Como Michiru seguía en el hospital, yo no pensaba moverme de su lado ni un solo instante, así que Aly me llevó al hospital los papeles de la investigación que habían hecho sobre los productos de la compañía de Serena. Le pedí que se quedara con Michiru mientras yo iba a darles un vistazo a la cafetería y accedió. Caminé con la mente en blanco hasta la cafetería en donde compré un café cargado y me senté a leer. Conforme iba leyendo los papeles cada vez me quedaba más claro que Serena no iba a poder seguir ocultando su crimen. Esos papeles no hacían más que confirmar que había sido su compañía la que se había robado los productos y no la de Darien. No sabía cómo iba a manejar esto pero de lo que sí estaba seguro era de que ella iba a tener que pagarle a Darien y no al revés, quizá de esa manera al fin Darien se daría cuenta de qué clase de mujer era y la dejaría de una vez por todas. No podía permitir que se saliera con la suya una vez más. Regresé a la habitación de Michiru y le pedí a Aly que se encargara de llevar los papeles a la corte para antes de la próxima semana. Cuando salió de allí tomé mi teléfono y le marqué a Serena. Tenía que ver si lograba arreglar eso de una manera que no le afectara tanto a Darien y en la que pudiera acorralar a Serena.
-Tengo que verte.-dije cuando escuché su voz del otro lado del teléfono.-En el Crown dentro de una hora.
Media hora después Rini y Darien entraron a la habitación. Lo primero que noté fue la palidez que invadía el rostro de Darien. A pesar de que sonreía su rostro parecía el de un enfermo en su estado terminal. Tragué saliva y traté de sonreír también para que no se diera cuenta de que me preocupaba su aspecto. Les pedí que se quedaran con Michiru hasta que regresara y me despedí de ellos. Mientras me dirigía al Crown no dejaba de pensar en lo que le diría a Serena. Cada vez me daba más miedo saber de qué era capaz y tenía más miedo de que pudiera hacer muchas más cosas hacia las personas que quería.
Cuando entré al café la vi sentada mientras fumaba. Cuando me vio dibujó una media sonrisa y me senté frente a ella sin saludarla.
-¿Y bien?-dijo apagando el cigarro.-¿Al fin te diste cuenta de que me amas a mí?
-Por supuesto que no.-dije apresuradamente.-Al contrario, me he dado cuenta de otras cosas que cada vez me hacen darme cuenta de la clase de mujer que eres.
-No comprendo de qué hablas.
-A mí no me haces tonto, Serena. Ahora estoy completamente seguro de que tu compañía robó esos productos, así que vas a tener que pagar por las buenas si no quieres que tu deuda se incremente y por supuesto que Darien se entere.
-No querrás decirle a Darien lo que está pasando cuando sabes que no se encuentra bien.-sonrió.
-Es por eso que quise hablar contigo primero, así que pagas o…
-¿O qué?
-O voy a proceder con la denuncia y vas a tener que pagar de todos modos y el doble.
-Puedes hacer lo que quieras.-respondió.-Nada de eso va a pasar, estoy segura de que incluso si Darien se enterara yo no tendría que pagar nada.
Serena hizo ademan de levantarse pero la detuve y la obligué a sentarse de nuevo.
-No tan rápido, aún hay otra cosa que quiero decirte.
-¿Y ahora qué es, querido?-preguntó con sarcasmo.
Saqué el broche que llevaba en el bolsillo y se lo mostré sin entregárselo.
-¿No reconoces esto?
-¿A dónde quieres llegar, Seiya?
-Esto lo encontré en la academia de Michiru el día de su accidente.-solté.-Sé perfectamente que es tuyo y sé perfectamente que tuviste que ver con su accidente.
-Estás delirando.-dijo bajando la voz.-Jamás he ido a la academia de Michiru.
-Déjame decirte que estás metida hasta el cuello, sé muy bien que tú.-dije elevando la voz.-le quebraste el jarrón a Michiru. No voy a perdonarte esto ni nada más, ¿me entiendes?, no vas quedar libre por lo que hiciste.
-No tienes pruebas de eso, Seiya, así que no me amenaces.
-Espera a que Michiru se despierte y verás que tengo razón, y entonces no vas a poder quedar libre.
Serena se fue sin decir nada más. No podía creer todo lo que le había dicho. Dejé dinero en la mesa y salí lo más pronto posible para ir al hospital. Ahora lo que me importaba era conseguir a un donador de sangre o de lo contrario podía perder a Michiru.
…
Serena Tsukino entró al hospital vestida de negro y con lentes oscuros. Nadie pareció percatarse de su presencia y ascendió hasta el tercer piso tratando de ocultarse de los doctores, especialmente de Taiki. Llegó hasta la habitación en donde se encontraba Michiru y vio que no había luz, por lo que decidió entrar aprovechando que el pasillo estaba desolado. Prefirió no encender la luz para no llamar la atención y caminó en silencio hasta la cama. La vio recostada con los ojos cerrados y sonrió. No podía permitir que confesara lo que le había hecho, por lo que tenía que terminar con todo eso de una buena vez y no dejar huella de lo que le había hecho. Observó la máquina que marcaba los latidos del corazón de Michiru y estudió cada cable que iba dirigido hacia su cuerpo. Por un momento dudó de lo que estaba haciendo, pero no había vuelta atrás. Todo tenía que ser como ella lo había planeado y no podía permitir ningún desliz. Tomó los cables con firmeza y cuando estuvo a punto de jalar de ellos sintió una pequeña mano impidiendo que se moviera. Entre la oscuridad logró ver los ojos brillantes de Rini y soltó los cables. Rini tenía el rostro asustado pero la tenía agarrada con tanta fuerza que no parecía una niña. La pequeña trató de empujarla lo más que pudo y al principio Serena no pudo reaccionar, pero luego la tomó de ambos brazos y se agachó para mirarla mejor.
-¿Qué estás haciendo aquí, mocosa? Sal de aquí.
-¡Jamás!-gritó.-Vete de aquí, bruja, no dejaré que lastimes a Michiru.
-Tú no vas a impedirme nada, y no grites si no quieres que te pase algo a ti también.
-¡Vete, vete, vete, vete, vete, vete!
Serena la agarró fuertemente y la llevó a rastras hasta la ventana. La abrió como pudo y sostuvo a Rini en el borde.
-Si no dejas de gritar te vas a arrepentir, mocosa estúpida.
Rini comenzó a llorar y a forcejear con Serena, pero en el momento en que estuvo a punto de abrir la boca Seiya entró y vio lo que sucedía.
…
Seiya.
Cuando vi a Serena sosteniendo a Rini en el borde de la ventana entré en pánico. Lo primero que hice fue correr hacia ella y agarrarla fuertemente del cabello jalándola hacia atrás. Escuché sus gritos y los gritos de Rini. Al tiempo que la jalaba la obligué a sentarse en el sillón y rojo de coraje le grité en la cara.
-¡Qué estás haciendo, loca!-dije con todas mis fuerzas.
-¡No me jales, imbécil! ¡Suéltame!
-¿Qué haces aquí y qué quieres hacerle a Rini?
-Quería jalar los cables de Michiru.-dijo Rini entre sollozos.
Lo que me dijo me dio más coraje y la agarré fuertemente del brazo para obligarla a levantarse y la saqué del cuarto a rastras. Para ese entonces los gritos ya habían alarmado a las enfermeras y se habían juntado en el pasillo para saber qué sucedía. Dos de ellas entraron con Michiru mientras Rini les decía lo que acababa de pasar mientras que yo, consumido por el coraje arrastraba a Serena por todo el pasillo hasta que Taiki se interpuso en mi camino y me fulminó con la mirada. Solté a Serena quien no dejaba de quejarse y llorar y Taiki la ayudó a recuperar el aliento.
-¡Vete de aquí!-dije elevando la voz.-No se te ocurra volver.
-Pero, Seiya, ¿qué rayos está sucediendo?
-Esta arpía se metió al cuarto de Michiru e intentó jalar los cables.
Taiki miró a Serena incrédulo mientras ésta volteaba el rostro para no mirarlo.
-Tienes que correrla, Taiki, sácala de aquí.
-Los dos son unos imbéciles.-dijo al fin Serena.-No saben lo que están haciendo.
-Serena.-intervino Taiki con tranquilidad.-Será mejor que salgas de aquí. No le avisaré a las autoridades si te retiras ahora mismo, y por favor, no vuelvas a este hospital. Estas no son horas de visitas y nadie te autorizó a subir, y lo que trataste de hacer… será mejor que te vayas ahora mismo.
-Por supuesto que me voy.-dijo girándose.-Pero se arrepentirán.
Para cuando dijo las últimas palabras ya se había desvanecido del pasillo. Taiki trató de controlarme pero decidió llevarme a su consultorio y darme unos calmantes. Traté de explicarle lo que había visto y lo que Rini había visto. También decidí contarle lo del broche que encontré en la academia y fue entonces cuando comenzó a preocuparse.
-Sé que sientes mucho coraje, Seiya, pero no puedes acusar a Serena hasta que no tengas pruebas. Michiru todavía no despierta, cuando lo haga podrá decirnos si fue Serena quien la lastimó, por ahora debes calmarte. Y por ella no te preocupes, daré órdenes estrictas de que no la dejen entrar.
Después de hablar con Taiki regresé a la habitación de Michiru, en donde la enfermera ya había logrado calmar a Rini y ahora que había llegado yo se retiró sin decir nada más. Rini no logró dormir el resto de la noche al igual que yo. No dejaba de darle vueltas al asunto y no me cabía en la cabeza cómo es que Serena se había atrevido a tratar de matar a Michiru cuando ni siquiera podía defenderse. Ahora más que nunca me quedaba claro que ella había sido la que la había golpeado y que tenía que sacarla de nuestras vidas cuanto antes o de lo contrario algo muy malo podría pasar en cualquier momento. Rini no dejaba de removerse y aunque no decía nada sabía perfectamente que no se sentía ni tranquila ni feliz.
Al siguiente día Darien regresó con un amigo que era sangre tipo O negativo. Le estuve agradeciendo sin dejar de decirlo por más de dos horas durante todo el proceso que le sacaron sangre y la estudiaron para asegurarse de que Michiru podía recibirla. Ni Rini ni yo quisimos decirle a Darien lo que había sucedido por la noche debido a que lucía bastante mal. Tanto ella como yo supimos que algo no estaba bien, su rostro lucía cada vez más pálido y había adelgazado considerablemente en un lapso muy corto de tiempo, en tan solo unos días. Tuvimos miedo de que se sintiera peor y que algo malo le sucediera. Taiki aún no recibía noticias acerca del virus que lo invadía, a pesar de que Darien parecía despreocupado supe que esa enfermedad lo atormentaba.
Cuando al fin tuvieron la sangre lista para Michiru, la prepararon y la llevaron al quirófano para poder transferirle la sangre. Tardaron alrededor de una hora pero a mí me pareció eterno. Los tres nos quedamos en el consultorio de Taiki esperando a que terminaran. Cuando nos avisaron que ya se encontraba en su habitación, solo nos quedaba esperar a que reaccionara. Si no reaccionaba dentro los próximos cuatro días, quizá sería muy difícil que lo hiciera. No dormí durante las tres noches siguientes. A pesar de que Michiru daba algunas señales de recepción, no lograba despertar por completo. En la mañana del cuarto día abrió los ojos. Tanto Rini como yo nos acercamos a ella y la vimos mirar hacia todos lados en confusión. Le llame a las enfermeras quienes vinieron a revisarla de pies a cabeza, hasta que nos aseguraron que ya no tendría que haber ningún problema. Le trajeron comida y algunas medicinas, estuvimos hablando con ella, poniéndola al tanto de lo que había sucedido y lucía muy seria. Taiki vino a verla tres horas después, ya que estaba en una cirujía y no podía venir. Volvió a revisarla y se sintió muy feliz de que estuviera completamente curada a pesar de que la herida en su cabeza tardaría más tiempo en cicatrizar y curarse por completo. La darían de alta a la mañana siguiente pero le ordenó que no debía trabajar ni hacer esfuerzos durante al menos un mes, hasta su siguiente revisión.
A la mañana siguiente la ayudé a salir del hospital. Con cuidado subimos en el carro y noté que seguía sin hablar mucho, lo que me preocupó. Comprendí que había despertado después de haber estado en un trance pero de cualquier manera su estado de ánimo me preocupó. Manejé en silencio hasta que decidí que no iba a llevarla a su departamento ya que no dejaría de preocuparme nunca, por lo que me dirigí hacia el mío en donde podría cuidarla las veinticuatro horas del día.
-¿Adónde vamos?-dijo al ver que no iba en el camino usual.
-A mi departamento, ahí estarás mejor.
La vi sonreír y sentí un poco de alivio. Entramos a mi departamento y la recosté en la cama. La ayudé a cambiar la venda de su cabeza y le di algo de comer.
-Gracias, Seiya.
-No deberías agradecerme.-dije.-Haría cualquier cosa por ti.
Durante el resto del día la vi recuperar el color en su rostro pero seguía sin hablar mucho. No estaba seguro de si debía decirle lo que encontré y lo que había sucedido con Serena, pero supe que tenía que hacerlo y tenía que serle sincero. No podía arriesgarme a perderla otra vez ni podía seguirla engañando. Rini nos visitó unas horas pero Darien la recogió por la noche. Una vez que nos encontramos solos de nuevo, me senté junto a ella en la cama y la miré a los ojos.
-¿Sucede algo, Seiya?
-Hay muchas cosas que quisiera hablar contigo.
-¿Y por qué no lo haces?
-Porque creo que luces algo… extraña. No creo que quieras hablar conmigo, es todo.
-Seiya.-dijo colocando su mano sobre la mía.-Hay muchas cosas que dan vueltas en mi cabeza, esto no tiene que ver contigo.
-¿Y por qué no me dices qué sucede?
-Está bien.-dijo acomodándose.-Te diré exactamente qué pasó.-Michiru se aclaró la garganta y comenzó a hablar.-El día que tuve el accidente Serena fue a verme a la academia.
Abrí los ojos como platos.
-¿Sabes por qué fue a verme?-negué.-Porque un día antes hablé con ella. Contraté a un detective para que la investigara. El detective descubrió que ella fue quien mandó secuestrar a Rini. Yo lo supe porque la escuché hablando por teléfono con uno de ellos y supe que ella lo había planeado todo, pero quise tener pruebas antes que hacer cualquier cosa. Decidí enfrentarla pero ella me aseguró que no sucedía nada, al siguiente día fue cuando decidió atacarme. Creo que tenía miedo de que yo dijera algo.
-Debiste decirme lo de Rini.-dije sintiendo cómo el rencor incrementaba minuto a minuto.-Una de las noches en las que estuviste en el hospital, Serena intentó cortar los cables que te mantenían con vida.-dije lleno de coraje.
Michiru comenzó a llorar y me abrazó.
-De no haber sido por Rini, quizá no estaríamos hablando. Pero cuando Serena se dio cuenta de que Rini estaba allí, intentó lanzarla por la ventana. Taiki le prohibió regresar al hospital y fue cuando decidí que no iba a moverme ni un segundo. Estoy realmente preocupado, Michiru, Serena ha cometido muchos errores que debe pagar, y tengo miedo de que tenga algo mucho peor guardado para nosotros. Tengo pruebas de que su compañía se robó los productos d ela de Darien, tú tienes pruebas del secuestro y además con tu declaración y la de Rini podemos afirmar que fue ella la que las lastimó. Tenemos que castigarla.
Solté a Michiru y me puse a dar vueltas por la habitación. Cada minuto que pasaba me sentía peor y peor. Sabía que ya no podía seguir ocultando todo lo que estaba pasando y si no le decía toda la verdad a Michiru, podría perderla para siempre. Si ella decidía no perdonarme después de decirle, no podía hacer nada, pero al menos ya no tendría que mentirle. Sentí el sudor resbalar por mi frente mientras trataba de encontrar las palabras correctas.
-Hay otra cosa, Michiru…-dije nerviosamente.-Creo saber… una de las razones por las que Serena está haciendo todo esto.
-¿Y cuál es?-dijo Michiru.-Yo creo que Serena tiene problemas psicológicos… creo que está loca…
-No solo es eso… lo que sucede es que…
-Déjame ver, Seiya, esto tiene que ver contigo, ¿no es cierto?
-Sí, Michiru, pero es que no te he dicho todo…
Michiru se incorporó con dificultad y caminó hasta mí. Me miró directo a los ojos y observé en ellos una profunda decepción.
-Dímelo.-fue lo único que dijo.
-Desde que Serena regresó a Tokio… yo… ella…
Michiru cerró los ojos y noté una pequeña lágrima resbalar por su mejilla.
-No tengo justificaciones ni pretextos, Michiru, simplemente lo hice porque no fui tan fuerte como para resistirme. Debes saber que yo jamás he sentido nada por Serena, desde que la conozco, jamás la quise, jamás la amé. No puedo decirte por qué lo hice pero simplemente no logré resistirme. Fue mucho más el deseo que sentía y sé perfectamente que quizá no vayas a perdonarme o que no quieras volver a verme. Pero creo que el culpable de todo lo que está sucediendo soy yo… si no fuera por mí Serena jamás habría vuelto, ni habría seducido a Darien, ni le habría hecho daño a Rini o a ti. Serena lo único que quiere es tenerme a costa de lo que sea y creo que no va a detenerse, pero yo tengo que detenerla. Si yo comencé todo esto tengo que ser yo quien la detenga. Sé que jamás encontraré las palabras adecuadas para pedirte perdón, ni para hacerte entender que lo que hice fue totalmente aparte de lo que siento por ti. Tal vez nunca vayas a creerme que a pesar de todo yo te amo a ti, solo a ti, Michiru. Tú eres la mujer con la que quiero estar toda la vida, tú eres la mujer que amo y jamás nadie podrá reemplazar lo que significas para mí. Jamás me había dado cuenta hasta ahora de lo que significas para mí, porque he sido un tonto, un estúpido, pero te pido de todo corazón que me perdones, Michiru…
Cuando terminé de hablar Michiru no podía contener las lágrimas, pero a pesar de eso logró limpiar su rostro y sonreír. Jamás la había visto sonreír de esa manera, era como si me hubiera querido decir algo. Tomó mi rostro entre sus manos y me miró por un largo tiempo.
-Te amo, Seiya, y siempre he sabido que lo nuestro era algo diferente, siempre supe que tú no me veías como yo a ti, siempre sospeché que esa mujer te quería… agradezco todo lo que me acabas de decir, y quiero que sepas que te perdono, sé muy bien que no tuviste malas intenciones en ningún momento. Solo te pido que por favor detengas a esa mujer cuanto antes.
Antes de que pudiera decir algo me besó. Me besó profundamente como jamás me había besado. Sentí sus labios jugar con los míos, el sabor de ellos que inundaba mis sentidos y que mi cuerpo vibraba y mi corazón latía como si nunca hubiera latido antes.
-Quiero estar sola, necesito pensar.-dijo cuando se separó de mí.
No podía decir nada, las palabras no salían de mi boca y decidí salir de la habitación. Cerré la puerta y me dirigí a la sala. No me moví en horas o minutos, no tenía idea de cuánto tiempo había pasado sentado, pero cuando me puse de pie vi que ya estaba amaneciendo. Me dirigí a la habitación para poder hablar con Michiru, tenía que decirle que de verdad la amaba y que quería estar con ella. Toqué varias veces pero nadie me abría, por lo que abrí la puerta pensando que tal vez estaría dormida. Solo encontré la cama tendida y la ventana abierta. Corrí hasta la ventana y solamente vi la escalera de emergencia que llegaba hasta la planta baja. Michiru se había ido, lastimada, enferma, triste… Michiru se había ido y yo no tenía idea de a dónde.
Lo primero que hice fue agarrar las llaves del carro y salir de allí. Manejé tan rápido como pude a su departamento, pero no estaba allí. Entré sin que me dieran permiso y la busqué, pero me decían la verdad. Me dirigí a la academia y tampoco se encontraba allí. La busqué en casa de sus amigas, en casa de Yaten, de Taiki, en casa de Darien, en el Crown, en los lugares que frecuentaba pero seguía sin aparecer. Había perdido a Michiru para siempre. Regresé a mi departamento abatido después de haberla buscado todo el día. No había ido a trabajar, no había hecho nada más que buscarla en todo Tokio. Tomé la primera botella que vi en el estante y la abrí. Johnny Walker, leí. Me derrumbé sobre el sillón y entonces el tiempo pasó volando para mí.
Poco a poco fui perdiendo el sentido. Vaso tras vaso recordaba todo lo que había sucedido en las últimas semanas y entonces me servía más y más. Recordaba a Serena y sentía que el mundo se me venía abajo, entonces me servía más whiskey. Recordaba a Michiru en el hospital, la recordaba lejos de mí y la recordaba sonriéndome cuando minutos antes había estado con Serena. Me sentía fatal. El peor hombre sobre la Tierra y estaba seguro de que jamás podría encontrar a una mujer como ella. Jamás le había dado la importancia necesaria, jamás me di cuenta de que era la mujer de mi vida y de cuánto la amaba, y mucho menos de cuánto me quería ella a mí. Poco a poco fui perdiendo la noción del tiempo hasta perder la razón, hasta sacar todo lo que llevaba dentro y entonces cerré los ojos.
Cuando abrí los ojos la cabeza me dolía como nunca. Traté de adaptarme a la luz que entraba por la ventana pero apenas podía moverme. Olía a alcohol y me encontraba recostado en el sofá. No tardé en darme cuenta de que tenía una cobija encima, me pareció extraño pues no recordaba haberla tomado, aunque después de la borrachera que me había metido nada tenía explicación. De pronto hubo algo que no concordaba con la escena. Sobre la alfombra noté una figura que se removía. Me incorporé lentamente y con dificultad hasta estar sentado y pude darme cuenta de que Rini se encontraba cubierta con cobijas y una almohada. Me pregunté cómo rayos había entrado y luego supuse que ella había sido la que me había puesto la cobija. Rini abrió los ojos y me miró de reojo. Se incorporó mientras bostezaba y me lanzó una mirada inquisitiva.
-¿Me puedes decir cómo entraste?-fue lo único que se me ocurrió decir.
-El portero me dio una llave.
-Me siento muy mal.
-¿De verdad?-prreguntó Rini.-A mí no me pareció eso ayer que estabas cantando cuando llegué.
-¿Yo estaba cantando?
Ella asintió.
-También estabas bailando encima del sofá.
-Creo que quiero acostarme en la cama.-dije mientras sentía un ligero mareo.
Rini me acompañó hasta la habitación. Mientras preparaba mi cama yo me cambié de ropa y me lavé los dientes. Simplemente necesitaba dormir, cerrar los ojos y olvidarme de todo. Me acosté y Rini me cubrió. Luego se recostó junto a mí.
-¿Qué sucedió, Seiya?-dijo Rini.
-Se fue.-dije casi sin palabras.-Se fue.
-Michiru no era tonta, Seiya.-respondió Rini.-Ella siempre supo lo que sucedía, pero te quiere demasiado para ser como la bruja de Serena.
-Pero la perdí, Rini, fui un idiota, un estúpido y no sé cómo voy a hacer para recuperarla.
-Escucha, Seiya, yo soy muy pequeña para saber cualquier cosa, pero sé que Michiru es la mejor persona que he conocido. Es buena, sabe escuchar y perdonar, sabe amar por sobre todas las cosas, trabajadora, tiene todo lo que cualquier persona desearía tener. Ella te quiere, estoy segura, y sabe que tú la quieres también. Creo que solo necesita tiempo para estar sola y pensar en todo el tiempo que ha pasado a tu lado. Si ella decide o no seguir a tu lado, creo que debes dejar que tome su tiempo, ¿no lo crees?
Miré a Rini y sonreí. Esa niña le daba un sabor diferente a mi vida y no sé qué haría sin ella.
-¿Quién eres?-dije cerrando los ojos.-Eres demasiado pequeña para ser tan sabia, ¿no crees? Me parece que te has robado el cuerpo de un niñita.
-Será mejor que duermas, Seiya, estás demasiado indigestado.
-Solo dime cómo ha estado tu papá.
-Seiya… -dijo Rini agachando la mirada.-Tengo mucho miedo. Mi padre se ve cada día peor, esa enfermedad que tiene cada vez lo pone peor. Él dice estar bien, pero sé que solo lo dice para que no me preocupe. Tengo mucho, mucho miedo…
-Rini quiero que estés tranquila. Te prometo que voy a ayudarte en todo lo que pueda y te aseguro que tanto mi hermano Taiki como yo estamos muy pendientes para cualquier novedad. Tu papá debe ponerse bien porque debe estar contigo, ya verás que las cosas se arreglarán. Además.-continué.-Pase lo que pase yo jamás te dejaría sola.
-Te quiero, Seiya, pero ya duérmete.
Horas después desperté. Fuera ya estaba oscuro y solo escuché el sonido de la televisión viniendo de la sala. El dolor de cabeza ya se había disipado y en la mesita de noche encontré un té caliente, un plato con comida y una pastilla. Comí todo tranquilamente, a pesar de que me seguía sintiendo terrible emocionalmente, me sentía más recuperado. Al terminar de comer decidí darme un baño pues seguía oliendo a alcohol y ansiaba por sentir algo fresco. Minutos después me encontraba en el closet, buscando algún pijama limpio y entonces mi celular sonó. Leí el nombre de Taiki en el celular y contesté.
-¿Seiya? Necesito que vengas al hospital.-dijo sin siquiera saludarme.
-¿Qué sucede?-pregunté alarmado.
-Acaban de traer a Darien en una ambulancia, al parecer se desmayó y no reacciona.
-Voy para allá.-dije mientras tomaba lo primero que veía y me vestía.
Cuando salí de la habitación encontré a Rini viendo la televisión.
-Tenemos que irnos al hospital.-dije.-Ahora.
Cuando llegamos al hospital Rini salió corriendo sin esperarme. La vi subir las escaleras mientras que yo decidí tomar el elevador. Para cuando llegué al cuarto piso encontré a Taiki en el pasillo esperándome con una mirada que no me gustó nada.
-¿Qué le ha sucedido a Darien, hermano?-dije preocupado.
-Parece ser que le dio un preinfarto.-dijo de pronto.-Lo intervenimos y ahora está estabilizado, pero tendrá que quedarse aquí por algún tiempo.-Taiki me miró después de una larga pausa.-Está muy mal, Seiya.
-¿Preinfarto? ¿Cómo pudo haber pasado de un simple resfriado a esto?
-Llamé a los laboratorios a los que envié sus análisis y aun no tienen noticias. La enfermedad, sea cual sea, que Darien está desarrollando es muy extraña… es la primera vez que tanto yo como mis colegas la hemos visto. Sus síntomas parecen agudizarse conforme pasa el tiempo y temo que… cada vez sea peor. Está demasiado delgado, ha bajado considerablemente de peso. No tiene apetito, tuvimos que ponerle un catéter. Tose demasiado, no es normal.
Tuve que sostenerme de la pared para aclarar mis ideas.
-¿Crees que…?
-No lo sé. En su estado es muy difícil saber qué es lo que va a pasar después. Por lo pronto haremos todo lo posible por mantenerlo estable hasta que podamos encontrar una pista de lo que le está pasando.
-Rini…
-Está con él ahora, pero… no sé si sea bueno ver a su padre en esas condiciones…
-Pero… tenemos que ayudarlos a estar juntos, no sabemos qué pueda pasar y… no quisiera imaginar lo que Rini sentiría si no la dejáramos estar con él en momentos como este. Él es todo lo que ella tiene…
-Será mejor que vayas a verlo, te necesita.
Caminé por el pasillo con el temor de encontrar algo malo. En el cuarto se encontraba Rini con un par de lágrimas en los ojos y abrazaba a Darien. Darien lucía pálido y era verdad lo que Taiki había dicho sobre su peso. Cuando me vio dibujó una sonrisa débil en su rostro y me acerqué.
-Nos has dado un buen susto, viejo.-dije tratando de disimular.-¿Cómo estás?
-Ya mejor… Todo fue un susto.-mintió.
Platicamos algún tiempo hasta que se quedó dormido gracias a los medicamentos. Rini también se quedó dormida en el sillón y yo me dediqué a mirar por la ventana. Tenía tantas cosas en qué pensar que no sabía por dónde debía comenzar. Primero tenía que detener las locuras de Serena. Tenía que evitar que siguiera cometiendo delitos o que lograra hacer cualquier otra tontería mucho peor. Luego estaba Michiru. No tenía idea de dónde se encontraba, no sabía si podría encontrarla o si ella deseaba que yo lo hiciera. Quizá jamás volvería a saber de ella, y me lo merecía. La entendía perfectamente pero el pensar en ella hacía que un dolor en mi pecho me oprimiera el corazón. Y ahora Darien. Estaba demasiado enfermo y lo necesitaba fuerte. Por ahora tendría que olvidarme tanto de Serena como de Michiru. Tenía que estar a su lado para apoyarlo y no dejarlo solo. Tenía que apoyar a Rini y demostrarle a ambos que no estaban solos.
Los días pasaban lentamente. Hablé con los maestros de Rini para que la dejaran faltar a la escuela por algunos días. No me moví del hospital ni un segundo. Tanto Rini como yo nos quedábamos ahí, comíamos ahí y acompañábamos a Darien en todo momento. Taiki trataba de hacerlo sentir mejor. Por más que investigaba no lograba descubrir qué era, pero trataba de hacerlo sentir mejor. Había días en que Darien parecía mejorar, pero luego recaía. Cada vez tenía menos apetito y apenas hablaba. Rini tampoco hablaba mucho. Su silencio me indicaba que deseaba estar sola para pensar, ella no era una niña tonta y sabía que tenía que ser fuerte.
Esa mañana yo me encontraba leyendo el periódico mientras Rini platicaba con él. Escuchaba sus voces como un sonido lejano que iba y venía.
-Rini… por qué no vas a traernos café a mí y a Seiya.-escuché a Darien.
Bajé el periódico para ver a Darien y Rini salió de la habitación.
-Seiya.-dijo Darien.-Acércate.
Lo obedecí y moví la silla hasta su cama.
-¿Me quieres decir qué te sucede?
-Darien… no es el momento para hablar de mí. Lo único que importa aquí eres tú.
-Seiya.-dijo.-Te conozco. Michiru no se ha parado por aquí.
Cerré los ojos unos instantes.
-De verdad no quiero hablar de eso, Darien, quiero estar a tu lado y apoyarte.
-Quiero que sepas algo, Seiya. He cometido demasiados errores en mi vida, he conocido el sufrimiento y la pérdida. Por eso te digo que será mejor que enmiendes tus errores y recuperes a la mujer que amas. El amor es algo que solo existe una vez en la vida, es algo que solo pasa una vez y tú has tenido la fortuna de encontrarlo. Michiru te ama, y sé que tú a ella, puedo verlo en tus ojos. Debes encontrarla y recuperarla, porque si no lo haces te arrepentirás toda tu vida. Si hay algo que yo pudiera hacer sería tener a Luna entre mis brazos de nuevo.
Darien había hablado más de la cuenta. Lo miré sorprendido y al mismo tiempo triste.
-Quiero que sepas que confío en ti, Seiya, y quiero que cuides a Rini, que la ames y que estés siempre a su lado.
-No, no, no… Darien, ¿por qué dices cosas así? Eso no…
-Eres la única persona a la que podría confiarle mi más preciado tesoro. Sé que la quieres y ella a ti. Tú y Michiru la aman y ella no estará mejor con nadie más que con ustedes.
-Tú estarás aquí para cuidarla.
Darien tosió algunas veces y luego continuó hablando.
-Es probable.-respondió no muy convencido.-Solo te estoy pidiendo esto porque no sé qué pueda pasar mañana… ¿sabes?... siento algo en mi corazón… no sé qué es… pero sé que muy pronto todo estará bien. Sé que pronto seré feliz, quizá… quizá pueda ver a Luna de nuevo…
-Darien, no me gusta lo que dices, por favor…
-Quiero que sepas que tú eres el responsable de hacer que mi hija no sufra más. Ella ha sufrido mucho por su madre, y quizá ahora esté sufriendo por mi culpa… hice tantas cosas mal en mi vida y lo único que quiero es que Rini sea feliz. Quiero que tú te encargues de que ella tenga todo lo que yo no pude darle, y que tenga una familia.
Sentí un nudo en la garganta y no pude articular palabra.
-Darien… hay algo sobre Serena que…
-No, Seiya. No me importa lo que tenga que ver con esa mujer. He estado pensado y creo que desperdicié mi tiempo con ella. Si lo que quieres es decirme algo malo sobre ella quiero que sepas que no me importa. Si hizo o no cosas malas no quiero saberlo. Sé muy bien lo que ella siente por ti, lo sé, pero no estoy enojado. Al contrario… creo que me siento estúpido por haber caído en su juego. Pero tú eres mi amigo y no pelearía contigo solo por una mujer que no vale la pena.
Rini entró a la habitación con un par de cafés. Nos miró a ambos y notó que algo extraño pasaba. Dejó los cafés en la mesita de noche y se acercó a su padre para tomarle la mano.
-¿Te sientes mal, papá? Le llamaré al doctor…
-Cielo.-dijo Darien deteniéndola.-Solo charlaba con Darien.
Rini lo miró a los ojos sin comprender.
-Hay algo que quiero decirte, aquí frente a Seiya porque quiero que alguien sea testigo de lo que te diré.
Rini se acomodó y escuchó atentamente.
-Quiero pedirte perdón… quiero que sepas que te amo más que a nada en el mundo y que siempre será así. Fui un mal padre y no te di lo que necesitabas, pero nunca es tarde para pedir perdón. Que no te quepa la menor duda de que eres para mí lo más importante en este mundo. Lamento no haber estado contigo todo el tiempo necesario, y lamento no haber sido un padre ejemplar, pero…
Rini colocó dos dedos sobre los labios de Darien. Había comenzado a llorar y no podía contenerse. Darien quitó su mano con cuidado y sonrió para después quitar las lágrimas de los ojos de Rini.
-Te amo, Rini, y eres lo mejor que me pudo haber pasado en esta vida.
Cuando Rini se calmó un poco, Darien se dirigió a mí de nuevo.
-Seiya, vuelvo a decirte esto, busca a Michiru y traerla contigo. Yo estaré bien aquí, con Rini y tu hermano. Nada malo pasará. Tienes que ir por ella porque si la pierdes… si la pierdes lo lamentarás toda tu vida.
Le di un fuerte abrazo a Darien. Pasaron algunos segundos hasta que nos separamos y luego le di uno a Rini. Le prometí que volvería pronto y que traería a Michiru conmigo. Al salir del hospital sentí una punzada en el pecho. Me sentí extraño pero tenía que hacer lo que Darien me había pedido. Me subí a mi coche y me dirigí a la casa de Hotaru.
