** EL HUMANO TIENE UN MODO DE PENSAR TAN COMPLEJO QUE SOLAMENTE CONOCIENDO A UNO POR MUCHO TIEMPO, EN ALGUNOS CASO NI ASÍ, SE PUEDE SABER LO QUE HARÁ EN CIERTAS CIRCUNSTANCIAS **
África había decido dejarlo por un momento y ver cuál sería el siguiente movimiento a realizar. Él no podía estar siendo amable con ella después de lo que había pasado entre ellos.
Kurt se dispuso a escribir lo que había descubierto y colocando en un pequeño, casi invisible, párrafo el sentimiento. Ya que no supo si era importante o mejor dicho no sabía si era real.
Una vez terminado el escrito, volteó a ver al reloj y vio que aún faltaba tiempo para las visitas, así que decidió insistir con ayudar a África y de paso saber que le pasaba. Por lo que salió nuevamente del consultorio.
—Hm… disculpe, en verdad me desespera no hacer nada. Podría ayudarle en cualquier cosa, algo que me entretenga —le pidió.
«Muy bien, no sé qué le pase. Pero ya que se da la oportunidad, habrá que aprovechar», razonó riendo con malicia. Se giró en el asiento para ver al castaño.
—Muchas gracias. ¿Podrías limpiar los marcos de los reconocimientos del doctor? —las palabras aparentando inocencia—. A él le gusta que todo esté limpio y si nota que tienen polvo me va a regañar.
Eso a Kurt no le pareció que encajase con lo que sabía de Blaine, pero bueno si a él le sonreía diferente, ¿por qué no iba a comportarse diferente con otras personas?
—Sí, claro. ¿Dónde consigo una balde, agua y un trapo? —quiso saber, muy ansioso por comenzar.
La enfermera dudó por un segundo, pero al final se puso de pie—. Mira te vas al piso de abajo, por ahí debe estar la intendente, dile que yo te mando —le indicó, señalándole la dirección.
Y al ver que se había ido, entró en el consultorio y aflojó unos cuantos de los marcos.
«Comenzaré con esto. Luego veré que más hacer», maquinó saliendo de la consulta.
Justo cuando había terminado de acomodarse nuevamente en la silla, llegó Kurt, con las cosas.
—Ya vine. Me dio un balde con agua —dijo sonriendo mostrando lo que llevaba consigo—. Bueno mejor me apuro, no sea que Blaine llegué antes —y se metió a limpiar.
«Espero que deje al menos uno para cuando Blaine vuelva», dijo mordiéndose el labio para contener la risa, volviendo a las labores, ansiosa por escuchar el desastre dentro del consultorio.
Pero adentro Kurt estaba demorando ya que antes de limpiarlos leía lo que decían y apreciaba el tipo de condecoraciones que significaban. Y entre tantos diplomas no pudo evitar preguntarse ¿Cómo un doctor tan prestigiado, pudo conocer a un simple escritor y estar viviendo con él?
«Cuando llegue se lopreguntaré. Aunque antes debo hablar con África, no sé qué le pase, pero siento la necesidad de ayudarla ¿me estará comenzando a gustar?», comenzaron a enredársele las ideas a Kurt.
De pronto al poner la mano sobre uno de los marcos, esté se precipitó al piso, y causó un estrépito que rompió con la armonía regente, haciéndolo volver a la realidad.
Y justamente a fuera Blaine estaba entregando los expedientes a África.
«El universo conspira a mi favor», se alegró África. Claro que por fuera puso un semblante de sorpresa.
—¿Qué está pasando? —Blaine se precipito al consultorio.
Kurt inconscientemente apoyó la mano en otro marco, que también cayó fragmentándose junto con la cubierta de cristal, oyó la puerta abrirse de golpe y vio que Blaine lo estaba mirando. No supo interpretar lo que veía, pero seguramente debía estar enojado.
Al momento se agachó y comenzó a levantar los cristales, lo cual le causó heridas en las manos. Blaine no podía creer lo que veía, Kurt se estaba haciendo daño.
—¡Detente! —le ordenó.
Se acercó, hizo que soltara los cristales y lo llevó a sentarse en un sofá.
—Yo lo siento, únicamente quería ayudar… lo pagaré… —dijo entre sonoras respiraciones, no por el dolor de las heridas, sino por haber hecho que Blaine se enojara con él.
—Guarda silencio —le pidió y comenzó a retirarle los fragmentos de vidrio de la herida—. África, por favor tráeme unas gasas, alcohol y un vendaje —le pidió.
«¡No quiero perderme la reprimenda!», se quejó para sus adentros al salir.
—¿Qué estabas haciendo? —quiso saber, utilizando esto como medio para calmar a Kurt y a sí mismo.
—Yo, lo siento… no quería… tan sólo… por favor discúlpame… lo pagaré...
—No estoy molesto por que se hayan roto esos marcos, eso no importa. Me preocupa que hayas hecho daño —le aclaró, tomándole ambas manos para corroborar cualquier lesión.
—Aquí están las cosas —África, entró deprisa no queriendo perderse de nada.
—Gracias —dijo tomando las cosas y comenzado la curación—. Ahora, ¿podría ir por algo para levantar los cristales?
Ella puso una cara de enojo que solamente Kurt fue capaz de ver.
—Yo lo haré, fue mi culpa —intervino él.
—Tú estás herido. África lo puede hacer ¿verdad? —dijo volteando a verla.
—Sí, claro —dijo componiendo el gesto con una sonrisa. Y saliendo furiosa en busca de las cosas para recoger.
«Eso te pasa por creer que él había cambiado. Maldito, ahora yo tengo que limpiar el desastre», maldecía mientras salía.
Blaine vio de reojo un balde con agua y un trapo justo cerca del muro en que se encontraban los reconocimientos.
—¿Qué estabas haciendo? —volvió a preguntar.
«Él se enojara si lo ve sucio», recordó lo que le había dicho la enfermera.
—Nada, tan sólo estaba viendo… y quise… —no supo que más decir.
Después de todo el escándalo y sin tener que dar mayores explicaciones, decidió ir a visitar a alguien ya que no quería causar otro desastre. Y fue a la recepción para preguntar por alguien.
—Buen día —saludó a la recepcionista.
—Buen día, ¿en que el puedo ayudar? —dijo sin haber apartado la vista del monitor de la computadora.
—Vengo a visitar a alguien —dijo tímidamente, esperando no estar interrumpiendo.
—¿Nombre, habitación? —preguntó con voz algo cansina.
—No lo sé. No vengo a visitar a alguien en específico —confesó.
La enfermera apartó la vista del monitor, para ver quien le estaba gastando esa broma.
—¿Usted no estaba con el doctor Ferrer? —preguntó, aunque en realidad no necesitaba respuesta.
—Sí. Pero yo quiero visitar a alguien —dijo lo que quería, no podía creer que dicho deseo no fuera comprensible.
—¿Algún familiar o amigo de usted está internado aquí? —inquirió la enfermera.
—No. Yo bueno… —no sabía cómo expresar lo que quería de otra manera. Para él era comprensible tal cual.
—Disculpen —Blaine habló a espaldas de Kurt—. Simplemente dígale donde está la sala de cancerología.
La enfermera-recepcionista así lo hizo, llevándolo donde estaban los niños.
• • •
«Ese idiota está disfrutando la estancia aquí, mientras que yo limpio este desastre que él causó», refunfuñaba mientras iba a depositar al contenedor trasero los restos de marcos.
Tuvo que contener la furia, ya que sabía que si entraba así, sus "amigas" le harían burla. Al pasar por el vestíbulo vio como Kurt estaba jugando con unos niños y deseó que toda ese lugar se derrumbara para que el ya no le "estorbara".
«El doctor está solo. ¿Y si tan sólo envió a ese tipo a jugar para estar a solas conmigo? Seguro su plan era confesarme hoy el gran amor que siente por mi y ese tipo lo arruinó al venir», la mente de África conjeturaba, tratando de hallar esperanzas de un amor inexistente.
Y decidida entró al consultorio del doctor. Él no dijo nada ya que creía debía traerle algún expediente, así que al ver que se trataba de ella, simplemente continuó haciendo el reporte de la visitas que había realizado.
—Doctor —lo llamó con una voz seductora, acercándose despacio.
—Si Áfri… —pero no pudo terminar la oración ya que cuando levantaba el rostro ella lo tomó y besó.
Ese beso no estaba planeado ser nada ventajoso ni invasivo, según África, ya que tan sólo era cuestión de sentir los labios de Blaine en los de ella.
Y por jugarretas del destino Kurt estaba entrando al consultorio en ese preciso momento.
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