy bien –dije tratando de sonar lo más seria posible, ella sólo sonrió sintiéndolo de alguna manera.

Aquella bienvenida fue de cierto modo cálida pero también muy incomoda debido a mí. Pasó la tarde y no quise salir de mi habitación, no sé donde estaba ella, no sé si quería verme, pero de mientras no quería mostrar ningún interés al respecto, si quería hablarme de algo esperaría a que ella me buscase y entonces yo también le dirá lo mío.

La convivencia con todos en la cena fue muy amena y se trataron temas vagos relacionados a la boda, pero aún no se hablaba directamente de ella ya que Elsa intentaba desviar el tema cuando su padre trataba de sacarlo. Sentía que ella sabía que debíamos hablar antes de que alguien dijera algo y decidiera por nosotras, la cuestión sería cuándo y cómo.

No sé si ella ocupaba a propósito su tiempo o realmente estaba muy atareada, incluso no veía mucho a su padre cerca, casi no la veía y nos habíamos limitado a saludarnos, compartir algunos temas ambiguos y despedirnos a la hora de dormir.

El Rey Agðar sentía ese distanciamiento así que habló conmigo una mañana que vio libre, únicamente le dije que Elsa estaba muy ocupada y casi no teníamos tiempo para vernos, aquello no lo dejó tranquilo, sabía que temía que rechazara a su hija o que no hubiésemos creado buenos lazos para un matrimonio mínimamente llevadero, por lo que decidí que para tranquilizarlo y no dar malas noticias tan pronto, sería bueno al menos estar al lado de su hija aunque no hablásemos realmente de nada, únicamente para aparentar.

Después de terminar de desayunar fui hacía el establo, si las cosas no habían cambiado sabia que a esta hora Elsa estaría dando unas vueltas con su caballo por lo que me dirigí para allá.

Al llegar la vi montando con su habitual gracia pero estaba lo bastante lejos como para saber que estaba ahí, me adentré al sitio donde suele dejar a su caballo cuando acaba, esperé unos minutos y llegó. Al verme detuvo el andar con el animal y se bajó después de unos segundo.

Estaba sudada y su cabello caía por su frente, su respiración un poco agitada hacía que mi corazón latiera, el olor a hierbabuena que siempre desprendía su cuerpo inundaba el aire y me hacía difícil no querer correr a ella y besarla sin piedad mientras jugaba con aquellos rebeldes mechones.

Sacudí un poco mi cabeza para liberar esos pensamientos.

- Tu padre está preocupado de nuestra convivencia así que creo que es mejor que permanezca a tu lado de vez en cuando –dije fría

- ¿Ya no te agrada mi compañía acaso? –dijo vacilante mientras se secaba con una pequeña toalla blanca

- No estoy de humor para contestar eso

- Ummm, de acuerdo –dijo tratando de evitar una discusión.

Arregló todo para volver al castillo y comenzamos a andar. Mientras caminábamos el ambiente era tenso e incomodo.

- ¿Algún día me lo vas a contestar? –preguntó por lo bajó volteando a verme. Esperó mi respuesta pero yo seguía caminando sin prestarle atención. –ya van 5 días desde que llegaste y no hemos hablado sobre lo que pasó…

- No hay nada de qué hablar.

- Claro que hay, Anna. –se detuvo y me tomó del brazo, aún faltaba mucho para llegar al castillo.

- Suéltame, no hay nada de que hablar. Hago esto para tranquilizar a tu padre pero no significa que quiera pasar realmente mi tiempo contigo. –dije molesta buscando que me soltara y dejara de insistir.

- Está bien… voy a estar esperando entonces, lo siento… –contestó con la mirada triste pero regalándome una media sonrisa para comenzar a caminar de nuevo.

Pasaba mi tiempo con ella pero casi nunca entablábamos una conversación en particular, mi padre lo notaba pero antes de que comenzara a hablar sobre ello me retiraba de la habitación o sacaba otro tema a la platica.

Era obvio que Elsa había cambiado, incluso se le veía más cerca de su padre, es como si en estos dos años su relación hubiese cambiado y hubieran arreglado sus problemas pasados. Estaba más sonriente con las personas, irradiaba frescura y mucha armonía pero seguía siendo la Elsa que conocía.

A pesar de recibir mis rechazos, mis malos tratos y mis humores por la mañana ella seguía siendo noble y compasiva conmigo.

Eso le daba cierto calor a mi corazón, deseando por ratos ser abrazada como antes por ella, pero por otra parte me molestaba que no tuviera la iniciativa de hacer algo al respecto, algo para saber qué pasaba, ¿Acaso ella también estaba esperando que yo hablase? Me lo había dado a entender, pero sus acciones al respecto tampoco me demostraban que le interesara ¿Por qué no me buscaba?

Una noche, mientras todos hablaban sobre diversas cosas en la cena Elsa rompió el silencio.

- Debo dar un anuncio importante –todos voltearon a verla –, mi boda con Anna se hará este mismo fin de semana, eso significa dentro de 2 días –esto último lo dijo viéndome directamente a los ojos, mostrando aquella mirada fría que recordaba.

- ¡Enhorabuena, hija! ¡Salud por ustedes! –dijo el Rey Agðar levantando la copa y todos lo seguían.

Aquel momento hubiese sido ideal para reclamar, pero estaban todos presentes y no era prudente armar un alboroto de esa magnitud sin saber antes las verdaderas intenciones de ella, por lo que esperé hasta volver a nuestras habitaciones.

Tuve que soportar toda la noche comentarios al respecto cuando dentro de mí estaba llena de preguntas, de dudas y rabia por aquel absurdo comunicado que había inventado Elsa. Incluso mi padre volteaba a verme confundido.

¿Qué demonios pretendía con eso?

Cuando se hizo más noche y todos estuvieron ya en sus habitaciones salí de la mía y me dirigí rápidamente a la suya, ni siquiera me molesté en tocar y entré mientras la veía cambiar de ropa, debido a ello pude ver un poco de sus pechos que cubrió con la suave tela de su camisa para dormir, cosa que me hizo estremecer y detenerme, pero debía concentrarme.

- ¿Porqué hiciste eso? ¿Qué pretendes?

- Tú no decías nada así que tenía que asignar la fecha de una vez, como dijiste, mi padre estaba preocupado así que decidí por mi misma cuándo, no creo que sea tan importante ya que al parecer todo parece así contigo ahora –dijo con cierta ironía.

- ¿Cómo te atreves a decidir por mi?

- ¿Te importa?

- Claro que me importa, porque yo no me voy a casar contigo

- ¿Ah no? ¿Entonces porqué viniste hasta acá? Pudiste quedarte en casa y no volver a verme –decía subiendo el tono de su voz

- Por que estos temas se hablan de frente, además quería ver tu reacción cuando lo supieras.

- ¿Saber qué exactamente? –dijo cruzando los brazos

- Que me voy a casar con alguien más –el calor del momento hizo que lo soltara y Elsa me miró sorprendida.

- No te creo

- Pues créeme, su nombre es Kristoff, hace más de un año que lo conocí, es un hombre maravilloso, trabajador, que me trata bien y estuvo ahí para mi cuando tú me abandonaste

- Yo no te abandoné Anna

- ¡Claro que lo hiciste! ¡Ni siquiera fuiste a despedirte de mi! ¡No te importó siquiera aparecerte! En cambio él estuvo ahí hasta que el barco se perdió de vista, él me abrazó cuando lloré sin preguntarme nunca el por qué, él secó mis lagrimas y él calmó el calor de mi cuerpo que tú dejaste! –aquello ultimo se me escapó.

- ¿Él qué? –escuché como su voz cambió –¿Dejaste que alguien más te tocara cuando se supone que debías casarte conmigo?

- Sí –dije sin reparo, ya no podía dar marcha atrás, era ahora o nunca –, qué reclamas, seguro tú también lo hiciste con cualquier que te lo ofrecía aquí, como esa Anastasia que tanto te persigue, ¿Quieres saber más? Lo hace mucho mejor que tú, para él sí fui lo suficiente mujer como para hacerme el amor sin ninguna excusa estúpida de que no era el momento o cualquier tontera que siempre decías porque no me deseabas realmente como parloteabas con tal de tenerme ahí a tus pies. – titubee y mentí tanto que temía que lo notara.

Sin dejarme seguir Elsa se acercó a mi rápidamente, y sin medir su fuerza me tomó de las piernas y me cargó para quedar recargadas en la pared con mis piernas abrazando su cadera.

No pude resistirme más y la comencé a besar, no hubo tiempo siquiera de pararme a pesar lo que eso le haría pensar, que la mentira que me había inventado quedaría en la basura ya que había cedido a besarla tan fácil, pero eran tantos sentimientos y tantos movimientos acelerados que dudo que la misma Elsa se haya detenido a pensarlo igual, aquel beso era tan salvaje y tan pasional, estábamos descargando tanto en el que no entendía como pude haber dejado que alguien más me besara, besar a Elsa era suficiente para no querer volver a hacerlo con nadie más.

El aire pesaba y sólo podíamos escuchar nuestros jadeos junto con el ruido que hacían nuestra boca junto a la saliva de nuestros feroces besos que desesperadas nos unían para volver a hacerlo sin dar tregua alguna.

Rápidamente me comencé a desvestir, conocía la fuerza de Elsa y no era necesario preocuparme de que mi peso venciera aquella posición tan dominante que ella ejercía, al llevar únicamente la bata para dormir aquella tarea fue muy sencillas y Elsa respondió con una sonrisa lujuriosa mientras mordía mi cuello y bajaba hasta mis pechos que comenzó a lamer con desenfreno.

Después de unos minutos me guío hasta la cama y me depositó para volver a colocarse encima mío mientras quitaba la ultima prenda de mi cuerpo, cuando lo hizo vi como bajaba por mi cuerpo y lamía y succionaba de manera rápida de mi ya húmedo sexo únicamente para encenderme más, levantó su rostro para volver a besarme mientras sentía mi sabor en su boca y lengua para así ver como sus manos bajaron pero no para seguir tocándome, si no para quitarse su pantalón y liberar así aquel enorme miembro de una vez. Todo estaba listo, ella iba a tomarme.

Pero de repente paró y vi como sus ojos se humedecían.

- No, no puedo hacer esto… -decía mientras se levantaba y cubría su rostro con las manos – no quiero hacerlo si estás pensando en otra persona, no quiero hacerlo sólo porque quiero borrar las manos que otro ya dejó en ti.

Me levanté de la cama cubriendo mi cuerpo algo aturdida, comencé a buscar mi ropa y me vestí mientras intentaba comprender lo que había pasado.

Elsa seguía lamentándose mientras se cubría recargada en la pared.

- Sé que quizás me esté equivocando, que soy una idiota y que no tenga otra oportunidad para esto, pero… -dejó de cubrirse y me miró a los ojos – Quiero hacerlo de la forma correcta, quiero hacerte el amor cuando tú me lo pidas, cuando vuelvas a quererme de nuevo. No me importa si eso toma tiempo, voy a esperar todo lo necesario.

- Sí, eres una idiota, esto no va a volver a pasar y no tienes que esperar nada porque aunque me case contigo no voy a volver a quererte como lo hice un día, me rompiste el corazón y ni siquiera te importó. –dije entre lagrimas antes de salir de la habitación.

Caminé llorando hasta llegar nuevamente a la puerta de mi habitación y al abrir descubrí a mi padre sentado en mi cama.

- No estoy de humor papá, lo que sea que quieras hablar hazlo mañana.

- ¡Anna! –alzó la voz – tienes que escucharme porque no lo repetiré más, soy tu padre y sé que no puedo obligarte a hacer nada, pero sí puedo señalarte tus errores, te estás portando como una niña y estás haciendo un berrinche por algo que no tiene sentido. Elsa te lastimó pero se ha estado esforzando por que mínimamente la voltees a ver, sea lo que seas que decidas sabes que te voy a apoyar, pero viendo como están las cosas creo que es bueno que te entregue esto –me dio un pedazo de papel un poco arrugado que nunca había visto antes – cuando me dijiste lo que Elsa te había hecho estuve furioso y le envié una carta preguntándole el por qué, el por qué había jugado contigo de esa forma, el por qué no había actuado como se supone que habíamos quedado y me contestó esto, no te dije nada por qué pensé que las cosas podían cambiar solamente con que ustedes hablasen al respecto, pero me doy cuenta que no estás pensando bien las cosas. Espero sepas comprender la situación, hija –dijo mientras caminaba hasta la puerta y se marchaba.

Terminando aquello más lagrimas salieron nuevamente, sabía que mi padre también tenía razón, pero mi corazón estaba tan angustiado y tan adolorido que no me hacía pensar bien. Estuve recostada unos minutos pensando en todo y calmando mi alma, vi la hoja arrugada a un lado y limpiándome las lagrimas me incorporé un poco para comenzar a leerla.


"Un saludo Sr. Westergård, antes de explicarme quisiera informarle sobre un asunto que hablé con usted y también su hija, y con ello finalmente lo que decidí.

Como le dije, si terminaba el mes y ella o yo no nos enamorábamos correctamente yo disolvería este acuerdo que usted hizo con mi padre hace poco más de 15 años, y con ello ustedes podían hacer como si esto nunca hubiera pasado y seguir con sus vidas.

Aún estoy dispuesta a hacerlo a pesar de haberme enamorado de su hija. ¿A que voy con todo esto?

Conviví con su hija por un mes entero, descubrí tanto de ella como ella tanto de mí, le conté cosas que a nadie había contado y es la persona que mejor me conoce, gracias a eso pude empezar a hacer un cambio en mi vida, mi relación con mi padre a mejorado y debido a ello estoy superando el miedo de aceptar gente en mi vida por el terror a perderlos, mis relaciones amistosas y familiares han mejorado.

Todo eso se lo debo a su hija y mucho más.

Contestando su pregunta, de por qué la traté así, seré sincera, Anna no quería regresar y ciertamente tampoco quería que lo hiciera, pero como sabe yo hice una promesa con usted a cambio de dejarla conmigo sin replicar aquel mes, ¿Qué valor como persona tendría si no cumpliera mis promesas?

Entiendo que ella no lo comprendiera, incluso creo que yo misma hubiera alegado las mismas cosas, pero ella es su hija y debía estar con su padre hasta el día que llegara la hora de casarnos.

Usted ha hecho tanto por ella, ha arriesgado su vida por poder cuidarla y sé lo valioso que la familia es para uno, a mi eso me costó estar tanto tiempo resentida, apartada del resto y no confiar en nadie.

Nunca quise lastimarla, pero sabía que si no era firme con mi decisión ella no lo entendería. La lastimé a cambio de que ella volviese a casa y pudiera estar con usted y con ello pensara mejor las cosas sobre si quiere o no casarse conmigo. Sé que son medidas drásticas y que incluso me complico la vida, pero quiero estar segura que de verdad lo desee tanto como yo.

Si ella cambia de opinión, si de verdad usted nota que ella ya no me quiere, que ella me olvidó, le pido que me lo haga saber, y yo misma canceló todo, no tienen que volver a venir y tratar este tema personalmente.

Por favor cuídela mucho. Ella es todo lo que quiero en el mundo.

La amo

Elsa Arendelle"


Cada palabra que había escrita en la carta venía impregnada la forma de ser de Elsa, su forma de expresarse, incluso podía escuchar las palabras salir de sus labios en cada una.

"La amo" ¿Elsa me amaba?

Mi padre tenía razón, esta carta decía todo lo que no podía ver o mejor dicho lo que me estaba esforzando tanto no ver.

La había hecho sufrir tanto tiempo, la había dejado en incertidumbre demasiado, aguantando tanto y ni siquiera así me reclamó. Lo de hoy fue únicamente para que hablara de una vez con ella pero fuera de eso nada.

Elsa era paciente, Elsa estaba dispuesta a quererme de la mejor manera y yo sólo la apartaba sin escuchar lo que quería decirme.