DISCLAIMER: los personajes de Once Upon a Time no me pertenecen.


N/A: Creo que para este capítulo no tengo mucho que decir más que agradecer los reviews y los lindos mensajes que me llegan ¡Muchas gracias! Son geniales, en serio.

Sin más, espero que disfruten el capítulo!


HORA ONCE – 5:00 A.M.

–Sabes que vas a tener que ayudarme si lo hago completamente mal ¿Verdad?

Emma rio mientras Regina se sentaba a horcajadas sobre sus caderas, colocándose encima de ella.

–Dudo que hagas algo totalmente equivocado – murmuró. –No pareces totalmente ignorante sobre el sexo para mí.

–Pero si soy totalmente ignorante acerca de hacer el amor a una mujer hermosa. –Regina pasó sus dedos a lo largo de clavícula definida de Emma. –No te importa lo que he dicho antes de... follarte ¿Verdad? –Emma inclino la cabeza.

–¿Si importa? –preguntó la rubia.

–Bueno, supongo que no es una palabra muy sensible ¿verdad?– Regina se encogió de hombros, sintiéndose tonta mientras hablaba. –Quiero decir, sé que estás bastante abierta sobre esta materia, pero–

–Cariño, vamos a tener sexo, no a realizar una ceremonia religiosa. –Interrumpió Emma –Se supone que es divertido. Me gusta tierno, pero eso no significa que hacer el amor tenga que ser lento y pesado.

Un dulce alivio llenó el pecho de Regina. Muy bien, así que esa metedura de pata no ha sido nada. La morena movió su cuerpo y bajó su cabeza, besando el pezón erecto de Emma. –Está bien. –murmuró chupando la carne dura entre sus labios y probándola con los dientes. Emma silbó en el placer.

–Te dije que me gusta hablar sucio. –recordó con voz entrecortada. –Entre otras cosas. –Regina soltó el pezón de Emma para poderla interrumpir.

–Así es, eres una pequeña pervertida ¿verdad?

Regina lamió alrededor de la aureola de Emma, con la respiración entrecortada. Esperaba que no le llevara demasiado tiempo para tener la suficiente comodidad con Emma para tomar ventaja de esa fantasía especial.

Emma empujó sus dedos en el pelo de la morena, sosteniendo a su cabeza contra su pecho.

–Yo estoy dispuesta a casi cualquier cosa, Regina, si lo deseas.

Voy a tener que conseguir algo realmente excelente para Killian para la Navidad de este año.

Regina cambió de pechos, tomando el otro pezón entre los dientes y dando vueltas con la punta de su lengua. Algo que refleje realmente mi amor profundo y eterno por él. Regina se echó hacia atrás y respiró hondo.

–Quiero probar.

–Sí. –se quejó Emma.

Ella extiende sus piernas de manera que las caderas de Regina se instalaron en el espacio.

–Me hice la prueba después de mi última pareja. – dijo ella, evitando los ojos de Regina. –No hubo nadie más desde entonces. –Regina parpadeó, no habiendo pensado siquiera hacer esa pregunta.

Podía sentir su centro cada vez más húmedo, con deseo de Emma. La sensación de impaciencia hacía que apenas pudiese concentrarse en las palabras sinceras de la rubia.

–En caso de que estuvieras preocupada por ello. –explicó Emma con voz insegura.

La mente de Regina se despejó lo suficiente como para recordar una de las primeras cosas que le había dicho a Emma: Tal vez tengo miedo de lo que pueda coger contigo retorciéndote en mi regazo.

–Yo no estaba preocupada por ello. –Emma sonrió.

–Quiero sentir tu boca sobre mí.

Regina se estremeció con anticipación. Se lamió los labios, casi sin poder creer que estaba a punto de cumplir una de sus mayores fantasías. Voy a ir abajo en esta hermosa mujer. Es un milagro de cumpleaños. Miró a la longitud del cuerpo de Emma, admirando las curvas mientras evaluaba la situación.

–¿Crees que puedes ponerte por encima de mi cara… –preguntó Regina, rompiendo en una sonrisa tímida. –si estoy acostada boca arriba?– Emma gimió y se sentó, invirtiendo sus posiciones con la facilidad.

Regina se encontró acostada sobre su espalda otra vez, jadeando ya que las rodillas de Emma fueron ubicadas a ambos lados de su cabeza y el sexo de Emma se abrió frente a ella. Rosa oscuro y brillante por la humedad mientras que su clítoris estaba tan hinchado que parecía casi rojo.

–Recuerda lo que dije sobre despertarme. Realmente quiero terminar esto. –Regina se apoderó de las caderas de Emma con manos temblorosas. –Por favor.

Emma se rio tontamente y deslizó su mano abajo entre sus propias piernas. Se extendió abierta y luego empujó dos dedos a ambos lados de su clítoris hinchado.

–Podríamos comenzar con algo un poco menos intenso. –dijo mientras se frotaba con lentos movimientos.

Regina mordió con fuerza el labio inferior cuando su clítoris palpitaba de placer a la vista de Emma tocándose. –Oh, no. –dijo. –Me gusta intenso. Intenso es muy, muy bueno.

Regina levantó la cabeza y robó el dedo índice de Emma con su lengua, gimiendo en su sorpresa por el delicioso sabor de sus jugos. Emma movió la mano, dejando a su hinchada necesidad expuesta.

–Dios, Regina.

Regina llegó a las caderas de Emma, trayendo su sexo abajo.

–Mi turno. –susurró y extendió su lengua para tomar una agradable capa de la carne húmeda y caliente.

Olvidó su preocupación por no saber qué hacer en el instante que sintió los labios resbaladizos de Emma contra su lengua y empezó a envolver su clítoris hinchado. Dejó de pensar y retumbó en éxtasis mientras exploraba cada centímetro de la zona más íntima de Emma con su boca entera. Los muslos de la rubia temblaron y mientras Regina trazaba un hambriento camino de ida y vuelta.

–Oh, joder, sí...

Regina se quejó ante el sonido de las palabras gruñidas de Emma. Ella sabía tan increíble, tan dulce, y se preguntó si todas las mujeres sabían tan bien, o simplemente Emma. Tomó las caderas de Emma con más fuerza, obligando a bajar con más firmeza en su rostro, mostrándole que podía soportar el peso y porque anhelaba la sensación de estar totalmente abrumada por el olor y el sabor de Emma.

–Eres tan buena...

Emma cayó hacia adelante, con la mano en la pared del ascensor mientras gemía y se retorcía ante el ataque de Regina contra su sexo. La morena hizo rodar sus ojos hacia atrás, mirando arriba del vientre de Emma, tratando de vislumbrar su rostro. Ella quería ver exactamente lo que estaba haciendo a Emma, para ver si aquello se sentía tan bien como la lengua de la rubia se había sentido para Regina.

Todo el cuerpo de Emma se estremecía en sintonía con el temblor incontrolado de los muslos. La rubia movió las caderas hacia adelante y atrás sobre la cara de Regina, manchando los labios y el mentón con sus jugos. La mano que estaba sobre la pared, cayó contra a la cabeza de Regina, hilando los dedos en el oscuro cabello. Regina intentó sostener a Emma mientras se centraba en el duro centro, cuya adoración produjo aún más humedad que la morena saboreó con gusto. Ella se arremolinaba en la punta de la lengua hacia atrás y hacia adelante sobre el clítoris duro de Emma, persiguiendo a su alrededor con trazos firmes.

A menudo, Regina movía su boca entera más abajo, empujando en la estrecha abertura que encontró allí, tirando de Emma con fuerza contra ella mientras la penetraba con una lengua rígida.

–Cristo, mujer. –gimió Emma, ahora más sometida dentro de su agarre. –Tu er... eres sí, nena, chúpame...

Regina oyó ruidos pequeños, frenéticos y los muslos al lado de su cabeza comenzaron a temblar con más violencia. Deslizo su mano desde las caderas de Emma hasta su culo, apretando duro y extendiendo las mejillas aparte. Emma se puso rígida, gritó y envío una oleada de humedad caliente, salada que remojó los labios de Regina, sus mejillas y el mentón. Emocionada por lo que podría provocar simplemente siguiendo sus instintos, Regina la sostuvo apretado, tratando de sacar tanto placer como ella pudo y relajó su agarre sólo cuando Emma comenzó a sollozar para ella para pararse.

–Oh, está bien. –murmuró la morena. –Podemos descansar un minuto.

Regina se escabulló de debajo de Emma y se sentó, riéndose entre dientes. La rubia simplemente se tumbó boca abajo sobre la manta para calmar el movimiento en su vientre. Jadeaba con los brazos extendidos en una posición que proporcionó a Regina una atractiva vista de su redondo trasero. La morena se arrastró hasta el cuerpo de Emma, salpicando sus hombros y columna de suaves besos. Lucho por las palabras, no segura de cómo podría expresar con palabras lo que sentía. Después de unos momentos, dijo:

–Eso fue jodidamente increíble.

Los hombros de Emma temblaron en una sonrisa tranquila sobre la manta.

–Lo fue. –murmuró la rubia. –No me puedo mover.

Regina le dio un beso en la nuca, su sexo en el trasero desnudo de Emma, quien amenazó con cambiar su posición.

–Oh, no necesitas para moverte. Creo que estás bien así donde estas. –determinó la morena.

Emma gimió y giró su rostro para mirar a Regina.

–Tú has hecho esto antes. –acusó. –No hay manera de seas así de buena.

Radiante, Regina apoyó la mejilla contra el suave pelo de Emma.

–Supongo que soy así de buena.

–Supongo que lo eres. –le dedicó una sonrisa.

–Espero tener la oportunidad de probar una segunda vez, también.

Después de haber llevado a Emma al orgasmo una vez, Regina se sintió llena de una confianza embriagadora. Estaba lista para más. Emma exhaló con voz temblorosa.

–Tienen que ser casi las cinco y media de la mañana. Estas tratando de matarme.

–Yo no quiero matarte. –Regina movió su mano de la base de la columna vertebral de Emma para llevarlas a sus muslos, empujando los dedos en la coyuntura hasta que encontró la humedad. –Quiero que follarte.

Complacida, Emma trató de impulsarse con las rodillas, pero Regina rápidamente colocó su mano libre firmemente entre los hombros de Emma para evitarlo.

–Quédate cómo estás. –dijo.

Emma se estremeció.

–Si eres así como principiante, temo por mi bienestar físico.

–He tenido un montón de tiempo para soñar. –dijo Regina. –Y ver y leer. –Emma separo sus rodillas entonces quedando extendida y abierta.

–Estoy impresionada. Y espero que esto signifique que superaste tus nervios. No tienes ninguna razón para dudar de ti misma, confía en mí.

Ella confiaba en Emma, por supuesto. Y, milagrosamente, se encontró con que su nerviosismo había desaparecido.

–¿Cómo puedo estar nerviosa cuando te tengo húmeda , abierta, y con tu sexo delante de mí?

Se puso de rodillas detrás de Emma y apoyó una mano en su trasero. Sintiéndose casi arrogante, ella se echó hacia atrás después de varias caricias lentas y dio una palmada fuerte, lo que provocó a Emma a sacudirse con sorpresa.

–De hecho, estoy casi lista para ser dura contigo.

–Dios, y ni siquiera es mi cumpleaños. –Emma se disolvió en risas tontas.

Regina agarró el culo de Emma y la extendió abierta, bajando su cara a los pliegues rosados que revelaba y dio una vuelta en ellos con su lengua. Cuando Emma soltó un gemido ronco, la morena sustituyó su boca por sus dedos.

–Apuesto a que te encanta ser tomada de esta manera. –murmuró ella. Remontando los bordes de los labios de Emma con las yemas de sus dedos, tragó de una momentánea preocupación por su técnica, mientras seguía acariciándola. –¿Te gusta ser tomada así?

Emma asintió con la cabeza rápido, balanceándose sobre sus rodillas para encontrar el movimiento de los dedos de Regina.

–Sí. –atragantándose.

–Lo sabía.

Vacilante, Regina apretó un dedo entre los pliegues de Emma y buscó su apertura. Esperó saber cómo ir dentro de ella desde este ángulo, deseando que no le hiciera daño. Cuando ella se encontró con la prometedora entrada que buscaba, deslizó su dedo dentro poco a poco. Emma lanzó un gruñido tranquilo de placer.

–Dios, Regina.

–¿Me quieres aquí? – susurró Regina.

¿Cómo diablos se puso ella tan audaz? Con un gemido ronco, Emma apretó más contra el dedo de Regina.

–Te estás volviendo muy poderosa... –susurró, moviéndose aún más, instando a que la penetrara más profundamente.

–Tú me das ganas de serlo.

Regina sintió una subida de emoción que no podía controlar. Emma la hizo sentir como si pudiese ser, o hacer cualquier cosa. Movió su dedo en su apertura y luego se retiró.

–Dime lo que quieres.

–Quiero sentirte dentro de mí. –Las palabras de Emma fueron ligeramente amortiguadas por su respiración. –Quiero que sigas hablándome.

Envalentonada, Regina se acercó y tomó el lóbulo de la oreja de Emma entre sus dientes mientras jugaba apretando la apertura de Emma con la punta de sus dedos. La acarició distraídamente durante unos segundos para luego explorarla con sus temblorosos dedos. Regina exhaló por la nariz, acariciando la humedad de Emma mientras intentaba relajarse para hacer que fuese agradable para la rubia.

–¿Cuántos dedos quieres? –susurró al oído de Emma. Frotó círculos suaves alrededor de la abertura con las puntas de dos dedos. –Dime.

Emma empujó su trasero más alto. –Dos. –gimió. –Quiero dos.

Regina sonrió ante la sensación de poder que surgió en su cuerpo. Estaba realmente encendida. Y ansiosa por sentir a Emma desde el interior. Apretó sus dedos hacia adelante, deteniéndose cuando se deslizó a sus primeros nudillos.

–¿Dos?– Ella rizó sus dedos ligeramente y se retiró, frotando y lamiendo las paredes interiores como se retiró. –¿Quieres dos dedos dentro de tu sexo?

Todas las películas porno y literatura erótica lesbiana que Regina había visto alguna vez le indicaron que el gemido torturado de Emma significaba que ya estaba en ruinas. La respiración de Emma se hacía cada vez más difícil.

–Por favor. –rogó, empujando hacia atrás antes de Regina comenzara a moverse con ella. –Fóllame, Regina, por favor.

Con un sentido de victoria que rivalizaba frente a cualquier buen grado en la escuela o los logros en los negocios, Regina metió sus dedos índice y medio profundamente en el interior, gimiendo al unísono de Emma, cuando ella misma se enterró por completo en el acogedor espacio. Cerró los ojos durante unos segundos, perdiéndose en la multitud de nuevas sensaciones: el calor que rodea los dedos, la pulsación sutil que podía sentir a lo largo de toda la mano, la humedad que la empapaba y corría por su muñeca.

–Se siente increíble. –susurró. –Emma, eres tan sexy.

Regina se quedó mirando, extasiada ante la visión de sus dedos desapareciendo en el interior de Emma. No puedo creer que esté muy dentro de ti. Tendida en el suelo en total sumisión, Emma soltó un quejido afligido y se meció más rápido y más duro en la mano de Regina, recordándole que realmente debía terminar lo que empezó. Cuando Regina pasó a estocadas profundas, cayeron en un ritmo creciente que hizo doloroso por su propia liberación.

–Sí. –chilló Emma, moviendo su mano entre las piernas propias para empezar a acariciar su clítoris. Regina sonrió.

–Oh sí, te gusta mucho esto ¿no?

Regina dio un par de empujes más duros a Emma tomando como señal la respuesta frenética de Emma que ella no estaba todavía cerca de su límite.

–¿No lo sabes?– Emma asintió con la cabeza, el rostro enterrado en un brazo.

–Me encanta. –dijo la rubia. –Se siente tan bien.

Su mano trabajaba furiosamente entre sus piernas. Mirando hacia abajo en movimientos disolutos de Emma, Regina tuvo un momento de inspiración. Dejó de mover su brazo, pero mantuvo los dedos en el interior.

–Fóllame. –dijo. –Fóllame los dedos.

Emma lanzó un grito de excitación sobresaltada ante la proposición y, sólo después de una breve vacilación, comenzó mecerse de veras, forzando los dedos de Regina a penetrarla, primero, de forma que sólo las puntas permanecieran dentro, y luego, penetrándola profundamente. Regina se preguntó si era posible para ella correrse otra vez sin ser tocada. Al ver a Emma mantener aquel desvergonzado ritmo con su cuerpo, usando libremente la mano de Regina para llevarla al clímax, su clítoris se estremeció, doliendo en un profundo placer que se llevó su aliento.

–Dios, eres ardiente. –gruñó.

Incapaz de resistirse, Regina comenzó a empujar sus dedos de nuevo, esta vez dejando el pulgar contra el anillo del ano fruncido de Emma. No trató de penetrarla, solo aplicaba una presión burlona en la diminuta apertura rosada. Emma la premió con un quejido estrangulado.

–Quiero hacerte llegar. –dijo Regina.

Jadeante y sin aliento, Emma dijo:

–Estoy casi... llegando.

Trabajó su clítoris con las manos, frotando en círculos frenéticos cuando Regina se movió dentro de ella. La morena comenzó a acariciar pequeños círculos con el pulgar, magreando la piel sensible del ano de Emma, mientras que mantenía un ritmo constante de empujes en su sexo empapado.

–Tal vez algún día te voy a enseñar a follar mi culo. –dijo Emma con voz entrecortada mientras sentía cómo su sexo se contraía alrededor de los dedos de Regina mientras hablaba. –¿Te gustaría eso?

–Sí. –respondió Regina sin dudarlo.

La morena movió la yema de su dedo sobre el ano de Emma e inhaló bruscamente cuando la punta fue dibujada dentro. El deseo se apoderó de sus venas y fue aumentando la velocidad y la fuerza del empuje de sus dedos, follando el sexo de Emma tan duro como se atrevió. La mano de Emma era una mancha borrosa entre sus piernas.

–Fóllame, sí.

–Te gusta que sea dura. –dijo Regina. No era una pregunta, era una afirmación.

–Oh, sí, Regina. Oh, sí.

La dulce voz de Emma se atragantó con la gozosa liberación. Todo su cuerpo se tensó y por un momento el único movimiento fue la mano de Regina golpeando entre sus piernas y sus propios dedos frotando desesperados círculos en su clítoris. Su sexo tuvo espasmos alrededor de los dedos de Regina, liberando un hilo caliente de humedad que corría por la muñeca de Regina. El sonido provocó un espasmo entre los muslos de Regina como respuesta. La morena se maravilló al sentir cómo Emma se apretaba y convulsionaba con el logro de su orgasmo. Sentía como si su mano estuviera en medio de algún milagro, alguna fuerza poderosa de la naturaleza. Manteniendo los ojos cerrados, ella trató de memorizar cada detalle del calor, el placer pulsante y húmedo que había causado.

–Detente, no puedo soportarlo más. –suplicó Emma, mirando hacia atrás por encima del hombro.

Ya Regina se había reducido a un bombeo suave, y ahora se retiró con cuidado. En reverencia silenciosa, ella le apretó con su mano húmeda en la carne hinchada entre las piernas de Emma y se arrastró hasta acostarse con ella.

–¿Estás bien? –murmuró contra la piel alisada por el sudor del hombro de Emma.

Emma asintió con la cabeza. Sus mejillas estaban rojas y húmedos zarcillos de pelo rubio se pegaban a su frente.

–Recuperándome. –dijo con voz ronca. –Eres un raro hallazgo, ¿lo sabías?– Regina sonrió.

–¿Qué quieres decir?

–Tienes un don natural. Creo que me he enganchado una excelente amante antes de que nadie pudiese descubrirlo. Incluida tú.

Aunque Regina no pudo detectar nada más que la sinceridad en aquellas palabras, su anterior confianza parecía estar derritiéndose bajo la intensidad de la mirada de Emma. Mirando fijamente a los ojos llenos de tierna emoción, sintió una suerte increíble pero incierta. No parecía posible que Emma estuviera siendo simplemente amable, pero ella indagó de todos modos.

–Estaba pensando que fue muy bien después de todo el fiasco de los besos.

–Piensas demasiado. –Emma chasqueó la lengua. –Fue mucho más que bien, y tú lo sabes.

–Eso fue mucho más que lo que nunca imaginé que sería.

–Yo también. –Emma se inclinó hacia delante y le dio un beso lento a Regina. –Eres exquisita.

Regina tuvo que retenerse de dar golpes en su pecho. Sin embargo, no podía detener la amplia sonrisa que adoptó su boca o el orgullo que sabía que brillaba en sus ojos.

–Recuerda, yo voy a necesitar practicar mucho más. –Emma se rió.

–Hemos desatado un monstruo, ¿verdad?

–Yo creo que sí. –Regina la permitió introducirse en un cálido abrazo. –Fue muy divertido.

–¿Vale la pena el riesgo?– La expresión de Emma era grave.

–Oh, sí. Y algo más.

–Estoy de acuerdo. –Emma bostezó de repente.

–¿Hora de la siesta?– le preguntó Regina, acariciando sus dedos sobre el pelo de Emma.

A pesar de que no quería dejar de tocarla ni por un momento, dijo:

–Hay que ponerse algo de ropa. Me niego a dejar que nos sorprenda Leroy con su rescate, mientras estoy acostada desnuda en el suelo del ascensor.

–Buena idea. –Emma se desenredó y se sentó en la manta.

–No estoy segura de lo bien que voy a poder dormir aquí, pero lamentaría roncar en este ascensor

Ambas se pusieron los sujetadores y los pechos perfectos de Emma desaparecieron de la vista de Regina. Emma cogió las bragas de la morena de la parte superior de la mochila, haciendo girar la prenda de algodón alrededor de su dedo con una sonrisa juguetona. Regina hizo una mueca.

–No te las puedes poner de nuevo. Están empapadas. –Emma recogió su tanga del suelo.

–La mía también. Voy a ponerlos aquí. –Metió ambos pares de ropa interior dentro de su mochila. Guiñando un ojo a Regina, añadió: –Tal vez voy a quedarme la tuya como recuerdo.

Regina resopló con placer avergonzado y se abrochó la blusa.

–Sólo si me la prestas. Es mi par favorito, después de todo. –Especialmente ahora.

–Por supuesto. Siempre que quieras.

Regina se incorporó para tirar de sus pantalones de nuevo.

–Lo que realmente quiero es una ducha.

El estómago de la rubia gruñó, marcando una nueva necesidad. –Y un desayuno.

–Te he oído. –dijo Regina divertida.

Después de fijar sus propios jeans, Emma dio un paso hacia Regina.

–Bueno, primero el abrazo y la siesta de la que estábamos hablando. Eso sí puedo dejar de mirarte más de un minuto.

Regina no dudó en dar un paso hacia los brazos de Emma. Le encantaba la sensación del corazón de Emma golpeando contra el suyo.

–Sabes, me siento muy feliz ahora. –Emma brilló.

–Yo también. –Regina se esforzó para quitar la sonrisa tonta de la cara.

–Leroy va a tardar alrededor de cinco segundos para adivinar exactamente lo que sucedió aquí, ya sabes.

–Leroy es el guardia de seguridad, ¿verdad?

Regina asintió con la cabeza, Emma se encogió de hombros y dijo:

–No hay nada que podamos hacer. Este ascensor huele a sexo.

–Y voy a estar sonriendo como una idiota cuando las puertas se abran. –dijo Regina

–¿No es algo habitual en ti?– Emma le preguntó inocentemente.

–Oh, no. Parece que tú me inspiras. –Emma se acurrucó contra el cuerpo de Regina.

–Qué suerte tengo. –expresó Emma

–Qué suerte la mía. –respondió Regina.

Sacudieron la manta y se tumbaron sobre ella, acariciándose cerca, cara a cara. Observando los soñolientos ojos color esmeralda de Emma, sintió su mirada más pesada por el sueño y su respiración más lenta. Regina sintió que se hinchaba de orgullo una vez más. Maldita sea, la dejé agotada. Emma presionó su cara en el pecho de Regina.

–Nos vemos cuando nos despertemos.

–Sí, nos vemos pronto. –dijo Regina en un susurró.

Ella no sabía si Emma la había oído o si ya estaba dormida. Todo lo que escuchó fue un pequeño resoplido y un ligero suspiro. El cabello dorado y sedoso le rozó la barbilla y apretó su agarre, tratando de poder a Emma lo más cómoda posible. Con la mirada fija en ella pensó:

Realmente me gusta esta mujer.