Estoy viendo la cantidad de gente que esta leyendo mi història! Me encanta ver que os gusta! Os dejo este capítulo como regalo de Navidad para todos, en estos tres últimos dias antes de las fiestas me serà imposible subir nada ya que estoy de examenes de final de semestre y SERAN LOS ÚLTIMOS DE MI CARRERA UNIVERSITARIA! Así que lo tengo que dar todo para salir de la Uni con la cabeza bien alta :) Además, hasta que no passen las fiestas no tendre tiempo! Espero poder subir el capítulo 10 para el 27 de Diciembre.
Muchas gracias a todos y FELIZ NAVIDAD!
Rowena Gorodok
Volaban dando vueltas sin parar y Harry noto que el señor Granger se estaba dejando ir de la lata. Lo cogió más fuerte pero no aguanto mucho más y le arrastró separándose del resto. Harry pensó que esperaba no acabar muy lejos de su destino.
Harry abrió los ojos después de un gran golpe, estaba en el campo que rodeaba la Madriguera. Podía ver la humilde casa, pero no por eso pequeña, a lo lejos. Noto que algo se movía a su lado y saco la varita por instinto, pero solo era el señor Granger que se levantaba pesadamente después de la caída.
-No entiendo como preferís viajar así en vez de avión, es más rápido pero duele.-dijo con cara de dolor.
-Señor Granger, le aseguro que ni yo ni muchos magos nos acostumbraremos nunca a esto. –le contestó Harry mientras le extendía la mano para ayudarle a levantarse para después girar la cabeza en dirección contraria, alguien le gritaba.
-Harry! Señor Granger!-era Ginny que se acercaba apresurada. Cuando llego, miro con escrutinio a los dos hombres. –Estáis bien?-preguntó
-Sí, y los otros?-dijo Harry
-Ya van hacia la casa, solo os habéis separado un poco vosotros durante la caída….pensaba que os habrías quedado lejos…-dijo Ginny haciendo notar su preocupación.
-Lo siento señorita, ha sido culpa mía, me estaba mareando y me he soltado antes de tiempo llevándome conmigo al muchacho.-dijo el señor Granger apenado.
-No se disculpe, por favor! No es el primero ni el ultimo que le pasa, además, si iba con Harry no le hubiera pasado nada.-dijo Ginny mirando afectuosamente al padre de su amiga.
Los tres emprendieron el camino entre la maleza de hierbas que nunca se han cortado para reunirse con los demás. Al traspasar la puerta del jardín, en seguida salió una señora Weasley apresurada ayudándolos a entrar y ofreciéndoles un té frio. Los señores Granger nunca habían estado en la Madriguera, Harry le pareció oir a la señora Granger a su marido que no entendía como se aguantaba la casa.
-Magia-dijo Harry sonriente.-y lo mejor de todo es que se limpia sola.-dijo mientras señalaba una escoba que no paraba de barrer sin nadie que la moviera. El matrimonio no paraba de mirar allí i allá alucinando con todo.
-Disculpen el desorden señores, pero aunque tenga muchos hijos no hay ni uno que me ayude-dijo la señora Weasley a los Granger fulminando a sus dos hijos, Percy y George, que estaban sentados en el sofá leyendo y jugando.
-Mamá, si eres tú que no quieres que hagamos nada!-dijo George levantándose del sofá y dirigiéndose hacia donde estaban.-George Weasley señores, encantado. Soy el tercer hijo de la familia. –dijo George extendiéndoles la mano para saludarlos. Los señores Granger le correspondieron, pero Harry notó que lo miraban con pena, seguramente se acordaban de lo que les habían explicado sobre la guerra y la muerte de Fred.
Después de él, se acercó Percy para presentarse.
-Percival Ignatius Weasley, encantado-dijo, haciendo el mismo gesto pero más formal que su hermano.
-Vamos Percy! Que son de la familia! Seguramente ya saben que todos te llamamos Percy –dijo George burlón haciendo que su hermano pusiera mala cara.
En ese momento, Harry aprovecho para irse a buscar a Ginny pero se topó con Hermione a mitad de camino. Le dijo que iba a preguntar a la señora Weasley donde se hospedarían sus padres y para explicarles un poco como funciona todo en una casa de magos, ya que debían estar asustados o extrañados. Después, Harry continuó subiendo las escaleras hasta el cuarto de Ron, estaba exhausto y solo quería tumbarse un poco y disfrutar de haber vuelto a casa.
No se dio ni cuenta de que se había dormido hasta que lo despertó un beso, un beso que él ya conocía muy bien. Abrazó a la propietaria de ese beso sin ni siquiera abrir los ojos y la tumbó a su lado haciéndola reír. En ese momento solo quería estar así con ella toda la noche o, porque no, toda la vida.
-Vamos Harry, que mi madre ya empieza a mosquearse porque nadie le hace caso para ir a cenar. –dijo Ginny acariciándole el pelo.
-Es que se está tan bien…-contesto Harry quejándose.
-Lo sé, pero en serio tenemos que bajar.
Harry abrió los ojos con desgana, no quería ir a cenar, se quería quedar allí con Ginny, pero sus tripas lo delataron haciendo mucho ruido y provocando una carcajada de su pelirroja. Bajaron los dos cogidos de la mano, ahora ya que más daba si todos sabían lo suyo. Se disculpó con la señora Weasley al ver que eran los últimos excusándose de haberse quedado dormido.
Durante la cena, Harry no paraba de ver como los Weasley lo miraban a él y a sus dos mejores amigos. Sabía que los Granger habrían comentado algo de su aventura sin querer y que querían una explicación. Así pues, miro a sus dos compañeros del alma y asintió la cabeza dándoles permiso para hablar.
-Bueno, como veo que no van a parar las miraditas de reproche os queremos contar lo que hicimos durante nuestra ausencia el año pasado.-dijo Ron limpiándose la boca con la servilleta.
-Menos mal! Creía que os lo tendría que sacar a golpes!-grito aliviado George.
-George! se educado! –gritó su madre.
Empezaron a contarles todo lo que había sucedido igual que lo habían hecho con los Granger, se cortaban de vez en cuando ya que alguno se había saltado algún suceso y, ya que estaban puestos, no querían dejarse nada que contar para no tener que volverlo a hacer. Al final se quedó un silencio incómodo. Harry le pareció que a la Señora Weasley se le humedecían los ojos y que al señor Weasley se le ponía la cara roja de rabia. Lo mejor de todo era la cara de Percy y George, no les hubieran cerrado esa boca abierta ni con tenazas.
-Ay Merlín….pero como se os ocurre…-dijo la señora Weasley tapándose la cara con las manos.
-Que no tenéis conciencia ni razonamiento o qué?-grito el señor Weasley.-Podrías haber muerto! O peor, torturados con la maldición imperius hasta enloquecer!
-O tirados a los dementores….-dijo Percy fríamente.
Los Granger ponían cara de no saber que decían, para ellos no había nada peor que la muerte. Por suerte, Ginny les aclaró las dudas contándoles que era la maldición Imperius y los dementores. De repente las cara les paso de confundida a preocupada.
-Princesa, estás diciendo que te hicieron eso….la madicion esa….-dijo su padre abrazando a su madre mientras se le atragantaban las palabras.
-Si papá, y te aseguro que no es una experiencia que quiera recordar ni volver a vivir….-dijo Hermione cabizbaja.
-Admiro vuestra valentía pero sois unos insensatos!-dijo el señor Weasley dando un golpe en la mesa. –Nos tendrías que haber pedido ayuda y dejar que lo hiciéramos los mayores!
-Lo diento mucho de verdad, pero Dumbledore me pido personalmente que no lo contara a nadie más que no fuera Hermione y Ron. Supongo que por si a alguien se le escapaba la lengua o si lo sucumbían para que lo soltara. Al ser nosotros tres quienes teníamos que hacer el trabajo, estaba mejor guardado el secreto. Os prometo que sino os lo hubiera contado a todos, pero él confió en mí y después supe por qué…..yo era un horrocrux y esa noche tenía que morir.-dijo Harry sin una gota de pena.
-Hijo….por suerte no paso…-dijo Molly levantándose de la silla para acercarse a abrazar a Harry.
-Esa es una de las cosas que no entiendo. Como es que no moriste?-pregunto George.
-Ni yo le sé, y creo que ese secreto se lo llevó Dumbledore a la tumba si es que sabía algo al respeto y, sino, lo hubiera sabido después que pasara. –dijo Harry, esta vez sí con tristeza recordando a su querido profesor que tanto lo ayudó y lo cuidó.
Acabaron de cenar y los primeros en disculparse para levantarse fueron los Granger que justificaron su ida con que querían descansar. Se acercaron a su hija y le dieron un beso de buenas noches. Hermione se veía diferente, más ella, y Harry pensó que era porque sus padres ya estaban en casa. Al final, acabaron por subir todos a su habitación, Harry se despidió de Ginny con un beso dulce y Ron hizo lo mismo con Hermione. Cuando llegaron a la habitación, se pusieron los pijamas limpios que les había dejado la señora Weasley encima de la cama. Harry no tenía sueño, no quería dormir, solo deseaba estar envuelto en los brazos de Ginny, la necesitaba después de todo. Ella era la única que lo reconfortaba de verdad. No se dio ni cuenta y, con esos pensamientos de su chica, se quedó dormido.
Se despertó al notar una sacudida en su cama, aún era de noche, todo estaba oscuro. Intento hacerse el dormido pero, cuando sintió el olor de su invasor de la cama, solo pudo sonreír. Ginny se metió dentro de las sabanas y le dio un beso a Harry.
-Tu hermano te va a oír...-dijo Harry en un susurro
-Como sabias que era yo?-preguntó Ginny susurrando también.
-Por tu olor, es inconfundible.-y le pareció ver una silueta de sonrisa en la cara de Ginny.
-No podía dormir, quería estar contigo.-dijo Ginny dándole otro dulce beso.
Pero Harry la necesitaba, la necesitaba tanto que el beso que le correspondió fue más intenso, un beso íntimo. Mordió esos labios que tanto le gustaban para volver a besarla. Entro su lengua en la boca de ella lentamente para empezar un baile con la suya. Le volvía realmente loco esa chica, no sabía porque pero solo ella había conseguido ponerlo así. Bajo su boca hasta el cuello de ella, besándolo y mordiéndolo suavemente y noto que Ginny empezaba a respirar más agitadamente.
-Harry, nos va a oír…-dijo Ginny entre gemidos silenciados.
-Este no se despierta ni que tu hermano haga explotar la casa-dijo Harry oyendo como Ron roncaba en la cama del lado sin enterarse de nada. Ginny sonrió y se dejó llevar por los besos de su moreno.
Las manos empezaron a entrar en juego, recorriendo todo el costado de Ginny por encima del camisón hasta llegar al borde de este. Harry no dudo en meter la mano debajo de su camisón y empezar a subir la mano otra vez arrastrando esa prenda con él. Llegó a sus pechos desnudos, estaban suaves y los pezones ya los tenía endurecidos cosa que hizo excitarle aún más. Pasó su pulgar por estos tan duros acariciándolos lentamente y notó que Ginny escondía su cara en su cuello para silenciar sus gemidos. Aun no podía creer como sus caricias la hacían poner así y siguió con el otro pecho para empezar a besarle el cuello de nuevo. Con la otra mano le bajo los tirantes del camisón y dejo expuestos los dos redondos pechos perfectos de ella, sus besos fueron bajando lentamente hasta la altura de su pezón izquierdo que empezó a lamerlo y besarlo con lujuria. Ginny ya no gemía sino que gritaba, nunca pensó que fuera tan pasional y escandalosa. Harry pasó su boca al otro pecho mientras acariciaba el que había dejado con su mano izquierda. Poco a poco, la cosa se fue intensificando y decidió bajar la mano que tenía en su pezón hacia la ropa interior de Ginny.
-Me juego 10.000 galeones que estas mojada…-susurro Harry.
-No sería una jugada justa…- le contesto Ginny con un gemido.
Siguió bajando la mano hasta que se dio cuenta que su chica tenía razón, estaba completamente mojada, la humedad traspasaba sus braguitas de algodón. Le encantaba notar esa calentura en su mano, era totalmente placentero. Harry siguió lamiendo el pezón de Ginny mientras que con la mano acariciaba su intimidad por encima de la ropa interior. Ginny, por asombro de él, le pidió más y el correspondió apartando sus braguitas para quedarse piel con piel. Era tan suave esa parte de ella y mojada aún más, pensó que quería tenerlo toda su vida. Ginny cada vez gritaba más seguido y aun intensificó más sus gritos cuando Harry empezó a acariciarle toda su intimidad de arriba abajo con sus dedos, esos dedos de él que hacían magia con ella. A Harry le preocupaba que su amigo se diera cuenta de lo que estaban haciendo pero, aun así, no paró y siguió su trabajo. Con el pulgar acarició la entrada de la vagina de ella llenándolo de sus flujos para acariciarle después el clítoris. Comenzó con movimientos lentos pero, al ver que Ginny movía sus caderas buscando más fricción, intensifico sus movimientos y volvió a lamerle los pezones. Su dedo pulgar daba vueltas y acariciaba el clítoris de ella sin miramientos, oírla gritar contra el cojín era música para sus oídos. Decidió introducirle un dedo mientras seguía lamiendo los pezones y sin dejar de mover su dedo pulgar. Ella correspondió con un grito más fuerte, pero no paro y empezó a moverlo más rápido y a tocarla y lamerla más intensamente. Al final, vio que Ginny empezaba a agitarse y sabía que su orgasmo no estaba lejos, así pues, metió otro dedo para moverlo igual de rápido y fuerte que el otro. Sus envestidas eran rudas pero a ella no le molestaban, le encantaba que fuera así de decidido. Quiso mover más rápido el dedo pulgar para estimularla más y dio resultado. Ginny empezaba a contraerse y aumento más aun sus movimientos mientras le mordían y estiraba su pezón derecho con los dientes. Ella explotó, con un intenso orgasmo que intento ocultar tanto como pudo con la almohada y el cuello de Harry. Al final se paró extasiada.
-Ahora no me digas que no puedes dormir porque no me lo voy a creer-dijo Harry divertido.
-Estoy muerta, eres el mejor-le contesto Ginny dándole un intenso beso y lo abrazo.
Harry le coloco bien el camisón y las bragas para después taparla bien y colocarla encima de su pecho.
-Buenas noches Ginny.-y se quedaron dormidos.
