Capítulo 8:
Lo que marca el tiempo.
Carmilla entro a la casa cruzando toda la planta baja, desde el comedor hasta la entrada, subiendo las escaleras que llevaban al segundo piso rumbo a la sala de estudios. Por el alrededor no corría el riesgo de que alguien la viera y dentro tampoco había ni un alma. Cerró la puerta a sus espalas y lo observó una vez más. Todo el sitio se veía exactamente igual a la primera vez que lo habían pisado. Camino de punta a punta a través de él, sin mirar de reojo siquiera las demás estanterías.
No estaba buscando algo para matar el rato. Carmilla iba por el enorme libro antiguo que estaba frente a la ventana, mismo que probablemente tenia lo que buscaba. Ni siquiera había necesidad de revisar el resto de documentos que invadían el cuarto desde el piso hasta el techo, era más que obvio que el gran volumen al final tenia elevada importancia, por su tamaño y antigüedad.
Suponía que en él podría encontrar el método que debió volver a darles vida a Bathory y a Dracul, que con un poco de suerte también podría descifrar para resucitar a su hermana. A Carmilla nunca le había gustado mucho meter las narices donde no le llamaban, pero la situación lo ameritaba. Habría sido más practico si tan solo se lo hubiese explicado a van Hellsing, pero correría el inminente riesgo de revelar su verdadera conexión con Lilita Morgan a un importante cazador de monstruos cuya sospechosa afición por la Universidad de Silas no era para nada tranquilizante.
Consciente estaba de que estaba allanando una habitación sin permiso, encima buscando algo que no le pertenecía, pero eso no podría considerarse ningún tipo de delito si solo intentaba memorizar uno o dos manuscritos. Sería como tomarle una fotografía a algún objeto valioso de un museo –que era exactamente lo que planeaba hacer— con otro objetivo más que como recuerdo, en un museo donde precisamente no se permitía tomar fotografías.
Con bordes mal tratados y paginas amarillentas, el libro se revelaba a la luz natural que entraba a través de las cortinas a medio cerrar. Estaba abierto a la mitad y era, en efecto, bastante grueso. Bien podría confundirse con la versión extendida de una Biblia que le ha pertenecido a la familia de generación en generación, solo que esto debía ser lo más alejado posible a una Biblia. Debía tener alrededor de ochocientas o mil páginas, todas escritas en viejo papel pergamino, y el contenido era una preocupante variedad de símbolos, números, formulas matemáticas y dibujos de lo más raro, la gran mayoría de criaturas aterradoras.
Las paginas donde estaba tenía un enorme símbolo completamente ajeno a su conocimiento, una serie de trazos abstractos que iban por aquí y por allá en una simetría tanto matemática como oscura y complicada. Alrededor había algunos párrafos de texto con simbología y lenguaje antiguo, que posiblemente debían ser algún tipo de teoría o instrucciones de uso.
Carmilla observo durante un rato el contenido pareciéndole que le tomaría una eternidad poder hallar lo que buscaba. Dudaba que se hubiese encontrado directamente con algo útil, pero hasta pendiente le daba pasar a la siguiente página por temor a encontrarse con alguna imagen todavía más escalofriante; de hecho, empezaba a sentirse mal.
Sin embargo, luego de centrarse bien en el extraño texto –ignorando los repentinos síntomas de malestar—, sorprendentemente logro entender algo. No eran símbolos extraños ni lenguaje ajeno a ella, ya lo había visto antes. Podía traducirlo.
Carmilla sonrió cuando se dio cuenta que su trabajo no sería tan complicado después de todo. El libro estaba escrito sumerio.
-Si fuera tú, no me atrevería a tocar eso.
Karnstein dio un brinco y automáticamente perdió la concentración debido al repentino sobresalto. Rápidamente se dio la media vuelta dándole la espalda al libro, terminando por encontrarse de frente con el gigante de ojos rojos, que esta vez se había molestado en ponerse zapatos.
El gran conde estaba de pie en medio de la habitación mirándola cuan increíblemente alto era, tan silencioso e inexpresivo que daba miedo. No debía estar muy contento de encontrarse con un vampiro ajeno hurgando entre las pertenencias de su Maestro, que era perfectamente entendible a perspectiva de Carmilla; ella tampoco lo estaba.
Era verdaderamente asombroso. Ni siquiera fue capaz de sentir su presencia al llegar. No debería de estar en la mansión, en primer lugar.
- ¿Qué estás haciendo? –Le preguntó.
En situaciones como estas, Carmilla deseaba no ser tan mala mintiendo.
-Estaba… curioseando. Buscaba algo interesante que leer. Tienen bastantes libros aquí y creí que podría encontrar algo bueno.
-Los invitados no tienen permitido entrar aquí.
-Oh, ¿en serio? No lo sabía ¿Por qué?
-Hay cosas aquí que son muy importantes. Ese libro en especial –Señalo detrás de ella.
- ¿Tu sabes qué es?
-Sí, pero no voy a decirte nada; Helena se enfadaría. Tal vez deberías irte antes de que alguien más venga y te vea en un lugar donde no deberías estar.
-Lo hare, pero antes me gustaría sabes qué es esta cosa exactamente ¿Para qué sirve?
-Pregúntale al amo.
-Dudo mucho que quiera decirme algo ¡Oh, vamos! Por qué no me lo dices y ya, ¿eh? De vampiro a vampiro.
-No es de tu incumbencia.
-Sé que no debería, pero lo es. Necesito averiguar algo y puede que esta cosa tenga lo que necesito.
-Muchos dijeron algo parecido antes de ahogarse en su propia esquizofrenia.
-Pobres idiotas.
- ¿Qué es lo que quieres saber, exactamente?
-Tú y Bathory volvieron de la muerte por algo que los van Hellsing hicieron hace años. Quiero saber cómo.
- ¿Por qué?
-Mi hermana. Está muerta.
Para su sorpresa, la expresión en el severo rostro del vampiro acabo suavizándose un poco, como mostrándose comprensivo por la noticia. Karnstein pudo haberlo esperado todo en ese escenario, mas nunca semejante muestra de afecto de parte del falso hijo del Diablo [1]. Pero al final ya daba igual. En trecientos años de existencia, Carmilla por lo menos había aprendido que cualquier cosa podría tener la desquicia de suceder en esta vida.
-Oh… Mis condolencias.
-Gracias… En parte fue mi culpa y creo poder tener una oportunidad para arreglarlo. Ya sé que suena loco, pero estoy extrañamente convencida de que aquí tengo una posibilidad.
- ¿Y de verdad piensas que lo conseguirás? ¿Así nada más?
-Esa era la idea en un principio.
-No sabes lo que dices. No es tan sencillo.
-Pero puede hacerse, ¿no?
-Existen condiciones.
-Ah, claro. Por supuesto; las malditas condiciones – Dijo con deje de fastidio.
-Lo que sea que quieras traer de vuelta con eso, por la razón que sea, ya no será lo mismo. A menos que tengas conocimientos muy vastos de este tipo de artes tan solo obtendrás al peor de los errores.
-Pero Abraham…
-El viejo Hellsing llegó demasiado lejos. Arriesgó demasiado la primera vez y encima se atrevieron a repetirlo [2] Si él no hubiese tomado las precauciones debidas te aseguro que tú y yo no estaríamos hablando ahora.
Carmilla no acababa de entender. La forma en que Vlad se dirigía a ella, más que amenazas o incluso una simple explicación demasiado breve, parecían más las advertencias de alguien con miedo a lo que se encontraba del otro lado de una puerta bloqueada por cadenas y tablones de madera. El propio Dracul era producto de lo que sea que estuviese ahí adentro, por lo tanto, él se sabía al pie de la letra todos los infames escenarios por los que debería pasar si Karnstein se atrevía a ejecutar el experimento; y eso si primero daba con el método.
- ¿Qué me sugieres entonces?
-Deja a tu hermana donde está. Puedo entenderte, pero traerla de vuelta así podría darte muchos problemas. Estarías condenando a tu hermana a convertirse en una amenaza incontrolable.
-No te entiendo.
-Y así está bien. Anda, vete de una vez.
Aun confundida y maldiciendo internamente, Carmilla hizo lo posible para actuar con la mayor naturalidad posible para salir de ahí. Se alejó del libro, ni siquiera volteo a mirar, y de nuevo cruzo toda la habitación obligatoriamente teniendo que pasar a un costado del conde, captando una vez más esa energía tan inquietantemente familiar que desprendía.
Intentó no hacer contacto alguno con él de camino a la salida, pero justo cuando estaba por cruzar el umbral, el demonio de los ojos rojos volvió a hablar.
-Oye –Le llamó. Ella volteo y le escucho— En serio, déjalo así… Es mejor así.
Ella no agregó nada más, simplemente se fue caminando por el pasillo con rumbo directo al cuarto de huéspedes que Helena le había asignado. Justo cuando ya iba a la mitad del camino, se cruzó por el pasillo a Víctor, que justamente se dirigía a la sala de estudios. Alcanzaron a verse el uno al otro, y en Frankenstein no pudo notar otra cosa más que clara sospecha, pero ni uno ni el otro detuvieron su andar. Tan solo quedaba desear que Vlad tuviese la consideración de no decir nada, aunque su notable lealtad a Helena la dejaba una extrema desventaja que probablemente le traería problemas con van Hellsing en algún momento. Tendría que agradecérselo de todos modos, pues por lo menos se mostro más comprensivo de lo que pudieron haber sido Frankenstein o Bathory.
Se arriesgaría a confiar en él por ahora. Únicamente debía evitar mover una pieza en falso, o bien, persuadirlo para que no se diese cuenta.
Ya una vez en su habitación lo primero que hizo fue tirarse sobre la cama sin delicadeza alguna y mirar al techo, sintiéndose frustrada por su intento fracasado de robo. Ahora por lo menos sabía que su búsqueda había reducido la dificultad. Según parecía, el libro estaba escrito en sumerio, por tanto, podía leerlo cual cuento para un niño, pero ya no resultaría tan fácil acercarse con el atroz esbirro de Helena probablemente vigilándola. Necesitaría un plan mejor para conseguirlo, y eh ahí el problema, pues lo más congruente que se le ocurría era robar el libro, y esa era una pésima idea. A todo eso se le sumaba lo que Vlad acababa de contarle.
No se imaginó que ellos regresarían tan pronto, y era precisamente de quienes más debía cuidarse. No podía ni de lejos con ninguno de los dos, y si no eran ellos, sería el Comandante, van Hellsing. Por otra parte, al parecer tampoco podría resucitar a su hermana sin arriesgarse a que sufriera de alguna especie de terribles efectos secundarios.
Tendría que idear alguna forma ingeniosa de convencer a Helena para que le dijera un par de cosas sobre eso, tal vez incluso lograba que ella misma fuese quien trajera de vuelta a Matska Belmonde si la persuadía correctamente. Si sus ancestros lo hicieron, entonces hallazgo tan tremendo debía conservarse como legado familiar…, o eso es lo que le gustaría pensar de un cazador de monstruos con complejo de jardinero.
Carmilla cerró los ojos, apoyando la almohada para dejar de pensar tanto. No podía regresar con los demás al jardín ni tampoco tenía muchas intenciones de dormir, así que se quedó un rato ahí, debatiéndose si debería de leer Fausto por vigésima vez o buscar en televisión algo que valiese la pena.
También le gustaría mucho hablar con Laura, por menos recomendable que fuera luego de su charla en el jardín. Para nada era su intención hacerla sentir mal, pero prefería advertírselo ahora a que, en el peor caso, eso la tomase por sorpresa. Le habría advertido al menos, y sabiendo eso, Carmilla moriría con menos culpa. Conocía bastante bien a Madre para saber que no iba a tener piedad, y no iba a cometer el blasfemo error de ilusionarse o ilusionar prometiendo lo que no podía cumplir.
Lo último que le quedaría por hacer llegado el momento seria aceptar la realidad y perderse por la eternidad en el dulce sueño de la muerte, de camino a quien sabe dónde, con tan solo sus recuerdos y todos sus conocimientos como únicas pertenencias. Era eso o se aferraría a las oportunidades casi nulas que tenía, y por ella y solo ella, se atrevería a engañar a la Muerte desafiando a su Madre otra vez. Poco le importaba lo que había hecho –a ella o a toda la universidad—, Laura por ahora era lo único que le quedaba.
…
Laura Hollis estaba desesperada. Ya habían pasado quince minutos desde que Carmilla, LaFontaine y ella fueron citadas a que se reunieran en la sala principal para hablar de nuevo sobre Silas, esta vez contando con la presencia de los demás miembros de Hellsing. Al parecer habían descubierto algo, lo cual exaltó a Hollis lo suficiente para que quince minutos de espera sentada en un sofá se convirtieran en una agobiante eternidad. El hecho de que ellas mismas no hubiesen aportado nada a ese descubrimiento era lo que la tenía más frustrada, pues en realidad no habían hecho mucho desde que la Biblioteca las transporto hasta Londres y sentía una enorme necesidad de volver a hablar de eso con Helena si es que en verdad estaba tan dispuesta a ayudarles. Después de todo, van Hellsing debía tener alguna forma de contacto con la Decana, además había mandado lejos a Vlad y a Erzebeth, lo cual también ponía nerviosa a Hollis.
La presencia de Carmilla a su derecha tampoco le ayudaban mucho a disminuir la tensión. Dada su "esperanzadora" charla de esa tarde las cosas volvían a ponerse remotamente incomodas, tanto así que no se atrevieron a dirigirse la palabra al entrar. A Laura no le gustaba eso, se sentía como si su confusa relación con Carmilla se quedara estancada y retrocediera por culpa de esos momentos tensos en lugar de ir mejorando, como a ella le gustaría; como a ambas les gustaría. Tal vez no sería lo mismo de antes, pero en verdad quería sentirla lo suficientemente cercana para ya no tener que pasar por eso.
De pronto la puerta se abre y por ella entra Helena seguida de Víctor y los condes. Helena las saludo mientras se sentaba en el sillón individual y los otros tres en el sofá mas grande. Carmilla no pudo evitar seguir a Dracul hasta que se sentó para luego mirar a van Hellsing, temiendo que el vampiro haya hablado. Esa supuesta reunión perfectamente podría convertirse en un juicio en cualquier instante.
-Primo, ¿te importaría? Sabes que estas cosas me desesperan –Empezó Helena.
-Ya que –Dijo el otro, fatigado.
El chico, ya de por si tímido, guardó silencio unos instantes para que su lengua no lo traicionase. Lo medio ensayó durante el camino, pero era realmente más difícil con el público presente, sobre todo para alguien que no disfrutaba mucho de la convivencia social. Y todo porque su holgazana prima se negaba a hacerlo ella misma.
-Bien, pues resulta que ni Vlad ni Erzebeth consiguieron algún archivo sobre Corvae, pero lograron descubrir muchas cosas sobre la Primera Puerta y… creemos haber descubierto los planes de Lilita Morgan.
- ¿En serio? ¿Tan pronto? —Preguntaba Laura, asombrada.
- ¿Cómo? –Hablo Karnstein.
-De acuerdo a la historia que le contaron a mi prima, llegamos a la extraña conclusión de que las intenciones de la Decana están ligadas a las demencias literarias de cierto escritor americano.
- ¿Lovecraft?
Todo el mundo volteo a mirar a LaFontaine, tan inocentemente sentada en la esquina del sofá.
- ¡Oh, vamos! ¿Quién más podría ser aparte de Lovecraft? Digo, no hay algo que pueda dar tanto miedo como la Decana que el horror cósmico.
-Okey, horror cósmico y la Decana combinados. Vamos bien ¿Qué seguía, Víctor? –Agregó Laura, ya empezando a alterarse.
-Sí, bueno… este… Creemos que Lilita tenga planeado liberar a otra criatura antigua a través de la Primera Puerta, lo cual explicaría porque Corvae insistía tanto en buscarla.
- ¿Y cómo porque Corvae aceptaría liberar algo así?
-Una vez Belmonde dijo que adquirían semi dioses debilitados, pero nunca dijo para qué –Dijo LaF.
-Probablemente para manipularlos –Dijo Erzebeth, descuidadamente sentada en el sofá a lado del doctor— Un semi dios es casi tan poderoso como un dios autentico. Tener por lo menos uno que pudiesen controlar les garantizaría mucho poder, pero eso no significa que sea vuelvan imponentes. Los semi dioses pueden morir con mayor facilidad que los dioses, por lo tanto, para Corvae no son más que un arma muy poderosa que, de alguna manera, puede ser destruida.
-Eso no tiene mucho sentido. Lo que sea que vaya a salir por la Puerta no puede estar tan debilitado como para que Corvae se apodere de él. De ser así, incluso la Decana y Corvae también estarían siendo afectados, ¿no?
-Lilita jamás dejaría pasar por alto algo así. Es obvio que debe de saberlo –Dijo Helena— Ella misma se encargaría de debilitar a la criatura por Corvae.
-Tienen una especie de alianza hasta donde nos hemos dado cuenta –Continuo el rubio— Ambos saben que conseguirán lo que quieren si se mantienen unidos y cooperan juntos.
-Oh, mierda.
-Alto ¿Por qué la Decana se esforzaría en darles lo que quieren si ella solo recuperaría Silas?
-Claramente no lo está haciendo solo para quedarse con Silas, LaF –Dijo Carmilla— ¿Qué tiene que ver todo eso con Lovecraft?
-Todo –Continuo Erzebeth— La Primera Puerta es como una entrada o portal dimensional a lugares muy lejanos en el universo donde supuestamente viven estas criaturas que, obviamente, les permite entrar al mundo de los mortales.
-Me imagino que no solo para saludar.
-No. Estas cosas son tan antiguas como poderosas y atroces. Les encanta todo lo que tenga que ver con el caos, la muerte y el sufrimiento, pero todo llevado al nivel superior del principio de los tiempos. Donde sea que vayan se aseguraran de llevar destrucción y locura a su paso.
-Eso tampoco tiene sentido. Si la Decana destruyera al mundo entero no quedaría nada, ni siquiera para ella.
-Destruir todo cuanto existe no le conviene en lo absoluto a nadie –Dijo van Hellsing— Lo que busca es más como una forma absoluta de gobernarlo todo bajo medidas aterradoramente extremas. Supongo que quiere asegurar su victoria.
-Pero no puede, ¿verdad? –Dijo Laura— ¿Por qué un ser tan antiguo y poderoso proveniente de dimensiones cósmicas debería obedecerla? Eso podría destruirla.
-Eso no pasaría –Hablo Vlad por primera vez— Existe una manera.
- ¿Qué?
-El Comandante se tomó un tiempo para contarnos lo que paso en Austria. Es un caso parecido a lo que ocurrió con el Dios Pez. La criatura, sea lo que sea, quedaría bajo su completo control si le ofrece un sacrificio a cambio. Es la forma tradicional de satisfacer a los dioses.
- ¡Entonces estamos jodidos! –Clamó Víctor— En ese caso puede darle de comer a cualquier pobre diablo en cualquier segundo.
-Oh, nada de eso –Continuo Dracul— Según lo que encontramos, para invocar a la criatura la ofrenda del mago debe ser algo con lo que comparta un vínculo muy cercano o que haya formado parte de él durante mucho tiempo.
-Por ejemplo –Pidió Bathory.
-Un hijo.
Karnstein casi deja escapar un grito. Por reflejo cruzo una mirada disimulada con Laura, en quien incluso pudo sentir un mayor nivel de pánico que el que ella misma sentía mientras que en el otro extremo del sofá, LaFontaine ya debía haber llegado a la misma conclusión. Todas sabían lo que eso significaba.
Desde su asiento en la esquina del sofá más grande, el segundo Víctor Frankenstein logró percatarse del curioso comportamiento de los estudiantes invitados.
-Qué curioso; nunca eh sabido nada sobre un hijo de Lilita. Vlad, ¿crees que haya tenido hijos?
-Amo, es un vampiro casi tan antiguo como las viejas historias de la creación de la existencia; es obvio que debe tener uno o dos bastardos regados por el mundo.
-Tampoco lo menciona ninguno de los diarios… Erzebeth.
-Hasta donde sé, Lilita Morgan nunca se presentó acompañada ante ninguno de sus ancestros. El señor de los murciélagos aquí debe coincidir conmigo; él y yo estuvimos presentes en todas las reuniones que hacían.
-Siempre estaba sola; tan solo ella y sus cuervos, nada más. Nunca trajo consigo a ningún tipo de acompañante porque sabía que no tenía nada que temer.
-Es una buena estrategia, si lo piensan bien. Así ninguno de los comandantes anteriores hubiese conseguido información para derrotarla y al mismo tiempo sus propios subordinados no podían hacer alianzas con Hellsing, o viceversa –Comentó Bathory.
- ¿Ustedes saben algo?
Los universitarios, todavía un poco anonadados, se apresuraron a negar en distintas formas a la pregunta del joven Frankenstein. Obviamente estaban nerviosas y había en cada una un distinto nivel de preocupación que no pasó desapercibido para el doctor, pues no se habían mostrado tan alteradas desde que mencionaron el sacrificio.
-Eso nos pone en desventaja. Si Lilita encuentra la ofrenda adecuada, entonces la Puerta dejara salir a la criatura, se abrirán las otras seis y todos quedaran sometidos a su nuevo régimen.
-Y por eso tenemos que impedirlo –Dijo Helena.
- ¿Cómo?
-No lo sé, ni siquiera hay una fecha limite o un tiempo exacto. Bien podría estar abriendo el portal ahora y nosotros seguimos aquí discutiendo.
- ¿Qué tal si vamos a Silas de una vez? Perry, J.P, Summers, Zetas y toda la universidad están pasando por un mal momento y nos necesitan ahora.
-Entiendo tu preocupación, LaFontaine, pero podemos apresurarnos a nada sin antes tener un plan.
-Podríamos planearlo toda una vez que estemos haya. Creo que todavía quedan algunas personas que nos prestarían su ayuda.
- ¿En serio, Laura? ¿Después de todo crees que alguno de esos dos mini bandos absurdos estará contento de hacer eso? –Dijo Carmilla, recargando con fatiga la cabeza en el respaldo del sofá.
-Summers y Zetas deben entender que el campus los necesita unidos si quieren derrotar a Corvae. Nadie podrá ponerle un dedo encima a la Decana mientras los soldados le cuiden las espaldas.
-Laura, por favor dime que no has olvidado que la malvada bruja tiene poseída a mi mejor amiga.
-Oh dios, es verdad.
- ¡Con un demonio, un problema a la vez, maldita sea! No hay manera de resolver todo eso en una noche –Exclamo Erzebeth, a quien ya le empezaba a doler la cabeza escuchando tantos conflictos que brotaban de aquí y allá a tal punto en que debía ser una desesperante broma.
Erzebeth Bathory, incluso en vida humana, siempre había sido muy problemática, pero hasta ella tenía un límite para los problemas. En cualquier otro caso van Hellsing le hubiese ordenado que se controlara, pero el vampiro estaba en todo su derecho a rabiar si quería. Su Maestro la había metido en un conflicto complicado donde tendrían que lidiar con criaturas dimensionales, antediluvianos, un ejército de soldados raros y universitarios asustados; eso bien podría hacer estallar a cualquiera. Mas la seguridad, el orden o las vidas que corrían riesgo no eran lo que desesperaban a Bathory, era la absurda cantidad de problemas distintos que surgían entre conversación y conversación que no la dejaban concluir en absolutamente nada.
Drácula también debía estar igual, por menos que se le apreciara en la cara. Ambos eran excelsos estrategas de guerra; entendían perfectamente el viejo arte del ataque, la defensa y la retirada; del escudo y la espada; y de las vidas perdidas y la sangre derramada. Los dos habían luchado y ganado más de una vez en las horas olvidadas, presentes o no en el campo de batalla, cuando los estandartes de sus ya casi desaparecidas casas preñaban el miedo el corazón del ejercito contrario y hacían que los reyes tragaran en seco y que sus soldados, a pie o a caballo, quisieran correr asustados.
Pero esto… Esto era demasiado incluso para dos estrategas tan experimentados. Una guerra era una guerra incluso si en ella se involucraran cinco ejércitos, pero aquí había guerra por cualquier lado. Un problema le seguía a otro y a este otro más, y los problemas nunca tienen la intención de terminar.
-Helena, Bathory tiene razón. No podemos dar soluciones si luego nos contradicen con otra cosa –Dijo Vlad.
- ¿Y qué sugieres?
-Sería más practico si cada quien se dedicara a resolver algo y al final del día discutirlo para armar el plan. No habría que pensar de más y se pueden construir alternancias en caso de que algo salga mal.
- ¡Esa es una gran idea! –Exclamó Laura— Pero si queremos evitar la llegada del Armagedón en toda su gloria deberíamos ponernos a trabajar ya, ¿no?
-La niña tiene un punto –Señaló Erzebeth.
- ¡Perfecto entonces! –Clamó van Hellsing, haciendo un ademan con sus brazos— Ahora, ¿alguien sabe cómo exorcizar a un antediluviano?
Y mientras todos se mantenían hablando y discutiendo, Karnstein era incapaz de mantenerse en el instante. Carmilla estaba pasando por un abrumador momento donde todo sonido o voz se convirtió en un eco que cada vez se hacía más lejano y el tiempo se congelaba en esa esquina del sofá. De repente la invadía una increíble tensión que ensordecía sus oídos y la sumía en un abismo negro en donde no había nadie más que ella y el lugar donde estaba sentada, sola con aquella desesperante sensación de pánico que la ahogaba desde el interior del pecho.
Cualquier humano podría decir que es ridículo que un vampiro sienta miedo, pero la realidad es que hasta las criaturas sobrenaturales pueden temerle a la muerte, y Carmilla estaba en todo su derecho porque sabía lo que se le vendría encima. La reconfortaba que por lo menos el cazador, tan cómodamente sentado en su sillón individual, por el momento desconocía que tenía a la última hija viva de Lilita Morgan bajo sus narices y en su propia sala. Ella era el último que le quedaba, el único de sus tres hijos que no había muerto todavía; la última opción para el sacrificio. [3]
Su trastornada consciencia regresa al mundo material cuando siente el cálido suave tacto de otra mano sobre la suya. Le bastó tan solo con girar un poco la cabeza para notar que, en efecto, esta le pertenecía a Laura Hollis sentada a su lado. La humana no la estaba mirando a ella, sino a Helena, concentrada en cada palabra que salía de los labios del cazador de monstruos para el siguiente movimiento que llevarían a cabo antes de ir a salvar Silas, que era lo que Laura tanto anhelaba. Y, aun así, un poco distanciada, Hollis no se había olvidado de ella en ningún instante, y a Carmilla le basto esa sola acción para saber que la chica estaba lo suficientemente pendiente de ella como para estar preocupada por su seguridad.
Laura no necesitaba deducir mucho para saber que Karnstein estaba pasando por un mal momento. El agarre que ejercía en la mano del vampiro le indicaba que incluso la propia Laura debía estar sintiendo ese mismo pánico que le abrumaba el pecho. Estaba aterrada; podía sentirlo en sus latidos o en el esfuerzo que estaba haciendo por respirar con normalidad. La idea del sacrificio no le había agradado en lo más mínimo, y aunque no sabía con certeza que estaba pasando por su mente en esos instantes, justo ahora la mente de la muchacha debía ser un desastre. Carmilla no quería que Laura se estresase tanto, ya de por si tenía que lidiar con otros tantos líos como para terminar enterándose de cosa igual y tener que temer por una vida ajena no la ayudaría en nada.
Respondió el gesto entrelazando ligeramente sus dedos entre los suyos, como si así quisiera mitigar la desesperación interna por la que estaba pasando, y de paso también la suya. Se concentró en relajarse, en intentar olvidar todo eso hasta que se acabase la reunión, y por fin, acompañada del siempre reconfortante contacto de su pequeña humana, el vampiro regreso al presente.
[1] El diminutivo del apellido es Draculea, que también parte de Dracul, y en rumano quiere decir "hijo del Dragón". Sin embargo, "drac" también quiere decir "Diablo", por lo tanto, el significado puede malinterpretarse como "hijo del Diablo". En dado caso, los enemigos de Vlad asumieron un doble significado para él y su padre.
[2] Vlad se refiere a la aplicación del proyecto de Abraham van Hellsing sobre Erzebeth Bathory.
[3] Todos (Carmilla, Laura y LaFontaine) piensan que Carmilla es la única opción que queda para la ofrenda porque siguen creyendo que Mattie está muerta y Will prácticamente también lo está, lo cual es una razón más para temer por su vida.
