IX


Mimi se detuvo a darle un vistazo a su alrededor cuando se percató de que había mucho silencio, y evidentemente, el pasillo por el que regresaba de su última clase de la mañana estaba completamente desierto. No había nadie fuera de los salones y aquellos que estaban ocupados eran las salas de conferencia que, con el fin de evitar la filtración de cualquier ruido externo sus puertas y paredes eran a prueba de sonido.

Al final se encogió de hombros y continuo su camino, no obstante, apenas dio unos cuantos pasos una voz llamó su nombre y por acto reflejo se detuvo con una expresión de fastidio. Se giró sobre sus talones y vio a un muchacho maso menos de su edad, de cabello negro azulado y ojos café claro.

Hideki era una persona… complicada. Mejor dicho, le complicaba la vida a ella. Desde que llegó a Japón y lo conoció, supo de inmediato que no habría forma de congeniar considerablemente con él. Era amable, eso debía destacarlo, pero su vanidad y egocentrismo opacaba cualquier otra cualidad que poseyera. Creía que toda mujer en el mundo estaría dispuesta a dejarlo todo por él. En la universidad había un número de chicos que eran bastante atractivos, ellos eran conscientes de su popularidad con las chicas, pero al menos se lo tomaban con más humildad y calma.

Y la razón número uno de por qué no le agradaba…

El muy idiota la "señaló" como su objetivo de conquista y siempre que la veía por los pasillos no desaprovechaba la oportunidad de invitarla a salir, incluso aunque ya había recibido varias negativas de su parte.

— Hola, Hideki. ¿Cómo va todo? — Lo saludó con el tono más fastidiado que pudo emplear. Se recostó contra la pared más cercana y suspiró. Si debía soportar el coqueteo en vano de ese individuo por lo menos lo haría estando cómoda.

— Perfectamente, hermosa.

Y ahí estaban los sobrenombres cursis e innecesarios.

— Qué bueno…

— En realidad, quería aprovechar que te vi para comentarte una excelente noticia.

— ¿Y cuál es la noticia?

— Me ofrecieron una beca en el extranjero por lo que resta de mi carrera. Es una oportunidad que simplemente no puedo perder y es por eso por lo que temo que no podrás verme más por los alrededores del campus.

Ella intentó no sonreír como una loca. Misión fallida. Solo esperaba que Hideki interpretara su sonrisa como alegría por la beca que le dieron y no porque ya estaba imaginándose un mundo en el que ese hombre no le incordiara regularmente.

— ¡Es una maravillosa noticia! — Dijo más feliz por ella que por él.

— Lo sé. Es bueno saber que mi intelecto es recompensando como se debe.

Vaya, hombre... Me impresiona tu humildad.

— Y ya que mi partida es dentro de unos pocos días. Quisiera invitarte a salir por última vez. Espero que aceptes. Algo así como un regalo de despedida de tu parte.

¿Y yo por qué debo darle un regalo de despedida?

— Lamento dar una respuesta negativa en todo este mar de alegría por la beca, Hideki. Pero al igual que las veces anteriores, no me interesa salir con nadie por el momento — Respondió retirando su mano lentamente del agarre del muchacho. Sus ojos se pasearon por el lugar con la esperanza de que alguien apareciera y así ese incomodo ambiente se esfumara, pero no. No había ni un alma.

— Vamos. Será divertido, Mimi.

Esta vez su voz expresó enojo — Dije que no.

La castaña estaba por decir algo más para dejarle en claro que intentara conservar algo de su dignidad antes de largarse del campus, sin embargo, Hideki reaccionó repentinamente e interrumpió sus palabras. Se acercó mucho a ella sacando provecho de que se encontraba recostada contra la pared y con sus brazos creó una barrera a ambos lados de su cabeza.

— He tenido mucha paciencia contigo, niña. Escucha muy bien y asiente sin decir una mierda más. Vas a salir conmigo porque a mí nadie me rechaza.

Hideki al notar que ella hacía intentos por liberarse le sujetó las muñecas con considerable fuerza.

— ¡Suéltame!

Él acercó su rostro a escasos centímetros del contrario y sonrió — Si no obtengo una cita, merezco al menos un beso.


Para Tai ese día estaba resultando ser uno muy afortunado. Gracias a su intelecto y al diez que sacó en la prueba que tuvo ayer ganó la apuesta que hizo con unos compañeros: los perdedores debían pagarle el almuerzo al ganador o ganadores durante toda la semana. Sea lo que sea que quisieran.

Ya que se dirigía a la facultad de diseño para encontrarse con Sora e Izzy, tomó un atajo que lo conduciría por el edificio de idiomas, la única desventaja era que el pasillo por el que debía pasar siempre estaba repleto de personas, pero curiosamente estaba vacío. Conforme avanzaba comenzó a escuchar quejas y un ruido sordo, como si hubieran golpeado una pared; cuando rodeo la esquina pudo divisar a la princesa de hielo "acompañada" de un tipo que se le hacía familiar. Hideki, si no se equivocaba.

Su expresión se tornó seria cuando escuchó una queja de parte de la castaña y prestó más atención. El tipo ese la tenía sujeta por las muñecas sin dejarle espacio en absoluto.

— ¡Ya suéltame!

— No lo creo, hermosa.

Mimi intentó apartar el rostro, pero solo consiguió golpearse contra la pared mientras Hideki reía y le decía que se limitara a dejarse besar de una vez.

Taichi caminó rápidamente sintiendo cómo la ira comenzaba a hervir en su sangre. Sujetó a Hideki del hombro y lo lanzó contra el suelo, acción que provocó que Mimi también se golpeara. Si bien fue un golpe fuerte, ella no sintió nada debido a la adrenalina y la impresión.

El castaño levantó sin ninguna delicadeza a Hideki al sujetarlo por el cuello de la camisa — ¿Entonces es así como demuestras que eres un hombre, maldito imbécil?

El pelinegro sonrió, pero una mueca de dolor cruzó por su rostro — ¿De qué forma esto es asunto tuyo, Yagami? ¿Acaso es tu novia?

Las venas en el cuello y manos de Tai se tensaron más al escuchar el cinismo de Hideki — No es nada que deba importarte. Te lo voy a dejar muy claro. No quiero verte cerca de ella nunca más — Dicho esto lo soltó.

Unas cuantas maldiciones fueron murmuradas por parte de Hideki. Él miró despectivamente a Mimi y luego a Tai. No permitiría que su dignidad fuera pisoteada por un idiota como Yagami. Una nueva y engreída sonrisa fue dedicada al par de castaños antes de retirarse.

— Imbécil — Masculló Tai aun con la molestia presente.

Miró al suelo y vio a Mimi con una mano sujetando su cabeza y apoyando su mano libre sobre su pierna como si no pudiera moverla bien.

— Mimi — La llamó agachándose para estar a su altura — ¿Qué te hizo?

Ella no le respondió, por lo que estiró sus manos para sujetar las contrarias y revisarlas. Ambas muñecas estaban inflamadas y tenían manchas rojizas como resultado del fuerte agarre de Hideki.

Al principio su mente era tal caos que no supo quién la ayudó, no fue sino hasta que Taichi estuvo de cuclillas frente a ella que pudo sentir el alivio al saber que se trataba de alguien conocido. Él la observaba con mucha seriedad, le revisaba cuidadosamente con tal de no lastimarla, sin embargo, no pudo responder cuándo le preguntó si estaba bien. Era algo desconcertante la forma en que la trataba, como si con alzar la voz ocasionaría que rompiera en llanto. En el pasado, probablemente lo habría hecho, en cambio ahora, incluso aunque tuviera ganas de llorar no lo haría frente a Yagami. No sentía la confianza necesaria para hacerlo.

La ayudó a levantarse y tuvo que sostenerle debido al mareo que la atacó. Seguramente ese golpe en su cabeza si había sido lo suficientemente fuerte como para marearla.

— Deberías ir a la enfermería a que te revisen. Pareces a punto de desmayarte — Aconsejó Tai con gesto preocupado.

Probablemente el moreno pensó que ella lo seguiría automáticamente, pero al dar unos cuantos pasos notó que Mimi seguía en el mismo lugar con la mirada desorientada — Hablo en serio, ¿Él te hizo algo que yo no sepa?

— Hace mucho tiempo que no me pasaba algo como esto…

— ¿Algo como qué?

— Tener que ser defendida por alguien. En Florida… pasaron muchas cosas. Yo aprendí a defenderme por mi cuenta a pesar de tener a mis amigos, pero ahora… no pude.

— No es algo que pudieras cambiar. Él uso su fuerza en tu contra. No digo que seas débil, Mimi. Pero ese tipo estaba haciendo uso de toda su fuerza — Contestó el castaño en tono comprensivo.

Aquella Mimi que conoció cuando era un niño, en una situación como esa habría llorado desconsoladamente, pero la Mimi de ahora, en lugar de lucir asustada parecía más molesta consigo misma.

La oji miel no dijo nada más, solo se encogió de hombros y dejó que Tai la llevara hasta la enfermería.

Tuvieron suerte de que la enfermera no se encontrara en su hora de almuerzo o habrían tenido que arreglárselas solos.

— Aun no me explico cómo tus muñecas quedaron en este estado — Comentó la mujer de cabellos rojos mientras giraba con cuidado las manos de Mimi.

Tai se había mantenido al margen, sentado en una silla cercana a la puerta. Él frunció el ceño al escuchar las declaraciones de la enfermera. ¿Tanta fuerza había usado ese idiota en contra de ella? Luego desvió su vista haca la castaña que se encontraba sentada de lado sobre una camilla y no puedo evitar sonreír al ver que sus pies no llegaban al suelo. Daba la impresión de ser una niña.

— Tendrás que aplicarte hielo a diario por lo que resta de la semana para que la hinchazón se reduzca. Cuando termines con el hielo, véndate y pronto estarás mejor. Ahora dame un momento, iré al almacén.

La mujer salió de la enfermería y los dejó solos.

— Ella está haciendo de esto algo grande — Habló luego de ver sus muñecas — Sé bien que la inflamación bajará si aplico hielo — Habría seguido argumentando en contra de los procedimientos de la enfermera de no ser por la repentina risa de Taichi — ¿Dije algo que fuera gracioso?

— No cabe duda de que eres un imán para los accidentes — Taichi dejó la silla junto a la puerta y fue a sentarse sobre la camilla junto a Mimi — Primero te lastimaste la rodilla en mi departamento, ahora esto, comienzo a considerar pagarte un seguro VIP para el hospital más cercano — Al ver que Mimi mostraba una total indiferencia ante sus palabras, llegó a creer que ella lo golpearía por hacer de sus circunstancias un chiste, pero después de unos segundos ella comenzó a reir suevamente.

— Tienes razón.

La puerta de la enfermería fue abierta y luego cerrada, la señora se acercó a Mimi y le pidió que extendiera sus manos para comenzar a vendar sus muñecas — ¿Cómo resultó con estas lesiones?

Ambos castaños pusieron una expresión de pánico. Si decían lo que en verdad había sucedido se armaría un problema innecesario. Además, Hideki se iba en unos pocos días, sino es que lo hacía ese mismo día luego de lo que pasó.

— Pues…— Alargó la oji miel con indecisión. En ese instante su mente estaba en blanco, no podía inventarse alguna excusa.

— Se presentó un pequeño… inconveniente — Intervino Tai con un tono en su voz del que cualquiera podría dudar.

— ¿Un inconveniente? — Repitió la mujer incrédula — En estos días los jóvenes usan cada idea descabellada para divertirse — Dijo con una mueca de inconformidad, cosa que causó curiosidad en ambos. ¿A qué se refería esa señora? — Es decir… esos juegos tan… intensos.

El primero en caer en cuenta de lo que la enfermera hablaba fue Tai. Su rostro se tornó completamente rojo y por pocos centímetros casi se cae de la silla.

— No es eso — Se quejó intentando no escucharse tan avergonzado. Miró a Mimi en busca de ayuda, pero ella se mantenía en silencio, como si estuviera intentando… — Espera, ¿Entendiste?

Ella arqueo una ceja. Notó la incomodidad del moreno y sobre todo su sonrojo.

Y todo tuvo sentido.

— ¡Por supuesto que no es eso! Yo… estaba cuidando a su hermana pequeña — Habló apuntando hacia Tai — Quería mostrarle un truco de escapismo, pero… no salió nada bien — Comentó bajando la voz porque ni ella misma se lo creería — ¿Verdad, Taichi?

En serio esperaba que él entendiera lo que intentaba hacer. Necesitaba un empujón de su parte para hacer parecer a aquella estúpida mentira algo real.

Mimi perdió la paciencia y le dio una patada en la pierna aprovechando la distracción de la enfermera.

¡Ayúdame, idiota!

— ¡Exacto! — Exclamó con tal intensidad para así liberar también el dolor que le causó la bendita patada — Cuando llegué a casa era todo un caos.

Aquello absurda mentira que carecía de todo fundamento fue creída por la señora del feo tinte color rojo. Ella les dijo que podían retirarse y Mimi sujetó a Tai por la manga de la camisa y lo sacó a rastrar de ahí.

— Una excusa creíble. ¡Solo quería darle una excusa creíble para que no piense incoherencias respecto a nosotros!

— Perdón por no pensar en una idiotez como esa.

La castaña puso los ojos en blanco — Como si eso fuera a pasar alguna vez en la vida. Esa mujer ha inhalado mucho alcohol…

— Ambos sabemos eso. Ya deja de mencionarlo — Se quejó ofendido.


Kari se sentía inmersa en una nebulosa de confusión. La tristeza había sido cosa de sus últimos días, pero tenía muy en claro que ser sentimental en ese momento no la llevaría a ninguna decisión inteligente. Mimi tuvo razón al decirle que se estaba comportando irracionalmente comprensiva con Tk. Por eso debía repetirse que el culpable allí era el rubio y no ella.

Esos días en los que se mantuvo al margen de cualquier tipo de interacción con Tk la pasó con otros de sus amigos, aquellos a quienes no podía frecuentar tanto como quisiera por sus responsabilidades académicas, y por supuesto, también compartió mucho con Davis; el moreno intentaba continuamente subirle el ánimo invitándola al cine o pidiéndole que fuera a ver sus entrenamientos en los que siempre terminaba riendo al ver el inflado ego de su amigo cuando de anotar se trataba.

Realmente siempre se sentiría en deuda con Davis.

En el pasado, a pesar de su evidente amistad, siempre se había sentido algo comprometida e incómoda respecto a cómo comportarse con él debido a que no quería que malinterpretara alguna situación todo por aquellos sentimientos que decía tener por ella, pero ahora todo había mejorado considerablemente puesto que estaba completamente segura de que Davis no guardaba ningún sentimiento más allá de la amistad entre ellos.

Movió sus piernas hacia adelante y luego hacia atrás para impulsarse en el columpio sobre el que estaba sentada.

Aquel parque solía frecuentarlo con sus compañeras en las tardes de otoño o primavera. La suave brisa movió sus cabellos y cerró los ojos para disfrutar mejor de la sensación en su rostro.

— Kari — La voz a sus espaldas hizo que abriera los ojos de inmediato, pero no se animó a darse la vuelta.

— ¿Necesitas algo, Tk? — Pregunto intentando usar un tono de voz neutro. Hecho que provocó que el rubio se sintiera más miserable de lo que ya lo hacía.

— Necesito hablar contigo.

— ¿Seguro de que tienes tiempo? — Dijo poniendo los ojos en blanco — He escuchado que tus tutorías con Momo son después de clases.

— Eso se acabó — Tal declaración despertó la curiosidad en la castaña, por lo que decidió mirar a Tk que ya se había colocado frente a ella — Hablé con Momo y me disculpé. Le dije que de nuevo tenía problemas con la materia y que no sería justo para ella recibir ayuda de alguien que también la necesita. Podría incluso perjudicarla. Y por sobre eso… he perdido tiempo valioso en la que realmente lo vale — Declaró con voz derrotada — Por favor, Kari. Esta vez escúchame.

Enfrentó esos preciosos ojos azul claro y finalmente suspiró — Está bien.

El rubio tomó asiento en el columpio a su lado. Un silencio se instaló entre ellos y a pesar de que no fuera incomodo en absoluto, Tk odió no poder explicarse con seguridad tal y como había querido — Fui un idiota. Lamento mucho haberte hecho sentir mal. Ese día en particular tenía algo muy importante para decirte. Sé que no lo hice conscientemente, pero Davis tiene razón, actué como un completo imbécil sabelotodo. De no haber sido por él todavía seguiría cometiendo ese error. Incluso aunque me hubiera enojado por el golpe que medio no habría podido devolvérselo, porque todas y cada una de sus palabras estaban llenas de razón.

Tk miró de reojo a su acompañante. Kari se mantuvo en silencio y parecía querer decir algo. Si ella seguía molesta no podía culparla. Él era el idiota y merecía ese trato distante que le provocaba un vacío en el pecho.

Sus pensamientos respecto a esa situación terminaron llevándolo a pensar en Mimi.

Él pasó menos de un mes distanciado de Kari y casi pierde la motivación para hacer cualquier cosa, ahora Mimi que sufrió la indiferencia y se habituó a seis años de comunicación nula.

— ¿De verdad terminaste todo con Momo por venir a buscarme? — Preguntó en un susurro.

— Por supuesto — Contestó sonriéndole con dulzura al ver el sonrojo en el rostro contrario — Te he extrañado mucho Kari. No tienes idea de cuánto.

Kari por fin se atrevió a encararlo por completo. Tk amplió más su sonrisa.

— Nunca he hablado más en serio en mi vida. Estoy tan arrepentido. Perdóname por cómo me comporté.

Ella le devolvió la sonrisa y se puso de pie para acercarse — ¿Qué era lo importante que querías decirme?

Fue en ese momento que la sonrisa abandonó el rostro de Takeru Takaishi.

NO estaba preparado psicológicamente eso.

— Tk… es justo que me digas — Ahí estaba aquella mirada de cachorro capaz de derretir el corazón de cualquier mortal. Sobre todo, el suyo.

— No es justo que me lo pidas mirándome así — Se quejó derrotado — Yo… yo quería invitarte a salir.

Definitivamente aquella no era la forma en que quería invitarla a salir. Se escuchó como un completo idiota que no sabe articular palabras. Tanto su rostro como el de Kari estaban tan rojos que asemejaban a una manzana.

— No era tan difícil pedirme eso. Te aseguro que habría dicho que sí — Respondió a pesar de la vergüenza que sentía calentarle el rostro.


Una suave melodía repartía sus bellas notas en cada rincón de aquella residencia; melodía proveniente de una habitación en específico decorada en una gama de azules y grises.

Yamato Ishida tocaba su amada guitarra tal y como solía hacerlo desde que era un adolescente, solo que esta vez en solitario con motivo de relajarse y olvidarse de los problemas.

Ese día despertó innecesariamente temprano y no logró conciliar el sueño de nuevo. Sus pensamientos rondaban rápidamente por su cabeza y no ayudaban a descifrar esa repentina añoranza que sentía en su pecho.

Pensó en su último año de preparatoria, cuando decidió estudiar Física y no algo relacionado con la música como siempre pensó que haría desde niño.

Pero sobre todo pensó en aquella relación que terminó hace más de un año. Pensó en su mejor amiga, la que luego se convirtió en su novia y debido a la inmadurez de ambos nuevamente retomó un papel en su vida solo como una amiga.

Siempre le resultó curiosa la historia detrás de aquel noviazgo. El cómo comenzó… Todo debido a su aventura en el Digimundo. La cercanía que se formó entre ambos cuando eran niños y que fue creciendo junto a los años que pasaban y luego… en aquella Navidad del 2002 todo cambió.

Matt sonrió sin darse cuenta.

Únicamente se enfocaba en recordar los buenos momentos que vivió con Sora, pues si se trataba de malos siempre cometía el error de pensar que haber terminado fue la mejor decisión que pudieron tomar.

Él ahora compartía una relación con Zakuro quien era una muchacha inteligente, decidida y dulce, sin embargo, no podía decir con seguridad que lo que sentía por ella fuera amor. Llevaban juntos unos cuantos meses, así que consideraba muy pronto considerar aquella posibilidad.

Recordó también una vez en que tanto Tai como Izzy le preguntaron si aún sentía algo por Sora, incluso si fuera algo muy remoto. Y ese cuestionamiento bastó para no dejarlo dormir.

No podía negar el cariño que tenía por la pelirroja. Y por supuesto que quería a Zakuro, de lo contrario jamás le habría pedido que fuera su pareja, no obstante, él jamás podría comparar ese cariño.


Takuya sintió una fuerte palmada en su espalda que logró sacarlo de sus pensamientos, incluso por poco golpea su frente contra la mesa sobre la que estaba apoyado. Se dio la vuelta con la intención de mandar al diablo al individuo que lo sorprendió de aquella forma, pero se encontró con la sonrisa de Mimi.

— Si las miradas mataran, probablemente ya estaría bajo tierra — Dijo la castaña sentándose a su lado.

— Solo a ti se te ocurre aparecer así de la nada. Pude haberte golpeado o insultado con algo no apto para menores — Se quejó frunciendo el ceño. Bajó la mirada y notó las vendas blancas alrededor de las muñecas de Mimi — ¿Qué sucedió contigo?

Mimi puso los ojos en blanco y se toqueteo las vendas — Me encontré con el idiota de Hideki — Ella ya había contemplado que muchos le preguntarían qué sucedió. Con los demás ya tenía una buena excusa, pero con Takuya no era necesario

— ¿Estás bromeando? ¿Cuándo y cómo te hizo eso ese grandísimo imbécil? — Preguntó evidentemente molesto.

— Hace un par de horas me lo encontré en un pasillo inexplicablemente vacío. Me negué a salir con él, de nuevo. Y no le gustó nada ser rechazado, de nuevo.

— ¿Dónde está? Habla, Tachikawa. Voy a encargarme de que él también termine con un par de vendas como mínimo — Mimi arqueo una ceja al ver la expresión de pocos amigos del moreno — ¿Me estás subestimando? Soy perfectamente capaz de defenderte, Meems.

— Y no lo cuestiono. Solo me sorprendió tu nunca vista faceta defensora. Actúas como un hermano mayor.