Disclaimer: Los personajes corresponden en derecho de propiedad a sus respectivos autores; esta historia es sin fines de lucro. Solo con el único fin de entretener a un publico lector; de una fan para fans.


Capitulo: IX Enfrentamiento

¡Alex! — Volvió a subir la voz, pero ahora con un tono de alivio. — ¿Estas bien? ¿Qué paso? — intento de nuevo quitarse las cuerdas de sus extremidades. — Ayúdame, quítame esto.

Amm, no. Yo creo que no. — Hablo el chico pelinegro mientras le negaba con el dedo índice de su mano derecha. — No pasará, es mas no saldrás de este lugar, al menos no como Diana Lombard — Término por reírse para volver a desaparecer por donde había llegado.

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— Alex ¿Por qué? — preguntó por fin Diana mientras aún intentaba desatar sus manos. Tantas veces lo había intentado ya que el roce comenzaba lastimar su piel. — Déjame ir.

— Te eh dicho que no —. Repitió por tercera vez el chico, mientras se acercaba a la castaña. — De verdad eres idéntica a Isabella —. Le dijo al oído cuando por fin se había acercado lo suficiente, para después alejarse unos cuantos centímetros. — Incluso tienen el mismo olor — continuo con un ronco susurro mientras aspiraba con su nariz la fragancia que pudiera desprender el castaño mechón de cabello que sujetaba con su mano derecha.

— Ese bastardo — gruñó Martin al ver semejante escena. Le causaba repulsión y lo único que quería era ir y partirle la cara a golpes al pelinegro; y lo haría claro, si no fuera porque Marvin lo detenía en cada intento. Pero comenzaba a perder la paciencia, comenzaba a asquearse.

La situación se tornaba confusa, no habían tardado en encontrar a Diana y Alex, gracias al calor que emanaban ambos cuerpos, lo podían ver gracias a las gafas alfa; sin embargo llevaban alrededor de quince minutos escondiéndose detrás de una gran deformidad de la cueva, la cual evitaba que el pelinegro los viera, ayudados grandemente por la oscuridad que los rodeaba. Pero Alex no hacía más que estar ahí, rondando de aquí para allá, dejando pasar el tiempo. No se alejaba de Diana, pero tampoco parecía querer hacerle algo. Aún.

— ¿Por qué no hace nada? — preguntó Marvin cuando vio al chico sentarse en una de las rocas frente a Diana.

— Deberíamos aprovechar ahora que esta distraído — susurró Martin en respuesta pero antes de que pudiera realizar cualquier acción la voz de la castaña llamo la atención de todos los presentes.

— ¿Isabella? —Dijo — así me llamaste la primera vez que te vi. ¿Quién es ella? — Demando saber con seriedad. Alex la miro y antes de decir cualquier cosa, una carcajada fue lo que su garganta emitió.

— Ay, mi querida 'prometida' Diana. No me digas que estas celosa — se burló volviendo a reír.

— ¿Debería? — Preguntó esta. — Por lo que a mi concierne ya te habría pateado el trasero si no estuviera amarrada.

— Oh, ¿Desde cuándo tan temeraria, cariño? — volvió a exclamar divertido el chico acercándose de nuevo ante la mirada penetrante que le regresaba Diana. — Te diré — susurro cuando la tuvo cerca de nuevo —. Supongo que tienes derecho a saber — alzo ambos hombros restándole importancia al asunto, para después ponerse de pie y regresar a su anterior asiento frente a ella. — Aunque me sorprende que no recuerdes el nombre de mi hermana —. Añadió mientras se acomodaba cruzando las piernas.

Diana abrió los ojos sorprendida, recordando como hacia un par de días el mismo Alex le había dicho a su madre esa información.

— ¿Qué tengo que ver yo con ella? — Preguntó ahora con un tono más serio. Alex suspiró cansado, y poniéndose de pie se acercó a Diana una vez más sujetando su rostro obligándola a mirarlo a los ojos. Diana intento resistirse, pero el hombre tenía demasiada fuerza y ella en su condición se le dificultaba quitárselo de encima; termino perdiéndose en los ojos de él.

...

¿Isabella? — Esa noche el viento soplaba frío, esa noche la chica de cabellos y ojos castaños le devolvía la mirada interrogante. — Sabes que no podemos estar juntos.

Yo sé que esto está mal, si padre y madre se enteran... — hablo por fin la chica, con el temblor en su voz.

¡Lo sé! No soy tonto —. Tomó las pequeñas manos de la chica — Y tampoco quiero que te lleven lejos.

Pero yo quiero estar contigo. Siempre — dijo tristemente en un susurro.

Y yo contigo, pero por favor Isabella, estamos prohibidos el uno al otro.

¿Por qué? —

Tú bien sabes por qué.

No es justo —. Y tras decir aquello, soltándose del agarre del hombre subió delicadamente su mano para acariciar la mejilla de su compañero. — Somos hermanos y no podemos permanecer juntos. No como quisiéramos. — Comprendió esta vez, y bajo la mirada; el pelinegro siguió con sus propios ojos el acto, entonces lo observo; observo el reluciente anillo de diamantes azules, ostentoso; que adornaba el delgado dedo anular. — Mañana me casaré y ayudaré a la familia.

¡No! — La interrumpió desesperado buscando la mirada ámbar de la joven. — Para eso estoy yo, yo nací con los poderes para mantener a esta familia estable. Tú no tienes porqué sacrificarte.

Aunque no tuviera que hacerlo. Lo nuestro es un pecado, uno muy grande. Si tan solo no fuéramos hermanos, entonces...

Te lo prometo, que estaremos juntos... Tal vez no ahora, pero lo estaremos.

...

— Lo estaremos... — susurró levemente Diana, mientras aún era sujetada por el pelinegro. — ¿Qué diablos fue eso? — preguntó molesta cuando Alex se alejó de ella, y pudo reaccionar.

— Un pequeño recuerdo de ambos — Y dándole la espalda blandió el aire de la cueva con su brazo derecho haciendo así que esta se iluminará. Fue cuando todos los presentes pudieron notar al fondo un sin número de pequeñas velas, las cuales encendidas dejaban ver un mediano montículo de tierra en el centro, no muy lejos de Diana. Pero lo que más llamo la atención de ambos agentes, fue un gran contenedor en medio de todas aquellas velas, la diferencia es que ese contenedor mantenía un fuego azul. Finalizando con un movimiento nuevo, esta vez utilizando su mano izquierda; Alex hizo aparecer unos extraños símbolos al rededor del montículo.

Martin y Marvin seguían cada paso del hombre cautelosamente.

— ¿Que le habrá hecho ver? — preguntó Marvin en voz baja con curiosidad, pero al no recibir ningún tipo de respuesta de su compañero regreso su mirada hacia él. Martin miraba al frente escondiéndose aún más, debido a que la luz que Alex había hecho aparecer, podría delatarlos en cualquier momento. Sabía muy bien que tendrían que lidiar con los poderes mágicos, sobrenaturales o lo que fueran del chico, y con Diana ahí, Martin necesitaba terminar con todo, rápido y de la mejor forma posible.

— ¿Estabas enamorado de tu hermana? — La voz de Diana atrajo la atención de todos, de nuevo. Con Alex aun dándole la espalda, lo vio mirar su reloj, para después asentir.

— Era mutuo — dijo mirando esta vez, en dirección a la chica. — Ahora, es tiempo que Isabella por fin pueda estar conmigo — y con un movimiento de su mano hizo que Diana se pusiera de pie involuntariamente.

— ¿Qué? ¡No! — Comenzó a resistirse la castaña — ¿Yo qué tengo que ver? — Preguntó inocentemente mientras intentaba hacer que sus brazos y piernas respondieran a sus órdenes, sin éxito; la energía que la forzaba a estar de pie era demasiado poderosa.

— Tú tienes todo que ver — prácticamente le gritó, al parecer su paciencia se había terminado, así que acercándose de nueva cuenta esa noche, tomó el rostro de la chica con su mano izquierda, pero ahora de una manera brusca; e hizo que Diana lo mirará.

— Aun no es tiempo — susurró el rubio mientras jalaba a Martin hacia abajo con fuerza, ya le estaba costando bastante trabajo mantener al chico a raya de la situación. Martin solo resopló fastidiado, una vez más.

— Es tu culpa que Isabella no naciera — escucharon de nuevo la voz de Alex.

El pelinegro aun sostenido el rostro de Diana, volvió a concentrar su mirada en la de ella.

— No sé de qué diablos estas... — pero la chica ya no pudo decir nada más, había dejado de ser dueña de sus acciones.

— Pero ya no importa, lo solucionaremos en este momento. — Dijo mientras acariciaba la mejilla de la ojiverde. — Veo que terminaste lastimando tus muñecas — observo las rojizas marcas alrededor de la blanca piel de la joven. — Eso es malo para Isabella —. Y sin más, con una Diana sumisa e inconsciente, los amarres de las muñecas y tobillos cayeron, dejándola libre. — Es una lástima que no nos volvamos a ver, Diana. — Finalizó haciendo que la castaña se dirigiera al lugar donde los extraños símbolos la rodearían. Alex sonrió satisfecho una vez la chica se encontró en el lugar necesario, y dándole totalmente la espalda ambos agentes, quienes aún observaban meticulosamente; hizo aparecer de la nada un sencillo báculo presumiblemente hecho de oro debido al color dorado que poseía, con una punta redondeada barnizada de un rojo carmín, adornada con algunos detalles curvos.

— No, si puedo evitarlo — escuchó el pelinegro cuando sintió un gran peso en su espalda, para después notar como se le era arrebatado el báculo que sostenía, el cual termino cayendo varios metros lejos de Alex.

— ¿Por qué no me sorprende que estés aquí Mystery? — al decir aquello Martin cayó al suelo, una fuerza extraña hizo que ya no pudiera seguir atacando físicamente a Alex. — Es más, me preguntó cómo es que entraste —. Volteo hacia Martin quién aun yacía en el suelo.

— Tengo mis maneras — sonrió altanero el rubio.

— ¡Solo me estorbas! — Gritó fuertemente frunciendo el ceño, mientras con su mano izquierda tomaba de nuevo el báculo, el cual había flotado hasta donde ellos estaban.

Sin más, blandiendo el objeto, mando a volar a Martin a un costado, para volver su vista hacia Diana. Pero no la encontró. Rápidamente busco por todas direcciones encontrando a la chica con otro rubio, el cual intentaba hacer reaccionar a la chica.

— Así que Marvin se unió a la fiesta — comenzó a acercarse mientras Marvin comenzaba a ser suspendido en el aire.

— Deja a Diana en paz Alex —. Dijo cuando vio al pelinegro tomar la mano de la chica.

— ¿Quién me lo va a impedir, tú? Por favor — se burló. — Solo son un obstáculo en mi plan. Siempre lo han sido. — Tras decir eso la fuerza que sostenía a Marvin en el aire comenzó a cerrarse alrededor de su garganta, y la sensación de asfixia llegó rápidamente. El rubio se removió con desesperación sintiendo como cada vez el aire dejaba de entrar a sus pulmones.

— Deberías ver tú cara en este momento. — Alex se divertía. Su sonrisa torcida lo delataba.

— No te parece... — Escuchó y su sonrisa desapareció — que estas tomándote muchas molestias —. El chico dejo caer a Marvin, quien ya en el suelo tosiendo comenzó a tomar grandes bocanadas de aire; Alex soltó la mano de la castaña, se acercó a Martin y observo como se levantaba del piso, con su mano izquierda sosteniendo un pequeño cilindro color verde. — No es un poco enfermo todo tu plan, es decir; Isabella es tu hermana. — El rubio presiono el pequeño botón que se encontraba en el centro del cilindro, e inmediatamente este se expandió por ambas caras quedando así de un tamaño mayor al del propio Martin.

El pelinegro soltó una fuerte carcajada mientras comenzaba a acercarse a Martin, dejando de lado a Marvin quien aun tosía en el suelo.

— Es muy gracioso que lo digas — se detuvo cuando el rubio lo apunto con el cilindro que ahora era, más bien; un bastón, uno largo y ancho. — Dime, ¿No te mordiste la lengua? Porque yo recuerdo que estas en la misma situación —. Volvió a reír. — En realidad me preocupaba como te quitaría de mi camino, pero fue una grata sorpresa cuando decidiste alejarte de Diana por voluntad propia. — La distancia que los separaba, era de almenas medio metro, pero aun así Martin podía observar claramente al chico, podía observar cómo se burlaba de él.

— ¿De qué estás hablando? — frunció el ceño al tiempo que una descarga rodeo el extremo del bastón que apuntaba a Alex.

— Krönt fue difícil, ¿cierto? Y lo mejor de todo es que te sentiste tan culpable que huiste. Huiste como rata —. La mirada seria de Martin contrastaba con la sonrisa victoriosa que Alex tenia plasmada en la cara.

— ¿Te estas burlando de mí? — Reclamó el rubio, mientras con un movimiento intento golpear al chico con el bastón, sin éxito. Sin embargo con una pirueta se posicionó en el lado contrario comenzando a acercarse a Marvin.

— ¿Yo? Para nada — Diana comenzó a caminar hacia Alex.

— ¡Diana! — El agente dejo caer el bastón e intento sostener la mano de la chica, intento detenerla, pero esta simplemente siguió caminando hasta el enemigo.

— ¿Cómo sabes de aquel día? — Preguntó Marvin con un tono de voz un tanto forzoso, mientras intentaba ponerse de pie.

La sonrisa de Alex se ensanchó. — Cómo podría no saber si la eh vigilado desde antes que llegara a este mundo —. Acaricio la mejilla de Diana, dejando confundidos a ambos rubios — todo habría sido perfecto si Isabella fuera quien hubiese sobrevivido. Si Isabella hubiese nacido —. Diana subió al montículo.

— La has vigilado, desde antes de... Eso quiere decir...

— Has estado vivo todo este tiempo. Esperando por Isabella — concluyó Marvin interrumpiendo a Martin. Alex no dijo más. Sin embargo, los extraños signos alrededor de Diana comenzaron a palpitar con propia luz.

— ¡Diana! — Reaccionó Martin, corriendo hacia ella pero Alex se lo impidió, la magia del chico lo hizo retroceder ante cada intento. — ¡Estás loco, no puedes estar haciendo esto! — gritó desesperado.

— ¿Loco? No Martin, a diferencia tuya yo intento estar con la persona que quiero. Me reclamas porque Isabella fue mi hermana. ¿Qué me dices tú? Más que nadie deberías entender mi situación —. Esta vez Alex ya se había hartado de tanta palabrería así que sin dejar decir una palabra más a Martin, el rubio solo pudo sentir un fuerte golpe en el estómago, el cual le saco todo el aire. Cayó de rodillas al suelo.

— ¡Martin!— Gritó Marvin, ignorando el dolor que eso le causó.

— Es hora de que desaparezcas — continuo Alex quien ahora, suspendiendo al chico en el aire comenzó aplicar la misma fuerza que anteriormente había ejercido sobre Marvin —. Soy el único que puede salir triunfante hoy. El único que Isabella quiere. Tú — recalco con desdén — nunca podrás estar con Diana de la forma en que yo estaré con Isabella. Martin Mystery no puede desafiar el hecho de que sean hermanos. — Unas rojizas marcas comenzaron a marcarse con fuerza en el cuello del agente.

— Yo no lo creo así — se escuchó la voz de Marvin, quien intento atacar a Alex con su "Cortador I" en mano, fallando, pero alejándose lo suficiente para intentarlo una vez más. El de cabello negro al distraerse mientras esquivaba a Marvin dejo caer a Martin por un momento lo cual le permitió al chico volver a respirar. — Martin y Diana no son hermanos. — dijo con una sonrisa — A diferencia tuya, ellos si pueden estar juntos — e intento atacar al chico de nueva cuenta, pero esta vez Alex le quito su "Cortador I" lanzándolo lejos lo que causo que de este solo se pudiera observar el mango, Gallagher pensó que había quedado obsoleto. Sin embargo Marvin tomó ventaja de la pequeña distracción que le había causado al chico esquivar sus ataques físicos; tomando el báculo dorado, lo lanzó más allá de las velas que aún se mantenían encendidas; llegando hacia el gran contenedor de llamas azules. Todos observaron como el artefacto ardió en llamas.

— ¿Cómo te atreves! — Gritó enfurecido Alex, con un movimiento de su mano izquierda lanzo a Marvin con fuerza hacia un costado de la cueva dónde el chico golpeo fuertemente entre las filosas rocas, hiriéndose de inmediato, el dolor le impedía ponerse de pie con facilidad. — Primero me desharé de ti —. Susurro con rabia mientras caminaba hacia el chico. Al llegar a su lado, puso uno de sus pies sobre el pecho de Marvin impidiéndolo así de poder ponerse de pie, rápidamente el "Bastón X", que Martin había dejado olvidado en algún momento; apareció en su mano. Mirando el artefacto recién adquirido, notó como uno de los extremos aun generaba descargas eléctricas. No lo pensó más y posó el bastón sobre ese mismo lugar donde había estado su pie instantes atrás.

Martin escuchó los gritos de Marvin, y asustándose cuando el chico dejo de emitir sonido alguno arremetió contra Alex y en un hábil movimiento hizo desaparecer el "Bastón X".

Alex lo empujó, y observando a Martin por una milésima de segundo intento alejarlo de él utilizando su magia. Pero nada pasó.

Lo intentó de nuevo, pero el resultado fue el mismo.

— No tengo ni idea de porque no puedes utilizar tu magia, pero, es ventaja para mí —. Sin perder más tiempo volvió a acercarse a Alex golpeándolo en el estómago con fuerza. Como antes el pelinegro había hecho con él. Alex se dobló del dolor, pero el rubio no permitió que este cayera al suelo. Sosteniéndolo le acertó otro golpe, ahora en el rostro.

— Entonces, ¿Sin tu magia no eres nada? — se burló Martin mientras esta vez dejaba caer a Alex al suelo. — No tienes ni idea de las ganas que tenía de hacer esto —. Tomó a Alex de la camisa, levantándolo lo suficiente para propinarle un nuevo golpe a la cara.

— No me tomes el pelo — sonrió el chico quien se puso de pie sosteniendo su estómago con su mano derecha y con la izquierda limpiando el pequeño hilo de sangre que se asomaba de la comisura de sus labios, para después, con una velocidad que Martin no esperaba; acertarle un golpe al rubio, igualmente en la cara.

Alex rápidamente se posicionó encima de Martin, golpe tras golpe. El rubio se defendía pero no logro aventajarse de nuevo.

Fue entonces cuando el agente intento alcanzar algo en la parte trasera de su pantalón. Alex lo notó y siendo más rápido se lo arrebató, dándose cuenta que era similar al que le había quitado a Marvin unos minutos atrás.

— Te matare con tu propia arma — río Alex triunfante mientras con velocidad y fuerza dirigía el "Cortador I", que Martin había tomado del reloj U cuando el pelinegro atacaba a Marvin; al pecho del rubio. Pero el agente logro detenerlo, comenzó a hacer un gran esfuerzo con ambas manos para impedir que el láser cortara su piel. Pero Alex podía más y el arma cada vez estaba más cerca de herirlo.

Ejerciendo todas sus fuerzas en un último intento, logro empujar al pelinegro, pero este se había llevado el utensilio, no tardo en ver como el chico se acerba de nuevo, con el cortador al frente. Volvieron a forcejear.

Ambos comenzaban a cansarse pero ninguno cedía. Con un movimiento de sus piernas Alex logro hacer caer a Martin al suelo, para después posicionarse encima del rubio de nuevo —. Es tu fin, Mystery. — Alex amenazaba de nuevo esa noche. Su garganta podía sentir el calor del láser en su maltratada piel. Tan cerca, cara a cara. Cerró los ojos aun ejerciendo fuerza esperando así poder alejar a Alex. Sintió calor, sintió líquido deslizarse sobre su cuello. Y después una gran pesadez le impidió moverse más, y con ello pudo ver por el rabillo del ojo como el "Cortador I" caía al suelo, a lado suyo.

— ¡Martin!

El único pensamiento que cruzo su mente en ese instante fue "Diana".

Continuará...


Bien, estoy lista para los reclamos(?) :)

jajaja, bueno, lo cierto es que me tomó trabajo escribir la pelea, y aún asi no sé si quedo del todo bien. Esto de las escenas de accion no se me dan(?) pero igual espero les haya gustado (a pesar del tiempo que pase sin actualizar) y estando segura de que el próximo capítulo es el final. Esperen ahí las respuestas a todas sus dudas(?)

Pido disculpas, por el retraso, incogruencias y fallos ortográficos que pudieran haber leido en este capítulo. Si aun siguen aquí, gracias por leer. 3