Sumary: La guerra terminó hace ya once meses. Harry intenta rehacer su vida, alejarse de aquello que lo torturó en un pasado. ¿Qué pasará cuando Ron y él se vean obligados a abogar en el juicio contra los Mortífagos? Harry/Ginny Ron/Hermione
Disclamier: Todos los personajes son de Jotaká, y ni ellos ni su universo son de mi propiedad. Yo solo los uso para divertirme un rato.
Clasificación: T
8
Tribunales
Harry golpeó la puerta.
—¿Quién es? —la voz inconfundible de Hermione se escuchó del otro lado.
—Soy yo —respondió simplemente.
Hermione abrió la puerta bruscamente, y lo próximo que Harry supo es que estaba atrapado en un acalorado abrazo.
-Hermione, ¿qué…? —trató de soltarse—, me ahogas…
Hermione se apartó y lo miró con ojos brillosos, mientras Harry recuperaba el aliento. Luego, sin previo aviso, le pegó una bofetada.
Harry se tambaleó unos pasos, con una mano en la mejilla. Abrió y cerró la boca varias veces antes de preguntar:
—¿Y eso?
—¡Idiota! —exclamó Hermione, y Harry vio con horror que los ojos se le anegaban en lágrimas—, ¡imbécil! ¡Ni una carta! ¡Ni una noticia! ¡Claro! El gran Harry Potter no tiene tiempo para su mejor amiga, ¿verdad? ¿Sabes lo preocupada que estuve, estúpido?
—Hey, hey… Hermione, tranquilízate —balbuceó Harry, tomándole las manos que temblaban sin control—. ¡No llores! Estoy bien.
Hermione estaba demasiado alterada como para pronunciar una palabra coherente, por lo que Harry la condujo dentro de la casa. La sentó en su propio sillón, y le sirvió un vaso de agua. Hermione lo tomó con manos temblorosas. Harry se sentó a su lado, y esperó a que su mejor amiga recuperara el control sobre sí misma.
—¿Mejor?
—L-lo siento, yo… —sollozó.
—Tranquila. Todo estará bien, pero deja de llorar por favor —suplicó—. Ahora… —sonrió de medio lado y frunció el ceño—, ¿qué diablos pasó?
Hermione tomó aire temblorosamente.
—Me peleé… con Ron —hipó—. Y… y sé que fue muy enojado a tu casa… y yo fui hoy y… y cuando llegué tu no estabas y… Ron me gritó —sollozó. Harry apretó los puños—. Me dijo que te habías ido, y que no sabía a dónde —se tapó la cara con las manos.
—¿Pensaste que me habían atacado? —Harry le acarició torpemente la espalda.
—N…no sé. Pensé que tal vez…
—¿Qué me había ido?
—Si —ahogó un sollozo..
—Hermione, no pasa nada, estoy aquí…
—Sé que parece estúpido —afirmó Hermione secándose las lágrimas—, pero hace días que… No sé, tengo como un mal presentimiento —soltó una risa llorosa, y se frotó los ojos—. Estoy paranoica, no me hagas caso. Y un poco sensible —añadió.
Harry la abrazó por los hombros.
—Estamos bien, Hermione —susurró—, ya todo terminó.
—Sí —suspiró—. Si, tienes razón —sonrió débilmente—. ¿Te pegué muy fuerte?
—Puf, tienes mano dura, mujer, siempre te lo dije.
Hermione rió.
—¿Cenaste algo? ¿Quieres comer?
—No, acabo de volver de cenar con Ginny.
—Ah —sonrió. Vaciló antes de preguntar—: ¿Dónde estás durmiendo? Porque si quieres quedarte aquí, sabes que siempre eres bienvenido…
—Estoy en mi casa —recalcó—. Dónde debo estar. No me iré porque el estúpido de Ron tenga un ataque infantil.
—Sí… es verdad.
—Vas a ver que ya se le va a pasar… —hizo una pausa—. ¿Vas a ir mañana al ministerio?
—Claro que sí, te lo prometí.
Harry sonrió.
—No te preocupes, Hermione… ya todo se va a arreglar.
—Sí, seguro que sí. Tienes razón, Harry.
—Claro que tengo razón. Siempre tengo razón.
—Engreído —rió Hermione, acurrucándose contra su hombro.
Harry la abrazó.
—Todo irá bien.
Hermione le devolvió el abrazo. Se quedaron así, abrazados en silencio, durante un rato. Harry escuchó la respiración de Hermione acompasarse, y él mismo cerró los ojos lentamente…
—Hermione…
—¿Hum? Lo siento, Harry, debo de haberme quedado dormida.
—Sí, lo sé —sonrió—. Debo irme. Mañana tendremos que madrugar y… nos espera un día difícil.
—Así es… —Hermione se desperezó. Lo acompañó hasta la puerta.
Harry le dio un fugaz beso en la mejilla. Tocó los botones del ascensor.
—¡Harry!
—¿Sí?
—Cuídate —lo saludó con la mano desde el fondo del pasillo—. Te quiero.
—Yo también, Hermione —Harry sonrió, y se subió al ascensor.
El sonido del despertador sonó fuertemente por toda la habitación. Harry se incorporó bruscamente, jadeando, con el pijama empapado en sudor. Se pasó una mano por el cabello sudado, apartándoselo de la cara, dejando al descubierto la cicatriz en forma de rayo. Automáticamente, se pasó una mano por encima de la vieja herida, acariciando su contorno. Soltó un gemido de alivio, y se dejó caer sobre los almohadones.
Había soñado, una vez más, con aquel viejo dolor que anteaño había sido parte de una rutina. Se quedó mirando el techo por unos segundos, concentrado en el sonido de su respiración, mientras se normalizaba su ritmo cardíaco. Luego de unos minutos, apartó las sábanas de su cuerpo y se dirigió al baño.
Se dio una rápida ducha de agua fría, y se vistió con su túnica de gala. Mirándose al espejo, parpadeando por detrás de las gafas empañadas, intentó peinarse el cabello, pero desistió a los pocos segundos. Salió la cocina, abrochándose los botones superiores de la túnica.
Ron estaba sentado en un banquito, desayunando un gran plato de revuelto de huevo. A Harry se le revolvió el estomago. Se dirigió hacia el refrigerador, sin dar señales de haber visto a él pelirrojo. Se hizo un rápido café, y tomó a grandes sorbos su contenido.
—¿Vienes o no? —espetó Ron, señalándole la chimenea, y mostrándole un puñado de polvos flu.
Harry arqueó una ceja, y pasó por delante de Ron.
—Tengo formas mis propios medios para ir al ministerio, gracias —replicó fríamente, lanzándole una gélida mirada. Sin mediar una palabra más, giró sobre sí mismo y desapareció.
'Mierda.'
'Oh, mierda. Si que la jodiste, Potter ¡Tú y tu orgullo!' Harry cerró los ojos por un momento, maldiciéndose a sí mismo, y los volvió a abrir. La entrada del Wizengamot estaba literalmente llena de personas. Evaluó seriamente usar un hechizo camuflador, o al menos ponerse a aturdir gente por diestra y siniestra. Una voz hizo que soltara un gemido de alivio.
—¡Harry! —Hermione se abría paso por entre la multitud. Le tendió la mano, y Harry la tomó sin dudar. Hermione comenzó a tirar de él, atravesando la multitud de personas. Harry parpadeó aturdido ante los enceguecedores flashes de las cámaras que buscaban enfocar su rostro a toda costa—. ¡Con permiso! —exclamó Hermione con autoridad, pero Harry no se sorprendió cuando no le hicieron caso. Luego de unos minutos que se le antojaron eternos, llegaron a la puerta del Wizengamot.
—Debes sentarte ahí, Harry —indicó en voz baja Hermione, señalándole asiento frente al estrado—. Yo estaré en las tribunas de adelante, justo detrás de ti —Hermione leyó algo en los ojos de Harry, porqué añadió—: No te preocupes, vas a ver que todo saldrá bien. Recuerda sólo hablar cuando te lo piden, no preguntar nada. Cuando te llamen, solo… acércate al estrado y testifica. Limítate a responder lo que te pregunten. No creo que recurran a la poción de la verdad, pero en caso de que… responde la verdad, ¿está bien? Nada de actos estúpidamente heroicos.
Harry asintió con la cabeza, algo aturdido.
—Mucha suerte —le deseó Hermione, y se escabulló por detrás de él. Harry se dirigió con pasos temblorosos hacia el lugar que Hermione le había indicado. Se sentó en la silla, al lado de Ron. Su amigo ni lo miró.
Harry estudió con ojos detallistas el lugar. Detrás de ellos había cientos y cientos de bancas, en las cuales se acomodaban las personas que iban llegando. A su derecha había un pasillo que comunicaba con la puerta y que separaba en dos las dos filas de bancas. En frente suyo, en el medio de la sala, había una silla grande, de la cual colgaban cadenas gruesas. Harry experimentó una sensación de deja-vú al recordar que él mismo se había sentado en esa silla. Por delante de ella, se erguía el tribunal principal.
Sacudió la cabeza cuando en el salón reinó repentinamente un árido silencio. Kingsley entró por la puerta principal, haciendo flamear su túnica dorada. Subió con pasos firmes al estrado, y se sentó en la tarima más alta.
—Señores presentes, miembros del jurado, nos encontramos reunidos el día de la fecha, 22 de abril del corriente, para ser el juicio contra los Mortífagos —detrás de Kingsley, un pequeño duende tomaba nota a toda velocidad de lo que decía—. Los acusados, Alecto Carrow, Amycus Carrow, Antonin Dolohov, Rebastan Lestrange, Walden Macniar, Lucius Malfoy y Draco Malfoy. Los testigos, Harry James Potter y Ronald Arthur Weasley, sobrevivientes de la batalla —un murmullo seco recorrió el estrado—. Se llama a los testigos a subir a la tarima. Traigan a los acusados —ordenó con firmeza Kingsley. Harry se puso de pie, y Ron también. Se dirigió hacia el estrado, y se sentó en una silla a la derecha de Kingsley. Ron hizo lo mismo, a la izquierda.
Un silencio repentino inundó el lugar, y Harry se estremeció de frio. Los dementores entraron al tribunal, cada uno llevando a los acusados.
—Alecto Carrow —pronunció Kingsley—. Es llamada a la corte, por supuestos ataques contra muggles, tortura, matanza y secuestro de alumnos de Hogwarts, utilización de maldiciones imperdonables, y participación lucida y voluntariosa en la segunda Gran Guerra. Recordándole que se encuentra bajo juramento, ¿cómo se declara?
—Inocente —la voz de Alecto resonó por la sala, y a Harry le hirvió la sangre.
—Harry Potter —Harry dio un respingo—. Bajo el juramento que se cierne sobre esta sala, ¿jura decir la verdad, y nada más que la verdad?
—Sí, juro —dijo Harry con firmeza.
—¿Conoce usted a Alecto Carrow?
—Sí —murmuró, pero su voz se vio extrañamente amplificada, y resonó por toda la sala.
—¿Reconoce haberla visto, a ella y a su hermano Amycus Carrow, participando en la batalla de Hogwarts?
—Sí.
—¿A su criterio, es Alecto Carrow culpable de lo que es acusada?
—S-si —murmuró lo suficientemente audible. Bajó la cabeza, intentando no pensar que él mismo había conjurado una maldición imperdonable hacia uno de los acusados.
—Muy bien—resolvió Kingsley—. Ronald Weasley, ¿jura decir la verdad y nada más que la verdad?
Los acusados fueron pasando, uno por uno, ante la corte. Alecto Carrow, Amycus Carrow, Antonin Dolohov, Rebastan Lestrange, Walden Macniar y Lucius Malfoy, todos ellos, fueron encontrados culpables.
—Por último —anunció Kingsley—. Draco Malfoy, usted es llamado al tribunal, por intento de asesinato hacia Albus Wolfric Brian Dumbledore y por participación lucida y voluntariosa en la segunda Gran Guerra. ¿Cómo se declara?
—Inocente —dijo en voz alta Malfoy. Harry se encontró con sus ojos grises y se estremeció.
—Señor Potter, ¿conoce usted al acusado?
—Sí.
—¿Reconoce haber visto a Malfoy actuando por cuenta propia en la batalla de Hogwarts?
—Sí, pero solo… estaba obligado a… —un murmullo seco recorrió el estrado, y Harry sintió que se le congelaban las palabras en la garganta.
—¿Insinúa que estaba bajo el maleficio Imperio?
—No, no… —tomó aire—, lo que quiero decir…
—Limítese a responder las preguntas, Señor Potter. ¿Estaba o no el señor Malfoy bajo el maleficio Imperio?
—No —respondió con sequedad.
—Para el jurado es suficiente. Señor Weasley, ¿reconoce haber visto al Señor Malfoy participando lucidamente en la batalla?
—Sí —respondió Ron.
—Entonces esta orden encuentra culpable al señor Malfoy por los delitos antes denunciados —repuso Kingsley, y a Harry se le secó la garganta—. Los acusados permanecerán en Azkaban —una serie de murmullos de protesta y gritos recorrió el lugar—, hasta el día diez de mayo, donde esta junta les aplicará a los acusados la condena que cada uno merece. El beso del Dementor será otorgado como pena máxima, cadena perpetua en Azkaban como pena mínima.
La varita de Kingsley resonó al chocar contra la mesa de madera, y unas chispas doradas brotaron de la colisión. Harry se puso de pie, y caminó fuera del estrado, procurando no mirar a Malfoy. De hecho, comenzaba a sentirse bastante mal, y quería salir de allí lo antes posible.
—¡Harry! —Hermione lo llamó, y Harry giró desprevenido—. ¿Estás bien? —preguntó con preocupación.
—He estado mejor…
—Hum, seguro que cuando comamos algo te sentirás mejor. Seguro que ni desayunaste, y además…
Harry dejó que Hermione siguiera hablando, y juntos salieron del tribunal. Habían pasado al menos cinco horas desde que habían entrado allí, pero los periodistas se abalanzaron encima de Harry apenas salió fuera.
—¿Qué tiene para declarar, Señor Potter?
—¿Qué opina de los juicios?
—¿Qué condena se ha aplicado para los Mortífagos?
Harry no contestó a ninguna de las preguntas, y se limitó a bajar la cabeza y a salir del ministerio. Entre los gritos de los periodistas, le pareció escuchar a Ron gritar su nombre. Harry giró para ver al pelirrojo intentando llegar a ellos, pero se dio vuelta y tomó con más fuerza la mano de Hermione.
Tomaron el té en un restaurant cerca del ministerio. Ninguno de los dos comentó nada durante esos momentos. Harry jugaba con el trozo de pan negro que tenía entre las manos, separando las migajas y dejándolas caer en la mesa.
—¿Te sientes bien, Harry? Sigues muy pálido.
—¿Eh?
Hermione lo miró con ojos entrecerrados.
—¿Quieres que vayamos a casa?
—No… estoy bien. ¿Qué hora es?
—Las cinco y media.
—Hum… Creo que volveré a casa e intentaré dormir. No dormí muy bien, y… —intentó sonreír.
—Harry…
—¿Ajá?
—Tienes que dejar de sentirte culpable, ¿lo sabes, verdad?
—Sí, supongo que lo sé. Solo… fue un poco más difícil de lo que pensé, eso es todo. Estaré bien.
Hermione le acarició la mano.
Pagaron, y salieron del restaurant. Había comenzado a llover, y la fina lluvia resbalaba por el asfalto.
—¿Me envías una lechuza cuando llegues?
Harry sonrió.
—De acuerdo —le depositó un suave beso en la mejilla, pero Hermione lo rodeó con los brazos. Harry, desprevenido, tardó unos minutos en devolverle el abrazo.
—Todo saldrá bien, ya verás.
Harry suspiró.
—Lo sé.
Se soltó del abrazo, giró sobre sí mismo y desapareció.
Giró las llaves dentro de la cerradura, y empujó la puerta. El departamento estaba a oscuras. Preguntándose internamente si Ron habría llegado, entró.
Apenas puso un pie dentro del apartamento, un desagradable escalofrío le recorrió el cuerpo. Harry buscó la varita en su bolsillo y la sacó. Olfateó un poco el ambiente, y dio un paso hacia adentro con cuidado. El departamento tenía impregnado un olor inconfundible. Olía a magia. Magia negra.
Con la varita en alto, avanzó por la sala. Un crujido sonó a sus espaldas y giró rápidamente. No había nada.
Llegó hasta el dormitorio de Ron con el corazón en la garganta, y empujó la puerta. La varita tembló en su mano cuando vio lo que había dentro de la habitación.
Ron estaba sentado en una silla, con las manos atadas en la espalda. Una mordaza le cubría la boca, y su amigo parecía clamar en gritos ahogados, forcejeando contra las sogas.
—¡Ron! —exclamó Harry, y cruzó la habitación. Se iba a inclinar a desatarle las cuerdas, cuando una voz clamó detrás de él:
—¡Depulso!
Harry salió despedido por los aires y chocó contra la pared. Soltó un gruñido, y se puso de pie de un salto. Afirmó la varita en su mano.
—Suelta la varita, Potter —susurró una voz conocida detrás de él.
—Ni lo sueñes, Greyback —silbó, con una mueca burlona.
—Suéltala, o me encargaré de que el pelirrojo muera —dijo en voz baja, arrastrando las palabras. Harry tuvo que utilizar todo su autocontrol para no estremecerse de miedo—. ¿Quieres ver como lo mato frente a tus ojos, Harry?
Harry tragó saliva. Greyback estaba detrás de Ron, clavando la varita en su cuello. El pelirrojo gimió, y mordió con más fuerza el trozo de mordaza que llevaba entre los labios. No entres en pánico, se ordenó Harry. Tomó aire temblorosamente. ¿Qué podía hacer? No podía arriesgarse a que Greyback hiriera a Ron accidentalmente.
—Avada… —comenzó lentamente Greyback, y a Harry se le congeló el corazón.
—¡No! —exclamó, y Greyback lo miró con ojos brillantes. Lentamente, sin apartar sus ojos de los azules de su amigo, Harry bajó la varita y la apoyó en el suelo. Ron intentó gritar, pero la mordaza ahogó sus palabras.
—Así me gusta, Potter… —rió Greyback—. ¡Desmaius!
Escuchó el forcejeo de Ron, mientras la luz roja salía de la punta de la varita de Greyback, y le daba de lleno en el rostro. Harry salió despedido hacia atrás, y se desplomó en el suelo, inconsciente.
¡Hola a todos! ¿Cómo les va? Bueno, como siempre, muchas gracias por leer el capítulo, espero que lo hayan disfrutado mucho. ¡Sí que se han metido en problemas estos dos, eh!
Bueno, saben que como siempre es un placer recibir reviews, y como siempre haré lo mejor que pueda para contestarlos, pero anda jodido últimamente conmigo, y no me deja si no es por MP ._.
¡Nos estamos leyendo!
Cam
