Gracias a todos los que leyeron el capítulo anterior, en especial a Raquel1292, memoriesofkagome, crazzy76 y Cary Cazal por dejar tan alentadores reviews. Espero este cap no desilucione...

Capítulo 9: La Torre de Astronomía

McGonagall anunció aquella noche luego de aquel encuentro fortuito en Pociones que por razones desconocidas un dragón Hebrído Noruego había llegado anoche a Hogsmade, destrozando el lugar. Y, si bien el Ministerio ya se había hecho cargo, el pueblo no reabriría sus puertas hasta dentro de unas semanas.

El murmullo general de descontento fue acallado por la directora, pero Hermione solo miraba a la mesa de Slytherin, a un muchacho de ojos grises que le devolvían la mirada. Sin más, el chico se paró y salió del Gran Comedor, esa, Hermione supo, era su señal.

Minutos después ella también se paró y salió por las puertas abiertas del Gran Comedor. Alcanzó a ver la punta de un cabello rubio desapareciendo en la oscuridad y luego de doblar aquel recodo, corrió como nunca en su vida, solo se detuvo, cuando estuvo dentro de la conocida Torre de astronomía, esa donde Snape había matado a Dumbledore, por orden propia.

Sí, allí estaba Draco Malfoy contemplando con aire sereno algo en la lejanía, completamente indistinguible con la ausencia de la luz solar. Parecía buscar o esperar algo, algo que nunca llegaría y sin embargo esperaba. Era bastante deprimente, Hermione pensó mientras aprovechaba el ensimismiento del muchacho para contemplarlo en silencio. Llevaba unos pantalones tan oscuros como la noche que se alzaba ante ellos al alcance de la mano. Una capa igual de oscura envolvía su figura elegante que descansaba en reposo contra el barandal de la Torre. De repente un viento fuerte se alzó, despeinando la cabellera plateada del Slytherin y haciendo a la chica envolver los brazos en torno a sí misma en un inútil intento para mantener el calor. Pensó en irse y buscar un abrigo, pues de todas formas el rubio no parecía notar su presencia. Entonces él habló:

_ ¿Tienes frío?_ preguntó con una voz extrañamente dulce, que la chica no le había oído antes, era melodiosa e inspiraba protección. Hermione asintió en silencio._ Entonces será mejor que comencemos ahora, para entrar en calor.

No sabía que era exactamente lo que esperaba que él dijese, tal vez que le diera su gruesa capa. Pero desde luego no eso. Y de todas formas las mejillas de Hermione se llenaron de color, tal vez porque se sentía frustrada y odiaba sentirse así.

Draco no la miró, sin embargo ella adivinó la sonrisa en su tono de voz:

_ Puede que nos hayamos besado, pero no te confundas, tú y yo no somos nada. Y yo no soy ningún caballero, creí que eso ya lo sabías.

La chica enrojeció aún más si era posible, y Draco se sintió extrañamente bien con eso.

_ Tienes razón_ respondió ella de repente a la defensiva_ No eres ningún caballero, habíamos acordado que eras un reptil cobarde.

Y con esto sacó su varita y apuntó al chico, lista para un duelo que no llegaría.

_ Baja la varita, Granger_ Draco la miraba ahora sin diversión alguna_ Tú no quieres enfrentarte a un duelo conmigo sin infantes cerca_ la amenazó a lo que la castaña solo rió fríamente_ Además, teníamos un trato sobre clases de Oclumancia, ¿recuerdas? No vine aquí a contrarrestar Petrificus y expelliarmus._ se burló él. Hermione le miró iracunda y lenta, muy lentamente, bajo su varita.

Draco aprovechó la oportunidad y sacó la suya:

_ ¡Accio varita!_ gritó él y en un santiamén la varita de Hermione estaba en las manos del rubio, quién la examinaba atentamente. La castaña lo miraba incrédula desde su sitio, con los puños apretados.

_ ¡Devuélveme mi varita, Malfoy! _ le recriminó, no había nada que le enfureciera más que las injusticias. Tendría que haber desconfiado del chico en primer lugar, pues había caído dos veces en el mismo truco. ¿Y qué tan patético era eso?

Draco ignoró las palabras de la chica y continuó hablando para sí mismo:

_ Es curioso como repites los mismos errores…_ susurró repitiendo a Hermione. Hacía girar la varita entre sus largos dedos y ella no podía quitarle los ojos de encima, era tan hipnotizante…

_ Pero… ¿Cómo era?_ dijo retórico_ ¡Ah, sí! En el mundo real no hay segundas oportunidades. Lección numero dos: nunca bajes la guardia con un mortífago, Granger, ¿quedo claro? Da igual que parezca haber cambiado, no puedes fiarte de un homicida en potencia, a estas alturas podrías estar muerta.

Con esto el chico le tiró de regreso la varita a la chica, quien tuvo que esforzarse para cogerla cuando esta voló por los aires. Sin darle tiempo alguno, el muchacho gritó:

_ ¡Sectusempra!

_ ¡Protego!_ Hermione se salvó del hechizó por los pelos_ ¡¿Estás demente?!_ le gritó furiosa. Draco la ignoró.

_ Bien, ahora que tengo tu completa atención, hablemos de Oclumancia._ dijo soberbio_ La Oclumancia es…

_…el arte de saber defenderse de intrusiones mentales por parte de tus enemigos. Consiste en crear una fuerte barrera de resistencia psicológica, aislando las emociones. Se contrarresta obviamente con la Legeremancia…, como bien tú ya sabes._ finalizó la castaña con la barbilla en alto, como desafiándole a contradecirle. Draco solo la miró disimulando su impresión con una mueca de fingida molestia.

_ No me interrumpas_ le dijo frío._ Si tanto sabes de Oclumancia, ¿Qué haces aquí?_ le provocó. La chica no contesto, solo apretó los labios, molesta. Nunca admitiría que necesitaba la ayuda de aquel Slytherin. Draco continúo sonriente_ ¿Supongo que Potter te conto lo que le dijo Snape, no?_ Hermione permaneció estática_ Bien, te haré una pregunta vital para seguir a partir de aquí, y quiero que seas totalmente sincera conmigo, _ La castaña lo miró curiosa pero no dijo nada._ ¿Le temes a la oscuridad?

¿¡Qué?! Lo inverosímil de la pregunta dejo a la chica petrificada sin poder reaccionar.

_ No_ contestó incrédula al cabo de un rato, no muy segura de la utilidad de aquello.

_ ¿No le temes a tu pasado, tu futuro, lo incierto?_ la castaña volvió a negar con la cabeza. Draco parecía un poco molesto ente aquella negación _ ¿No le temes a nada?_ Draco continúo_ ¿A la muerte? ¿A la Guerra? ¿A la esclavitud? ¿A los dementores? ¿Al desamor...?_ Sin saberlo Draco estaba empezando a dar en el blanco de todos sus miedos.

_ ¿Qué pretendes?_ Hermione replicó detestando sentirse tan vulnerable. El chico caminó hasta ella sin dejar por un instante de mirarla fijamente, esperando leer en sus ojos la mentira, y se detuvo a centímetros de su rostro, provocando que las puntas de sus dedos cosquillearan. Allí estaba otra vez, la inverosímil atracción entre ambos.


Draco miró a la chica fijamente, sus ojos grises centellando en la oscuridad. Observo como temblaba casi imperceptiblemente, su cabello enrulado cayendo gracioso sobre su cuello y esos ojos vivaces que se encendían al mirarlo. Se veía hermosa…

_ Porque, Hermione, _ dijo Draco acariciando el nombre sin cortar contacto visual ni por un instante, se acercó más a ella, tanto que sus alientos se entremezclaban, y Hermione no hizo intentó alguno por alejarse._ Cuando dentro de unos segundos penetre dentro de los rincones más oscuros de tu mente, a tus miedos más profundos, y tu no puedas hacer nada para impedirlo, sería bueno contar con algún precedente._ Y sin más terminó por unir sus bocas en un beso corto pero desesperado, simplemente la tentación era demasiada. Apenas rozaron sus labios, desesperados, pero la chica se pegó a él buscando más. No pudo evitar esbozar una sonrisa de arrogancia al saber que ella lo deseaba tanto como él. Pero no, tenían trabajo que hacer. Y con ese pensamiento se alejó veloz de la chica, ignorando sus instintos que clamaban por ella.

_ _ gritó sin darle tiempo a reaccionar. Mas Hermione Granger no era en vano la bruja más inteligente de su generación, y con un movimiento de muñeca que hasta el mismo Draco Malfoy supo admirar, inició el encantamiento escudo que separaba al Slytherin de penetrar en su mente. Draco sabía que ella no tenía una buena resistencia mental, se cansaría fácil, por eso tendrían que practicar toda la noche.

Unos minutos más tarde, Draco sintió el momento exacto en que la pared mental se quebró, dando lugar a una serie de imágenes que inundaron la mente del rubio como si fueran sus propios recuerdos.

En la primera imagen estaba una niña pequeña, de no más de cinco años, corría a través de una verde pradera persiguiendo un conejo blanco que le llevaba una gran ventaja en la carrera:

_ ¡Ven aquí, Bigotes!_ la niña gritaba desesperada persiguiendo al animalillo_ Aún no he acabado de trabajar contigo…

La segunda imagen mostraba a una niña en edad preescolar, ligeramente parecida a la anterior, de cabello castaño y enrulado, con los dientes posteriores demasiado largos, que vestía una ropa sobria muggle leía tranquila un enorme libro bajo la sombra de un roble. Cada tanto soltaba una sonora carcajada que perturbaba con la paz del ambiente. Parecía feliz, Draco pensó, en el momento exacto en que una banda de niños invadía el espacio de la niña y el niño líder del grupo comenzaba a burlarse de ella:

_ Eres rara_ le decía_ Nunca encajarás aquí, no eres como nosotros ¡Largo, rara! agregaba despectivamente y se reía de ella. La niña lo miraba, solo lo miraba, con los ojos llorosos llenos de lágrimas no derramadas.

¡Por Merlín!, Draco pensaba flagelándose a sí mismo, ese cabrón la trata como la misma mierda que yo lo hice todo estos años. Y mientras miraba como las lágrimas rodaban por el rostro de la chica, solo podía rogar que esta hiciera algo al respecto.

De repente como oyendo a Draco, la niña sonreía de lado y la camisa roja del niño prendía fuego aunque sin herirlo.

_ ¡Ah, Bruja! ¡Le diré a la maestra! ¡Ah!_ gritaba y los niños salían corriendo de allí y la niña los miraba seria hasta que se largaban, luego estallaba en lágrimas.

En la tercera imagen estaba la misma niña, unos años mayores, abriendo emocionada una carta que había llegado a su nombre, con un sello muy raro. Draco supo, antes de que la abriera, que se trataba de la famosa carta de admisión a Hogwarts, esa que el mismo había esperado emocionado durante años. Veía la cara de incredulidad de la niña al leer la carta, el tartamudeo inconfundible ante el nombre del colegio y luego la enorme sonrisa que perlaba su rostro cuando entendió el mensaje. Hermione Granger siempre había sido una niña lista para su edad.

_ ¡Mamá, mamá!_ gritaba emocionada desde el inicio de las escaleras_ ¡Soy una bruja! ¿Puedes creértelo? ¡Iré a Hh…ogu...warts!

Entonces Draco sonreía, al igual que la niña. Nunca creyó que diría eso, pero Hermione Granger se merecía ir a ese colegio, solo bastaba ver lo discriminadores que podían ser los muggles ante lo desconocido…

Luego de eso veía a Hermione en Hogwarts pararse ante la llamada de una más joven Minerva McGonagall y caminar decidida hacia el taburete, donde el Sombrero Seleccionador, luego de dudar un instante entre Ravenclaw y Griffindor la había puesto en la casa de los leones. La niña sonreía de lado, pagada de ella misma, y caminaba a su mesa donde la recibían con flamantes vítores.

En la siguiente escena, Potter y la comadreja también estaban en ella. Draco apretó los dientes instintivamente ante su visión. Por su aspecto, diría que estaban aún en primer año. Los tres estaban parados patéticamente cerca de lo que él supuso era el baño en desuso del segundo piso, y se miraban entre ellos, incómodos.

Luego decían algo quéél no entendió y Potter miraba a Weasley severamente hasta que este al fin dejaba de mirar mal a Hermione y le tendía la mano, reticente:

_ ¿Amigos?_ decía el pelirrojo poco convencido a la niña de cabello enrulado que, luego de fruncir el ceño brevemente, se la estrechaba con su pequeña mano.

_ Amigos_ decía decidida y le sonreía a ambos.

De repente Draco encontró aquella imagen horrible, Hermione estaba demasiado feliz, con Potter y Weasley. No había vivido la Guerra ni el horror se dibujaba en su cara ahora a diario. Llevaba una vida feliz, como debería haber sido, una vida completamente alejada de él, donde jamás habrían podido hacer más que llegar a odiarse…

Abruptamente dejo de contemplar aquel doloroso recuerdo y volvió a la realidad. Hermione se hallaba tendida en el suelo de la Torre, sacudiéndose desesperada como si quisiera defenderse de algo invisible, defenderse de él.

Entonces la chica abrió los ojos y lo miró desconfiada. Draco simplemente le tendió una mano, sin esperar que esta la cogiera. Pero cuando la Griffindor se la apretó entre sus dedos, él la jaló con fuerza hacia él, provocando que sus cuerpos chocaran violentamente. Draco la repelió al instante y Hermione fingió no sentirse dolida ante ello.

_ ¿Qué fue eso?_ preguntó entonces sumamente curiosa, sin poder ocultar el nerviosismo en su voz. Había sentido como el rubio penetraba en su mente, en sus recuerdos. La sensación no había sido nada agradable, pero no había nada que pudiera hacer al respecto. La pregunta era por qué él se había detenido.

Ella era consciente de que Draco había cambiado, de que ese año no actuaba igual que antes, pero la idea de que respetara algo de índole personal, resultaba completamente inverosímil.

_ Tu resistencia mental es deplorable_ dijo en su lugar el rubio, girándose y dándole la espalda. Realmente había comprendido la pregunta de la chica, mas no iba a admitir sentir celos hacia el trío dorado. Aún sin girarse, Draco tuvo una idea excepcional._ Tienes que aprender a bloquear tus sentimientos._ dijo entonces.

_ ¡¿Qué?!_ la idea parecía hasta cruel para Hermione.

_ Escúchame, _ dijo Draco girándose y mirándola fijamente, con esa intensidad de hierro que significaba que no había réplica que valiera para detener sus propósitos._ Cuando eres niño puedes aprender a volar en escoba de dos maneras: puedes arriesgarte a caerte una y otra vez, hasta que tus huesos duelan, con tal de lograr girar, virar, derrapar y acelerar. Y recordarlo por el resto de tu vida; o puedes montar cuidadosamente tu escoba y solo ascender en ella sin mayores transcendencias. ¿Cuál es la mejor forma de aprender a volar?

Hermione estaba lívida. ¿La mejor forma? ¿Ella que sabía de vuelos y escobas? ¡Absolutamente nada! No sabía que contestar y por unos segundos no dijo nada, solo miró a su compañero frente a ella, que comenzaba a irritarse.

_ ¡Elije una, vamos!

_ ¡La primera!_ gritó ella entrando en pánico.

_ ¿Por qué la primera?_ ¿era su imaginación la voz de Draco tenía un ligero matiz escalofriante?

_ Porque aprendes mas_ dijo firme. El rubio la contemplo asombrado.

_ Bien, pues así es con esto. Hay dos formas de aprender Legeremancia: puedes usar las técnicas de aurores como para un bebé recién nacido…, o puedes aceptar la ayuda de un mortífago, tú eliges._ Hermione le miró entonces cautelosa, aunque decidida, había tomado su decisión mucho tiempo atrás y no se echaría atrás ahora.

_ Me quedo contigo_ le aseguró impertérrita.

_ Podrías matarte intentándolo_ le advirtió. ¿Es que acaso no entendía la gravedad del asunto? Ella debía alejarse de él antes de salir herida…_ ¿Valdría la pena?_ agregó intenso sin quitarle sus ojos grises de encima._ ¿Morirías por aprender a derrapar?- dijo haciendo uso de la analogía_ Después de todo, la mayoría de los magos viven su vida sin saber más que ascender y avanzar…

_ Si el conocimiento es superior cualquier precio es justo_ Hermione respondió mirándolo fijo. Esa era la respuesta que Draco esperaba, sin embargo, se olvidó momentáneamente de ello, recordó el sombrero diciéndole a Hermione que Ravenclaw le valdría para sus propósitos, para luego colocarla en Griffindor, y de repente se sintió completamente desconcertado. Otra vez recordó que él no sabía nada en absoluto de Hermione Granger. Eso no es verdad, una voz le susurró en su cabeza. Cierto, ahora conocía una parte de su pasado, una parte de ella. ¿Por qué no seguir conociéndola más?

_ ¿Por qué estás en Griffindor?_ soltó de repente, casi como una orden y sin pensar en lo que decía. AL instante se arrepintió de lo dicho, mas era tarde. En un principio creyó que ella se ofendería ante tal pregunta, tomándosela como una ofensa a su casa, o vaya a saber que sandez griffindoriana. Mas cuando vio su rostro fruncirse concentrado, supo que la chica pensaba en una respuesta válida para darle. Sonrió para sí mismo creyéndose ganador, mas se apresuraba a los acontecimientos.

_ Podría decirse de ti lo mismo_ exclamo entonces la chica reticente_ Soy una sabelotodo en la Casa de los Valientes, sin embargo puedo jactarme de finalmente actuar a favor de la nobleza de corazón antes que la razón._ puntualizó ella mirándolo fijo, midiendo sus palabras._ Sin embargo, ¿tú de que puedes jactarte? Tu consciencia te dicta que algo está mal, pero igual acabas haciéndolo porque es lo más fácil. _ lo miro desdeñosamente. Draco se enervó en su lugar, arrepintiéndose al instante de formular aquella pregunta.

_ ¿Eso es lo que piensas de mí?_ exclamó gélidamente_ No sabes, nada. No eres nadie para hablar._ le escupió resentido.

_ Entonces explícame._ le desafió ella sin saber que se estaba metiendo en el nido de la serpiente. ¿Explicarle?, ¿ella quería una explicación? Él le daría una explicación tan cruel y exacta que la castaña no volvería a poner un pie en la misma habitación que él por lo que restaba de su vida. Después de todo, lo suyo no podía ser, por mera atracción que significase. Sus bandos serían opuestos incluso después de la Guerra, porque él era un mortífago y ella parte de los buenos. Y como buen mortífago había llegado la hora de quitarse la máscara, después de todo, Hermione lo había dicho, a veces los cobardes también son valientes.

_ Cuando hayas visto morir frente a ti decenas de personas sin poder hacer nada para evitarlo, cuando tu familia te obligue a representar un papel que nunca elegiste, cuando todos los que te rodeen estén condenadamente locos, cuando tú misma seas la que apunte la varita hacia aquellos a los que amas, cuando te arrepientas de todo pero nadie escuche tus palabras… Entonces dime que soy un cobarde, Hermione Granger_ acabó por escupirle en la cara sin consideración alguna, derramando toda la rabia contenida allí mismo, contra ella. Y se giró dispuesto sin más a salir de allí, cuando las manos de la muchacha le retuvieron firmes, tirando de él hacia ella.

Hermione había pensado que él la rechazaría, que se iría sin más, pero en cuanto sintió la vacilación del rubio supo que era su oportunidad. Sin pensar, solo actuaba siguiendo aquella angustiosa necesidad de no ver reflejado en él sufrimiento alguno. Un aspecto protector surgió en ella. Se acercó a él lentamente, hasta situarse a su par. Y parándose de puntillas le habló al oído:

_ Yo estoy aquí ahora…_ susurró despacio, pegándose a él, hasta que el espacio que los separaba no era nada. Podía sentir todo su cuerpo temblar ante la proximidad entre ellos, pero la ignoró._ Estoy contigo, Draco, hablemos…_ le acarició el cuerpo con la voz.

Draco giró apenas su rostro unos milímetros, contemplando extasiado a la castaña, los risos de la chica cayendo desordenados sobre sus rostros e inspiro fuerte, olían a rosas frescas luego de la lluvia. Hermione notó esto y terminó de moverse, hasta situarse frente a frente. Se miraron fijos, la mano de Hermione se alzó insegura, acariciando aquel rostro frío de facciones afiladas, que se relajo visiblemente ante su toque. Era tan cálida…. Pensó Draco mientras inclinaba su cabeza para sentir mejor el contacto de aquella mano cada vez más familiar, un apoyo. Lentamente la mano del rubio reposo sobre la de la chica. Y así permanecieron estáticos, hasta que de repente él no lo soporto más y unió sus bocas en un beso desesperado, como si quisieran beberse el alma el uno al otro. Hermione rápidamente respondió al beso igual de entusiasta.

LO que comenzó como un beso cálido fue volviéndose cada vez más desesperado y salvaje. Sus lenguas se movían ansiosas en la boca del otro, sin dejar de degustarse, saborearse. Draco atrajo el cuerpo de la chica con fuerza hacia el suyo, necesitaba sentirla cerca, necesitaba que la distancia entre ellos desapareciera. Hermione gimió en su boca, aferrando sus manos a su nuca, despeinándolo completamente y pegando sin saberlo, sus caderas contra la pelvis del rubio. Él no pudo más que gruñir de placer. Era un juego adictivo y necesitaban más. Las manos del rubio comenzaron a explorar el cuerpo de Hermione y la chica se tensó.

_ No deberías haberme provocado para empezar..._ susurró él contra su oído y sin más preámbulos le mordió la oreja sacando un grito por pare la castaña, quien temblaba de placer.

_ No fue mi... ¡ay!...intención..._ grito cuando Draco volvió a morderla, ahora en el cuello_...solo quería que hablemos.

Draco se apartó un poco de ella y la observó curioso, aquello era casi cómico, como se empeñaba en negar lo evidente.

_ ¿Hablar?_ repitió él y a continuación volvió a darle pequeños mordisquitos que hacían temblar a Hermione quién cada vez pensaba menos_ ¿Acaso tu no me deseas, Hermione?_inquirío él con un tono seductor en la voz que hizo a la castaña estremecerse y que la sangre le subiera a las mejillas._ Porque yo si te deseo. Mucho,...aunque tal vez no debería hacerlo_ le soltó disfrutando del efecto que sabía, sus palabras tenían en la chica, que parecía capaz de morirse allí mismo de placer sin siquiera haberla tocado. Ya la vez se empeñaba en tensarse ante las palabras del rubio. Esto era nuevo para él. Y siendo completamente consciente de sus propios límites, se apartó de ella.

Acomodándose presuntuosamente el cabello desordenado miró a la chica:

_ Para la próxima vez que decidas besarme_ susurró aun con aquel tono sexy_ asegúrate de querer llegar hasta el final, porque no creo que vaya a detenerme_ agrego mas para si al repasar detenidamente el cuerpo de la chica. Hermione se estremeció, mordiéndose el labio interior con fuerza. El chico se giró para irse:

_ Y, Hermione_ agregó antes de bajar las escaleras_ Yo no hablo con nadie, ni siquiera conmigo mismo.


Nota: si me demoro en actualizar no desesperéis, estoy un poco liada últimamente. ¡No significa que abandone el fic! Espero sus reviews con comentarios y sugerencias, sí, es un ruego desesperado de una escritora con bloqueo, haber si tenéis ideas para unir con las mías... Gracias por todo!

Mariane Lee