Acto Nueve.
"Para mi Dama"
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Kaoru despertó sola por la mañana, frunciendo el ceño al notar el lado vacío junto a ella. No le agradaban las nuevas costumbres de Kenshin en esta nueva casa de Misao y Aoshi. Siempre se levantaba muy temprano y regresaba tarde. Al menos, le dejaba una bandeja con su desayuno, pero así y todo, le molestaba verlo tan poco. Misao le decía que iba a ayudar a Aoshi en su empleo.
Pero además, Misao casi no hablaba con ella... estaba todo el día pendiente de sus niños y a veces le preguntaba sobre su salud. Kaoru se empezaba a sentir muy sola.
Se terminaba de vestir cuando sintió dos golpecitos en la puerta. Era el señor Hiko...
A Kaoru le extrañó sobremanera verlo allí, y no entendía por qué se aparecía en su habitación cuando ella estaba sola. Se preparó para defenderse de algún posible ataque, hasta que notó un dejo absolutamente paternal en su mirada hacia ella. Y se tranquilizó notoriamente.
-Buenos días, señorita Kamiya.-
Kaoru sonrió.
-Soy la señora Himura ahora, señor Hiko.-
Kakunoshin miró a Kaoru... seguramente sería posible lo que él imaginaba. Y si era así...
Kaoru notó a Hiko sonreír ampliamente... entonces él sacó algo que traía tras su espalda.
-Es para usted... por hacer de Kenshin un hombre tan feliz.- Hiko le alargó un paquete que contenía un pastel con mucha crema... justo lo que a Kaoru se le antojaba para su desayuno. Y traía una rosa encima, de Mazapán y de color blanco. Aunque Kaoru no conocía ese nuevo sabor, le gustó mucho.
-Gracias, señor Hiko... es usted muy amable.
-De nada, Kaoru. Es que... a decir verdad, pienso que no la conozco lo suficiente. Creo que es la oportunidad de conocer algo más de su historia. Y tengo toda la mañana para escuchar. ¿Sería usted tan amable de contarme la historia de su vida? ¿Y el cómo conoció a Kenshin?
Kaoru sonrió... por un pastel así... cualquier cosa...
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Tres horas después, Kakunoshin salía de la habitación de Kaoru bastante contento. Kakunoshin tenía una mente sumamente abierta y para él no era impensable el que Kaoru estuviera recordando cosas de una vida anterior... en la que él formó parte.
Kakunoshin siempre se había sentido atraído por el tema... y sabía de una teoría que dice que la gente reencarnaba junto a sus seres cercanos, aunque a veces en otro orden... es decir, si en una vida anterior fueron pareja, en su nueva vida bien podían ser hermanos o tener el mismo sexo...
Pero le llamaba mucho la atención el hecho de que esta reencarnación fuera tan similar a la anterior... incluso se repetían algunas diferencias de edades... eso en seguida lo hizo sumar dos más dos... era lógico entonces que Keishi fuera en su vida anterior el antepasado Kenshin Himura.
La mente de Kakunoshin hilvanaba frases y recuerdos que le completaron el cuadro y no se sorprendió demasiado al llegar a la conclusión que entre su nieta postiza y su hijo pasaba algo. Entonces pensó que la decisión de Misao y Aoshi de dejar a Keishi cuidando a Kaoru por las noches era similar a dejar a un gato hambriento cuidando un trozo de filete sobre la mesa. Kakunoshin pensaba que sin duda, lo de las vidas pasadas era interesante, pero lo realmente importante era esta vida y lo que hacemos de ella... y eso lo llevó a detenerse en seco...
De inmediato llamó a Tokio, donde Omasu se encontraba, haciendo algunos trámites para él, aprovechando su puesto como corredora de bienes raíces en una importante empresa de la región.
-Hola, Kaku... si, esposo... está casi listo... dentro de una semana tienes una cita con los abogados para recuperar el dojo Himura.-
-Perfecto, Omasu... no sé por qué antes no le presté atención antes a ese dojo, pero es mío... es nuestro. Y será para Keishi.-
Omasu se extrañó mucho con esa idea...
-¿Por qué?... Kaku, no te entiendo... -
-Mhhhh... porque algo me dice que nuestro hijo necesitará un refugio. Y como su padre, se lo proporcionaré si me es posible.
Kakunoshin cortó la comunicación rato después, después de haber puesto al tanto sobre la salud de Kaoru a Omasu. En cuanto se vio libre del teléfono, Hiko se sentó en un sofá a ver televisión, sin verla realmente, mientras pensaba... que era cierto que lo que importa es la vida que uno está viviendo en ese momento... pero también era cierto que a veces servía para reparar daños causados con anterioridad. Y él, como Hiko Seijuro... o Kakunoshin Nitsu, le había hecho daño a Kenshin al hacer de él un arma de combate. Y es que Kakunoshin se había conmovido mucho con la historia que le relató Kaoru sobre lo que ella sabía del pasado de Kenshin.
Kakunoshin siempre había notado una mirada especial en Keishi, siendo muy niño. Y le llamaba mucho la atención su empeño de no aprender técnicas de matar. De hecho, jamás alardeaba de lo que había aprendido realizando su servicio militar. Pero lo peor de todo era esa mirada que tenía para Kaoru... sin duda en esta vida Keishi aplicaba la lección que tan duramente había aprendido en la anterior sobre no matar, y volvía a entregar todo su corazón a una joven dama.
Y Kakunoshin había cometido un nuevo error en esta vida... dejar que Keishi siguiera viviendo con su hermano y la joven Kamiya... él ya lo había notado extraño antes... pero ahora tenía un presentimiento que le llenaba de desazón... si Keishi era como Kenshin... y se estaba viendo que así era... necesitaría pronto un lugar para refugiarse.
¿Y qué mejor que el dojo Himura, para tal propósito?
¿Qué tal hacerlo regresar a su verdadero hogar?
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Keishi nuevamente escupía sangre y estaba en el piso... uf...
Y Sanosuke esgrimía su puño defensor.
Keishi no se levantó. Sólo se quedó en su sitio, con la cabeza gacha.
Y Sanosuke le miraba de modo extraño.
-Vamos... ¡levántate, maldita sea!... no me decepciones asi... ¡LEVANTATE!-
Keishi se puso en pie de mala gana. Pero igual le miró directo a los ojos.
-Ya sé que soy de lo peor y si me denunciaras a Saito, no te culparía... Sanosuke.-
Sanosuke entonces levantó nuevamente el brazo y Keishi se quedó quieto, esperando el golpe. Sano, como su amigo y confesor, ya sabía todo.
Pero entonces Sanosuke lo abrazó.
-No soy quien para jugarte. Soy tu amigo, Keishi... y soy un amigo que... a pesar de que hayas obrado mal, está aquí para decirte que... para recordarte que eres humano... un humano excepcional que reconoce sus errores y que trata de no dañar a nadie... por eso no eres basura como repites tan a menudo... Eres sólo un hombre enamorado, un poco loco quizá... y que hasta ahora y desde hace años había mantenido una línea de conducta intachable para con tu señorita Kaoru... escúchame... ese golpe no ha sido de castigo... ha sido para despabilarte un poco... estás demasiado obsesionado con el bien y el mal... Keishi...-
-Sano...amigo... gracias.-
-Escúchame... no puedo ayudarte a cambiar el pasado, pero... puedo echarte una mano con el futuro.-
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La oscuridad inundaba el cuarto cuando Keishi finalmente llegó. Kaoru estaba despierta, esperándolo.
Había un enorme ramo de flores en un jarrón... y exhalaban un delicioso aroma.
-Se lo pedí a Misao cuando salió de compras... dice que en mi estado no es bueno salir demasiado.-
Keishi recordó que Kaoru aún creía que estaba embarazada. De hecho... el médico le había seguido el juego... decía que era un estado temporal lo que pasaba en su mente, mientras el subconsciente se preparaba para recordar...
-Son muy bonitas- asintió Keishi, sentándose en la cama. Estaba listo para acostarse.
-¿Kenshin...?-
-Si, mi amor?
-Quiero volver a Tokio...quiero regresar a casa. Kenshin... no deseo estar aquí... tú casi no estás... y Misao no habla conmigo tanto como antes... yo no sé por qué todos están tan raros conmigo... me siento muy sola, Kenshin... -
Keishi sintió esa emoción tan habitual que le oprimía el pecho. Hasta la Kaoru antigua sufría por su culpa... por su empeño de mantenerla aquí para no hacer sufrir a la otra...
-Kaoru... quiero que sepas hoy, y siempre... que te amo más que nunca... prométeme que eso nunca lo olvidarás.-
Kaoru sonrió.
-Te lo prometo-
-Prométeme, mi amor... que serás siempre una chica fuerte.-
-Te lo prometo, Kenshin... pero... ¿qué te pasa?-
Keishi forzó una sonrisa.
-Nada que un fuerte abrazo no pueda resolver, Kaoru.-
Kaoru empezó a besarlo insistentemente. Keishi simplemente le correspondió, tomándose el tiempo necesario para saborear sus labios con calma y extraer de ellos todo aquél sabor dulce que tanto ansiaba de ella... fue entonces cuando comenzó a deslizarse hacia el delgado cuello. Y ahí se detuvo.
La contempló largo rato, tratado de memorizar cada uno de sus finos rasgos.
-¿Fuiste conciente alguna vez de lo joven que eres para mí, Kaoru?-
La joven sonrió.
-Al comienzo, cuando te conocí, pensé que no eras demasiado mayor que yo... luego cuando me confesaste tu edad, me asusté un poco y pensé que sí eras mayor... pero después... pensé que sólo tú me comprendías tan bien gracias a tu experiencia... y que solo yo podía darte tanto cariño con la fuerza de mi juventud. Y creo que hasta ahora funciona de maravillas esa combinación.-
-Ya veo.- suspiró Keishi. Luego la tomó de la mano y la ayudó a levantarse.- Ven conmigo... tengo que enseñarte algo.
Una de las puertas del ropero de Keishi tenía un enorme espejo de cuerpo entero... guió a Kaoru hacia él. Y Kaoru Kamiya, por primera vez en su vida, se contempló completamente.
Desde el accidente, Kaoru no había mostrado demasiado interés en los espejos, salvo los de mano... Keishi pensó que posiblemente antes no había podido permitirse uno de ese tamaño tan grande.
Por eso, ahora, Kaoru "antigua" se miraba soprendida y notaba el contraste de su cuerpo pequeño y delgado al lado del de Kenshin, quien de pronto se veía tan grande al lado de ella, dominándola por completo con su porte...
Ella vestía un camisón de dormir casi blanco y muy ligero, que resaltaba la estrecha cintura y los pechos jóvenes y pequeños. Kaoru siempre se había pensado más adulta con su cuerpo, pero ahora le parecía estar viendo a una niña...
Notó el cabello negro y largo tomado tras las orejas, revelándolas pequeñas y blancas, levemente coloradas en hacia los bordes. Vio sus ojos, abiertos de par en par resaltando en el rostro pálido, con un color azul como el mar...
¿Cómo el mar?
Miró a Kenshin directamente a los ojos...
-Mis ojos son azules como el mar... y los tuyos... son del color... del color de un atardecer...- Kaoru empezó a sollozar- Cuando mire a tus ojos, recordaré el día que conocí el mar...cuando empezaba mi felicidad junto a ti... Keishi...-
Keishi había imaginado que Kaoru no podría regresar por completo si antes no se reconocía... y por eso la idea del espejo. Su corazón dio un salto cuando Kaoru usó su nombre para referirse a él. Ya empezaba a odiar que lo llamara "Kenshin"
-Bienvenida... bienvenida, nenita...-
Kaoru miro asustada hacia todos lados, temiendo que algo cayera sobre ella en cualquier momento... luego se abrazó fuertemente a él.
-Fue horrible... horrible... él me amenazó... me dijo cosas terribles... Keishi... Keishi, ¡¡¡no permitas que vuelva a tocarme!!!-
Keishi la guió a la cama para sentarse y asi preguntarle qué había sucedido, pero con todo el tacto posible. Y Kaoru pronto empezó a recordar y a relatárselo todo.
Pero por alguna extraña razón... era incapaz de recordar sus vivencias como la Kaoru antigua.
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Kaoru dormía cómodamente en su habitación, acompañada de Inushiro como su nuevo guardián, en tanto Keishi relataba a Misao, Aoshi y Kakunoshin lo que le había confesado Kaoru.
-Dice que Shishio se abalanzó sobre ella y le dijo que llevaba tiempo observándola... que se estaba volviendo una mujer muy hermosa, tanto como lo había sido Okón, su madre... que eran muy parecidas y que por eso él la haría su mujer también... Kaoru le espetó que eso era una aberración porque ella era su hija y él respondió que no, que Okón le había sido infiel y que por eso él la golpeaba tanto para enseñarle a respetarlo... pero que de todos modos ella era hija de otro sujeto. Y que eso era bueno, porque asi, en cuanto ella creciera un poco más... él la buscaría para probarla... Kaoru dice que en ese momento él empezó a agredirla y entonces ella vio el modo de escapar de él... dice que luego vio la escalera y que sus recuerdos llegan hasta allí.-
Keishi salió rato después de la habitación, para dirigirse al dormitorio de Kaoru... la observó dormir y pensó que tendría que ser más cuidadoso y protegerla bien de Shishio, quien volvería a atacarla nuevamente. Luego meditó en la estupidez que había cometido al dejarse llevar por su deseo hacia la chica. Si bien Sanosuke tenía razón, eso no significaba que estuviera libre de culpa.
Cerraba la puerta con cuidado, cuando la escuchó gritar... corriendo llegó hasta ella. Pronto llegaron Aoshi y Misao.
-¡¡¡No dejes que me toque, no quiero que me toque... aléjalo, Keishi...!!! ¡Me da mucho asco!-
Misao se acercó a la cama...
-Kaoru, cariño... has tenido una pesadilla... Shishio ya no está aquí para atacarte. El padre de Megumi dispuso de un policía que resguarda la casa por las noches, mientras ese hombre era capturado por la policía.
La joven se calmó considerablemente. Y aseguró estar bien... pero cuando iban saliendo todos...
-Keishi... tío Keishi... podrías cuidar de mí esta noche... por favor-
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Cuando Yahiko miraba a los ojos de Kaoru, le daba la impresión de que algo se había roto dentro de ella. Se veía a veces algo desanimada, aunque pronto volvía a sus estados habituales de vitalidad y buen ánimo.
Habían pasado ya tres semanas desde que Kaoru había regresado a ser ella misma y se sentía molesta porque tenía lagunas mentales.
Era incapaz de recordar lo sucedido entre su llegada al hospital y su regreso de memoria... no recordaba dos semanas de su vida y eso la inquietaba, porque algo no estaba bien. Desgraciadamente, sin memoria no podía hacer gran cosa.
Había revisado su diario de vida en busca de respuestas y descubrió con tristeza que no había escrito nada en ese tiempo... luego le preguntó a Misao qué le había pasado en esas dos semanas y Misao le contestaba que había estado rara, hablando de que iba a ser mamá y recordando cosas imposibles, además de confundir a la gente.
-Al menos te decías ser la esposa de Keishi, asi que le hacías caso en todo. Él se ofreció a cuidarte para que no te internaran en un centro de enfermos mentales, asi que antes de salir por las mañanas a la escuela o a la editorial, Keishi te daba instrucciones que tú seguías al pie de la letra. Por eso no salías ni hablabas con extraños... y luego él te seguía cuidando por las noches.
Kaoru volvió al presente y se fijó en la bella Megumi acercándose sonriente.
-Hola, Kaoru... Tsubame... hermano. Mmmhhh, traje pastel para el postre... ¿alguien desea un poco? Ya que el cabeza de pollo no puede comer estas delicias... pensé en ustedes. Y es que debo celebrar el que me haya ido tan bien en un examen.-
Hacían la tarea en casa de Megumi y Yahiko. Afortunadamente Kaoru pronto se puso al día en las materias...
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Sanosuke se detuvo en frente de la casa de Saito nuevamente, bastante nervioso. Apretaba con fuerza un ramito de flores, en tanto su mente se dividía en decirle por una lado que era un estúpido y por otro lado diciéndose que sólo era un estúpido, pero bien enamorado.
Megumi notó una sombra moverse afuera de la casa. Justo cuando Sanosuke había decidido que simplemente era un estúpido y se daba la vuelta para irse, Megumi lo llamó.
-¡Sanosuke... qué sorpresa!... pensé que hoy trabajarías hasta tarde.
Sanosuke suspiró. Era un estúpido bien enamorado. Era la única explicación al temblor de sus piernas ante la visión de Megumi. Y en silencio la siguió hacia el interior de la casa.
Cuando Sanosuke cruzaba el umbral de la puerta, dejaba atrás su arrogancia y su pose de hombre fuerte para estar a solas con ella. Y se convertía en el acompañante perfecto y el hombre tierno que podía ser.
Megumi tomó las flores de las manos de Sanosuke y sonrió.
-Gracias Sano, están muy hermosas...- Megumi estaba emocionada... qué bonito gesto...
Sano le iba a decir un piropo acorde con la situación a Megumi... pero detuvo su lengua al contemplar a Kaoru, Tsubame y Yahiko mirándole con los ojos muy abiertos.
Kaoru sonreía asi como el resto. Sanosuke decidió volver a ser él...
-Bah... bueno... seguramente lo sean... ¿qué hay para comer?.
Megumi frunció el entrecejo.
-Hice un pastel.-
-¿Le pusiste azúcar?-
-Claro que si, tonto... los pasteles llevan azúcar.-
-Bahhh... me rehúso a comerlo... no quiero morir. Le hubieras puesto sacarina...-
-¡Claro... llegas de improviso a comer gratis y además exiges que te cocine como si todos aquí fuéramos diabéticos!-
-¡¡Bueno... si fueras una buena doctora pensarías en la salud de todos al cocinar!!-
-Pedazo de imbécil... la sacarina trae problemas a las personas sanas... ¿no lo sabías?... ¡¡de hecho ni siquiera es bueno que la tomes tú!!-
Yahiko miraba asombrado la transformación de esos dos... de parejita de enamorados, ahora se miraban con ganas asesinas. Finalmente Megumi cedió.
-Vamos a decorar el pastel con sacarina que está enfriándose en la cocina, cabeza de gallo. Ese pastel sí lo hice para ti.-
Ya en la cocina, a solas, Sanosuke extrajo algo desde dentro de su chaqueta negra. Una cajita con un enorme moño rojo sobre ella.
-Doctora zorrita... ¿aceptaría esta caja de chocolates a cambio de ese pastel?.
Megumi lo observó arrebolarse un momento antes de echarle los brazos al cuello y besarlo con pasión.
Definitivamente le gustaba ese hombre.
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Keishi llegó a casa de Megumi diez minutos después de que Kaoru le llamara a casa diciendo que ya había terminado la tarea y que la pasara a recoger.
-Hola, Kaoru.-
Kaoru observó a su novio... era tan lindo...
-Hola Keishi, ¿nos vamos?-
Se encaminaron a paso lento hacia la casa, guardando cierta distancia entre ellos... no sería bien visto el que se tomaran las manos.
-Kaoru... debo hablar contigo... es un asunto serio.-
-¿Qué pasa?-
Keishi se pasó una mano por el fleco, alisándolo momentáneamente hacia atrás.
-Mi padre desea que me vaya a vivir a Tokio. Aparentemente adquirió una nueva propiedad y desea que yo haga algo en ella. Creo que desea heredármela.-
Kaoru se detuvo en seco.
-¿Qué dices... que... que te irás?-
Keishi negó con la cabeza.
-Mi lugar es cerca de ti, donde pueda cuidarte. Rechacé la proposición... pero mi padre es insistente.-
-Oh... ya veo.- Kaoru bajó la mirada... sin darse cuenta de que poco a poco se detenía. Keishi se detuvo un momento después que ella.- Entonces sí te irás... es tu papá...-
-No, Kaoru... eso para mí no cuenta. Para mí sólo cuentan las palabras de tu boca. Me iría solo si me lo pides. Para mí no existe otra palabra más que la tuya para decidir mis pasos.-
-Keishi...-
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Ya en casa todo se desarrolló con normalidad. Misao y Aoshi preparaban algo para cenar, mientras sus niños jugaban con Inushiro. Keishi recibió una llamada del editor, sobre un archivo corrupto en una de sus últimas entregas. Keishi grabó una nueva copia y se encaminó hacia la casa del editor, pues debía terminar de revisar el escrito.
Fue asi como Kaoru se encontró a las diez de la noche, sola y aburrida... después que Aoshi y Misao se retiraron a descansar. Inushiro la entretuvo un poco, pero al dar las once de la noche, Kaoru seguía sin ganas de dormir.
Se encaminó a la cocina a beber algo de leche... quizá eso le ayudaría. Recordó que Keishi tenía algunas pastillas para dormir... y fue a su habitación.
Como siempre todo estaba en orden... y no le fue difícil sustraerle una pastilla... le daba miedo dormirse si él no llegaba... pero debía dormir pronto para llegar a buena hora a clases al día siguiente.
Se dio cuenta de que el computador estaba encendido... seguramente Keishi, en su apuro por salir no se dio cuanta o quiza lo dejo encendido porque pensaba llegar pronto... pero aún no llegaba... quizá le había pasado algo... Kaoru no quería pensar en cosas malas, asi que para distraerse, se acercó a la pantalla y abrió algunos archivos sobre sus escritos. Estaba muy entretenida en eso, recordando las historias que él le relataba cuando era una niña.
Seguía abriendo archivos cuando llegó a uno llamado "Para mi dama". Trató de abrirlo, pero estaba protegido por una clave...
Esto la llenó de curiosidad... quizá eran poemas... tal vez ahí había escrito algo lindo... era una carpeta bastante grande, por lo que veía... Kaoru intentó con muchas palabras y ninguna le dio el acceso hacia la lectura ansiada.
De pronto se le vino una frase graciosa a la mente, como si alguien se la hubiese susurrado al oído.
"De Gozaru"
Kaoru sonreía cuando tecleó la frase. Era una estupidez...
Quizá no tanto porque el archivo se abrió.
Contenía siete documentos, ordenados por año... a partir de 1989. Abrió el último, el de 1996.
Y al leer un poco se dio cuenta que se trataba del diario de vida de Keishi.
Le pareció muy tierno el que él tuviera un diario de vida digital. Se sintió culpable por leer sus intimidades y estaba cerrando el archivo cuando pensó que quizá ahí encontraría las respuestas que buscaba sobre la época en que la abandonó su memoria.
Dicen que el que busca... no necesariamente encuentra lo que le hace feliz...
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"¿Cómo puedo mirarla a los ojos después de lo que le hice?... le quité algo que ella debió entregarme por propia voluntad y no siguiendo los recuerdos extraños de alguien que no es ella. Nadie me garantizaba que su primera vez quisiera entregármela a mí... tal vez en el futuro ella hubiese tenido a un amante... a un amante de su edad con quien compartir tan bello momento.
Mi error fue pensar que mi amor la resguardaba del daño, aún de mí mismo... pero como dice Sanosuke, no puedo dar marcha atrás. Sólo intentar compensarla por el daño que le hice."
Kaoru abrió los ojos sorprendida... ¿daño?... ¿a qué se refería Keishi?... la niña empezó a temblar ante lo que podría encontrar... retrocedió un par de hojas en la lectura, pues esa correspondía al día en que ella recuperó su memoria.
"Se ve tan bella en la penumbra... difícilmente podría haber en este mundo una criatura más perfecta que ella... la oscuridad no es suficiente para apagar la blancura de su cuerpo desnudo ante mí... sus labios se ven perfectamente delineados y aunque sus pechos son pequeños, se aprecia en ellos todo el esplendor de su juventud. Ella entonces rodea mi cuello con sus brazos y sé que estoy perdido, porque enseguida no puedo evitar probar su boca que me tiene loco... no puedo dejar de avanzar hacia su cuello y me es imposible detenerme sin antes llegar a sus pechos y beber de ellos mi propia saliva. Su estómago es aún plano... sus piernas son tan suaves... la seda difícilmente puede igualar eso. Las siento a mis costados, cuando finalmente llego a su centro y penetro en ella... por Dios... ¡cómo la amo! En mi juventud tuve una o dos experiencias... pero... pero son nada en comparación a estos momentos en que alcanzo el clímax junto a ella..."
Kaoru se llevó una mano a la boca para no gritar... con los ojos muy abiertos. Retrocedió aún más en el tiempo de la lectura... ¿a quién se refería Keishi? ¿Tenía una amante?
"Tanto tiempo esperando una oportunidad y finalmente se dio... pero el modo... ¡fue de lo más humillante y estúpido! ¡Fue degradante... pero para ella! ¡Maldita sea mi persona!
Cuando Aoshi me pidió que velara su sueño, llegué a su lado con la intención de acomodarme en una silla cercana... pero la tentación de recostarme junto a ella me venció. Sin embargo, al tocar su cuerpo, ella se acostó sobre mí... y esto me cegó mucho con respecto a mis intenciones con ella. Debí haberme alejado en ese instante, pero no pude... ¡me faltó valor! Más aún al ver sus lágrimas... ella cree que es mi esposa y que por ende debe... debe realizar sus labores como tal. Pero cuando la rechacé se sintió ofendida y yo... yo no pude vencer el sentimiento de culpa por hacerla llorar. Y esa excusa me sirvió para liberar del todo mi deseo y mandar al trasto mi conciencia.
Pero mi pequeña dama es virgen... o lo era hasta anoche... sentí la dificultad para penetrarla cuando llegó el momento. Ella no se quejó, pero me bastó ver su rostro para saber que le estaba doliendo. Y por la mañana encontré algo de sangre en las sábanas... ya me sentía basura por aprovecharme de su amnesia... pero en ese momento...
Se ven tan linda cuando duerme... amo el modo en que sus pestañas negras rozan sus mejillas pálidas... por un lado mi pecho se infla de emoción al pensar que finalmente ella es mía... por siempre mía... pero por otro lado... siento que debería detener esto. Estoy decidido. Esta misma noche lo haré. No puedo volver a aprovecharme de mi pequeña dama, de mi Kaoru. No puedo volver a tomarla..."
Las lágrimas se liberaron de los ojos de Kaoru, empañando la visión que tenía de la pantalla frente a sí. Estaba tan absorta en sus pensamientos que no sintió la puerta abrirse tras ella ni vio a Keishi avanzar...
---------------
Fin acto nueve.
Notas de Blankaoru:
Si no fuera porque me siento pésimo (se me combinó la regla con una gripe) les hablaría de mis aventuras. Como me es imposible fallecer en este momento con solo desearlo, iré a tirarme a una cama a esperar que pase el invierno y viviré de ermitaña... Diox... odio esta parte de ser mujer!!!... no kero ver a nadie y apostaría mi cabeza a que me está subiendo fiebre.
Bueno, hasta la próxima (espero estar mejor).
Chau!!!
"Para mi Dama"
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Kaoru despertó sola por la mañana, frunciendo el ceño al notar el lado vacío junto a ella. No le agradaban las nuevas costumbres de Kenshin en esta nueva casa de Misao y Aoshi. Siempre se levantaba muy temprano y regresaba tarde. Al menos, le dejaba una bandeja con su desayuno, pero así y todo, le molestaba verlo tan poco. Misao le decía que iba a ayudar a Aoshi en su empleo.
Pero además, Misao casi no hablaba con ella... estaba todo el día pendiente de sus niños y a veces le preguntaba sobre su salud. Kaoru se empezaba a sentir muy sola.
Se terminaba de vestir cuando sintió dos golpecitos en la puerta. Era el señor Hiko...
A Kaoru le extrañó sobremanera verlo allí, y no entendía por qué se aparecía en su habitación cuando ella estaba sola. Se preparó para defenderse de algún posible ataque, hasta que notó un dejo absolutamente paternal en su mirada hacia ella. Y se tranquilizó notoriamente.
-Buenos días, señorita Kamiya.-
Kaoru sonrió.
-Soy la señora Himura ahora, señor Hiko.-
Kakunoshin miró a Kaoru... seguramente sería posible lo que él imaginaba. Y si era así...
Kaoru notó a Hiko sonreír ampliamente... entonces él sacó algo que traía tras su espalda.
-Es para usted... por hacer de Kenshin un hombre tan feliz.- Hiko le alargó un paquete que contenía un pastel con mucha crema... justo lo que a Kaoru se le antojaba para su desayuno. Y traía una rosa encima, de Mazapán y de color blanco. Aunque Kaoru no conocía ese nuevo sabor, le gustó mucho.
-Gracias, señor Hiko... es usted muy amable.
-De nada, Kaoru. Es que... a decir verdad, pienso que no la conozco lo suficiente. Creo que es la oportunidad de conocer algo más de su historia. Y tengo toda la mañana para escuchar. ¿Sería usted tan amable de contarme la historia de su vida? ¿Y el cómo conoció a Kenshin?
Kaoru sonrió... por un pastel así... cualquier cosa...
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Tres horas después, Kakunoshin salía de la habitación de Kaoru bastante contento. Kakunoshin tenía una mente sumamente abierta y para él no era impensable el que Kaoru estuviera recordando cosas de una vida anterior... en la que él formó parte.
Kakunoshin siempre se había sentido atraído por el tema... y sabía de una teoría que dice que la gente reencarnaba junto a sus seres cercanos, aunque a veces en otro orden... es decir, si en una vida anterior fueron pareja, en su nueva vida bien podían ser hermanos o tener el mismo sexo...
Pero le llamaba mucho la atención el hecho de que esta reencarnación fuera tan similar a la anterior... incluso se repetían algunas diferencias de edades... eso en seguida lo hizo sumar dos más dos... era lógico entonces que Keishi fuera en su vida anterior el antepasado Kenshin Himura.
La mente de Kakunoshin hilvanaba frases y recuerdos que le completaron el cuadro y no se sorprendió demasiado al llegar a la conclusión que entre su nieta postiza y su hijo pasaba algo. Entonces pensó que la decisión de Misao y Aoshi de dejar a Keishi cuidando a Kaoru por las noches era similar a dejar a un gato hambriento cuidando un trozo de filete sobre la mesa. Kakunoshin pensaba que sin duda, lo de las vidas pasadas era interesante, pero lo realmente importante era esta vida y lo que hacemos de ella... y eso lo llevó a detenerse en seco...
De inmediato llamó a Tokio, donde Omasu se encontraba, haciendo algunos trámites para él, aprovechando su puesto como corredora de bienes raíces en una importante empresa de la región.
-Hola, Kaku... si, esposo... está casi listo... dentro de una semana tienes una cita con los abogados para recuperar el dojo Himura.-
-Perfecto, Omasu... no sé por qué antes no le presté atención antes a ese dojo, pero es mío... es nuestro. Y será para Keishi.-
Omasu se extrañó mucho con esa idea...
-¿Por qué?... Kaku, no te entiendo... -
-Mhhhh... porque algo me dice que nuestro hijo necesitará un refugio. Y como su padre, se lo proporcionaré si me es posible.
Kakunoshin cortó la comunicación rato después, después de haber puesto al tanto sobre la salud de Kaoru a Omasu. En cuanto se vio libre del teléfono, Hiko se sentó en un sofá a ver televisión, sin verla realmente, mientras pensaba... que era cierto que lo que importa es la vida que uno está viviendo en ese momento... pero también era cierto que a veces servía para reparar daños causados con anterioridad. Y él, como Hiko Seijuro... o Kakunoshin Nitsu, le había hecho daño a Kenshin al hacer de él un arma de combate. Y es que Kakunoshin se había conmovido mucho con la historia que le relató Kaoru sobre lo que ella sabía del pasado de Kenshin.
Kakunoshin siempre había notado una mirada especial en Keishi, siendo muy niño. Y le llamaba mucho la atención su empeño de no aprender técnicas de matar. De hecho, jamás alardeaba de lo que había aprendido realizando su servicio militar. Pero lo peor de todo era esa mirada que tenía para Kaoru... sin duda en esta vida Keishi aplicaba la lección que tan duramente había aprendido en la anterior sobre no matar, y volvía a entregar todo su corazón a una joven dama.
Y Kakunoshin había cometido un nuevo error en esta vida... dejar que Keishi siguiera viviendo con su hermano y la joven Kamiya... él ya lo había notado extraño antes... pero ahora tenía un presentimiento que le llenaba de desazón... si Keishi era como Kenshin... y se estaba viendo que así era... necesitaría pronto un lugar para refugiarse.
¿Y qué mejor que el dojo Himura, para tal propósito?
¿Qué tal hacerlo regresar a su verdadero hogar?
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Keishi nuevamente escupía sangre y estaba en el piso... uf...
Y Sanosuke esgrimía su puño defensor.
Keishi no se levantó. Sólo se quedó en su sitio, con la cabeza gacha.
Y Sanosuke le miraba de modo extraño.
-Vamos... ¡levántate, maldita sea!... no me decepciones asi... ¡LEVANTATE!-
Keishi se puso en pie de mala gana. Pero igual le miró directo a los ojos.
-Ya sé que soy de lo peor y si me denunciaras a Saito, no te culparía... Sanosuke.-
Sanosuke entonces levantó nuevamente el brazo y Keishi se quedó quieto, esperando el golpe. Sano, como su amigo y confesor, ya sabía todo.
Pero entonces Sanosuke lo abrazó.
-No soy quien para jugarte. Soy tu amigo, Keishi... y soy un amigo que... a pesar de que hayas obrado mal, está aquí para decirte que... para recordarte que eres humano... un humano excepcional que reconoce sus errores y que trata de no dañar a nadie... por eso no eres basura como repites tan a menudo... Eres sólo un hombre enamorado, un poco loco quizá... y que hasta ahora y desde hace años había mantenido una línea de conducta intachable para con tu señorita Kaoru... escúchame... ese golpe no ha sido de castigo... ha sido para despabilarte un poco... estás demasiado obsesionado con el bien y el mal... Keishi...-
-Sano...amigo... gracias.-
-Escúchame... no puedo ayudarte a cambiar el pasado, pero... puedo echarte una mano con el futuro.-
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La oscuridad inundaba el cuarto cuando Keishi finalmente llegó. Kaoru estaba despierta, esperándolo.
Había un enorme ramo de flores en un jarrón... y exhalaban un delicioso aroma.
-Se lo pedí a Misao cuando salió de compras... dice que en mi estado no es bueno salir demasiado.-
Keishi recordó que Kaoru aún creía que estaba embarazada. De hecho... el médico le había seguido el juego... decía que era un estado temporal lo que pasaba en su mente, mientras el subconsciente se preparaba para recordar...
-Son muy bonitas- asintió Keishi, sentándose en la cama. Estaba listo para acostarse.
-¿Kenshin...?-
-Si, mi amor?
-Quiero volver a Tokio...quiero regresar a casa. Kenshin... no deseo estar aquí... tú casi no estás... y Misao no habla conmigo tanto como antes... yo no sé por qué todos están tan raros conmigo... me siento muy sola, Kenshin... -
Keishi sintió esa emoción tan habitual que le oprimía el pecho. Hasta la Kaoru antigua sufría por su culpa... por su empeño de mantenerla aquí para no hacer sufrir a la otra...
-Kaoru... quiero que sepas hoy, y siempre... que te amo más que nunca... prométeme que eso nunca lo olvidarás.-
Kaoru sonrió.
-Te lo prometo-
-Prométeme, mi amor... que serás siempre una chica fuerte.-
-Te lo prometo, Kenshin... pero... ¿qué te pasa?-
Keishi forzó una sonrisa.
-Nada que un fuerte abrazo no pueda resolver, Kaoru.-
Kaoru empezó a besarlo insistentemente. Keishi simplemente le correspondió, tomándose el tiempo necesario para saborear sus labios con calma y extraer de ellos todo aquél sabor dulce que tanto ansiaba de ella... fue entonces cuando comenzó a deslizarse hacia el delgado cuello. Y ahí se detuvo.
La contempló largo rato, tratado de memorizar cada uno de sus finos rasgos.
-¿Fuiste conciente alguna vez de lo joven que eres para mí, Kaoru?-
La joven sonrió.
-Al comienzo, cuando te conocí, pensé que no eras demasiado mayor que yo... luego cuando me confesaste tu edad, me asusté un poco y pensé que sí eras mayor... pero después... pensé que sólo tú me comprendías tan bien gracias a tu experiencia... y que solo yo podía darte tanto cariño con la fuerza de mi juventud. Y creo que hasta ahora funciona de maravillas esa combinación.-
-Ya veo.- suspiró Keishi. Luego la tomó de la mano y la ayudó a levantarse.- Ven conmigo... tengo que enseñarte algo.
Una de las puertas del ropero de Keishi tenía un enorme espejo de cuerpo entero... guió a Kaoru hacia él. Y Kaoru Kamiya, por primera vez en su vida, se contempló completamente.
Desde el accidente, Kaoru no había mostrado demasiado interés en los espejos, salvo los de mano... Keishi pensó que posiblemente antes no había podido permitirse uno de ese tamaño tan grande.
Por eso, ahora, Kaoru "antigua" se miraba soprendida y notaba el contraste de su cuerpo pequeño y delgado al lado del de Kenshin, quien de pronto se veía tan grande al lado de ella, dominándola por completo con su porte...
Ella vestía un camisón de dormir casi blanco y muy ligero, que resaltaba la estrecha cintura y los pechos jóvenes y pequeños. Kaoru siempre se había pensado más adulta con su cuerpo, pero ahora le parecía estar viendo a una niña...
Notó el cabello negro y largo tomado tras las orejas, revelándolas pequeñas y blancas, levemente coloradas en hacia los bordes. Vio sus ojos, abiertos de par en par resaltando en el rostro pálido, con un color azul como el mar...
¿Cómo el mar?
Miró a Kenshin directamente a los ojos...
-Mis ojos son azules como el mar... y los tuyos... son del color... del color de un atardecer...- Kaoru empezó a sollozar- Cuando mire a tus ojos, recordaré el día que conocí el mar...cuando empezaba mi felicidad junto a ti... Keishi...-
Keishi había imaginado que Kaoru no podría regresar por completo si antes no se reconocía... y por eso la idea del espejo. Su corazón dio un salto cuando Kaoru usó su nombre para referirse a él. Ya empezaba a odiar que lo llamara "Kenshin"
-Bienvenida... bienvenida, nenita...-
Kaoru miro asustada hacia todos lados, temiendo que algo cayera sobre ella en cualquier momento... luego se abrazó fuertemente a él.
-Fue horrible... horrible... él me amenazó... me dijo cosas terribles... Keishi... Keishi, ¡¡¡no permitas que vuelva a tocarme!!!-
Keishi la guió a la cama para sentarse y asi preguntarle qué había sucedido, pero con todo el tacto posible. Y Kaoru pronto empezó a recordar y a relatárselo todo.
Pero por alguna extraña razón... era incapaz de recordar sus vivencias como la Kaoru antigua.
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Kaoru dormía cómodamente en su habitación, acompañada de Inushiro como su nuevo guardián, en tanto Keishi relataba a Misao, Aoshi y Kakunoshin lo que le había confesado Kaoru.
-Dice que Shishio se abalanzó sobre ella y le dijo que llevaba tiempo observándola... que se estaba volviendo una mujer muy hermosa, tanto como lo había sido Okón, su madre... que eran muy parecidas y que por eso él la haría su mujer también... Kaoru le espetó que eso era una aberración porque ella era su hija y él respondió que no, que Okón le había sido infiel y que por eso él la golpeaba tanto para enseñarle a respetarlo... pero que de todos modos ella era hija de otro sujeto. Y que eso era bueno, porque asi, en cuanto ella creciera un poco más... él la buscaría para probarla... Kaoru dice que en ese momento él empezó a agredirla y entonces ella vio el modo de escapar de él... dice que luego vio la escalera y que sus recuerdos llegan hasta allí.-
Keishi salió rato después de la habitación, para dirigirse al dormitorio de Kaoru... la observó dormir y pensó que tendría que ser más cuidadoso y protegerla bien de Shishio, quien volvería a atacarla nuevamente. Luego meditó en la estupidez que había cometido al dejarse llevar por su deseo hacia la chica. Si bien Sanosuke tenía razón, eso no significaba que estuviera libre de culpa.
Cerraba la puerta con cuidado, cuando la escuchó gritar... corriendo llegó hasta ella. Pronto llegaron Aoshi y Misao.
-¡¡¡No dejes que me toque, no quiero que me toque... aléjalo, Keishi...!!! ¡Me da mucho asco!-
Misao se acercó a la cama...
-Kaoru, cariño... has tenido una pesadilla... Shishio ya no está aquí para atacarte. El padre de Megumi dispuso de un policía que resguarda la casa por las noches, mientras ese hombre era capturado por la policía.
La joven se calmó considerablemente. Y aseguró estar bien... pero cuando iban saliendo todos...
-Keishi... tío Keishi... podrías cuidar de mí esta noche... por favor-
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Cuando Yahiko miraba a los ojos de Kaoru, le daba la impresión de que algo se había roto dentro de ella. Se veía a veces algo desanimada, aunque pronto volvía a sus estados habituales de vitalidad y buen ánimo.
Habían pasado ya tres semanas desde que Kaoru había regresado a ser ella misma y se sentía molesta porque tenía lagunas mentales.
Era incapaz de recordar lo sucedido entre su llegada al hospital y su regreso de memoria... no recordaba dos semanas de su vida y eso la inquietaba, porque algo no estaba bien. Desgraciadamente, sin memoria no podía hacer gran cosa.
Había revisado su diario de vida en busca de respuestas y descubrió con tristeza que no había escrito nada en ese tiempo... luego le preguntó a Misao qué le había pasado en esas dos semanas y Misao le contestaba que había estado rara, hablando de que iba a ser mamá y recordando cosas imposibles, además de confundir a la gente.
-Al menos te decías ser la esposa de Keishi, asi que le hacías caso en todo. Él se ofreció a cuidarte para que no te internaran en un centro de enfermos mentales, asi que antes de salir por las mañanas a la escuela o a la editorial, Keishi te daba instrucciones que tú seguías al pie de la letra. Por eso no salías ni hablabas con extraños... y luego él te seguía cuidando por las noches.
Kaoru volvió al presente y se fijó en la bella Megumi acercándose sonriente.
-Hola, Kaoru... Tsubame... hermano. Mmmhhh, traje pastel para el postre... ¿alguien desea un poco? Ya que el cabeza de pollo no puede comer estas delicias... pensé en ustedes. Y es que debo celebrar el que me haya ido tan bien en un examen.-
Hacían la tarea en casa de Megumi y Yahiko. Afortunadamente Kaoru pronto se puso al día en las materias...
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Sanosuke se detuvo en frente de la casa de Saito nuevamente, bastante nervioso. Apretaba con fuerza un ramito de flores, en tanto su mente se dividía en decirle por una lado que era un estúpido y por otro lado diciéndose que sólo era un estúpido, pero bien enamorado.
Megumi notó una sombra moverse afuera de la casa. Justo cuando Sanosuke había decidido que simplemente era un estúpido y se daba la vuelta para irse, Megumi lo llamó.
-¡Sanosuke... qué sorpresa!... pensé que hoy trabajarías hasta tarde.
Sanosuke suspiró. Era un estúpido bien enamorado. Era la única explicación al temblor de sus piernas ante la visión de Megumi. Y en silencio la siguió hacia el interior de la casa.
Cuando Sanosuke cruzaba el umbral de la puerta, dejaba atrás su arrogancia y su pose de hombre fuerte para estar a solas con ella. Y se convertía en el acompañante perfecto y el hombre tierno que podía ser.
Megumi tomó las flores de las manos de Sanosuke y sonrió.
-Gracias Sano, están muy hermosas...- Megumi estaba emocionada... qué bonito gesto...
Sano le iba a decir un piropo acorde con la situación a Megumi... pero detuvo su lengua al contemplar a Kaoru, Tsubame y Yahiko mirándole con los ojos muy abiertos.
Kaoru sonreía asi como el resto. Sanosuke decidió volver a ser él...
-Bah... bueno... seguramente lo sean... ¿qué hay para comer?.
Megumi frunció el entrecejo.
-Hice un pastel.-
-¿Le pusiste azúcar?-
-Claro que si, tonto... los pasteles llevan azúcar.-
-Bahhh... me rehúso a comerlo... no quiero morir. Le hubieras puesto sacarina...-
-¡Claro... llegas de improviso a comer gratis y además exiges que te cocine como si todos aquí fuéramos diabéticos!-
-¡¡Bueno... si fueras una buena doctora pensarías en la salud de todos al cocinar!!-
-Pedazo de imbécil... la sacarina trae problemas a las personas sanas... ¿no lo sabías?... ¡¡de hecho ni siquiera es bueno que la tomes tú!!-
Yahiko miraba asombrado la transformación de esos dos... de parejita de enamorados, ahora se miraban con ganas asesinas. Finalmente Megumi cedió.
-Vamos a decorar el pastel con sacarina que está enfriándose en la cocina, cabeza de gallo. Ese pastel sí lo hice para ti.-
Ya en la cocina, a solas, Sanosuke extrajo algo desde dentro de su chaqueta negra. Una cajita con un enorme moño rojo sobre ella.
-Doctora zorrita... ¿aceptaría esta caja de chocolates a cambio de ese pastel?.
Megumi lo observó arrebolarse un momento antes de echarle los brazos al cuello y besarlo con pasión.
Definitivamente le gustaba ese hombre.
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Keishi llegó a casa de Megumi diez minutos después de que Kaoru le llamara a casa diciendo que ya había terminado la tarea y que la pasara a recoger.
-Hola, Kaoru.-
Kaoru observó a su novio... era tan lindo...
-Hola Keishi, ¿nos vamos?-
Se encaminaron a paso lento hacia la casa, guardando cierta distancia entre ellos... no sería bien visto el que se tomaran las manos.
-Kaoru... debo hablar contigo... es un asunto serio.-
-¿Qué pasa?-
Keishi se pasó una mano por el fleco, alisándolo momentáneamente hacia atrás.
-Mi padre desea que me vaya a vivir a Tokio. Aparentemente adquirió una nueva propiedad y desea que yo haga algo en ella. Creo que desea heredármela.-
Kaoru se detuvo en seco.
-¿Qué dices... que... que te irás?-
Keishi negó con la cabeza.
-Mi lugar es cerca de ti, donde pueda cuidarte. Rechacé la proposición... pero mi padre es insistente.-
-Oh... ya veo.- Kaoru bajó la mirada... sin darse cuenta de que poco a poco se detenía. Keishi se detuvo un momento después que ella.- Entonces sí te irás... es tu papá...-
-No, Kaoru... eso para mí no cuenta. Para mí sólo cuentan las palabras de tu boca. Me iría solo si me lo pides. Para mí no existe otra palabra más que la tuya para decidir mis pasos.-
-Keishi...-
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Ya en casa todo se desarrolló con normalidad. Misao y Aoshi preparaban algo para cenar, mientras sus niños jugaban con Inushiro. Keishi recibió una llamada del editor, sobre un archivo corrupto en una de sus últimas entregas. Keishi grabó una nueva copia y se encaminó hacia la casa del editor, pues debía terminar de revisar el escrito.
Fue asi como Kaoru se encontró a las diez de la noche, sola y aburrida... después que Aoshi y Misao se retiraron a descansar. Inushiro la entretuvo un poco, pero al dar las once de la noche, Kaoru seguía sin ganas de dormir.
Se encaminó a la cocina a beber algo de leche... quizá eso le ayudaría. Recordó que Keishi tenía algunas pastillas para dormir... y fue a su habitación.
Como siempre todo estaba en orden... y no le fue difícil sustraerle una pastilla... le daba miedo dormirse si él no llegaba... pero debía dormir pronto para llegar a buena hora a clases al día siguiente.
Se dio cuenta de que el computador estaba encendido... seguramente Keishi, en su apuro por salir no se dio cuanta o quiza lo dejo encendido porque pensaba llegar pronto... pero aún no llegaba... quizá le había pasado algo... Kaoru no quería pensar en cosas malas, asi que para distraerse, se acercó a la pantalla y abrió algunos archivos sobre sus escritos. Estaba muy entretenida en eso, recordando las historias que él le relataba cuando era una niña.
Seguía abriendo archivos cuando llegó a uno llamado "Para mi dama". Trató de abrirlo, pero estaba protegido por una clave...
Esto la llenó de curiosidad... quizá eran poemas... tal vez ahí había escrito algo lindo... era una carpeta bastante grande, por lo que veía... Kaoru intentó con muchas palabras y ninguna le dio el acceso hacia la lectura ansiada.
De pronto se le vino una frase graciosa a la mente, como si alguien se la hubiese susurrado al oído.
"De Gozaru"
Kaoru sonreía cuando tecleó la frase. Era una estupidez...
Quizá no tanto porque el archivo se abrió.
Contenía siete documentos, ordenados por año... a partir de 1989. Abrió el último, el de 1996.
Y al leer un poco se dio cuenta que se trataba del diario de vida de Keishi.
Le pareció muy tierno el que él tuviera un diario de vida digital. Se sintió culpable por leer sus intimidades y estaba cerrando el archivo cuando pensó que quizá ahí encontraría las respuestas que buscaba sobre la época en que la abandonó su memoria.
Dicen que el que busca... no necesariamente encuentra lo que le hace feliz...
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"¿Cómo puedo mirarla a los ojos después de lo que le hice?... le quité algo que ella debió entregarme por propia voluntad y no siguiendo los recuerdos extraños de alguien que no es ella. Nadie me garantizaba que su primera vez quisiera entregármela a mí... tal vez en el futuro ella hubiese tenido a un amante... a un amante de su edad con quien compartir tan bello momento.
Mi error fue pensar que mi amor la resguardaba del daño, aún de mí mismo... pero como dice Sanosuke, no puedo dar marcha atrás. Sólo intentar compensarla por el daño que le hice."
Kaoru abrió los ojos sorprendida... ¿daño?... ¿a qué se refería Keishi?... la niña empezó a temblar ante lo que podría encontrar... retrocedió un par de hojas en la lectura, pues esa correspondía al día en que ella recuperó su memoria.
"Se ve tan bella en la penumbra... difícilmente podría haber en este mundo una criatura más perfecta que ella... la oscuridad no es suficiente para apagar la blancura de su cuerpo desnudo ante mí... sus labios se ven perfectamente delineados y aunque sus pechos son pequeños, se aprecia en ellos todo el esplendor de su juventud. Ella entonces rodea mi cuello con sus brazos y sé que estoy perdido, porque enseguida no puedo evitar probar su boca que me tiene loco... no puedo dejar de avanzar hacia su cuello y me es imposible detenerme sin antes llegar a sus pechos y beber de ellos mi propia saliva. Su estómago es aún plano... sus piernas son tan suaves... la seda difícilmente puede igualar eso. Las siento a mis costados, cuando finalmente llego a su centro y penetro en ella... por Dios... ¡cómo la amo! En mi juventud tuve una o dos experiencias... pero... pero son nada en comparación a estos momentos en que alcanzo el clímax junto a ella..."
Kaoru se llevó una mano a la boca para no gritar... con los ojos muy abiertos. Retrocedió aún más en el tiempo de la lectura... ¿a quién se refería Keishi? ¿Tenía una amante?
"Tanto tiempo esperando una oportunidad y finalmente se dio... pero el modo... ¡fue de lo más humillante y estúpido! ¡Fue degradante... pero para ella! ¡Maldita sea mi persona!
Cuando Aoshi me pidió que velara su sueño, llegué a su lado con la intención de acomodarme en una silla cercana... pero la tentación de recostarme junto a ella me venció. Sin embargo, al tocar su cuerpo, ella se acostó sobre mí... y esto me cegó mucho con respecto a mis intenciones con ella. Debí haberme alejado en ese instante, pero no pude... ¡me faltó valor! Más aún al ver sus lágrimas... ella cree que es mi esposa y que por ende debe... debe realizar sus labores como tal. Pero cuando la rechacé se sintió ofendida y yo... yo no pude vencer el sentimiento de culpa por hacerla llorar. Y esa excusa me sirvió para liberar del todo mi deseo y mandar al trasto mi conciencia.
Pero mi pequeña dama es virgen... o lo era hasta anoche... sentí la dificultad para penetrarla cuando llegó el momento. Ella no se quejó, pero me bastó ver su rostro para saber que le estaba doliendo. Y por la mañana encontré algo de sangre en las sábanas... ya me sentía basura por aprovecharme de su amnesia... pero en ese momento...
Se ven tan linda cuando duerme... amo el modo en que sus pestañas negras rozan sus mejillas pálidas... por un lado mi pecho se infla de emoción al pensar que finalmente ella es mía... por siempre mía... pero por otro lado... siento que debería detener esto. Estoy decidido. Esta misma noche lo haré. No puedo volver a aprovecharme de mi pequeña dama, de mi Kaoru. No puedo volver a tomarla..."
Las lágrimas se liberaron de los ojos de Kaoru, empañando la visión que tenía de la pantalla frente a sí. Estaba tan absorta en sus pensamientos que no sintió la puerta abrirse tras ella ni vio a Keishi avanzar...
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Fin acto nueve.
Notas de Blankaoru:
Si no fuera porque me siento pésimo (se me combinó la regla con una gripe) les hablaría de mis aventuras. Como me es imposible fallecer en este momento con solo desearlo, iré a tirarme a una cama a esperar que pase el invierno y viviré de ermitaña... Diox... odio esta parte de ser mujer!!!... no kero ver a nadie y apostaría mi cabeza a que me está subiendo fiebre.
Bueno, hasta la próxima (espero estar mejor).
Chau!!!
