Bueno, me tardé un poco más de lo normal, pero el capítulo 9 está listo. Esto se está acabando, creo que sólo le queda un capítulo más. Muchas gracias por los reviews y el apoyo constante. ¡Disfruten!

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Katekyo Hitman Reborn!

Pareja: 8059 (Yamamoto x Gokudera)

Canción: Can't stop loving you – Van Halen.

Advertencias: Inexperiencia. OOC. Personajes originales. Drama.

Disclaimer: KHR! Es de Amano-sensei.

POV: Autor.

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Nono

«Non riesco a smettere di amarti»

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There's a time and place for everything, for everyone

Las miradas de todos los curiosos que pasaban cerca de la catedral se posaron en la mujer que bajaba de aquella elegantísima limosina, ayudada por su Mano Derecha, Giorgio, y su ama de llaves, Ada. El ama de llaves ayudó a Nina a acomodarse el vestido, mientras Giorgio le colocaba el velo sobre el rostro, conteniendo las lágrimas que amenazaban con traicionarlo, al ver a la jovencita que él consideraba casi como su hija. Nina suspiró profundamente, mientras tomaba el ramo de rosas blancas que Ada le tendía.

El vestido de novia de Nina era – porque no podía ser de otra manera – un bellísimo modelo de la nueva colección Armani. Tenía una inmensa falda, como de princesa de cuentos de hadas; era strapless, con un generoso escote con forma redondeada. En su cuello lucía una elegante gargantilla dorada, a juego con los pendientes del mismo tono, adornados con diamantes.

Nina se asió al brazo de Giorgio, mientras un par de niñas rubias, con hermosos vestidos blancos, caminaban detrás de la novia, llevando la larguísima cola del vestido. Ada se adelantó para tomar su lugar dentro de la catedral.

– Vamos, señorita Nina, sonría – le dijo Giorgio, en voz baja, mientras ascendían las escaleras y los flashes de las cámaras iban y venían. Nina hizo lo que el otro le pedía, de forma discreta, intentando que su rostro no reflejara los nervios que sentía.

Pronto llegaron al sitio donde un nervioso Takeshi los esperaba. El rostro de Nina se iluminó y estuvo a punto de arrojarse a sus brazos como una niña, pero recordó el sitio donde estaba y decidió que lo mejor era comportarse. El japonés sonrió y ella le correspondió de la misma manera. Giorgio la soltó y en ese momento comenzó a llorar, balbuceando cosas que sonaban como a "crecen tan rápido".

We can push with all our might, but nothing's gonna come

– La dejo en tus manos, Takeshi – el aludido asintió y le ofreció el brazo a Nina. Ella lo miró, con rostro soñador.

– Takeshi, este es el momento más feliz de mi vida – decía Nina, que lucía como toda una princesa, con aquel impresionante vestido de novia – Que estés a mi lado me hace inmensamente feliz.

Se escuchó entonces la marcha nupcial y todos los presentes contuvieron la respiración. La iglesia estaba a reventar, mientras la novia caminaba lentamente por la alfombra roja, del brazo de aquel apuesto caballero japonés que se había convertido en una de las personas más importantes para ella. Takeshi acarició la mano de la pelirroja, para darle apoyo. Ella sonrió y, con el elegante porte que caracterizaba a los Armani, continuó caminando hacia el altar.

Oh no, nothing's gonna change

– Siempre te amaré… – dijo entonces Takeshi.

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Se maldijo internamente por haberse quedado ahí de pie detrás de él, como un idiota. Se maldito por ser tan iluso. Después de todo lo que había sucedido, ¿qué otra cosa podía esperar? Estaba seguro de que ella le había dado todo lo que él no quiso – o pudo – darle. También estaba el hecho de que ¡era una mujer!, ella podía darle hijos, algo que él jamás podría hacer. Sin embargo, aún le quedaba una inquietud, él siempre le había dicho que lo amaba, ¿tan pronto había olvidado el japonés todo el amor que decía tenerle?

And if I asked you not to try

"Siempre te amaré". Había escuchado esas palabras antes, siendo dirigidas a él mismo. Pero escucharlas salir de sus labios, para dedicárselas a otra persona hizo que sintiera que su corazón terminaba de romperse en miles de pequeños pedazos. Ignorando las exclamaciones que podían escucharse desde el interior de la catedral, corrió de vuelta hacia su auto, mientras tanteaba en su bolsillo, en busca de un cigarrillo.

Su carrera lo llevó a chocar contra alguien, pero no se detuvo para averiguar de quién se trataba, ni siquiera para disculparse. Hayato sólo se detuvo hasta que escuchó la voz de su jefe, que le decía:

– Gokudera-kun, ¿no te quedas a la boda de Nina-san?

Oh, could you let it be

El hombre de cabellos plateados levantó la mirada y posó sus ojos verdes en los orbes castaños de su jefe. Tragó saliva, intentando en vano impedir que las lágrimas escaparan de sus ojos:

– ¿Para qué? – Tsuna parpadeó, confundido. Pero antes de que el jefe pudiera decir algo, Gokudera continuó – No quiero ver cómo la persona que amo se casa.

I wanna hold you and say

– ¿Qué quieres decir? – ahora le tocó a Hayato parpadear, confundido.

Tsuna sonrió cuando finalmente logró comprender lo que estaba sucediendo. El de cabellos castaños le hizo una seña a su Mano Derecha para que lo siguiera. Gokudera obedeció y ambos entraron en la catedral justo cuando Yamamoto dejaba a Nina junto a un hombre de cabello castaño claro, que esperaba en el altar. Gokudera volteó a ver a su jefe, incrédulo.

We can't throw this all away

– Su nombre es Andrea Vasari y es el prometido de Nina-san – Gokudera tuvo que pellizcarse para estar seguro de que no estaba soñando – Ahora, vamos a sentarnos antes de que empiece la ceremonia.

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Yamamoto movía sus ojos de un lado a otro tratando de localizar a "esa persona". Estaba seguro de haberlo visto cuando esperaba por Nina en la entrada de la catedral. También estaba seguro de haberlo visto correr en cuanto Nina y él se encontraron. Pero, ¿adónde se había metido Gokudera Hayato? No estaba dentro de la catedral, de eso estaba seguro. Y sus sentidos agudizados jamás lo traicionaban. El japonés no pudo evitar que se le escapara un corto suspiro, esperando que el otro no hubiera malinterpretado sus palabras.

Tell me you won't go, you won't go

Siempre te amaré, Nina, – era lo que había dicho – como a la hermanita que nunca tuve.

Y mientras desfilaban por la alfombra roja, Takeshi no pudo evitar preguntarle a la chica:

– ¿Estás segura de que no preferías que fuera Giorgio quien te entregara? – ella negó con la cabeza.

– Ambos sabemos lo que estaría pasando en este momento si Giorgio estuviera en tu lugar – contestó. Takeshi rió – Habría llorado desde que estábamos en la entrada y se habría aferrado a mí, gritando, ¡mi pequeña Nina!

Do you have to hear me say

– Creo que tienes razón. Bueno, aquí estamos – añadió él en cuanto llegaron al altar, donde un nervioso Andrea esperaba.

El futuro esposo de la jefa Armani no pudo ocultar su sorpresa, en cuanto vio llegar ante él a la hermosa mujer que pronto se convertiría en su compañera para toda la vida. Nina se sonrojó ante la atenta – y enamorada – mirada que Andrea tenía sobre ella. Yamamoto estrechó la mano de Andrea, antes de decir:

– Cuídala bien.

– Es una promesa – respondió el italiano, tomando la mano de su prometida. Yamamoto asintió con la cabeza, mientras tomaba su lugar, justo al lado de Gokudera.

– Queridos hermanos, estamos reunidos hoy para unir a este hombre y esta mujer en santo matrimonio…

I can't stop loving you

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Sólo supo que sus mejillas se sonrojaran en cuanto halló entre sus manos el hermoso ramo de rosas con el cual la novia caminó hacia el altar, antes de salir corriendo ridículamente del salón, para tomar un poco de aire y fumarse un cigarrillo. Pero no había querido soltar el bouquet al cual sus ojos se devolvían una y otra vez, preguntándose cómo rayos lo había atrapado cuando una ola de mujeres enfrente de él se peleaba por tenerlo entre sus manos.

¿Era un signo, acaso?, se preguntaba, ¿sería el siguiente en casarse? Y, en cuanto llegó a él ese "estúpido" pensamiento, sólo pudo pensar en una persona. Volvió a sonrojarse y chasqueó la lengua, mientras emprendía el camino de regreso a su auto. Estaba seguro de que, entre todo el gentío que había asistido a la recepción, nadie notaría su ausencia.

Claro que Gokudera estaba equivocado.

And no matter what I say or do

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Nina se quitó los zapatos y dejó que el agua del mar acariciara sus pies, mientras el suave viento de la tarde mecía sus cabellos rojos de forma hipnotizante. Yamamoto la imitó, pero se quedó unos pasos detrás de ella, mirándola fijamente. En definitiva se veía más bella desde que se había casado con Andrea. Y entonces recordó las palabras que su padre alguna vez le dijo: "una mujer enamorada siempre se ve más hermosa".

– Tenías razón, viejo – se dijo mientras, irremediablemente, la imagen de Gokudera asaltaba sus pensamientos.

– ¡Takeshi! – la voz de Nina lo sacó de su ensimismamiento. Ella le hizo una seña para que se acercara y él se dirigió hacia donde estaba ella – Entonces, ¿a qué hora sale tu vuelo?

– A las nueve de la noche – contestó. Nina lo abrazó y luego levantó la mirada. Takeshi sonrió cuando vio el gesto, como de cachorro, que le dedicaba.

You know my heart is true, oh

– Voy a extrañarte mucho, oni-chan – dijo Nina.

– Puedo pedirle a Tsuna que me permita quedarme un tiempo más – aventuró él, pero ella frunció el ceño y negó con la cabeza.

– ¡No digas tonterías! – replicó – Tienes que regresar a Japón y arreglar las cosas con Hayato-san – Nina se separó de él y, poniéndose las manos en la cintura, le dedicó una mirada severa – Takeshi, ya lo has recordado, ¿verdad? – él no respondió – No, más bien me atrevería a decir que nunca lo olvidaste. Estoy en lo cierto, ¿no es así, Takeshi?

I can't stop loving you

– Asari, parece que no hiciste bien tu trabajo – se dijo él, colocando la manos dentro de los bolsillos de su pantalón – Pero, después de todo, creo que tenías razón. Nadie sabe lo que tiene, hasta que lo pierde, ¿eh?

– ¿Takeshi? – Nina llamó su atención, al verlo tan sumido en sus pensamientos. Él le sonrió, antes de desordenarle el cabello con una mano.

– Regresaré a Japón y pondré mis sentimientos en orden, es una promesa.

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Aquellas palabras que le había dicho a Nina retumbaban en su cabeza cuando miraba, por enésima vez, la entrada del apartamento que compartía con Hayato. Habían pasado ya dos semanas desde que Takeshi regresó a Japón y en todo ese tiempo no había hecho más que evitar al guardián de la Tormenta. Pero finalmente tuvo que rendirse e ir a aquel lugar, pues ya no le quedaba ropa que no hubiera usado – al menos – dos veces.

Sí, seguía huyendo.

You can change your friends, your place in life

– ¿Por qué rayos estoy tan nervioso? – se dijo, intentando sonar despreocupado – Él ha de estar en la mansión Vongola. No tengo de qué preocuparme.

Y, con esta nueva "resolución" en mente, introdujo la llave en la cerradura y, lentamente, empujó la puerta hasta abrirla. Silencio sepulcral. Takeshi lanzó un profundo suspiro y miró a su alrededor. Nada parecía haber cambiado, al menos a él todo le parecía igual. Continuó su camino y ascendió por las escaleras que llevaban a la habitación que – recordó dolorosamente – compartió alguna vez con él.

You can change your mind; we can change the things we say

El japonés llevó con parsimonia una mano al pomo de la puerta, tragó saliva y luego retiró la mano. Se reprendió mentalmente por tanto drama, giró el pomo y abrió la puerta de golpe. En el momento en que entró en la habitación, cerró la puerta tras de sí y se dio la vuelta para caminar hasta el armario donde guardaba su ropa, sus ojos se abrieron como platos ante aquella visión.

Definitivamente Yamamoto Takeshi no estaba preparado para lo que sus ojos verían en ese momento. Apenas había dado un par de pasos torpes cuando terminó tropezando. ¿Qué debía hacer?

And do any time

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Gokudera maldijo su suerte. Por un momento, cuando Takeshi lo salvó del ataque de un encolerizado Grimm pensó que finalmente lo había recordado. Y es que lo había llamado Hayato, eso tenía que significar algo, ¿o no? Así aquella noche, harto de que el otro lo estuviera evitando, harto de extrañarlo y harto de estar en la mansión bajo la mirada de sus compañeros, Hayato había decidido volver a su apartamento. Al principio no estaba muy convencido, pero se dijo que allí no había sólo malos recuerdos, después de todo, Yamamoto y él se habían amado muchas veces allí.

Oh no, but I think you're fine

Así, decidido, Gokudera había salido de la mansión al atardecer. Al llegar al apartamento aparcó su automóvil y entró, dirigiéndose directamente al baño. Necesitaba una ducha. Luego sintiéndose cansado y sin ánimos de hacer nada, se colocó una bata de baño y se tendió en la cama. Hundió el rostro en una almohada, pero el aroma de Takeshi ya no estaba allí. En cambio, quedaba aún un pobre rastro de la colonia preferida de Hibari, aquella marca italiana que Dino siempre le obsequiaba.

– Estúpido Takeshi, ¿hasta cuándo vas a evitarme? – murmuró – ¿Qué no ves que ya no puedo seguir así? ¡Necesito hablarte! ¡Pedirte perdón!

That when you look inside your heart

El de cabellos plateados lanzó un grito de frustración, poniéndose de pie de golpe. Se acercó al grandísimo armario que compartía con el japonés y comenzó a desordenarlo todo. Finalmente, escogió una camisa de color azul claro y, abrazándola, volvió a tenderse en la cama hasta que, aspirando el aroma de la persona que amaba, se quedó dormido.

Oh baby, I'll be there

Justo en el momento en que acababa de quedarse profundamente dormido, la puerta de la habitación se abrió de golpe. Gokudera no se percató de que el dueño de sus pensamientos acababa de "invadir" el lugar y que él mostraba un aspecto extremadamente vulnerable: tenía sus largas piernas descubiertas y aquella bata dejaba muy poco a la imaginación.

Hold on

I'm holding on

Takeshi tropezó en cuanto sus ojos se toparon con la imagen de un vulnerable Gokudera con muy poca ropa y abrazando su camisa con vehemencia, como si su vida dependiera de ello. Sintió la imperiosa necesidad de arrojarse sobre él y besarlo, acariciarlo, hacerlo suyo. Pero no, no podía hacer eso. Y, antes de cometer alguna estupidez, el japonés agitó la cabeza, alejando aquellos pensamientos. Tomó una pequeña maleta y comenzó a colocar algunas prendas al azar.

En ese momento, Gokudera empezó a sentir frío. Abrió lentamente los ojos y lo vio, de espaldas, rebuscando algo que desconocía en el armario. Se incorporó y se restregó los ojos; estoy alucinando, fue lo que pensó. Tuvo que pellizcarse incluso, para estar seguro de que no era un sueño. Takeshi estaba allí, había regresado. Sus ojos viajaron de la amplia espalda del japonés hasta la pequeña maleta que yacía a sus pies y el miedo lo invadió. ¿Tanto así lo odiaba que quería alejarse completamente de él?

– ¿T-Takeshi? – el aludido se volteó al escuchar su nombre pronunciado de forma entrecortada – ¿Qué ha…?

Baby just come on, come on

– Ah sólo venía por algunas cosas – respondió Takeshi de forma atropellada, rascándose la cabeza antes de darse la vuelta – Descuida, no tardaré mucho. Lamento haberte despertado.

Gokudera parpadeó, confundido. ¿Qué rayos pasaba con esa actitud? Se quedó mirando aquella ancha espada – y quizás algo más – antes de levantarse y caminar hacia él con decisión. Vio cómo el otro se tensaba, pero no volteaba a verlo. Entonces, en uno de esos impulsos que se estaba volviendo comunes en él, lo abrazó.

I just wanna hear you say

Takeshi se tensó aún más y temió que Hayato pudiera escuchar los latidos desbocados de un corazón que jamás había dejado de amarlo. Dejó caer la camisa blanca impecablemente planchada que acababa de sacar, al tiempo que sus manos caían también a ambos lados de su cuerpo, como inertes. No estaba seguro de cómo reaccionar. En otro momento, simplemente se habría volteado para apoderarse de los labios del más bajo. Claro que en ese momento moría por hacerlo, pero algo se lo impedía.

– Go-Gokudera…

I can't stop loving you

– Lo siento. Lo siento. Lo siento – Gokudera escuchó cómo su orgullo se hacía pedazos, pero eso era lo último que podía importarle en ese momento. Ahora era su oportunidad y no iba a desaprovecharla.

– Gokudera, ¿por qué…?

– Cállate – intervino el aludido, bruscamente, mientras se aferraba con más fuerza a aquel cuerpo, como temiendo que el otro pudiera escaparse – Cállate y escúchame hasta el final, porque no voy a repetirlo. Lo siento, de verdad. Soy un idiota. Un gran idiota que arruinó lo único bueno que tenía en su vida, es por eso que, aunque sé que es mucho pedir yo…

And no matter what I say or do

Pero Gokudera ya no pudo continuar, porque sus labios se vieron atrapados por los del japonés, en un beso lleno de anhelo y desesperación. Las manos de Yamamoto sujetaban con delicadeza el rostro del italiano, cuyas temblorosas extremidades apenas tuvieron las fuerzas necesarias para levantarse y aferrarse a saco del otro.

Rompiendo ligeramente el beso para dejar que Gokudera respirara, Yamamoto se dedicó a morder el labio inferior, antes de reclamar aquella boca con sabor a cigarro mentolado que lo volvía loco. Jamás, por más que lo intentara, podría olvidar aquella sensación, aquel sabor que era su perdición.

You know my heart is true, oh

Gokudera sintió que sus piernas no podrían sostenerlo más, por lo que enredó sus brazos en el cuello del más alto, mientras sus dedos se perdían en el sedoso cabello negro de Takeshi. El japonés llevó sus manos hasta la cintura del otro, para acercarlo más a su propio cuerpo, al tiempo que su lengua reclamaba la entrada a aquella cálida cavidad que la recibió sin miramientos. El italiano se vio repentinamente empujado hacia la cama, mientras Takeshi se quitaba el saco y la corbata, que quedaron tirados en el suelo.

– Hayato – dijo. Y Gokudera sintió que su corazón volvía a latir cuando vio aquellos hipnotizantes ojos castaños iluminarse como antaño lo hicieran.

I can't stop loving you

Yamamoto se colocó sobre el de cabellos plateados, quien lucía completamente vulnerable. Las manos del más alto comenzaron a recorrer aquel cuerpo que tan bien conocían, mientras sus labios eran reclamados por Gokudera, que lo haló hasta que sus bocas volvieron a juntarse con anhelo.

– Hayato – repitió Yamamoto, entre beso y beso – Hayato – sintiendo cómo su corazón herido dejaba de dolerle.

Oh, I'm so twisted and tight

And all I remember

Hayato por su parte se sentía totalmente extasiado. ¡Cómo había extrañado a Takeshi!, sus besos, sus caricias, su aroma, ¡maldición!, su simple presencia. Lo amaba, lo amaba y de eso no tenía ni la más mínima duda. Y, aunque estaba consciente de que aún le debía una explicación, sin mencionar una disculpa apropiada, decidió que ya podría preocuparse por ello más tarde. Ahora estaba demasiado ocupado dejando salir sensuales – para Yamamoto – gemidos de éxtasis, mientras su cuello era atacado con avidez.

Pronto aquella única prenda que Gokudera llevaba se volvió una verdadera molestia y, volviendo a besarlo, deslizó sus manos hasta la cinta que mantenía sujetaba – y cerrada – la bata de baño. Takeshi posó sus ojos castaños en los verdes de Gokudera. Pudo ver éxtasis y pasión en ellos.

Y entonces no pudo continuar.

Was how hard we tried

El japonés se levantó de golpe de la cama y se llevó ambas manos al rostro, en un gesto de frustración. Takeshi salió de la habitación, cerrando la puerta de golpe. Gokudera se quedó allí, con el rostro sonrojado, la respiración agitada y un buen problema en la parte baja de su cuerpo. Cuando finalmente su cerebro procesó lo que estaba sucediendo, se puso de pie también, arreglándose la bata y abrió la puerta, cuando Takeshi ya estaba alcanzando el final de las escaleras.

Quiso gritar su nombre, pero descubrió que su voz, como aquella noche, se negaba a salir. Hayato escuchó cerrarse la puerta principal, no sin que antes llegara a sus oídos un "lo siento", en su lengua materna.

Only to surrender

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Pensó en lo irónico que era que aquella noche también estuviera lloviendo. Lo que era aún más irónico era que sus pies lo hubieran conducido hasta el mismo bar de mala muerte donde todo aquello había comenzado. Había perdido esa noche también la cuenta de los tragos de escocés que llevaba ya y la melodía que sonaba en ese momento no lo ayudada tampoco.

And when it's over

Se sintió el hombre más patético y cobarde del universo. Pensó en lo que le diría Nina si llegaba a enterarse y hundió el rostro entre los brazos, mientras un sonoro suspiro se escapaba de sus labios. "Lo siento", le había dicho Gokudera, dejando de lado su orgullo. Había dejado de lado su orgullo para decirle algo más, pero él se lo impidió. ¡Por todos los cielos, estuvo a punto de hacerlo suyo! ¡Idiota, eso era! ¿Por qué desaprovechar aquella oportunidad para recuperarlo, cuando se la servían en bandeja de plata? Fácil, pudo más el recuerdo de aquella noche fatal.

Y por eso allí se encontraba él, en compañía de sus dos grandes amores: el escocés, Johnny Walker Black Label y una tonada de Van Halen.

Justo en el momento en que, con el rostro hundido en la barra, levantaba el vaso para pedir otro trago, se escuchó el sonidito de la campana que anunciaba la llegada de un nuevo cliente. Yamamoto escuchó que alguien se sentaba a su lado.

I know how it's gonna be

– ¿Qué le sirvo, caballero? – dijo el bartender.

– Deme lo mismo que va a servirle al hombre que está a mi lado – respondió el recién llegado – Vamos amigo, lo invito a un trago.

Yamamoto se dio cuenta entonces de que conocía esa voz y no pudo evitar levantarse súbitamente para mirar al recién llegado.

– Entonces, ¿ahogando las penas en alcohol? – Takeshi rió, por la gran ironía de la situación.

And true love never dies

– No, buen hombre, las mías saben nadar.

No, not fade away