Buenos dias! Este capitulo contiene Lemmons asi que mentes tiernas abstenerse! Enjoy!
Todos los personajes pertenecen a Suzanne Collins.
Lana Mellark
Capitulo 9.
Nunca había hecho una maleta para tanto tiempo. Cuando fui a ver a mi madre solo fueron pocos días, pero una maleta para cerca de un mes… Las veces que salí de aquí al Capitolio me fui con lo puesto. Por suerte allí nos surtían de todo. Pero no se si en esta ocasión será igual o habrá algún cambio en los términos.
Yo por si acaso hago maleta.
Peeta debe estar en la misma situación que yo. Hace cerca de dos horas que se fue a casa para " coger un par de cosas", y aun no ha vuelto.
Nos ha costado mucho encontrar a alguien responsable que cuidase la panadería durante tanto tiempo, pero finalmente el hermano de Jara fue el indicado. Era ayudante del panadero en el 11 antes de la guerra, cosa que nos vino fenomenal.
Después de muchos quebraderos de cabeza, parecía que la maleta estaba terminada. Me olvidaba de algo seguro, pero no sabia de que. Bueno fuese lo que fuese, siempre lo podía comprar en el Capitolio.
- Termine, ya esta todo. – dice Peeta entrando en la habitación con la maleta- Yo creo que no me dejo nada.- Rascándose la cabeza- Ahora que lleguemos y tengamos de todo.-sonríe
- Probablemente, pero imagínate lo paletos que seriamos si llegamos con una mano delante y otra detrás…-
- Somos del 12, no tenemos que demostrar nada….- dice burlonamente.
A medio día viene un equipo a llevar nuestras cosas y acércanos al aerodeslizador.
No creo que sea necesaria cinco personas para tres maletas. Pero no me quejo, si empiezo así todo el viaje se me va a hacer cuesta arriba.
Lo que en tren tardamos 1 día en aerodeslizador tardamos tres horas.
Cuando llegamos al Capitolio me percato de lo que me comento Peeta. Muchos de los habitantes nativos de allí se resistían a dejar sus costumbres y su forma de vestir, y aun se podían ver trajes estrafalarios colores de piel imposibles y enormes tocados en pelucas de cientos de colores que resaltaban con la sencillez de la gente de los distritos.
- ¿Donde nos vamos a alojar?- pregunto a nuestro acompañante, Lavia, que no era ni la mitad de dicharachera de lo que fue Effie. Bastante aburrida.
- Lo que fue en su momento el centro de entrenamiento. Es el lugar mejor habilitado, toda la infraestructura esta intacta, lo hemos remodelado unión dos pisos por sala y esta céntrico. Se puede llegar fácilmente a cualquier parte desde allí.-
- Genial…. El centro de entrenamiento.- Peeta me agarra de la mano.
- En cuanto lleguemos nos daremos un banquete de estofado de venado con salsa de ciruelas.- intenta animarme, y la verdad es que lo consigue.
Vamos como siempre, al Penthouse, solo que en esta ocasión tiene dos pisos. Se une con el que alguna vez fue el hogar de los tributos del distrito 11.
- ¿Una o dos habitaciones?- dice Lavia señalándonos a Peeta y a mi.
- Una.-
- Maravilloso. Vuestras cosas ya están dispuestas. El resto del día lo tenéis libre, podéis disponer de la zona como queráis, salir a dar un paseo si os gusta también. El código del ascensor es 2711 tanto para subir como para bajar. Esta noche a ultima hora tendréis las agendas diarias de la semana sobre vuestras mesillas de noche.- nos sonríe, para mi gusto de una manera muy falsa. Y se marcha.
Vamos a la habitación y, efectivamente, tenemos todos los cajones llenos de ropa, por lo que ni nos molestamos en abrir nuestras maletas. Las guardamos tal cual debajo de la cama.
-¿ Que hacemos?- pregunto a Peeta-
- Podemos ir a dar un paseo por los alrededores. Cuando estamos aquí no se nos permitía salir a la calle….-
- Me parece una idea fantástica.-
Paseamos, durante buena parte de lo que resta de tarde antes de la cena. Todos los comercios están abiertos. El concepto escaparate me abruma. Todas las tiendas tienen unas luces muy llamativas y de colores estrafalarios, entiendo que para llamar la atención de compradores potenciales, aunque casi todas son de ropa y todas iguales. Decido entrar en una tienda de pelucas.
- Vamos Peeta, será divertido! También hay pelucas para hombres…- digo intentando hacer la idea tentadora.
- Justo lo que estaba buscando! Pelucas para hombres!- dice irónicamente mientras se ríe y me pasa el brazo por el cuello para darme un beso.- Venga, que te quiero ver con el pelo rosa brillante.
Dentro hay cientos de maniquís con peinados estrafalarios, complementos, tocados, sobreritos, artilugios de peluquería…. Me abruma la cantidad de artículos que se pueden adquirir. En el 12 ni de lejos habría pensado que este tipo de sitios podían existir. Nos perdemos mirando todo.
- Buenas noches! En que puedo ayudarles- dice en un tono cantarín. Nos damos la vuelta sobresaltados. ¿De donde ha salido esta mujer? Era un claro ejemplo de lo que no se debe hacer en un quirófano. Tenia los pómulos anormalmente hinchados y la nariz demasiado puntiaguda y prácticamente sin aletas. No tenia cejas, pero las llevaba pintadas con un lápiz rojo fuego, como su pelo. Se nos queda mirando como si hubiera visto un fantasma- Dios mío, sois vosotros! Que honor, que honor… Katniss Everdeen y Peeta Mellark en mi tienda- chilla.
- Cállese! No hace falta gritar- le recrimina Peeta molesto. La mujer seguía como en trance.
- Es, que …- tenia lagrimas en los ojos. Yo alucinaba y creo que Peeta también.- Es un honor. Me llamo Cornelia , propietaria de este emporio de moda. Como puedo ayudaros. Puedo ofreceros algo de beber algo de comer… Gustáis de probaros alguna.
- Solo estábamos mirando. Gracias.- digo volviendo a mirar una plancha de pelo con motivos florales que estaba viendo anteriormente.
- Perfecto, si necesitáis algo estaré allí mismo a vuestra entera disposición!- gira sobre sus tacones y vuelve al mostrador dando saltitos. De lejos veo como habla con su compañera, señalándonos y las dos empiezan a hacer aspavientos con las manos.
- Momento surrealista de la tarde.-
Y no fue el único, desde ese momento es como si nos hubieran cambiado la cara por la nuestra original y todo el mundo empezó a reconocernos por la calle.
Empezaron a querer sacarse fotografías con nosotros, que les firmásemos papeles, a Peeta le dieron varios números de teléfono jóvenes chicas histéricas.
Llego un momento que la situación se hizo insoportable y nos fuimos al centro de entrenamiento. Haymitch estaba sentado en el sofá, viendo el televisor y sorprendentemente sobrio.
- ¿ Como fue la tarde?- pregunta cuando nos dejamos caer a su lado.
- Al principio bien, hemos paseado por la zona, pero no se que ha pasado que ha llegado un momento que toda la gente de nuestro alrededor nos ha reconocido y ha sido voraz. Fotografías, nos tocaban como si fuéramos a rompernos.- digo molesta.
- A mi hasta me han dado teléfonos… esto es surrealista. Yo solo soy un panadero del 12.- Haymitch se ríe.
- Si, un panadero fuerte, rico, famoso, atractivo y pillado. No hay nada mas atractivo para una adolescente del capitolio.- Le da unas palmaditas en la espalda.- Llama a alguna que hoy pillas… - le miro molesta y le doy un puñetazo en el brazo.
- No digas eso ni en broma Haymitch…- Me molesta mucho el comentario.
- Tranquila preciosa, que Peeta es el enamorado por excelencia…Bueno creo que va siendo hora de cenar.-
Como siempre, al cena es para un regimiento y sobra comida por todas partes. Como hasta hartarme y decido dame un baño. Al salir no encuentro a Peeta. Le busco por las dos plantas.
Me angustio y empiezo a pesar que se ha ido con alguna de las crias que le dieron el teléfono. Subo corriendo al tejado, el único sitio que me queda por mirar, y no esto preparada para lo que me encuentro allí.
Ha recreado la noche antes del Vasallaje, rodeándolo todo de velas.
- Peeta… no tengo palabras. Esto es precioso.-
- Hasta que llegaste tu, era bonito, ahora si es precioso.- me ruborizo.- Ven- tiende su mano y avanzo hasta sentarnos en la manta que ha puesto en el suelo.- Como ya hemos cenado, he "robado" esto de la cena- saca una botella de vino y unas copas. La descorcha y me sirve un poco.
- Delicioso, y el vino también- digo mirándole mientras doy otro sorbo. Sonríe y me besa. Nos tumbamos en el suelo mirando al cielo. El capitolio ya no desprende tanta luminosidad como antes por lo que podemos ver muchas estrellas.
Pasamos rato contándolas.
- ¿Sabes en lo que estaba pensando?- dice pasado un rato en el que solo me había mecido con su respiración.
- ¿En que?.-
- La ultima vez que estuvimos aquí, nos íbamos a casar, obligados…. Había pensado que quizás…- me da un vuelco el corazón. Me incorporo ligeramente para poder mirarle directamente a los ojos. Se incorpora el también y revuelve en bolsillo de su chaqueta-.. que quizás podríamos casarnos pero de verdad.- Me llevo las manos a la cara cuando veo que saca un pequeño anillo con unos pocos brillantes y en el centro, la perla que me regalo en el Vasallaje.
- ¿ Es la perla que me regalaste?.- digo con la voz quebrada. Asiente.
- Pensé que quizás te gustaría…-
- Me encanta Peeta.- Las lagrimas empiezan a correr por mis mejillas. Mi regalo mas preciado elevado a la enésima potencia, y puesto de tal forma que lo puedo llevar siempre conmigo- Es perfecto.
- Menos mal, por que con lo poco que te gustan las joyas- me rio entre lagrimas- Que me dices ¿seremos los Mellark.?.- Estoy todavía en estado de shock y tardo en responderle. Se le empieza a notar incomodo. Paso mis dedos por la irisada perla y finalmente asiento con la cabeza.
- Si, claro que si.- me pongo el anillo en la mano. Me agarra del cuello y nos empezamos a besar como el día de la panadería. En un momento, Peeta se levanta y cierra la puerta del tejado.
- Para que no nos moleste nadie.- y vuelve a mi lado Seguimos tumbados, besándonos como si tuviéramos prisa. Sus manos recorren mi cuerpo y solo hace que aumentar mi necesidad. Se gira quedándose sobre mi y tapándonos con la manta. Meto las manos por su camiseta acariciando su espalda, el tacto de su robustez me encanta. Le retiro la camiseta sin dejar de besarle, el hace lo mismo. El contacto de nuestra piel hace que me den calambres en las piernas.
En un momento estamos los dos desnudos, y por primera vez en mi vida no me avergüenza.
- Peeta… - digo con un hilo de voz, mientras me besaba el cuello-
- Dime…- levanta la cabeza para quedarse mirándome a los ojos.
- ¿ Sabes lo que haces?-
- No tengo ni idea…- dice sonriendo.
- Yo tampoco…- le vuelvo a besar dejándole entrar.
Tras los primeros minutos de incertidumbre, la sensación era maravillosa. Todos los problemas parecían borrarse de la mente. Solo tenia que dejarme llevar y todo saldría de manera natural. Creo que podría acostumbrarme a esto. El clímax me sorprende y me siento agotada. A Peeta le ocurre exactamente lo mismo.
Nos quedamos abrazados mirando el cielo. Ninguno dice nada. Noto dolor en la garganta. He debido de estar gritando y no me he dado cuenta, me cuesta un poco tragar.
- Te amo- dice Peeta finalmente.
- Yo también…- y nos quedamos dormidos.
A la mañana siguiente, nos despertamos con los primeros rayos de sol.
- Buenos días Katniss- dice desperezándose y buscando su ropa por todo el tejado. Yo me limito a mirar como se viste sin decir nada.- ¿ Que?-
- Nada solo te miro…¿que por que te vistes tan deprisa? Vente aquí conmigo un rato- digo destapándome y quedándome expuesta con doble intención.
Sin pensárselo se vuelve a quitar los pantalones y se mete conmigo debajo de las mantas. Ahora que he aprendido a calmar la ansiedad que me genera besar a Peeta, no quiero desaprovechar oportunidad. En esta ocasión el que tiene ansiedad es el, y la delicadeza anterior se transforma en brusquedad y pasión. También me vale.
Me evado de tal manera que cuando acabamos tengo la garganta hecha polvo.
Nos vestimos y bajamos a desayunar. Solo esta Haymitch centrado en sus magdalenas.
- Buenos días, que hambre tengo…- dice Peeta dando un rodeo por la mesa mientras va cogiendo la comida y dejándola en el plato. Haymitch levanta por fin la mirada de su vaso de chocolate.
- Sobretodo para ti machote…- dice dándole unas palmaditas en la espalda tan fuertes que hace que se derrame el té que esta bebiendo- Vaya griterío Katniss, deberías de controlarte un poco mas preciosa.-
- No se de que me hablas- digo con la voz completamente ronca. Se empieza a reír a carcajadas.
- Se ha quedado hasta ronca.- y se sigue riendo durante un buen rato.
Me siento lo mas alejada que puedo de el, aun que me cuesta bastante, estoy dolorida y tengo muchas agujetas.
- Bueno, ya esta Haymitch, ya te has burlado suficiente.- dice Peeta sin inmutarse.
- No me mal interpretes, si me alegro por vosotros. Pero para futuras ocasiones, bajad el tono si no queréis que os escuche todo el edificio.
- ¿Cual es el plan para hoy?- diga cambiando radicalmente de tema.
- Vamos a hacer unas visitas a los médicos para que intenten arreglaros esas cicatrices. Cortesia del Gobierno….-
- Como siempre hay que estar divinos….-
- Efectivamente, y cuanto antes de acostumbres mejor…-
No me gustaban los médicos. Solo me fiaba de mi madre. Pero me atraía la idea de deshacerme parcialmente de las cicatrices.
