KAGOME: LA DIOSA REENCARNADA
ADAPTACION DE: SAILOR SUN
LOS PERSONAJES NO ME PERTENECEN , ESTA OBRA ES UNA SUPER NOVELA...JEJEJE...NO NO...ESTA BASADA EN UNA NOVELA.
CAPITULO 8
WARNIG: LEMON
¬¬--- ESTAN ADVERTIDOS...MENORES NO LEAN...SAQUENSE DE AQUI
¿¿O.O...POR QUE TODOS SE QUEDAN??
UU HENTAIS...JEJEJE...
.AHI VA EL CAPI O0O
El Gran Palacio de Inuyasha surgió en medio del desierto.
Los perros se alborotaron cuando los caballos entraron en el patio.
Los sirvientes saludaron a su señor con fluido árabe, cubiertos de ropas de los colores imperiales.
Inuyasha, un príncipe de pies a cabeza los saludo con autoridad innegable en su voz y les dio órdenes.
Se paro rápidamente junto a Kagome y la ayudo a bajar del caballo tomándola de la cintura y dejándola resbalar por su cuerpo viril, mirándola a los ojos. Loa hombres los miraban, sobre todo a ella, una mujer inglesa vestida de beduino con una cimitarra en la cintura.
-bien, Aome-dijo Inuyasha frió mirándola con arrogancia-¿te agrada el palacio de mi ancestro?
-¿Cómo podría desagradarme tanta belleza?-decía mientras abarcaba con la mirada los arcos bañados en oro las torres y los jardines rebosantes de vida. Todo era magnifico, como un sueño en medio del Sahara.
-pero…estoy segura que tu antepasado Inuyasha el Magnifico, hubiera desaprobado que convirtieras este bello palacio en una prisión.
-es una jaula de oro para mi ave canora-le dijo con burla.-y cunado estés dispuesta a aceptar la libertad que solo yo puedo darte, entonces…serás libre.
Se volvió para conducirla por las escaleras de piedra que atravesaban los jardines. Llenos de flores olorosas y plantas bien cuidadas.
Atravesaron por pasillos y salones hasta unas grandes puertas donde se detuvieron. Inuyasha palmeo dos veces.
De las puertas que los rodeaban aparecieron varias jóvenes vestidas con las sedas del harem. Sus mujeres. Hermosas jóvenes de pieles oliváceas, chicas árabes con largos cabellos y cuerpos curvilíneos. Narices perforadas con diamantes y pulseras de oro tintineantes en brazos y piernas. Se acercaron rodeándola.
-¿tu harem?-le pregunto fría mientras alzaba la cabeza con orgullo
-mis mujeres-la corrigió divertido-pero…no mis esposas.
-¿acaso existe alguna diferencia?-le indago con voz fría. Odiándose por descubrir sus celos.
-una muy grande, Aome-dijo, helado-pero no discutiré contigo frente a ellas.
-¡que prudente!-se burlo de el
Inuyasha palmeo y dio órdenes en árabe, las mujeres se acercaron a ella.
-¡espera!-la chica retrocedió-¿Qué les dijiste? Inuyasha… ¿Qué sucede?...
-les ordene que te llevaran a aun lugar para que descanses y comas-respondió con arrogancia-al anochecer te traerán ante mi. Hasta entonces, recupérate de tu arduo viaje y prepárate para tu despertar.
-¡me llevaran ante ti!-sus ojos relampaguearon de ira-¿acaso soy una fruta¿O un dulce?
-nadie te consentirá jamás como yo lo haré esta noche, Aome-afirmo el Jeque-al atardecer las mujeres te llevaran al Gran Baño de Aome-le explico, con gran intensidad en sus ojos dorados- allí te perfumaran y te vestirán igual que a una reina, para que encuentres tu verdadero destino…en mis brazos.
-¡en tu cama!-le lanzo acalorada odiándolo
-lo ordeno-replico. Y así será.
Volviéndose se alejo dejándola en un mar de jóvenes.
Al verse sola ella alzo la cabeza con dignidad y orgullo. La llevaron a un lujoso dormitorio, con enormes cojines de seda y ella se sintió inmediatamente en casa, había mucha intimidad y todo le resultaba tan familiar.
Exhausta se dejo caer en la cama y se quedo dormía. No supo cuanto tiempo paso hasta que alguien la despertó y al abrir los ojos se encontró con un rostro de nariz perforada.
Anochecía.
Su cuerpo despertó de golpe. El calor y la excitación la invadieron. Debían bañarla y perfumarla para Inuyasha. Temblando permitió que las jóvenes le ayudaran a levantarse. La condujeron a una perta y al cruzarla contuvo el aliento de golpe.
¡Ahí estaba!
¡Aome!
El baño era enorme, un templo circular. Donde en medio destacaba la estatua de oro de Aome. Mitad gato de mármol mitad mujer de oro.
Rodeada de aguas claras con sus ojos achocolatados la miraban con serenidad.
Las mujeres empezaron a quitarle el turbante. De repente, dejaron escapar un grito y se arrodillaron ante ella.
-¿Qué sucede?-Kagome se volteo en busca de Inuyasha...no había nadie...entonces… ¿por que se arrodillaban?...de pronto lo comprendió…ella…era igual a Aome…así que la leyenda… ¿es cierta?...ella sonrió y se despojo de las ropas que le quedaban,
Camino como reina entre sus súbditas hacia las aguas cristalinas y nado a gusto quitándose el calor del día y el olor de caballos. Las mujeres le perfumaron el cuerpo y le trataron el cabello con aceites exóticos. Cuando terminaron con el baño la vistieron con ropajes de seda.
Con un traje de seda transparente, bordado de oro y escarlata. Parecía flotar entre las alas de una libélula, tan delgada y delicada era. La peinaron con perlas y metieron sus pies en babuchas hechas para ella. Cuando terminaron de vestirla le pusieron un rubí rojo en el ombligo, pintaron sus pies con Harmel y jena, proclamándola reina con esa escritura de rasgos exóticos. Le tiñeron los labios de rojo y los parpados de kohl.
Por fin, un manto negro ribeteado de rojo fue puesto en sus hombros, y un velo oscuro en su rostro cubriéndole la cara con el yashmak de seda opaca.
Condujeron a Kagome hasta el Jeque. El pulso se le estremecía y temblaba de pies a cabeza mientras atravesaban corredores y estancias.
El cuarto donde entro no era, como esperaba una recamara. Frunciendo el ceño se volvió para preguntar que hacia ahí, pero ya se encontraba sola.
Inuyasha salio de una puerta y se paro frente a ella. Lo seguían dos hombres que hablaban con el. La cámara circular tenia techo de bóveda. Y estaba decorada con descarado oro y joyas preciosas.
Inuyasha,-susurro llamando su atención
El la miro, sus ojos reflejaban su sorpresa ante sus pies enjoyados, su rostro maquillado en forma oriental y sus ojos llenos de orgullo.
Se le acerco con sus ropajes blancos, y su turbante con oro, era un jeque de nuevo. En su mano brillaba un anillo lleno de rubíes.
-Aome-musito. Al acariciarle los hombros-eres mas hermosa que Scheherazade.
-¿en donde estamos?-pregunto, ruborizándose-¿Por qué estamos aquí?
-hemos llegado al fin de nuestro viaje-respondió, con voz profunda- y el principio de todos los viajes.
-no te entiendo-musito, mientras retrocedía con miedo-se trata… ¿de alguna ceremonia?-pregunto mientras miraba a los hombres detrás de Inuyasha.
-se trata de nuestro casamiento, Aome.
Conteniendo el aliento, lo contemplo, con los ojos muy abiertos por el impacto de la sorpresa.
-¿una ceremonia nupcial?-retrocedió de nuevo
-ven-la urgió-haz tus votos para que podamos entrar por las puertas del paraíso.
-pero... ¡no puedes casarte conmigo! y…yo…claro que no puedo casarme contigo.
-debiste suponer que eso era inminente-le dijo entrecerrando los ojos
-¿Qué? Pero… tú nunca dijiste nada de matrimonio.
-dije que serias mi Reina Guerrera. ¿Qué otra cosa podría insinuar, si no que serias mi mujer?
-no dijiste ni una palabra de matrimonio, ni una, de haber sabido yo…
-¿supones que me gustaría que a mi hijo le dijeran bastando y le impidieran gobernar mi reino a mi muerte?-pregunto, seco
-lo que supongo es que solo un tonto pensaría que aceptaría un matrimonio que no quiero.
Ten cuidado, Aome- le advirtió inhalando hondo mientras su mirada se tornaba turbia de enojo- estas insultando a un Príncipe de Sangre Real. No soy un tonto al proponerte matrimonio. Por lo menos yo tengo el valor de aceptar mis deseos y enfrentar mi destino, luchando contra los que se oponen y exigiendo todo de la mujer que ansió.
-me ansias del mismo modo que ansias comer.-replico, fiera- para satisfacer tu apetito temporal. Cuando te sacies, ya no te seré de utilidad. Entonces ¿Qué pasara¿Me convertirás en otra de tus mujeres¿Bañare a tu amante en turno?
-Aome- suspiro, tomándola con fuerza- ¿no has entendido nada¡A ti es a quien he esperado desde que nací! Tú eres aquella con el rostro de virgen y el cuerpo de gata que…
-¡no creo en esa leyenda!-protesto, ronca- solo soy una mujer, una cantante que vive en Londres. Y no pertenezco a tu mundo.
-¡Tu eres Aome!-insistió con ojos llameantes-y me casare contigo.
-¡No!
-te alejas de la puerta por que reconoces el aroma de la muerte-dijo con voz espesa, apresándola en sus brazos, aunque ella luchaba con furia, nacida de un miedo desconocido -la muerte de tu antigua vida y todo lo que significaba.
-¡Claro que me alejo!-repuso furiosa-no permitiré que te cases conmigo
-sin embargo, del fuego de tu muerte surgirá la resurrección, como mi Aome, mi Esposa y mi Reina.
-¡No soy Aome!-le grito con los ojos llenos de lagrimas-¿no lo entiendes? No quieres que me case por mi misma, solo quieres tener esa leyenda junto a ti. Pero no soy esa de la leyenda, soy una mujer de carne y hueso….
-no serás mujer hasta que hayas amado a un hombre-la atajo- y el te ame a ti.
-¡no me casare contigo Inuyasha!- le dijo de frente
-No me desafíes en publico-le ordeno conteniendo el aliento-no, enfrente de mis hombres.
Miro el rostro enojado y sintió que las lagrimas. Sus manos la lastimaban. Los hombres la observaban con facciones tensas. El olor de incienso llenaba el aire.
¿Acaso le quedaba otra opción? …puedo anular el matrimonio después... se dijo... u obtener el divorcio. No tengo que quedarme casada con un hombre que no me ama. No tengo que…
Se pronto se encontró al lado de Inuyasha, pronunciando sus votos y un lazo de oro unió sus muñecas para la eternidad.
Cuando la ceremonia termino, firmo los documentos con mano temblorosa y al mirarlos vio que su firma se parecía a los trazos árabes que identificaban la de Inuyasha. La desconcertó. Su corazón dejo de latir por instantes.
-¡Mi Reina! –dijo Inuyasha tomando posesión de su cintura
-no tengo que seguir casada contigo Inuyasha, cuando regrese a Occidente pediré el divorcio- le dijo mirándolo fijamente.
-entonces… impediré que regreses, querida.- la soltó y palmeo para que las grandes puertas de la cámara se abrieran de par en par dejando paso a las mujeres de Inuyasha.
-¿Qué pasara ahora Inuyasha?-pregunto, odiándolo-¿que otra prueba me aguarda?
-pronto lo descubrirás Aome-le prometió y palmeo de nuevo.
Las mujeres guiaron a Aome, con suavidad, por un largo corredor, la metieron en una habitación y la dejaron ahí, sola. Para que pensara en el matrimonio que acabada de contraer.
Desde luego, estaba en el lecho Nupcial.
Una enorme cama dominaba el cuarto, con sobre cama de seda, bordada en azul y blanco. Al fondo cofres de madera con incrustaciones de perlas y piedras preciosas, decoraban la habitación. Las lámparas de aceite iluminaban apenas el cuarto.
Kagome El Khazir pensó con amargura. Pero, su corazón salto de orgullo y excitación. Por mucho que luchara con sofocarlo, el amor que sentía por Inuyasha la vencía en cada una de sus batallas.
La puerta se abrió, al otro extremo del cuarto.
Kagome contuvo una exclamación y se volvió.
Inuyasha entro.
Por un segundo ninguno de los dos hablo. Luego, Inuyasha cerró la puerta.
-Eres Mía-dijo-¡Al Fin!
-¡Nunca seré Tuya!-le lanzo enojada-ni siquiera si…ni siquiera si me fuego candente…jamás te perteneceré…ni a ti, ni a ningún hombre.
-todavía me rechazas-le dijo, haciéndola saltar cuando vio la furia en sus ojos- aun ahora que estamos casados. Aun ahora que te he hecho mi reina… ¿todavía me rechazas?
-tu me obligas a hacerlo-musito ronca, retrocediendo con enojo-lo mismo que me obligaste a cruzar el desierto y que me forzaste a aceptar este matrimonio y…
-la memoria te falla, Aome-musito entre dientes, pescándola con la mano-veniste a mi palacio en Añadir por voluntad propia, y así te meterás a mi cama esta noche. Por tu propia voluntad y excitación.
-¡Jamás!
¡Desde el momento en que te vi., no fui capaz de comer, de pensar, de vivir! Hasta hoy, que te tengo en el palacio de mis ancestros, como mi esposa, como mi reina¡como mi Amante!
-¿Por qué no dices lo que realmente deseas?, solo deseas meterme a tu cama.
-¿y crees que tenia otra opción?-la tomo del rostro entre sus manos-¿crees que durante algún momento, desde que te vi. Por vez primera, he sido capaz de sentarme a pensar con claridad? El destino nos tiene en sus manos, Aome, y nos exige que desatemos sus fuerzas más profundas y primitivas.
-te refieres al sexo ¿verdad?-indago-¿Por qué no lo admites¿Por qué no me hechas a la cama y me posees¡Acaba de una vez, y déjame ir!
-hablas del amor como una tortura, y así será. Una agonía de dolor y de placer. Estas ante el umbral de tu madures como mujer y yo haré que alcances tu feminidad con mi cuerpo.
-no puedo luchar contra ti, Inuyasha. Aquí reinas, y haces lo que te place.
-sin ti, no soy Rey, Aome, no soy nada.-le musito con voz apasionada- reino a través de las leyendas que rigen la mente de mi pueblo. Los seduce tu leyenda tanto como la mía…igual que yo te seduje con las leyendas de tu niñez y del poder que todavía tienen en ti.
-si-admitió, ronca-es verdad. He sido seducida…me ha seducido Arabia, el desierto y los recuerdos de mi niñez-lo miro intensamente- esa es mi debilidad y tu te aprovechas de ella.
-yo no la siento una debilidad, Aome si no tu misma esencia. Las enterrases con la vida falsa que tenias en Londres .pero, aquí conmigo las encontraste de nuevo.
De repente le arranco el tocado, arrojándolo con un tintineo de oro al suelo, junto con el velo.
-¡OH!- Kagome retrocedió asustada, mientras su cabello caía en una cascada, mas negra que la noche, sobre sus delgados hombros.
Le arranco el manto negro y admiro su cuerpo. La diáfana seda revelaba sus senos llenos, con los prominentes pezones rosas, la pequeña cintura y el vientre desnudo, las largas piernas y entre los muslos su tesoro escondido.
-ha, si…-suspiro Inuyasha, con ojos sombríos de deseo-¡Si!
-No…no quiero-el calor quemo su cuerpo
-¡sI!-repitió el ahogándose, con sus ojos dorados llamando a los de ella- si, Aome, si quieres- y, al acercarse sus fuertes manos le acariciaron los senos y ella se sofoco, contemplándolo alelada, mientras sus dedos bronceados jugaban con sus pezones erectos y a la joven se le doblaban las piernas.
-por favor…-susurro a través de sus labios secos sin poder moverse- aquí estoy indefensa…no puedo huir…
-¡no quieres huir!-dijo bajo su aliento, y entonces, bajo su cabeza y su boca se cerro sobre la de Kagome, en un beso que envió sangre caliente por todo su cuerpo.
Sus manos le tocaron los anchos hombros por instinto y la debilidad la invadió como un dulce pecado, al tiempo que abría la boca bajo la de su señor con un gemido de deseo, y se rendía ante el. Sus alientos se mezclaban en un calor erótico, sus lenguas se unieron y cada luz, cada gemido incesante de su garganta traicionaba su pasión que la estrujaba a medida que el beso se ahondaba.
Las fuertes manos frotaron sus pezones, provocando gemidos ansiosos. Su boca, abierta y húmeda bajo el jeque, no impidió que sintiera que le quitaba el TOP. Ardió de vergüenza y excitación , saboreando la sensación de sus manos sobre sus pechos desnudos.
Cuando el inclino la cabeza para morderle un pezón, casi susurra "si…si…" como una mujerzuela con hambre de lujuria y las manos le temblaron al quitarle el tocado de la cabeza, metiendo las manos en la masa de cabello oscuro y sedoso, conteniendo un gemido cuando sus dientes, mordisquearon en broma un pezón y el dolor-placer lanzo un puñado de agujas a la turbulencia de sus sangre.
Inuyasha le acaricio el vientre, haciéndola temblar y la tensión la estremeció a medida que la tocaba. Deslizo sus manos por las delgadas caderas y cuando la oyó gemir con suavidad , volvió a poseer su boca con su lengua, y le acuno el trasero desnudo con sus manos, empujándola despacio contra la dureza de su sexo.
-¡OH…Dios!...-exclamo con voz insegura y suplicante-¡Inuyasha!
La llevo a la cama y ella se mareo cuando la deposito entre las sabanas de seda. Se reunió con ella de inmediato, pegándose a su cuerpo, moviendo un muslo entre lo de ella para abrirla, mientras su boca cubría la de su esposa con un beso ardiente y carnal.
Se tomo su tiempo en conocerla, provocándola con su propio deseo y obligándola a aceptar esa pasión, mientras contemplaba sus senos desnudos, sin tocarlos, y ella vibraba de deseo , de excitación…esperándolo.
Cuando aparto su corpiño, a Kagome se le seco la boca y al acunar, despacio sus pechos, como frutas maduras, observo su boca y ansió que volviera a besarla. Espero a que inclinara la cabeza para cerrar los ojos y hundirse en ese mar de placer. Dejando que el estrujara sus pezones adoloridos y duros, quemándola con pasión intolerable, acercándose contra el hasta que lamió sus pezones.
El cerró los ojos y sonrió, tomando lo que ella le ofrecía. Bajo la diestra y ella gimió bajo su cuerpo . Empezó a acariciarle los muslos y la joven se quemo en excitación vergonzosa, ansiando que apartara el último trozo de tela que los separaba. Al sentir que el último velo caía de sus caderas, de sus muslos, gimió sin contenerse, por fin estaba desnuda en brazos de su esposo.
Su boca la poseyó de nuevo y a medida que la pasión aumentaba se movía hacia el instintivamente, casi como si no supiera que movía su cuerpo despacio, con ritmo sensual, frotándose contra el muslo que abría los suyos.
El le apretó las caderas y ahondo el beso, deslizando una mano bajo ella. Masajeándola, oprimiéndola contra el, hacia arriba y hacia abajo, con lentitud, sus gemidos solo lograban que el controlara mas la situación y debilitaban la resistencia de la joven.
Tócame, le gritaba en su imaginación , luchando por respirar y luchando en no descubrir su deseo incontenible por el árabe, mientras sentía que los dedos de su amado quitaban el último trozo de seda.
Su corazón latió como tambor. El velo de seda cayo al suelo con un suave siseo y ella quedo desnuda bajo el, con los muslos como seda y su sangre pulsando al ritmo del deseo.
-¡ahora, OH, reina!-le dijo con su boca a unos centímetros de la de ella- ¡Ahora conocerás a tu Rey!
Se aflojo la ropa y ella observo con los ojos cargados de deseo por fin, el cuerpo desnudo de su marido. Las vestiduras blancas cayeron al suelo. Primero vio su torso, bronceado, musculoso un paraíso de bellos que deseaba explorar muchas veces con sus dedos, con su boca, con su lengua, con su aliento…
Luego vio la parte inferior de su cuerpo y ella gimió, sollozando de deseo y terror, clavando sus ojos, de forma inmediata , en su potente virilidad…
Se acerco a ella desnudo y un calor salvaje la quemo cuando esos muslos velludos tocaron el interior de sus piernas. Le toco el pecho con las manos y apenas siguió respirando.
-tengo miedo…--susurro mientras su boca descendía por su cuello, y el se movía mas y mas cerca del centro de su ser-.¡Por favor, no me lastimes! Por favor…
-la adolescente debe morir…-dijo respirando con dificultad-antes de que la mujer nazca. Mi amor…-empezó a penetrarla con el corazón golpeándole el pecho-…mi amor…
-¡Ho.!...-su exclamación, ronca se convirtió en un suspiro de exquisita agonía y el se detuvo, mirándola, con el rostro tenso de la emoción, mientras respiraba con fuerza, conteniéndose para no lastimarla y cuando estuvo listo, el continuo empujando, mientras Kagome luchaba bajo el como en un sacrificio pagano.
-¡Muévete con el Dolor!-le pidió apasionado, y se hundió hasta el fondo, con un fiero gemido de excitación.-¡Muévete!
-¡No puedo!-grito, agónicamente sometida a el dolor-¡no, no!
El apretó la boca y cerro los ojos. Entonces, lanzo un gruñido de pasión y empezó a moverse, llenándola y hundiéndose en ella , mientras el éxtasis se le escapaba en el aliento, y como el ignoraba sus gritos, empezó a moverse. La ira y el dolor la hicieron osada y se apretó contra el, al principio despacio, después mas aprisa, correspondiendo a sus impulsos, con los ojos contemplando con fijeza el cuerpo que la poseía por completo.
Entonces sucedió. Como un fósforo se apaga, el dolor termino y la quemante pasión la domino, enloqueciéndola, mientras sus cuerpos se unían, moviéndose acompasadamente, como animales, con la piel húmeda de sudor, gimiendo con sonidos guturales y excitados hasta la locura.
El dolor exploto igual que una ola. Le beso la garganta y con los dedos le asió el cabello oscuro, para después recorrerle la espalda y aferrarse temblando de sus glúteos. La boca de Inuyasha se cerro sobre la suya, con un gemido ronco de amor, y , a medida que el se movía mas, y mas deprisa, ella sintió que la tensión le mordía el estomago buscando un escape, mientras la furia, el odio y el amor se fundía en sus entrañas…entonces exploto. Como si la hubieran golpeado, hecho la cabeza hacia atrás , con los ojos cerrados, llena de un placer oscuro, flotando con la mente y cuerpo en una caverna calida, mientras se estremecía como una muñeca de trapo y subía y bajaba con espasmos de tensión que la estremecían.
Los gritos de placer de Inuyasha se entrecortaban de repente, cuando trataba de dominar su deseo y los dedos le mordían la carne al mismo tiempo que ella se sacudía bajo su cuerpo.
De pronto el dominio que ejercía bajo su cuerpo se rompió, con un gruñido de triunfo la poseyó, con el rostro contorsionado por ese sabor a éxtasis violento que bañaba su cuerpo, haciéndolo retorcerse contra ella, con el corazón desbocado y el cuerpo tembloroso. Sus gemidos de placer se unieron a los de ella y al abrir los ojos, sintió tanta alegría, tanta excitación, que apenas creyó que el había perdido el control y era todo suyo.
Cuando los latidos de sus corazones se tranquilizaron, y las olas de placer los indujeron al descanso, Inuyasha bajo su cabeza al cuello de la joven, todavía respirando con dificultad y enterró suavemente sus dientes en la blanca piel, arrancándole un gemido ahogado a Kagome, marcándola así como su hembra. Lamiendo después ese sitio, como pidiéndole perdón por haberlo mancillado.
Kagome se quedo mirándolo, con la respiración acelerada. No, ya no podía negarlo. Ya no inventaría más mentiras. Ahora no, desnuda y agotada en el circulo de sus brazos. No lograba sofocar la emoción que la embargaba, sin alcanzar a catalogarla por miedo: era amor.
Amo a Inuyasha-pensó mientras acariciaba su espalda.-el amor, estoy perdida.
-mi amor-Inuyasha le acaricio la garganta con su boca- moriste como una reina.
Kagome soltó una carcajada suave y lo estudio con interés.
-¿ya soy mujer?-bromeo-¿deje atrás mi adolescencia?
-eres toda una mujer, como adivine en el momento en que mire tu cara por primera vez. Estos labios maduros me invitaban, este cuerpo lujurioso me tentaba, y esos ojos de chocolate me retaban.
-¿poesía árabe?-pregunto -¿o simple adulación?
-¡por dios! Simple adulación, deberías terminar tus preguntas con un "Mi Señor"
-¿así debo llamarte de ahora en adelante?...jeje….no creo que pueda Inuyasha.
-¡ni siquiera aquí, en la intimidad de nuestro dormitorio?-sus ojos brillaban al mirarla-¿no te parece que debes respetarme? Después de todo, mi amor, aquí yo seré tu amo absoluto. Y aquí haré que me obedezcas.
-¿Cómo acabas de hacer?-lucho en broma para demostrarle que aun no la dominaba- ningún hombre es mi amo, y no te obedeceré. No puedo aceptarlo y no lo permitiré.
-no puedes ¿he?-pregunto en un susurro-soy tu esposo. Tu Rey. Me llamaras Señor por voluntad o te obligare a hacerlo.
-¡Oblígame!-le dijo apasionada
--¡!OH, si¡Lo haré!-le prometió.
-no puedes obligarme a que haga lo que no quiero…
-¿no? los ojos dorados se mofaron de ella y al contemplarlos recordó la pasión que habían compartido., cerrando sus brazos a su alrededor tomo en su boca el seno de la joven…….empezaban de nuevo……
Continuara….
NOTAS:
¿QUIEREN SABER QUE PASA "LA MAÑANA DESPUES"?
BUENO PUES DEJEN REVIEWS...SOLO LES AVISO...
EL LEMON...NO HA TERMINADO O0O JUAR JUAR JUAR!!!!
Oo YA EN SERIO...ESCRIBANME...ME ENCANTAN SUS REVIEWS...
MUCHISIMAS GRACIAS POR SEGUIR LEYENDO
