N/A: Hola a todos. De nuevo estoy aquí con otro capítulo ahora más extenso. Es el producto de un fin de semana en el que me fui con mi novio a relajar y disfrutar las vacaciones a una cabaña apartada en el Valle del Elqui (un lugar muy preciado en mi país, Chile, 100% relajo) y pasamos todo el fin de semana viendo ATLA (y bebiendo jajajaj), para que me ayudara a recordar e inspirar aún más (buena excusa, ¿eh?).
Es un cap. Que me ha dejado satisfecha. Como estoy de vacaciones (aunque ya sólo me queda una semana antes de regresar a la Universidad) he seguido con la historia, y mientras subo este, ya voy empezando el décimo segundo.
No subiré todos de un zopetón pues lo más seguro es que en las próximas semanas no podré escribir nada producto de la U, estoy ya en mi último semestre de la carrera y sé que se viene ajetreado. Así que racionaré los caps de forma que no sientan que los abandono ^^ No quiero dejarlo abandonado de nuevo, ya vi las consecuencias; tenía a mucha gente siguiéndolo, pero casi todos están perdidos, lo cual me causó mucha tristeza. No obstante, hay algunos personitas que he vuelto a ver como Paolyta (chica por Dios, eres una de las más importantes para mi, tus mensajes privados motivándome a continuar la historia fueron lo mejooor), DaYris (cochinona :$, descuida, por ti, ya aliviaran parte de su atención un poquito más adelante :Z ) y Rashel Shiru (seguidora fiel, siento que te amo :$ jajaja, no en ese sentido xD) a quienes les dedico este capítulo con mucho cariño. (Me gustaría mucho conocerlas chicas, estar en contacto por fb, entablar amistad ^^ )
Por favor, si conocen a más gente fanáticos del Zutara y a quienes creen que podría gustarles el ff, recomiéndenlo ^^
Otro favor, si es que se animan a dejar un review, amaría que lo hicieran desde su cuenta pues así puedo responderles personalmente. Me da pena no poder responderle a los "invitados" (sí, en especial a ti "guest" que dejaste un review en el 1er cap sin más info tuya u.u) ya que así no les puedo avisar cuando esté por subir un nuevo cap., y/o darles las gracias y expresar lo que sentí cuando leí sus reviews. Pero si algunos no tienen una cuenta, ¡pues anímense y háganse una! ¡No se arrepentirán! Jajajaja. Pero si no pueden, no importa ^^ de todas formas su comentario anónimo o no, me alegrará =3
Un abrazo y mis profundos agradecimientos a Luisa Mateus (reí de lo grande con tu review, en verdad me alegraste todo el día ^^), Jaz (qué lástima no poder responderte en privado y avisarte de esta actualización :( ) y Vairee (estamos conectadas! tú fuiste la última que este año 2014 que me motivó a retomar *-*) que también se dieron el tiempito de escribirme reviews C: De corazón les digo que saber que la pasan bien leyendo estas cosas que salen de mi cabeza me hacen una personita feliiiz.
Que disfruten este capítulo y se animen a dejarme su opinión. ¡Un besito a todos/as! Y muuuuuuchas gracias por leer.
Este fic participa en 'La Semana Zutara' del fandom de ATLA, del foro ¡Cometa de Sozin!
Capítulo IX: Complaciente
Zuko no pudo evitar reparar en el cambio de actitud que Katara había sufrido desde la llegada de Haru. Ahora se le veía más alegre, con mejor humor e incluso parecía mirarlo menos feo. Bueno, en realidad, casi ni lo miraba. Pasaba por alto cualquier cosa que él dijese y cualquier movimiento que hiciese cerca de ella. Era como si no existiera para ella. Como si fuera una pared más en ese frío y amplio templo.
Miró a su alrededor. Era la hora de cenar y todos estaban sentados a la mesa conversando y riendo, exceptuando a Katara que estaba sirviendo la comida y a Aang, quien le ayudaba con los platos. Zuko hacía rato que había dejado de escuchar lo que Sokka le contaba sobre un nuevo movimiento con su boomerang, y se había puesto a observar a Haru. El chico no demostraba ningún interés especial en Katara. Durante las casi dos semanas que llevaba con ellos, él jamás lo había visto dirigirse a la chica de una forma más cariñosa, ni abrazarla o mirarla de alguna forma sospechosamente efusiva… De pronto, Haru se sintió observado y lo miró. Zuko le sostuvo la mirada y Haru elevó una ceja en un claro signo de desprecio, para luego dirigir su atención a Toph, quien le había empezado a hablar sobre algo de tierra control.
A Zuko no le sorprendía que ese tal Haru lo mirase de esa forma. Había escuchado hace unos días una conversación entre él, Katara y Aang, en la cual recordaban cómo se habían conocido y cómo la chica lo había ayudado a reencontrarse con su padre escapando de las manos de la Nación del Fuego. Quizá por eso era que ambos se veían tan unidos. El rostro del otro les recordaba que había esperanza aún entre tanta guerra. Y era obvio que él, siendo el hijo ─incluso uno desterrado y exiliado─, del Señor del Fuego, era el vivo recuerdo del enemigo, de la muerte y de todos esos hechos horribles que llevaba a cabo la nación de la que él provenía.
Luego de la apetitosa cena, Zuko fue el primero en retirarse, excusándose y diciendo que debía seguir practicando fuego control. Cuando estuvo en las afueras del templo y sintió la fresca brisa de la noche sobre su cara, su cuerpo se distendió. Había estado tenso durante toda la comida. No era muy fácil tratar de ignorar las despectivas miraditas de ese maestro tierra. Lo exasperaba. A diferencia de Katara, quien nunca tuvo reparo en decirle cara a cara su desprecio, ese hombre sólo se limitaba a mirarlo con el ceño fruncido a lo lejos. Él sabía que tenía sus justas razones y no podía esperar otro comportamiento, sabiendo todo lo que había vivido por culpa de la Nación del Fuego, pero ya era bastante difícil lidiar con Katara, para que otro más en el grupo tomara ese mismo comportamiento. Por lo menos debía agradecerle que ya la chica no discutiera con él, sino que ahora pasaba olímpicamente de él.
Zuko frunció el ceño ante eso. No le gustaba que la gente le ignorara, mucho menos una criatura salvaje como era esa campesina. Y se dio cuenta que no tenía nada que agradecerle al nuevo integrante del grupo.
En realidad, la animadversión era mutua. A él tampoco le simpatizaba Haru. Le molestaba de sobremanera la forma en que se acercaba a la maestra agua por atrás y la asustaba, provocando que ella pegara un pequeño salto y luego le pegara en el brazo, medio en broma medio en serio. Le molestaba también que la acompañara a cuanto lugar ella se dirigía, como a comprar los alimentos con la excusa de ayudarle a cargar las bolsas, sabiendo que Appa era quien se llevaba toda la carga. Y le molestaba la forma en que él conversaba con ella, tan íntimamente y por largas horas.
Todas las cosas que el maestro de tierra control hacía le resultaban fastidiosas porque le daba la impresión que lo hacía sólo por caerle bien a Katara. Y él odiaba a la gente complaciente. Le fastidiaba ver cómo ese chico la hostigaba y no la dejaba tranquilo. Parecía un perro baboso tras de ella, siguiéndola a todas partes. ¿Es que no tenía un poco de orgullo ese hombre?
Zuko comenzó a desvestirse un poco hasta quedar descalzo y sólo con los pantalones. Quizá entrenando dejaría de pensar en ese Haru y en su forma tan empalagosa de comportarse.
Al cabo de una media hora, cuando su entrenamiento estaba dando muy buenos resultados, escuchó unos ruidos y se volteó a ver la entrada del templo. Revoleó los ojos y suspiró sonoramente.
Katara y Haru caminaban muy juntitos hacia un costado del templo, ignorando que Zuko estaba a varios metros entrenando, y se sentaron en unas bancas de mármol. Parecía que estaban teniendo una conversación bastante interesante, pues aunque Zuko siguió entrenando como si no hubiera visto nada, ante las fuertes llamaradas de fuego que salieron de sus puños, los dos maestros continuaron con su charla, indiferentes a lo que pasaba a su alrededor.
Zuko continuó con lo suyo. Mucho mejor para él si es que no le ponían atención. Pero al cabo de unos minutos, no pudo conseguir ejecutar uno de los movimientos que su tío Iroh le había enseñado, ya que una risa llegó a sus oídos y lo sacó de su ensimismamiento. Una risa muy bonita y atrayente, a decir verdad. Respirando para recobrar su concentración, reanudó su entrenamiento pero de nuevo escuchó esa risa y Zuko se pasó una mano por el cabello, exasperándose. ¿Es que acaso ese Haru no podía contarle sus chistecitos a Katara en otro lugar que no fuera justo donde él estaba entrenando?
Se volteó disimuladamente, mientras hacía el amago de buscar algo en su camiseta que había dejado sobre el suelo de piedra, y miró a la parejita. Parecían bien acaramelados y no podía entender cómo había pensado que Haru no tenía algún interés especial en la salvaje campesina, si al parecer le estaba contando algo al oído, haciéndola reír por lo bajo. Luego, para la sorpresa de Zuko, vio cómo Katara volvía a reír y dándole la espalda a Haru, se corría su largo cabello negro a un lado del cuello, y dejaba salir algo así como un suspiro de alivio, con los ojos entrecerrados. Haru le estaba dando un masaje en la espalda.
Zuko le miró escrutadoramente la cara a lo lejos, buscando alguna señal que pudiera comprobar o echar por la borda su teoría del interés que podía sentir por la maestra agua, pero no pudo conseguirla pues la oscuridad no le dejaba ver los detalles. Sólo podía ver que el rostro del chico se mantenía relajado, con una leve sonrisa en los labios, sin embargo, sus ojos se mantenían velados de su escudriño.
Mirándolos con desdén, en especial a Haru, pues no podía creer que había llegado tan bajo como para hacerle un masaje a la fierecilla esa sólo por buscar su simpatía, decidió una vez más seguir entrenando. Había miles de mujeres menos orgullosas y mucho más atractivas con las cuales no había que comportarse tan meloso como para obtener su interés, y ese tipo terminaba haciendo cosas desesperadas por una mujercita tan ordinaria.
En fin, no es mi problema. Que haga lo que quiera, que se desviva en atenciones si así lo desea, pensó mientras se encogía de hombros y reanudaba otra vez más su entrenamiento.
Katara sonrió ante un gracioso comentario que Haru le contaba sobre uno de sus amigos del Reino de la Tierra. Ella sabía que la estaba tratando de distraer, de mantener su mente alejada de la conversación que habían tenido apenas se lo había encontrado en la Nación del Fuego semanas atrás, cuando estaban comprando alimentos.
Recordaba que después del fallido intento de vencer al Señor del Fuego en el día del eclipse, Haru, Teo y El Duque habían decidido no ir con ellos al Templo Aire del Oeste. Querían vivir en la Nación del Fuego, aprender sus costumbres para no llamar la atención a la vez tratar de idear algún plan sobre cómo liberar de la prisión a su padre, a Hakoda y al resto de los maestros y guerreros que habían estado con ellos el día de la malograda invasión.
Katara apenas podía soportar el recordar esos acontecimientos. Sus ojos se llenaban de lágrimas al pensar en su padre y en cómo estarían tratándolo los desgraciados maestros fuego. ¡No podía permitirse perderlo a él también! Pero estaba atada de manos. Nada podía hacer ella. Todo estaba en las manos de Aang, y bueno, también en las de Zuko. De sus enseñanzas dependía que su amigo aprendiera y manejara eficazmente ese maldito elemento.
Después que Haru les explicara que quería unírseles y quedarse con ellos en el templo por algún tiempo, ya que El Duque y Teo habían encontrado una familia bondadosa en las colonias que aunque pertenecía a la Nación del Fuego, estaba deseosa que la guerra terminara, se había quedado rezagado con Katara hablando de lo ocurrido en aquel fatídico día.
Ella había roto en llanto y él la había abrazado cálido y con ternura. Fue él quien la calmó, ahí entre toda la multitud de gente de la Nación del Fuego, susurrándole palabras de tranquilidad, aquietando su tormenta interna, y apaciguando su tristeza. Le prometió que al final de toda esa guerra, tanto él como ella terminarían felices viviendo con sus respectivos padres, y que mientras él estuviera a su alrededor, se encargaría de hacerla sonreír y de espantar a sus demonios.
Quizá era por eso que él se mostraba más chispeante. No lo recordaba precisamente por sus comentarios graciosos, eso era más histriónico de Sokka, pero agradecía enormemente ese cambio. Era más llevadera la carga cuando tenía a una persona tan agradable y graciosa a su lado.
Miró a su amigo y apoyó la cabeza en su hombro, volviendo al presente. No estaba segura si todas las anécdotas que él le estaba contando eran ciertas, pero reía de todas formas. No obstante, le estaba costando trabajo concentrarse en ellas pues cierto maestrito estaba practicando su elemento y ella no podía evitar quedarse pegada mirándolo. Bueno, en realidad miraba las llamaradas que él producía, no al molesto chico dueño de ese poder. Daba gracias a Agni que había podido encontrar la solución a su problema de fuego control. Había pensado que había llegado el fin cuando al día siguiente de que se les uniera, no había podido ejecutar fuego control, y aunque ni él ni Aang habían dado detalles de ese viaje que ambos habían emprendido para buscar los orígenes del fuego control, después de eso las cosas habían cambiado, y para bien.
-Es bastante bueno, ¿no?
Escuchó que Haru le comentaba, mientras miraba en la misma dirección que ella interrumpiendo sus pensamientos.
-Pues sí… algo –Reconoció Katara, desviando la mirada rápidamente para mirar a su amigo.
-¿Algo? –Haru rió- Puede que no nos agrade, es más, puede que ambos lo detestemos con toda nuestra alma, pero hay que reconocer que es un excelente maestro de fuego control, Katara.
Pero ella sólo se limitó a encogerse de hombros con una sonrisa tensa en el rostro.
-Ya sé lo que necesitas para que esa sonrisa tuya vuelva a ser la de antes –le susurró al oído el maestro tierra-. Esa sonrisa forzada no te favorece mucho –Continuó guiñándole un ojo.
Katara rió ante esa ocurrencia. Rió más fuerte de lo normal y se tapó la boca. No quería desconcentrar a Zuko o que él reparara en su presencia.
-No sé de qué hablas. Yo me veo hermosa siempre, con o sin una falsa sonrisa –Bromeó ahora ella, mientras se pasaba una mano por el cabello, en un claro gesto de vanidad. Luego volvió a reír en voz alta.
-Pero si eres la humildad andante –comentó Haru, mirándola con una falsa expresión de asombro.- Ven, gírate un poco y te ayudaré a lucir más hermosa aún. Un masaje ayudará a que resplandezcas.
Katara soltó una risita. Se sentía muy bien con Haru. Podía ser tal cual era con él, sin caretas, sin tener que fingir fortaleza u ocultar debilidad. Desde que habían compartido sus experiencias, aquella tarde en el Reino Tierra, supo que habían hecho una conexión que iba a ser muy difícil de romper. Él le inspiraba confianza y esperanza sobre un futuro prometedor.
Se giró e hizo lo que su amigo le había sugerido. Se tomó el cabello y lo depositó hacia su lado derecho. Lamentablemente quedaba mirando en la dirección donde Zuko estaba entrenando, por lo que decidió inclinar la cabeza hacia atrás. Suspiró de placer al sentir las manos de Haru sobre sus hombros haciendo presión.
-Mmm estás muy tensa… -Haru le masajeó el cuello con fuerza.- Así no puedes estar hermosa para conquistar los corazones de chicos incautos, Katara –Continuó masajeándole firmemente con los pulgares las zonas más duras y contraídas de la espalda femenina.
-Qué amable de tu parte ayudarme a subir mi nivel de atractivo –susurró Katara, relajándose cada vez más-, ¿no será que estás buscando que haga algo por ti, Haru? No pensé que fueras tan interesado -Rió mientras sentía un apretón que Haru le había propinado, como un pseudo castigo ante sus palabras.
-Qué mal pensada. Sólo lo hago porque soy tu amigo y quiero verte relajada –le comentó acercándose al oído de Katara.- Y porque quiero que me prepares algún rico postre -Agregó con tono burlón.
-¡JÁ! ¡Lo sabía! –Exclamó la chica, volteándose al instante- Eres un interesado, Haru ¡Y eso que acabamos de cenar! -Le golpeó el brazo sin mucha fuerza.
-Vamos, Katara. No seas mala. Mírame. Ya estoy moribundo. Necesito comer algo… además, tu comida es deliciosa… -La miró haciendo un puchero.
Katara rió con ganas. Ese chico era una brisa de aire fresco en su vida. Se sentía muy agradecida de que se les hubiese unido. No sabía por cuánto tiempo más lo tendría en su vida, pero se sentía feliz con tenerlo a su lado. Disfrutaba conversar con él, especialmente sobre cuánto extrañaba a su madre, pues sabía que él siempre estaba dispuesto a escucharla. Siempre fue así, desde aquel atardecer en que compartieron sus infidencias y luego cuando lo ayudó a rescatar a su padre y al resto de los maestros tierra. Todas esas experiencias vividas junto a él la habían ayudado a sentirse más segura de sí misma y de sus poderes. Y por eso es que se sentía tan cómoda al pasar tanto tiempo con él. Incluso ese masaje que le había dado, lo había recibido con la tranquilidad de que provenía de un fiel amigo. No había ningún tipo de tensión entre ellos, y eso la aliviaba. De ahí que pensaba que Haru era un soplo de aire fresco. Se sentía calmada a su lado, la hacía olvidar de sus preocupaciones, a diferencia de Zuko, quien la exasperaba e incomodaba a morir.
-Está bien. Te devolveré el favor y te prepararé algo. Pero me demoraré un poco… -Accedió la chica, sonriéndole mientras se ponían de pie.
-¡Eres genial, Katara! –Haru la abrazó.
Fue un abrazo sin dobles intenciones. Ella se lo devolvió dándole unas palmaditas en la espalda.
-Lo sé, lo sé –replicó ella entre risitas- vamos adentro y verás que te cocinaré algo que hará que Sokka se sienta celoso de…
Zuko los vio abrazarse y luego entrar al templo. Hacían buena pareja. Los dos eran igual de irritantes y mediocres maestros. Continuó entrenando pero su mente no estaba ayudando. Seguía pensando en los tortolitos. ¿Se irían a encerrar en una habitación para continuar con los abrazo? Bufó molesto. No le interesaba lo que hicieran, mientras lo hicieran en silencio.
Lanzó un puñetazo al aire del que salió una gran llamarada de fuego indómita. No sabía por qué, pero no le agradaba la idea de imaginarse a la campesina haciendo quién sabe qué cosas y ahogando soniditos extraños. Dio otro puñetazo. No había vuelto a pensar en lo que había sucedido con ella el día en que recibió esa quemadura por parte de Aang y la cual la chica tuvo que curar. Evitaba a toda costa pensar cómo sus cuerpos se habían rozado y cómo ella se había movido contra él, incitándolo con su cadera, y mirándolo con esos ojos llenos de inocencia y pasión.
¡Por Agni! No se le hacía nada agradable imaginarla en la misma situación, pero ahora contoneándose contra otro. No es que sintiera que lo que había pasado entre ellos había sido algo importante…
Claro que no fue importante. Para nada importante. Fue un accidente todo lo que ocurrió, masculló en voz baja, dando un tercer puñetazo a un blanco imaginario. Había reaccionado de la forma en que lo había hecho sólo porque esa mujercita lo había provocado. Lo había desafiado y había jugado con él, haciéndolo dudar y sentir nervioso con cada roce de sus curvas. Lo más seguro era que esa maestra agua se dedicaba a poner nervioso a los hombres, sabiéndose atractiva. Y él sólo había reaccionado como cualquiera lo hubiera hecho ante tan extrema cercanía. No había otra razón. Y le molestaba que se fuera con ese incauto maestro tierra sólo porque sentía lástima por él. No sabía lo que le esperaba. Era una insufrible salvaje.
Zuko decidió volver al templo. Obviamente su mente no estaba muy cooperativa y sabía muy bien que su entrenamiento no sería útil con su cabeza divagando y pensando sandeces. Se calzó los zapatos y la camiseta se la colgó al hombro.
Mientras entraba en la cocina, obligándose a pensar en otra cosa que no fuera la ordinaria campesina ojigarza, se topó con ella inesperadamente. Para su sorpresa, se encontraba sola y para su desgracia, se había cambiado de ropa y estaba vestida con su ropa de entrenamiento. Haciendo un esfuerzo sobrehumano, evitó deslizar sus ojos por el cuerpo femenino y la miró directamente a los ojos:
-¿Vas a ir a entrenar a estas horas? –Estaba asombrado pues juraba que ella estaba con ese sonso de Haru y además, estaba refrescando. Calculaba que serían casi las diez de la noche.
-¿Tienes algún problema con eso? –Le espetó la muchacha, poniéndose a la defensiva rápidamente.
Zuko la miró adusto. Era en extremo agresiva esa aldeana.
-Qué humor el tuyo –fue lo primero que salió de sus labios-. Está un poco fría la noche, ese es el único problema -Y se encogió de hombros, mientras se servía un vaso con agua.
-Tú estabas de lo más cómodo entrenando hace unos momentos. No veo por qué no pueda hacerlo yo –Fue la contestación de Katara, bajando de intensidad su tono de voz, mientras le daba la espalda y se subía a una silla para alcanzar algo que estaba encima de la despensa.
Zuko observó atento cómo la maestra agua trataba en vano de alcanzar algo que estaba fuera de su campo de visión. De puntitas, se inclinaba sobre el mueble y él no aguantó la tentación de mirarla a su antojo. Descaradamente, fijó sus ojos en la parte más baja de su espalda y miró apreciadoramente la agradable vista que la maestra agua le estaba ofreciendo.
Comenzó a beber de su vaso, repentinamente se sentía muy sediento. Y mientras bebía, continuó mirándola a sus anchas. Se preguntó si ese Haru ya había puesto los ojos sobre lo que él ahora estaba disfrutando tanto ver.
-¿Vas a mirar o me vas a ayudar?
La voz molesta de la chica lo sacó de sus pensamientos bruscamente. Katara se estaba bajando de la silla lentamente.
-¿Por qué no ocupas tus súper habilidades de agüita-control? –Le respondió, burlesco, tratando de lucir impertérrito y ocultando su turbación y culpabilidad por haberla mirado de esa forma. Respiró lentamente y en silencio, para apagar sus entrañas que parecían arderle como mil demonios.
-Si lo hago terminaré botando todo lo que está ahí arriba… -Katara se acercó a él de repente y le soltó:- Para ser un principito, en modales te quedas muy corto. Tu caballerosidad me tiene sorprendida.
Zuko suspiró con hastío y poniendo los ojos en blanco por una fracción de segundos al oír esas palabras, se subió rápidamente a la silla. Desde ahí preguntó cansinamente:
-Bien, ¿qué quiere su majestad?
Después de haberle lanzado por los aires lo que la chica necesitaba, acción que sabía que no era propio de él, pero disfrutaba un poco haciéndola enojar, vio que ella se disponía a cocinar algo con premura.
-Comer en la noche engorda, yo que tú no lo haría… –Comentó él, como si nada, sentándose a la mesa para beber más tranquilamente su agua.
Katara cerró los ojos, mordiéndose la lengua y contando hasta diez antes de soltar alguna palabrota que escandalizaría a Gran Gran. Ante todo, era una dama. ¡Pero cómo le costaba no tirarse sobre ese principito para arrancarle los ojos! Definitivamente él sacaba lo peor de ella. ¿Ahora insinuaba que estaba gorda? Apretó los puños, enterrándose las uñas en las palmas.
-No como en las noches. Es para Haru –Masculló concisa y cortantemente.
-Vaya, qué buena novia eres –Dijo Zuko, con un tono bastante impersonal.
Katara aún de espaldas, procesó esas palabras. ¿Pensaba que era la novia de Haru? Sonrió para sus adentros.
-¿Novia? –Repitió ella, mientras cortaba unos vegetales- ¿por qué lo piensas?
Sería interesante saber cuáles eran sus motivos para pensar tal tontería.
-Sólo lo dije por decir –Contestó el príncipe, fingiendo desinterés.
-Muy propio de ti decir cosas sin pensarlas. Como que no se te da mucho usar la cabeza –Dijo Katara ácidamente.
Zuko se puso de pie, dispuesto a servirse más agua, y aprovechando que iba a pasar cerca de Katara, le susurró al oído fríamente:
-Al menos yo soy más civilizado. Tú eres sólo una fierecilla…
-¿Perdón? –La chica se volteó justo a tiempo para quedar mirando frente a frente al tipo que la había llamado de esa forma- El salvaje eres tú. Tú lo reconociste. Y sabes muy bien a qué me refiero.
Zuko no esperaba eso. No pensó nunca que ella haría alusión a lo que había sucedido varias semanas atrás. Le dio la espalda para llenar de nuevo su vaso con agua, aprovechando para qué ella no lo viera sonrojar.
-Tú fuiste la que empezó todo. Moviéndote como una lombriz… parecías una loca –Simuló una pequeña risa, y se apoyó en el fregadero, mirándola por sobre su segundo vaso de agua, ya casi sin el sonrojo en sus mejillas.
Katara sentía cómo su rostro ardía de la vergüenza. No sabía cómo había sido capaz de mencionar esos eventos que ya eran parte del pasado. Recordar cómo ella misma había actuado, cómo se había sentido al sentir el cuerpo de ese tonto maestro fuego en contacto con el suyo, la hacía ruborizar y querer desaparecer.
-¿Por qué no te marchas de una buena vez? Estoy cocinando y me gusta hacerlo tranquila.
Zuko sonrió con satisfacción. Había logrado dejarla sin palabras.
-No pienso estorbarte. Mil disculpas si lo he hecho –y se sentó-, sólo me quedaré un rato más acá, sin decir palabra, sólo hasta acabarme el agua.
Katara tragó saliva, algo nerviosa. Zuko era un real incordio. Pero decidiendo no darle en el gusto ni demostrarle lo molesta que la hacía sentir, siguió cocinando como si nada. Se movía a su ritmo, y se ocupaba de varias cosas a la vez, lo cual la ayudaba a olvidar que estaba siendo observada. Porque se sabía observada. Sentía esos ojos quemando su piel. Deseó estar más vestida.
Al cabo de unos minutos, sin embargo, Katara no pudo soportarlo más y se giró:
-¿Ya terminaste de beber tu exquisita agua?
-Fíjate que aún me queda un poco… -Le respondió el chico de la cicatriz, con un tono de inocencia.
Katara hizo un rápido movimiento con su mano e hizo que el resto de agua que quedaba en el vaso, se dirigiera al fregadero en forma de un delgado látigo.
-Buenas noches –Le sonrió ella, dándose la vuelta para seguir con su tarea culinaria.
Zuko se quedó mirando su vaso vacío, sintiéndose algo apabullado. En verdad esa chica no lo quería en la cocina. No lo quería cerca de ella. Apenas había soportado cinco minutos en su compañía.
-Creo que aún sigo sediento… -Pronunció él lentamente, mientras se dirigía a llenarse el vaso por tercera vez.
Pasando por alto la mirada de sorpresa que ella le dirigía, Zuko aguantó sonreír y se apresuró a llenar el vaso de vidrio. Se estaba divirtiendo cada vez más con la maestra. Era exquisito verla reaccionar ante sus provocaciones. Pero su rostro se tensó al pensar que algo en ella podía ser exquisito. Frenó su mente. No era una mujer exquisita. No lo era. Pero mientras se sentaba otra vez en la misma silla y la tenía al frente, de espaldas, sus ojos acariciándola de nuevo, su cabeza dejó que la palabra exquisita se repitiera de nuevo y se uniera a la imagen de Katara.
-O me ayudas o te marchas –Espetó la chica con un tono claro de advertencia.
-¿Necesitas ayuda para cocinarle algo a tu noviecito? –Zuko la miró serio. La ayudaría en otras condiciones, pero no lo haría sabiendo que todo eso era un regalito para ese desagradable de Haru.- Vaya, pensé que podías tú sola complacer las necesidades de tu nov…
Y de inmediato supo que había ido demasiado lejos.
Katara moviéndose como un relámpago y con un movimiento de la mano, le quitó el vaso y se lo vació en la cabeza.
Empapado y mirándola fijamente a los ojos, se puso de pie con parsimonia pese al escalofrío que lo recorría pues el agua estaba demasiado helada y él estaba con el torso desnudo. Caminó unos pasos y al quedar frente a ella, se sentó sobre la mesa, sin quitarle los ojos de encima. Katara aún seguía en posición de ataque.
-Qué genio. No aceptas un comentario en broma…
-¡Por favor, todo lo que sale de tu boca es sólo veneno. Palabras ponzoñosas y despreciables con el único objetivo de socavarme! –Escupió Katara con tanto rencor que Zuko se arrepintió de haberla provocado hasta ese punto.
-Era sólo una broma –repitió el joven, ahora dubitativo-, no lo dije en serio.
No obtuvo ninguna respuesta por parte de la chica. Se limitaba a mirarlo a los ojos, furibunda.
Zuko continuó:
-De seguro eres capaz de… de complacer a… -pero ya no sabía qué decir. Estaba nervioso. Había metido la pata y sus comentarios no hacían sino que empeorar la situación. Tornarla más incómoda aún.- Debes de ser muy complaciente con él… supongo… ¡no es que me lo imagine! –aclaró- Pero… pero si él está contigo es porque… -Comenzó a farfullar.
Katara olvidó todo su enojo y rencor al ver al principito balbucear como un estúpido. Era lo más divertido que había visto, incluso más que aquel chiste que Haru le había contado después de cenar. Ver cómo el maestro de Aang se ruborizaba y decía palabras inconexas la tentó a soltar una gran carcajada. Pero no lo hizo. Si Zuko había disfrutado molestándola con su presencia, ella lo haría con sus preguntas.
-¿De verdad piensas que…? -dudó un momento, algo avergonzada también, pero segura de hacerle sentir un poco de lo que él le había hecho sentir a ella- ¿de verdad piensas que puedo ser complaciente? –Le dirigió una mirada ansiosa.
Zuko, boquiabierto, la miró. ¿En qué momento la conversación se había tornado tan extremadamente perturbadora?
-Bue-bueno yo creo que… que sí. Si ese tonto, digo… ese tal Haru ha puesto los ojos en ti, es porque algo te vio, ¿no? –sintió la mirada de furia de ella.- Debes ser muy complaciente con todo lo que te pide…
-¿Entonces crees que cumplo con todo lo que me pide Haru para compensar el hecho de que no soy físicamente atractiva? –Inquirió Katara, furiosa, pero por dentro sintiendo que algo le atenazaba el corazón.
-¿Cómo podría yo saber eso? –retrucó el chico- No sé cómo te verá él… -Se encogió de hombros.- En fin, me voy a dormir.
Katara se mordió el labio, indecisa. Quería, moría de ganas en hacerle la siguiente pregunta, pero temía la respuesta. En realidad, temía que él le recalcara que ya le había respondido a esa pregunta varias semanas atrás. Además, estaba molesta pues Zuko fácilmente se había librado de sus preguntas capciosas con respuestas vagas. Inhalando profundamente, como si así obtuviera la valentía, abrió la boca y preguntó con exigencia:
-¿Y tú cómo me ves?
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