Ambos se encontraban sumidos en un profundo silencio.
Marinette solo podía pensar en el miedo que sintió, en esa gran angustia y en lo indefensa que se sentía al no poder conseguir nada. Lo único que intentó fue llamar a su tío, al esposo de Juleka. Pero no funcionó, él le cortó el teléfono.
Sabine y ella estaban solas, estaban completamente solas.
—Parece ser que tu familia se encuentra en una guerra —dijo Adrien repentinamente —. Pero... ¿qué fue lo que inició esa guerra? —quiso saber él.
—Herencias.
Adrien sintió que su pecho dolía, fue como si su corazón hubiese dado un salto repentino. Dolor, simplemente, dolor.
Él sabía bien el tema de las herencias y lo penoso que podía ser.
—¿Entonces estás aquí por tú abuela, no es así? —quiso saber Adrien.
—Sí. Pero tampoco me dejan verla, me sacan a menudo —admitió Marinette —. Mis tías —aclaró ella.
Adrien hizo puños sus manos, ¿por qué sucedía eso? ¿por qué las tías de esa chica la trataban tan mal?
Adrien la observó y vio a una niña, específicamente a una niña que inspiraba ternura, ella era pequeña, dulce y se veía tan buena. ¿Por qué las personas siempre molestaban a los más débiles? ¿acaso obtenían alguna ganancia? Por supuesto que no.
—¿Qué hay de ti? —quiso saber Marinette.
—¿Perdón? —Adrien no entendió la pregunta.
Marinette soltó una risa que incomodó a Adrien.
—¿Quién está enfermo? —aclaró su pregunta —. Cada vez que te veo golpeas una pared o te encuentras solo, nunca te he visto con alguien.
Adrien suspiró.
—Creo que no estoy listo para contarte mi historia —comentó Adrien.
Marinette no dijo nada, solo mostró una sonrisa ladina.
—Debes pensar que soy un idiota —Adrien se levantó del mueble en el cual ambos estaban sentados y se alejó unos pasos.
—¿Por qué pensaría eso? —Marinette no se levantó, le gustaba estar sentada y evitar pensar en lo mal que se encontraban las cosas ahora.
—Porque tú me contaste toda tú historia. Todo. Con lujo de detalles —respondió Adrien —. Y yo no te quiero contar mí historia, eso me hace ser un imbécil.
Marinette se levantó dando un salto y se posicionó frente a Adrien. Tocó su hombro de modo comprensivo, lo acarició. Adrien se mantuvo de piedra, como estático, no esperaba esa reacción.
—No eres un idiota, simplemente no estás listo para contar tú historia —le dijo ella —. No todos pueden hablar de sus problemas de modo abierto.
Adrien no supo que responder.
Marinette se alejó.
—Si nuestro destino quiere, en otra ocasión nos encontraremos —ella comenzó a dar algunos pasos —. Me tengo que ir, debo volver con mi mamá, ella me necesita. Adiós, Adrien.
Y así fue como Marinette se fue.
Adrien al quedarse solo comenzó a golpear la pared.
Imbécil.
Inútil.
Tarado.
Pensaba en millones de insultos para él mismo, para su vida. Era patético, era un idiota, era un maldito bebé llorón, era simplemente un infeliz.
Lo que más lamentaba era tener que estar ahí, era sufrir y no acompañar del modo correcto a su familiar. No se atrevía a verlo fijamente, ¿cómo hacerlo? Después de todo... él era el culpable de que estuviera ahí en ese estado tan delicado.
—Soy un idiota —dio el golpe final a la pared.
Los días habían pasado y Sabine se encontraba sola con su hija.
En ocasiones tenía que dejar sola a Marinette, porque no podía cuidarla todo el tiempo. Sentía que era una mala madre, que era irresponsable. Dejar a una chica de catorce años sola en casa no era una buena idea, pero, ¿qué otra cosa podía hacer? Nada. No podía renunciar a su vida.
Aunque había hablado con una abogada (que era amiga de la familia) y la estaba asesorando con todo eso del juicio y de la demanda que posiblemente llevarían a cabo. También hablaba con los doctores, porque ellos le darían soluciones.
—Nosotros como empresa le ayudaremos —aseguraba el doctor a cargo, aparentemente un cirujano.
—Le aseguro que recibirán dinero —decía el mismo doctor —. Les daremos ejercicios, rehabilitación, terapia y pagaremos la operación —aseguraba él.
La abogada decía que las cosas estaban bien de ese modo.
Marinette se preocupaba de los viajes que su madre debía realizar al lugar en donde el accidente había ocurrido, porque iba sola. Una sola vez fue con ella, y pagó el taxi. No quería que su madre se cansará aún más, Sabine necesitaba un apoyo y ella estaba dispuesta a ser el apoyo.
Un fin de semana habían vuelto para ver a su abuela. Solo que no los dejaron ingresar porque estaban limpiando la sala, en ocasiones los abuelos sufrían accidentes incómodos, como vomitar o hacer caca. Entonces, tenían que limpiarlos a todos.
—No se puede entrar —Juleka daba órdenes.
Marinette no quiso estar con su tía y menos con su padrino, estaba sentida con todos ellos. Entonces decidió ir a su sitio favorito en todo el hospital: el salón amarillo.
Apenas se separó e ingresó a ese lugar, se encontró con Adrien.
—Veo que es una costumbre tuya venir aquí los fines de semana —saludó Adrien.
—Mamá y yo solo podemos venir los viernes o sábados —respondió la azabache —. Sucede que tenemos una agenda bastante ocupada —quiso bromear ella.
Adrien rió de modo leve.
—¿Han ocurrido cosas con tus terribles tías? —quiso saber él.
—Sucedió algo divertido —Marinette no pudo contener sus risas —. Es que el caso de mi abuela es un poco complicado, porque fue bastante fuerte.
Adrien quería preguntar, pero no lo haría aún. Primero quería escuchar lo que fue "divertido" para Marinette.
—Y tenemos que hablar con médicos y toda una empresa.
¿Una empresa? Vaya, eso sonaba bastante interesante. ¿Qué le había sucedido realmente a la abuela de Marinette? Esa historia era realmente llamativa.
—Entonces el otro día mi madre fue para hablar con un doctor. ¿Y sabes qué pasó? ¡mis tías estaban ahí!
—¿Eso es divertido? —Adrien estaba confundido. ¿Era divertido encontrarse con sus tías en la calle?
—Ellas fueron a hacer un escándalo, querían hablar con el doctor a cargo de toda esa situación y gritaron, exigieron cosas y todo eso —explicó Marinette.
Verdaderamente, Adrien no estaba entendiendo el punto de todo el asunto.
—¿Sabes qué pasó? —negó con la cabeza enseguida —. No las dejaron entrar y se quedaron afuera con los brazos cruzados. La única que pudo ingresar fue mi mamá —Marinette sonreía ampliamente, realmente había disfrutado cuando Sabine le contó eso.
—Mm... supongo que los doctores saben lo que hacen.
—Eso se llama karma —sonreía Marinette —. Que les cierren la puerta en la cara y se queden ahí enojadas —la azabache reía feliz de la vida, esa situación le había fascinado, no lo podía negar.
Adrien imaginó la situación e inevitablemente también comenzó a reír. Sí, era gracioso. Imaginar el enojo en ambas señoras y la satisfacción de la madre de Marinette.
El karma sabe arreglar los problemas, o eso parece.
—¿Qué le sucedió a tú abuela?
—Oh, sucede que...
—¿Marinette?
Marinette sintió la voz de su madre. Se acercó a la puerta y se disculpó con Adrien dándole una mirada que decía más que mil palabras, Adrien levantó su pulgar y Marinette se retiró corriendo. Volvió con su madre.
—¿Dónde estabas? —preguntó Sabine preocupada.
—Simplemente quería ver el lugar, es enorme —respondió de inmediato. No quería dar muchas explicaciones.
—Vamos a ver a tu abuela.
Cuando estuvieron con Margarita las cosas fueron incómodas. Su tía se había sentado al lado de la abuela, le hablaba y no dejaba que ellas hablaran. Marinette sabía porque, ella no quería que le contarán todo lo sucedido, lo del golpe y todo eso.
Margarita cada vez que tenía la oportunidad acariciaba la mano de su nieta, le hablaba de modo tierno y la miraba con amor. Ambas lloraban.
Cuando se fueron, Marinette recibió muchos retos.
—¡No puedes llorar, tienes que sonreír! —la regañaba Juleka —. No empeores su condición, ¡llorar está prohibido!
Lo que Marinette no sabía era que Adrien había estado observando desde la puerta. Vio como esa mujer impedía que una conversación normal se llevará a cabo. Y también vio como se miraban Marinette y su abuela, analizó el cariño presente en ambas. Eso era amor.
Su abuela era una mujer muy bonita. Pero su rostro inspiraba una tristeza increíble, era extraño ver a una mujer así. Estaba claro que ella extrañaba mucho a su nieta, a su hogar.
Adrien tomó una decisión en ese momento: enterarse de lo que sucedía y descubrir algún modo de cómo ayudar.
Más adelante sabrán porque Adrien se insulta a sí mismo de ese modo, y también se sabrá más de porqué se encuentra siempre en ese lugar. Todo a su tiempo, primero vamos con la historia de Marinette :D
