Capítulo 9
Vete de aquí. Sherlock es mío. Gruñó John, su cuerpo se había puesto completamente rígido con la tensión y sus manos se convirtieron en puños apretados. Se acercó un poco más a Sherlock y, a pesar de que Victor ya había soltado su mano, permanecía cerca, observando al humano atentamente, como si lo encontrara fascinante.
John tenía ganas de matarlo.
Me extraña que un miembro destacado de la manada como tú, John, no sepa las reglas que se establecieron desde que los primeros were llegaron a este país. Victor ahora había puesto sus manos detrás de sí, parecía tranquilo, su sonrisa era aparentemente amable, pero escondía una amenaza. Sin embargo, cuando su mirada volvía a Sherlock era completamente diferente.
Sherlock dirigía sus ojos a los dos jóvenes que estaban cerca de él, de pronto, supo que algo no estaba bien.
Él es mi pareja. Insistió John con fuerza, ignorando las últimas palabras de Victor. Tal vez aquello comenzaba a lucir un tanto extraño a los ojos de los humanos que no podían escuchar su conversación interna. La señora Hudson también los observaba; su manos cubrió su boca, se veía un poco nerviosa.
No está marcado. Insistió Victor, con su sonrisa cada vez más tensa. Dio un paso adelante, John también. Cualquier miembro de la manada tiene derecho a competir por él si no está marcado.
¿Estás diciendo que quieres competir por él? John comenzó a sentir que su piel ardía, sabía que sus deseos de transformarse estaban aumentando. Tenía tantas ganas de arrancarle la garganta.
¡Basta! Intervino Harry, acerándose también. No pueden hacer esto, menos aquí. ¡No en frente de Sherlock!
-¿Entonces que dices, Sherlock? -dijo, Victor, finalmente, después de un rato-. ¿Podrías mostrarme el departamento?
Sin embargo, siguió dirigiéndose a John. Lo que quiero decir, es que quiero cortejar a Sherlock y lo voy a hacer, porque tengo el derecho a una oportunidad.
-Creo que eso no será posible, ya que estaba por decirle a Sherlock que me mudaré aquí con él. Ya estaba decidido. Lamento que hayas llegado tarde -John trató de disminuir la tensión en su voz, pero fue bastante difícil. No te voy a permitir hacer eso. No me interesan las reglas, no vas a acercarte a Sherlock.
-John tiene razón, Victor -dijo el joven de cabello rizado, colocándose en el centro. Estaba bastante confundido por la actitud de los otros dos, pero podía saber, al deducir sus movimientos y gestos, que probablemente se odiaban-. Ya le había ofrecido el departamento a él.
-No te preocupes, lo entiendo -respondió Victor, colando una mano sobre el hombro de Sherlock-. Pero eso no significa que no pueda venir a visitarte o verte en la universidad, ¿verdad?
¿Y quién me va a impedir acercarme a él, tú? Me gustaría verte intentarlo. Le dirigió una mirada a John, quien estaba llegando a su límite; el hecho de ver a Victor tocar a Sherlock lo estaba volviendo loco. Harry se acercó a él y lo tomó del brazo.
-No, es decir... tú puedes venir cuando quieras -dijo Sherlock, quien, a pesar de todas sus habilidades deductivas, cada vez estaba más confundido.
Suéltalo. El rubio trató de dar un paso más, pero Harry tiró de él.
No.
¡Por favor, ya basta! Los dos. Harry comenzó a asustarse.
-¿Alguien quiere té? Se va a enfriar si no lo servimos ahora -dijo la señora Hudson, de pronto. Todos se giraron para verla. Y el momento se evaporó.
-No, gracias, yo tengo que irme -dijo Victor, soltando el brazo de Sherlock-. Te veré después.
El humano asintió. Victor le sonrió antes de salir del lugar; sus pasos se escucharon claramente en el pasillo, bajando las escaleras.
Sin embargo, John no se veía más tranquilo. De pronto, antes de que alguno de ellos pudiera decir algo, se alejó de su hermana y se asomó por la ventana, parecía haber tomado una decisión, porque él también se dirigió a la salida.
¡John, no! Harry prácticamente gritó dentro de su mente, pero él la ignoró. De pronto la joven se giró hacia Sherlock.
-Ve por él. Haz que se quede -le dijo ella.
-No creo que me escuche, pero...
-Por favor -insistió ella y él asintió y siguió a John lo más rápido que pudo.
Lo encontró en la calle; aún se podía ver la figura de Victor a lo lejos y él parecía decidido a ir tras él, sin embargo, se detuvo cuando detectó la presencia de Sherlock.
El joven tomó su brazo y, tras un suspiro, John se giró hacia él.
-No vale la pena, John. Sea cual sea el problema que ustedes dos tienen, no creo que se deba arreglar así -dijo Sherlock. Y, sonriendo, añadió:- Vamos, tenemos que regresar a nuestro departamento, tu hermana te está esperando.
John le sonrió, una de sus manos acarició su rostro, haciendo a Sherlock ruborizarse violentamente. Había algo en los ojos de John que brillaba con intensidad y que él no podía definir. A él, que le fascinaba descifrar todo lo que se encontraba a su alrededor, no podía darle nombre a eso que destellaba en esos ojos.
John parecía un misterio y a Sherlock le gustaban mucho los misterios. Tenía que descifrarlo.
Los deseos de transformación habían desaparecido. John sonrió hacia Sherlock, mientras él se sentaba frente a su hermana y él. Todavía podía recordar la sensación de su piel en la palma de su mano y se recordó a sí mismo que ese hermoso humano no podía ser de nadie más.
-¿Cuándo piensas mudarte? -le preguntó Sherlock, entonces.
-Hoy mismo -respondió John, sin dudarlo, a pesar de que Harry le había insistido en comportarse con más indiferencia.
La señora Hudson pareció encontrar su respuesta divertida, pero no dijo nada, simplemente le sirvió más té.
-¡Perfecto! -sonrió Sherlock- Porque después de que traigas tus maletas tenemos que irnos. Lestrade tiene algo para mí, es un asesinato, pero por las fotografías que me envió parece un caso prometedor...
-¡Sherlock! El joven acaba de aceptar vivir aquí, todavía ni se ha mudado y ya lo quieres involucrar en tus asuntos -lo reprendió la mujer.
-Por mí no hay ningún problema -dijo John.
-Ah, ya veo, por eso se me hacía extraño que aceptaras vivir con Sherlock... ¿También hay algo mal en ti, no es cierto?
Harry se rió, pero trató de controlarse, casi escupe todo el té que tenía en la boca.
Sherlock puso los ojos en blanco y John sonrió; por primera vez sentía que comenzaba a ser parte de la vida de Sherlock y aquello le agradaba.
Sherlock ni siquiera lo dejó abrir las maletas y a John no le importó, el humano estaba sonriente y sus ojos brillaban de emoción. Le gustaba verlo así.
Y lo escuchó atentamente durante todo el camino; Sherlock tenía una voz maravillosa, era profunda y atrayente. Le explicó lo que sabía del caso; un hombre fue encontrado muerto en el bosque y Lestrade estaba muy confundido por la violencia que mostraba el cadáver.
Sin embargo, Sherlock todavía no llegaba a la parte de las heridas cuando el taxi se detuvo: habían llegado a la escena del crimen.
-¿Quién eres tú? -Preguntó Anderson, arqueando una ceja con desconfianza hacia John.
-Es mi amigo, John Watson -dijo Sherlock y el rubio tuvo que hacer un esfuerzo por no sonreír con orgullo al escucharlo-. Viene conmigo.
Anderson estaba a punto de protestar, pero Lestrade permitió que los dos se acercaran a ver el cadáver.
Y John se quedó petrificado inmediatamente, efectivamente, el hombre que estaba en el suelo era un humano, pero las heridas habían sido causadas por un were, estaba completamente seguro de ello. El problema era que los de su raza tenían prohibido dañar a los humanos, lo que significaba que algo iba a suceder pronto.
-Me informaron que querían reportarlo como un ataque animal -comenzó a decir Lestrade-, pero hay algo que no está bien en la muerte, algo extraño.
Sherlock se acercó al cuerpo; la garganta del hombre estaba destrozada y sus ropas casi completamente desgarradas.
-El suelo está un poco mojado y es inestable, pero se pueden observar perfectamente tres pares de huellas, dos hombres y un lobo -comenzó Sherlock. Frunció el ceño y se agachó-. Sin embargo, algo no está bien. Al parecer los dos hombres llegaron hasta este punto y comenzaron a discutir y de pronto uno de ellos es atacado por un lobo.
-El otro debió haber huido -interrumpió Anderson.
Sherlock puso los ojos en blanco.
-Esa sería la respuesta más lógica si no tuviéramos esta escena frente a nosotros -puntualizó el joven-. Las huellas que están aquí no tienen sentido; aquí están claramente los pasos que dio el primer hombre... discute y se acerca a la víctima, se detiene y de pronto ya no hay más huellas de él. De pronto aparecen las del animal. El problema que tenemos aquí es no hay señal de que el otro hombre se haya marchado y es imposible que lo haya hecho sin dejar rastro. Y, mucho más extraño aún, no tenemos las huellas del lobo hasta este punto, es como si se hubiera materializado hasta aquí.
-Pero eso es imposible -dijo Anderson.
-Por supuesto, es por ello que debe haber otra explicación -continuó Sherlock-. Hay un dato que nos falta. Necesito que me mandes los datos de las desapariciones recientes; parecía un hombre solitario, pero estoy casi seguro que trabajaba en una tienda... alguien tuvo que notar su ausencia.
Lestrade asintió.
-¿Piensas que fue asesinato?
-Sí.
John parpadeó; alguien de otro clan debió asesinar al hombre, pero ¿por qué? Eso significaba que tenía que avisar a los demás, algún were se estaba saliendo de control... sin embargo, aquello podría significar el fin del acuerdo de paz y él no podía permitir que Sherock se involucrara en algo tan peligroso como una guerra entre clanes.
Tenía que protegerlo.
