Hola a todos. Gracias por comentar y por la espera. Bueno, les recuerdo algunas cosas para que se entienda el capítulo.
-Mikuo no tiene ningún lazo sanguíneo con Miku, por lo tanto ella no asistirá al baile.
-Muchos de mis amigos me preguntan con quién irá Len, Len no irá al baile puesto que el baile es exclusivo de la familia de Mikuo y él no está invitado.
-En este capítulo habrá MikuoxRin, ¡Pero no me odien! Les aseguro que para el próximo habrá mucho más RinxLen y será mejor, es que para la trama es clave este capítulo.
Espero les guste.
Vocaloid no me pertenece.
Capítulo IX: El baile de los Hatsune
-Te acompaño a tu casa, Rin. Sirve que le pido permiso a tus padres.
-Ok…
Rin no estaba muy convencida, para empezar, ¿Sus padres la dejarían ir con un maestro a un baile?
-Vamos.
Mikuo le ofreció su mano a Rin, ella la tomó y se fueron. Llegando a la casa de la rubia, ella abrió la puerta dejando pasar al maestro, los padres de Rin fueron a recibirla.
-¡Hola, hija!
Dijeron ambos.
-Hola…
-¿Quién es él?
Preguntó la madre de Rin.
-Es el profesor Mikuo.
-Es un gusto conocerlos, mi nombre es Mikuo Hastsune.
Mikuo les extendió la mano a los padres de Rin para saludarlos, ellos también lo saludaron de manera cordial.
-Señores, el motivo de mi presencia es que me gustaría pedirles permiso para que su hija Rin me acompañe el próximo Sábado a un baile que organiza mi familia en honor al cumpleaños de mi prima.
Rin se quedó impresionada de la formalidad con la que hablaba Mikuo, sus padres estaban sorprendidos también.
-Bueno…
-Sería bueno que Rin saliera, pues estos días ha estado algo deprimida, ¿Tú cómo ves, hija?
Preguntó la mamá de Rin después de la sorpresa que expresó su padre.
-Pues… sí…
Respondió Rin tímida.
-Entonces sí.
Confirmó la señora.
-Bien, vendré por ella a las seis y media, hasta el Lunes, Rin.
Mikuo besó la mano de Rin y luego la de su madre en señal de despedida, luego estrechó la mano del papá de Rin.
-Nos vemos luego.
El maestro salió. Rin se quedó viendo la puerta y su papá fue el primero en hablar.
-Hija, ¿Él era tu maestro?
El papá de Rin no parecía enojado o celoso, más bien curioso.
-Sí… esto…
-Me parece buena persona.
Intervino la señora.
-Bueno… hasta eso se ve decente…
Concluyó el señor.
-¿Y qué vestido piensas usar, hija?
Rin se sonrojó y le salió una gotita estilo anime. Pensó que sus padres se pondrían locos porque un profesor la había invitado a salir, pero parecía ser que a ellos les gustaba Mikuo.
-La verdad no lo sé…
La madre de Rin tomó la cartera de la mesa de noche.
-Vamos al centro comercial.
-¿Es un chiste?
Rin no estaba tan emocionada como su madre.
-¿El baile es la próxima semana?
-Sí…
-No nos dará tiempo de comprarlo entre semana.
-Ok…
Se resignó Rin. Tomó su chaqueta y salió con su madre mientras su padre se quedaba leyendo el periódico.
En la tienda la mamá de la joven estaba haciendo que ella se probara más de mil vestidos para encontrar el perfecto, mientras Rin se probaba mil vestidos ostentosos y a pesar de que todos le quedaban bien, ninguno le gustaba a la chica.
-Mamá… me estoy dando por vencida.
-Vamos hija, si no lo conseguimos aquí será en otra tienda.
-Supongo…
La señorita encargada le trajo cinco vestidos más a Rin.
-Pruébatelos Rin.
-Ok…
Rin entró al vestidor y miró todos, uno en especial le llamó la atención. Se lo puso y le gusto como le quedaba, al salir su mamá se le quedó viendo.
-¿Cómo me veo?
Preguntó Rin avergonzada.
-Te ves bien hija, pero el vestido es algo… sencillo.
-Lo sé, pero me gusta.
-Bueno, si te gusta y se te ve bien no tengo nada qué decir.
-Gracias mamá.
La señora pagó el vestido y luego ambas fueron a la zapatería.
-Necesitamos unos zapatos cómodos pero también bonitos, Rin, no quiero que te duelan los pies.
Rin miró unos zapatos negros en el mostrador.
-¿Qué tal estos?
-Son muy lindos, vamos a ver.
Después de que Rin se probó los zapatos y se aseguró que le gustaran y fueran cómodos, madre e hija salieron del lugar y regresaron a casa algo noche.
Pasó rápidamente la semana, días en los que ni Rin le hablaba a Len y viceversa.
El joven Kagamine pensaba darle a su amiga de la infancia una visita nocturna el día Sábado.
Finalmente llegó el día esperado, Rin se puso su vestido que había comprado desde la semana pasada, era blanco, con holanes en la parte alta, una pequeña y fina línea negra al final del vestido y por último, éste se amarraba por la parte del cuello.
La rubia se puso sus zapatos de baile negros, y se cepilló el cabello, usó la plancha para darle un poco de forma a su peinado y luego procedió a usar un maquillaje sencillo y natural que la hacía lucir fresca y natural.
Tocaron el timbre. Era hora.
-Hija, ya llegó Mikuo.
Gritó su madre desde el recibidor.
-¡Sí! ¡Iré en un momento!... Es ahora o nunca…
La verdad era que Rin tenía miedo, miedo a arreglarse y lucir bien para su propio maestro.
Bajó las escaleras mientras sus piernas temblaban y temía caer en cualquier momento. Miró al frente y pudo ver a Mikuo con un traje negro de tres pieza y con un corbatín color aqua.
-Hola Rin.
Dijo Mikuo esperando a Rin, y cuando terminó de bajar las escaleras, tomó su mano y la besó.
-La traeré temprano, señores.
Habló el maestro mostrando formalidad y dicción en su lenguaje.
-Claro.
-Cuida de mi hija.
Dijo el padre de Rin.
-Por ello no se preocupe. ¿Nos vamos?
-Sí.
Mikuo le ofreció su brazo a Rin, ella aceptó y ambos salieron. El coche del joven los esperaba afuera.
En el baile Mikuo era toda atención y amabilidad con Rin, siempre procuraba que ella no se aburriera, le presentó a toda su familia, la invitó a bailar, etc.
En un momento, Rin estaba en el balcón mirando hacia la cuidad, cada pequeña luz que emanaba cada cuarto de una casa, ¿Acaso alguna luz brillaría para ella? Pero ella esperaba que fuera la luz de una estrella y no una luz generada por el hombre.
-¿Por qué tan sola?
Mikuo apareció de la nada, Rin se asustó y volteó.
-¡Lo siento, profesor! Me asusté…
-Tranquila, y ya te he dicho que fuera de clase puedes llamarme Mikuo.
-Sí… lo había olvidado.
Mikuo sonrió a modo de respuesta.
-¿Qué pensabas?
-Bueno… sólo miraba las luces…
-¿Nadamás?
-Sí.
-Rin…
-¿Qué ocurre?
-¿Qué soy para ti?
-Pues… un gran maestro, sabes mucho de matemáticas y…
-No me refiero a eso.
Interrumpió el maestro, su mirada estaba dirigida al suelo.
-¿Entonces?
-Hablo de que soy para ti como… persona…
-Pues eres muy amable, generoso, te preocupas por mí y…
Mikuo no dejó terminar a Rin y la besó, ella dudó en corresponder todo el tiempo que su maestro la besó, hasta que él se separó.
-Lo siento Rin… pero yo no me pude controlar…
El profesor estaba sonrojado pero no parecía arrepentido.
-Maestro…
-Rin… sé que soy tu maestro pero no me importa, ¿Quisieras ser mi novia?
-Yo…
Mikuo tomó las manos de Rin. Ella sólo pensaba en Len, pero tal vez él jamás le querría, pues era un spice, un caso perdido, tal vez la felicidad estaba frente a ella.
-Claro, Mikuo.
Mikuo la volvió a besar, pero ella seguía sin corresponder del todo, pues no sentía nada en aquél beso.
Pocas horas después, Mikuo dejó en su casa a Rin y antes de irse le recordó que ningún alumno o maestro de la escuela debía saber el romance entre ellos dos, pues estarán en serios problemas, Rin aceptó.
Al entrar a su cuarto, la joven se quitó los zapatos y se quedó descalza, pues los tacones la estaban matando.
Se recostó en su cama y cuando estaba a punto de dormir, escuchó que alguien golpeaba la puerta de su cuarto.
-¿Qué quieres, Len?
¿Quién más podría estar en su balcón?, la puerta se abrió poco a poco, Rin se sentó.
-Hola.
-Hola…
-¿Por qué te vestiste así?
-¿Acaso no puedo salir?
-¿Acabas de llegar o apenas vas a salir?
-Acabo de llegar.
Rin se acostó de nuevo en su cama.
-¿A dónde fuiste?
Len se sentó en la esquina de la cama, Rin abrió los ojos de la sorpresa, tenía que inventar una excusa.
